dissabte, 14 de febrer del 2026

 

ROMANOS 12: 1

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”

Josep-Lluís Serrano, obispo de Urgell comenzó con estas palabras su escrito “L’aggiornamento de la Iglesia”: “El 25 de enero de 1959 el papa Juan XXIV anunciaba la intención de convocar el que sería Concilio Vaticano II, con el espíritu de redescubrir y adentrarnos en el magisterio de la Iglesia católica, vemos hoy a una fuente viva, lo hacemos para beber con gratitud y esperanza, para servir mejor a nuestras comunidades cristianas”. Mucho mejor que un concilio “sea una llamada para volver a lo esencial: Cristo en el centro, la caridad como medida, la misión como impulso”, es lo que el apóstol Pablo propone: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta” (v. 2). La enseñanza apostólica se resume en “procurad lo bueno delante de todos los hombres” (v. 17). Ello se consigue si se tiene en cuenta el v. 2 en el que nos detendremos porque es una llamada a consagrarnos a Jesús. El texto es una advertencia a no dejarnos seducir por las filosofías de este mundo que divulga Satanás por ser “el príncipe de este mundo” (Juan 12: 31). Ser discípulos de tan malvado señor conduce inexorablemente a la muerte eterna. Acto seguido el apóstol Pablo nos dice: “transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. Por el hecho de que las personas que por la fe en Jesús se han convertido en hijos de Dios por adopción, el cambio de paternidad no borra por completo las reminiscencias del pasado diabólico.

Por la fe en Jesús se inicia un proceso de limpieza que dura todo el tiempo que el Señor mantendrá al creyente aquí en la Tierra, lo cual se consigue por medio de la lectura y meditación de  la Biblia bajo la guía e iluminación del Espíritu Santo con lo cual se inicia un proceso ininterrumpido de perfeccionamiento de “cual sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta”. Las enseñanzas de los hombres aun cuando digan que son cristianos no ejercen el poder transformador al que se refiere el apóstol Pablo. Toda enseñanza que no proceda directamente de Dios esencialmente es satánica. Tenemos que asegurarnos que sea el Espíritu Santo quien ilumine nuestras mentes para que podamos entender el sentido que tienen las Sagradas Escrituras.  No tenemos que olvidar que “Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11: 14) con el propósito de volver a esclavizarnos.


 

SALMO 50: 15

“Invócame en el día de la angustia: te liberaré y tú me honrarás”

“Los usuarios de Rodalies de Catalunya sufren las consecuencias del caos ferroviario sobre su ya disminuida salud mental. Los pasajeros que más utilizan el tren más síntomas muestran (estrés, ansiedad, depresión alteración del ciclo del sueño) a consecuencia de la angustia de no saber a qué hora llegarás”. Al déficit ferroviario se le han de añadir las múltiples causas que en el día a día producen estrés, ansiedad, depresión. Creo que no se afronta bien el problema de las enfermedades mentales que crecen exponencialmente hasta el punto de afectar a niños y adolescentes. No soy sicólogo ni siquiatra, ni pretendo ser un intruso en el campo de la medicina. A mi entender el problema que consideramos sicosomático nace en el alma y afecta al cuerpo. A mi entender  la raíz del problema que tratamos es el ateísmo imperante. En el campo del espíritu existen muchos malos entendidos. Se confunde religión con espiritualidad. En el cristianismo se encuentran muchas personas que confiesan ser cristianas practicantes que actúan un cristianismo sin Cristo. Se limitan a asistir a misa los domingos. Hoy para facilitar el recreo dominical se permite ir a misa entre semana. Si se les pregunta, no dan respuesta válida respecto a Dios. Son analfabetos al respecto. Practican, si ello puede decirse practicar, un cristianismo sin Cristo. Edifican sus vidas sobre un cimiento de arena. La existencia es un torbellino metafóricamente hablando: soplan vientos, llegan lluvias torrenciales que arrasan todo lo que encuentran a su paso. Estos cristianos nominales ¿a dónde acuden a buscar socorro cuando los tiempos son malos? Lo más fácil es la pastilla. El resultado es que se convierten en adictos a ellas.

