diumenge, 9 de novembre del 2025

 

HEBREOS 7: 25

“Por lo cual (Jesús) puede también salvar perpetuamente, a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal Sumo Sacerdote nos conviene, santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos”

Joan Josep Omella, cardenal arzobispo de Barcelona cierra su escrito “Todos los Santos y Fieles difuntos”, con estas palabras: “Ojalá que nadie muera solo. Ojalá que todos los moribundos al final de la vida, puedan encontrar el calor de la familia, de la comunidad cristiana y de la sociedad en general. Pidamos a Dios que un día nos acoja en su seno de amor, donde viviremos para siempre más con la gran familia de los santos. Que ellos intercedan por nosotros” ¿Es correcta la petición que hace el cardenal arzobispo de Barcelona que los santos que gozan de la presencia gloriosa de Jesús en el cielo pueden interceder por los humanos? Según la Biblia ”toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para refutar, para corregir, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3: 16, 17), es totalmente imposible que los difuntos que gozan de la presencia gloriosa del Señor puedan interceder por los que viven en la tierra. Entre los difuntos que gozan de la presencia de Dios y los vivos en la tierra existe un abismo infranqueable que separa los unos de los otros.

“Quien es el que condenará?  Cristo es el que murió, más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por vosotros” (Romanos 8: 34). Jesús sentado a la diestra del Padre ejerciendo de Sumo Sacerdote intercede por los suyos para que no les falte la fe. “Por lo cual” (Jesús) puede salvar perpetuamente, a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal Sumo Sacerdote nos conviene, santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos”.

Para los creyentes en Cristo la muerte no es el final del trayecto, sino la puerta que tenemos que cruzar para presentarnos delante del trono de la gracia de Dios en espera de la resurrección de nuestros cuerpos que son templo del Espíritu Santo.


 

SALMO 68: 6

“Dios hace habitar en familia a los desamparados”

Un problema que se le plantea a la sociedad es la extrema soledad en que viven muchos ancianos que han enviudado. Se busca la manera de encontrar la forma de conseguir que la soledad se haga más llevadora. Se pretende hacerlo con los animales de compañía y por medio de entidades benéficas, residencias de pago, donde sus familiares pueden visitarlos. Ni los animales de compañía, ni las visitas de los familiares  en las residencias pueden resolver el problema porque no pueden entrar en lo profundo del alma que es donde reside la verdadera soledad.

El texto que comentamos es claro: “Dios hace habitar en familia a los desamparados”. Sin Dios el corazón de las personas está vacío. Se intenta solucionar la vacuidad del alma por medio de ayudas externas: Viajes, espectáculos, fiestas…Mientras no se llega a la ancianidad y se vive en pareja el vacío no se nota tanto. ¡Ay cuando uno de los conyugues fallece! La vejez no permite viajar, ir de fiesta, ni distracciones diversas. Nada satisface. La solución se encuentra en ser un verdadero creyente en Dios el Padre de nuestro Señor Jesucristo que “hace habitar en familia a los desamparados” ¿Cómo se las apaña Dios para llegar a lo más profundo del alma?

El apóstol Pablo escribiendo a los cristianos de Corintio les dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?  (1 Corintios 3: 16). Esta es una noticia sorprendente. Yo que soy un vaso tan frágil, que se rompe con suma facilidad, ¿puedo ser templo de Dios? ¿El infinito viviendo en mí? Sí, Señor. Por la gracia de Dios y por la fe en Jesús el lector puede convertirse en templo de Dios. En la misma carta a los Corintios el apóstol escribe: “Y Dios que levantó al Señor, también nos levantará con su poder…el que se une al Señor, un espíritu es con Él… ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y no sois vuestros? (2 Corintios 6: 14, 17-18) .Es muy posible que el lector desconozca esta doctrina que enseña que el creyente en Cristo por el Espíritu Santo se ha convertido en templo de Dios. Cuando la situación es adversa no es necesario salir precipitadamente de casa para ir a arrodillarnos ante el sagrario. A Dios por el Espíritu lo tenemos dentro de nuestro propio cuerpo, es por ello que Dios “hace habitar en familia a los desamparados”. La soledad existencial no existe para el creyente en Cristo.

 

 

BURN OUT

La justicia despolitizada merece que se la restaure

“Burnt out” es una palabra inglesa que significa quemar. Se aplica a los trastornos mentales que sufren las personas que trabajan en exceso, que están sujetas a fuertes presiones laborales o escolares, sometidas a acoso. La consecuencia de los trastornos mentales que se concentran en “burn out” es que los problemas mentales que son de origen espiritual se convierten en una cuestión de sanidad pública que se pretende resolverlos con la medicación.

“Le dijo (a Jesús) uno de la multitud: Maestro di a mi hermano que parta conmigo la herencia” (Lucas 12: 13). En respuesta a esta petición Jesús le dijo: “Mirad, y guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre  no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. También les contó una parábola: “La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí: ¿Qué haré, porque no tengo donde guardar mis frutos? Y dijo: esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años, repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace tesoro, y no es rico con Dios” (vv. 15-21).

Es necesario saber distinguir entre la ambición sana que sirve para prosperar, y la codicia que como al rico de la parábola tiene una avidez sin límite de acumular porque es feliz acumulando. Estalla el “burn out” y, deprisa y corriendo la  visita a un siquiatra para que le recete unas pastillas porque padece un trastorno mental insoportable.

Uno de los mandamientos dice: “No codiciarás nada que sea del otro” (Éxodo 20: 12).  Quien no es rico con Dios es un pordiosero que nunca tiene suficiente con lo que tiene. Razón tiene el tango que dice quien tiene un peso quiere tener dos. Cuando se tienen dos se quieren cuatro. Y así sucesivamente. El lema del codicioso es: más, más. El antídoto contra el “burn out” que provoca la codicia insana se debe a que no se es rico con Dios. La pobreza en Dios nos la recuerda el mandamiento: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra, pero el séptimo  día es reposo para el Señor tu Dios, no hagas en él obra alguna…Porque en seis días  hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en él hay, y reposó en el séptimo día, por tanto, el Señor  bendijo el día de descanso y lo santificó” (Éxodo 20: 8-11). El rico de la parábola era millonario en bienes y dinero, pero muy pobre en Dios.

Jetro suegro de Moisés cogió a la mujer de su yerno y a sus dos hijos y se fue a visitarlo. Al verle tan atareado atendiendo las quejas del pueblo, le dijo: “¿Qué es esto que tú haces con el pueblo?  ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la noche?…Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo, porque el trabajo es demasiado pesado para ti, no podrás hacerlo tú solo…” (Éxodo 18: 14, 17, 18). Jetro que era un hombre sabio y temeroso de Dios aconsejó a su yerno que escogiese de entre el pueblo a hombres sabios y temerosos de Dios para que juzgaran las causas menores y se encargase él de las difíciles. A pesar que Moisés era hombre de Dios, como pecador que era, necesitaba el consejo de un hombre sabio como lo era su suegro.

La epidemia de trastornos mentales que padecemos cada vez más personas más jóvenes, incluso adolescentes y niños, tendríamos que reflexionar la causa que los produce. El consejo que no da Jesús tendría que ser motivo de prestarle atención: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11: 28-30).

Octavi Pereña Cortina

diumenge, 2 de novembre del 2025

 

MATEO 16: 15    

“Jesús les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que yo soy?”

Jesús y sus discípulos se encentran en la región de Cesarea  de Filipo, región, por cierto, plagada de templos dedicados a las divinidades paganas. En este territorio tan adverso a la fe cristiana, Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres  que es el Hijo del Hombre?” respondieron: “Unos Juan el Bautista, otros Elías, y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Dirigiéndose Jesús  a sus discípulos les pregunta: “Y vosotros, ¿quién decís que yo soy?” Es una pregunta que no tiene escapatoria. El impulsivo Pedro anteponiéndose a sus compañeros, le responde: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. La respuesta que Jesús da a la declaración de Pedro es algo que tiene que tenerse en consideración: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. Las palabras que Jesús dice a Pedro están en sintonía con la enseñanza del apóstol Pablo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no es de vosotros, pues es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe”  (Efesios 2: 8, 9).

La fe no es una obra meritoria de la que el creyente pueda vanagloriarse. Es un don, un regalo que Dios da graciosamente a quien le parezca. La conversión de Saulo de Tarso, más tarde conocido como el apóstol Pablo. Pablo, siendo fariseo fue perseguidor a muerte de cristianos. Esteban fue víctima del odio de Saulo. Dirigiéndose Saulo a Damasco con el encargo del sumo sacerdote para dar muerte a los cristianos que había en la ciudad, ocurrió algo sorprendente: “Repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo, y cayendo en tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y él dijo: ¿Quién eres Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús a quién tú persigues, dura cosa es dar coces contra el aguijón” (Hechos 9: 1-19). De este encuentro que Saulo tuvo con Jesús, por el poder de Dios apareció en el escenario religioso Pablo de Tarso que de perseguidor de cristianos se convirtió por la gracia de Dios en cristiano. Que de gozar el favor del sumo sacerdote, se convirtió  en diana de la ira sacerdotal.

La conversión de Saulo de Tarso a  Cristo ilustra con luz meridiana la iniciativa de Jesús a la hora de salvar al pecador y la respuesta del hombre a la iniciativa divina.


 

JOSUÉ 9: 14

“Pero no pidieron consejo de la boca del Señor”

Como era imparable el avance de los israelitas por la Tierra Prometida, los gabaonitas diseñaron un plan para impedir su destrucción. Enviaron a unos falsos embajadores a parlamentar con Josué. Antes de emprender el viaje se cubrieron con ropaje viejo y descosido: “Y todo el pan que traían para el camino era seco y mohoso”. Con su aspecto andrajoso, los falsos embajadores simulaban proceder de un país lejano. Se presentaron ante Josué para pactar una alianza con Israel. Las dudas que en un principio pudo tener Josué desaparecieron a ante  las explicaciones que le dieron y su aspecto andrajoso. “Y Josué hizo paz con ellos, y celebró con ellos alianza concediéndoles la vida, y también lo juraron los príncipes de la congregación” (v. 15). Pasado tres días descubrieron que los gabaonitas los  tenían al alcance de la mano.

Josué y los dirigentes de Israel respetaron el acuerdo que habían jurado. Pero el pueblo murmuró por el pacto de paz que sus dirigentes habían concertado con  los  gabaonitas. “Nosotros lo hemos jurado por el Señor Dios de Israel, por tanto ahora no los podemos tocar” (v.19).

El pacto de Josué con los gabaonitas por el hecho de constar en la Biblia que es Palabra de Dios por haber sido Josué inspirado por el Espíritu Santo a incluirlo en las Sagradas Escrituras, por tanto “es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,  a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3: 16, 17). Es de obligado cumplimiento para todos los creyentes en Cristo.

Josué y los dirigentes de Israel juraron dar protección a los gabaonitas. Las quejas del pueblo no les hicieron cambiar de parecer. Acostumbramos a anular las promesas si nos perjudican. Jesús nos dice: “Sea vuestro hablar: Sí, sí, no, no, porque lo que es más de esto, del maligno procede” (Mateo 5: 37). El contexto de estas palabras del Señor es el perjurio, jurar en falso. El Señor nos dice que no tenemos que hacerlo. Tenemos que limitarnos a decir en cualquier circunstancia. Sí o no “porque lo que es más de esto, del maligno procede”, que es el padre de la mentira.  

 

 

¿TIENE SENTIDO LA EXISTENCIA?

Si encuentras que el cristianismo te cansa, que te chupa energía, entonces es que practicas una religión más que vivir en la fe de Jesús

“Nuestra sociedad está concentrada en el presente inmediato y en todo aquello que es útil. Posponemos las grandes preguntas, como la de la muerte. Tenemos miedo. Los grandes relatos de antes nos proporcionaban una orientación y eran brújulas para transitar por los temas delicados, han entrado en crisis. Hemos dejado de creer, no tenemos certezas. Somos una cultura crítica, nos hemos quedado con las manos vacías. Ni los informes científicos, ni la experimentación, ni el conocimiento, satisfacen las expectativas  que cubría la fe. Nos enfrentamos a un precipicio y no sabemos qué nos espera en lo profundo. ¿Qué nos espera después de la muerte?” (Núria Castells. ¿Dónde encontrar el relato que nos oriente, que sirva de brújula que nos guie cuando nos enfrentamos con un tema tan delicado como lo es la muerte, que tanto enojo nos causa, y del que no queremos oír habar? A pesar de nuestro rechazo, más pronto o más tarde nos veremos obligados a enfrentarnos a ella. Por ser descendencia de Adán todos moriremos. ¿Cómo podemos saber cuándo nos llegue la muerte nos convertiremos en polvo o conservaremos nuestra identidad en condiciones infinitivamente mejores que la actual? La resurrección es la clave para descubrir qué es lo que nos espera después de la muerte del cuerpo.

El apóstol Pablo hace esta declaración: “Teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos” (Hechos 24: 15). Esta declaración nos saca de dudas. De polvo nada de nada. Llegará un día, la fecha la desconocemos, pero la resurrección de Jesús es la garantía de que en su día se producirá la de los muertos. Los sepulcros, las profundidades de los mares, los que se han convertido en banquete de las bestias,  los que vivirán en el momento en que Jesús venga en su gloria, sin perderse ni uno, todos resucitarán con cuerpos espirituales. En este momento futuro, “cuando esto corruptible se vista de incorrupción, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado la Ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio  de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:54-57).

En la iglesia apostólica había algunos que afirmaban que no había resurrección de los muertos. A estos incrédulos el apóstol les dice: “Pero si se predica de Cristo que resucitó  de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de los muertos? Porque si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios, porque hemos testificado de Dios que Él resucitó a Cristo, el cual no resucitó, si es verdad que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó, y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana, aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de compasión de todos los hombres”.

El apóstol prosigue su argumentación con un cántico de victoria: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre (Adán), también por un hombre (Jesús), la resurrección de los muertos. Porque así que en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios15: 12-22).

El cántico de victoria del apóstol se centra en quienes creen en Cristo y que ya gozan de la vida eterna y que todavía no han alcanzado la perfección. Deja a un lado la resurrección de los injustos. Durante el tiempo presente los creyentes en Cristo gozan de la vida eterna sin haber alcanzado la perfección a que son llamados porque siguen siendo pecadores. Cuando llegue el día de la resurrección alcanzarán la plena imagen y semejanza de Dios.

“A pesar que no soy lo que tendría que ser, ni lo que deseo ser, de verdad puedo decir que no soy el de antes. Por la gracia de Dios soy el que soy” (John Newton).

Octavi Pereña Cortina

diumenge, 26 d’octubre del 2025

 

SALMO 51: 17

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado, al corazón contrito y humillado no despreciaras, tú, oh Dios”

Los siete primeros versículos de este salmo sapiencial se tienen que tener en cuenta si es que verdaderamente el lector desea crecer espiritualmente. El salmo lo escribe el rey David después que el profeta Natán le reprendiese por haber por haber cometido adulterio con Betsabé, esposa de Hurias, que en aquel momento se encontraba en el campo de batalla. Así dicen los versículos mencionados: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia, conforme a la multitud de tus piedades lava mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por justo en tu juicio. He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tu amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio, lávame y seré más blanco que la nieve”

Si el lector lee atentamente este salmo y le pide al Señor que le unja con el Espíritu Santo se dará cuenta enseguida que rechaza totalmente la práctica religiosa como  medio para alcanzar el favor de Dios: “Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza, porque no quieres sacrificio que yo lo daría, no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado, al corazón contrito y humillado no despreciarás, tú, oh Dios” (vv, 15-17). Estos versículos trasladados a nuestros días significan que ni la confesión auricular con un sacerdote, ni ayunos, ni abstinencias, ni flagelaciones, ni peregrinaciones a lugares considerados santos, no sirven de nada para alcanzar el favor de Dios.

En sueños el Espíritu Santo habló a José que tenía que casarse con María que lo que es esta “es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1: 20, 21).

Concluyo este comentario con las palabras que el apóstol Pablo escribe a los cristianos de Éfeso: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no es de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2: 8-10).


 

SALMO 58: 3

“Se apartaron los impíos desde la matriz, se desviaron hablando mentira desde que nacieron”

Como consecuencia del pecado de Adán toda su descendencia nace marcada por el pecado. Algunos dicen que los hijos son engendrados sin pecado y que la influencia externa es la responsable de que adquieran hábitos malos.

El salmo 58 trata de manera muy concreta la cuestión de la maldad humana. Comienza el poema diciendo: “Oh congregación, ¿pronunciaréis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente hijos de los hombres? Antes en el corazón maquináis iniquidades, hacéis pasar la violencia de vuestras manos en la tierra”. Este texto se refiere a personas adultas que se comportan malvadamente. El versículo que encabeza este escrito expone el origen de la maldad de los adultos.

La Iglesia Católica conocedora de la realidad infantil practica el bautismo de recién nacidos  por aspersión porque considera que el agua bautismal bendecida por el sacerdote tiene poder para limpiar el pecado del bebé. Ceremonia inútil porque el agua bendecida que el cura asperje sobre la cabeza del recién nacido no posee ningún poder de limpiar pecados.

Jesús se encontraba en Capernaum y como era habitual arrastraba multitudes. Entonces trajeron a un paralítico y al   no poder acceder a Él hicieron una obertura en el techo de la casa donde se encontraba Jesús “y bajaron la camilla en que yacía el paralítico”. Al ver Jesús su fe dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Entre la multitud se encontraban “algunos escribas que cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién pude perdonar pecados, sino solo Dios? Los mencionaos escribas al considerar que Jesús era un hombre como todos los otros tenían toda la razón al decir que no podía perdonar los pecados. Conociendo Jesús los pensamientos de aquellos escribas, les dice: “Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir al paralítico: tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate toma tu lecho y anda. Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, dijo al paralítico: A ti te digo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa. Entonces él se levantó enseguida, y tomando su camilla salí de delante de todos” (Marcos 2: 1-12).

Resumiendo: Cree en el Señor Jesucristo y, y sin añadir nada, tus pecados te serán perdonados, porque la sangre que Jesús vertió en la cruz tiene el poder de limpiar todos tus pecados.

 

 

LA LEY DEL TALIÓN  

El problema de la justicia es una cuestión espiritual que tiene que resolverse espiritualmente

La ley del talión es una ley que tendría que supervisar todas las sentencias que dictan los jueces. Por una mala interpretación que se ha hecho de la mencionada ley, se la ha desacreditado. Magí Camps, en su escrito: “Volvamos a la ley del talión, por favor”, se encarga de sacarla del fondo del armario donde desprestigiada ha quedado arrinconada. Quita las telarañas que la envuelven y la pone en el lugar del que nunca tenía que haber salido en la administración de justicia.

Camps comienza así su escrito: “Cuando en la escuela nos explicaban la ley del talión que se nos vendía como el primer código de justicia del que se tiene constancia, a mí me parecía muy bestia. Año tras año volvía a oír la ley del talión, y yo continuaba pensando lo mismo, hasta que un maestro más capacitado que los anteriores nos hizo ver que es una ley justa y nos refirió los motivos”.

“¿Qué dice esta controvertida ley? Josep Borrell la interpreta así: “La masacre de Gaza es el paradigma (ejemplo) perfecto de  los estragos que produce la ley del talión: diente por diente, ojo por ojo elevada a la máxima potencia”.

Realmente, ¿qué dice esta controvertida ley? Para saberlo necesariamente tenemos que ir Éxodo 21: 22-25. Este es el texto bíblico  que la describe: “Si algunos riñen, e hieren a una mujer embarazada, y ésta aborta, pero sin haber muerte, serán penados, conforme a lo que les impusiese el marido de la mujer y juzgasen los jueces. Pero si hubiese muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”. Pongamos un ejemplo: si dos pelean y uno de ellos pierde un ojo el juez tiene que sentenciar según un ojo, no por los dos. Hablemos de algo de rabiosa actualidad: Hamás se equivocó atacando a Israel, pero Netanyahu se ha extralimitado con la destrucción, la mortalidad y el sufrimiento del pueblo palestino. Viendo lo que sucede en Gaza es urgente que se recupere el espíritu de la ley del talión.

La justicia no es perfecta porque las leyes tampoco lo son. Los jueces que tienen que administrarla al no ser justos no pueden administrar justicia justa. Analicemos unos pocos textos bíblicos entre los muchos que tratan el tema que nos preocupa.

Una sentencia muy adecuada al tema que nos interesa cuelga en la pared del salón de justicia del ayuntamiento de Huesca: “Quien desee administrar justicia cierre los ojos al odio y a la enemistad”. Quienes tienen que administrar justicia, no lo olvidemos son personas pecadoras y predispuestas a la injusticia. Prestemos atención a los consejos que nos dan los textos bíblicos que de entre los muchos citaré.

“Y puso jueces en todas las ciudades fortificadas de Judá, por todos los lugares. Y dijo a los jueces: Mirad lo que hacéis, porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar del Señor, el cual está con vosotros cuando juzgáis. Sea, pues con vosotros el temor del Señor,  y mirad lo que hacéis, porque en el Señor nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de cohecho” (2 Crónicas 19: 5-7). Los jueces tenían que ser personas temerosas de Dios. Se lo tenían que pensar dos veces antes de dictar sentencia porque administraban justicia en representación del Dios justo.

“No admitirás falso rumor. No te concentrarás con el impío para ser testigo falso. No seguirás a los muchos para hacer mal, ni responderéis en los litigios inclinándote a los más para hacer agravios, ni al pobre distinguirás en su causa” (Éxodo 23: 1-3). Cuando los jueces suben al estrado lo hacen en representación de Dios justo. Tienen que asegurarse de no cometer ninguna injusticia.

“El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominables al Señor” (Proverbios 17: 15). La justa administración de justicia es muy importante en un Estado de derecho porque: “Porque la justicia enaltece a la nación, pero el pecado es la afrenta de las naciones” (Proverbios 14: 34). En una sociedad materialista como lo es la nuestra se valora mucho el progreso económico, pero al marginar la justicia nos autodestruimos al lanzamos al precipicio. Como muestra un botón con todo lo que sucede.

Los jueces por ser pecadores a pesar que puedan ser muy religiosos, la mayoría son ateos. ¿Cómo pueden ser temerosos de Dios que es el principio de la sabiduría? Jesús narra la parábola que se la conoce como la del “juez injusto” (Lucas 18: 1-8). Había una viuda que acudía al juez para que le hiciese justicia contra su adversario. Un día sí y otro también la viuda acudía al juez para que le hiciese justicia. Harto el magistrado, para sacarse de encima a la inoportuna mujer decide hacerle justicia. Al final de la parábola Jesús añade una coletilla: “Si el juez injusto hizo aquello, ¿acaso el Señor no hará justicia a sus escogidos que claman a Él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

Jesús nos transporta de la justicia humana a la divina. La humana ya sabemos cómo es.   De la divina tenemos que creer lo que Jesús dice de ella. “¿acaso el Señor no hará justicia a sus escogidos que claman a Él día y noche? Si el lector es uno de aquellos que claman al Señor noche y día, tenga por cierto que la sangre de Jesús le ha limpiado todos sus pecados. Tiene abierta de par en par la puerta que da acceso al reino de Dios. La justicia divina no excluye a nadie que se acoja a ella.

Octavi Pereña Cortina

diumenge, 19 d’octubre del 2025

 

EL VENENO DEL ODIO

“Los que aman al Señor, odian el mal” (Salmo 97:10)

“Y la política no resuelve esta niebla de rabia y cabreo que padecemos, porque unos ganan votos y a los otros les suda el mal que hacen. Y los otros pierden votos y todavía no han entendido que existe un antídoto contra la rabia: la verdad” (Anna María Martí).

