dissabte, 27 de juliol del 2024

 

VIDA EN COMUNIDAD

Los sueños si no se hacen realidad, ¿para qué sirven?

“Cohousing” es una nueva palabra que bien seguro la normalizarán las diversas academias de la lengua. La palaba podría traducirse: Vivir en pequeñas comunidades. Según Kristen Ghodsee, quienes practican “Cohousing consiguen niveles más altos de felicidad porque sueñan en una manera diferente de vivir en donde se encuentra un índice más bajo de soledad no deseada”. Esta manera de vivir en pequeñas comunidades alejadas de los mastodónticos núcleos urbanos no es un descubrimiento hecho en el siglo XXI. Hace unos 2.500 años el filósofo griego Pitágoras fundó una pequeña comunidad en el sur de Italia en donde se agrupó un pequeño número de personas no satisfechas con la manera de vivir de los griegos. Se hicieron famosos los cristianos egipcios que abandonaron las grandes aglomeraciones urbanas para refugiarse en el desierto viviendo como ermitaños creyendo que podrían dejar atrás la corrupción moral que se daba en las grandes ciudades y así vivir santamente como exige la fe cristiana. Se equivocaron porque la corrupción que creían poder dejar atrás la llevaron consigo porque transportaban el pecado que es el germen de la corrupción moral. La creación de comunidades perfectas es inviable porque el ser humano no es perfecto.

Podemos entender la facilidad con que se transmite la corrupción moral si nos fijamos en una manzana. Aparentemente está sana. A los pocos días parece una mancha, se la tiene que sacar del cesto para que no contamine el resto de la fruta. Tenemos que dar gracias a Dios porque la mayoría de las personas no son grandes pecadores. Es cierto que en determinadas circunstancias se dan grandes muestras de solidaridad. En otras situaciones esta misma persona se comporta como pecadora que es.

En un principio todas las comunidades basadas en el “Cohousing”, eremitas o monásticas, dan la sensación de ser sanas. El principio de todas ellas es el bien común. Gozan de un alto nivel de felicidad. Más pronto o más tarde comienzan a manifestarse los frutos de la carne, enemistades, pleitos, celos, iras…Aquella comunidad que en un principio parecía estar tan unida empieza a cuartearse, desintegrarse. De ella solo queda el recuerdo envuelto en la neblina del tiempo. Los cristianos no tienen que huir del mundo (1 Corintios 5: 9, 10), sino vivir en él porque la luz que son en Cristo “en las tinieblas resplandece” (Juan 1: 5).

Dada la condición humana quienes practican el “Cohousing” van a encontrarse con un gran desengaño porque buscan la felicidad por un camino tramposo que les llevará a preguntarse qué tengo que hacer para ser feliz. Lo mismo tiene que hacer el resto de los mortales que viven inmersos en la confusión existente  en el mundo. Mírese donde se mire, todo es problemático. Resuelves una dificultad y de debajo de las piedras aparecen dos de nuevas. ¿Qué tienen que hacer quienes viven en la jungla de la civilización para encontrar la felicidad que se les escurre como el agua de entre los dedos? Aprender a convivir con lo que hay. ¿Cómo hacerlo?

En ningún lugar de la Biblia se enseña que las personas tienen que refugiarse en algún lugar solitario para encontrar el gozo del Señor que es permanente. No depende de las circunstancias, sean favorables o adversas. La felicidad que buscan los hombres es un conjunto de situaciones agradables que dura lo que los momentos placenteros son vivos. Finalizado el momento de éxtasis el alma vuelve a sentirse vacía y atormentada. El placer momentáneo no es felicidad genuina.

La insatisfacción permanente que agobia a las personas se debe a que rechazan a Dios el Padre, que en su Hijo Jesús concede su paz que excede la comprensión humana. Los prejuicios son los que impiden que las personas disfruten del gozo permanente que el Padre da por la fe en su Hijo. El texto nos dice que Jesús encontró a Felipe y le dijo: “Sígueme”. El resultado del encuentro de Felipe con Jesús tuvo que ser algo exuberante. No pudo guardar en el buche el gozo que había hallado en Jesús, la Perla de gran precio. El texto sigue relatando: “Felipe encontró a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José de Nazaret. Natanael le dijo: ¿de Nazaret puede  salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve” (Juan 1: 43-46). Una mujer que padecía una hemorragia persistente y que todo lo que tenía se lo había gastado en médicos, a hurtadillas tocó a Jesús. Automáticamente la hemorragia se secó. Jesús dirigiéndose a la mujer le dijo. “Ten confianza hija, tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lucas 8: 43-48). Si el lector busca la felicidad con la persistencia como el minero busca oro sin encontrarlo, le pregunto. ¿Cuánto te has gastado en espectáculos, viajes, placeres, que no te han proporcionado la felicidad que buscas? Por fe toca a Jesús y automáticamente comenzarás a disfrutar el gozo que con tanto desespero buscas.

Octavi Pereña Cortina

 

JONÁS 2: 12

“Entonces oró Jonás al Señor su Dios desde el vientre del pez, y dijo: Invoqué en mi angustia al Señor, y Él me oyó, desde el seno del sepulcro clamé, y mi voz oíste”

“Mas la hora viene, y ahora es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan  4: 23). Este texto forma parte de la conversación que Jesús mantuvo con la samaritana. Jesús le viene a decir a la mujer que se ha terminado el tiempo en que en el templo en Jerusalén o  otro lugar considerado sagrado eran los espacios idóneos para dirigiré a Dios. Con la muerte y resurrección de Jesús los lugares considerados sagrados no tienen razón de ser.

Cuando Jesús enseña a sus discípulos a orar les dice que no lo hagan como los fariseos hipócritas que les gusta hacerlo en público para recibir los aplausos de los espectadores.  Así de claro lo dice Jesús: “Mas tú, cuando ores, entra en tu habitación, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6: 6). Lo que nos viene a decir Jesús es que los devocionales no tienen que convertirse en un espectáculo. Consisten en una relación íntima entre el orante y el Padre celestial. Una vez cerrada la puerta abre tu corazón al Señor. Si alguien te contempla podrá pensar que estás ebrio como el sacerdote Elí lo creyó de Ana. Pero el Señor escuchó la oración de Ana. Ello no quita que imitemos  a Nehemías que sirviendo al rey como copero  “Oró al Dios de los cielos” Nehemías 2: 4). Creo improbable que si no se mantienen reuniones secretas con el Padre celestial, encontrándonos inmersos en ocupaciones mundanas “Oremos al Dios de los cielos”.

Vayamos al texto de Jonás. Dios manda al profeta que vaya a Nínive y exponga el mensaje de salvación que tienen preparado para los ninivitas. En vez de obedecer, embarcó en un navío con destino a Tarsis. Es decir, en dirección opuesta al destino que le había asignado el Señor. El Señor manda una fuerte tempestad que amenaza con hacer naufragar la nave en que viaja Jonás. La tripulación lanza al mar al profeta desobediente a Dios con el propósito de calmar la tempestad. Pero Dios tiene preparado un gran pez que engulle al profeta desobediente.   Encontrándose en lo que considera “el seno del sepulcro, oró a Dios y Él me oyó”. La omnipresencia  de Dios no tiene límites. Supongamos que toda la humanidad en un mismo instante se dirigiese al Padre en oración. La línea de comunicación con Dios  no se bloquearía, impidiendo hablar con Él. El Señor permanece sentado las veinticuatro horas del día ante la centralita dispuesto a escuchar a quienes quieren hablar con Él. La relación con Dios no tiene ningún parecido con lo que ocurre con la sanidad pública que en algunos casos tiene demoras de meses.

Jonás enterrado en el vientre del gran pez, dice: “Invoqué en mi angustia y Él me oyó, desde el seno del sepulcro clamé, y mi voz oíste”.  En el lugar más inimaginable en que podamos encontrarnos el Señor tiene su oído atento para escuchar nuestras suplicas y llenar de abundante paz al corazón afligido.


MIQUEAS 4. 1, 3

“Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa del Señor será establecido por cabeza de montes, y más alto que los collados, y correrán a Él los pueblos…Y Él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá naciones poderosas hasta muy lejos, y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces, no se alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra”

Desde Caín,  el primogénito de Adán que asesinó a su hermano Abel por diferencias religiosas hasta nuestros días y, desde hoy hasta el final del tiempo, será una historia caracterizada por la violencia. Hoy por no perder la costumbre, nuestra existencia se caracteriza por la inestabilidad. Nos quejamos. Nos manifestamos. Conseguimos pequeñas victorias. Pero sigue vigente la maldición que Dios pronunció contra la Tierra por el pecado de Adán. Se nos concede el derecho al pataleo, pero la maldición sigue en pie. No se ha debilitado ni lo más mínimo. Falsas religiones proliferan que confunden  a los hombres. Guerras y rumores de guerras nos asedian. La maldad en sus diversas manifestaciones se pasea lozana entre nosotros. En vez de patalear para no conseguir nada provechoso deberíamos sentarnos y con tranquilidad    reflexionar si ello tiene algún significado. “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos, y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lucas 21: 28). Jesús narra una parábola que nos instruye: “Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano ya está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios” (Lucas 21: 29-31). Así que los cataclismos que nos zarandean a su gusto no tienen por qué ser motivo de desánimo. Nos recuerdan que el reino de Dios se acerca y con su venida el fin de todo aquello que nos perturba. Jesús en diversas ocasiones alerta a que permanezcan vigilantes porque el reino de Dios no vendrá acompañado de bombos  y platillos para despertarnos de nuestra soñolencia. Lo hará de manera inesperada como lo hace el ladrón que entra en nuestra casa para desvalijarla. Siempre  tenemos que estar en alerta para que no nos suceda lo mismo que les ocurrió a aquellas vírgenes necias que no estaban preparadas para recibir al esposo. Mientras fueron  buscar aceite para sus lámparas el esposo llegó y entrado en el salón de la cena con las vírgenes prudentes, se cerró la puerta. Las vírgenes imprudentes que no se prepararon para la venida del Esposo, al regresar de ir a comprar aceite para sus lámparas encontraron cerrada la puerta que daba acceso al salón donde se celebraba el banquete. Golpearon con fuerza a la puerta. Ésta no se abrió. Desde el interior oyeron una voz que les decía. “No os conozco”. Si no desmayamos seremos salvos y, en el día de la resurrección entraremos en el reino de Dios anunciado por el profeta Miqueas. Así que, el mal tiene un límite. Los que se convierten en ciudadanos del reino de Dios por la fe en Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores gozarán eternamente la paz de Dios.

 

 

diumenge, 7 de juliol del 2024

 

EL IMPERIO DEL MAL

Si la luz que hay en ti es tiniebla, ¿qué serán las tinieblas?

Amnistía Internacional alerta que la democracia desaparece debido a la pérdida de derechos humanos que es su fundamento. Esta pérdida va adquiriendo velocidad supersónica a medida que la influencia cristiana va perdiendo peso en la sociedad. Cuando el cristianismo ejercía una fuerte influencia social la corrupción moral se mantenía controlada.  Por nacimiento natural todos nacemos siendo hijos del diablo. Este nacimiento con la inclinación a hacer el mal se debe a que cuando Adán pecó toda su descendencia se encontraba en sus lomos y heredera del pecado que nos inclina a hacer el mal. Cuando el cristianismo es activo actúa como la sal que preserva la carne de descomposición. Cuando el cristianismo se convierte en un humanismo más, la sal que es, pierde su sabor y con ello la capacidad de preservar a la sociedad de corromperse. ¿Qué utilidad tiene la sal insípida? Ninguna. Jesús nos dice qué se hace con ella: “Ya no sirve para nada, sino ser echada fuera y ser pisoteada por los hombres” (Mateo 5: 13).

En las épocas de esplendor cristiano su presencia se hacía notar en la sociedad. Actuaba como purificador social. En aquellos momentos de efervescencia cristiana “el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares yermos, buscando reposo, y no lo encuentra” (Mateo 12: 43). Cuando el cristianismo es pujante Satanás abandona la posición que ocupa en la sociedad con el rabo ente las piernas. Pero no ha sido derrotado. Es una retirada estratégica en espera de volver a recuperar la posición que ocupaba. Esperando la hora de la revancha para cuando el cristianismo vuelve a convertirse en sal insípida. En nuestros días el cristianismo pierde influencia debido a las corrupciones que se dan entre sus miembros y por haber abandonado la verdad de Dios por la mentira. He llegado mi hora, se dice Satanás: “Volveré a mi casa de donde salí acompañado de siete espíritus peores que él, y entrados, moran allá, y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación” (Mateo 12: 44, 45). Fíjese el lector que el espíritu maligno regresa a la casa que abandonó acompañado de siete espíritus peores que él. El número 7 significa multitud. Si un espíritu maligno  ya puede hacer mucho daño, cuánto más siete.

Como era habitual Jesús recorría la tierra. En uno de sus viajes llega a la tierra de los gadarenos y se encuentra con un endemoniado al que le pregunta: “¿Cuál es tu nombre?” Le responde: “Legión es mi nombre, porque somos muchos” (Marcos 5: 9). El comportamiento de este endemoniado nos ayudará a entender qué significa que siete espíritus malignos moran en una persona. El endemoniada gadareno “tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aún con cadenas. Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzaba los grillos, y nadie le podía dominar. Y siempre de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras” (vv. 3-5). Dejo que sea el lector quien interprete el comportamiento del endemoniado. Si es tan horrible, ¿qué será cuando el Anticristo aparezca en la tierra para dominarla?

Los cristianos esperamos a venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo para instaurar el reino eterno de Dios, porque con ella se terminarán todas las insatisfacciones que soportamos en el tiempo presente. Antes de que este acontecimiento glorioso se produzca, “nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2: 3, 4).

Esta situación futura que el apóstol Pablo identifica como “el misterio de la iniquidad”, si no fuese por revelación divina nadie podría sospechar su existencia. Ya está actuando sólo que de momento hay quien detiene su plena manifestación, hasta que quien lo detiene a su vez sea quitado de en medio (v. 7). Esta lucha que se forja en las esferas celestiales es invisible para los ojos del rostro, pero se hace visible a los ojos de la fe.

Desde que el pecado entró en el mundo por la desobediencia de Adán el ser humano ha tenido que luchar “contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6: 12), pero el Espíritu Santo impide que puedan manifestarse con todo su poder. Se acerca, pero, la hora en que el Espíritu Santo se retire del escenario para que Satanás pueda manifestarse con toda su virulencia, “y se manifieste aquel inicuo” (2 Tesalonicenses 2: 8). Los días del imperio del mal: “por causa de los elegidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24: 22). Cuando llegue la hora, el reino del inicuo el Señor” lo destruirá con el resplandor de su venida”              (2 Tesalonicenses 2: 8).

La ciencia a la que se le da tanta importancia falla estrepitosamente a la hora de resolver los problemas humanos. No es la razón la que soluciona los graves problemas que nos afectan. El causante de ellos es Satanás, que es homicida y padre de mentira desde el principio. La fe en Jesús, que es don de Dios, es la que nos abre los ojos para ver al “influencer” que es quien nos induce a actuar de la manera malvada como lo hacemos. Hoy podemos solicitar la ayuda del Señor, mañana quizás no se nos presentará la posibilidad d hacerlo.

Octavi Pereña Cortina

 

 

JUAN 6: 28

“¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?

El texto que comentamos es una pregunta que muchos se hacen. “Entonces vino uno y le dijo” (a Jesús): “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? (Mateo 14: 16). Jesús le respondió: “Si quieres entrar en la vida guarda los mandamientos” (v. 17). Jesús le recuerda los mandamientos. El joven le dijo: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús que conoce lo que hay en el interior del hombre le dice: “Si quieres ser perfecto, anda vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo, y ven y sígueme” (v. 21). “Oyendo el joven esta palabra se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (v. 22). Es dudoso que el joven guardase todos los mandamientos. El amor al dinero le impedía poder cumplir toda la Ley de Dios. Según Santiago: “Cualquiera que guarde la Ley, pero ofende en u punto, se hace culpable de todos” (2: 10). La Ley no sirve para salvar porque o hay nadie que pueda cumplirla. La finalidad de la Ley es hacer ver al hombre que es pecador con el propósito de ser nuestro “guía, que nos lleva a Cristo, a fin que seamos justificados por la fe” (Gálatas 3: 24). Cuando se comprende que el hombre es malo y que no puede hacer de ninguna de las maneras obras buenas con las cuales comprar el favor de Dios, manda a la hoguera las duras privaciones a que sometía su cuerpo, duros ayunos que le enfermaban, extenuantes oraciones que le provocaban alucinaciones, la utilización del látigo y el cilicio que le producían dolorosas heridas…Con todo ello no se consigue extirpar el pecado y mantiene viva la incertidumbre: ¿Soy salvo? Como la respuesta es: NO LO SÉ, se prosigue con la mortificación del cuerpo  que conduce a la condenación eterna porque el pecado que separa de Dios no se ha perdonado porque únicamente: “la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1: 7).

Volvamos al texto que sirve de base a esta meditación: “¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios? Jesús responde a quienes le preguntaban: “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado” (Juan 8: 29). Quede claro que la fe no es una obra meritoria con la que conseguir el favor de Dios: “Es por gracia que somos salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2: 8).

Si el lector tiene la incertidumbre de si es salvo o no puede ser debido a que no ha entendido que la salvación es un regalo de Dios que concede por pura misericordia. Pídele al Señor que te lo aclare y saldrás de dudas.


 

ZACARÍAS 10: 2

“Porque los terafines han dado vanos oráculos. Y los adivinos han visto mentira, han hablado sueños vanos, y vano es su consuelo, por lo cual el pueblo vaga como ovejas, y sufre porque no tiene Pastor”

Ante un mundo convulso, envuelto  de espesas tinieblas espirituales como si se tratase de mortaja, se necesita la firme mano de políticos inteligentes que guíen por los caminos de la justicia. En esta situación se encontraba Israel en Zacarías. Hacia dónde se dirigían, tanto el pueblo como los reyes y sus consejeros? El texto que comentamos lo aclara con luz meridiana. En vez de seguir a Jesús que es a luz del mundo que hace que el que le siga no ande en tinieblas sino en la luz de la vida (Juan 8. 12), se volvieron en pos de los “terafines”, estatuitas de distintos tamaños. Se hicieron ídolos detrás de los cuales se encuentran los demonios, espíritus de maldad y de mentira que daban respuestas vanas que no servían para enderezar los caminos torcidos  que los llevaban a la hecatombe, tanto a nivel individual, familiar y nacional. Como las respuestas que dan los ídolos no satisfacen, se buscan adivinos que les anuncien el futuro oculto. ¿Qué pueden pronosticar los adivinos detrás de los cuales se esconden Satanás  y sus diablos? Es así como Jesús define a esta gente que en vez de volverse a Él le da la espalda: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira de suyo habla, porque es mentiroso y padre de mentira” (Juan 8: 44). Con esta clase de consejeros no debe extrañarnos que el mundo funciones de la manera como  lo hace. Los consejos que dan las personas que como padre tienen a Satanás, no debería extrañarnos que la violencia y la corrupción se extiendan como reguero de pólvora.

“Por lo cual”, nos dice Zacarías, “el pueblo vaga como ovejas, y sufre porque no tiene Pastor”. Se dice que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. La causa de ello se debe a que la mayoría de los ciudadanos confían en los terafines, en los adivinos para que sean sus consejeros. De tal palo tal astilla. De la ciudadanía salen los políticos y la posición de poder que tienen sirve para ayudar a incrementar la perversidad moral de la población.

¿Existe remedio a tal problema? En el aspecto colectivo diré que no. Sí es posible en lo individual. Zacarías añade: “Contra los pastores se ha encendido mi enojo…pero el Señor de los ejércitos visitará su rebaño” (v. 3). ¿Qué significan estas palabras? Que en medio del desconcierto colectivo Jesús es el Buen Pastor a sus ovejas que pastorea nada les va a faltar, que en lugares de delicados pastos las hará las hará descansar, junto a aguas de reposo las pastoreará y confortará sus almas (Salo 23: 1-3). Lector, ¿es Jesús tu Pastor?

 

diumenge, 30 de juny del 2024

 

JUAN 16:32

            “He aquí que la hora viene, y ha venido ya, que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo, pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo”

La crucifixión de Jesús está a la vuelta de la esquina. Previene a sus discípulos de la cercanía del evento. Para algunos es un crimen horrendo provocado por las alcantarillas del Estado. Para los verdaderos creyentes en Cristo es el cumplimiento del proyecto eterno de Dios el Padre que su Hijo tendría que morir de una muerte tan ignominiosa como lo es la crucifixión: “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, hecho por nosotros maldición porque está escrito: maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3. 13), para salvar al pueblo de Dios de sus pecados. El ángel  que anunció a José que María su desposada “había concebido del Espíritu Santo dará a luz un hijo, y llamarás su Nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados”  (Mateo 1: 18, 21).

Los que se consideran cristianos, lo son de lengua, pero no de corazón, se recrean en la muerte de Jesús pero no en su resurrección. Para darse cuenta de ello basta con prestar un poco de atención en lo que ocurre durante la llamada Semana Santa. Todo gira alrededor de la muerte violenta de Jesús. Las procesiones se han convertido en un espectáculo religioso. Desgraciadamente son muchísimas las personas que van al lugar donde fue depositado el cuerpo de Jesús para ungir su cuerpo con “especias aromáticas” (Marcos 16: 1). El lugar en donde fue depositado Jesús está vacío. ¡Aleluya, Cristo ha resucitado!

