dissabte, 30 de setembre del 2023

 

JEREMIAS 17: 7, 8

“Bendito el varón que confía en el Señor y cuya confianza es el Señor. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, que no teme cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde, y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto”

Cuando los vientos nos son favorables y la prosperidad aumenta y a cada día que pasa, materialmente somos más ricos. No me vengas  con monsergas hablándonos de las naciones africanas que desde hace años padecen una dura sequía y persistente. Como vemos las barbas de los países africanos arrancar tenemos que poner las nuestras a remojar. Ahora que con el cambio climático naciones que eran vergeles, que sus ciudadanos se duchaban tres veces al día, que se permitían el lujo de tener los grifos abiertos sin necesidad, empezamos a darnos cuenta de la importancia de no malgastar el agua. El cambio climático con sus consecuencias nos ayudará a entender textos como el que comentamos.

Si confiar en el Señor se parece a un árbol plantado junto a una corriente de agua, lo contrario, la incredulidad, hace que nos parezcamos a un árbol plantado en medio de la sequedad del desierto: la hojas marchitas y frutos, si los hay, escasos y pequeños.

El Salmo 1 es todavía más claro que el texto de Jeremías. El poema empieza diciendo. “Bienaventurado el varón que no anda en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino que en la Ley del Señor está su delicia, y en su Ley medita de día y de noche” (vv 1, 2). “Como el ciervo  brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” (Salmo 42: 1). El salmista se compara a un ciervo que en medio de la extrema sequía olfatea y  brama desesperado por el agua que no encuentra. ¿Dónde encontrará el sediento espiritual el agua viva que dará vida a su alma agrietada por la extrema sequía en que se encuentra? El poeta dice que su alma encuentra refrigerio en Dios. Meditar en la Ley de Dios encuentra su delicia. El resultado del alma que brama sedienta de Dios, el salmista la describe: ”Será como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará” (v. 3).

Los impíos que en su ignorancia dicen que los cristianos son unos aburridos porque al pensar tanto en el pecado no saben lo que es vivir. Los incrédulos que detrás de una alegría artificial que producen los placeres sensuales, el salmista los describe con estas palabras: “No así los malos, que son como el tamo que arrebata el viento. Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque el Señor conoce el camino de los justos, mas la senda de los malos perecerá” (vv. 4-6).


 

PROVERBIOS 30: 6 

“No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso”

Debido a que “nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”  (2 Pedro 1: 21). El texto que comentamos es Palabra de Dios, lo que significa que es el Señor mismo quien se dirige a nosotros. Los israelitas sufrieron mucho debido a que desobedecieron los dichos de los profetas que hablaron siendo portavoces de Dios. Aprendamos de su experiencia punitiva y no caigamos en la tentación de decirle a Dios: NO VOY A OBEDECERTE.

En el Antiguo Testamento no estaba completo el canon de las Sagradas Escrituras. Faltaba que “en los postreros días (Dios) nos ha hablado por su Hijo” (Hebreos 1; 1). Lo ha hecho y ha ordenado a sus discípulos a que hagan discípulos  a todas las naciones “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28: 19, 20). Los apóstoles inspirados por el Espíritu Santo han dejado escrito todo lo que faltaba para cerrar el canon de las Sagradas Escrituras. Siendo así, que Dios ha dicho todo lo que los hombres necesitan saber sobre Dios y la salvación, cobran todavía más importancia las palabras dl texto que comentamos. ”No añadas a sus palabras” limita lo que tenemos que saber sobre Dios y su salvación exclusivamente a lo que está escrito en la Biblia. Este conocimiento tendría que estimularnos a contrastar  lo que enseña la Iglesia con lo que enseña la Biblia. Si se hace así nos encontraremos con la desagradable sorpresa de descubrir que lo que la Iglesia enseña como verdad absoluta es pura mentira. El texto que comentamos es claro: Si añades o quitas a la Palabra que te hecho llegar por medio de los escritos proféticos y apostólicos eres un mentiroso y si enseñas estas falsas enseñanzas engañas a las personas que te escuchan. La Iglesia que por medio de sus doctores enseña doctrinas no bíblicas lo hace porque son guiados por Satanás que es padre de la mentira.

Tal vez el lector pensará de mí que soy un extremista, que lo hago por animadversión hacia la Iglesia católica. Lo dicho no es de mi propia cosecha. No procede de mi corazón malvado. Jesús clavado en la cruz dirigiéndose a los sacerdotes y a los doctores de la Ley que blasfemaban su Nombre porque le consideraban un impostor, dirigiéndose a su Padre le dice: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23: 34).

Jesús que es la VERDAD y que no tiene pelos en la lengua, dirigiéndose a la clase sacerdotal que se supone tendría que conocer las Sagradas Escrituras, no a una multitud analfabeta, les dice: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso y padre de mentira”  (Juan 8: 44).

