dissabte, 7 de març del 2026

 

EL ENSUEÑO

¿Tienen futuro los sueños de grandeza que tenemos?

“He soñado que volaba/me alzaba hacia el cielo/cuando estaba lejos de la Tierra/me transformaba en una estrella/desde allí veía a los pueblos/las plazas y las ciudades/las montañas más agrestes/y los desiertos tan desolados/he visto pueblos en guerra/he visto a los muertos a millares/los niños llorando de hambre/he visto tantas cosa feas/tanta desgracia y dolor/que me he despertado de súbito/empapado de sudor/no me gustan las guerras/quiero que nos amemos todos/como nos amamos a nosotros/aquel niño de Belén/el nació para salvarnos/nos ofrece salvación/si aceptamos lo que Él nos da/el mundo sería mucho mejor” (María Carmona).

El ensueño de María quedó en esto: un ensueño.

Con tantas voces que claman que se acaben las guerras, ¿por qué estas no desaparecen? Santiago da respuesta a esta pregunta cuando escribe: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis, matáis y ardéis de envidia y no podéis alcanzar, combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4. 1-3).

¿Por qué pedimos de manera tan perversa? La respuesta a esta pregunta tenemos que ir a buscarla al inicio de la Historia, en el paraíso en donde Adán y Eva, como se dice: Vivian  felices y comían perdices. De súbito se presenta en el escenario paradisíaco Satanás vestido  de ángel de luz por haberse encarnado en la serpiente que en aquel entonces no era el animal repugnante en que se convirtió cuando Dios lo maldijo. Hasta aquel momento era una animal de bello aspecto que andaba de pie y que no causaba repulsa en Adán y Eva.

La serpiente portadora de Satanás se presenta ante Eva sin despertarle desconfianza. Las apariencias engañan. Satanás que es padre de mentira y homicida desde el principio se aproxima a Eva sin causarle repulsa, para engañarla y acusar a Dios de mentiroso porque no era verdad lo que le había dicho a Adán que “no comiese del árbol de la ciencia del bien y el mal, porque el día que de él comiese ciertamente moriría” (Génesis 2: 17). Satanás muestra su malignidad cuando le dice a Eva: “Sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3: 39. Eva se tragó la mentira. Puso los ojos en el árbol y comió el fruto que Dios le había dicho a Adán que no comisen. Acto seguido Eva se acercó a su marido y lo engaña como a un chino. Tan pronto como el fruto prohibido entró en la boca de Adán, en vez de ser como Dios, “fueron abiertos los ojos de ambos y conocieron que estaban desnudos” (Génesis 3. 7).

Transcurre el tiempo y el matrimonio tiene dos hijos: Caín y Abel. Los  chicos crecen. “Y Caín dijo a su hermano Abel: salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se lanzó contra su hermano Abel, y lo mató” (Génesis 4: 8). Es así como por medio de un fratricidio la violencia entró en el mundo y con el paso del tiempo se ha ido haciendo más sofisticada, cruel y extensiva.

Miguel Ángel Moratinos, ex ministro de exteriores del Gobierno de España en su escrito “La humanidad sobrevira”, el ex político entona el canto del cisne cuando escribe: “Ante estos dos grandes desafíos, los ciudadanos tendrían que levantarse y clamar por el fin de las guerras y que todo avance de la ciencia y del conocimiento se haga bajo un control democrático total y efectivo, con la máxima transparencia sobre el mundo oscuro de los algoritmos. Si resistimos a estas dos grandes amenazas, evitaremos que en el año 2026 siga erosionando los propósitos  que la humanidad había alcanzado a lo largo de estos veinte siglos. Será entonces que el Homo sapiens podrá ponerse de pie, volverse a levantar y estrechar las manos de sus hermanos para construir un mundo en paz, que respete el planeta Tierra y bajo un marco multilateral podamos decidir colectivamente nuestro futuro”. El ex ministro se comporta como un iluso si de verdad cree en lo que ha escrito.

¿Qué nos dice Jesús respecto a las guerras? Un día sus discípulos se le acercan para preguntarle. “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y que señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo les dijo: mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: yo soy el Cristo, y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras, mirad que no os turben, porque es necesario que todo esto acontezca, pero no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y habrá pestes, y  hambres, y terremotos en distintos lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24: 4-8).

En el momento de redactar este escrito ambos apuros ocupan los medios de comunicación. Mientras Satanás siga actuando sin freno desde detrás de las cortinas, los cataclismos ecológicos, las guerras, la violencia sin freno, seguirán ocupando espacio en los medos de comunicación. No hagamos caso  a los forjadores de opinión como Miguel Ángel Moratinos que nos quieren hacer creer que si el hombre se lo propone puede hacer desaparecer de sobre la capa de la Tierra  las guerras y todo tipo de violencia y convertir el Planeta en un oasis de paz. Individualmente  es posible que algunas personas, por la fe en Jesús se agarren a la cuerda que el Señor les lanza para sacarlos del lodazal que los amenaza con sepultarlos para que pongan los pies en la Roca que es el mismo. Así es como comenzarán a  disfrutar la vida eterna.

Octavi Pereña Cortina

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