diumenge, 1 de març del 2026

 

EL TIEMPO VUELA

El tiempo transcurre en un abrir y cerrar los ojos

Un autor anónimo ha dejado escrito: “El tiempo es una de las cosas más valiosas y apreciadas que tenemos en la actualidad. No somos conscientes de ello hasta que por las circunstancias que sean, nos damos cuente que no tenemos…Las nuevas tecnologías ejercen una extraordinaria incidencia en nuestras vidas, ha provocado toda clase de consecuencias. Por descontado que hemos ganado en bienestar social,  solo que aquí tendríamos que señalar que solo sirve para los países desarrollados occidentales. La situación también nos ha llevado a una cierta pérdida de calidad de vida que al final nos provoca una ansiedad insoportable. Todo lo hacemos corriendo: hablamos, comemos, conducimos, incluso no leemos, sino que escaneamos con la mirada. Priorizamos la cantidad a la calidad cuando tendría que ser totalmente al revés. El resultado es que queremos controlarlo todo, pero justamente perdemos el control de nuestra vida y ello afecta inexorablemente a la salud y a la vida familiar. Vivimos más bien a costa de sentirnos más mal”.

Lucy Swindoll escribe: “Amados, quisiera terminar este libro con un mensaje que entre por vuestras  orejas, una vez más para animaros para que toméis con entusiasmo la vida. No esperéis a tener conyugue. No esperéis a tener más tiempo. No esperéis a tener más dinero. No esperéis a que los dos pies posen sobre el suelo. No esperéis para cualquier otra cosa. La hora de involucraos con la vida es ahora, no mañana, o la próxima semana o el próximo año. ES AHORA”. “Os exhortamos también que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en el día de salvación te he socorrido. He aquí ahora es el tiempo aceptable, he aquí, ahora es el día de salvación” (2 Corintios 6: 2). El salmista nos habla con palabras muy adecuadas: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 19: 12). “Este día (hoy) no volverá a pasar…Cualquiera que no coma, beba, deguste, olores, no se te volverá a presentar en toda la eternidad. El sol no volverá a lucir como lo hace hoy. Tienes que hacer tu parte y cantar una canción de la mejor manera que puedas hacerlo” (Herman Hesse).

Para el día de hoy el apóstol Pablo nos recomienda: “Mirad, pues, con diligencia cómo andáis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto no seáis insensatos, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor” (Efesios 5: 15-17).

La carnalidad humana impulsa a satisfacer los instintos básicos: “Adulterios, fornicaciones, impureza, lascivia, idolatría, brujería, celos, rivalidades, divisiones, partidos, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas, de la cuales os amonesto, como ya lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5: 19-21). La persona que únicamente piensa en satisfacer las pasiones carnales   “se parece a las bestias que mueren” (Salmo 49: 12). No han aprendido a contar los días. ¿Qué se tiene que hace para empezar a hacerlo? Para comenzar  tiene que dejar de ser persona carnal para convertirse en espiritual. ¿Cómo puede conseguirse esta mutación?

El ser humano para que pueda empezar a contar los días tiene que hacerlo desde la perspectiva de eternidad. Le ayudará a hacerlo si tiene en cuenta la Ley de Dios que se condensa en el Decálogo. Donde el cielo y la tierra se encuentran. Los siete primeros versículos del Decálogo tienen que ver con la existencia de Dios. Para el ser humano tendría que ser una prioridad creer en Él. Para dejar de parecernos a los animales que mueren y nadie se acuerde de ellos, tenemos que empezar a contar los días acordándonos “del día de reposo para el Señor tu Dios…Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la Tierra, el mar y todas las cosas que hay en ellos, y descansó en el séptimo día, por tanto, el Señor bendijo el día de reposo y lo santificó” Éxodo 20: 8-11).

