diumenge, 15 de març del 2026

 

GÉNESIS 42: 11

“Y todos nosotros somos hijos de un varón, somos hombres honrados, tus siervos nunca fueron espías”

En este texto aparece la palabra honradez. Quienes la pronunciaron fueron los hermanos de José, hijos de Jacob, que vendieron como esclavo a José a unos mercaderes madionitas que se dirigían a  Egipto que a su vez lo vendieron a Potifar, funcionario del faraón. Falsamente acusado de intentar seducir a la mujer de su amo, José fue enviado a prisión. Después dos funcionarios del faraón ingresaron en la misma prisión. Ambos soñaron. José interpretó los sueños que se cumplieron. El funcionario que fue indultado abandonó la cárcel y se olvidó de José.

El faraón tuvo un sueño que le inquietó. Llamó a los adivinos para que lo interpretasen. No lo consiguieron. Entonces el funcionario indultado se acordó de José como interpretador de sueños y se lo dijo al faraón. De inmediato el faraón hizo comparecer ante su presencia a José. El faraón explicó el extraño sueño que había tenido. El significado fue que vendrían siete años de una gran abundancia seguidos de otros siete de gran penuria. El faraón nombra a José visir con el encargo de supervisar el almacenaje de lo sobreabundancia de alimentos.

Jacob, padre de José, en Canaán se entera que en Egipto hay abundancia de comida y envía a Egipto a 10 de sus hijos. Estos se presentan ante José pero no lo reconocen. José duramente acusa a sus hermanos de espías. Naturalmente lo niegan. Durante el interrogatorio dicen que en Canaán vive su padre con un hijo pequeño. El interrogatorio sirvió para que los hermanos de José se dijesen: “Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no lo escuchamos, por esto ha venido sobre nosotros esta angustia” (v. 21).

Cuando José interroga a sus hermanos éstos confiesan que son hombres honrados. ¿Pueden considerase honradas unas personas que planearon matar a su hermano aun cuando después lo vendieron como esclavo y que para esconder su delito mataron un cordero y con su sangre mancharon la túnica de su hermano para hacer creer a su padre que José había sido destrozado por una bestia salvaje?

Las calamidades que nos golpean tendrían que ser motivo de agradecimiento a Dios pues sirven para que despertemos del ensueño de creer que somos buenas personas, honradas según los hermanos de José. Nadie es bueno excepto Dios. Demos gracias al Señor si las calamidades que nos azotan sirven para que exclamemos: Señor, ten piedad de mí que soy pecador,


 

SALMO 32: 1

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño”

¿Quién es la persona cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado? En un principio está al alcance de todos: “Como está escrito: No hay justo ni aun uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios, todos se desviaron, a una se hicieron inútiles, no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno, sepulcro abierto es su garganta, con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios, su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre quebranto y desventura hay en sus caminos, y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3: 1-18). Esta descripción, ¿no encaja perfectamente con todo lo que sucede en nuestro alrededor?, no nos olvidemos de nosotros mismos en quienes el temor de Dios brilla por su ausencia. Lo cual nos impulsa a no hacer caso de la Ley de Dios que nos dice qué tenemos que hacer para comportarnos como personas justas.

¿Cómo podemos entrar a formar parte del grupo de personas que son bienaventuradas porque sus transgresiones han sido perdonadas? A continuación cito un texto un poco largo. Encarezco al lector  que lo lea pausadamente y prestándole atención porque en él encontrará solución a la desventura que amarga tu vida: “Pero ahora, aparte de la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la Ley y los profetas, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados (perdonados los pecados) gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre (la de Jesús crucificado) para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el Justo, y el que justifica (perdona) al que es de la fe en Jesús” (vv. 21-26). En nadie más hay salvación “porque no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en quien podemos ser salvos” (Hechos 4: 12). 

