dissabte, 7 de març del 2026

 

MARCOS 2: 17

“Al oír esto Jesús les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”

El texto que comentamos tiene que ver con el llamamiento de Leví hijo de Alfeo, más conocido como Mateo. Jesús al pasar por delante del banco de los tributos públicos vio sentado a Leví y le dijo “sígueme. Y levantándose le siguió”. Leví condujo a Jesús y a la comitiva que le seguía hasta su casa donde los obsequió con una exquisita comida.

El texto sigue diciendo: “Aconteció que estando Jesús a la mesa en la casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos, porque había muchos que le habían seguido” (v. 15). El texto especifica qué clase de personas eran las que estaban sentadas a la mesa: “publicanos y pecadores”. Los publicanos eran compañeros de Leví en la tarea de recaudar impuestos para Roma. Estos funcionarios públicos eran menospreciados por los sacerdotes y levitas, la casta religiosa dominante en aquellos días, por considerarlos traidores.

En el grupo de pecadores se encontraban las prostitutas y aquellas personas de mal vivir que eran la hez de la sociedad. Pues bien, los fariseos que se consideraban buenísimas personas por creer que eran estrictos cumplidores de toda la Ley de Dios no podían soportar que Jesús y sus discípulos estuviesen sentados juntos a la mesa con la chusma.

“Y los escribas y sacerdotes, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que Él come y bebe con los publicanos y pecadores?” (v.16). A Jesús que no le pasa por alto la acusación de los escribas y fariseos, les dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” A Jesús se le conoce como el amigo de los pecadores. El lector tiene que definirse a qué lado está con respecto a Jesús. Si se considera bueno y justo como lo hacían los fariseos, entonces Jesús será su enemigo. En cambio si te mira al espejo y te ves feo y arrugado por el pecado, entonces Jesús será tu amigo que ha venido a buscarte para que te arrepientas y goces de la vida eterna.


 

LUCAS 16: 13

“Ningún siervo puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”

Jesús ilustra el tema de las riquezas con la parábola que se conoce con el nombre “El rico y Lázaro”. El opulento “hacía cada día banquete con esplendor”. Vivía como un marajá, adulado por todos aquellos que sentaban a la mesa en la que se servían manjares exquisitos. En cambio Lázaro, el mendigo, “estaba echado a la puerta del rico, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico” Dos mundos opuestos juntos el uno con el otro.

Cuando llega la hora de la muerte, nadie se escapa de tener que comparecer  ante el tribunal de Dios para dar cuenta de todo lo hecho durante la existencia terrenal. El texto nos dice: “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado (su alma) por los ángeles en el seno de Abraham” No puede enaltecerse la pobreza como medio para alcanzar el favor de Dios. Jesús lo deja bien claro en El Sermón del monte cuando dice: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5: 3). Únicamente pueden llegar a ser hijos de  Dios aquellos que se reconocen pecadores y creen que Jesús es el Salvador.

Al rico de la parábola también le llega la hora de tener que presentarse ante el tribunal de Dios. El texto lo expone: “Murió también el rico y fue sepultado” Bien seguro con la presencia de las autoridades civiles y religiosas en el sepelio Fue un entierro con todos los honores. A diferencia de Lázaro que su alma “fue llevada por los  ángeles al seno de Abraham,  el epitafio escrito en la piedra del sepulcro del hombre rico es muy escueto: “Fue sepultado”.

De la bienaventuranza que gozaba el pobre Lázaro estando “el seno de Abraham” el texto no dice nada. En cambio, del lugar a donde fue llevada el alma del rico el texto es explícito: “Y en el Hades” (lugar a donde van las almas de los muertos condenados, en espera de la resurrección corporal), pidió a Abraham que enviase a Lázaro “para que moje la punta del dedo en agua, y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”.

En el tormento el rico se acuerda    de su familia y le pide a Abraham que envíe, en vida, al marginado Lázaro, a la casa de su padre y explique a sus familiares la realidad de lo que hay en el más allá. La respuesta que recibe es contundente: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguien se levante de los muertos” (Lucas 16: 19-319.

Hoy es el día de la salvación. Mañana tal vez no tengas la oportunidad de escuchar el anuncio del Evangelio: Jesús vino a buscar a pecadores al arrepentimiento.

 

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