dissabte, 17 de gener del 2026

 

JEREMÍAS 5: 1

“Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e informaos, y buscad en sus plazas a ver si encontráis hombre, si hay alguno que haga justicia, que busque verdad y yo la perdonaré”

Se dice que el filósofo griego Diógenes iba por la calle en un día solado con un candil en la mano encendido. El sabio se encuentra con el rey Alejandro el Grande que sorprendido le pregunta: “Diógenes, ¿a dónde vas con el candil encendido cuando el sol brilla con todo su esplendor?” El erudito le responde con pocas palabras: “Busco un hombre”. Diógenes por muy sabio que fuese, su saber era limitado. Solo podía percibir lo que sus ojos le permitían ver: lo externo. No lo que hay en el interior de los hombres. La condición moral de la población tenía que ser malísima.

En el texto que comentamos es el mismo Dios el que busca a un hombre concreto. No necesita la ayuda de un candil encendido porque siendo Él la luz del mundo ve con claridad meridiana: no encuentra a nadie que haga justicia, que busque la verdad. Como no lo había Jerusalén acabó siendo destruida por el ejército babilónico.

“Aunque digan: Vive el Señor, juran falsamente” (v. 2). Este texto confirma lo que en su día dijo el profeta Isaías: “Este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” k(29: 13).

El profeta escribe: “Oh Señor, ¿No miran tus ojos la verdad? Les azotaste y no les dolió, los consumiste y no quisieron recibir corrección, endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron convertirse. Pero yo dije: Ciertamente estos son pobres, han enloquecido, pues no conocen el camino del Señor, el juicio de su Dios” (vv. 3, 4).

La responsabilidad de no querer escuchar la voz de Dios es universal. Un sector de la población que es responsable de la impiedad global existente es la de los religiosos. Así se expresa el profeta Jeremías: “Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra, los profetas profetizaron mentira, los sacerdotes dirigían por manos de ellos, y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin? (vv. 30, 31).


 

JEREMÍAS 2: 28

“¿Y dónde están tus dioses que hiciste para ti? Levántense ellos para ver si te podrán librar en el tiempo de la aflicción, porque según el número de tus ciudades, oh Judá, fueron tus dioses”

Una pregunta que nosotros los gentiles deberíamos hacernos nuestra: es la que el apóstol Pablo hace a los judíos: “¿Y dónde están los dioses que hiciste para ti?” Al lector si le queda algo de entendimiento debería apropiársela. El lector es muy probable que haya nacido en una nación en la que la religión predominante afirma ser monoteísta. Que adora a un solo Dios: el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Si tenemos ojos para ver nos daremos cuenta que la religión que profesan la mayoría es politeísta. Adora a una infinidad de dioses. ¿Qué son sino dioses los muchos santos y vírgenes  que veneran? La élite religiosa enseña sin avergonzarse que los creyentes adoran a Dios a la vez que lo hacen con la virgen o el santo de su preferencia.

El profeta Jeremías hace diana cuando dice: “Levántense ellos para ver si te podrán librar en el tiempo de la aflicción, porque según el número de tus ciudades, oh Judá, fueron tus dioses”. En el tiempo de aflicción qué respuesta dan al lector las imágenes a las que venera con fervor, las implora vehementemente, promete visitar los santuarios más famosos…tiempo perdido: las imágenes tienen ojos que no ven. Los oídos de las esculturas no oyen las súplicas. La inoperancia de las imágenes es tan manifiesta que para desplazarse necesitan grupos de portadores que las trasladen

Una sociedad como la nuestra que manifiesta su religiosidad de manera extremada en Semana Santa cuando multitudes se concentran para contemplar el paso de imágenes que representan escenas de la vida de Jesús, preferentemente su crucifixión. ¿Qué efectos beneficiosos aportan contemplar las procesiones de Semana Santa?   ¿Qué nos dicen las estadísticas? Las enfermedades mentales crecen sin freno. La violencia doméstica aumenta de manera alarmante. ¿No será hora que aprendamos la lección que nos da el ladrón que clavado en una cruz junto a Jesús que arrepintiéndose de sus pecados le dijo al Señor: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” ¿Qué le respondió Jesús?: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo  en el paraíso” (Lucas 23: 42, 43). Solo Dios sabe el tiempo que el lector permanecerá en este mundo. Lo cierto es que si imitas al ladrón crucificado junto a Jesús tu vida cambiará por completo. Tus súplicas serán escuchadas. La respuesta que recibirás del Señor será:”La paz te dejo mi paz te doy, yo no te la doy como el mundo la da. No s turbe tu corazón, ni tenga miedo” (Juan 14: 27).

 

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