 

 

CORRUPCIÓN AL VERTEDERO

Màrius Carol en su escrito “Como limpiar la política”, escribe. “Pasan los gobiernos, pero la corrupción política no desaparece, como si fuese un virus indestructible contra el cual no existe ninguna vacuna…tal vez la corrupción es inherente a la condición humana. En la antigua Roma lo intentaron, después que el político  Petronio  (siglo I) clamase ante la codicia de los servidores públicos “¿Qué más pueden hacer las leyes, donde solamente el dinero manda? Los legisladores empezaron obligando a los corruptos a devolver lo que habían robado, pero la República acabó condenando al destierro e incluso con la pena de muerte a los condenados de soborno y tráfico de influencias. Ni así lo consiguieron”.

En el discurso que el presidente Illa pronunció al reintegrarse a la actividad pública después de recibir el alta médica, lo fuerte de la disertación consistió en avisarnos del peligro que la deshumanización de la política lleve a los políticos a  olvidarse del deber ineludible de dar ejemplo de honradez, de rescatar los valores humanos. Se tiene que recuperar la buena política y esto requiere mejorar el debate político. Tenemos que transformar los valores humanos en beneficios tangibles para mejorar la vida de los ciudadanos”.

Josep Martí Blanch en su escrito “La policía no levanta cabeza”, lo cierra escribiendo: “Es una reforma pendiente en España. Más moral y ética que legal, por tanto más difícil. Nada tiene que ver con lo que ha pasado. O sí, por la impunidad que parecía que tenía el susodicho José Ángel González. Y se sabe que en el cosmos todo tiene relación. Como se dice, demasiados gobiernos con los mismos tics. Tics que adornan a unos individuos que creen que están por encima del bien y del mal”.

En el discurso inaugural del MWC, el rey Felipe VI dijo: “Tenemos que mantenernos firmes en nuestra defensa de la dimensión ética de la humanidad, sus valores y principios que son universales…Exigimos la máxima moderación en el uso de la fuerza, respeto para la vida de los civiles y la búsqueda de una vía diplomática  en esta lógica actual de confrontación Hacemos un llamamiento para evitar una situación caótica y una represión descarada, y para restablecer el diálogo en una busca honesta de la paz”.

Bla, bla, bla, todo son palabras que el viento se lleva quienes dicen defender a capa y espada los supuestos valores humanos y democráticos. Los gobiernos marchan y entran de nuevos y la corrupción sigue teniendo protagonismo. El salmista nos abre la puerta para que podamos introducirnos en el tema de la corrupción que tanto nos preocupa y que recientemente se ha agravado con el estallido de la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos: “¿Quién es el hombre que teme al Señor? Él le enseñará que camino ha de escoger. Gozará de bienestar, y su descendencia heredará la tierra” (Salmo 25: 12, 13).

Traspasemos el umbral de la puerta y adentrémonos en el campo espiritual que es donde se encentra la raíz de la corrupción de la que tanto se habla y que nadie sabe cómo frenarla. Como la cuestión espiritual está tan infectada de prejuicios vayamos primero a Jesús para que toque con su dedo los ojos y recuperemos la visión. Una vez recuperada estaremos en condiciones de entender lo que nos dirá: “¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando la viga que está en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga que está en tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano” (Lucas 6: 41, 42). Ahora que hemos pasado por el despacho del Oftalmólogo divino y recuperado al cien por cien la visión, estamos en condiciones de introducirnos en el tema de la corrupción sin vigas en los ojos que nos impidan escudriñarlo sin prejuicios.

Prestemos atención a la que Jesús tiene que decirnos al respecto:” No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto, pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno, y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo, porque de la abundancia de su corazón habla la boca” (Lucas 6: 43-45).

