ROBOTIZANDO O
CREATIVIDAD
El hombre ha dejado de ser hijo de Dios para
convertirse en hijo del diablo
“Desde
que apareció la inteligencia artificial generativa muchas personas se preguntan
qué haremos los humanos cuando las máquinas lo hagan todo. Por primera vez una
herramienta tecnológica entra en un terreno que considerábamos exclusivamente
nuestro: Pensar, escribir, analizar, imaginar. No solo se mecaniza la tarea.
También se mecaniza la parte mental.
Estamos horrorizados. Es necesario
precisarlo. La IA trabaja con datos preexistentes. No crea de la nada. Calcula,
concibe, predice. Sus algoritmos se entrenan con lo que ya hemos dicho,
escrito, inventado los humanos. Todo a partir de las probabilidades. La IA no
es inteligencia. Es capacidad computacional, pero en grande. La IA no habría
inventado nunca el cubismo, ni el jazz. Puede simular creatividad, pero no
vivirla. No tiene experiencias. No tiene emociones. No tiene conciencia del
contexto ni sentido del propósito. Y esto en todo proceso creativo es esencial.
Crear no es solo combinar ideas. Es intuir, decidir, resignificar. Es saber
cuándo se tiene que romper una regla,
cuándo se tiene que arriesgar, cuándo se tiene que ceder. Y esto lo hace el ser
humano. En el arte, en la ciencia, en la empresa. La IA puede asistir, pero no
reemplazar lo que es esencialmente humano” (Anónimo). A Toju Duke ex responsable
de IA en Google “le preocupa que un programador humano proyecte todos sus
prejuicios racistas, machistas, edatistas en la IA y esta los aumente y aplique
con injusticias y discriminación en nuestra vida cotidiana”. El ex responsable
de IA en Google sigue diciendo: “Los programas de reconocimiento facial, por
ejemplo, que millones de personas tienen incorporado en sus teléfonos móviles,
son campo abonado para estos abusos. Yo tengo u buen dosier y algunos casos los
he llevado a los tribunales”.
Como no
podía ser de otra manera eminentes autoridades religiosas han dado su opinión
con respecto a la IA. El papa Francisco considera “que puede coexistir la
inteligencia artificial y sabiduría del
corazón para una comunicación plenamente humana”. Es necesario examinar qué
significa comunicación plenamente humana. Antes que Adán fuese seducido por Eva a comer el fruto del árbol que el Creador les
había prohibido hacerlo, el pensamiento de Adán coincidía totalmente con el de
Dios porque había sido creado a imagen del Creador (Génesis 1: 27). Esta
coincidencia de pensamiento duraría poco. De repente aparece en el escenario
del paraíso Satanás encarnado en una serpiente que no tenía el aspecto
asqueroso como las que hoy se arrastran sobre la tierra. Se deduce, y gravados
antiguos lo certifican, la serpiente era un animal de bello aspecto que andaba
de pie con el que bien seguro Adán y Eva estaban familiarizados porque no
producía rechazo como el que produce al actual que se arrastra sobre la tierra.
Eva cometió el error de dialogar con ella. Se dejó seducir por la zalamería con
que le hablaba y comió el fruto del árbol que Dios les había prohibido hacerlo.
No quedó satisfecha con la infracción. Con halagos seduce a Adán a que comparta
con ella su infracción. Tan pronto como Adán comió el fruto prohibido se
produjo un cataclismo de dimensiones cósmicas. Con la presencia del pecado en
Adán, éste y Eva dejan de ser hijos de Dios para convertirse en hijos del
diablo. A partir de aquel instante nefasto la humanidad representada en Adán y
Eva se inicia en hacer las obras que su padre el diablo les incita a hacer. En
el escenario cósmico aparecen dos padres que aspiran a conseguir el dominio
total del ser humano: Dios el Creador y Satanás
que encabezó una revuelta angélica contra Él. En el despacho oval ubicado en el
palacio celestial se reúnen el Creador y
Satanás, cabeza de la oposición, con un
único tema a tratar: el patriarca Job.
Dios enaltece la bondad de Job. Satanás le responde: “¿Acaso teme Job a Dios de
balde? …Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no
blasfema contra ti en tu misma presencia” (Job 1: 9, 11). El Señor acepta el
reto y le dice: “he aquí todo lo que tiene lo dejo en tu mano, solamente no
pongas tu mano sobre él” (v. 12). Dicho y hecho. En un mismo día los bandoleros
le robaron los bueyes que labraban, un fuego del cielo consumió su rebaño, un
viento huracanado cayó sobre la casa en que se encontraban sus hijos e hijas y
la derribó. Todos ellos perecieron. Job no culpó a Dios de su desgracia. Dijo: “Desnudo salí
del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. El Señor dio, el Señor quitó,
sea el nombre del Señor bendito” (v. 21). Pasados unos días ambos personajes
vuelven a reunirse. Dios le dice a Satanás: “¿No has considerado a mi siervo
Job, que no hay otro como él en toda la tierra, varón perfecto y recto,
temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun
cuando tú me incitaste contra él para que le arruínese sin causa? (2: 3).
Satanás no se rinde y le dice a Dios: “Pero extiende ahora tu mano, y toca su
hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia” (2:
5). Dios le dice a Satanás: “He aquí está en tu mano, pero respeta su vida” (v.
6). Entonces Satanás “hirió a Job con una sarna maligna…” (v. 8). Viendo la
mujer la tranquilidad con la que su marido afrontaba la adversidad, le increpó
diciéndole: “Maldice a Dios y muérete” (v. 9). Como respuesta le dice: “Como
suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos
de Dios el bien y el mal no recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus
labios” (v. 10).
El tema
de Satanás y su relación con los humanos merece que le prestemos atención. Para
muchos Satanás es este diablo burlón que ameniza las fiestas mayores. El
auténtico se frota las manos de satisfacción pues puede seguir haciendo sus
fechorías sin que nadie le pare los pis. Santiago no da un toque de atención:
“Someteos, pues, a Dios, y resistid al diablo, y huirá de vosotros”.
Octavi Pereña Cortina
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