dissabte, 17 de gener del 2026

 

ROBOTIZANDO O CREATIVIDAD

El hombre ha dejado de ser hijo de Dios para convertirse en hijo del diablo

“Desde que apareció la inteligencia artificial generativa muchas personas se preguntan qué haremos los humanos cuando las máquinas lo hagan todo. Por primera vez una herramienta tecnológica entra en un terreno que considerábamos exclusivamente nuestro: Pensar, escribir, analizar, imaginar. No solo se mecaniza la tarea. También  se mecaniza la parte mental. Estamos  horrorizados. Es necesario precisarlo. La IA trabaja con datos preexistentes. No crea de la nada. Calcula, concibe, predice. Sus algoritmos se entrenan con lo que ya hemos dicho, escrito, inventado los humanos. Todo a partir de las probabilidades. La IA no es inteligencia. Es capacidad computacional, pero en grande. La IA no habría inventado nunca el cubismo, ni el jazz. Puede simular creatividad, pero no vivirla. No tiene experiencias. No tiene emociones. No tiene conciencia del contexto ni sentido del propósito. Y esto en todo proceso creativo es esencial. Crear no es solo combinar ideas. Es intuir, decidir, resignificar. Es saber cuándo se tiene  que romper una regla, cuándo se tiene que arriesgar, cuándo se tiene que ceder. Y esto lo hace el ser humano. En el arte, en la ciencia, en la empresa. La IA puede asistir, pero no reemplazar lo que es esencialmente humano” (Anónimo). A Toju Duke ex responsable de IA en Google “le preocupa que un programador humano proyecte todos sus prejuicios racistas, machistas, edatistas en la IA y esta los aumente y aplique con injusticias y discriminación en nuestra vida cotidiana”. El ex responsable de IA en Google sigue diciendo: “Los programas de reconocimiento facial, por ejemplo, que millones de personas tienen incorporado en sus teléfonos móviles, son campo abonado para estos abusos. Yo tengo u buen dosier y algunos casos los he llevado a los tribunales”.

Como no podía ser de otra manera eminentes autoridades religiosas han dado su opinión con respecto a la IA. El papa Francisco considera “que puede coexistir la inteligencia artificial  y sabiduría del corazón para una comunicación plenamente humana”. Es necesario examinar qué significa comunicación plenamente humana. Antes que Adán  fuese seducido por Eva  a comer el fruto del árbol que el Creador les había prohibido hacerlo, el pensamiento de Adán coincidía totalmente con el de Dios porque había sido creado a imagen del Creador (Génesis 1: 27). Esta coincidencia de pensamiento duraría poco. De repente aparece en el escenario del paraíso Satanás encarnado en una serpiente que no tenía el aspecto asqueroso como las que hoy se arrastran sobre la tierra. Se deduce, y gravados antiguos lo certifican, la serpiente era un animal de bello aspecto que andaba de pie con el que bien seguro Adán y Eva estaban familiarizados porque no producía rechazo como el que produce al actual que se arrastra sobre la tierra. Eva cometió el error de dialogar con ella. Se dejó seducir por la zalamería con que le hablaba y comió el fruto del árbol que Dios les había prohibido hacerlo. No quedó satisfecha con la infracción. Con halagos seduce a Adán a que comparta con ella su infracción. Tan pronto como Adán comió el fruto prohibido se produjo un cataclismo de dimensiones cósmicas. Con la presencia del pecado en Adán, éste y Eva dejan de ser hijos de Dios para convertirse en hijos del diablo. A partir de aquel instante nefasto la humanidad representada en Adán y Eva se inicia en hacer las obras que su padre el diablo les incita a hacer. En el escenario cósmico aparecen dos padres que aspiran a conseguir el dominio total del ser humano: Dios el  Creador y Satanás que encabezó una revuelta angélica contra Él. En el despacho oval ubicado en el palacio celestial  se reúnen el Creador y Satanás,  cabeza de la oposición, con un único tema a tratar: el patriarca  Job. Dios enaltece la bondad de Job. Satanás le responde: “¿Acaso teme Job a Dios de balde? …Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia” (Job 1: 9, 11). El Señor acepta el reto y le dice: “he aquí todo lo que tiene lo dejo en tu mano, solamente no pongas tu mano sobre él” (v. 12). Dicho y hecho. En un mismo día los bandoleros le robaron los bueyes que labraban, un fuego del cielo consumió su rebaño, un viento huracanado cayó sobre la casa en que se encontraban sus hijos e hijas y la derribó. Todos ellos perecieron. Job no culpó  a Dios de su desgracia. Dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. El Señor dio, el Señor quitó, sea el nombre del Señor bendito” (v. 21). Pasados unos días ambos personajes vuelven a reunirse. Dios le dice a Satanás: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en toda la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que le arruínese sin causa? (2: 3). Satanás no se rinde y le dice a Dios: “Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia” (2: 5). Dios le dice a Satanás: “He aquí está en tu mano, pero respeta su vida” (v. 6). Entonces Satanás “hirió a Job con una sarna maligna…” (v. 8). Viendo la mujer la tranquilidad con la que su marido afrontaba la adversidad, le increpó diciéndole: “Maldice a Dios y muérete” (v. 9). Como respuesta le dice: “Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien y el mal no recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (v. 10).

El tema de Satanás y su relación con los humanos merece que le prestemos atención. Para muchos Satanás es este diablo burlón que ameniza las fiestas mayores. El auténtico se frota las manos de satisfacción pues puede seguir haciendo sus fechorías sin que nadie le pare los pis. Santiago no da un toque de atención: “Someteos, pues, a Dios, y resistid al diablo, y huirá de vosotros”.

Octavi Pereña Cortina

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