Por nacimiento de mujer y por ser descendencia de Adán todos nacemos pecadores, lo cual significa que somos árboles malos. Lo cual no quiere decir que todos tengamos que ser como Josef Mangale, el carnicero de los campos de exterminio nazis. Quienes hemos nacido y crecido en un país católico se nos ha enseñado que las “mentiras piadosas” no tienen importancia. ¿Qué enseña la Ley de Dios respecto a la mentira? “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20: 16). ¿Qué dice la Biblia al respecto? ”Porque cualquiera que guarde toda la Ley, pero ofenda en un punto, se hace culpable de todo” (Santiago 2: 10). ¿Dónde encontrar a una persona que jamás haya dicho una “mentira piadosa? No se encontrará porque no existe. Todos  somos infractores de la Ley de Dios. Sin excepción somos árboles malos que dan frutos malos. Si el lector está preocupado por ser árbol malo vaya a Jesús para que le convierta en árbol bueno. El Señor que es misericordioso escuchará tu petición y al instante te habrás convertido en árbol bueno y andarás en novedad de vida. El pasado ha sido enterrado para siempre.

Octavi Pereña Cortina

dissabte, 7 de març del 2026

 

MARCOS 2: 17

“Al oír esto Jesús les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”

El texto que comentamos tiene que ver con el llamamiento de Leví hijo de Alfeo, más conocido como Mateo. Jesús al pasar por delante del banco de los tributos públicos vio sentado a Leví y le dijo “sígueme. Y levantándose le siguió”. Leví condujo a Jesús y a la comitiva que le seguía hasta su casa donde los obsequió con una exquisita comida.

El texto sigue diciendo: “Aconteció que estando Jesús a la mesa en la casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos, porque había muchos que le habían seguido” (v. 15). El texto especifica qué clase de personas eran las que estaban sentadas a la mesa: “publicanos y pecadores”. Los publicanos eran compañeros de Leví en la tarea de recaudar impuestos para Roma. Estos funcionarios públicos eran menospreciados por los sacerdotes y levitas, la casta religiosa dominante en aquellos días, por considerarlos traidores.

En el grupo de pecadores se encontraban las prostitutas y aquellas personas de mal vivir que eran la hez de la sociedad. Pues bien, los fariseos que se consideraban buenísimas personas por creer que eran estrictos cumplidores de toda la Ley de Dios no podían soportar que Jesús y sus discípulos estuviesen sentados juntos a la mesa con la chusma.

“Y los escribas y sacerdotes, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que Él come y bebe con los publicanos y pecadores?” (v.16). A Jesús que no le pasa por alto la acusación de los escribas y fariseos, les dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” A Jesús se le conoce como el amigo de los pecadores. El lector tiene que definirse a qué lado está con respecto a Jesús. Si se considera bueno y justo como lo hacían los fariseos, entonces Jesús será su enemigo. En cambio si te mira al espejo y te ves feo y arrugado por el pecado, entonces Jesús será tu amigo que ha venido a buscarte para que te arrepientas y goces de la vida eterna.


 

LUCAS 16: 13

“Ningún siervo puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”

Jesús ilustra el tema de las riquezas con la parábola que se conoce con el nombre “El rico y Lázaro”. El opulento “hacía cada día banquete con esplendor”. Vivía como un marajá, adulado por todos aquellos que sentaban a la mesa en la que se servían manjares exquisitos. En cambio Lázaro, el mendigo, “estaba echado a la puerta del rico, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico” Dos mundos opuestos juntos el uno con el otro.

Cuando llega la hora de la muerte, nadie se escapa de tener que comparecer  ante el tribunal de Dios para dar cuenta de todo lo hecho durante la existencia terrenal. El texto nos dice: “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado (su alma) por los ángeles en el seno de Abraham” No puede enaltecerse la pobreza como medio para alcanzar el favor de Dios. Jesús lo deja bien claro en El Sermón del monte cuando dice: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5: 3). Únicamente pueden llegar a ser hijos de  Dios aquellos que se reconocen pecadores y creen que Jesús es el Salvador.

Al rico de la parábola también le llega la hora de tener que presentarse ante el tribunal de Dios. El texto lo expone: “Murió también el rico y fue sepultado” Bien seguro con la presencia de las autoridades civiles y religiosas en el sepelio Fue un entierro con todos los honores. A diferencia de Lázaro que su alma “fue llevada por los  ángeles al seno de Abraham,  el epitafio escrito en la piedra del sepulcro del hombre rico es muy escueto: “Fue sepultado”.

De la bienaventuranza que gozaba el pobre Lázaro estando “el seno de Abraham” el texto no dice nada. En cambio, del lugar a donde fue llevada el alma del rico el texto es explícito: “Y en el Hades” (lugar a donde van las almas de los muertos condenados, en espera de la resurrección corporal), pidió a Abraham que enviase a Lázaro “para que moje la punta del dedo en agua, y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”.

En el tormento el rico se acuerda    de su familia y le pide a Abraham que envíe, en vida, al marginado Lázaro, a la casa de su padre y explique a sus familiares la realidad de lo que hay en el más allá. La respuesta que recibe es contundente: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguien se levante de los muertos” (Lucas 16: 19-319.

Hoy es el día de la salvación. Mañana tal vez no tengas la oportunidad de escuchar el anuncio del Evangelio: Jesús vino a buscar a pecadores al arrepentimiento.

 

 

EL ENSUEÑO

¿Tienen futuro los sueños de grandeza que tenemos?

“He soñado que volaba/me alzaba hacia el cielo/cuando estaba lejos de la Tierra/me transformaba en una estrella/desde allí veía a los pueblos/las plazas y las ciudades/las montañas más agrestes/y los desiertos tan desolados/he visto pueblos en guerra/he visto a los muertos a millares/los niños llorando de hambre/he visto tantas cosa feas/tanta desgracia y dolor/que me he despertado de súbito/empapado de sudor/no me gustan las guerras/quiero que nos amemos todos/como nos amamos a nosotros/aquel niño de Belén/el nació para salvarnos/nos ofrece salvación/si aceptamos lo que Él nos da/el mundo sería mucho mejor” (María Carmona).

El ensueño de María quedó en esto: un ensueño.

Con tantas voces que claman que se acaben las guerras, ¿por qué estas no desaparecen? Santiago da respuesta a esta pregunta cuando escribe: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis, matáis y ardéis de envidia y no podéis alcanzar, combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4. 1-3).

¿Por qué pedimos de manera tan perversa? La respuesta a esta pregunta tenemos que ir a buscarla al inicio de la Historia, en el paraíso en donde Adán y Eva, como se dice: Vivian  felices y comían perdices. De súbito se presenta en el escenario paradisíaco Satanás vestido  de ángel de luz por haberse encarnado en la serpiente que en aquel entonces no era el animal repugnante en que se convirtió cuando Dios lo maldijo. Hasta aquel momento era una animal de bello aspecto que andaba de pie y que no causaba repulsa en Adán y Eva.

La serpiente portadora de Satanás se presenta ante Eva sin despertarle desconfianza. Las apariencias engañan. Satanás que es padre de mentira y homicida desde el principio se aproxima a Eva sin causarle repulsa, para engañarla y acusar a Dios de mentiroso porque no era verdad lo que le había dicho a Adán que “no comiese del árbol de la ciencia del bien y el mal, porque el día que de él comiese ciertamente moriría” (Génesis 2: 17). Satanás muestra su malignidad cuando le dice a Eva: “Sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3: 39. Eva se tragó la mentira. Puso los ojos en el árbol y comió el fruto que Dios le había dicho a Adán que no comisen. Acto seguido Eva se acercó a su marido y lo engaña como a un chino. Tan pronto como el fruto prohibido entró en la boca de Adán, en vez de ser como Dios, “fueron abiertos los ojos de ambos y conocieron que estaban desnudos” (Génesis 3. 7).

Transcurre el tiempo y el matrimonio tiene dos hijos: Caín y Abel. Los  chicos crecen. “Y Caín dijo a su hermano Abel: salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se lanzó contra su hermano Abel, y lo mató” (Génesis 4: 8). Es así como por medio de un fratricidio la violencia entró en el mundo y con el paso del tiempo se ha ido haciendo más sofisticada, cruel y extensiva.

Miguel Ángel Moratinos, ex ministro de exteriores del Gobierno de España en su escrito “La humanidad sobrevira”, el ex político entona el canto del cisne cuando escribe: “Ante estos dos grandes desafíos, los ciudadanos tendrían que levantarse y clamar por el fin de las guerras y que todo avance de la ciencia y del conocimiento se haga bajo un control democrático total y efectivo, con la máxima transparencia sobre el mundo oscuro de los algoritmos. Si resistimos a estas dos grandes amenazas, evitaremos que en el año 2026 siga erosionando los propósitos  que la humanidad había alcanzado a lo largo de estos veinte siglos. Será entonces que el Homo sapiens podrá ponerse de pie, volverse a levantar y estrechar las manos de sus hermanos para construir un mundo en paz, que respete el planeta Tierra y bajo un marco multilateral podamos decidir colectivamente nuestro futuro”. El ex ministro se comporta como un iluso si de verdad cree en lo que ha escrito.

¿Qué nos dice Jesús respecto a las guerras? Un día sus discípulos se le acercan para preguntarle. “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y que señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo les dijo: mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: yo soy el Cristo, y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras, mirad que no os turben, porque es necesario que todo esto acontezca, pero no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y habrá pestes, y  hambres, y terremotos en distintos lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24: 4-8).

En el momento de redactar este escrito ambos apuros ocupan los medios de comunicación. Mientras Satanás siga actuando sin freno desde detrás de las cortinas, los cataclismos ecológicos, las guerras, la violencia sin freno, seguirán ocupando espacio en los medos de comunicación. No hagamos caso  a los forjadores de opinión como Miguel Ángel Moratinos que nos quieren hacer creer que si el hombre se lo propone puede hacer desaparecer de sobre la capa de la Tierra  las guerras y todo tipo de violencia y convertir el Planeta en un oasis de paz. Individualmente  es posible que algunas personas, por la fe en Jesús se agarren a la cuerda que el Señor les lanza para sacarlos del lodazal que los amenaza con sepultarlos para que pongan los pies en la Roca que es el mismo. Así es como comenzarán a  disfrutar la vida eterna.

Octavi Pereña Cortina

diumenge, 1 de març del 2026

 

EL TIEMPO VUELA

El tiempo transcurre en un abrir y cerrar los ojos

Un autor anónimo ha dejado escrito: “El tiempo es una de las cosas más valiosas y apreciadas que tenemos en la actualidad. No somos conscientes de ello hasta que por las circunstancias que sean, nos damos cuente que no tenemos…Las nuevas tecnologías ejercen una extraordinaria incidencia en nuestras vidas, ha provocado toda clase de consecuencias. Por descontado que hemos ganado en bienestar social,  solo que aquí tendríamos que señalar que solo sirve para los países desarrollados occidentales. La situación también nos ha llevado a una cierta pérdida de calidad de vida que al final nos provoca una ansiedad insoportable. Todo lo hacemos corriendo: hablamos, comemos, conducimos, incluso no leemos, sino que escaneamos con la mirada. Priorizamos la cantidad a la calidad cuando tendría que ser totalmente al revés. El resultado es que queremos controlarlo todo, pero justamente perdemos el control de nuestra vida y ello afecta inexorablemente a la salud y a la vida familiar. Vivimos más bien a costa de sentirnos más mal”.

Lucy Swindoll escribe: “Amados, quisiera terminar este libro con un mensaje que entre por vuestras  orejas, una vez más para animaros para que toméis con entusiasmo la vida. No esperéis a tener conyugue. No esperéis a tener más tiempo. No esperéis a tener más dinero. No esperéis a que los dos pies posen sobre el suelo. No esperéis para cualquier otra cosa. La hora de involucraos con la vida es ahora, no mañana, o la próxima semana o el próximo año. ES AHORA”. “Os exhortamos también que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en el día de salvación te he socorrido. He aquí ahora es el tiempo aceptable, he aquí, ahora es el día de salvación” (2 Corintios 6: 2). El salmista nos habla con palabras muy adecuadas: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 19: 12). “Este día (hoy) no volverá a pasar…Cualquiera que no coma, beba, deguste, olores, no se te volverá a presentar en toda la eternidad. El sol no volverá a lucir como lo hace hoy. Tienes que hacer tu parte y cantar una canción de la mejor manera que puedas hacerlo” (Herman Hesse).

Para el día de hoy el apóstol Pablo nos recomienda: “Mirad, pues, con diligencia cómo andáis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto no seáis insensatos, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor” (Efesios 5: 15-17).

La carnalidad humana impulsa a satisfacer los instintos básicos: “Adulterios, fornicaciones, impureza, lascivia, idolatría, brujería, celos, rivalidades, divisiones, partidos, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas, de la cuales os amonesto, como ya lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5: 19-21). La persona que únicamente piensa en satisfacer las pasiones carnales   “se parece a las bestias que mueren” (Salmo 49: 12). No han aprendido a contar los días. ¿Qué se tiene que hace para empezar a hacerlo? Para comenzar  tiene que dejar de ser persona carnal para convertirse en espiritual. ¿Cómo puede conseguirse esta mutación?

El ser humano para que pueda empezar a contar los días tiene que hacerlo desde la perspectiva de eternidad. Le ayudará a hacerlo si tiene en cuenta la Ley de Dios que se condensa en el Decálogo. Donde el cielo y la tierra se encuentran. Los siete primeros versículos del Decálogo tienen que ver con la existencia de Dios. Para el ser humano tendría que ser una prioridad creer en Él. Para dejar de parecernos a los animales que mueren y nadie se acuerde de ellos, tenemos que empezar a contar los días acordándonos “del día de reposo para el Señor tu Dios…Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la Tierra, el mar y todas las cosas que hay en ellos, y descansó en el séptimo día, por tanto, el Señor bendijo el día de reposo y lo santificó” Éxodo 20: 8-11).

La iglesia apostólica cambió el séptimo día de la semana por el primero en recuerdo de la resurrección de Cristo, pues, de no haber resucitado no habría posibilidad de salvación. El cambio no altera la finalidad del día de reposo que es acordarse del  Señor nuestro Dios. ¿A qué se dedica el domingo el primer día de la semana? ¿A dedicarlo a Dios Padre  de nuestro Señor Jesucristo? Evidentemente no. Los bancos de las iglesias están polvorientos. Las personas que tendrían que ocuparlos llenan a rebosar los lugares de diversión. No han aprendido a contar los días  por lo que siguen pareciéndose a las bestias que mueren. “Comamos y bebamos que mañana moriremos” (1 Corintios 15: 32). Mal final para adentrarse en la eternidad.

Octavi Pereña Cortina   

 

 

PROVERBIOS 7: 14

“He aquí el malvado trama iniquidad y concibe la maldad, y da a luz la falsedad”

No es  necesario ser demasiado avispado para uno darse cuenta de qué sucede a  su alrededor. Lo triste del caso es que son muchas las personas  que tienen ojos para  ver y no ven. De todas maneras el salmista se convierte en nuestros ojos para que podamos ser conscientes de la tragedia que se nos avecina. ¿Qué ve el escritor por doquiera? Que la maldad campa a sus anchas sin olvidarse de ningún rincón.