En el texto que sirve de base a esta meditación es Dios quien habla al lector. No se esconde ante tu presencia. Se comporta como el padre del hijo pródigo que desde que el hijo abandonó el hogar, cada mañana sale al camino para otear el horizonte para ver si la silueta de su hijo se deja ver en la lejanía. En el texto que encabeza este comentario es Dios quien habla al lector para decirle: “Invócame en el día de la angustia y yo te liberaré”. La liberación no significa que no vayas a tener más problemas. En este mundo infectado de pecado los contratiempos  están escritos en el menú del día. Los vientos tempestuosos no cesan. Las aguas torrenciales destruyen todo lo que encuentran a su paso. En cualquier situación angustiosa “echa sobre el Señor tu carga, y Él te sustentará, no dejará caído para siempre el justo” (Salmo 55: 22).

¿Atiende el Señor Jesús al angustiado que clama a Él. He aquí lo que nos dice el salmista: “En mi angustia invoqué al Señor, y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de Él, a sus oídos” (Salmo 18: 6).

Lector, si no has clamado nunca al Señor en tus situaciones angustiosas, no te retengas. No pienses que eres indigno de comparecer ante Él. Jesús ama al pecador y desea para él lo mejor. Al que a Él acude no lo echa fuera. Tu alma recibirá el descanso que urgentemente necesita.

 

 

NARCISISMO, ¿DÓNDE NOS LLEVAS?

El narcicismo es fruto del pecado

“El narcisismo crecerá. El pronóstico no es bueno. Si continuamos con el yo, yo, llegará el momento en que el sistema se colapsará. Si todos velamos solamente cada uno para sí mismo, el colectivo y lo que nos une dejará de funcionar y provocará que se desplome el castillo. La autoestima y la confianza en uno mismo es bueno, pero existe una diferencia entre la autoestima que te refuerza y el narcisismo que termina reforzándote a costa de utilizar personas. Decir que tu hijo es fabuloso, único, el mejor, puede llevar a creérselo. Los padres son totalmente responsables en este sentido. Comportarse como un narcisista  puede allanar el camino para conseguir muchas cosas. Donald Trump es un buen ejemplo. Mucha gente cree que es un sicópata, pero lo que realmente es, es narcisista” (Thomas Erickson).

“La iniquidad del impío me dice al corazón: no hay temor de Dios delante de sus ojos. Se lisonja, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será descubierta y aborrecida” (Salmo 36: 1, 2).

Francesc Quintana en su escrito: “El éxito no hace ruido”, escribe: “Al final de la charla un alumno me hizo una pregunta que sigue resonando dentro de mí: ¿Cómo gestiona usted el éxito?” Le respondí con otra pregunta: “¿Qué es para ti el éxito? ¿Tener dinero?, ¿Un cargo importante? ¿Salir en los medios? ¿Un coche de marca? ¿Ropa cara? Al ego si no lo controlas te domina. Aparecen aduladores, sales en los medios y crees que eres mejor de lo que eres. Pero como más sobresales más fácil es que te corten la cabeza. La envidia es proporcional a  la visibilidad, y es uno de nuestros deportes preferidos. Pero el éxito, el de verdad, no hace ruido”.

Para potenciar la autoestima los padres no tienen que hacer creer  a sus hijos que son mejores que los otros chicos. Este desmedido sentimiento de superioridad que muchos padres inculcan en sus hijos, lo que hacen es inculcar un sentimiento narcisista que les hace más mal que bien. Despierta en ellos sentimientos ególatras que los lleva a una creciente insatisfacción al darse cuenta que no alcanzan el nivel de perfección que sus padres les inculcan. ¿Tiene ello que ver con el incremento de patologías mentales en niños y adolescentes? Para potenciar la autoestima en los hijos los padres tienen que amarlos tal como son, incluso con sus defectos. No con la imagen irreal que se han hecho de ellos. No incitarles a que se vean como las estrellas que no son. Lo cual los frustra. Los sueños de grandeza que los padres se han hecho de sus hijos los conduce a un desengaño a mendo irreparable. El mejor regalo que los padres pueden hacer a sus hijos es transmitirles que los aman tal como son: con sus imperfecciones.

¿Existe un antídoto contra el narcisismo que se extiende en la sociedad como mancha de aceite? Sí que lo hay. Jesús el Hijo de Dios hecho hombre para acercar el cielo a la tierra, dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados  y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11: 28-30).

La humildad no es una virtud que pueda alcanzarse a base del esfuerzo perseverante. Es el resultado de la presencia del Espíritu de Jesús que habita en los corazones de quienes creen en Él: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados de…Humildad, mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3: 12). Virtudes, por cierto, que no se encuentran en los narcisistas. “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte en el momento oportuno” (1 Pedro 5: 6). El mismo apóstol escribe: “Igualmente jóvenes, estad sujetos a los pastores, y todos  sumisos unos a otros, revestíos de humildad, porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (1Pedro 5: 5).

Acabemos el tema del narcisismo con esta perla: “Pero Él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4: 6).

Octavi Pereña Cortina

diumenge, 8 de febrer del 2026

 

2 TIMOTEO 3: 15

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”

“Por qué  no leemos más la Biblia? Quizás por pereza, por poco interés o porque nos parece un texto desfasado que no tiene nada que ver con nuestra realidad. La Biblia es una carta de amor de Dios a la humanidad. Cuando la leemos descubrimos personajes a través de los cuales vivimos valores universales e intemporales como la paz, la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la belleza del amor”. Este texto forma parte del escrito “¿Por qué no leemos más la Biblia?”, redactado por Joan Josep Omella, cardenal arzobispo de Barcelona.

Las apariencias engañan. Joan Josep Omella no es lo que aparenta ser en este escrito mencionado. Es un devoto de María y de la intercesión de los santos. No se esconde ser un incondicional de la doctrina de la Iglesia  católica, lo cual, por fuerza tiene que relegar a un segundo plano la autoridad de la Biblia que por ser Palabra de Dios exige obediencia absoluta. La enseñanza de la Biblia y la doctrina católico romana son antagónicas. Salomón escribe: “Toda la Palabra de Dios es limpia, el escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30. 5, 6).

El profeta Isaías escribe: “Dice, pues, el Señor: Porque ese pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

El arzobispo de Barcelona en el escrito mencionado elogia la Biblia como si fuese cristiano evangélico pero se guarda en el bolsillo: “Lámpara a mis pies es tu palabra (la de Dios) y lumbrera a mi camino” (Salmo 119: 105). El purpurado barcelonés hace mutis respecto al Magisterio de la Iglesia Católica que es el que determina qué es Palabra de Dios o no lo es. El lector tiene que interpretarla a la luz de lo  que el Espíritu Santo le imparte. Pienso que el purpurado catalán tendría que prestar atención a lo que dice el profeta Isaías: “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

Jesús tira de las orejas de los sabios y entendidos cuando dice: “Gracias te doy, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los niños” Mateo 11: 25). Los humildes de corazón guiados por el Espíritu Santo son quienes disciernen el verdadero sentido de la Biblia.


 

ISAÍAS 58: 13, 14

“Si evitas que tu pie profane el día de descanso, de hacer tu voluntad en mi día santo,  y lo llamas delicia, santo, glorioso del Señor, y lo veneras, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en el Señor, y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre, porque la boca del Señor lo ha dicho”

Este texto es una referencia clara de  Éxodo 20: 8-11 en donde Moisés escribe el Decálogo en donde establece que el sábado es el día para ser dedicado a Dios. Para nosotros los cristianos, tal como enseña el libro  de Hechos, el séptimo día se traslada al primer día de la semana en memoria de la resurrección de Cristo. Las exigencias son las mismas. Los cristianos tienen que separar el domingo como día para ser consagrado a Él. El texto de Isaías que sirve de base de esta meditación es un toque de atención para nosotros los cristianos que hemos convertido el día del Señor en un día de jolgorio y de satisfacciones sensuales. Acordarnos de Él nada de nada. Satisfacer a la carne es lo más importante. Deleitarnos en el Señor no consta en nuestro programa de actividades para este día santo.

Las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en los acontecimientos mundiales que los medios informativos se encargan de mantenlos bien vivos. Por otro lado, en la vida diaria, las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en el día a día con el incremento de divorcios, conflictos familiares, aumento de trastornos mentales debido a la ansiedad, el miedo, la incertidumbre.

Jesús nos da la solución a estos conflictos, si no de manera  colectiva sí individual, cuando al final del  conocido Sermón de la Montaña, dice a sus oyentes: “Cualquiera que me oye estas palabras y las hace, le comparare a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa, y no cayó, porque estaba construida sobre la roca” (Mateo 7: 24, 25). Según la Biblia la Roca es Jesús. Las inclemencias del tiempo no afectan emocionalmente a quienes creen en Él “porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo” (1 Corintios 10: 4).

Le preocupan al lector los acontecimientos familiares, locales, nacionales, internacionales. Preste atención a lo que le dice Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestra almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo11: 28-30)     

 

 

EL TRABAJO ENNOBLECE 

“El deseo del perezoso lo mata, porque sus manos no quieren trabajar” (Proverbios 21: 25)

Algunos dicen que el trabajo es castigo divino. Se equivocan quienes creen tal cosa. Para resolver el dilema forzosamente tenemos que ir al origen de la Historia. Ello nos lleva al libro bíblico de Génesis que es donde se narra la creación del hombre: “Tomó, pues el Señor Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2: 15). Este encargo Adán lo recibió del Señor Dios antes de que comiese el fruto  prohibido “del árbol del conocimiento del bien y del mal” (2: 12). El trabajo no es un castigo sino una bendición que serviría para que Adán estuviese ocupado y no pasase los días tumbado a la bartola. La placentera situación que gozaba Adán finalizó cuando comió el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal que el Señor Dios le dijo que no comise “porque el día que de él comas ciertamente morirás” (2: 17). Por instigación de Eva, Adán desobedeció la orden divina. Adán no murió fulminado por un rayo. Pero se inoculó el virus del pecado que, además de perder la vida eterna trastornó radicalmente el entorno en que vivía. El Señor Dios dijo a Adán: ”Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol que te mandé diciendo: No comerás de él, maldita será la Tierra por tu causa, con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinas y cardos te producirá, y comerás planta del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado, pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3: 17-19). 

El trabajo que hasta aquel momento era dulce y agradable se, convirtió en duro y pesado: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra”. El pecado hace efectos devastadores en todos los efectos. El tema del trabajo no es una excepción hasta el punto que el apóstol Pablo se vio forzado a escribir con contundencia: “Si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3: 10), “al tal no se le tiene que considerar un enemigo, sino a alguien a quien se le tiene que corregir como hermano” (v. 15). La ociosidad es un mal compañero de viaje. Tenemos que impedir que se apodere de nosotros. El principio general es. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3: 23). Ilustra este principio una anécdota muy sugerente: “Había tres picapedreros. Un forastero se acercó a ellos. A uno le preguntó: “¿Qué haces?” El obrero le respondió: “¿No ves que estoy picando piedras?” Se acerca a otro para hacerle la misma pregunta. El encuestado le responde: “Estoy ganando un salario”. Al aproximarse al último de los picapedreros le repite la pregunta y recibe una respuesta muy sorprendente: “Estoy construyendo una catedral”. Imagínate lector que un desconocido se te acercase para preguntarte: ¿Qué estás haciendo? Si construir una catedral es un trabajo  magnífico, ¡cuánto más no lo será si lo que se está haciendo es para la gloria de Dios! “Ei trabajo de una sirvienta hecho como a Dios, es tan sagrado como la meditación de un monje” (Martín Lutero).

El Estado del bienestar convierte en desgraciadas a muchas personas que se convierten en desocupadas que solamente les preocupa llegar a fin de mes para cobrar. Esto no es Estado del bienestar. Es una fábrica de sanguijuelas que chupan de la caja común. Puntualmente puede ser conveniente una ayuda estatal, pero no indefinidamente. La Constitución promete la felicidad de los ciudadanos. Es responsabilidad del Gobierno garantizar trabajo para todos los ciudadanos. Es inmoral pagar a quien no trabaja.