El periodista Eusebio Val le pregunta a la filósofa Casiraghi: “¿Qué pasión negativa le inquieta más?” La respuesta: ”El odio. El discurso del odio se infiltra por todas partes. Empieza con pequeñas frases, burlas, estigmatizaciones. Es lo que más me inquieta: Excluir de la sociedad a una parte de las personas. ¿Por qué se llega a pensar que a ellas no se les tienen que aplicar los derechos humanos?  A mí esto es insoportable. Hemos vivido hechos muy catastróficos de genocidios y todavía existen muchos lugares de extrema fragilidad donde puede desencadenarse. Creo que no somos lo suficiente conscientes”.

El antídoto contra el odio es el amor. ¿Qué es amor?  Se recomienda mucho el amor especialmente en situaciones tan críticas como la actual donde las diferencias políticas se resuelven con la ley del más fuerte: el genocidio. Muchas reuniones políticas al más alto nivel para poner fin a los genocidios vigentes. Estos persisten. El amor que puede frenarlos es mucho más que una cuestión filosófica o moral. Es una cuestión de ser hijo de Dios por la fe en el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por la fe en este Dios único el creyente se convierte en templo del Espíritu Santo: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3: 16), y, “el fruto del Espíritu es amor” (Gálatas 5: 22), “porque el amor de Dios ha sido derramado en vuestros corazones por el espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5. 5).

El vacío que deja en nuestros corazones  la ausencia del Espíritu Santo lo llena el odio: “que incita a discordias” (Proverbios 10: 12). Si la mayoría de la sociedad es atea, a pesar que pueda ser muy religiosa, la consecuencia lógica es que el odio impere con más o menos intensidad. “Los que aman al Señor”, son templos del espíritu Santo y, “aborrecen el mal” (Salmo 97: 10).

Como creación de Dios lo somos a imagen y semejanza suya (Génesis 1: 26). Debido al pecado de Adán dicha semejanza se hizo pedazos, pero queda algo de ella aunque muy desfigurada. A causa de ello el amor que queda muy descafeinado. Amamos a nuestros familiares, a las personas que nos caen bien. Pero excluimos aquellas que son distintas, que nos desagradan. El amor que excluye no es el de Dios. “El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado  los ojos” (1 Juan 2: 9-11).

Se acostumbra a decir que somos buenas personas. Que no hemos hecho mal a nadie. La Biblia es clara al respecto: “Todo aquel que odia a su hermano es homicida” (1 Juan 3: 15). Esta declaración es muy dura. Emparenta a quien odia con Satanás “que es homicida desde el principio” (Juan 8: 44). Quizás no mata con un tiro a la nuca. Pero mata espiritualmente.

“Jesús es la vida, y la vida es la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1: 4, 5). Las personas que son ciegas debido a las tinieblas, no tienen la luz de la vida (Juan 8: 12). El nombre Jesús es muy conocido, tanto es así que incluso una de la torres del templo de la Sagrada Familia de Barcelona ha sido bautizada con dicho Nombre. Pero Jesús sigue siendo el gran desconocido. Se le alaba de labios, pero los corazones de dichos adoradores están muy lejos de Él. La adoración superficial que se rinde a Jesús asistiendo a la misa católica o al culto evangélico, no hace desaparecer las tinieblas malignas. “Yo (Jesús), la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12: 46). “Yo (Jesús) soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8: 12). “Yo (Jesús), la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12: 46).

El mundo sin Cristo que es la luz del mundo está envuelto de espesas tinieblas espirituales que le impiden ver el camino a la vida. Quienes están envueltos de tinieblas espirituales, a pesar de las quejas por sus consecuencias, se encuentran a gusto en ellas. Se dan personas que les incomoda vivir en tinieblas espirituales. No se encuentran a gusto con su ceguera. Estos invidentes se comportan como el ciego Bartimeo que cuando escuchó que Jesús estaba cerca “comenzó a dar voces y decir: ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí! Muchos le reprendían para que callase, pero el ciego persistía en gritar. “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” Al final llevaron al ciego ante Jesús que le dijo: “¿Qué quieres que te haga?” El ciego le respondió: “Maestro, que recobre la vista”. Jesús que es misericordia pura le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado” (Marcos 10: 46-52). El ciego Bartimeo es una muestra de que Jesús puede devolver la vista espiritual si los ciegos que se lo piden. El amor de Dios en el corazón elimina el odio que existía en él.

Octavi Pereña Cortina