dissabte, 3 de gener del 2026

 

JUVENTUD DIVINO TESORO

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, ¿quién lo conocerá? Yo el Señor que escudriño la mente… ” (Jeremías 17: 9, 10)

“Los sicólogos están observando un aumento de comportamientos desafiantes y desobedientes en la infancia que se convierten en antisociales e incívicas en la adolescencia. La educación más permisiva de los últimos tiempos, ¿tiene algo que ver? ¿Son necesarios los límites?  Claro que lo son. Los niños necesitan límites coherentes y claros desde el amor, el respeto y la comprensión…Poner límites a los niños no es sencillo. No siempre lo haremos perfecto. Ser padres es un reto diario que nos pone en crisis a menudo” (Silvia Caballol, sicóloga) .

Aitor Francesemo añade una perla en el collar de la educación cuando escribe: “Los valores se están perdiendo, por lo tanto, ¿cómo podemos pedir a los más jóvenes que sean respetuosos, cuando nuestro ejemplo es pésimo y lamentable el de nuestros políticos? Creo en lo que veo, no en lo que me dicen. El mal comportamiento de los políticos, que no siempre es punible, deja a los hijos sin referentes válidos”.

La falta de referentes sólidos en los adultos deja a los hijos sicológicamente tocados, con un nivel emocional muy bajo, cosa que pone de manifiesto una soledad no deseada que antes se relacionaba únicamente con los ancianos. Las redes sociales se encargan de promocionar conexiones superficiales, con discursos tóxicos sobre la estética y el éxito. Estos discursos superficiales dejan a niños y adolescentes en la necesidad profunda de auténtica comunicación.

Un principio clave que ayuda a entender en que consiste la buena educación de los hijos nos lo da el texto. “El temor del Señor es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santo da conocimiento” (Proverbios 9: 10). El texto no dice que el temor del Señor haga cien por cien sabio a quien lo tenga. Claramente dice que dicho temor es el principio de la sabiduría. Ello significa que la adquisición de sabiduría es una maratón que dura toda la vida. Mientras no se llegue a la meta, los padres no pueden bajar la guardia. Tienen que estar constantemente ocupados en adquirir sabiduría. Si los padres se mantienen ocupados en adquirir sabiduría divina que es la que cuenta, los hijos se beneficiarán de ello.

Dios, que es el Padre celestial, desciende a la posición de un padre terrenal que recuerda al hijo: “El principio de la sabiduría es el temor del Señor, los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 1: 7). Fuera de Dios los padres pueden impartir conocimientos, filosofías, pero sabiduría. La auténtica, sólo Dios puede hacerlo. Es por eso que el Padre celestial le dice al hijo: “Oye hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre, porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello” (vv. 8, 9). La sabiduría que imparte el Padre celestial honra al niño y adolescente que la recibe. Satisface plenamente la sed de su alma. ¿Existe honor más grande que reconocer que uno es hijo de Dios? 

Ahora el Padre celestial imparte al hijo unas instrucciones muy apropiadas. Trata el tema de las bandas juveniles. Lo hace con un corazón impregnado de amor que no quiere que su hijo caiga atrapado en la red de una de las muchas bandas juveniles que   se dedican a hacer fechorías: “Hijo mío, si los pecadores te quieren engañar, no consientas. Si te dicen: ven con nosotros, pongamos acechanzas para derramar sangre, acechemos sin motivo al inocente, los tragaremos vivos como la muerte, y enteros como los que caen en un precipicio. Encontraremos riquezas de toda clase, llenaremos nuestras casas d despojos. Echa suerte con nosotros, tengamos todos una bolsa” (vv. 10-14). Los malvados pretenden seducir al joven incauto con halagos para que se una a ellos en sus fechorías.

El Padre al ver que su hijo es asediado por una banda de malhechores, le suplica: “Hijo mío, no andes en camino con ellos, aparta tu pie de sus senderos, porque sus pies corren hacia el mal, y van presurosos a derramar sangre, porque en vano se tenderá la red ante los ojos de toda ave, pero ellos a su propia sangre ponen asechanzas, y a sus almas ponen lazo. Tales son los caminos de quienes son dados a la codicia, la cual quita la vida de sus poseedores” (vv. 15-19). 

El Padre por el mero hecho de ser Dios sabe con antelación del fin de los malvados. El hijo al que se refiere el texto todavía no ha abandonado el nido. Es como vulgarmente se dice “un inocente”. Desconoce la realidad del mundo en el que comienza a entrar. Los perversos no se presentan a pecho descubierto  mostrando la realidad de lo que verdaderamente son. No tiene por qué extrañarnos esta farsa porque “no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza  como ángel de luz. Así que no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia, cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Corintios 11: 14, 15). El Padre celestial anticipándose  a lo que le ocurrirá si se une a una de estas pandillas de jóvenes delincuentes le avisa que caerá atrapado en el lazo de la maldad.

Octavi Pereña Cortina

 

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada