dissabte, 21 de febrer del 2026

 

VIDA DESPUES DE LA MUERTE

Una experiencia cercana a la muerte no da respuesta a la pegunta: ¿Qué hay más allá de la muerte?

Si el lector le pregunta al neurocientífico Alex Gómez Marín ¿qué  hay más allá de la muerte? y le responde: “Es nuestra certeza vital más incierta: La gran frontera de la ciencia. Y visto en perspectiva, un cambio de fase de conciencia. El proceso, en fin, en el cual nos desprendemos de nuestro cuerpo físico”. La respuesta que le ha dado el neurocientífico es como si se la hubiese dado en chino. No ha entendido nada. Yo tampoco.

De manera entendedora el apóstol Pablo da respuesta a la pregunta que nos hacemos: ¿Qué es la muerte y qué hay en el más allá? “Porque la paga del pecado es la muerte, pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6: 23). Con claridad meridiana y con pocas palabras despeja dos misterios que nos preocupan: La muerte y el más allá. Dios nos creó inmortales. La muerte es un intruso que se coló sin pedir permiso por la puerta de atrás. El apóstol aporta luz a este tema que nos inquieta que ni la ciencia ni la filosofía den respuesta. Si los científicos y los filósofos no tuviesen prejuicios prestarían atención a lo que la Biblia dice en 1 Corintios 15. El texto es un faro que ilumina en medio de las tinieblas espirituales que nos envuelven. La fuente de donde fluye la luz espiritual que hace desvanecer   las tinieblas espirituales que nos amortajan es: “Lámpara a mis pies es tu palabra (la de Dios) y lumbrera a mi camino” (Salmo 109: 105), y “¿con qué limpiará el joven su camino? con guardar tu palabra” (Salmo 119: 9).

Si el lector está verdaderamente interesado en descubrir el misterio de la muerte y de lo que se encontrará en el más allá, siga el ejemplo de aquel padre que tenía un hijo poseído por un espíritu maligno que se acercó a Jesús suplicándole compasión. Jesús le dijo: “Si puedes creer, al que cree todo es posible”. La respuesta del padre fue instantánea: “Ayuda mi incredulidad” (Marcos 9: 23, 24). La incredulidad no tiene por qué ser  un inquilino permanente. Si el lector es incrédulo a las cosas espirituales y desea desprenderse de ella solo necesita acercarse a Jesús y decirle: Señor ayuda mi incredulidad. El vacío que ha dejado la incredulidad desaparecida lo ocupará la fe que lo identifica con Jesús. Recibida la fe mirará con otros ojos a la Biblia. Tendrán sentido las palabras que Dios le dijo a Adán que no comiese el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal “porque el día que comas ciertamente morirás” (Génesis 2. 17). Dejarás de considerar fábula el relato de Satanás acercándose a Eva para persuadirla que no creyese lo que Dios le había dicho a Adán: que no comise el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal y de la promesa de un Mesías (Génesis 3).

Habiendo sido dotados con el don de la fe en Jesús adentrémonos en el misterio que las Sagradas Escrituras revelan acerca de la muerte y de la vida. El salmista se hace unas preguntas que son las mismas que nos plantamos nosotros. “¿Qué hombre vivirá y no verá la muerte? ¿Librará su vida del poder del sepulcro?” (Salmo 89: 48). Dejemos que sea la Biblia que dé respuesta a estas preguntas.

El apóstol Pablo en 1 Corintios 15 trata ampliamente el tema que nos preocupa: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras” (vv. 2, 3). “Porque si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana también es vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios porque hemos testificado de Dios que Él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó, y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana, aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron (murieron) en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Mas, ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho.  Por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos”. El cántico de victoria que entona el apóstol: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un Hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, en Cristo todos serán vivificados” (vv. 20-22).

El apóstol cierra la carta a los corintios con algo de suma importancia: “He aquí os digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados, porque es necesario que  esto corruptible sea revestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la Ley. Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que hermanos, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (vv.51-58).

Con la muerte y resurrección de Cristo la existencia adquiere sentido. Los creyentes en Cristo tenemos la certeza que después de la muerte abriremos los ojos en el paraíso en espera de la resurrección del cuerpo.

Octavi Pereña Cortina

 

SALMO 81: 7

“En la calamidad clamaste y yo te libré”

La relación del hombre con Dios no es una conversación entre sordos. En la calamidad el salmista clama a Dios y Éste certifica que escuchó el clamor del salmista cuando dice: “Yo lo libré”. Dios habla al salmista con la sinceridad de un padre que habla con su hijo al ver que éste se relaciona con amigachos cuya amistad no le traerá nada bueno. “Oye pueblo mío y te amonestaré. Israel si me oyeses” (v. 8).

Dios que sacó al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto con brazo fuerte no lo trata como si fuese una masa amorfa de personas. Considera a Israel como algo tan íntimo como un padre que sufre por su hijo al ver que sus amigachos lo llevan por caminos de perdición. ¿Qué ve el Padre en Israel para que piense que va mal encaminado? Ve en él una tendencia a la idolatría. La idolatría cristiana, el magisterio de la Iglesia la presenta como algo legítimo que merece preservarse.  El mandamiento de la Ley de Dios es tan claro como un día sin nubes y el sol brillando con todo su esplendor. ¿Qué nos dice el mandamiento respecto a la idolatría? “No te harás ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo…no te inclinarás a ellas, ni las honrarás” (Éxodo 20: 4, 5). “Oye pueblo mío y yo te amonestaré, Israel si me oyeses, no habrá en ti Dios ajeno, ni te inclinarás a dios extraño. Yo soy el Señor tu Dios, que te hice salir de la tierra de Egipto” (vv. 8-10).

Tal vez me dirás que no te inclinas en adoración ante imágenes cinceladas por manos expertas de artesanos. El mandamiento es claro: “no te inclinarás a ellas, ni las honrarás”. ¿Qué tienes que decir respecto la adoración que das a los ídolos del deporte, del cine o por las élites de cualquier otra especialidad?  Todos ellos tienen un propósito común: Que apartes los ojos del Señor Jesucristo y los deposites en ídolos de carne que perecen.

Dios por la pluma del salmista nos dice: “Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón, caminan en sus propios consejos. ¡Oh si me hubiese oído mi pueblo, si en mis caminos hubiese andado Israel! (vv, 11-13).

La sabiduría popular dice: “Es de sabios rectificar. Lector amigo, si la idolatría te atrae aun estás a tiempo de rectificar y volverte a Él que es tu Salvador.  Es de sabios rectificar.


 

PROVERBIOS 16: 20

“Quien confía en el Señor será feliz”

La felicidad es el objetivo de todas las personas. Es una meta imposible de alcanzar si no se hace de manera correcta. Todos los caminos conducen a Roma, dice el adagio. En el campo del espíritu la cosa no es así. La manera natural del ateo de buscar la felicidad consiste en marcarse objetivos materiales concretos. Cuando los consigue se siente feliz. Pero la consecución de los objetivos materiales marcados no satisfacen: Amasar dinero, viajar, disfrutar de la vida satisfaciendo los apetitos carnales. Complacer a todo aquello que la sensualidad pide, momentáneamente satisface. Después queda el mal sabor de boca. Nos equivocamos cuando creemos que vamos a conseguir la felicidad almacenando bienes materiales. El dinero y las posesiones materiales satisfacen momentáneamente. Lo que queda es insatisfacción.

Como dijo un antiguo poeta: “Quien ama la plata no se saciará con la plata, y quien ame la riqueza no saciará ninguna renta”. Intentar ser feliz almacenando cuantas más cosas materiales sea posible es tan imposible de alcanzar  como intentar retener el agua en el cuenco de la mano. Si lo material ha demostrado que no sirve para hacer feliz a quien lo posee, nos queda el desechado campo del espíritu. “El entendido en la Palabra encontrará el bien, y el que confía en el Señor será feliz” (Proverbios 16: 20). Ni la poesía ni la buena literatura no pueden considerarse cosas espirituales. Son reminiscencias de lo que queda del hombre creado a imagen y semejanza de Dios después de la caída de Adán en pecado. Su lectura gratifica pero no hace feliz. Juvenal poeta latino de la antigua Roma, escribió: “Ningún hombre malo es feliz. El poeta dijo una  verdad como un templo. Pudo escribirlo porque aun siendo pecador le quedó algo de la imagen y semejanza de Dios que heredó de Adán. Pudo discernir la condición humana pero no puede hacer bueno al hombre.

“Felices aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Feliz el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” (Romanos 4: 7, 8). ¿Cómo  puede ser posible que Dios que es cien por cien justo no  culpe de pecado a quien es pecador? La respuesta a esta pregunta nos la da el apóstol Juan cuando escribe: “si confesamos nuestros pecados (no a un hombre sino al Señor Jesucristo), Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1: 9). El secreto de la felicidad se encuentra en Jesús.   

 

dissabte, 14 de febrer del 2026

 

ROMANOS 12: 1

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”

Josep-Lluís Serrano, obispo de Urgell comenzó con estas palabras su escrito “L’aggiornamento de la Iglesia”: “El 25 de enero de 1959 el papa Juan XXIV anunciaba la intención de convocar el que sería Concilio Vaticano II, con el espíritu de redescubrir y adentrarnos en el magisterio de la Iglesia católica, vemos hoy a una fuente viva, lo hacemos para beber con gratitud y esperanza, para servir mejor a nuestras comunidades cristianas”. Mucho mejor que un concilio “sea una llamada para volver a lo esencial: Cristo en el centro, la caridad como medida, la misión como impulso”, es lo que el apóstol Pablo propone: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta” (v. 2). La enseñanza apostólica se resume en “procurad lo bueno delante de todos los hombres” (v. 17). Ello se consigue si se tiene en cuenta el v. 2 en el que nos detendremos porque es una llamada a consagrarnos a Jesús. El texto es una advertencia a no dejarnos seducir por las filosofías de este mundo que divulga Satanás por ser “el príncipe de este mundo” (Juan 12: 31). Ser discípulos de tan malvado señor conduce inexorablemente a la muerte eterna. Acto seguido el apóstol Pablo nos dice: “transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. Por el hecho de que las personas que por la fe en Jesús se han convertido en hijos de Dios por adopción, el cambio de paternidad no borra por completo las reminiscencias del pasado diabólico.

Por la fe en Jesús se inicia un proceso de limpieza que dura todo el tiempo que el Señor mantendrá al creyente aquí en la Tierra, lo cual se consigue por medio de la lectura y meditación de  la Biblia bajo la guía e iluminación del Espíritu Santo con lo cual se inicia un proceso ininterrumpido de perfeccionamiento de “cual sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta”. Las enseñanzas de los hombres aun cuando digan que son cristianos no ejercen el poder transformador al que se refiere el apóstol Pablo. Toda enseñanza que no proceda directamente de Dios esencialmente es satánica. Tenemos que asegurarnos que sea el Espíritu Santo quien ilumine nuestras mentes para que podamos entender el sentido que tienen las Sagradas Escrituras.  No tenemos que olvidar que “Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11: 14) con el propósito de volver a esclavizarnos.


 

SALMO 50: 15

“Invócame en el día de la angustia: te liberaré y tú me honrarás”

“Los usuarios de Rodalies de Catalunya sufren las consecuencias del caos ferroviario sobre su ya disminuida salud mental. Los pasajeros que más utilizan el tren más síntomas muestran (estrés, ansiedad, depresión alteración del ciclo del sueño) a consecuencia de la angustia de no saber a qué hora llegarás”. Al déficit ferroviario se le han de añadir las múltiples causas que en el día a día producen estrés, ansiedad, depresión. Creo que no se afronta bien el problema de las enfermedades mentales que crecen exponencialmente hasta el punto de afectar a niños y adolescentes. No soy sicólogo ni siquiatra, ni pretendo ser un intruso en el campo de la medicina. A mi entender el problema que consideramos sicosomático nace en el alma y afecta al cuerpo. A mi entender  la raíz del problema que tratamos es el ateísmo imperante. En el campo del espíritu existen muchos malos entendidos. Se confunde religión con espiritualidad. En el cristianismo se encuentran muchas personas que confiesan ser cristianas practicantes que actúan un cristianismo sin Cristo. Se limitan a asistir a misa los domingos. Hoy para facilitar el recreo dominical se permite ir a misa entre semana. Si se les pregunta, no dan respuesta válida respecto a Dios. Son analfabetos al respecto. Practican, si ello puede decirse practicar, un cristianismo sin Cristo. Edifican sus vidas sobre un cimiento de arena. La existencia es un torbellino metafóricamente hablando: soplan vientos, llegan lluvias torrenciales que arrasan todo lo que encuentran a su paso. Estos cristianos nominales ¿a dónde acuden a buscar socorro cuando los tiempos son malos? Lo más fácil es la pastilla. El resultado es que se convierten en adictos a ellas.

En el texto que sirve de base a esta meditación es Dios quien habla al lector. No se esconde ante tu presencia. Se comporta como el padre del hijo pródigo que desde que el hijo abandonó el hogar, cada mañana sale al camino para otear el horizonte para ver si la silueta de su hijo se deja ver en la lejanía. En el texto que encabeza este comentario es Dios quien habla al lector para decirle: “Invócame en el día de la angustia y yo te liberaré”. La liberación no significa que no vayas a tener más problemas. En este mundo infectado de pecado los contratiempos  están escritos en el menú del día. Los vientos tempestuosos no cesan. Las aguas torrenciales destruyen todo lo que encuentran a su paso. En cualquier situación angustiosa “echa sobre el Señor tu carga, y Él te sustentará, no dejará caído para siempre el justo” (Salmo 55: 22).

¿Atiende el Señor Jesús al angustiado que clama a Él. He aquí lo que nos dice el salmista: “En mi angustia invoqué al Señor, y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de Él, a sus oídos” (Salmo 18: 6).

Lector, si no has clamado nunca al Señor en tus situaciones angustiosas, no te retengas. No pienses que eres indigno de comparecer ante Él. Jesús ama al pecador y desea para él lo mejor. Al que a Él acude no lo echa fuera. Tu alma recibirá el descanso que urgentemente necesita.

 

 

NARCISISMO, ¿DÓNDE NOS LLEVAS?

El narcicismo es fruto del pecado

“El narcisismo crecerá. El pronóstico no es bueno. Si continuamos con el yo, yo, llegará el momento en que el sistema se colapsará. Si todos velamos solamente cada uno para sí mismo, el colectivo y lo que nos une dejará de funcionar y provocará que se desplome el castillo. La autoestima y la confianza en uno mismo es bueno, pero existe una diferencia entre la autoestima que te refuerza y el narcisismo que termina reforzándote a costa de utilizar personas. Decir que tu hijo es fabuloso, único, el mejor, puede llevar a creérselo. Los padres son totalmente responsables en este sentido. Comportarse como un narcisista  puede allanar el camino para conseguir muchas cosas. Donald Trump es un buen ejemplo. Mucha gente cree que es un sicópata, pero lo que realmente es, es narcisista” (Thomas Erickson).

“La iniquidad del impío me dice al corazón: no hay temor de Dios delante de sus ojos. Se lisonja, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será descubierta y aborrecida” (Salmo 36: 1, 2).

Francesc Quintana en su escrito: “El éxito no hace ruido”, escribe: “Al final de la charla un alumno me hizo una pregunta que sigue resonando dentro de mí: ¿Cómo gestiona usted el éxito?” Le respondí con otra pregunta: “¿Qué es para ti el éxito? ¿Tener dinero?, ¿Un cargo importante? ¿Salir en los medios? ¿Un coche de marca? ¿Ropa cara? Al ego si no lo controlas te domina. Aparecen aduladores, sales en los medios y crees que eres mejor de lo que eres. Pero como más sobresales más fácil es que te corten la cabeza. La envidia es proporcional a  la visibilidad, y es uno de nuestros deportes preferidos. Pero el éxito, el de verdad, no hace ruido”.

Para potenciar la autoestima los padres no tienen que hacer creer  a sus hijos que son mejores que los otros chicos. Este desmedido sentimiento de superioridad que muchos padres inculcan en sus hijos, lo que hacen es inculcar un sentimiento narcisista que les hace más mal que bien. Despierta en ellos sentimientos ególatras que los lleva a una creciente insatisfacción al darse cuenta que no alcanzan el nivel de perfección que sus padres les inculcan. ¿Tiene ello que ver con el incremento de patologías mentales en niños y adolescentes? Para potenciar la autoestima en los hijos los padres tienen que amarlos tal como son, incluso con sus defectos. No con la imagen irreal que se han hecho de ellos. No incitarles a que se vean como las estrellas que no son. Lo cual los frustra. Los sueños de grandeza que los padres se han hecho de sus hijos los conduce a un desengaño a mendo irreparable. El mejor regalo que los padres pueden hacer a sus hijos es transmitirles que los aman tal como son: con sus imperfecciones.

¿Existe un antídoto contra el narcisismo que se extiende en la sociedad como mancha de aceite? Sí que lo hay. Jesús el Hijo de Dios hecho hombre para acercar el cielo a la tierra, dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados  y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11: 28-30).

La humildad no es una virtud que pueda alcanzarse a base del esfuerzo perseverante. Es el resultado de la presencia del Espíritu de Jesús que habita en los corazones de quienes creen en Él: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados de…Humildad, mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3: 12). Virtudes, por cierto, que no se encuentran en los narcisistas. “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte en el momento oportuno” (1 Pedro 5: 6). El mismo apóstol escribe: “Igualmente jóvenes, estad sujetos a los pastores, y todos  sumisos unos a otros, revestíos de humildad, porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (1Pedro 5: 5).

Acabemos el tema del narcisismo con esta perla: “Pero Él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4: 6).

Octavi Pereña Cortina

diumenge, 8 de febrer del 2026

 

2 TIMOTEO 3: 15

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”

“Por qué  no leemos más la Biblia? Quizás por pereza, por poco interés o porque nos parece un texto desfasado que no tiene nada que ver con nuestra realidad. La Biblia es una carta de amor de Dios a la humanidad. Cuando la leemos descubrimos personajes a través de los cuales vivimos valores universales e intemporales como la paz, la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la belleza del amor”. Este texto forma parte del escrito “¿Por qué no leemos más la Biblia?”, redactado por Joan Josep Omella, cardenal arzobispo de Barcelona.

Las apariencias engañan. Joan Josep Omella no es lo que aparenta ser en este escrito mencionado. Es un devoto de María y de la intercesión de los santos. No se esconde ser un incondicional de la doctrina de la Iglesia  católica, lo cual, por fuerza tiene que relegar a un segundo plano la autoridad de la Biblia que por ser Palabra de Dios exige obediencia absoluta. La enseñanza de la Biblia y la doctrina católico romana son antagónicas. Salomón escribe: “Toda la Palabra de Dios es limpia, el escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30. 5, 6).

El profeta Isaías escribe: “Dice, pues, el Señor: Porque ese pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

El arzobispo de Barcelona en el escrito mencionado elogia la Biblia como si fuese cristiano evangélico pero se guarda en el bolsillo: “Lámpara a mis pies es tu palabra (la de Dios) y lumbrera a mi camino” (Salmo 119: 105). El purpurado barcelonés hace mutis respecto al Magisterio de la Iglesia Católica que es el que determina qué es Palabra de Dios o no lo es. El lector tiene que interpretarla a la luz de lo  que el Espíritu Santo le imparte. Pienso que el purpurado catalán tendría que prestar atención a lo que dice el profeta Isaías: “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

Jesús tira de las orejas de los sabios y entendidos cuando dice: “Gracias te doy, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los niños” Mateo 11: 25). Los humildes de corazón guiados por el Espíritu Santo son quienes disciernen el verdadero sentido de la Biblia.


 

ISAÍAS 58: 13, 14

“Si evitas que tu pie profane el día de descanso, de hacer tu voluntad en mi día santo,  y lo llamas delicia, santo, glorioso del Señor, y lo veneras, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en el Señor, y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre, porque la boca del Señor lo ha dicho”

Este texto es una referencia clara de  Éxodo 20: 8-11 en donde Moisés escribe el Decálogo en donde establece que el sábado es el día para ser dedicado a Dios. Para nosotros los cristianos, tal como enseña el libro  de Hechos, el séptimo día se traslada al primer día de la semana en memoria de la resurrección de Cristo. Las exigencias son las mismas. Los cristianos tienen que separar el domingo como día para ser consagrado a Él. El texto de Isaías que sirve de base de esta meditación es un toque de atención para nosotros los cristianos que hemos convertido el día del Señor en un día de jolgorio y de satisfacciones sensuales. Acordarnos de Él nada de nada. Satisfacer a la carne es lo más importante. Deleitarnos en el Señor no consta en nuestro programa de actividades para este día santo.

Las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en los acontecimientos mundiales que los medios informativos se encargan de mantenlos bien vivos. Por otro lado, en la vida diaria, las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en el día a día con el incremento de divorcios, conflictos familiares, aumento de trastornos mentales debido a la ansiedad, el miedo, la incertidumbre.

Jesús nos da la solución a estos conflictos, si no de manera  colectiva sí individual, cuando al final del  conocido Sermón de la Montaña, dice a sus oyentes: “Cualquiera que me oye estas palabras y las hace, le comparare a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa, y no cayó, porque estaba construida sobre la roca” (Mateo 7: 24, 25). Según la Biblia la Roca es Jesús. Las inclemencias del tiempo no afectan emocionalmente a quienes creen en Él “porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo” (1 Corintios 10: 4).

Le preocupan al lector los acontecimientos familiares, locales, nacionales, internacionales. Preste atención a lo que le dice Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestra almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo11: 28-30)     

 

 

EL TRABAJO ENNOBLECE 

“El deseo del perezoso lo mata, porque sus manos no quieren trabajar” (Proverbios 21: 25)

Algunos dicen que el trabajo es castigo divino. Se equivocan quienes creen tal cosa. Para resolver el dilema forzosamente tenemos que ir al origen de la Historia. Ello nos lleva al libro bíblico de Génesis que es donde se narra la creación del hombre: “Tomó, pues el Señor Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2: 15). Este encargo Adán lo recibió del Señor Dios antes de que comiese el fruto  prohibido “del árbol del conocimiento del bien y del mal” (2: 12). El trabajo no es un castigo sino una bendición que serviría para que Adán estuviese ocupado y no pasase los días tumbado a la bartola. La placentera situación que gozaba Adán finalizó cuando comió el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal que el Señor Dios le dijo que no comise “porque el día que de él comas ciertamente morirás” (2: 17). Por instigación de Eva, Adán desobedeció la orden divina. Adán no murió fulminado por un rayo. Pero se inoculó el virus del pecado que, además de perder la vida eterna trastornó radicalmente el entorno en que vivía. El Señor Dios dijo a Adán: ”Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol que te mandé diciendo: No comerás de él, maldita será la Tierra por tu causa, con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinas y cardos te producirá, y comerás planta del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado, pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3: 17-19). 

El trabajo que hasta aquel momento era dulce y agradable se, convirtió en duro y pesado: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra”. El pecado hace efectos devastadores en todos los efectos. El tema del trabajo no es una excepción hasta el punto que el apóstol Pablo se vio forzado a escribir con contundencia: “Si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3: 10), “al tal no se le tiene que considerar un enemigo, sino a alguien a quien se le tiene que corregir como hermano” (v. 15). La ociosidad es un mal compañero de viaje. Tenemos que impedir que se apodere de nosotros. El principio general es. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3: 23). Ilustra este principio una anécdota muy sugerente: “Había tres picapedreros. Un forastero se acercó a ellos. A uno le preguntó: “¿Qué haces?” El obrero le respondió: “¿No ves que estoy picando piedras?” Se acerca a otro para hacerle la misma pregunta. El encuestado le responde: “Estoy ganando un salario”. Al aproximarse al último de los picapedreros le repite la pregunta y recibe una respuesta muy sorprendente: “Estoy construyendo una catedral”. Imagínate lector que un desconocido se te acercase para preguntarte: ¿Qué estás haciendo? Si construir una catedral es un trabajo  magnífico, ¡cuánto más no lo será si lo que se está haciendo es para la gloria de Dios! “Ei trabajo de una sirvienta hecho como a Dios, es tan sagrado como la meditación de un monje” (Martín Lutero).

El Estado del bienestar convierte en desgraciadas a muchas personas que se convierten en desocupadas que solamente les preocupa llegar a fin de mes para cobrar. Esto no es Estado del bienestar. Es una fábrica de sanguijuelas que chupan de la caja común. Puntualmente puede ser conveniente una ayuda estatal, pero no indefinidamente. La Constitución promete la felicidad de los ciudadanos. Es responsabilidad del Gobierno garantizar trabajo para todos los ciudadanos. Es inmoral pagar a quien no trabaja.

Vayamos a los jubilados. Éstos, estando en activo cotizaron para su jubilación. Llegada ésta, religiosamente cobran cada fin de mes. Cierto. Es muy aburrido tumbarse a la bartola. El tiempo de que se dispone puede dedicarse a tareas de voluntariado. Los años en activo han aportado un cúmulo de conocimientos que puede ser muy vivificante compartirlos con quienes les siguen. Nitin Nochiric, decano de Harvard Bussiness School ha dejado escrito: “Es una tortura jubilar a una persona de 60 años llena de vida, experiencia y deseos de compartirlo, que quiere sentirse útil y que le paguen por serlo. Yo trabajaré a esta edad y en cualquier otra  en la medida de mis posibilidades, porque en cualquier edad necesitamos sentirnos útiles”.

¿No es una contradicción que haya tantas personas que cobran del paro y haya tanta falta de electricistas, carpinteros, fontaneros……? Algo falla.

Octavi Pereña Cortina

 

2 TIMOTEO 3: 15

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”

“Por qué  no leemos más la Biblia? Quizás por pereza, por poco interés o porque nos parece un texto desfasado que no tiene nada que ver con nuestra realidad. La Biblia es una carta de amor de Dios a la humanidad. Cuando la leemos descubrimos personajes a través de los cuales vivimos valores universales e intemporales como la paz, la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la belleza del amor”. Este texto forma parte del escrito “¿Por qué no leemos más la Biblia?”, redactado por Joan Josep Omella, cardenal arzobispo de Barcelona.

Las apariencias engañan. Joan Josep Omella no es lo que aparenta ser en este escrito mencionado. Es un devoto de María y de la intercesión de los santos. No se esconde ser un incondicional de la doctrina de la Iglesia  católica, lo cual, por fuerza tiene que relegar a un segundo plano la autoridad de la Biblia que por ser Palabra de Dios exige obediencia absoluta. La enseñanza de la Biblia y la doctrina católico romana son antagónicas. Salomón escribe: “Toda la Palabra de Dios es limpia, el escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30. 5, 6).

El profeta Isaías escribe: “Dice, pues, el Señor: Porque ese pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

El arzobispo de Barcelona en el escrito mencionado elogia la Biblia como si fuese cristiano evangélico pero se guarda en el bolsillo: “Lámpara a mis pies es tu palabra (la de Dios) y lumbrera a mi camino” (Salmo 119: 105). El purpurado barcelonés hace mutis respecto al Magisterio de la Iglesia Católica que es el que determina qué es Palabra de Dios o no lo es. El lector tiene que interpretarla a la luz de lo  que el Espíritu Santo le imparte. Pienso que el purpurado catalán tendría que prestar atención a lo que dice el profeta Isaías: “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

Jesús tira de las orejas de los sabios y entendidos cuando dice: “Gracias te doy, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los niños” Mateo 11: 25). Los humildes de corazón guiados por el Espíritu Santo son quienes disciernen el verdadero sentido de la Biblia.


 

ISAÍAS 58: 13, 14

“Si evitas que tu pie profane el día de descanso, de hacer tu voluntad en mi día santo,  y lo llamas delicia, santo, glorioso del Señor, y lo veneras, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en el Señor, y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre, porque la boca del Señor lo ha dicho”

Este texto es una referencia clara de  Éxodo 20: 8-11 en donde Moisés escribe el Decálogo en donde establece que el sábado es el día para ser dedicado a Dios. Para nosotros los cristianos, tal como enseña el libro  de Hechos, el séptimo día se traslada al primer día de la semana en memoria de la resurrección de Cristo. Las exigencias son las mismas. Los cristianos tienen que separar el domingo como día para ser consagrado a Él. El texto de Isaías que sirve de base de esta meditación es un toque de atención para nosotros los cristianos que hemos convertido el día del Señor en un día de jolgorio y de satisfacciones sensuales. Acordarnos de Él nada de nada. Satisfacer a la carne es lo más importante. Deleitarnos en el Señor no consta en nuestro programa de actividades para este día santo.

Las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en los acontecimientos mundiales que los medios informativos se encargan de mantenlos bien vivos. Por otro lado, en la vida diaria, las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en el día a día con el incremento de divorcios, conflictos familiares, aumento de trastornos mentales debido a la ansiedad, el miedo, la incertidumbre.

Jesús nos da la solución a estos conflictos, si no de manera  colectiva sí individual, cuando al final del  conocido Sermón de la Montaña, dice a sus oyentes: “Cualquiera que me oye estas palabras y las hace, le comparare a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa, y no cayó, porque estaba construida sobre la roca” (Mateo 7: 24, 25). Según la Biblia la Roca es Jesús. Las inclemencias del tiempo no afectan emocionalmente a quienes creen en Él “porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo” (1 Corintios 10: 4).

Le preocupan al lector los acontecimientos familiares, locales, nacionales, internacionales. Preste atención a lo que le dice Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestra almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo11: 28-30)