Vayamos a los jubilados. Éstos, estando en activo cotizaron para su jubilación. Llegada ésta, religiosamente cobran cada fin de mes. Cierto. Es muy aburrido tumbarse a la bartola. El tiempo de que se dispone puede dedicarse a tareas de voluntariado. Los años en activo han aportado un cúmulo de conocimientos que puede ser muy vivificante compartirlos con quienes les siguen. Nitin Nochiric, decano de Harvard Bussiness School ha dejado escrito: “Es una tortura jubilar a una persona de 60 años llena de vida, experiencia y deseos de compartirlo, que quiere sentirse útil y que le paguen por serlo. Yo trabajaré a esta edad y en cualquier otra  en la medida de mis posibilidades, porque en cualquier edad necesitamos sentirnos útiles”.

¿No es una contradicción que haya tantas personas que cobran del paro y haya tanta falta de electricistas, carpinteros, fontaneros……? Algo falla.

Octavi Pereña Cortina

 

2 TIMOTEO 3: 15

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”

“Por qué  no leemos más la Biblia? Quizás por pereza, por poco interés o porque nos parece un texto desfasado que no tiene nada que ver con nuestra realidad. La Biblia es una carta de amor de Dios a la humanidad. Cuando la leemos descubrimos personajes a través de los cuales vivimos valores universales e intemporales como la paz, la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la belleza del amor”. Este texto forma parte del escrito “¿Por qué no leemos más la Biblia?”, redactado por Joan Josep Omella, cardenal arzobispo de Barcelona.

Las apariencias engañan. Joan Josep Omella no es lo que aparenta ser en este escrito mencionado. Es un devoto de María y de la intercesión de los santos. No se esconde ser un incondicional de la doctrina de la Iglesia  católica, lo cual, por fuerza tiene que relegar a un segundo plano la autoridad de la Biblia que por ser Palabra de Dios exige obediencia absoluta. La enseñanza de la Biblia y la doctrina católico romana son antagónicas. Salomón escribe: “Toda la Palabra de Dios es limpia, el escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30. 5, 6).

El profeta Isaías escribe: “Dice, pues, el Señor: Porque ese pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

El arzobispo de Barcelona en el escrito mencionado elogia la Biblia como si fuese cristiano evangélico pero se guarda en el bolsillo: “Lámpara a mis pies es tu palabra (la de Dios) y lumbrera a mi camino” (Salmo 119: 105). El purpurado barcelonés hace mutis respecto al Magisterio de la Iglesia Católica que es el que determina qué es Palabra de Dios o no lo es. El lector tiene que interpretarla a la luz de lo  que el Espíritu Santo le imparte. Pienso que el purpurado catalán tendría que prestar atención a lo que dice el profeta Isaías: “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

Jesús tira de las orejas de los sabios y entendidos cuando dice: “Gracias te doy, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los niños” Mateo 11: 25). Los humildes de corazón guiados por el Espíritu Santo son quienes disciernen el verdadero sentido de la Biblia.


 

ISAÍAS 58: 13, 14

“Si evitas que tu pie profane el día de descanso, de hacer tu voluntad en mi día santo,  y lo llamas delicia, santo, glorioso del Señor, y lo veneras, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en el Señor, y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre, porque la boca del Señor lo ha dicho”

Este texto es una referencia clara de  Éxodo 20: 8-11 en donde Moisés escribe el Decálogo en donde establece que el sábado es el día para ser dedicado a Dios. Para nosotros los cristianos, tal como enseña el libro  de Hechos, el séptimo día se traslada al primer día de la semana en memoria de la resurrección de Cristo. Las exigencias son las mismas. Los cristianos tienen que separar el domingo como día para ser consagrado a Él. El texto de Isaías que sirve de base de esta meditación es un toque de atención para nosotros los cristianos que hemos convertido el día del Señor en un día de jolgorio y de satisfacciones sensuales. Acordarnos de Él nada de nada. Satisfacer a la carne es lo más importante. Deleitarnos en el Señor no consta en nuestro programa de actividades para este día santo.

Las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en los acontecimientos mundiales que los medios informativos se encargan de mantenlos bien vivos. Por otro lado, en la vida diaria, las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en el día a día con el incremento de divorcios, conflictos familiares, aumento de trastornos mentales debido a la ansiedad, el miedo, la incertidumbre.