El malvado por carecer de la luz del Señor no es consciente de las fechorías que comete. “Cava una fosa profunda pero cae en el agujero que ha cavado” (v. 15). Al carecer de la luz de Cristo que alumbra a  todos los hombres no sabe dónde pone los pies y cae en el agujero que sus propias manos  han cavado. ¡Qué triste es ver como muchas personas se pierden de manera tan insulsa.

El escritor sagrado describe lo que sus ojos ven al ser iluminado por la luz de Cristo. El escritor describe lo que sus ojos ven en la luz de Jesús que el la luz del mundo que ilumina a todo  mortal: “Su maldad volverá sobre su cabeza, y su violencia caerá sobre su coronilla” (v. 16). El primer afectado por la maldad son los malvados que se creen muy listos y creen que la maldad que ejercen sobre su prójimo no los afectará a ellos. La maldad tiene el efecto boomerang: se revuelve contra quien la ejerce.

El escritor que contempla   como los malvados  reciben las consecuencias de su propia maldad no puede por menos que “dar gracias a Dios por su justicia y alabar el Nombre del Señor, el Altísimo” (v. 17).


 

SALMO 65:3

“Las iniquidades me agobian, pero nuestras rebeliones tú las perdonas”

Sigue escribiendo David: “Bienaventurado el que tú escoges y atraes a ti, para que habite en tus atrios, será saciado del bien de tu casa, de tu santo templo” (v. 4). En el salmo 51 escrito por el mismo David describe para bendición nuestra el proceso del arrepentimiento. Vayamos a él. David lo escribió a consecuencia de la amonestación de parte del profeta Natán por haber cometido adulterio con Betsabé e indirectamente  matado a  Hurias, el esposo    ultrajado. David no cometió una mentida piadosa para eludir la responsabilidad de haber cometido pecados tan graves. Si Dios en Cristo puede perdonar pecados tan graves como los que cometió David también puede perdonar los tuyos. El requisito imprescindible es que pidas perdón de tus pecados. ¿Qué nos enseña el salmo 51? Después de la amonestación que recibió del profeta Natán, lo primero que hace  David es decirle a Dios: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia. Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones” (v. 1).

Jesús, por el mero hecho de haberle dicho a un paralítico: “Ten ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados”, algunos de los escribas decían dentro de sí: “Este blasfema”. Jesús dice a sus adversarios: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, dice al paralítico: Levántate, coge tu camilla, y vete a tu casa”(Mateo 9: 1-7). David no se equivocó cuando acudió a Dios, el único que tiene poder de perdonar pecados.

Sin haber nacido de nuevo por la fe en Jesús nadie acude a Dios para que perdones sus pecados. La actitud de David reconociendo que era un pecador de armas tomar evidencia que había nacido de nuevo como hijo de Dios. El perdón de Dios no significa que el perdonado deje de ser pecador. Todo lo contrario adquiere el conocimiento de cuán ofensivo es el pecado a los ojos de Dios. Con el apóstol Pablo puede decir de sí mismo: “Yo soy el primero de los pecadores”. “He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí tu amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio, lávame y seré más blanco que la nieve” (vv. 6, 7).

El hisopo era la planta que los sacerdotes utilizaban para rociar la sangre de los corderos sacrificados en el templo para purificar los objetos rociados. Cuando David utiliza el hisopo para que Dios lo deje más blanco que la nieve es un reconocimiento de que “la sangre de Jesucristo su Hijo (de Dios) nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1: 7).

Ahora es  cuando David puede entonar gozoso: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí, y no quites de mí tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación y espíritu noble me sustente” (vv. 10-12).

dissabte, 21 de febrer del 2026

 

VIDA DESPUES DE LA MUERTE

Una experiencia cercana a la muerte no da respuesta a la pegunta: ¿Qué hay más allá de la muerte?