La iglesia apostólica cambió el séptimo día de la semana por el primero en recuerdo de la resurrección de Cristo, pues, de no haber resucitado no habría posibilidad de salvación. El cambio no altera la finalidad del día de reposo que es acordarse del  Señor nuestro Dios. ¿A qué se dedica el domingo el primer día de la semana? ¿A dedicarlo a Dios Padre  de nuestro Señor Jesucristo? Evidentemente no. Los bancos de las iglesias están polvorientos. Las personas que tendrían que ocuparlos llenan a rebosar los lugares de diversión. No han aprendido a contar los días  por lo que siguen pareciéndose a las bestias que mueren. “Comamos y bebamos que mañana moriremos” (1 Corintios 15: 32). Mal final para adentrarse en la eternidad.

Octavi Pereña Cortina   

 

 

PROVERBIOS 7: 14

“He aquí el malvado trama iniquidad y concibe la maldad, y da a luz la falsedad”

No es  necesario ser demasiado avispado para uno darse cuenta de qué sucede a  su alrededor. Lo triste del caso es que son muchas las personas  que tienen ojos para  ver y no ven. De todas maneras el salmista se convierte en nuestros ojos para que podamos ser conscientes de la tragedia que se nos avecina. ¿Qué ve el escritor por doquiera? Que la maldad campa a sus anchas sin olvidarse de ningún rincón.

El malvado por carecer de la luz del Señor no es consciente de las fechorías que comete. “Cava una fosa profunda pero cae en el agujero que ha cavado” (v. 15). Al carecer de la luz de Cristo que alumbra a  todos los hombres no sabe dónde pone los pies y cae en el agujero que sus propias manos  han cavado. ¡Qué triste es ver como muchas personas se pierden de manera tan insulsa.

El escritor sagrado describe lo que sus ojos ven al ser iluminado por la luz de Cristo. El escritor describe lo que sus ojos ven en la luz de Jesús que el la luz del mundo que ilumina a todo  mortal: “Su maldad volverá sobre su cabeza, y su violencia caerá sobre su coronilla” (v. 16). El primer afectado por la maldad son los malvados que se creen muy listos y creen que la maldad que ejercen sobre su prójimo no los afectará a ellos. La maldad tiene el efecto boomerang: se revuelve contra quien la ejerce.

El escritor que contempla   como los malvados  reciben las consecuencias de su propia maldad no puede por menos que “dar gracias a Dios por su justicia y alabar el Nombre del Señor, el Altísimo” (v. 17).


 

SALMO 65:3

“Las iniquidades me agobian, pero nuestras rebeliones tú las perdonas”

Sigue escribiendo David: “Bienaventurado el que tú escoges y atraes a ti, para que habite en tus atrios, será saciado del bien de tu casa, de tu santo templo” (v. 4). En el salmo 51 escrito por el mismo David describe para bendición nuestra el proceso del arrepentimiento. Vayamos a él. David lo escribió a consecuencia de la amonestación de parte del profeta Natán por haber cometido adulterio con Betsabé e indirectamente  matado a  Hurias, el esposo    ultrajado. David no cometió una mentida piadosa para eludir la responsabilidad de haber cometido pecados tan graves. Si Dios en Cristo puede perdonar pecados tan graves como los que cometió David también puede perdonar los tuyos. El requisito imprescindible es que pidas perdón de tus pecados. ¿Qué nos enseña el salmo 51? Después de la amonestación que recibió del profeta Natán, lo primero que hace  David es decirle a Dios: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia. Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones” (v. 1).

Jesús, por el mero hecho de haberle dicho a un paralítico: “Ten ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados”, algunos de los escribas decían dentro de sí: “Este blasfema”. Jesús dice a sus adversarios: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, dice al paralítico: Levántate, coge tu camilla, y vete a tu casa”(Mateo 9: 1-7). David no se equivocó cuando acudió a Dios, el único que tiene poder de perdonar pecados.

Sin haber nacido de nuevo por la fe en Jesús nadie acude a Dios para que perdones sus pecados. La actitud de David reconociendo que era un pecador de armas tomar evidencia que había nacido de nuevo como hijo de Dios. El perdón de Dios no significa que el perdonado deje de ser pecador. Todo lo contrario adquiere el conocimiento de cuán ofensivo es el pecado a los ojos de Dios. Con el apóstol Pablo puede decir de sí mismo: “Yo soy el primero de los pecadores”. “He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí tu amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio, lávame y seré más blanco que la nieve” (vv. 6, 7).

El hisopo era la planta que los sacerdotes utilizaban para rociar la sangre de los corderos sacrificados en el templo para purificar los objetos rociados. Cuando David utiliza el hisopo para que Dios lo deje más blanco que la nieve es un reconocimiento de que “la sangre de Jesucristo su Hijo (de Dios) nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1: 7).

Ahora es  cuando David puede entonar gozoso: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí, y no quites de mí tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación y espíritu noble me sustente” (vv. 10-12).

dissabte, 21 de febrer del 2026

 

VIDA DESPUES DE LA MUERTE

Una experiencia cercana a la muerte no da respuesta a la pegunta: ¿Qué hay más allá de la muerte?

Si el lector le pregunta al neurocientífico Alex Gómez Marín ¿qué  hay más allá de la muerte? y le responde: “Es nuestra certeza vital más incierta: La gran frontera de la ciencia. Y visto en perspectiva, un cambio de fase de conciencia. El proceso, en fin, en el cual nos desprendemos de nuestro cuerpo físico”. La respuesta que le ha dado el neurocientífico es como si se la hubiese dado en chino. No ha entendido nada. Yo tampoco.

De manera entendedora el apóstol Pablo da respuesta a la pregunta que nos hacemos: ¿Qué es la muerte y qué hay en el más allá? “Porque la paga del pecado es la muerte, pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6: 23). Con claridad meridiana y con pocas palabras despeja dos misterios que nos preocupan: La muerte y el más allá. Dios nos creó inmortales. La muerte es un intruso que se coló sin pedir permiso por la puerta de atrás. El apóstol aporta luz a este tema que nos inquieta que ni la ciencia ni la filosofía den respuesta. Si los científicos y los filósofos no tuviesen prejuicios prestarían atención a lo que la Biblia dice en 1 Corintios 15. El texto es un faro que ilumina en medio de las tinieblas espirituales que nos envuelven. La fuente de donde fluye la luz espiritual que hace desvanecer   las tinieblas espirituales que nos amortajan es: “Lámpara a mis pies es tu palabra (la de Dios) y lumbrera a mi camino” (Salmo 109: 105), y “¿con qué limpiará el joven su camino? con guardar tu palabra” (Salmo 119: 9).

Si el lector está verdaderamente interesado en descubrir el misterio de la muerte y de lo que se encontrará en el más allá, siga el ejemplo de aquel padre que tenía un hijo poseído por un espíritu maligno que se acercó a Jesús suplicándole compasión. Jesús le dijo: “Si puedes creer, al que cree todo es posible”. La respuesta del padre fue instantánea: “Ayuda mi incredulidad” (Marcos 9: 23, 24). La incredulidad no tiene por qué ser  un inquilino permanente. Si el lector es incrédulo a las cosas espirituales y desea desprenderse de ella solo necesita acercarse a Jesús y decirle: Señor ayuda mi incredulidad. El vacío que ha dejado la incredulidad desaparecida lo ocupará la fe que lo identifica con Jesús. Recibida la fe mirará con otros ojos a la Biblia. Tendrán sentido las palabras que Dios le dijo a Adán que no comiese el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal “porque el día que comas ciertamente morirás” (Génesis 2. 17). Dejarás de considerar fábula el relato de Satanás acercándose a Eva para persuadirla que no creyese lo que Dios le había dicho a Adán: que no comise el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal y de la promesa de un Mesías (Génesis 3).

Habiendo sido dotados con el don de la fe en Jesús adentrémonos en el misterio que las Sagradas Escrituras revelan acerca de la muerte y de la vida. El salmista se hace unas preguntas que son las mismas que nos plantamos nosotros. “¿Qué hombre vivirá y no verá la muerte? ¿Librará su vida del poder del sepulcro?” (Salmo 89: 48). Dejemos que sea la Biblia que dé respuesta a estas preguntas.

El apóstol Pablo en 1 Corintios 15 trata ampliamente el tema que nos preocupa: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras” (vv. 2, 3). “Porque si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana también es vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios porque hemos testificado de Dios que Él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó, y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana, aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron (murieron) en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Mas, ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho.  Por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos”. El cántico de victoria que entona el apóstol: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un Hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, en Cristo todos serán vivificados” (vv. 20-22).

El apóstol cierra la carta a los corintios con algo de suma importancia: “He aquí os digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados, porque es necesario que  esto corruptible sea revestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la Ley. Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que hermanos, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (vv.51-58).

Con la muerte y resurrección de Cristo la existencia adquiere sentido. Los creyentes en Cristo tenemos la certeza que después de la muerte abriremos los ojos en el paraíso en espera de la resurrección del cuerpo.

Octavi Pereña Cortina

 

SALMO 81: 7

“En la calamidad clamaste y yo te libré”

La relación del hombre con Dios no es una conversación entre sordos. En la calamidad el salmista clama a Dios y Éste certifica que escuchó el clamor del salmista cuando dice: “Yo lo libré”. Dios habla al salmista con la sinceridad de un padre que habla con su hijo al ver que éste se relaciona con amigachos cuya amistad no le traerá nada bueno. “Oye pueblo mío y te amonestaré. Israel si me oyeses” (v. 8).

Dios que sacó al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto con brazo fuerte no lo trata como si fuese una masa amorfa de personas. Considera a Israel como algo tan íntimo como un padre que sufre por su hijo al ver que sus amigachos lo llevan por caminos de perdición. ¿Qué ve el Padre en Israel para que piense que va mal encaminado? Ve en él una tendencia a la idolatría. La idolatría cristiana, el magisterio de la Iglesia la presenta como algo legítimo que merece preservarse.  El mandamiento de la Ley de Dios es tan claro como un día sin nubes y el sol brillando con todo su esplendor. ¿Qué nos dice el mandamiento respecto a la idolatría? “No te harás ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo…no te inclinarás a ellas, ni las honrarás” (Éxodo 20: 4, 5). “Oye pueblo mío y yo te amonestaré, Israel si me oyeses, no habrá en ti Dios ajeno, ni te inclinarás a dios extraño. Yo soy el Señor tu Dios, que te hice salir de la tierra de Egipto” (vv. 8-10).

Tal vez me dirás que no te inclinas en adoración ante imágenes cinceladas por manos expertas de artesanos. El mandamiento es claro: “no te inclinarás a ellas, ni las honrarás”. ¿Qué tienes que decir respecto la adoración que das a los ídolos del deporte, del cine o por las élites de cualquier otra especialidad?  Todos ellos tienen un propósito común: Que apartes los ojos del Señor Jesucristo y los deposites en ídolos de carne que perecen.

Dios por la pluma del salmista nos dice: “Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón, caminan en sus propios consejos. ¡Oh si me hubiese oído mi pueblo, si en mis caminos hubiese andado Israel! (vv, 11-13).

La sabiduría popular dice: “Es de sabios rectificar. Lector amigo, si la idolatría te atrae aun estás a tiempo de rectificar y volverte a Él que es tu Salvador.  Es de sabios rectificar.


 

PROVERBIOS 16: 20

“Quien confía en el Señor será feliz”

La felicidad es el objetivo de todas las personas. Es una meta imposible de alcanzar si no se hace de manera correcta. Todos los caminos conducen a Roma, dice el adagio. En el campo del espíritu la cosa no es así. La manera natural del ateo de buscar la felicidad consiste en marcarse objetivos materiales concretos. Cuando los consigue se siente feliz. Pero la consecución de los objetivos materiales marcados no satisfacen: Amasar dinero, viajar, disfrutar de la vida satisfaciendo los apetitos carnales. Complacer a todo aquello que la sensualidad pide, momentáneamente satisface. Después queda el mal sabor de boca. Nos equivocamos cuando creemos que vamos a conseguir la felicidad almacenando bienes materiales. El dinero y las posesiones materiales satisfacen momentáneamente. Lo que queda es insatisfacción.

Como dijo un antiguo poeta: “Quien ama la plata no se saciará con la plata, y quien ame la riqueza no saciará ninguna renta”. Intentar ser feliz almacenando cuantas más cosas materiales sea posible es tan imposible de alcanzar  como intentar retener el agua en el cuenco de la mano. Si lo material ha demostrado que no sirve para hacer feliz a quien lo posee, nos queda el desechado campo del espíritu. “El entendido en la Palabra encontrará el bien, y el que confía en el Señor será feliz” (Proverbios 16: 20). Ni la poesía ni la buena literatura no pueden considerarse cosas espirituales. Son reminiscencias de lo que queda del hombre creado a imagen y semejanza de Dios después de la caída de Adán en pecado. Su lectura gratifica pero no hace feliz. Juvenal poeta latino de la antigua Roma, escribió: “Ningún hombre malo es feliz. El poeta dijo una  verdad como un templo. Pudo escribirlo porque aun siendo pecador le quedó algo de la imagen y semejanza de Dios que heredó de Adán. Pudo discernir la condición humana pero no puede hacer bueno al hombre.

“Felices aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Feliz el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” (Romanos 4: 7, 8). ¿Cómo  puede ser posible que Dios que es cien por cien justo no  culpe de pecado a quien es pecador? La respuesta a esta pregunta nos la da el apóstol Juan cuando escribe: “si confesamos nuestros pecados (no a un hombre sino al Señor Jesucristo), Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1: 9). El secreto de la felicidad se encuentra en Jesús.   

 

dissabte, 14 de febrer del 2026

 

ROMANOS 12: 1

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”

Josep-Lluís Serrano, obispo de Urgell comenzó con estas palabras su escrito “L’aggiornamento de la Iglesia”: “El 25 de enero de 1959 el papa Juan XXIV anunciaba la intención de convocar el que sería Concilio Vaticano II, con el espíritu de redescubrir y adentrarnos en el magisterio de la Iglesia católica, vemos hoy a una fuente viva, lo hacemos para beber con gratitud y esperanza, para servir mejor a nuestras comunidades cristianas”. Mucho mejor que un concilio “sea una llamada para volver a lo esencial: Cristo en el centro, la caridad como medida, la misión como impulso”, es lo que el apóstol Pablo propone: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta” (v. 2). La enseñanza apostólica se resume en “procurad lo bueno delante de todos los hombres” (v. 17). Ello se consigue si se tiene en cuenta el v. 2 en el que nos detendremos porque es una llamada a consagrarnos a Jesús. El texto es una advertencia a no dejarnos seducir por las filosofías de este mundo que divulga Satanás por ser “el príncipe de este mundo” (Juan 12: 31). Ser discípulos de tan malvado señor conduce inexorablemente a la muerte eterna. Acto seguido el apóstol Pablo nos dice: “transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. Por el hecho de que las personas que por la fe en Jesús se han convertido en hijos de Dios por adopción, el cambio de paternidad no borra por completo las reminiscencias del pasado diabólico.

Por la fe en Jesús se inicia un proceso de limpieza que dura todo el tiempo que el Señor mantendrá al creyente aquí en la Tierra, lo cual se consigue por medio de la lectura y meditación de  la Biblia bajo la guía e iluminación del Espíritu Santo con lo cual se inicia un proceso ininterrumpido de perfeccionamiento de “cual sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta”. Las enseñanzas de los hombres aun cuando digan que son cristianos no ejercen el poder transformador al que se refiere el apóstol Pablo. Toda enseñanza que no proceda directamente de Dios esencialmente es satánica. Tenemos que asegurarnos que sea el Espíritu Santo quien ilumine nuestras mentes para que podamos entender el sentido que tienen las Sagradas Escrituras.  No tenemos que olvidar que “Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11: 14) con el propósito de volver a esclavizarnos.


 

SALMO 50: 15

“Invócame en el día de la angustia: te liberaré y tú me honrarás”

“Los usuarios de Rodalies de Catalunya sufren las consecuencias del caos ferroviario sobre su ya disminuida salud mental. Los pasajeros que más utilizan el tren más síntomas muestran (estrés, ansiedad, depresión alteración del ciclo del sueño) a consecuencia de la angustia de no saber a qué hora llegarás”. Al déficit ferroviario se le han de añadir las múltiples causas que en el día a día producen estrés, ansiedad, depresión. Creo que no se afronta bien el problema de las enfermedades mentales que crecen exponencialmente hasta el punto de afectar a niños y adolescentes. No soy sicólogo ni siquiatra, ni pretendo ser un intruso en el campo de la medicina. A mi entender el problema que consideramos sicosomático nace en el alma y afecta al cuerpo. A mi entender  la raíz del problema que tratamos es el ateísmo imperante. En el campo del espíritu existen muchos malos entendidos. Se confunde religión con espiritualidad. En el cristianismo se encuentran muchas personas que confiesan ser cristianas practicantes que actúan un cristianismo sin Cristo. Se limitan a asistir a misa los domingos. Hoy para facilitar el recreo dominical se permite ir a misa entre semana. Si se les pregunta, no dan respuesta válida respecto a Dios. Son analfabetos al respecto. Practican, si ello puede decirse practicar, un cristianismo sin Cristo. Edifican sus vidas sobre un cimiento de arena. La existencia es un torbellino metafóricamente hablando: soplan vientos, llegan lluvias torrenciales que arrasan todo lo que encuentran a su paso. Estos cristianos nominales ¿a dónde acuden a buscar socorro cuando los tiempos son malos? Lo más fácil es la pastilla. El resultado es que se convierten en adictos a ellas.

En el texto que sirve de base a esta meditación es Dios quien habla al lector. No se esconde ante tu presencia. Se comporta como el padre del hijo pródigo que desde que el hijo abandonó el hogar, cada mañana sale al camino para otear el horizonte para ver si la silueta de su hijo se deja ver en la lejanía. En el texto que encabeza este comentario es Dios quien habla al lector para decirle: “Invócame en el día de la angustia y yo te liberaré”. La liberación no significa que no vayas a tener más problemas. En este mundo infectado de pecado los contratiempos  están escritos en el menú del día. Los vientos tempestuosos no cesan. Las aguas torrenciales destruyen todo lo que encuentran a su paso. En cualquier situación angustiosa “echa sobre el Señor tu carga, y Él te sustentará, no dejará caído para siempre el justo” (Salmo 55: 22).

¿Atiende el Señor Jesús al angustiado que clama a Él. He aquí lo que nos dice el salmista: “En mi angustia invoqué al Señor, y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de Él, a sus oídos” (Salmo 18: 6).

Lector, si no has clamado nunca al Señor en tus situaciones angustiosas, no te retengas. No pienses que eres indigno de comparecer ante Él. Jesús ama al pecador y desea para él lo mejor. Al que a Él acude no lo echa fuera. Tu alma recibirá el descanso que urgentemente necesita.

 

 

NARCISISMO, ¿DÓNDE NOS LLEVAS?

El narcicismo es fruto del pecado

“El narcisismo crecerá. El pronóstico no es bueno. Si continuamos con el yo, yo, llegará el momento en que el sistema se colapsará. Si todos velamos solamente cada uno para sí mismo, el colectivo y lo que nos une dejará de funcionar y provocará que se desplome el castillo. La autoestima y la confianza en uno mismo es bueno, pero existe una diferencia entre la autoestima que te refuerza y el narcisismo que termina reforzándote a costa de utilizar personas. Decir que tu hijo es fabuloso, único, el mejor, puede llevar a creérselo. Los padres son totalmente responsables en este sentido. Comportarse como un narcisista  puede allanar el camino para conseguir muchas cosas. Donald Trump es un buen ejemplo. Mucha gente cree que es un sicópata, pero lo que realmente es, es narcisista” (Thomas Erickson).

“La iniquidad del impío me dice al corazón: no hay temor de Dios delante de sus ojos. Se lisonja, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será descubierta y aborrecida” (Salmo 36: 1, 2).

Francesc Quintana en su escrito: “El éxito no hace ruido”, escribe: “Al final de la charla un alumno me hizo una pregunta que sigue resonando dentro de mí: ¿Cómo gestiona usted el éxito?” Le respondí con otra pregunta: “¿Qué es para ti el éxito? ¿Tener dinero?, ¿Un cargo importante? ¿Salir en los medios? ¿Un coche de marca? ¿Ropa cara? Al ego si no lo controlas te domina. Aparecen aduladores, sales en los medios y crees que eres mejor de lo que eres. Pero como más sobresales más fácil es que te corten la cabeza. La envidia es proporcional a  la visibilidad, y es uno de nuestros deportes preferidos. Pero el éxito, el de verdad, no hace ruido”.

Para potenciar la autoestima los padres no tienen que hacer creer  a sus hijos que son mejores que los otros chicos. Este desmedido sentimiento de superioridad que muchos padres inculcan en sus hijos, lo que hacen es inculcar un sentimiento narcisista que les hace más mal que bien. Despierta en ellos sentimientos ególatras que los lleva a una creciente insatisfacción al darse cuenta que no alcanzan el nivel de perfección que sus padres les inculcan. ¿Tiene ello que ver con el incremento de patologías mentales en niños y adolescentes? Para potenciar la autoestima en los hijos los padres tienen que amarlos tal como son, incluso con sus defectos. No con la imagen irreal que se han hecho de ellos. No incitarles a que se vean como las estrellas que no son. Lo cual los frustra. Los sueños de grandeza que los padres se han hecho de sus hijos los conduce a un desengaño a mendo irreparable. El mejor regalo que los padres pueden hacer a sus hijos es transmitirles que los aman tal como son: con sus imperfecciones.

¿Existe un antídoto contra el narcisismo que se extiende en la sociedad como mancha de aceite? Sí que lo hay. Jesús el Hijo de Dios hecho hombre para acercar el cielo a la tierra, dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados  y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11: 28-30).

La humildad no es una virtud que pueda alcanzarse a base del esfuerzo perseverante. Es el resultado de la presencia del Espíritu de Jesús que habita en los corazones de quienes creen en Él: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados de…Humildad, mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3: 12). Virtudes, por cierto, que no se encuentran en los narcisistas. “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte en el momento oportuno” (1 Pedro 5: 6). El mismo apóstol escribe: “Igualmente jóvenes, estad sujetos a los pastores, y todos  sumisos unos a otros, revestíos de humildad, porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (1Pedro 5: 5).

Acabemos el tema del narcisismo con esta perla: “Pero Él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4: 6).

Octavi Pereña Cortina

diumenge, 8 de febrer del 2026

 

2 TIMOTEO 3: 15

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”

“Por qué  no leemos más la Biblia? Quizás por pereza, por poco interés o porque nos parece un texto desfasado que no tiene nada que ver con nuestra realidad. La Biblia es una carta de amor de Dios a la humanidad. Cuando la leemos descubrimos personajes a través de los cuales vivimos valores universales e intemporales como la paz, la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la belleza del amor”. Este texto forma parte del escrito “¿Por qué no leemos más la Biblia?”, redactado por Joan Josep Omella, cardenal arzobispo de Barcelona.

Las apariencias engañan. Joan Josep Omella no es lo que aparenta ser en este escrito mencionado. Es un devoto de María y de la intercesión de los santos. No se esconde ser un incondicional de la doctrina de la Iglesia  católica, lo cual, por fuerza tiene que relegar a un segundo plano la autoridad de la Biblia que por ser Palabra de Dios exige obediencia absoluta. La enseñanza de la Biblia y la doctrina católico romana son antagónicas. Salomón escribe: “Toda la Palabra de Dios es limpia, el escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30. 5, 6).

El profeta Isaías escribe: “Dice, pues, el Señor: Porque ese pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

El arzobispo de Barcelona en el escrito mencionado elogia la Biblia como si fuese cristiano evangélico pero se guarda en el bolsillo: “Lámpara a mis pies es tu palabra (la de Dios) y lumbrera a mi camino” (Salmo 119: 105). El purpurado barcelonés hace mutis respecto al Magisterio de la Iglesia Católica que es el que determina qué es Palabra de Dios o no lo es. El lector tiene que interpretarla a la luz de lo  que el Espíritu Santo le imparte. Pienso que el purpurado catalán tendría que prestar atención a lo que dice el profeta Isaías: “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

Jesús tira de las orejas de los sabios y entendidos cuando dice: “Gracias te doy, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los niños” Mateo 11: 25). Los humildes de corazón guiados por el Espíritu Santo son quienes disciernen el verdadero sentido de la Biblia.


 

ISAÍAS 58: 13, 14

“Si evitas que tu pie profane el día de descanso, de hacer tu voluntad en mi día santo,  y lo llamas delicia, santo, glorioso del Señor, y lo veneras, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en el Señor, y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre, porque la boca del Señor lo ha dicho”

Este texto es una referencia clara de  Éxodo 20: 8-11 en donde Moisés escribe el Decálogo en donde establece que el sábado es el día para ser dedicado a Dios. Para nosotros los cristianos, tal como enseña el libro  de Hechos, el séptimo día se traslada al primer día de la semana en memoria de la resurrección de Cristo. Las exigencias son las mismas. Los cristianos tienen que separar el domingo como día para ser consagrado a Él. El texto de Isaías que sirve de base de esta meditación es un toque de atención para nosotros los cristianos que hemos convertido el día del Señor en un día de jolgorio y de satisfacciones sensuales. Acordarnos de Él nada de nada. Satisfacer a la carne es lo más importante. Deleitarnos en el Señor no consta en nuestro programa de actividades para este día santo.

Las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en los acontecimientos mundiales que los medios informativos se encargan de mantenlos bien vivos. Por otro lado, en la vida diaria, las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en el día a día con el incremento de divorcios, conflictos familiares, aumento de trastornos mentales debido a la ansiedad, el miedo, la incertidumbre.

Jesús nos da la solución a estos conflictos, si no de manera  colectiva sí individual, cuando al final del  conocido Sermón de la Montaña, dice a sus oyentes: “Cualquiera que me oye estas palabras y las hace, le comparare a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa, y no cayó, porque estaba construida sobre la roca” (Mateo 7: 24, 25). Según la Biblia la Roca es Jesús. Las inclemencias del tiempo no afectan emocionalmente a quienes creen en Él “porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo” (1 Corintios 10: 4).

Le preocupan al lector los acontecimientos familiares, locales, nacionales, internacionales. Preste atención a lo que le dice Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestra almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo11: 28-30)