Jesús nos da la solución a estos conflictos, si no de manera  colectiva sí individual, cuando al final del  conocido Sermón de la Montaña, dice a sus oyentes: “Cualquiera que me oye estas palabras y las hace, le comparare a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa, y no cayó, porque estaba construida sobre la roca” (Mateo 7: 24, 25). Según la Biblia la Roca es Jesús. Las inclemencias del tiempo no afectan emocionalmente a quienes creen en Él “porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo” (1 Corintios 10: 4).

Le preocupan al lector los acontecimientos familiares, locales, nacionales, internacionales. Preste atención a lo que le dice Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestra almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo11: 28-30)     

 

diumenge, 1 de febrer del 2026

 

POLIAMOR 

El divorcio puede ser comprensible pero nunca deja de ser una ruptura irreparable

“Si alguien tiene un matrimonio cómodo, ama a la persona con quien convive, creo que es un buen compañero para toda la vida, le ayuda a cuidar a los hijos, pero que solo tiene problemas en el dormitorio, no debería divorciarse. La solución es buscar alguien fuera del hogar para poder satisfacer el aspecto que está fallando. Unos apuestan, otros beben. Y los hay que quieren dormir con otras personas. Esto es todo” (Noel Biderman, creador de Aslay Medison, la aplicación de citas para personas que desean mantener relaciones discretas).

A un actor conocido por su protagonismo en películas románticas se le preguntó: “¿Qué hace que un hombre sea un gran amante?” La respuesta que dio fue: “Un gran amante es alguien que satisface a una mujer durante toda su vida. Un gran amante no es alguien que va de mujer a mujer. Cualquier perro puede hacerlo”.

Rolly Roden Winter es una madre y esposa que apuesta por el poliamor porque “en la mitad de los matrimonios se dan infidelidades y lo tenemos integrado. Me parece más saludable plantearse un matrimonio abierto. Me relaciono con hombres solteros o con matrimonios abiertos. Lo más importante para mí es la honestidad, y es posible. y para mí vivir con honestidad es el camino de la libertad”.

El matrimonio es cosa de dos, no de tres, o un número indeterminado de relaciones sexuales bajo el paraguas de la libertad y de la honradez. El poliamor, por más justificantes que se encuentren, digámoslo claro, es adulterio. Dios que es el Creador del matrimonio estableció las normas para que los esposos sean felices, Con claridad meridiana declara que los adúlteros no entrarán en el reino de los cielos: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, ni los fornicarios ni los adúlteros…heredarán el reino de Dios. Y esto eráis algunos, mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el Nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de  nuestro Dios” (1 Corintios 6: 9-11).

La Palabra de Dios va más allá d los hechos consumados, se adentra en las profundidades del alma y resplandece en la oscuridad existente.¿ Qué ve este visitante tan a menudo no bien recibido? Jesús que es el Portavoz del Padre, respecto a este tema dijo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5: 27, 28). Aquí sí que no tenemos escapatoria. ¿Quién no se ha masturbado? Quien lo ha hecho no lo ha hecho es un vacío estéril. Lo ha hecho pensando en una persona  concreta. ¿Tendrá que pasar la eternidad sufriendo la furia del averno? Según la Ley de Dios, sí. Quien la hace, la paga.

Jesús vino aquí en la Tierra, además de comunicar el mensaje de Dios lo hizo con el propósito de pagar la deuda impagable que los pecadores tenemos con Dios. El apóstol Juan nos transmite un mensaje de esperanza: “Y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado…Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 7, 9).

El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia de Tesalónica, dice: “Porque ya sabéis que instrucciones os dimos por el Señor Jesús, pues la voluntad de Dios es vuestra santificación, que os apartéis de fornicación, que cada uno de vosotros sepa tener su esposa en santidad y honor, no en pasión de concupiscencia, como los incrédulos que no conocen a Dios” (1 Tesalonicenses 4: 2-5).

El mismo apóstol escribiendo a los cristianos de Corintio, les dice: “En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le es al hombre no tocar mujer, pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido, ni tampoco el marido tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. Y no os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo   consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración, y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (1  Corintios 7: 1-5).

Una perla que la Biblia añade al collar de la santidad conyugal: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla, pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13: 4).

Corolario: el tema del poliamor se parece a una mancha de aceite que se extiende: “Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 16: 25).