 

 

EDUCACIÓN SEXUAL

<b>La necedad es una mala consejera en la educación de los hijos</b>

“Cuatro jugadores del plantel del Real Madrid ayer (14/09/2023) fueron arrestados, por la Guardia Civil, acusados de presunto delito de revelación de secretos de índole sexual, según <i>El Confidencial</i>, es una noticia confirmada más tare por la Agencia EFE”. Ante el incremento de delitos sexuales cometidos por menores y adolescentes “¿qué es necesario hacer?” Desde la FAD (Centro Reina Sofía Juventud) lo tienen claro: concienciarlos desde pequeños y hacer talleres prácticos  para que los adolescentes entiendan  qué es la intimidad”. “¿Qué es necesario hacer?”, se pregunta FAD.

Génesis 1: 25, 27, 28 relata la creación de las bestias y del hombre dotados de la facultad de reproducirse. Biológicamente la reproducción de los mamíferos y de los humanos es parecida: el semen del macho  fertiliza el óvulo de la hembra. En la práctica existe una gran diferencia. En los mamíferos la fecundación de las hembras solo puede producirse cuando éstas están en celo. Terminado este período el sexo desaparece. En los humanos la cosa es distinta. La legítima relación sexual se da en el matrimonio (Génesis 2: 24). Es una relación motivada por el amor. Diferenciándose de los mamíferos que fuera del período de celo el sexo desaparece, en los humanos este período asexual no existe. En la pubertad se despierta la sexualidad que dura desde la adolescencia hasta la vejez. Es aquí donde puede hacerse un mal uso de la sexualidad, tanto por los hombres como por las mujeres. Repito, la relación sexual legítima es la que está motivada por el amor en el matrimonio. También puede practicar el sexo ilícitamente motivado por la lascivia, la inclinación a los exagerados placeres sexuales fomentados por el pecado. “Del corazón salen los pensamientos malos: los adulterios, las fornicaciones” (Mateo 15: 19).

Es evidente que “la fornicación, la impureza, la lascivia” (Gálatas 5: 19) se manifiestan en las personas que no han sido regeneradas, que no andan en novedad de vida, es decir en quienes no han creído en Jesús como Señor y Salvador. La lascivia que contamina a la persona es motivada por el infierno. Causa conflictos conyugales, fomenta las enfermedades venéreas. Convierte el hogar en un infiero. Sin el poder de Dios nadie puede controlar del todo lascivia que es veneno mortal.

Ante la multitud de casos parecidos  al de los jugadores del plantel del Real Madrid, con la FAD nos preguntamos: “¿Qué es necesario hacer?” <b>Alejandro Villena</b>, sicólogo y director clínico de la Asociación Dale una Vuelta, escribe: “Nos escandalizamos  de las agresiones sexuales, de las violaciones en grupo…Pero no hacemos nada, ni los políticos, ni tampoco la sociedad, ni los padres”. Yo añadiría ni la Iglesia. ¿Qué pueden hacer los políticos, la sociedad los padres, la Iglesia, si en este tema son unos auténticos analfabetos? Si los adultos no saben cómo curar su disfunción sexual, ¿cómo van a poder corregir el comportamiento sexual de sus hijos que tanto preocupa? Es como pedir que la zarza dé peras. Si los padres son consumidores de pornografía, si son clientes habituales de prostíbulos, si no les importa romper la fidelidad conyugal, ¿cómo pueden tener autoridad para poder enseñar que sus hijos se comporten decentemente? Podrán decir que jamás han visto un peli porno, ni han comprado ninguna revista del mismo género. Me lo puedo creer. ¿Cómo se comportan cuando sentados en la butaca en la sala de estar ven una película en que aparecen desnudos y escenas de sexo? ¿Quién puede decir que yendo por la calle no ha visto a una mujer de buen ver y no se la ha mirado lujuriosamente? Jesús los condena cuando dice: “han cometido adulterio con ella en el corazón” (Mateo 5: 28).

Quien más quien menos todos no hemos dejado llevar por la lascivia. Todos tenemos que arrepentirnos ante Dios que ha legislado: “No desearás la mujer de tu prójimo” (Éxodo 20: 17). Si los padres no arreglan su situación con Dios no tienen autoridad para instruir sexualmente a sus hijos. La construcción de una casa no se empieza por el tejado. Primero se ponen los cimientos. Supongamos que los padres son verdaderos creyentes en Cristo. Que su fe no está depositada en “un dios desconocido” como hacían los antiguos atenienses para estar a bien con sus dioses, sino que la tienen puesta en Jesús que es la Roca por haber resucitado de entre los muertos, entonces se hará suyas la palabras  del profeta Joel: “De Éste (Jesús) contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a otra gneración2 (1: 3).

Una vez obtenida la paz con Dios los padres  están en condiciones de enseñar sexualidad a los hijos sin tabúes. Reconocen que el sexo es un don de Dios que tiene que conservarse santo: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2. 24). Algunos enseñan que el sexo es pecado incluso en el matrimonio, que únicamente tiene que servirse de él para la reproducción. De ahí viene el celibato sacerdotal y monacal. Es antinatural y causante de muchos problemas. En ningún lugar de la Biblia se enseña semejante majadería. Para desacreditarla basta con leer. “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla, pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 11. 4).

