diumenge, 3 de novembre del 2024

 

AUTORIDAD ECLESIAL

Los pastores que no han sido enviados por Dios no pueden predicar la verdad de su Palabra

La ordenación de José Luís Serrano Pentinat, el sábado 21 de septiembre de 2024 en la catedral de La Seu d’Urgell como obispo coadjutor, el arzobispo d’Urgell trata el tema de las ordenaciones en su escrito “Acojamos al obispo coadjutor d’Urgell” (La Vanguardia 15/09/2024). Trataré el tema desde la perspectiva bíblica no desde el humanismo cristiano como hace el clérigo.

La pregunta que tenemos que hacernos antes de continuar es: ¿De dónde procede la autoridad?  Por creación de Dios, el cual  la delega en el hombre. La primera autoridad delegada recae en los padres: “Honra a tu padre y a tu madre…” (Éxodo 20: 12). Nos será muy útil entender la relación hombre/mujer. Con un feminismo extremadamente extremista es muy difícil tratar dicha cuestión sin que se produzcan chispas. Se tiene que encarar a ello si en verdad se quiere llegar al fondo de la cuestión. “Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues es imagen y gloria de Dios, pero la mujer es gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad  sobre su cabeza por causa de los ángeles”.   (1 Corintios 11: 7-10). “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo” (1 Corintios 11: 3). Todos sujetos a Dios el Padre. El apóstol Pablo finaliza el tema del marido como cabeza de la esposa, escribiendo: “Por esto dejará  el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, mas yo digo esto respecto de Cristo y de su iglesia” (Efesios 5: 31, 32). La carnalidad nos impulsa a rebelarnos contra la autoridad suprema de Dios: “Y Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí era bueno en gran manera” (Génesis 1: 31). La oposición que levanta la relación hombre/mujer tal como la ha instituido el Creador, considero correcto aplicar a este tema las palabras que el señor de la viña dice a los jornaleros que había contratado y que habían trabajado de sol a sol en la viña que se quejaron de que los obreros contratados con posteridad cobraron un denario lo mismo que ellos: “¿No me es permitido hacer lo que quiera con lo que es mío?” (Mateo 20: 13). Habiéndonos vacunado contra el veneno del machismo y feminismo radicales, pasemos a examinar cómo se tienen que gobernar las iglesias de las cuales  Cristo es la Cabeza. Por descontado que el pensamiento de Cristo al respecto solo lo podemos encontrar en la Biblia. A pesar de que el Libro lo escribieron hombres, éstos lo hicieron siendo inspirados por el Espíritu Santo (2 Timoteo 3: 16). Es lo mismo que decir que el dedo de Dios ha escrito la Biblia. Por medio de la Biblia Dios nos habla y nos dice qué necesitamos escuchar, no lo que nos gusta que nos digan. ¿Escucharemos la voz de Dios o preferiremos mantenernos en nuestros trece?

De la lectura del libro de Hechos que es la historia de la iglesia apostólica se desprende que la iglesia no es un ente gigantesco, una multinacional religiosa, conocida entre nosotros como Iglesia Católica, sino una multitud de pequeñas iglesias locales que los miembros que son verdaderos cristianos son los miembros del cuerpo místico de Cristo del que es la Cabeza. En el aspecto local cada iglesia se autogobierna siguiendo las instrucciones que el Espíritu Santo da con el instrumento  de  la Biblia. Cristo la gobierna, escogen  a sus pastores, administran disciplina, predican el mensaje de la Biblia sin añadir ni recortar. La Biblia es la lámpara que ilumina su andadura. Con mente abierta y espíritu libre de prejuicios, con la humildad necesaria para desprenderse del egoísmo, los cristianos son conscientes que tienen que pedir a Dios la sabiduría necesaria “el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y les será dada” (Santiago 1: 5). Preparados para recibir la sabiduría que Cristo como Cabeza de la iglesia desea compartir con nosotros. Acudamos a I Timoteo 3: 1-7, en donde encontraremos las instrucciones que Cristo da para el buen gobierno de las iglesias locales. El texto comienza diciendo: “Palabra fiel, si alguien ansia el pastoría, buena obra desea” (v. 1). Ser pastor que guía a las personas que han creído en Cristo como Señor y Salvador a  crecer   en el conocimiento de Él, es desear ejercer el oficio más noble entre los más nobles.