Octavi Pereña Cortina 

 

SALMO 105: 43-45

“Sacó a su pueblo con gozo, con júbilo a sus escogidos. Les dio las tierras de las naciones, y las labores de los pueblo heredaron, para que guardasen sus estatutos, cumpliesen sus leyes, ¡Aleluya!”

El texto que sirve de base a esta reflexión, si el lector es un verdadero cristiano guiado por el Espíritu Santo y que por la fe en Jesús se ha convertido en un hijo de Dios por adopción, el Señor será tu gozo, con júbilo de las terribles tinieblas espirituales que te envolvían te liberaste para convertirte en un miembro del cuerpo místico de Jesús. El Señor te sacó del reino de las tinieblas para introducirte en el reino de la luz, “para que guardases sus estatutos, cumpliesen sus leyes, ¡Aleluya!” Antes de que te convirtieses en un hijo de Dios por adopción por la por la fe en Jesús, vivías una vida mundana. Los deleites de los placeres de este mundo controlado por Satanás te atraían. Las delicias de la carne te seducían.

Por la gracia de Dios este tipo de vida se acabó. Los placeres terrenales se acabaron. Ahora tienes los ojos puestos en los bienes celestiales. Ahora, a pesar de que eres salvo por la fe en Jesús sigues siendo pecador. En tu interior existe una lucha entre el mal del pasado y el bien del presente. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó” (Romanos 8: 37). La lucha espiritual entre el bien y el mal durará todo el tiempo que vivas aquí en la tierra porque posees un cuerpo corruptible: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la Ley. Mas  gracias son dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15: 53- 57).

Antes no llegue el Día de la Victoria Final aceptemos la instrucción que el salmista  transmite respecto a la Palabra de Dios: “Toda la Palabra de Dios es limpia. Él es escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Salmo 30: 5, 6). La Palabra de Dios es la fuente de la que mana la fuerza que nos permite continuar la carrera que nos lleva a la meta donde recibiremos el premio de la VIDA ETERNA. Las penalidades del tiempo presente habrán dejado de existir eternamente.


 

JEREMIAS 2: 19

“Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te castigarán, sabe pues, y ve cuan malo y amargo es haber dejado  tu al Señor tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor Dios de los ejércitos”

Nos gusta eludir responsabilidades. Nos justificamos ante la maldad de la gente diciendo: “Esto yo no lo haré nunca”. ¿Qué dice la Biblia al respecto? “Os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala, y el que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4: 16, 17). Si supiésemos frenar nuestros labios habríamos avanzado mucho. En nuestra soberbia proclamamos a los cuatro vientos: “Esto yo no lo haré nunca”. Caemos de pie como los gatos. Acabada de proclamar nuestra bondad cometemos una maldad peor que la censurada. Las palabras de Santiago tendrían que despertarnos del sopor en que hemos caído: “Sabemos hace lo bueno pero no lo hacemos. Esto nos es pecado” (Santiago 4: 17).

¿Qué dice la Biblia respecto al pecado? “Como está escrito: No hay justo ni aún uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios, todos se desviaron, a una se hicieron inútiles, no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno, sepulcro abierto es su garganta, con su lengua engañan, veneno de áspides hay debajo de sus labios, su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran a derramar sangre, quebranto y amargura hay en sus caminos, y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Pero sabemos que lo que dice la Ley lo dice a los que están bajo la Ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo queda bajo el juicio de Dios, ya que por las obras de la Ley ningún ser humano será declarado justo delante de Él, porque por medio de la Ley es el conocimiento del pecado”  (Romanos 3: 10-20). Si el lector quiere ser sincero consigo mismo, en un punto u otro de la Ley de Dios hay un aguijón que te pincha acusándote: Eres culpable. Si crees que puedes guardar toda la Ley de Dios, te equivocas. Incluso los pecados veniales que menciona la Iglesia Católica son pecados que te condenan.

Presta atención a lo que escribe Santiago: “Porque cualquiera que guarde toda la Ley, pero ofende en un punto se hace culpable de todos” (2: 10). La Ley de Dios condena al lector a la muerte eterna. La misericordia del Señor como dice el apóstol Pablo te libera de ella: “¡Miserable de mí! ¿Quién me liberará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7: 24, 25).