diumenge, 8 de febrer del 2026

 

2 TIMOTEO 3: 15

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”

“Por qué  no leemos más la Biblia? Quizás por pereza, por poco interés o porque nos parece un texto desfasado que no tiene nada que ver con nuestra realidad. La Biblia es una carta de amor de Dios a la humanidad. Cuando la leemos descubrimos personajes a través de los cuales vivimos valores universales e intemporales como la paz, la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la belleza del amor”. Este texto forma parte del escrito “¿Por qué no leemos más la Biblia?”, redactado por Joan Josep Omella, cardenal arzobispo de Barcelona.

Las apariencias engañan. Joan Josep Omella no es lo que aparenta ser en este escrito mencionado. Es un devoto de María y de la intercesión de los santos. No se esconde ser un incondicional de la doctrina de la Iglesia  católica, lo cual, por fuerza tiene que relegar a un segundo plano la autoridad de la Biblia que por ser Palabra de Dios exige obediencia absoluta. La enseñanza de la Biblia y la doctrina católico romana son antagónicas. Salomón escribe: “Toda la Palabra de Dios es limpia, el escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30. 5, 6).

El profeta Isaías escribe: “Dice, pues, el Señor: Porque ese pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

El arzobispo de Barcelona en el escrito mencionado elogia la Biblia como si fuese cristiano evangélico pero se guarda en el bolsillo: “Lámpara a mis pies es tu palabra (la de Dios) y lumbrera a mi camino” (Salmo 119: 105). El purpurado barcelonés hace mutis respecto al Magisterio de la Iglesia Católica que es el que determina qué es Palabra de Dios o no lo es. El lector tiene que interpretarla a la luz de lo  que el Espíritu Santo le imparte. Pienso que el purpurado catalán tendría que prestar atención a lo que dice el profeta Isaías: “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

Jesús tira de las orejas de los sabios y entendidos cuando dice: “Gracias te doy, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los niños” Mateo 11: 25). Los humildes de corazón guiados por el Espíritu Santo son quienes disciernen el verdadero sentido de la Biblia.


 

ISAÍAS 58: 13, 14

“Si evitas que tu pie profane el día de descanso, de hacer tu voluntad en mi día santo,  y lo llamas delicia, santo, glorioso del Señor, y lo veneras, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en el Señor, y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre, porque la boca del Señor lo ha dicho”

Este texto es una referencia clara de  Éxodo 20: 8-11 en donde Moisés escribe el Decálogo en donde establece que el sábado es el día para ser dedicado a Dios. Para nosotros los cristianos, tal como enseña el libro  de Hechos, el séptimo día se traslada al primer día de la semana en memoria de la resurrección de Cristo. Las exigencias son las mismas. Los cristianos tienen que separar el domingo como día para ser consagrado a Él. El texto de Isaías que sirve de base de esta meditación es un toque de atención para nosotros los cristianos que hemos convertido el día del Señor en un día de jolgorio y de satisfacciones sensuales. Acordarnos de Él nada de nada. Satisfacer a la carne es lo más importante. Deleitarnos en el Señor no consta en nuestro programa de actividades para este día santo.

Las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en los acontecimientos mundiales que los medios informativos se encargan de mantenlos bien vivos. Por otro lado, en la vida diaria, las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en el día a día con el incremento de divorcios, conflictos familiares, aumento de trastornos mentales debido a la ansiedad, el miedo, la incertidumbre.

Jesús nos da la solución a estos conflictos, si no de manera  colectiva sí individual, cuando al final del  conocido Sermón de la Montaña, dice a sus oyentes: “Cualquiera que me oye estas palabras y las hace, le comparare a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa, y no cayó, porque estaba construida sobre la roca” (Mateo 7: 24, 25). Según la Biblia la Roca es Jesús. Las inclemencias del tiempo no afectan emocionalmente a quienes creen en Él “porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo” (1 Corintios 10: 4).

Le preocupan al lector los acontecimientos familiares, locales, nacionales, internacionales. Preste atención a lo que le dice Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestra almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo11: 28-30)     

 

 

EL TRABAJO ENNOBLECE 

“El deseo del perezoso lo mata, porque sus manos no quieren trabajar” (Proverbios 21: 25)

Algunos dicen que el trabajo es castigo divino. Se equivocan quienes creen tal cosa. Para resolver el dilema forzosamente tenemos que ir al origen de la Historia. Ello nos lleva al libro bíblico de Génesis que es donde se narra la creación del hombre: “Tomó, pues el Señor Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2: 15). Este encargo Adán lo recibió del Señor Dios antes de que comiese el fruto  prohibido “del árbol del conocimiento del bien y del mal” (2: 12). El trabajo no es un castigo sino una bendición que serviría para que Adán estuviese ocupado y no pasase los días tumbado a la bartola. La placentera situación que gozaba Adán finalizó cuando comió el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal que el Señor Dios le dijo que no comise “porque el día que de él comas ciertamente morirás” (2: 17). Por instigación de Eva, Adán desobedeció la orden divina. Adán no murió fulminado por un rayo. Pero se inoculó el virus del pecado que, además de perder la vida eterna trastornó radicalmente el entorno en que vivía. El Señor Dios dijo a Adán: ”Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol que te mandé diciendo: No comerás de él, maldita será la Tierra por tu causa, con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinas y cardos te producirá, y comerás planta del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado, pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3: 17-19). 

El trabajo que hasta aquel momento era dulce y agradable se, convirtió en duro y pesado: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra”. El pecado hace efectos devastadores en todos los efectos. El tema del trabajo no es una excepción hasta el punto que el apóstol Pablo se vio forzado a escribir con contundencia: “Si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3: 10), “al tal no se le tiene que considerar un enemigo, sino a alguien a quien se le tiene que corregir como hermano” (v. 15). La ociosidad es un mal compañero de viaje. Tenemos que impedir que se apodere de nosotros. El principio general es. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3: 23). Ilustra este principio una anécdota muy sugerente: “Había tres picapedreros. Un forastero se acercó a ellos. A uno le preguntó: “¿Qué haces?” El obrero le respondió: “¿No ves que estoy picando piedras?” Se acerca a otro para hacerle la misma pregunta. El encuestado le responde: “Estoy ganando un salario”. Al aproximarse al último de los picapedreros le repite la pregunta y recibe una respuesta muy sorprendente: “Estoy construyendo una catedral”. Imagínate lector que un desconocido se te acercase para preguntarte: ¿Qué estás haciendo? Si construir una catedral es un trabajo  magnífico, ¡cuánto más no lo será si lo que se está haciendo es para la gloria de Dios! “Ei trabajo de una sirvienta hecho como a Dios, es tan sagrado como la meditación de un monje” (Martín Lutero).

El Estado del bienestar convierte en desgraciadas a muchas personas que se convierten en desocupadas que solamente les preocupa llegar a fin de mes para cobrar. Esto no es Estado del bienestar. Es una fábrica de sanguijuelas que chupan de la caja común. Puntualmente puede ser conveniente una ayuda estatal, pero no indefinidamente. La Constitución promete la felicidad de los ciudadanos. Es responsabilidad del Gobierno garantizar trabajo para todos los ciudadanos. Es inmoral pagar a quien no trabaja.

Vayamos a los jubilados. Éstos, estando en activo cotizaron para su jubilación. Llegada ésta, religiosamente cobran cada fin de mes. Cierto. Es muy aburrido tumbarse a la bartola. El tiempo de que se dispone puede dedicarse a tareas de voluntariado. Los años en activo han aportado un cúmulo de conocimientos que puede ser muy vivificante compartirlos con quienes les siguen. Nitin Nochiric, decano de Harvard Bussiness School ha dejado escrito: “Es una tortura jubilar a una persona de 60 años llena de vida, experiencia y deseos de compartirlo, que quiere sentirse útil y que le paguen por serlo. Yo trabajaré a esta edad y en cualquier otra  en la medida de mis posibilidades, porque en cualquier edad necesitamos sentirnos útiles”.

¿No es una contradicción que haya tantas personas que cobran del paro y haya tanta falta de electricistas, carpinteros, fontaneros……? Algo falla.

Octavi Pereña Cortina

 

2 TIMOTEO 3: 15

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”

“Por qué  no leemos más la Biblia? Quizás por pereza, por poco interés o porque nos parece un texto desfasado que no tiene nada que ver con nuestra realidad. La Biblia es una carta de amor de Dios a la humanidad. Cuando la leemos descubrimos personajes a través de los cuales vivimos valores universales e intemporales como la paz, la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la belleza del amor”. Este texto forma parte del escrito “¿Por qué no leemos más la Biblia?”, redactado por Joan Josep Omella, cardenal arzobispo de Barcelona.

Las apariencias engañan. Joan Josep Omella no es lo que aparenta ser en este escrito mencionado. Es un devoto de María y de la intercesión de los santos. No se esconde ser un incondicional de la doctrina de la Iglesia  católica, lo cual, por fuerza tiene que relegar a un segundo plano la autoridad de la Biblia que por ser Palabra de Dios exige obediencia absoluta. La enseñanza de la Biblia y la doctrina católico romana son antagónicas. Salomón escribe: “Toda la Palabra de Dios es limpia, el escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30. 5, 6).

El profeta Isaías escribe: “Dice, pues, el Señor: Porque ese pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

El arzobispo de Barcelona en el escrito mencionado elogia la Biblia como si fuese cristiano evangélico pero se guarda en el bolsillo: “Lámpara a mis pies es tu palabra (la de Dios) y lumbrera a mi camino” (Salmo 119: 105). El purpurado barcelonés hace mutis respecto al Magisterio de la Iglesia Católica que es el que determina qué es Palabra de Dios o no lo es. El lector tiene que interpretarla a la luz de lo  que el Espíritu Santo le imparte. Pienso que el purpurado catalán tendría que prestar atención a lo que dice el profeta Isaías: “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).

Jesús tira de las orejas de los sabios y entendidos cuando dice: “Gracias te doy, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los niños” Mateo 11: 25). Los humildes de corazón guiados por el Espíritu Santo son quienes disciernen el verdadero sentido de la Biblia.


 

ISAÍAS 58: 13, 14

“Si evitas que tu pie profane el día de descanso, de hacer tu voluntad en mi día santo,  y lo llamas delicia, santo, glorioso del Señor, y lo veneras, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en el Señor, y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre, porque la boca del Señor lo ha dicho”

Este texto es una referencia clara de  Éxodo 20: 8-11 en donde Moisés escribe el Decálogo en donde establece que el sábado es el día para ser dedicado a Dios. Para nosotros los cristianos, tal como enseña el libro  de Hechos, el séptimo día se traslada al primer día de la semana en memoria de la resurrección de Cristo. Las exigencias son las mismas. Los cristianos tienen que separar el domingo como día para ser consagrado a Él. El texto de Isaías que sirve de base de esta meditación es un toque de atención para nosotros los cristianos que hemos convertido el día del Señor en un día de jolgorio y de satisfacciones sensuales. Acordarnos de Él nada de nada. Satisfacer a la carne es lo más importante. Deleitarnos en el Señor no consta en nuestro programa de actividades para este día santo.

Las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en los acontecimientos mundiales que los medios informativos se encargan de mantenlos bien vivos. Por otro lado, en la vida diaria, las consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en el día a día con el incremento de divorcios, conflictos familiares, aumento de trastornos mentales debido a la ansiedad, el miedo, la incertidumbre.

Jesús nos da la solución a estos conflictos, si no de manera  colectiva sí individual, cuando al final del  conocido Sermón de la Montaña, dice a sus oyentes: “Cualquiera que me oye estas palabras y las hace, le comparare a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa, y no cayó, porque estaba construida sobre la roca” (Mateo 7: 24, 25). Según la Biblia la Roca es Jesús. Las inclemencias del tiempo no afectan emocionalmente a quienes creen en Él “porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo” (1 Corintios 10: 4).

Le preocupan al lector los acontecimientos familiares, locales, nacionales, internacionales. Preste atención a lo que le dice Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestra almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo11: 28-30)     

 

diumenge, 1 de febrer del 2026

 

POLIAMOR 

El divorcio puede ser comprensible pero nunca deja de ser una ruptura irreparable

“Si alguien tiene un matrimonio cómodo, ama a la persona con quien convive, creo que es un buen compañero para toda la vida, le ayuda a cuidar a los hijos, pero que solo tiene problemas en el dormitorio, no debería divorciarse. La solución es buscar alguien fuera del hogar para poder satisfacer el aspecto que está fallando. Unos apuestan, otros beben. Y los hay que quieren dormir con otras personas. Esto es todo” (Noel Biderman, creador de Aslay Medison, la aplicación de citas para personas que desean mantener relaciones discretas).

A un actor conocido por su protagonismo en películas románticas se le preguntó: “¿Qué hace que un hombre sea un gran amante?” La respuesta que dio fue: “Un gran amante es alguien que satisface a una mujer durante toda su vida. Un gran amante no es alguien que va de mujer a mujer. Cualquier perro puede hacerlo”.

Rolly Roden Winter es una madre y esposa que apuesta por el poliamor porque “en la mitad de los matrimonios se dan infidelidades y lo tenemos integrado. Me parece más saludable plantearse un matrimonio abierto. Me relaciono con hombres solteros o con matrimonios abiertos. Lo más importante para mí es la honestidad, y es posible. y para mí vivir con honestidad es el camino de la libertad”.

El matrimonio es cosa de dos, no de tres, o un número indeterminado de relaciones sexuales bajo el paraguas de la libertad y de la honradez. El poliamor, por más justificantes que se encuentren, digámoslo claro, es adulterio. Dios que es el Creador del matrimonio estableció las normas para que los esposos sean felices, Con claridad meridiana declara que los adúlteros no entrarán en el reino de los cielos: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, ni los fornicarios ni los adúlteros…heredarán el reino de Dios. Y esto eráis algunos, mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el Nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de  nuestro Dios” (1 Corintios 6: 9-11).

La Palabra de Dios va más allá d los hechos consumados, se adentra en las profundidades del alma y resplandece en la oscuridad existente.¿ Qué ve este visitante tan a menudo no bien recibido? Jesús que es el Portavoz del Padre, respecto a este tema dijo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5: 27, 28). Aquí sí que no tenemos escapatoria. ¿Quién no se ha masturbado? Quien lo ha hecho no lo ha hecho es un vacío estéril. Lo ha hecho pensando en una persona  concreta. ¿Tendrá que pasar la eternidad sufriendo la furia del averno? Según la Ley de Dios, sí. Quien la hace, la paga.

Jesús vino aquí en la Tierra, además de comunicar el mensaje de Dios lo hizo con el propósito de pagar la deuda impagable que los pecadores tenemos con Dios. El apóstol Juan nos transmite un mensaje de esperanza: “Y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado…Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 7, 9).

El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia de Tesalónica, dice: “Porque ya sabéis que instrucciones os dimos por el Señor Jesús, pues la voluntad de Dios es vuestra santificación, que os apartéis de fornicación, que cada uno de vosotros sepa tener su esposa en santidad y honor, no en pasión de concupiscencia, como los incrédulos que no conocen a Dios” (1 Tesalonicenses 4: 2-5).

El mismo apóstol escribiendo a los cristianos de Corintio, les dice: “En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le es al hombre no tocar mujer, pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido, ni tampoco el marido tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. Y no os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo   consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración, y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (1  Corintios 7: 1-5).

Una perla que la Biblia añade al collar de la santidad conyugal: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla, pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13: 4).

Corolario: el tema del poliamor se parece a una mancha de aceite que se extiende: “Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 16: 25).

Octavi Pereña Cortina 

 

SALMO 105: 43-45

“Sacó a su pueblo con gozo, con júbilo a sus escogidos. Les dio las tierras de las naciones, y las labores de los pueblo heredaron, para que guardasen sus estatutos, cumpliesen sus leyes, ¡Aleluya!”

El texto que sirve de base a esta reflexión, si el lector es un verdadero cristiano guiado por el Espíritu Santo y que por la fe en Jesús se ha convertido en un hijo de Dios por adopción, el Señor será tu gozo, con júbilo de las terribles tinieblas espirituales que te envolvían te liberaste para convertirte en un miembro del cuerpo místico de Jesús. El Señor te sacó del reino de las tinieblas para introducirte en el reino de la luz, “para que guardases sus estatutos, cumpliesen sus leyes, ¡Aleluya!” Antes de que te convirtieses en un hijo de Dios por adopción por la por la fe en Jesús, vivías una vida mundana. Los deleites de los placeres de este mundo controlado por Satanás te atraían. Las delicias de la carne te seducían.

Por la gracia de Dios este tipo de vida se acabó. Los placeres terrenales se acabaron. Ahora tienes los ojos puestos en los bienes celestiales. Ahora, a pesar de que eres salvo por la fe en Jesús sigues siendo pecador. En tu interior existe una lucha entre el mal del pasado y el bien del presente. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó” (Romanos 8: 37). La lucha espiritual entre el bien y el mal durará todo el tiempo que vivas aquí en la tierra porque posees un cuerpo corruptible: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la Ley. Mas  gracias son dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15: 53- 57).

Antes no llegue el Día de la Victoria Final aceptemos la instrucción que el salmista  transmite respecto a la Palabra de Dios: “Toda la Palabra de Dios es limpia. Él es escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Salmo 30: 5, 6). La Palabra de Dios es la fuente de la que mana la fuerza que nos permite continuar la carrera que nos lleva a la meta donde recibiremos el premio de la VIDA ETERNA. Las penalidades del tiempo presente habrán dejado de existir eternamente.


 

JEREMIAS 2: 19

“Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te castigarán, sabe pues, y ve cuan malo y amargo es haber dejado  tu al Señor tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor Dios de los ejércitos”

Nos gusta eludir responsabilidades. Nos justificamos ante la maldad de la gente diciendo: “Esto yo no lo haré nunca”. ¿Qué dice la Biblia al respecto? “Os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala, y el que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4: 16, 17). Si supiésemos frenar nuestros labios habríamos avanzado mucho. En nuestra soberbia proclamamos a los cuatro vientos: “Esto yo no lo haré nunca”. Caemos de pie como los gatos. Acabada de proclamar nuestra bondad cometemos una maldad peor que la censurada. Las palabras de Santiago tendrían que despertarnos del sopor en que hemos caído: “Sabemos hace lo bueno pero no lo hacemos. Esto nos es pecado” (Santiago 4: 17).

¿Qué dice la Biblia respecto al pecado? “Como está escrito: No hay justo ni aún uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios, todos se desviaron, a una se hicieron inútiles, no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno, sepulcro abierto es su garganta, con su lengua engañan, veneno de áspides hay debajo de sus labios, su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran a derramar sangre, quebranto y amargura hay en sus caminos, y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Pero sabemos que lo que dice la Ley lo dice a los que están bajo la Ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo queda bajo el juicio de Dios, ya que por las obras de la Ley ningún ser humano será declarado justo delante de Él, porque por medio de la Ley es el conocimiento del pecado”  (Romanos 3: 10-20). Si el lector quiere ser sincero consigo mismo, en un punto u otro de la Ley de Dios hay un aguijón que te pincha acusándote: Eres culpable. Si crees que puedes guardar toda la Ley de Dios, te equivocas. Incluso los pecados veniales que menciona la Iglesia Católica son pecados que te condenan.

Presta atención a lo que escribe Santiago: “Porque cualquiera que guarde toda la Ley, pero ofende en un punto se hace culpable de todos” (2: 10). La Ley de Dios condena al lector a la muerte eterna. La misericordia del Señor como dice el apóstol Pablo te libera de ella: “¡Miserable de mí! ¿Quién me liberará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7: 24, 25).  

 

dissabte, 24 de gener del 2026

 

SALMO 116: 1

“Amo al Señor, porque Él escucha mi voz y mis súplicas”

Es posible que el salmista antes de convertirse al Señor fuese seguidor de uno de los muchos ídolos que Israel adoraba  debido al hecho de haberle dado la  espalda al Señor. Los ídolos tenían oídos que no oían. ¡Qué diferencia existe el ídolo y el Señor! El salmista con satisfacción exclama: “Amo al Señor, porque Él escucha mi voz y mis súplicas”  El ídolo es una imagen inerte que para lo único que sirve es para engañar a sus adoradores porque detrás de él, entre bastidores, se encuentra Satanás que “no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso y padre de mentira” (Juan 8: 44).

El salmista ama al Señor por un motivo muy importante: “Porque ha inclinado  mí su oído, por tanto lo invocaré en todos mis días” (v. 2). Muchas personas se sienten aisladas porque nadie las escucha. El salmista es un hombre afortunado porque en el Señor ha encontrado alguien que le presta atención. “Por tanto le invocaré todos mis días” (v. 2).

“Angustia y dolor había yo hallado” (v. 3). El lector ¿no se encuentra en una situación parecida?  Hijos  díscolos, enfermedades de larga duración, desempleo…Encontrándose el salmista en una situación traumática: “Entonces invoqué el Nombre del Señor diciendo: Oh Señor, libra ahora mi alma. Clemente es el Señor, y justo, sí, misericordioso es nuestro Dios. El Señor guarda a los sencillos, estaba yo postrado, y me salvó. Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque el Señor te ha hecho bien” (vv.4-7).

Desde la caída de Adán en pecado Satanás se ha convertido en el príncipe de este mundo que hace todo el mal que puede como enseña el libro de Job. Pero Satanás es como un perro atado  a una cadena. No puede hacer más daño de lo que le permite la longitud de la cadena. Limitado, sí, pero puede dañarnos. La situación del mundo es una muestra de que Satanás no se ha jubilado. Sigue activo.

La situación del mundo en que vivimos es convulsa. Guerras y rumores de guerras proliferan. Los cristianos a pesar que no somos ciudadanos de este mundo momentáneamente vivimos en él. Lo que le sucede nos afecta también a nosotros. Por eso es muy importante que recordemos las palabras de Jesús: ”Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras  almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11: 28-30).


 

JUAN 17: 20, 21

“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en Mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste”

El arzobispo de Tarragona Joan Planelles, en su escrito: “Mártires, es decir, testigos” (La Vanguardia 18/01/2026) escribe: “En esta semana que iniciamos la plegaria para la unidad de todos los cristianos tenemos que recordar, en primer lugar que los mártires “de la Iglesia antigua” son patrimonio de todas las confesiones, porque lo son de la Iglesia aún indivisa”.

La Iglesia católica es una iglesia narcisista: Yo, yo, yo. Es un mal irremediable. Confunde la unidad de los cristianos con un sometimiento de todos los cristianos a la autoridad papal. Creo que el texto que encabeza este escrito deja bien claro en qué consiste la unidad de los cristianos: No es una unidad  externa bajo la autoridad del Papa, sino una unidad mística por la fe en Jesús que es la Cabeza de su iglesia.

El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia de Corintio, dice: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, son un cuerpo con ella? Porque dice: los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con Él” (1Corintios 6: 1º5-17).

El apóstol Pablo lo deja bien claro cuando escribe: “Y lo dio (el Padre al Hijo) por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1: 22, 23).Todavía hay más que decir al respecto: “Y Él (Jesús) es la Cabeza del cuerpo que es la iglesia” (Colosenses 1: º18). Al referirse el apóstol al repartimiento de dones espirituales que hace el Espíritu Santo, escribe: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo…Además el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos…Porque si todos fuese un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo…Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”      (1 Corintios 12:11-31).

En la iglesia de Cristo no existe uniformidad sino diversidad de miembros que por la fe en Jesús el Espíritu Santo los ha injertado en la iglesia mística cuya cabeza es Cristo. Todos los miembros de esta iglesia son pecadores que por la fe en Él todos los pecados les han sido perdonados. En la iglesia que tiene por Cabeza a Jesús no hay lugar en ella para los impíos.

 

 

POBRES DE SOLEMNIDAD

“Abre tu boca y defiende el derecho del pobre y del necesitado”

Aporofobia: odio y menosprecio hacia el pobre. Las imágenes de seguidores de equipos de futbol vejando a pordioseros en Madrid, Barcelona y Roma, son aporofobia pura. Estos actos aporófobos que se han registrado en videos colgados en las redes sociales fueron cometidos por grupos envalentonados por sentimientos crueles y moralmente reprobables hacia el pobre de solemnidad. Los expertos alertan que este tipo de comportamiento  contra personas a las que se veja y humilla, dan por hecho que las víctimas no pueden presentar resistencia. Eso les hace sentir superiores. El gregarismo y el alcohol actúan de desinhibidores   que facilitan la burla pública hacia aquellas personas más vulnerables que saben que no opondrán resistencia

El odio crece, dicen los sicólogos. Los violentos afirman que los indigentes han llegado a la situación en que se encuentran por culpa suya. Para poner fin a la aporofobia     además de valores morales que escasean, tendríamos que preguntarnos porque la sociedad en general y los gobiernos en concreto no se afanan erradicarla. Una muestra de aporofòbia institucional  la ha dado el alcalde de Badalona García Obiol que ha desalojado de un edificio abandonado a unas trescientas personas en pleno invierno. Algunos partidos políticos tienen la aporofòbia  grabada en su ADN. Lo que es evidente es la deshumanización de la sociedad en general y de los políticos en concreto.

El ser humano tiene la tendencia de dejase guiar por el egoísmo. Primero yo y siempre yo. La solidaridad y la cooperación no se incluyen en nuestro programa de actividades. Tiene mucho sentido la anécdota que el viejo cheroque explicó a su nieto: “Todos llevamos dos lobos dentro: uno bueno y el otro malo”. Con la inocencia propia de un niño el nieto le pregunta a su abuelo: “¿Cuál de los dos es el que gana?” La pregunta puede hacernos sonreír. La realidad es estremecedora. En la mayoría de las ocasiones es el lobo malo quien gana.

Cuando nos referimos a la pobreza generalmente nos referimos a la andrajosa, la que contemplan nuestros ojos en calles y plazas. Teresa de Calcuta hace diana cuando dice: “La primera pobreza de los pueblos se manifiesta en no conocer a Cristo”. El problema se traslada de lo invisible a lo visible. El verdadero problema de la pobreza social no se encuentra en las muchas personas que no saben dónde caerse muertas, sino en aquellas que vestidas de seda y en su afán de almacenar más y más no saben dónde guardar los muchos bienes que poseen. Se comportan como el rico necio de la parábola que al no saber dónde guardar los bienes que poseía derribó los graneros para construir otros  de más grandes. ¿Qué le dijo el Señor al rico insensato?  “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has almacenado, ¿de quién será? Así es el que hace tesoro para sí, y no es rico para con Dios” (Lucas 12: 20, 21).

Todos, con más o menos intensidad llevamos incorporado el virus del rico insensato  que origina los males que padecemos. Nos complace quejarnos de los políticos. Nos gusta fijarnos en la mota que hay en sus ojos y somos ciegos a la biga que hay en nuestro propio ojo.

El Dr. Julio Ancoechea, neurólogo, describe una imagen que acostumbramos a ver en los lugares más inverosímiles: ”Cada  mañana ves en la puerta de una casa a un sin techo que duerme envuelto de mantas y papeles de periódico. Es una imagen cada vez más frecuente. Y los políticos peleándose”.

    Un doctor de la Ley le preguntó a Jesús: “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” Jesús le responde: “¿Qué hay en la Ley?  ¿Qué lees en ella?” El religioso le responde: “Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10: 27). Jesús le dice: “Bien has dicho, haz esto y  vivirás” (v. 28). El religioso queriendo justificarse, le pregunta a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?” (v. 29). Jesús le responde narrándole la parábola que se conoce como “El buen samaritano”. Un hombre que transitaba por un camino fue asaltado por una banda de malhechores que lo dieron por muerto. Poco después por aquel lugar pasaron un sacerdote y un levita. Ambos religiosos que no quisieron complicarse la vida, miraron al hombre tendido en el suelo, y pasaron sin atenderle. Poco después pasó por aquel mismo lugar un samaritano, por cierto, persona menospreciada por los judíos. Este hombre detuvo la cabalgadura, descendió de ella y prestó  los primeros auxilios al hombre herido y lo puso sobre el animal. Al llegar al mesón cuidó de él. Cuando partió dio dinero al mesonero para que cuidase de él.

Finalizada la narración Jesús le pregunta al doctor de la Ley: “¿Quién de estos tres te parece que fue el prójimo de la persona que cayó  en manos de los ladrones?” El religioso respondió correctamente al decirle a Jesús: El que fue misericordioso con él”. Entonces Jesús le dijo: “Ve, y haz tu lo mismo” (Lucas 10: 25-37). El texto no nos dice cómo reaccionó el religioso al saber que un menospreciado samaritano era su prójimo. La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Qué tenemos que hacer, según nuestras posibilidades, con tantas personas necesitadas que se encuentran en las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades?  No hagamos como los políticos que se pelean entre ellos, y bien poco hacen respecto a la indigencia que nos envuelve.

Octavi Pereña Cortina