JUVENTUD DIVINO TESORO
“Engañoso es el corazón más que todas las
cosas, ¿quién lo conocerá? Yo el Señor que escudriño la mente… ” (Jeremías 17:
9, 10)
“Los
sicólogos están observando un aumento de comportamientos desafiantes y
desobedientes en la infancia que se convierten en antisociales e incívicas en
la adolescencia. La educación más permisiva de los últimos tiempos, ¿tiene algo
que ver? ¿Son necesarios los límites? Claro que lo son. Los niños necesitan
límites coherentes y claros desde el amor, el respeto y la comprensión…Poner
límites a los niños no es sencillo. No siempre lo haremos perfecto. Ser padres
es un reto diario que nos pone en crisis a menudo” (Silvia Caballol, sicóloga)
.
Aitor
Francesemo añade una perla en el collar de la educación cuando escribe: “Los
valores se están perdiendo, por lo tanto, ¿cómo podemos pedir a los más jóvenes
que sean respetuosos, cuando nuestro ejemplo es pésimo y lamentable el de
nuestros políticos? Creo en lo que veo, no en lo que me dicen. El mal
comportamiento de los políticos, que no siempre es punible, deja a los hijos
sin referentes válidos”.
La
falta de referentes sólidos en los adultos deja a los hijos sicológicamente
tocados, con un nivel emocional muy bajo, cosa que pone de manifiesto una
soledad no deseada que antes se relacionaba únicamente con los ancianos. Las
redes sociales se encargan de promocionar conexiones superficiales, con
discursos tóxicos sobre la estética y el éxito. Estos discursos superficiales
dejan a niños y adolescentes en la necesidad profunda de auténtica
comunicación.
Un
principio clave que ayuda a entender en que consiste la buena educación de los
hijos nos lo da el texto. “El temor del Señor es el principio de la sabiduría,
y el conocimiento del Santo da conocimiento” (Proverbios 9: 10). El texto no
dice que el temor del Señor haga cien por cien sabio a quien lo tenga.
Claramente dice que dicho temor es el principio de la sabiduría. Ello significa
que la adquisición de sabiduría es una maratón que dura toda la vida. Mientras
no se llegue a la meta, los padres no pueden bajar la guardia. Tienen que estar
constantemente ocupados en adquirir sabiduría. Si los padres se mantienen ocupados
en adquirir sabiduría divina que es la que cuenta, los hijos se beneficiarán de
ello.
Dios,
que es el Padre celestial, desciende a la posición de un padre terrenal que
recuerda al hijo: “El principio de la sabiduría es el temor del Señor, los
insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 1: 7). Fuera de
Dios los padres pueden impartir conocimientos, filosofías, pero sabiduría. La
auténtica, sólo Dios puede hacerlo. Es por eso que el Padre celestial le dice
al hijo: “Oye hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la
dirección de tu madre, porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a
tu cuello” (vv. 8, 9). La sabiduría que imparte el Padre celestial honra al
niño y adolescente que la recibe. Satisface plenamente la sed de su alma.
¿Existe honor más grande que reconocer que uno es hijo de Dios?
Ahora
el Padre celestial imparte al hijo unas instrucciones muy apropiadas. Trata el
tema de las bandas juveniles. Lo hace con un corazón impregnado de amor que no
quiere que su hijo caiga atrapado en la red de una de las muchas bandas
juveniles que se dedican a hacer
fechorías: “Hijo mío, si los pecadores te quieren engañar, no consientas. Si te
dicen: ven con nosotros, pongamos acechanzas para derramar sangre, acechemos
sin motivo al inocente, los tragaremos vivos como la muerte, y enteros como los
que caen en un precipicio. Encontraremos riquezas de toda clase, llenaremos
nuestras casas d despojos. Echa suerte con nosotros, tengamos todos una bolsa”
(vv. 10-14). Los malvados pretenden seducir al joven incauto con halagos para
que se una a ellos en sus fechorías.
El
Padre al ver que su hijo es asediado por una banda de malhechores, le suplica:
“Hijo mío, no andes en camino con ellos, aparta tu pie de sus senderos, porque
sus pies corren hacia el mal, y van presurosos a derramar sangre, porque en
vano se tenderá la red ante los ojos de toda ave, pero ellos a su propia sangre
ponen asechanzas, y a sus almas ponen lazo. Tales son los caminos de quienes
son dados a la codicia, la cual quita la vida de sus poseedores” (vv.
15-19).
El
Padre por el mero hecho de ser Dios sabe con antelación del fin de los
malvados. El hijo al que se refiere el texto todavía no ha abandonado el nido.
Es como vulgarmente se dice “un inocente”. Desconoce la realidad del mundo en
el que comienza a entrar. Los perversos no se presentan a pecho
descubierto mostrando la realidad de lo
que verdaderamente son. No tiene por qué extrañarnos esta farsa porque “no es
maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que no es extraño si
también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia, cuyo fin será
conforme a sus obras” (2 Corintios 11: 14, 15). El Padre celestial
anticipándose a lo que le ocurrirá si se
une a una de estas pandillas de jóvenes delincuentes le avisa que caerá
atrapado en el lazo de la maldad.
Octavi Pereña Cortina
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