diumenge, 31 d’agost del 2025

 

OBEDIENCIA CIEGA

La renuncia a la razón es el primer paso hacia la autodestrucción

El gobierno anterior de las Hijas del Amor Misericordioso promovía “la confianza en Dios y el abandono a su voluntad”. Las denuncias de los familiares dicen que este supuesto abandono encubre “técnicas de dominio y control mental” (Domingo Marchena).

San Ignacio de Loyola decía: “La teoría puntual y la práctica comuna de la obediencia ciega como sacrificio del  intelecto no serían lo que son. A menudo se habla del sacrificio del intelecto para describir la exigencia que la Iglesia hace a los fieles cuando les exige que acepten como objeto de creencia milagros, dogmas y sacramentos que parecen contradecir a la racionalidad. La carta que el 20 de marzo de 1553 Ignacio de Loyola escribió a los jesuitas portugueses expresa que “todo lo que el superior ordena es una orden de Dios nuestro Señor y su santísima voluntad”. Acto seguido, para terminar de pintar la clase de entrega que  se espera hacia los que mandan, añade: “A ciegas, sin ninguna inquisición, proceder, con el ímpetu y la rapidez de la voluntad deseosa de obedecer a la ejecución de lo que se ha mandado”. Las Constituciones de la Compañía de Jesús, cinco años después precisaban muy gráficamente que quien vive en la obediencia se tiene que dejar guiar y conducir por la providencia divina a través del suprior  “como si fuese un cadáver que puede ser llevado a cualquier lugar y tratado de cualquier manera”. Pero la idea de la obediencia ciega entendida como sacrificio de la inteligencia forma parte de las raíces cristianas de Europa sobrevive secularizada como herencia de la Contrarreforma, por todos lados y en muchas mentes” (Extracto del escrito de Josep Maria Ruiz Simon: “El sacrificio del intelecto” (La Vanguardia 29/07/2025). El escrito de Ruiz Simon hace poner los cabellos de punta al ver como la Religión que tendría que utilizarse para liberar a los hombres de los demonios que los poseen, se utiliza de manera sectaria como en el caso de las mencionadas Hijas del Amor Misericordioso.

Un estudio elaborado por la Universidad Rovira Virgili, concluye: “Que los sustitutivos de la religión, la fe y también de la medicina convencional han llegado para ocupar una parte del vacío que multitud de personas tienen, incapaces de encontrar respuesta a sus inquietudes”. El mencionado escrito destaca lo que llama “el mercado de la insatisfacción”. La presencia de las nuevas religiones en el mercado de la espiritualidad se debe a que el cristianismo tradicional es incapaz de ofrecer a las personas que compran en el “mercado de la insatisfacción” el mensaje que llenaría el vacío al que ha llevado el ateísmo y materialismo imperantes. Mientras las personas sigan alimentándose con sucedáneos del verdadero alimento espiritual, la insatisfacción que los lleva  a ponerse en las manos de desaprensivos, sean religiosos o laicos, a pesar de que sean unos imbéciles que los seducen con promesas que no pueden cumplir. Si despiertan descubren que están atrapados en las garras  de malvados carismáticos de las cuales no pueden liberarse de no ser por la intervención de un poder superior al suyo: “Si el Hijo (Jesús) os libera seréis verdaderamente libres” (Juan 8: 36).

Jesús nos alerta del peligro que representa el sectarismo que tratamos en este escrito, cuando dice: “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos” (Mateo 24: 11). Este anunció no tardó mucho en empezar a cumplirse. En pleno apogeo de la iglesia apostólica ya comenzó a realizarse. El apóstol Pablo nos avisa cuando despidiéndose de los ancianos de la iglesia de Éfeso, les  dice: “Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios. Por tanto mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto como pastores para apacentar la iglesia del Señor, la cual Él ganó con su propia sangre. Porque después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para arrastrar tras a los discípulos. Por tanto velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar  con lágrimas a cada uno. Y ahora, hermanos, os recomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hechos 20: 27-32). “Pero el Espíritu Santo dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4: 1). Si esto ocurría ya en la época apostólica, ¿cómo no tenemos que vigilar más atentamente en nuestros días? “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para corregir, para redargüir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3: 16, 17).

El antídoto contra la infiltración del sectarismo satánico en las iglesias nos lo proporciona el apóstol Pablo cuando escribiendo a su discípulo Timoteo, que por formar parte de la Biblia, es de gran utilidad en nuestros días: “Te encarezco delante de Dios y del  Señor Jesucristo…que prediques la Palabra, que instes a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina, porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4: 1-4).

La victoria contra el sectarismo satánico se encuentra en: “Someteos, pues, a Dios, y resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4: 7).

Octavi Pereña Cortina

 

SALMO 5: 6

“Tú destruyes a quienes hablan cosas falsas”

“Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad” (Juan 11: 17. Jesús le dijo a Tomás: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14: 7). El enemigo número 1 de Jesús es Satanàs. Así lo describe el Señor: “Y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8: 44). Una declaración de Jesús que debería alertarnos: “Y a mí porque digo la verdad, no me creéis” (Juan 8: 45). La mentira pulula por todas partes. Da la impresión que Satanás es omnipresente. Los niños aprenden a mentir desde muy pequeños. Satanás que es el padre de la mentira, que habita en sus corazones les enseña a hacerlo.  Cuando quieren evitar el castigo de sus padres, la sabiduría popular que es muy sabia, dice: “Antes se coge a un mentiroso que a un cojo”.

Es en el campo de la Religión donde Satanás se frota las manos con más satisfacción cuando hace errar a los fieles haciéndoles creer doctrinas que no se ajustan a la verdad de Dios. ¿Se encuentran las personas desamparadas ante las mentiras que Satanás propaga en el campo de la Religión? De ninguna de las maneras. Tenemos a nuestra disposición la Biblia que por haber inspirado el Espíritu Santo a unos hombres a escribirla, su contenido es la verdad de Dios revelada que guía a las personas en el camino  de la salvación. Es lamentable que los hombres se dejen embaucar por personas cuyas lenguas son picos de oro. El peligro del engaño es constante. Jamás se tiene que bajar la guardia. Satanás jamás duerme. Siempre está listo para hacer alguna de sus fechorías, tenemos que ser muy previsores. Tenemos que esforzarnos para alcanzar el máximo conocimiento posible de la Biblia. Jesús derrotó a Satanás cuando le tentó fregándole la nariz con la Biblia.


 

HEBREOS 4: 14

“Por tanto teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión”

Según leemos en el Antiguo Testamento, los sacerdotes intercedían por el pueblo. De manera especial el sumo sacerdote  una vez al año entraba en el lugar santísimo para ofrecer en sacrificio un cordero sin defecto para perdón de sus propios pecados y por los del pueblo. Anualmente el sumo sacerdote en funciones tenía que repetir el sacrificio porque la sangre de los animales sacrificados simbolizaba el perdón de los pecados, pero no los borraba. “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados” (Hebreos 10: 12). La función sacerdotal de Jesús ya la anunció Juan el Bautista al inicio del ministerio público de Jesús. Al ver que Jesús se aceraba a él, dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1: 29).

La palabra latina “sacerdote” es “pontifex”  que significa “constructor de puentes”. Los sumos sacerdotes de la antigüedad, simbólicamente construían  puentes entre Dios y los hombres. La sangre de los corderos que sacrificaban no tenía poder de limpiar pecados. No construían puentes que allanasen el camino a Dios. Jesús dijo: “Yo soy el camino” (Juan 14: 6). El abismo infranqueable que separa al hombre de Dios lo solventa Jesús que nos allana el camino a Dios.

Hasta nuestros días ha prevalecido la versión castellana de pontifex. Pero se hace una mala aplicación. Los hombres en su desvarío la aplican al hombre que se convierte en la cabeza de una secta cristiana. Con lo cual la corrupción desciende desde la cabeza a los pies. “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”, pero el Señor Jesús  “por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable, por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7: 24, 25). El sacerdocio de Jesús es eterno. Es un consuelo insuperable. Con estas palabras Jesús consoló a María dolida por la muerte de su hermano Lázaro: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en Mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente”. Jesús le dijo a la mujer: “¿Crees esto?  Que la respuesta que la mujer da a Jesús sea la del lector: “Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (Juan 11: 25-27). 

 

diumenge, 24 d’agost del 2025

 

CRISIS DE FE

Si no se vigila, la oscuridad de la noche se introduce en las iglesias

A pesar del oropel con que se reviste, la Iglesia Católica está inmersa en una profunda crisis de fe. La falta de vocaciones es la muestra. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar echa las tuyas a remojar. Las iglesias evangélicas también están en crisis de fe.  Que tengan que echar mano del pastoreado femenino es una muestra de ello. No se acostumbra a hablar de ello. No puede esconderse debajo de la alfombra.

Los verdaderos cristianos no lo son por voluntad propia. Lo son por iniciativa de Dios que los ha escogido, les ha dado el don de la fe que les ha permitido creer que Jesús es el Mesías que el Creador le dijo a Adán que vendría, han nacido de nuevo siendo adoptados como hijos de Dios.

Dada la condición de hijos de Dios, el apóstol Pablo posee una información muy valiosa que desea compartir con nosotros. Si quienes se consideran cristianos la aceptan, se habrá dado un paso de gigante para frenar el vaciamiento que se produce en las iglesias. De verdaderos cristianos los hay de dos categorías: los carnales, que son verdaderos hijos de Dios que no han crecido. A pesar del paso de los años se han estancado. Permanecen en la condición de niños en la fe. Son carnales y, como el adjetivo indica, el Espíritu Santo no es su Guía. Lo son los impulsos carnales del viejo hombre que sigue vivos en ellos. El apóstol Pablo nos dice: “No pude hablaros como a espirituales, sino como carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda, porque aún no eráis capaces, ni lo sois todavía, porque aún sois carnales, pues habiendo en vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3: 1-3). Estos hijos de Dios se comportan como si nunca hubiesen nacido de nuevo, del Espíritu. Predomina en ellos el su pasado incrédulo: la carnalidad. Si a un recién nacido que lleva años viendo la luz del sol se le tiene que alimentar con leche significa que hay algo que no funciona en su organismo. Necesita urgentemente asistencia médica. Algo parecido es lo que detecta el apóstol Pablo en la iglesia de Corintio: infantilismo espiritual.

El autor de la carta a los Hebreos añade: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de la Palabra de Dios, y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño, pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el conocimiento del bien y del mal. Por tanto, dejando los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la madurez”  (Hebreos 5: 12-14, 6:1).

Un consejo que tiene que tenerse en cuenta: “El alma del perezoso desea, y nada encuentra, pero el alma de los diligentes prosperará” (Proverbios 13: 4). El esfuerzo tiene que hacerse con propósito. De lo contrario es pérdida de tiempo. Una estupidez. Dimitir del esfuerzo con propósito es el primer paso cuesta abajo. Lanzarse al precipicio es fácil, no requiere esfuerzo alguno.

El apóstol Pablo nos estimula a abandonar la infancia espiritual para alcanzar la madurez para poder servir al Señor en el lugar que nos ponga: “Nadie que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar al que le tomó como soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. El labrador para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que te digo, el Señor te dé inteligencia en todas las cosas” (2 Timoteo 2: 4-7).

Por la fe en el Nombre de Jesús nos hemos convertido en siervos suyos. Como sirvientes tenemos que preguntarnos: ¿Qué quieres que haga Señor? El apóstol Pablo nos zurra cuando nos alienta: “Velad, estad firmes en la fe, portaos varonilmente, y esforzaos” (1 Corintios 16: 13).

Con el propósito de abandonar la modorra espiritual en que hemos caído, Salomón quiere sacarnos de ella dándonos el ejemplo de un bicho tan insignificante como lo es la hormiga: “Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio, la cual no tiene capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el campo de la siega su mantenimiento. Perezoso, ¿hasta cuándo has d dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo, así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado” (Proverbios 6: 6-11). ¿Permitiremos que la hormiga sea más sabia que el hombre creado a imagen y semejanza de Dios? (Génesis1: 26).

Octavi Pereña Cortina

 

HECHOS 10: 12

“Pero Cristo, habiendo efectuado una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”

Jesús afirma de sí mismo: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo, si alguien come este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo”. (Juan 6: 51). Estas palabras de Jesús provocaron que “los judíos contendieran entre sí diciendo: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” (v. 52). Para los judíos comer carne humana era una blasfemia. No entendieron que la carne que les ofrecía no era literalmente su carne. Lo pone de manifiesto cuando dice: “El espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha, las palabras que os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6: 63). Si tomásemos literalmente todos los símbolos que Jesús se aplica acabaríamos locos. Que no puede interpretarse literalmente: cuerpo y sangre, se entiende perfectamente cuando Jesús dice: “de cierto, de cierto os digo: el que cree en mí tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida” (vv.47, 48). Jesús hace distinción entre el maná que cada día descendía del cielo sobre el desierto: quienes lo comían morían (v. 49). Jesús se diferencia del maná que cada mañana caía del cielo al decir de sí mismo: “Yo soy el pan vio que descendió del cielo, si alguien come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (v. 51), clara referencia de su muerte en la cruz para salvar al pueblo de Dios de sus pecados.

Cuando Jesús se despidió de sus discípulos durante la cena que se conoce como la Cena del Señor, les dijo: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado, haced esto en memoria de mí” (Lucas 22: 19). Es un claro reconocimiento de que la carne y la sangre de Jesús no tienen que entenderse literalmente: “Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada  para perdón de los pecados” (Mateo 26: 28).

Cuando los cristianos participan de la Cena del Señor, comiendo el pan y bebiendo el vino no se comportan como Cristopófagos, sí que lo hacen para recordar humildemente la muerte de Jesús en la cruz para perdón de sus pecados.


 

SALMO 12: 8

“Los malvados andan por todas partes, cuando la vileza es exaltada entre los hijos de los hombres”

“Si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos” (Mateo 7: 11), dice Jesús. El Señor no dice que los hombres sean buenas personas tal como nosotros acostumbramos a decir, sino, “si siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos”, es el reconocimiento de que los hombres por ser descendencia de Adán  son malas personas aun cuando no hayan llegado al sumo de la maldad.

El texto nos dice: “Los malvados andan por todas partes”. Nuestros ojos lo contemplan por doquier. Los medios de comunicación se encargan de hacernos saber las salvajadas que se cometen por toda la tierra. No  basta con quejarnos de lo mal que se hacen las cosas. Con las quejas no se consigue que cambie lo que se hace mal. Es preciso en primer lugar que cada uno de nosotros reconozca su condición de pecador. Una vez aceptada esta condición es imprescindible reconocerla ante Jesús.  El cobrador de impuestos que subió al templo a orar, distinguiéndose del fariseo que era miembro de una estricta secta que creían que eran files cumplidores de la Ley de Dios, el publicano, el cobrador de impuestos, desde un rincón del templo, apartado de la vista de los asistentes “no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí pecador” (Lucas 18: 13).

Tanto el fariseo como el publicano acuden al mismo templo para adorar a Dios. La manera de hacerlo es totalmente distinta. El fariseo es orgulloso. No ha examinado su corazón lo cual le hace pensar que es una bellísima persona: “Puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano, ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano” (vv, 11, 12). ¿Cuál es el veredicto que da el Señor con respecto a la religiosidad de ambos adoradores? Es inapelable: “Os digo que éste (el publicano) descendió a su casa justificado (sus pecados le fueron perdonados), “antes que el otro (el fariseo regresó a su casa cargando con el peso de todos sus pecados más el añadido en el templo), porque cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (v. 14). El Señor no se deja deslumbrar por la ampulosidad de la práctica religiosa. Le atrae y recompensa la humildad de un corazón que dice: “Dios, sé propicio a mí pecador”.  

 

diumenge, 17 d’agost del 2025

 

LUZ EN LAS TINIEBLAS

“Los que buscan la maldad me persiguen, están lejos de tu Ley” (Salmo 119: 150)

Ima Sanchís, entre otras cosas le pregunta a Hernán Zin, reportero de guerra: “¿Cree que estamos bien informados? La respuesta es horripilante: “Sí, lo que recibo cada noche es aterrador, en la prensa vemos únicamente el 30% de lo que ocurre. Es una guerra hecha con IA, Gaza es un gran laboratorio. En el 2004 vi los primeros drones israelitas. Después las grandes empresas venden sus inventos en las ferias de armas con el sello de “probado en combate”.

La guerra existe desde que el ser humano habita en la tierra. Cuando todavía no se habían constituido las naciones, cuando solo 4 personas habitaban el Planeta Tierra: Adán, Eva y sus hijos Caín y Abel. La primera guerra documentada fue una guerra de religión. En el momento que Adán instigado por Eva comió el fruto del árbol prohibido se rompió la buena relación que nuestros primeros padres mantenían con su Creador. La premisa que afirma que el ser humano es quien lleva la iniciativa a la hora de buscar a Dios, es falsa. Para muestra un botón. Después que Adán ingiriese el fruto del árbol prohibido lo primero que percibieron Adán y Eva fue que estaban desnudos. Aun cuando el texto no lo diga se deduce que sintieron vergüenza de su desnudez. “Entonces cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales” (Génesis 3: 7). La primera experiencia religiosa fue que creyeron que haciendo una obra meritoria recuperarían el favor del Creador. Pero el hombre no puede auto salvarse. La prueba se encentra en el hecho que cuando se les aproximaba el Creador  corrieron a esconderse de su presencia entre los árboles del jardín (v. 8). Los delantales que cosieron no sirvieron para lavar su pecado. Como el ser humano no puede esconder su pecado de los ojos de Dios, puede hacer dos cosas: Esconderse o negar su existencia como si con ello consiguiese hacerlo desaparecer.

Con el propósito de poner punto final al tema del pecado “el Señor Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” (v. 21). El Señor Dios es el primer Sacerdote que ofrece un sacrificio. Bien seguro que fueron dos corderos los que sacrificó Dios porque simbolizaban el sacrificio que Jesús ofrecería clavado en la cruz para salvación del pueblo de Dios, porque es “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1: 29). “Sin derramamiento de sangre (la de Jesús) no hay perdón” (Hebreos 9: 22).

Ya conocemos el plan de Dios para salvar a su pueblo de sus pecados. Adán y Eva tienen dos hijos: Caín y Abel. Ambos son religiosos. Caín, payés y “trajo del fruto de la tierra una ofrenda al Señor” (Génesis 4: 3). “Y Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró el Señor Dios con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín y a su ofrenda. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante” (vv. 4, 5). Caín quiso imitar a sus padres y ofrendó una obra meritoria. Fracasó. En cambio “por la fe Abel ofreció más excelente sacrificio que Caín, por lo que alcanzó testimonio que era justo, dando Dios testimonio de su ofrenda, y muerto, aún habla por ella” (Hebreos 11: 4).

Dios no dejó a Caín abandonado a su suerte. Se le acercó para decirle: “¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? (Génesis 4: 6). La historia de los dos hermanos tiene un final horripilante: “Y dijo Caín a su hermano Abel: salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató” (v. 8). El apóstol Juan explica qué motivó Caín a matar  su hermano: “En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios. Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1 Juan 3: 10-12).

Por nacimiento natural todos nacemos siendo descendencia de Caín e hijos de las tinieblas. Por la fe en Jesús, el Mesías  anunciado, se nace como hijo de Dios y de la luz. Ambos hermanos practican las obras de sus respectivos padres espirituales. Como quiera que la estirpe de Caín es mucho más numerosa que la de los hijos de Dios, no debe extrañarnos, pues, que el espíritu cainita impere. Las guerras y los daños colaterales que les acompañan sean el menú del día que los medios de comunicación se encargan de suminístranos en el desayuno.

Una chispa puede iniciar una nueva guerra y más clientes para los fabricantes de armas. Desde el Averno Satanás se ríe de nosotros sí creemos que incrementando los presupuestos militares se va a  conseguir una paz duradera. No olvidemos que el espíritu cainita sigue bien vivo y que Satanás que es homicida des del principio sigue instigando a que los hombres se maten unos a otros.

Octavi Pereña Cortina

 

SALMO 119: 36

“Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu Ley”

El comportamiento ajeno tendría que afectarnos. En el caso de quienes quebrantan la Ley de Dios tendría que conmovernos aun cuando no provocase ríos de agua literales de nuestros ojos. Pero no, la sequía es extrema. Estamos tan hartos de leer en los periódicos y ver en la televisión dramas de violencia. No nos inmutamos. Estamos tan hartos de violencia que nos hemos hecho inmunes a ella. Momentáneamente nos produce una pequeña mueca para inmediatamente sumergirnos en nuestros negocios. ¿Existe el antídoto que frene la violencia? Sí que existe. Sólo se necesita ir al botiquín, coger el frasco del antídoto y tragarse el contenido.

En cierta ocasión un intérprete de la Ley se acercó a Jesús  para probarle, diciéndole: “¿Haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? (Lucas 10: 25). Jesús le dijo: “¿Qué está escrito en la Ley?” El erudito le respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Has respondido bien, haz esto y vivirás”. El intérprete de la Ley de Dios se la conocía al dedillo. Y, queriendo justificarse le preguntó al Señor: “¿Y quién es mi prójimo?” La respuesta que recibió de Jesús fue la parábola que se conoce como “el buen samaritano”. Para vergüenza de los judíos, Jesús señala como prójimo de ellos a un samaritano, persona totalmente distinta ideológicamente del intérprete de la Ley. Éste, con el fin de auto protegerse,  dice ignorar quien es su prójimo. Jesús no se amilana y le expone la parábola del buen samaritano: ”un hombre  descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron, e hiriéndole, se fueron dejándole medio muerto”. Pasaron por aquel lugar un sacerdote y un levita y, viéndole “pasaron de largo”. No quisieron perder tiempo atendiéndole. Las tareas religiosas eran prioritarias. Pasó luego un samaritano, un paria para los judíos. Se detuvo y atendió al herido.

Jesús dirigiéndose al intérprete de la Ley le dice: “¿Quién, pues, de estos tres te parece fue prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” El religioso le dice: “El que usó de misericordia con él.” Entonces Jesús le dijo: “Ve, y haz tu lo mismo”. Teniendo presente la parábola del buen samaritano, ¿pueden los judíos ortodoxos de hoy justificar la masacre que están cometiendo en Gaza? 


 

APOCALIPSIS 9: 20, 21

“Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce y de piedra, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar, y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de sus fornicaciones, ni de sus hurtos”

Jesús recuerda dos accidentes acompañados de muertes. Uno es el asesinato perpetrado por Pilato de unos galileos cuando se encontraban en el templo ofreciendo sus sacrificios.  El otro es el derrumbe de la torre de Siloé que mató a dieciocho personas (Lucas 13: 1-5). En ambos casos Jesús aplica la misma coletilla: “¿Pensáis que estas personas que padecieron tales cosas eran más pecadores?” (que los que no murieron). “Os digo. No, antes, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”

Si conocemos a las personas que dramáticamente fallecen en un accidente podemos llegar a decir: Se lo merecían. Jesús intenta sacarnos del engaño. Si el lector es uno de los que dicen: Se lo merecían., si no se arrepiente fallecerá  de la misma manera que los que mueren en un accidente. Jesús mira más allá de la muerte física. Fíjese el lector qué dice Jesús: “Si no os arrepentís todos pereceréis igualmente”. Que esté en medio el arrepentimiento, significa que Jesús tiene en mente algo mucho más profundo que la muerte física: LA MUERTE ETERNA.

En el caso que citamos, Jesús deja en el aire la respuesta que dieron los sobrevivientes. En el caso de los sobrevivientes de las plagas apocalípticas, el texto dice que no se arrepintieron. Los afectados por los fuegos forestales se quejan de la inoperancia de los políticos a la hora de combatirlos. Cuando contemplan el horror en las imágenes televisivas, se lamentan. Pero no es un lamento que brote del alma. Los millones de automovilistas que causan atascos en las carreteras. Los millares de millares de turistas que se desplazan por mar o aire que contaminan los lugares de destino, mientras arden los bosques, indican que los lamentos no tienen sentido. El sentimiento: Comamos y bebamos que mañana moriremos significa que se prefiere el placer momentáneo a encontrar solución a la vida o condenación eterna.

 

diumenge, 10 d’agost del 2025

 

2 CORINTIOS 7: 8

“Porque aunque os contristé con la carta, no me pena, aunque entonces lo lamenté, porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo os contristó”

El apóstol Pablo escribió una carta que dolió a los cristianos de Corintio. De esta carta no ha quedado rastro. Pero sí los efectos que produjo en los receptores. En un principio el apóstol Pablo lamenta los efectos que produjo en sus receptores. “Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento” (v. 9). A  pesar de que los cuerpos de los verdaderos cristianos se convierten en templos del Espíritu Santo, ello no borra su condición de pecadores, lo cual, por mucho que nos pese, permite que cometamos pecados. La plena liberación del pecado no se hará realidad hasta el día de la resurrección del cuerpo cuando la salvación será plenamente realizada.

Como somos un tanto miopes y no nos damos cuenta de los muchos deslices que cometemos, demos gracias al Señor porque pone a nuestra disposición a personas que nos entristecen  para arrepentimiento cuando amorosamente nos reprenden. De momento no nos cae bien la amonestación. Así es la condición humana que no desea reconocer su condición de pecadora. Más tarde por la acción secreta del Espíritu Santo agradecemos al Señor por aquella persona que con amor nos ha reprendido para arrepentimiento. Ello nos acerca más al Señor  que por la acción del Espíritu Santo ríos de agua viva broten de nuestro corazón.

“La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse, pero la tristeza del mundo produce muerte” (v. 10).


 

1 CRÓNICAS 13: 7

“Y llevaron el arca de Dios de la casa de Abinadab en un carro nuevo”

La cosa parecía que iba viento en popa, pues “David y todo Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerza, con cánticos, arpas, salterios……   (v. 8). Pero todo el gozo en un pozo: “Cuando llegaron a la era de Quidón, Uza extendió su mano al arca para sostenerla, porque los bueyes tropezaron. Y el furor del Señor se encendió contra Uza. Y lo hirió, porque había extendido su mano al arca, y murió allí delante de Dios” (vv. 9, 10). Los impíos acusan a Dios de criminal por causar la muerte de Uza que con la mejor intención alargó el brazo para impedir que el arca que transportaba el carro cayese a tierra y el arca de la alianza se dañase. A simple vista da la impresión que Uza actuó con sensatez, pero “el furor del Señor se encendió contra Uza, y lo hizo y lo hizo porque había extendido su mano al arca, y murió allí delante de Dios” (v.10). La tragedia sirvió para que David reflexionase: “Entonces dijo David: el arca de Dios no debe ser llevada sino por los levitas, porque a ellos ha  elegido el Señor para  llevar el arca del Señor” (1 Crónicas 15: 2).

Pecamos de orgullo y creemos que podemos decidir cómo adorar al Señor. La forma de hacerlo ha quedado claramente expuesta en la Biblia. El Señor habló al profeta Amós y le dijo: “¿Qué ves Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y  el Señor me dijo: He aquí pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel, no lo toleraré más” (Amós 7: 8). El pueblo de Israel había abandonado al Señor para adorar a los baales y a quienes no son dioses. El albañil, para comprobar que la pared se levanta verticalmente lo comprueba con la plomada. Este elemento que se usa en la construcción, también tiene que emplearse en la edificación de la casa del Señor que es la iglesia. ¿Cómo podemos comprobar que el muro espiritual que levantamos  se haga verticalmente sin peligro de derrumbe? La Biblia es la plomada. Desgraciadamente, la Biblia la tenemos escondida en un cajón, polvorienta y cubierta de telarañas  y no la utilizamos para comprobar si las enseñanzas que se imparten desde el púlpito son según Dios o no. Afecta también individualmente a los fieles: ¿Utilizan la Biblia para comprobar si lo que se predica desde el púlpito es correcto o no? Es una responsabilidad personal e intransferible verificar si lo que se predica desde el púlpito se ajusta a la VERDAD de Dios o no. Si el lector tiene una Biblia durmiendo en la oscuridad de un cajón sáquela a la luz, desempólvela y utilícela como plomada espiritual. La salud de su alma se lo agradecerá.