POLIAMOR
El divorcio puede ser comprensible pero nunca
deja de ser una ruptura irreparable
“Si
alguien tiene un matrimonio cómodo, ama a la persona con quien convive, creo
que es un buen compañero para toda la vida, le ayuda a cuidar a los hijos, pero
que solo tiene problemas en el dormitorio, no debería divorciarse. La solución
es buscar alguien fuera del hogar para poder satisfacer el aspecto que está
fallando. Unos apuestan, otros beben. Y los hay que quieren dormir con otras
personas. Esto es todo” (Noel Biderman, creador de Aslay Medison, la aplicación
de citas para personas que desean mantener relaciones discretas).
A un
actor conocido por su protagonismo en películas románticas se le preguntó:
“¿Qué hace que un hombre sea un gran amante?” La respuesta que dio fue: “Un
gran amante es alguien que satisface a una mujer durante toda su vida. Un gran
amante no es alguien que va de mujer a mujer. Cualquier perro puede hacerlo”.
Rolly
Roden Winter es una madre y esposa que apuesta por el poliamor porque “en la
mitad de los matrimonios se dan infidelidades y lo tenemos integrado. Me parece
más saludable plantearse un matrimonio abierto. Me relaciono con hombres
solteros o con matrimonios abiertos. Lo más importante para mí es la
honestidad, y es posible. y para mí vivir con honestidad es el camino de la
libertad”.
El
matrimonio es cosa de dos, no de tres, o un número indeterminado de relaciones
sexuales bajo el paraguas de la libertad y de la honradez. El poliamor, por más
justificantes que se encuentren, digámoslo claro, es adulterio. Dios que es el
Creador del matrimonio estableció las normas para que los esposos sean felices,
Con claridad meridiana declara que los adúlteros no entrarán en el reino de los
cielos: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis,
ni los fornicarios ni los adúlteros…heredarán el reino de Dios. Y esto eráis
algunos, mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis
sido justificados en el Nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6: 9-11).
La
Palabra de Dios va más allá d los hechos consumados, se adentra en las
profundidades del alma y resplandece en la oscuridad existente.¿ Qué ve este
visitante tan a menudo no bien recibido? Jesús que es el Portavoz del Padre,
respecto a este tema dijo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No cometerás
adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla,
ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5: 27, 28). Aquí sí que no tenemos
escapatoria. ¿Quién no se ha masturbado? Quien lo ha hecho no lo ha hecho es un
vacío estéril. Lo ha hecho pensando en una persona concreta. ¿Tendrá que pasar la eternidad
sufriendo la furia del averno? Según la Ley de Dios, sí. Quien la hace, la
paga.
Jesús
vino aquí en la Tierra, además de comunicar el mensaje de Dios lo hizo con el
propósito de pagar la deuda impagable que los pecadores tenemos con Dios. El
apóstol Juan nos transmite un mensaje de esperanza: “Y la sangre de Jesucristo
su Hijo nos limpia de todo pecado…Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y
justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 7,
9).
El
apóstol Pablo escribiendo a la iglesia de Tesalónica, dice: “Porque ya sabéis
que instrucciones os dimos por el Señor Jesús, pues la voluntad de Dios es
vuestra santificación, que os apartéis de fornicación, que cada uno de vosotros
sepa tener su esposa en santidad y honor, no en pasión de concupiscencia, como
los incrédulos que no conocen a Dios” (1 Tesalonicenses 4: 2-5).
El
mismo apóstol escribiendo a los cristianos de Corintio, les dice: “En cuanto a
las cosas de que me escribisteis, bueno le es al hombre no tocar mujer, pero a
causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su
propio marido. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la
mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el
marido, ni tampoco el marido tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la
mujer. Y no os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente
en la oración, y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a
causa de vuestra incontinencia” (1
Corintios 7: 1-5).
Una
perla que la Biblia añade al collar de la santidad conyugal: “Honroso sea en
todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla, pero a los fornicarios y a los
adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13: 4).
Corolario:
el tema del poliamor se parece a una mancha de aceite que se extiende: “Hay
camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte”
(Proverbios 16: 25).
Octavi Pereña Cortina