POBRES DE SOLEMNIDAD
“Abre tu boca y defiende el derecho del pobre
y del necesitado”
Aporofobia:
odio y menosprecio hacia el pobre. Las imágenes de seguidores de equipos de
futbol vejando a pordioseros en Madrid, Barcelona y Roma, son aporofobia pura.
Estos actos aporófobos que se han registrado en videos colgados en las redes
sociales fueron cometidos por grupos envalentonados por sentimientos crueles y
moralmente reprobables hacia el pobre de solemnidad. Los expertos alertan que
este tipo de comportamiento contra
personas a las que se veja y humilla, dan por hecho que las víctimas no pueden
presentar resistencia. Eso les hace sentir superiores. El gregarismo y el
alcohol actúan de desinhibidores que
facilitan la burla pública hacia aquellas personas más vulnerables que saben
que no opondrán resistencia
El odio
crece, dicen los sicólogos. Los violentos afirman que los indigentes han
llegado a la situación en que se encuentran por culpa suya. Para poner fin a la
aporofobia además de valores morales
que escasean, tendríamos que preguntarnos porque la sociedad en general y los
gobiernos en concreto no se afanan erradicarla. Una muestra de aporofòbia
institucional la ha dado el alcalde de
Badalona García Obiol que ha desalojado de un edificio abandonado a unas
trescientas personas en pleno invierno. Algunos partidos políticos tienen la
aporofòbia grabada en su ADN. Lo que es
evidente es la deshumanización de la sociedad en general y de los políticos en
concreto.
El ser
humano tiene la tendencia de dejase guiar por el egoísmo. Primero yo y siempre
yo. La solidaridad y la cooperación no se incluyen en nuestro programa de
actividades. Tiene mucho sentido la anécdota que el viejo cheroque explicó a su
nieto: “Todos llevamos dos lobos dentro: uno bueno y el otro malo”. Con la
inocencia propia de un niño el nieto le pregunta a su abuelo: “¿Cuál de los dos
es el que gana?” La pregunta puede hacernos sonreír. La realidad es
estremecedora. En la mayoría de las ocasiones es el lobo malo quien gana.
Cuando nos
referimos a la pobreza generalmente nos referimos a la andrajosa, la que
contemplan nuestros ojos en calles y plazas. Teresa de Calcuta hace diana
cuando dice: “La primera pobreza de los pueblos se manifiesta en no conocer a
Cristo”. El problema se traslada de lo invisible a lo visible. El verdadero
problema de la pobreza social no se encuentra en las muchas personas que no
saben dónde caerse muertas, sino en aquellas que vestidas de seda y en su afán
de almacenar más y más no saben dónde guardar los muchos bienes que poseen. Se
comportan como el rico necio de la parábola que al no saber dónde guardar los
bienes que poseía derribó los graneros para construir otros de más grandes. ¿Qué le dijo el Señor al rico
insensato? “Necio, esta noche vienen a
pedirte tu alma, y lo que has almacenado, ¿de quién será? Así es el que hace
tesoro para sí, y no es rico para con Dios” (Lucas 12: 20, 21).
Todos,
con más o menos intensidad llevamos incorporado el virus del rico
insensato que origina los males que
padecemos. Nos complace quejarnos de los políticos. Nos gusta fijarnos en la
mota que hay en sus ojos y somos ciegos a la biga que hay en nuestro propio
ojo.
El Dr.
Julio Ancoechea, neurólogo, describe una imagen que acostumbramos a ver en los
lugares más inverosímiles: ”Cada mañana
ves en la puerta de una casa a un sin techo que duerme envuelto de mantas y
papeles de periódico. Es una imagen cada vez más frecuente. Y los políticos
peleándose”.
Un doctor de la Ley le preguntó a Jesús:
“¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” Jesús le responde: “¿Qué
hay en la Ley? ¿Qué lees en ella?” El
religioso le responde: “Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda
tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti
mismo” (Lucas 10: 27). Jesús le dice: “Bien has dicho, haz esto y vivirás” (v. 28). El religioso queriendo
justificarse, le pregunta a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?” (v. 29). Jesús le
responde narrándole la parábola que se conoce como “El buen samaritano”. Un hombre
que transitaba por un camino fue asaltado por una banda de malhechores que lo
dieron por muerto. Poco después por aquel lugar pasaron un sacerdote y un
levita. Ambos religiosos que no quisieron complicarse la vida, miraron al
hombre tendido en el suelo, y pasaron sin atenderle. Poco después pasó por
aquel mismo lugar un samaritano, por cierto, persona menospreciada por los
judíos. Este hombre detuvo la cabalgadura, descendió de ella y prestó los primeros auxilios al hombre herido y lo
puso sobre el animal. Al llegar al mesón cuidó de él. Cuando partió dio dinero
al mesonero para que cuidase de él.
Finalizada
la narración Jesús le pregunta al doctor de la Ley: “¿Quién de estos tres te
parece que fue el prójimo de la persona que cayó en manos de los ladrones?” El religioso
respondió correctamente al decirle a Jesús: “El
que fue misericordioso con él”. Entonces Jesús le dijo: “Ve, y haz tu lo mismo”
(Lucas 10: 25-37). El texto no nos dice cómo reaccionó el religioso al saber
que un menospreciado samaritano era su prójimo. La pregunta que tenemos que
hacernos es: ¿Qué tenemos que hacer, según nuestras posibilidades, con tantas
personas necesitadas que se encuentran en las calles y plazas de nuestros
pueblos y ciudades? No hagamos como los
políticos que se pelean entre ellos, y bien poco hacen respecto a la indigencia
que nos envuelve.
Octavi Pereña Cortina
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