JUAN 13: 2
“Y a la hora de la cena cuando el diablo ya se había introducido en
el corazón de Judas Iscariote para que lo entregase”
El
texto que comentamos nos desvela quien es el que se esconde entre bastidores y
que es el causante de que la maldad se extienda hasta límites insospechables.
En nuestros días tenemos a tres grandes malvados universalmente reconocidos
como tales: Putin, Netanyahu y Trump. El texto que comentamos saca a la luz
pública a quien se esconde en el interior de personajes tan malvados.
El
texto que comentamos dice claramente: “El
diablo ya se había introducido en el corazón de Judas Iscariote para que lo
entregara”. Por nacimiento natural “somos
de nuestro padre el diablo, y los deseos de nuestro padre queremos hacer. Él ha
sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no
hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso y
padre de mentira” (Juan 8: 44). Este texto explica por qué la maldad esté
tan extendida por todo el mundo.
Existen
grados de maldad. Dios limita al diablo y no permite que sus hijos cometan
grandes barbaridades. El texto que comentamos dice que el diablo “ya se había
introducido en el corazón de Judas Iscariote para que lo entregase” El
libro de Job nos muestra que el diablo se parece a un perro rabioso atado a una
cuerda. Solo puede morder y hacer daño dentro de los límites que le permite la longitud
de la cuerda. El texto que sirve de base de esta reflexión “el diablo ya se había introducido en el
corazón de Judas Iscariote para que lo entregase”. Hasta este momento, como Judas “era ladrón, teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella” (Juan 12:
6). Judas solo podía robar. Eso lo son
demasiados políticos que sustraen de la bolsa común de lo que los
contribuyentes aportan. La longitud de la cuerda no les permite para más.
Judas, hasta el momento en que Jesús le dio el bocado solo se le permitía robar. Tan pronto se
tragó el bocado que Jesús dijo: “Satanás
entró en él”. Automáticamente la cuerda se alargó y de permitírsele robar
pudo pasar a cometer deicidio: matar a Jesús que es el Hijo de Dios hecho
carne, conforme a las Escrituras.
Aun
cuando no lo podemos entender en toda su profundidad,Jesús culpa a Judas de su
crucifixión: “A la verdad el Hijo del
Hombre va, según está escrito de Él, mas, ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo
del Hombre es entregado! Bueno fuera a ese hombre no haber nacido” (Mateo
26: 24). A pesar de que los hombres son inducidos por Satanás a cometer
fechorías, son responsables de no
haberse sometido a Dios para así resistir al diablo para que los deje en paz
(Santiago 4: 7).
ISAÍAS 4: 8
“Yo el Señor, este es mi Nombre, y a otro no
daré mi gloria, ni mi alabanza a escultura”
El
profeta añade: “y serán vueltos atrás y
en extremo confundidos los que confían en ídolos, y dicen a sus imágenes de
fundición: vosotros sois nuestros dioses” (v. 17).
En
“Diccionario de controversia”, Teófilo Gay en el apartado “Idolatría” escribe:
“Un medio prohibido por Dios no debe jamás usarse bajo el pretexto de un buen
fin. Pero sobre todo consideremos el fin que se alcanza por este medio:
perpetuar la ignorancia, mantener siempre alejado de la verdad y de la luz al
pueblo, divirtiéndolo con aquellas artísticas reproducciones. El libro que
instruye al ignorante es a Biblia, las imágenes, por el contrario, son el libro
que embrutece más y más al ignorante, por lo cual, la pretendida conveniencia
de las imágenes se manifiesta como
inconvenientísima”. Los dos
textos que ha citado del profeta Isaías son más que suficientes para rechazar
del todo la idolatría. Si no son suficientes los muchos textos bíblicos que
condenan la idolatría, sería muy importante recordar el segundo mandamiento de
la Ley de Dios: “No te harás imagen. ni
ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las honrarás, porque
yo soy el Señor tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres
sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y
hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo
20: 4-6). En la misa, cuando el sacerdote lee un texto bíblico acostumbra a
acompañarla con la coletilla: “Palabra de Dios”. Lo mismo se le puede aplicar
al texto Éxodo 20: PALABRA DE DIOS.
Un
texto que tendría que hacer reflexionar a cualquier persona de cualquier sociedad
es: “¿Con qué limpiará el joven su
camino? con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado, no me dejes
desviar de tus mandamientos. En mi corazón los he guardado para no pecar contra
ti. (Salmo 119: 9-11).
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