dissabte, 24 de gener del 2026

POBRES DE SOLEMNIDAD

“Abre tu boca y defiende el derecho del pobre y del necesitado”

Aporofobia: odio y menosprecio hacia el pobre. Las imágenes de seguidores de equipos de futbol vejando a pordioseros en Madrid, Barcelona y Roma, son aporofobia pura. Estos actos aporófobos que se han registrado en videos colgados en las redes sociales fueron cometidos por grupos envalentonados por sentimientos crueles y moralmente reprobables hacia el pobre de solemnidad. Los expertos alertan que este tipo de comportamiento  contra personas a las que se veja y humilla, dan por hecho que las víctimas no pueden presentar resistencia. Eso les hace sentir superiores. El gregarismo y el alcohol actúan de desinhibidores   que facilitan la burla pública hacia aquellas personas más vulnerables que saben que no opondrán resistencia

El odio crece, dicen los sicólogos. Los violentos afirman que los indigentes han llegado a la situación en que se encuentran por culpa suya. Para poner fin a la aporofobia     además de valores morales que escasean, tendríamos que preguntarnos porque la sociedad en general y los gobiernos en concreto no se afanan erradicarla. Una muestra de aporofòbia institucional  la ha dado el alcalde de Badalona García Obiol que ha desalojado de un edificio abandonado a unas trescientas personas en pleno invierno. Algunos partidos políticos tienen la aporofòbia  grabada en su ADN. Lo que es evidente es la deshumanización de la sociedad en general y de los políticos en concreto.

El ser humano tiene la tendencia de dejase guiar por el egoísmo. Primero yo y siempre yo. La solidaridad y la cooperación no se incluyen en nuestro programa de actividades. Tiene mucho sentido la anécdota que el viejo cheroque explicó a su nieto: “Todos llevamos dos lobos dentro: uno bueno y el otro malo”. Con la inocencia propia de un niño el nieto le pregunta a su abuelo: “¿Cuál de los dos es el que gana?” La pregunta puede hacernos sonreír. La realidad es estremecedora. En la mayoría de las ocasiones es el lobo malo quien gana.

Cuando nos referimos a la pobreza generalmente nos referimos a la andrajosa, la que contemplan nuestros ojos en calles y plazas. Teresa de Calcuta hace diana cuando dice: “La primera pobreza de los pueblos se manifiesta en no conocer a Cristo”. El problema se traslada de lo invisible a lo visible. El verdadero problema de la pobreza social no se encuentra en las muchas personas que no saben dónde caerse muertas, sino en aquellas que vestidas de seda y en su afán de almacenar más y más no saben dónde guardar los muchos bienes que poseen. Se comportan como el rico necio de la parábola que al no saber dónde guardar los bienes que poseía derribó los graneros para construir otros  de más grandes. ¿Qué le dijo el Señor al rico insensato?  “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has almacenado, ¿de quién será? Así es el que hace tesoro para sí, y no es rico para con Dios” (Lucas 12: 20, 21).

Todos, con más o menos intensidad llevamos incorporado el virus del rico insensato  que origina los males que padecemos. Nos complace quejarnos de los políticos. Nos gusta fijarnos en la mota que hay en sus ojos y somos ciegos a la biga que hay en nuestro propio ojo.

El Dr. Julio Ancoechea, neurólogo, describe una imagen que acostumbramos a ver en los lugares más inverosímiles: ”Cada  mañana ves en la puerta de una casa a un sin techo que duerme envuelto de mantas y papeles de periódico. Es una imagen cada vez más frecuente. Y los políticos peleándose”.

    Un doctor de la Ley le preguntó a Jesús: “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” Jesús le responde: “¿Qué hay en la Ley?  ¿Qué lees en ella?” El religioso le responde: “Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10: 27). Jesús le dice: “Bien has dicho, haz esto y  vivirás” (v. 28). El religioso queriendo justificarse, le pregunta a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?” (v. 29). Jesús le responde narrándole la parábola que se conoce como “El buen samaritano”. Un hombre que transitaba por un camino fue asaltado por una banda de malhechores que lo dieron por muerto. Poco después por aquel lugar pasaron un sacerdote y un levita. Ambos religiosos que no quisieron complicarse la vida, miraron al hombre tendido en el suelo, y pasaron sin atenderle. Poco después pasó por aquel mismo lugar un samaritano, por cierto, persona menospreciada por los judíos. Este hombre detuvo la cabalgadura, descendió de ella y prestó  los primeros auxilios al hombre herido y lo puso sobre el animal. Al llegar al mesón cuidó de él. Cuando partió dio dinero al mesonero para que cuidase de él.

Finalizada la narración Jesús le pregunta al doctor de la Ley: “¿Quién de estos tres te parece que fue el prójimo de la persona que cayó  en manos de los ladrones?” El religioso respondió correctamente al decirle a Jesús: El que fue misericordioso con él”. Entonces Jesús le dijo: “Ve, y haz tu lo mismo” (Lucas 10: 25-37). El texto no nos dice cómo reaccionó el religioso al saber que un menospreciado samaritano era su prójimo. La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Qué tenemos que hacer, según nuestras posibilidades, con tantas personas necesitadas que se encuentran en las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades?  No hagamos como los políticos que se pelean entre ellos, y bien poco hacen respecto a la indigencia que nos envuelve.

Octavi Pereña Cortina

  

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada