GÉNESIS 42: 11
“Y
todos nosotros somos hijos de un varón, somos hombres honrados, tus siervos
nunca fueron espías”
En este texto aparece la palabra
honradez. Quienes la pronunciaron fueron los hermanos de José, hijos de Jacob,
que vendieron como esclavo a José a unos mercaderes madionitas que se dirigían
a Egipto que a su vez lo vendieron a
Potifar, funcionario del faraón. Falsamente acusado de intentar seducir a la
mujer de su amo, José fue enviado a prisión. Después dos funcionarios del
faraón ingresaron en la misma prisión. Ambos soñaron. José interpretó los
sueños que se cumplieron. El funcionario que fue indultado abandonó la cárcel y
se olvidó de José.
El faraón tuvo un sueño que le inquietó.
Llamó a los adivinos para que lo interpretasen. No lo consiguieron. Entonces el
funcionario indultado se acordó de José como interpretador de sueños y se lo
dijo al faraón. De inmediato el faraón hizo comparecer ante su presencia a
José. El faraón explicó el extraño sueño que había tenido. El significado fue
que vendrían siete años de una gran abundancia seguidos de otros siete de gran
penuria. El faraón nombra a José visir con el encargo de supervisar el
almacenaje de lo sobreabundancia de alimentos.
Jacob, padre de José, en Canaán se entera
que en Egipto hay abundancia de comida y envía a Egipto a 10 de sus hijos.
Estos se presentan ante José pero no lo reconocen. José duramente acusa a sus
hermanos de espías. Naturalmente lo niegan. Durante el interrogatorio dicen que
en Canaán vive su padre con un hijo pequeño. El interrogatorio sirvió para que
los hermanos de José se dijesen: “Verdaderamente
hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando
nos rogaba, y no lo escuchamos, por esto ha venido sobre nosotros esta
angustia” (v. 21).
Cuando José interroga a sus hermanos
éstos confiesan que son hombres honrados.
¿Pueden considerase honradas unas personas que planearon matar a su hermano
aun cuando después lo vendieron como esclavo y que para esconder su delito
mataron un cordero y con su sangre mancharon la túnica de su hermano para hacer creer a su padre que José
había sido destrozado por una bestia salvaje?
Las calamidades que nos golpean tendrían
que ser motivo de agradecimiento a Dios pues sirven para que despertemos del
ensueño de creer que somos buenas personas, honradas según los hermanos de
José. Nadie es bueno excepto Dios. Demos gracias al Señor si las calamidades
que nos azotan sirven para que exclamemos: Señor,
ten piedad de mí que soy pecador,
SALMO 32: 1
“Bienaventurado
aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado
el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay
engaño”
¿Quién es la persona cuya transgresión ha
sido perdonada, y cubierto su pecado? En un principio está al alcance de todos:
“Como está escrito: No hay justo ni aun
uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios, todos se desviaron, a
una se hicieron inútiles, no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno,
sepulcro abierto es su garganta, con su lengua engañan. Veneno de áspides hay
debajo de sus labios, su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies
se apresuran para derramar sangre quebranto y desventura hay en sus caminos, y
no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos”
(Romanos 3: 1-18). Esta descripción, ¿no encaja perfectamente con todo lo que
sucede en nuestro alrededor?, no nos olvidemos de nosotros mismos en quienes el
temor de Dios brilla por su ausencia. Lo cual nos impulsa a no hacer caso de la
Ley de Dios que nos dice qué tenemos que hacer para comportarnos como personas
justas.
¿Cómo podemos entrar a formar parte del
grupo de personas que son bienaventuradas porque sus transgresiones han sido
perdonadas? A continuación cito un texto un poco largo. Encarezco al
lector que lo lea pausadamente y
prestándole atención porque en él encontrará solución a la desventura que
amarga tu vida: “Pero ahora, aparte de la
Ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la Ley y los
profetas, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los
que creen en Él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados (perdonados los
pecados) gratuitamente por su gracia, por
medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como
propiciación por medio de la fe en su sangre (la de Jesús crucificado) para manifestar su justicia, a causa de
haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de
manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el Justo, y el que
justifica (perdona) al que es de la
fe en Jesús” (vv. 21-26). En nadie más hay salvación “porque no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en quien
podemos ser salvos” (Hechos 4: 12).
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