Acto seguido el texto describe las cualidades que tiene que reunir el hombre que aspire a pastorear almas. Su lectura tendría que desanimar a muchos aspirantes a ser pastores por no estar dispuestos a pagar el elevado precio que exige su ejercicio: “Pero es necesario que el pastor sea irreprensible marido de una sola mujer, decoroso, hospedador, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad” (vv. 2-4). Eso significa que el pastor tiene que ser una persona guiada por el Espíritu Santo y que dé su fruto (Gálatas 5: 22-26). Los fieles de la iglesia en donde el pastor ejerce su ministerio son los responsables de disciplinar a su pastor en caso de que ello sea necesario. Ser miembro de una iglesia cristiana exige una gran responsabilidad ante los hombres y lo que es más importante, ante Dios.

El miembro perfecto de una iglesia cristiana en el tiempo presente no existe. Ello exige arrepentimiento que es el reconocimiento ante Cristo Cabeza de la iglesia que no es quien tiene que ser. Pide a Jesús el perdón de sus pecados, le renueva y lo fortalezca y haga de él un miembro responsable de la iglesia. El peligro del clan  es muy frecuente en las pequeñas iglesias. Todas las precauciones son pocas.

El pastor, “también es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (v. 7). Adecuadas son las palabras de Jesús: “Cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y se le hundiese en lo profundo del mar” (Mateo 18: 6).

Octavi Pereña Cortina

 

 

GÉNESIS 39: 21

“Pero el Señor estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel”

Cuando nos encontramos en situaciones adversas de larga duración, aun cuando no creamos en Dios, levantamos en alto nuestros puños y airados pidiéndole  explicaciones. Cuando un incrédulo sufre, en parte se debe a que Dios le  castiga por sus pecados con el propósito que reflexione y se vuelva a Él.

En el caso de José que comentamos se trata de un adolescente de diecisiete años, que sus hermanos por envidia lo vendieron como esclavo a unos mercaderes madianitas que a su vez lo revendieron a Potifar, un funcionario de Faraón.

José, parece ser que poseía atractivo físico lo cual atrajo la atención de la esposa de Potifar. José se resiste  a las seducciones de la esposa infiel. La oportunidad se le presentó a la mujer cuando estando solos en la casa José y la mujer. Ésta se abalanzó sobre él. El joven salió corriendo dejando en manos de la mujer su túnica. Cuando el marido regresa a casa, la mujer que se siente despreciada le muestra la túnica de José y le acusa de intento de violarla. El marido que se siente ultrajado, cegado por el odio, sin peguntar a José qué había ocurrido, lo envía de patitas a la cárcel.

Han transcurrido unos quince años desde que José fue vendido por sus hermanos a los mercaderes madianitas. Potifar observó que el “Señor estaba con él” (v. 3). El texto deja entrever que José disfrutaba de una cierta libertad y bienestar. Pero seguía siendo un esclavo considerado como objeto, no como persona. La maldad de una mujer infiel a su marido lo lanzó a las profundidades de un insano calabozo. A pesar que “el Señor estaba con José, y le extendió su misericordia, y le dio gracia a los ojos del jefe de la cárcel” (v. 21), José seguía siendo un esclavo desprovisto de todo derecho.

Dos sirvientes  del Faraón son encarcelados. Ambos sueñan. José que había recibido de Dios el don de interpretar sueños interpreta los sueños de sus compañeros. Uno es absuelto y el otro condenado a muerte. Al que se le perdona, José le dice: “Acuérdate, pues de mí, cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a faraón, y me saques de esta casa” (40: 14). No todo el monte es orégano. Existe mucha crueldad.

Quince años de esclavitud. ¿Con qué finalidad? José tenía que interpretar el sueño del faraón, que le llevaría a ser la persona de mayor autoridad de Egipto después del faraón. Tenía que hacer venir a su familia para establecerse en Egipto para no perecer de hambre y así  convertirse en un pueblo muy numeroso. Después de tres  cientos años de esclavitud Dios los sacaría de Egipto con mano fuerte. Los sufrimientos son dañinos pero esconden bendiciones que en los momentos sufrirlos ignoramos.


 

PROVERBIOS  15: 30

 

“La luz de los ojos alegra el corazón, y la buena nueva conforta los huesos”

Tenemos que tener presente que el texto que comentamos es poesía y que los poetas utilizan símbolos para expresar sus sentimientos. Analizaremos el texto a la luz que desprende Mateo 5: 22, 23: “La lámpara del cuerpo es el ojo, así que si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz, pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que hay en ti es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?

¿Quién gobierna nuestro corazón? Por nacimiento natural Satanás que es el príncipe de las tinieblas. No debería extrañarnos, pues, que sean tantas las personas que tienen ojos malignos y que sus cuerpos estén envueltos de espesas tinieblas. Fruto de nacer de nuevo como hijos de Dios en adopción, el ojo maligno se convierte en bueno y, por lo tanto, “todo nuestro cuerpo estará lleno de luz”.

Examínese el lector sin prejuicios y pídale al Señor que cambie tu ojo maligno que llena tu cuerpo de tinieblas, por uno de bueno para que tu cuerpo esté lleno de luz. Como ya hemos dicho, por nacimiento natural todos nacemos siendo hijos del diablo, siendo ciudadanos de su reino de las tinieblas. Jesús nos dice: “Si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos” (Mateo 7: 11). El hecho de contemplar como los impíos hacen algunas obras buenas no presupone que su bondad sea inmaculada. Todos sin excepción somos pecadores. El error de considerarnos buenas personas tiene consecuencias eternas catastróficas pues nos hace pensar que no necesitamos al Salvador. Sin Él, nuestro destino eterno es la condenación en el infierno.

“Por lo cual como dice el Espíritu Santo: Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3: 7, 8). Quiera el Señor que la luz que hay en tus ojos sea la que alegre tu corazón, la que haga desaparecer de tus ojos la tristeza que lo anubla. Y así,  puedas prestar atención a la buena noticia que Jesús vino a salvar a los pecadores de entre los cuales tú eres uno de ellos y, conforte tus ojos rejuveneciéndote con la esperanza que no se marchita. Lector, hoy tienes la posibilidad de creer en Jesús y recibir el perdón de tus pecados. Mañana esta posibilidad ya no la tengas. La demora puede ser fatal.

 

 

 

diumenge, 27 d’octubre del 2024

 

SALM 123: 1

“A ti alcé mis ojos, a ti que estás en los cielos”

¿Cómo tienen que ser las oraciones según dice Santiago?: “Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá alguna cosa del Señor (1: 6, 7). El salmista para demostrar que su alzar sus ojos a Dios que está en los cielos no es parecido a la ola del mar que es arrastrada por el viento de un lugar a otro, lo hace escribiendo: “He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores, y como los ojos de la sierva a la mano de su señora”. Hemos de entender la condición de los esclavos en aquella época. Eran tratados peor que a los animales. El trato que recibían dependía del humor con que se despertaba el señor o la señora. Es decir sus amos. Es por eso que tenían puestos sus ojos en sus dueños para descubrir cómo sería el día.

El salmista sigue escribiendo: “Así nuestros ojos miran al Señor nuestro Dios, hasta que tenga misericordia de nosotros” (v. 2). La fe del salmista es la misma que tuvo Jacob que “luchó con él un Varón hasta que rayó el alba”. Jacob no abandonó la lucha hasta que aquel Varón “lo bendijo allí” (Génesis 32: 22-31). Una fe firme como la de Jacob no se obtiene poseyendo una fe parecida a las olas del mar que son zarandeadas por el viento. Los vientos huracanados y las aguas torrenciales que nos golpean con fuerza, si tenemos los pies firmes sobre la roca no nos zarandearán ni n os derribarán. Es así como podremos asemejarnos a Jacob que no abandonó la lucha hasta que el Señor le bendijo.

Satanás pretende debilitar nuestra fe zarandeándonos de mil maneras. Se equivoca porque los medios que utiliza para destruir Dios los emplea para fortalecer la fe del creyente en Cristo. El salmo que comentamos describe la lucha sin cuartel a la que se enfrenta el creyente en Cristo con estas palabras: “Ten misericordia de nosotros, oh Señor, ten misericordia de nosotros, porque estamos muy hastiados de menosprecio. Hastiada está nuestra alma del escarnio de los que están en holgura, y del menosprecio de los soberbios”.


 

MATEO 4: 3, 4

“Y vino el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”

Después de haber sido bautizado por Juan el Bautista en el Jordán, Jesús entra en la esfera pública que le llevará a morir en la cruz para ocupar el lugar que nos correspondía  a nosotros. Limpiando así nuestros pecados y dándonos la vida eterna. En el bautismo Jesús se identifica con nosotros: “Quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros estando muertos a los  pecados, vivamos a la justicia, y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros eráis como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas” (1 Pedro 2: 24, 25).

Jesús después de bautizarse “y  después de haber ayunado cuarenta días, tuvo hambre” (v. 1). Es lógico que así fuese porque el cuerpo de Jesús no era un cuerpo espiritual como el que tendremos en la resurrección, sino uno de  carne y huesos como lo es el nuestro. Nosotros pertenecemos a una sociedad opulenta que, a pesar de la miseria existente se lanzan al estercolero miles de toneladas de alimentos. A nosotros Satanás no nos pide que convirtamos  piedras en pan porque sabe que no lo podemos hacer. Pero sabe perfectamente que nuestras almas están hambrientas del Pan que da vida eterna a los hombres. No nos ofrece a Jesús que es el Pan que da vida. Nos ofrece materialismo que satisface a nuestra  sensualidad, pero no al alma. El materialismo que ofrece Satanás calma momentáneamente nuestra sensualidad. Necesitamos una dosis más fuerte de materialismo para conseguir los mismos resultados. El precio de satisfacer la sensualidad cada vez es más alto. El pan que nos ofrece el diablo es como agua salada que intensifica la sed.

La respuesta que Jesús da al diablo cuando le pide que convierta las piedras en pan se merece que le prestemos atención: “Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” v. 4). Satanás no se rinde fácilmente y se nos acerca con nuevas tentaciones  cada vez más sofisticadas de las que desgraciadamente muy a menudo sale victorioso. Si le damos conversación nos vencerá como lo hizo con Eva. Jesús en vez de dialogar con él, le dice categóricamente: “Vete Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás” (v. 10).

El mundo está controlado por Satanás porque es el príncipe de este mundo. Así nos van las cosas: de mal a peor. Quiera el Señor que esta reflexión sirva para que el lector levante ojos hacia el cielo y le pida al Todopoderoso: “Ten piedad de mí que soy un pecador”.

 

 

FELICIDAD FELINA

”Si la felicidad estuviese hecha de placeres corporales, podríamos decir que los bueyes son felices cuando encuentran garbanzos para comer” (Heráclito)

La periodista Ima Sanchís le pregunta a John Gray filosofo experto en “filosofía felina”: “¿Los gatos están más bien dotados para la felicidad que los humanos?” La respuesta que le da el filósofo es: “Sí. Los gatos tienen una tendencia natural a la felicidad y a estar plácidos. El ser humano tiene como base la ansiedad por el miedo a la muerte y porque su proyecto es la felicidad”. Creo que no se puede contrastar el comportamiento de los gatos como el del resto de los animales irracionales con los humanos porque no tienen los mismos parámetros. Con la muerte termina todo para los animales. Jesús refiriéndose a las aves del cielo dice: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? (Mateo 6: 26). Con estas palabras Jesús hace una clara distinción entre las aves y los humanos a pesar de que ambos físicamente son polvo y al polvo vuelven. Con estas palabras Jesús censura el desasosiego de los hombres por su cuerpo, cómo lo alimentarán, cómo lo vestirán (v.25). Los animales guiados por el instinto con que han sido creados instintivamente dependen de la provisión divina. Los humanos con el raciocinio con del que el Creador nos ha dotado nos hace superiores a los animales a la vez que la semejanza de Dios que ha sido distorsionada por el pecado que rompe la comunión con Él que tenía al principio. Este cataclismo conduce a sentirnos desamparados lo cual origina la ansiedad que con el Covid-19 se ha intensificado y producido los graves problemas de salud mental.

John Gray dice: “El ser humano tiene como base la ansiedad, por el miedo a la muerte y porque su proyecto es la felicidad”. Según el filósofo el miedo a la muerte crea ansiedad. Es cierto. Ello se debe a que la muerte es agente patógeno extraño que se ha introducido en el ser humano que perturba el orden de la creación. El pecado es el causante de que el hombre muera y también es el responsable de haberse roto la relación con Dios lo cual nos deja desvalidos ante los vaivenes de la vida.

La solución que John Gray presenta ante el problema de la muerte que es la causante de la ansiedad es: “Al tener conciencia de nuestra mortalidad, aterrorizados, inventamos religiones y filosofías para dar sentido a la vida”. Grave error es este querer encontrar sentido a la vida con el invento de religiones y filosofías. Si como expone el profeta Isaías los pensamientos de Dios están por encima de los nuestros y si los caminos del Señor no son los nuestros, ¿por qué no investigamos qué es lo que piensa Dios de la muerte? Creo que la negativa a querer saberlo se debe a que nos da miedo descubrirlo. En nuestra inconsciencia nos volcamos  a los avances médicos que creemos que un plazo más o menos lejano erradicarán la muerte. Craso error es este porque “está establecido que hemos de morir una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9: 27). La creencia en la supuesta transmigración de las almas que lleva a nuestra purificación después de millones de transmigraciones, es un invento satánico para engañarnos como lo hizo con Eva. Esta credulidad no elimina la ansiedad.

Inicialmente el hombre no tenía necesidad de buscar el sentido de la vida porque gozaba de perfecta comunión con Dios. Debido a la desobediencia de Adán seducido por Eva y ésta a su vez por Satanás, el germen de la muerte se introdujo en el hombre. Sin pérdida de tiempo el Creador se acerca a nuestros primeros padres para instruirlos cómo recuperar la vida perdida. Dios es el inventor de la Religión verdadera porque instruye al hombre en cómo volver al estado original en que fue creado. No debe olvidarse la existencia del personaje maligno que indujo a Eva a comer el fruto prohibido y ésta a su vez a seducir a su marido a hacerlo también. Satanás que consiguió fácilmente separar el hombre de Dios no se va a quedar de brazos cruzados para impedir que sus esclavos recuperen la libertad.

La base de la Religión verdadera es que sin derramamiento de sangre no hay perdón de los pecados. Esta enseñanza Dios la transmite simbólicamente  con unos animales (¿ovejas?) con las pieles de los cuales cubrió la desnudez que avergonzaba  a nuestros primeros padres. Para evitar cualquier duda de que la sangre de los animales no era la lejía que eliminaba el pecado, Dios se dirige a la serpiente para decirle. “Por cuanto has hecho esto, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo, sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti  y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya, ésta te herirá en la cabeza y tú la herirás en el talón” (Génesis 3: 14,15). Esta es la primera profecía que anunciaba el Mesías que derramaría su sangre para limpiar los pecados y que se va perfilando a lo largo de la Historia hasta cumplirse en Jesús crucificado.

Satanás como padre de mentira que es no pierde el tiempo en pervertir la religión establecida por Dios. En el mundo cristiano mucha gente tiene nociones de los hermanos Caín y Abel, hijos de Adán y Eva. Ambos eran religiosos que adoraban a Dios. Caín lo hace a su manera: Pero” (Dios) “no miró con agrado a Caín y su ofrenda”. En cambio “miró el Señor con agrado  Abel y su ofrenda” (Génesis 4: 4, 5). Así ha sido a lo largo de toda la historia. De ahí la multitud de religiones que todas ellas dicen ser la verdadera y adecuadas para ir a Dios. Son útiles para ir a Roma pero no para ir a Belén..

El filósofo pregunta a la periodista que le entrevista. “Piénselo, ¿cómo es la vida interior de los humanos? La respuesta es escueta: “¿Caótica?” John Gray dice: “Es preciso vivir con alegría intrépida”.  ¿Cómo los gatos? No creo que los gatos nos den ejemplo de felicidad.. Muchos de nosotros no priorizamos parecernos a Cristo en medio de nuestros problemas. Deseamos ser felices pero no lo conseguimos. La felicidad es la consecuencia de estar en paz con Dios por la fe en nuestro Señor Jesucristo. La Feria de las Vanidades nos produce fugaces momentos felices. Lo que verdaderamente perdura es el gozo que da el Señor Jesucristo.

Octavi Pereña i Cortina

diumenge, 20 d’octubre del 2024

 

LUZ EN LAS TINIEBLAS

Apartados de Jesús que es la luz del mundo, lo que resplandece son tinieblas espirituales que confunden

“La esperanza es la posibilidad de mantenernos firmes en medio de las adversidades, de no desanimarnos en tiempos de tribulación o ante la barbarie humana” (papa Francisco). El arzobispo de Tarragona Juan Planelles nos dice cómo podemos afrontar la barbarie humana, cuando escribe: “Tiene que haber lugar para la reflexión que viene del substrato espiritual de la sociedad que recoge siglos y siglos de sabiduría y de experiencia. Por esto como afirma nuestro Papa, es la fe cristiana junto con las otras religiones, las que son llamadas, incluso a liderar –por muy extraña que sea la propuesta- esta renovación social. Porque entre las religiones es posible un camino de paz y el punto de partida tiene que ser siempre la mirada de Dios”. Estas palabras del arzobispo tarraconense muestran que el ecumenismo no solo es posible, según él,  entre las denominaciones cristianas, también es viable con las otras religiones. Para el clérigo ello es posible con “la mirada de Dios”. ¿Qué dios? Existen infinidad de dioses que no son Dios. ¿Es posible que esta infinidad de dioses puedan conducir a la humanidad por el camino de la paz? ¿Dónde se esconden las palabras de Jesús. “Yo soy el camino, y la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí?” (Juan 14: 6). Jesús es el único que puede traer la paz en el mundo: “La paz os dejo, mi paz os doy. Yo os la doy, no como el mundo la da” (Juan 14: 27). El clérigo nos viene a decir que la paz puede alcanzarse uniéndose con religiones que ignoran quién es el camino de la paz. ¡Cuán necios somos!

No es cuestión de discriminar a nadie, sino de escuchar la Palabra de Dios que es la autoridad absoluta y obedecerla. Como ciudadanos en un mundo en llamas en donde la barbarie humana se manifiesta sin freno, los cristianos tenemos que trabajar codo a codo con quienes sinceramente desean alcanzar la paz. Pero tenemos que hacerlo sin desprendernos  de nuestra identidad cristiana portadora de la luz espiritual que puede deshacer las espesas tinieblas espirituales que nos envuelven. ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo, que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz, que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo” (Isaías 5: 20)-

Para contribuir a combatir la barbarie humana, ¿qué tienen que hacer los cristianos? Dar ejemplo de buen comportamiento para que los practicantes de otras religiones deseen imitarnos. Jesús nos dice: “Vosotros sois la sal de la tierra, pero si la sal se desvanece, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para  ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo, una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen  vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5: 13-16).

Desgraciadamente,  los incrédulos que pueden ser muy religiosos pueden ocupar cargos relevantes en las instituciones religiosas al ver la “luz verdadera” que es Cristo  que vino a este mundo puede deslumbrar sus ojos. ¿Cuál fue el efecto de esta iluminación sobrenatural? El odio se encendió contra Él. No pararon hasta conseguir  ser crucificado. Así creyeron que se deshacían de un personaje tan molesto. Sigue vivo y se manifiesta por medio de sus discípulos que creen en Él. A los cuales les dice: “El siervo no es mayor que su señor, si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán, si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra” (Juan 1: 20).

El arzobispo Planelles dice que “se atreve a presentar sus propuestas que, en gran parte se convierten en compromisos ineludibles” que resultan  ser puro humanismo cristiano que es ni más ni menos una filosofía humana engañosa.

Es una lástima que la Iglesia Católica no se dé cuenta que la luz que cree irradiar en realidad son espantosas tinieblas. Si en verdad desea contribuir a eliminar la barbarie  le convendría sacar del fondo del cajón el polvoriento texto con el que Jesús concluye su Sermón de la Montaña: “Cualquiera que me oye estas mis palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa, y no cayó porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a  un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena. Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos,   y dieron con ímpetu contra aquella casa, y cayó, y grande fue su ruina” (Mateo 7: 24-28).

Una iglesia que se edifica sobre un cimiento de arena que es la tradición, el humanismo cristiano y la filosofía se derrumba porque no puede resistir las fuertes embestidas de los poderes infernales que chocan contra ella.

Octavi Pereña Cortina

 

SALMO 9: 9,10

“El Señor es refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia. En ti confían los que conocen tu Nombre, por cuanto tú, oh Señor, no menosprecias a los que te buscan”

Vayamos al Sermón del Monte y fijémonos en dos de las bienaventuranzas: “bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” y “bienaventurados los que lloran porque ellos recibirán consolación” (Mateo 5: 2, 3). Jesús dice que los pobres son bienaventurados. ¿Qué tipo de pobres son estos que son tan privilegiados? A nuestro alrededor se encuentran muchos pobres que no saben dónde caerse  muertos y, de bienaventurados nada de nada. También se encuentran muchos ricos que no saben qué hacer con sus bienes. Ignoran que son “pobres en espíritu” y las riquezas no les traen la felicidad deseada. Jesús se explica claramente a qué tipo de pobreza se refiere  a  “pobres en espíritu”. La condición de extrema pobreza material de multitudes nada tiene que ver con “pobreza en espíritu a la que se refiere Jesús.

La pobreza a la que se refiere el texto que comentamos tiene que ver con el corazón. Tanto los pobres de solemnidad como los que nadan en la abundancia, si se consideran ricos, no buscan al Señor “que es refugio del pobre”. No buscan refugiarse bajo las alas protectoras del Señor porque consideran que pueden valerse por sí mismos. Tiempos de angustia los hay tanto para los pobres de solemnidad como para los ricos opulentos que no saben qué hacer con sus muchos bienes. Ambos son necios porque no creen en Él.

Los salmistas son modelos de pobres en espíritu. Sus poemas nos muestran su condición de “pobres en espíritu” porque en su angustia claman al Señor y buscan su socorro y protección. Las autoridades sanitarias están alarmadas por el incesante incremento de trastornos de salud mental. Ello se debe a que la incredulidad generalizada, los tiempos de angustia son muchos y diversos no pueden acudir al Señor a buscar refugio bajo sus alas protectoras  como los polluelos los hacen bajo las alas de la clueca. El autor del salmo que comentamos nos alerta: “En ti confían los que conocen tu Nombre, porque tú, oh Señor, no desamparas a los que te buscan”. Si el lector pertenece al inmenso grupo de incrédulos que en el desamparo busca consuelo, que no recibe, en los embaucadores que prometen lo que no pueden dar, abandone el orgullo que le impide mirar al cielo en busca de socorro. Pídele al Señor que es amplio en dar. Demándale que transforme tu corazón altanero en uno de humilde y sencillo de corazón que te permita acudir a Él en busca de ayuda sin avergonzarte.


 

2 CORINTIOS 2: 7, 6

Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito”

Las maneras que tiene Dios de consolar a los humildes que creen en Él son muchas y diversas. Si vamos al capítulo 1 de esta misma epístola encontraremos la manera magistral que tiene Dios de consolar a quienes confían en Él.

“Bendito sea el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias, y Dios de toda consolación” (v. 3). El texto nos viene a decir que el  corazón del Padre de nuestro Señor Jesucristo es amplio en consolar si es que la persona que necesite consuelo no le haga reparo pedírselo. Si la persona desconsolada es incrédula, ¿cómo irá a Dios a pedirle consuelo? El desconsuelo es tan terrible que en algunas personas que no lo pueden soportar se suicidan.

“El cual Dios nos consuela en todas nuestras tribulaciones” (v. 4). Nos dice que “Dios de toda consolación” nos consuela en todas nuestra tribulaciones, no solamente algunas.   TODAS. Eso sí, es imprescindible que los atribulados crean en el Padre que por medio de su Hijo Jesús consuela quienes se lo piden. Dios, que no es “pesetero” no cobra por consolar a los afligidos. Lo hace movido por el inmenso amor que tiene por los hombres. Nadie por cuestiones económicas se le excluye de recibir  el servicio gratuito de la consolación divina que ofrece por medio de la instrumentalidad de personas: “El cual nos consuela en nuestras tribulaciones, para que podamos  también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (v. 4). Este texto hace polvo el concepto que el ministerio de la consolación  quede reducido a los profesionales de la religión o de la sanidad. El ministerio de la consolación recae sobre todos los verdaderos cristianos que han experimentado la consolación divina. Cada uno en la medida del don recibido. De gracia ha sido concedido, gratuitamente se tiene que ejercer.

Uno de los problemas que se dan en las iglesias es el infantilismo spiritual de sus miembros que después de años de haber creído siguen  necesitando que se les suministre leche espiritual no vianda sólida. Escuchan atentamente los sermones dominicales y el resto de la semana se olvidan de la Biblia  que es el alimento que les ayudaría a crecer y a madurar como cristianos.  “El cual nos consuela en nuestras tribulaciones, para que podamos  también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”. Todos los cristianos somos responsables de consolar.

 

diumenge, 13 d’octubre del 2024

 

ROCA DE LA ETERNIDAD

 

El hombre tiene sed de eternidad. Jesús es el agua viva que da vida eterna

<b>Josep Playà Maseta concluye su escrito: La pandemia ¿hace crecer la espiritualidad?, así: “Ahora la pregunta es: ¿qué pasará cuando llegue la inmunización total? Quizás el deseo de volver al goce inmediato nos hará olvidar este súbito interés por la espiritualidad y este retorno a prácticas de tradición religiosa. La respuesta no está escrita y la manera y el tiempo para salir de la pandemia también serán actores determinantes.”

El señor Josep Playà Maseta menciona el dicho que confirma que en tiempos de dificultad se hincha el globo de la religiosidad: “Todos somos ateos hasta que el avión se cae”. Algunas informaciones confirman la veracidad de la cita: The Washington Post afirma que más de la mitad de los norteamericanos habían rezado para pedir el fin de la pandemia. Elisenda Ardèvol: “En momentos de crisis podemos recurrir a prácticas religiosas casi olvidadas, en una cultura católica muy enraizada, como un acto de recuperar la confianza en la adversidad”. El arzobispo de Barcelona afirma: “Ante la muerte, las incertidumbres, los miedos, muchas personas empiezan a pensar en el más allá, y la formación católica que han recibido ayuda a encontrar un poco más de luz y de esperanza”. También se dan actitudes en sentido contrario. Reflexionaremos sobre el incremento de la religiosidad durante la pandemia.

El clamor de pueblo de Israel que sufría la dureza de la esclavitud egipcia llegó a oídos del Señor que prepara su liberación por medio de Moisés como instrumento en sus manos. La película Los diez mandamientos pone al alcance de millones de personas el relato bíblico del Éxodo, un tanto deformado por la espectacularidad propia de Hollywood. Narra el hecho maravilloso de las diez plagas que llevaron a Egipto a la miseria, la muerte de los primogénitos, empezando por el del faraón. El desastre finalizó con la aniquilación del ejército egipcio sumergido en las aguas del Mar Rojo. El relato bíblico no es leyenda. Es historia en todos los detalles.  Todos estos hechos maravillosos que tendrían que haber servido para fortalecer la fe de los hebreos en su Libertador, nos enseña que la fe de los hebreos se había quedado a flor de piel. A la más mínima contrariedad se quejan contra su Libertador y, en ausencia de Moisés convierten al Invisible en un becerro de oro. Dios que no tiene representación material se transforma en una imagen de oro incapaz de ayudar. La religiosidad que no tiene raíces profundas se convierte en superstición.

Durante la conquista de la Tierra Prometida que relata el libro de Jueces, muchas veces los israelitas abandonaron al Dios que los guiaba, por los dioses de los paganos que convivían con ellos, lo cual los lleva a ser duramente oprimidos. Clamaban a Dios y Éste les proporcionaba un libertador que los liberaba de la opresión. A la muerte del siervo de Dios que había sido la mano libertadora de Dios, volvían a la idolatría. Así una y otra vez. La religiosidad de Israel no era genuina. Tenían una cultura religiosa que no tenía raíces. Fue una religiosidad muy versátil. Es por esto que Jesús tiene que decir a sus descendientes: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo. Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (Mateo 15: 7-9). El pueblo de Israel en su mayoría fue incapaz de decir lo que los labios del patriarca Job pronunciaron: “De oídas te había oído, pero ahora mis ojos te ven, por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42: 5,6). “La piedra (Jesús) que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo” (Salmo 118: 22). La iglesia hebrea tenía como cimiento tradiciones humanas. Es por esto que el judaísmo oficial fue rechazado por Dios y lo sigue siendo hasta nuestros días.

Ya en la era cristiana, el apóstol Pedro a quien la Iglesia Católica considera el primer papa, tiene algo que decir respecto de la decadencia del cristianismo tan manifiesta hoy. Recordando el salmo 118 que afecta a los judíos, escribe a los cristianos: “Acercándonos a Él” (Jesús), “piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como una casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptados por Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa: Y el que cree en Él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, Él es precioso, pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser cabeza del ángulo, y piedra de tropiezo, y roca de caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes, a lo cual fueron destinados” ( 1 Pedro 2: 4-8).

La religiosidad que se echa a perder tan fácilmente en tiempo de bonanza, solo se debe a una causa. No está cimentada en la Roca eterna que es Cristo. “Conocer a Cristo es el camino para crecer en santidad. El cristianismo no es una religión de reglas. Es la religión del ejemplo divino. Que intenta seguir los pasos benditos de la vida más santa. Acepta este concepto. Pregúntate a ti mismo en el momento de perplejidad o de tentación: ¿Qué haría Jesús si estuviese en tu lugar? Estoy seguro que nada más nos puede llevar a andar en santidad” (George Hodges). El desbarajuste en que ha caído la cristiandad se debe a su falta de coherencia. Abandonada la Roca de la eternidad: el caos.

Octavi Pereña i Cortina