Si el lector le pregunta al neurocientífico Alex Gómez Marín ¿qué  hay más allá de la muerte? y le responde: “Es nuestra certeza vital más incierta: La gran frontera de la ciencia. Y visto en perspectiva, un cambio de fase de conciencia. El proceso, en fin, en el cual nos desprendemos de nuestro cuerpo físico”. La respuesta que le ha dado el neurocientífico es como si se la hubiese dado en chino. No ha entendido nada. Yo tampoco.

De manera entendedora el apóstol Pablo da respuesta a la pregunta que nos hacemos: ¿Qué es la muerte y qué hay en el más allá? “Porque la paga del pecado es la muerte, pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6: 23). Con claridad meridiana y con pocas palabras despeja dos misterios que nos preocupan: La muerte y el más allá. Dios nos creó inmortales. La muerte es un intruso que se coló sin pedir permiso por la puerta de atrás. El apóstol aporta luz a este tema que nos inquieta que ni la ciencia ni la filosofía den respuesta. Si los científicos y los filósofos no tuviesen prejuicios prestarían atención a lo que la Biblia dice en 1 Corintios 15. El texto es un faro que ilumina en medio de las tinieblas espirituales que nos envuelven. La fuente de donde fluye la luz espiritual que hace desvanecer   las tinieblas espirituales que nos amortajan es: “Lámpara a mis pies es tu palabra (la de Dios) y lumbrera a mi camino” (Salmo 109: 105), y “¿con qué limpiará el joven su camino? con guardar tu palabra” (Salmo 119: 9).

Si el lector está verdaderamente interesado en descubrir el misterio de la muerte y de lo que se encontrará en el más allá, siga el ejemplo de aquel padre que tenía un hijo poseído por un espíritu maligno que se acercó a Jesús suplicándole compasión. Jesús le dijo: “Si puedes creer, al que cree todo es posible”. La respuesta del padre fue instantánea: “Ayuda mi incredulidad” (Marcos 9: 23, 24). La incredulidad no tiene por qué ser  un inquilino permanente. Si el lector es incrédulo a las cosas espirituales y desea desprenderse de ella solo necesita acercarse a Jesús y decirle: Señor ayuda mi incredulidad. El vacío que ha dejado la incredulidad desaparecida lo ocupará la fe que lo identifica con Jesús. Recibida la fe mirará con otros ojos a la Biblia. Tendrán sentido las palabras que Dios le dijo a Adán que no comiese el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal “porque el día que comas ciertamente morirás” (Génesis 2. 17). Dejarás de considerar fábula el relato de Satanás acercándose a Eva para persuadirla que no creyese lo que Dios le había dicho a Adán: que no comise el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal y de la promesa de un Mesías (Génesis 3).

Habiendo sido dotados con el don de la fe en Jesús adentrémonos en el misterio que las Sagradas Escrituras revelan acerca de la muerte y de la vida. El salmista se hace unas preguntas que son las mismas que nos plantamos nosotros. “¿Qué hombre vivirá y no verá la muerte? ¿Librará su vida del poder del sepulcro?” (Salmo 89: 48). Dejemos que sea la Biblia que dé respuesta a estas preguntas.

El apóstol Pablo en 1 Corintios 15 trata ampliamente el tema que nos preocupa: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras” (vv. 2, 3). “Porque si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana también es vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios porque hemos testificado de Dios que Él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó, y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana, aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron (murieron) en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Mas, ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho.  Por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos”. El cántico de victoria que entona el apóstol: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un Hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, en Cristo todos serán vivificados” (vv. 20-22).

El apóstol cierra la carta a los corintios con algo de suma importancia: “He aquí os digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados, porque es necesario que  esto corruptible sea revestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la Ley. Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que hermanos, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (vv.51-58).

Con la muerte y resurrección de Cristo la existencia adquiere sentido. Los creyentes en Cristo tenemos la certeza que después de la muerte abriremos los ojos en el paraíso en espera de la resurrección del cuerpo.

Octavi Pereña Cortina