diumenge, 11 de gener del 2026

 

JUAN 13: 2

“Y a la hora de la cena  cuando el diablo ya se había introducido en el corazón de Judas Iscariote para que lo entregase”

El texto que comentamos nos desvela quien es el que se esconde entre bastidores y que es el causante de que la maldad se extienda hasta límites insospechables. En nuestros días tenemos a tres grandes malvados universalmente reconocidos como tales: Putin, Netanyahu y Trump. El texto que comentamos saca a la luz pública a quien se esconde en el interior de personajes tan malvados.

El texto que comentamos dice claramente: “El diablo ya se había introducido en el corazón de Judas Iscariote para que lo entregara”. Por nacimiento natural “somos de nuestro padre el diablo, y los deseos de nuestro padre queremos hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso y padre de mentira” (Juan 8: 44). Este texto explica por qué la maldad esté tan extendida por todo el mundo.

Existen grados de maldad. Dios limita al diablo y no permite que sus hijos cometan grandes barbaridades. El texto que comentamos dice que el diablo “ya se había introducido en el corazón de Judas Iscariote para que lo entregase” El libro de Job nos muestra que el diablo se parece a un perro rabioso atado a una cuerda. Solo puede morder y hacer daño dentro de los límites que le permite la longitud de la cuerda. El texto que sirve de base de esta reflexión “el diablo ya se había introducido en el corazón de Judas Iscariote para que lo entregase”. Hasta este momento, como Judas “era ladrón, teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella” (Juan 12: 6). Judas solo podía robar.  Eso lo son demasiados políticos que sustraen de la bolsa común de lo que los contribuyentes aportan. La longitud de la cuerda no les permite para más. Judas, hasta el momento en que Jesús le dio el bocado  solo se le permitía robar. Tan pronto se tragó el bocado que Jesús dijo: “Satanás entró en él”. Automáticamente la cuerda se alargó y de permitírsele robar pudo pasar a cometer deicidio: matar a Jesús que es el Hijo de Dios hecho carne, conforme a las Escrituras.

Aun cuando no lo podemos entender en toda su profundidad,Jesús culpa a Judas de su crucifixión: “A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de Él, mas, ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno fuera a ese hombre no haber nacido” (Mateo 26: 24). A pesar de que los hombres son inducidos por Satanás a cometer fechorías, son responsables  de no haberse sometido a Dios para así resistir al diablo para que los deje en paz (Santiago 4: 7).


 

ISAÍAS 4: 8

“Yo el Señor, este es mi Nombre, y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a escultura”

El profeta añade: “y serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían en ídolos, y dicen a sus imágenes de fundición: vosotros sois nuestros dioses”  (v. 17).

En “Diccionario de controversia”, Teófilo Gay en el apartado “Idolatría” escribe: “Un medio prohibido por Dios no debe jamás usarse bajo el pretexto de un buen fin. Pero sobre todo consideremos el fin que se alcanza por este medio: perpetuar la ignorancia, mantener siempre alejado de la verdad y de la luz al pueblo, divirtiéndolo con aquellas artísticas reproducciones. El libro que instruye al ignorante es a Biblia, las imágenes, por el contrario, son el libro que embrutece más y más al ignorante, por lo cual, la pretendida conveniencia de las imágenes se manifiesta como  inconvenientísima”.   Los dos textos que ha citado del profeta Isaías son más que suficientes para rechazar del todo la idolatría. Si no son suficientes los muchos textos bíblicos que condenan la idolatría, sería muy importante recordar el segundo mandamiento de la Ley de Dios: “No te harás imagen. ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las honrarás, porque yo soy el Señor tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20: 4-6). En la misa, cuando el sacerdote lee un texto bíblico acostumbra a acompañarla con la coletilla: “Palabra de Dios”.  Lo mismo se le puede aplicar al texto Éxodo 20: PALABRA DE DIOS.

Un texto que tendría que hacer reflexionar a cualquier persona de cualquier sociedad es: “¿Con qué limpiará el joven su camino? con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado, no me dejes desviar de tus mandamientos. En mi corazón los he guardado para no pecar contra ti. (Salmo 119: 9-11).

 

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