Volvamos al texto que sirve de base a esta meditación. Ya ha llegado la hora “que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo”. Y  así fue. Cuando los enemigos de Jesús se presentaron en Getsemaní para prenderle, los discípulos le dejaron solo ante el peligro. Aquellos que dijeron que estarían con El aun cuando tuviesen que morir, le abandonaron.

Ahora viene lo que considero es una gran lección para nosotros. Jesús les dijo “pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo”. Ahí tenemos presente el problema de la soledad. Los hombres hacen las mil y una para estar permanentemente acompañados. Tan pronto nos levantamos de la cama encendemos la radio o el televisor para que la voz nos acompañe. Hagamos  lo que hagamos jamás conseguiremos que la soledad del alma que es el origen de la soledad que nos agobie, nos abandone. La auténtica soledad no es la falta de compañía humana sino el vacío que existe en el alma. El corazón no puede permanecer vacío. Si Jesús es el ausente entonces el corazón se llena  de pensamientos que nos enferman. Los discípulos abandonaron a Jesús pero el Padre permaneció en Él. Poco después de que Jesús pronunciase las palabras del texto, el señor fue crucificado. Pero resucitó al tercer en cumplimientos de las Escrituras. Jesús resucitado se convierte en “yo soy el camino, y la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí” (Juan 14: 6). Por la fe en Jesús el alma no se encuentra jamás sola.


SALMO 8: 3, 4

“Cuando veo tus cielos obra de tus dedos, y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que le visites?”

El autor del salmo 8 lo fue el rey David que en su adolescencia pastoreaba las ovejas de su padre. Nos lo podemos imaginar apoyado contra un árbol en las vigilias de noches estivales tocando el arpa y escribiendo  el salmo que comentamos, que tantos beneficios nos proporciona su lectura. Dice el poeta que contempla el firmamento estrellado. Existen dos maneras de contemplarlo. Una desde la perspectiva de la incredulidad que hace que el firmamento estrellado y la existencia humana sean el fruto de la casualidad. Para el incrédulo la  existencia, ni la presente ni la futura tiene sentido. La vida se sustenta en el vacío. No tiene la Roca que es Jesús sobre la que edificar su casa. Los embates de la vida le encuentran desamparado sin posibilidad de ir en busca de socorro en el tiempo de necesidad. Como para el incrédulo Dios no existe, solo le queda la posibilidad de ir a buscar socorro en alguien como él. Cuando Israel se aleja de Dios busca en Egipto ayuda. El representante de Asiria le hace llegar a Ezequías, este mensaje al rey de Judá: “¿Qué es esto en que te apoyas? …Mas, ¿en qué confías que te has revelado contra mí? He aquí que confías en este báculo de caña cascada, en Egipto, en el cual si alguien se apoya, se le entrará por la mano y la traspasará” (2 Reyes 18: 19-21).

David es un hombre de fe. Cuando mira el cielo estrellado no puede por menos que confesar que lo que contempla es obra del Dios omnipotente. Luego contrasta la grandeza de Dios con su pequeñez. Se pregunta. “¿Qué es el hombre  para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que le visites? La respuesta a esta pregunta se encuentra en el hecho de que el hombre es creación directa de Dios, creado a imagen de Él. A pesar que Adán no obedeció el mandato de no comer del fruto del árbol de la ciencia, Dios instruye a Adán cómo rehacer la comunión con Él rota por el pecado. Es por la fe en el Mesías que tendría que  venir. Es así como David puede dirigirse al Creador, diciéndole: “¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que le visites? Es el amor infinito de Dios lo que hace que no se olvide del hombre rebelde.

Es el mismo David quien en el salmo 86, escribe: “Mírame, y ten misericordia de mí, da poder a tu siervo, y guarda al hijo de tu sierva. Haz conmigo señal para bien, y véanlo los que me aborrecen, y sean avergonzados, porque tú, Señor, me ayudaste  y me consolaste” (vv. 16, 17). David no se apoya en la caña quebrada que es el hombre, sino en el brazo poderoso de Dios   que le sostiene en los momentos que sus enemigos se le acercan para dañarle.    

 

diumenge, 23 de juny del 2024

 

TRADICIÓN, ¿ES ESPECTÁCULO?

La Tradición convierte a la Religión en un espectáculo porque afecta a la sensualidad y no al corazón

El acto religioso convocado para celebrar Corpus “en la Catedral de Lleida como fiesta excepcional, tuvo la solemnidad adecuada, si bien a criterio de muchos feligreses pecó (palabra inadecuada, al tratarse de donde se trata), de demasiado largo”. Este texto lo he extraído del artículo “Liturgia y protocolo” de Jaume Climent (La Mañana, 4/06/2024).

La fiesta de Corpus no es de origen apostólico. Se constituyó en el año 1264 siendo papa Urbano IV y, definitivamente proclamada  en el año 1316 siendo papa Juan XXII. La celebración no está amparada por el canon de las Sagradas Escrituras cristianas. Forma parte de la Tradición católica. Por lo cual se tienen que tener los ojos bien abiertos porque no siempre Tradición equivale a Verdad. A partir de la desaparición de los apóstoles y debido al debilitamiento de la autoridad de los pastores y del abandono de la Biblia como garantía de la sana doctrina que se impartía.  Debido a los lobos cubiertos con pieles de ovejas que se infiltraban en las iglesias, las falsas doctrinas convertidas en fábulas iban suplantando la verdad bíblica, convirtiéndose en la Tradición que tanta importancia se le da en la Iglesia Católica. En este sentido es necesario recordar las palabras del profeta Isaías: “Dice pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a Mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de Mí, y su temor de Mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13). Jesús aprueba las palabras del profeta cuando refiriéndose a la tradición judaica dice a sus enemigos los sacerdotes y fariseos. “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (Marcos 7: 9). El creyente católico si desea ser fiel consigo mismo tendría que preguntarse: Lo que creo y practico, ¿se ajusta a la Palabra de Dios o a la tradición de los hombres? Que el Señor le ilumine pues de la respuesta que dé depende su salvación o condenación eterna.

Corpus tiene que ver con la doctrina de la transubstanciación que enseña que la harina que es el componente básico de la hostia, ésta al ser consagrada por el sacerdote, sin perder su textura material, se convierte en el verdadero cuerpo de Jesús. Jesús afirma de sí mismo: “Yo soy el pan de vida, el que a mí viene nunca  tendrá hambre, y el que en Mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6: 35). Jesús no dice a sus oyentes que ingieran un pedacito de pan que le representa. Afirma. Creed en Mí, es decir tened fe en Mí como Salvador. Jesús aporta más información al decir: “El Espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (v. 63). Cuando Jesús dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero2 (v. 54), lo dice en sentido figurado, no literal. Se come la carne de Jesús y se bebe su sangre por la fe, no por la boca.

Cuando los sabios doctores que tiene la Iglesia Católica, como prestidigitadores sacaron la doctrina de la transubstanciación, tuvieron que legalizarla. Ello se hizo en el Concilio Lateranense celebrado en el año 1215. Esta  doctrina que es herejía no se conforma con quedarse sola, le acompaña el pecado de idolatría. Ante la hostia consagrada por ser lo que se dice representa, los fieles tienen que doblar la rodilla ante ella en señal de reverencia. A esto se le llama idolatría. Por cierto, totalmente prohibido por Dios. Así lo exige la Ley divina: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás, porque yo soy el Señor tu Dios, fuerte, celoso, que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que le aborrecen” (Éxodo 20: 4, 5).

No solo en las procesiones, también en la iglesia ante el Sagrario en donde se supone que Jesús está presente, los fieles católicos tienen que hacer la obligada reverencia. La Iglesia Católica que desea que Jesús esté en cuerpo presente en las  procesiones y en las iglesias, tendría que recordar las palabras del apóstol Pablo que por conservarse grabadas en la Biblia y que por ser Palabra de Dios prevalecen sobre cualquier otra autoridad: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1Corintios 3: 16). El mismo apóstol concretando más, escribe: “Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones” (Efesios 3: 17).

El autor del escrito “Liturgia y protocolo” lo cierra con el temor de  que Corpus “no se convierta involuntariamente en un espectáculo folclórico más, como si de un desfile se tratase”. Su temor se ha convertido ya en realidad. La Tradición se ha convertido en espectáculo que tiene que irse renovando para mantener viva la sensualidad de los feligreses porque si no se aburren.

Octavi Pereña Cortina

 

MARCOS 10: 47

“Y oyendo que era Jesús nazareno comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!

Jesús sale de Jericó acompañado de sus discípulos. Una gran multitud le seguía. Junto al camino el ciego Bartimeo estaba sentado mendigando. Siempre que se reúne una gran multitud es inevitable que se produzca vocerío. Bartimeo no ve, pero oye. Lo lógico es que preguntase: ¿Qué pasa? Le dicen: Es Jesús nazareno. Bien seguro que Bartimeo había oído hablar de Jesús  y de sus milagros. A pesar  que Jesús decía a quienes curaba que no dijesen nada, proclamaban por doquiera las maravillas que hacía. ”Oyendo (Bartimeo), “que era Jesús nazareno, empezó a dar voces y a decir: ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí” (v. 48).

Existen dos clases de ciegos: los que como Bartimeo no pueden ver el entorno en que se encuentran. Estos son minoría. Y los ciegos espirituales que lo somos todos por haber sido engendrados  siendo pecadores.  Hemos nacido siendo ciegos espirituales que nos impide ver a Dios y a sus ángeles  que por ser espíritu, son invisibles a los ojos la cara. La ceguera espiritual tampoco nos impide ver a Satanás y a sus demonios a los que el apóstol Pablo identifica como “principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo, huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”     (Efesios 6: 12).

Jesús manda que le acerquen al ciego al que le pregunta. “¿Qué quieres que te haga?”   El invidente le dice: “Maestro que recobre la vista”. El Señor le dice: “Vete, tu fe te ha salvado. Y  enseguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino” (vv. 51, 52).

Jesús que como hombre era Hijo de David. Satanás intenta matarlo cuando tenía dos años por la espada de Herodes. Al inicio de su ministerio público los nazarenos intentaron despeñarle. A lo largo de su ministerio público intentaron matarle, sin éxito. Llegando el cumplimiento del tiempo  Jesús murió en la cruz para salvar al pueblo de Dios de sus pecados. Pero resucitó al tercer día en cumplimiento de las Escrituras.  Hoy Jesús sigue recorriendo el mundo por medio de sus hermanos en quienes mora por el Espíritu Santo que han recibido. Jesús sigue dando vista espiritual a todos aquellos que como el ciego Bartimeo dan voces: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! ¿Es consciente el lector que es un ciego espiritual? Los servidores de Satanás que te rodean te dirán: “No seas bobo, Jesús es un cuento de hadas como Blancanieves. No les hagas caso: grita con fuerza: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!


 

1 REYES 2: 1

“Y Acab dijo a Elías: ¿Me has encontrado enemigo mío?”

Muchos días previos a cuando el Señor quiere anunciar el fin de la larga sequía que devasta Israel llama al profeta Elías para que se presente ante el rey Acab.  Cuando están el uno enfrente del otro, el monarca le dice al siervo del Señor: “¿Eres tú el que perturbas a Israel? (1 Reyes 18: 17). El profeta le dice al malvado rey: “Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos del Señor, y siguiendo a los baales” (v. 18).

Se podría resumir  el carácter moral de Acab con estas palabras: “A la verdad nadie fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos del Señor, porque Jezabel su mujer lo incitaba. Él fue en gran manera abominable, andando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales lanzó el Señor de delante de los ojos de Israel” (1 Reyes 21: 25, 26).

La misericordia del Señor es mucha incluso con personas como Acab. Al oír el monarca las palabras del profeta se arrepintió de su pecado (v. 27). El Señor al ver el arrepentimiento del monarca le dice al profeta Elías:” ¿No has visto como Acab se ha humillado delante de mí? Pues, por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días, en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa” (v. 29). El castigo de Acab se  retrasó en su hijo Ocozias, el cual, por cierto murió en sus propios pecados. Los hijos no pagan por los pecados de los padres, ni los padres por los de los hijos. Cada cual es castigado por sus propios pecados.

Nos preguntamos: ¿Por qué se retrasa Dios en castigar a los miserables criminales, a los políticos corruptos que viven holgadamente y muchos de ellos en el sosiego de la cama? A tal pregunta sólo hay una respuesta. “El Señor no retarda su promesa, según algunos tienen por tardanza, sino que es paciente con nosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3: 9). Hoy es el día de la salvación para el lector que no sea salvo, mañana quizás no tendrá lugar para el arrepentimiento.