Los padres saben que llegada la pubertad se despierta la libido de los hijos. ·Cuando les pregunten no respondan que los niños vienen de París. Díganles la verdad que les fortalecerá para enfrentarse a un mundo cruel. La tarea de educar a los hijos en el tema de la sexualidad es delicada y difícil. Pídanle a Dios la sabiduría necesaria. Él os la dará y lo que parecía imposible estará a vuestro alcance.

Octavi Pereña i Cortina

 

diumenge, 24 de setembre del 2023

 

LOS IMPERIOS CAEN

<b>Cuando se silencia la Ley de Dios las naciones se preparan para la guerra</b>

La periodista <b>Anna Buj</b> en su escrito “El Papa enaltece a la Gran Rusia”, publicado en La Vanguardia (30/08/2023) cita las palabras que el Papa Francisco dirigió a los jóvenes católicos rusos  reunidos en San Petersburgo: “No os olvidéis de la herencia. Sois herederos de la Gran Rusia: La Rusia de los santos, de los reyes, la Gran Rusia de Pedro el Grande, de Caterina II, aquel gran imperio ruso, de tanta cultura, de tanta humanidad – sostuvo el Papa argentino -. No renunciéis a esta herencia. Vosotros sois los herederos de la Gran Madre Rusia, seguid adelante. Gracias. Gracias por vuestra manera de ser rusos”.

Las palabras del papa elogiando “tanta humanidad” de la Gran Rusia han hecho que el Kremlin se mostrase altamente satisfecho. Su portavoz <b>Dmitri Peskov</b> agradece al Papa con estas palabras: “El Pontífice conoce la historia rusa y esto es muy bueno. Tiene raíces profundas y nuestra herencia no se limita a Pedro el Grande o a Caterina, es mucho más antigua. Lo que el Estado ruso, los grandes activistas, las escuelas y profesores universitarios están haciendo es llevar esta herencia a nuestros jóvenes. Y que el Pontífice esté al unísono con estos esfuerzos es muy gratificante”.

Unas palabras de Jesús son como el anillo al dedo los elogios de <b>Dmitri Peskov</b> dirige al Papa. “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas” (Lucas 6: 26). Cuando el papa Francisco enaltece desmesuradamente las virtudes de la Gran Rusia manifiesta una ignorancia supina de las enseñanzas bíblicas sobre los grandes y pequeños imperios. Uno detrás de otro es borrado del mapa. La causa: La injusticia que llevaba a la grandeza efímera. Los profetas anunciaban que todos los ciudadanos de los imperios, empezando por los reyes, los caudillos hasta el último mono tenían que arrepentirse, dejar de dar la espalda al Padre de nuestro Señor Jesucristo y abandonar la injusticia que es el oprobio de los pueblos y pasen a practicar la justicia que enaltece  a las naciones. La respuesta era siempre la misma: NO ESCUCHAREMOS. La Biblia muestra el caso de NÍNIVE como ejemplo de lo que les ocurre a todos los imperios. Dios llama al profeta Jonás y le dice: “Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré” (Jonás 3: 2). ¿Cuál era el mensaje que Jonás tenía que compartir con los ninivitas?  “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida”  (v. 4). Los ninivitas creyeron el mensaje  “y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor al menor de ellos” (v. 5). Los cuarenta años se convirtieron en unos cuatrocientos cuando fue tomada por los medos.

El profeta Daniel anuncia que a partir de Nabucodonosor, rey de Babilonia, se levantarán y desaparecerán imperios: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo, desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2: 44). “Castigaré al rey de Babilonia  y su tierra, como castigué al rey de Asiria” (Nínive) (Jeremías 50: 18).

¿Cómo comienzan los  imperios que en nombre de la civilización, de la evangelización y de  cualquier otra justificación que no tiene justificación? Un imperio nace en un territorio deshabitado, en un espacio ocupado por un número reducido de personas que según la Biblia son carnales. Es decir, individuos en quienes no habita en ellos el Espíritu Santo. Las características de las personas carnales la Biblia las detalla: “Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas” (Gálatas 5: 19- 21). Este número reducido de personas carnales engendran hijos de entre los cuales emergen “los poderosos, los hombres de fama de la antigüedad” (Génesis 6: 4), que dominan sobre el resto de la población. Ya tenemos el embrión de un imperio que bajo el caudillaje de un poderoso, de un hombre de fama que con sus hazañas bélicas hace que se escriba la historia. El poderoso, el hombre de fama para conservar el liderazgo sobre la población tiene que conseguir que su causa privada sea la de todos. De ahí nacen los mitos: Patria, bandera, lengua, raza, religión. Con ello se consigue que el pueblo se entregue incondicionalmente al caudillo de turno sin reflexionar si lo que ordena es justo o no. Se convierten en zombis que siguen al caudillo como ovejas conducidas al matadero. Todo iría a la perfección de no ser que por encima de los caudillos, hombres de fama, existe el Creador, el Legislador que ha promulgado la Ley que regula el comportamiento humano. El orgullo impide que acaten la Ley de Dios legislada para bien de los hombres. Con altivez responden: NO ESCUCHAREMOS. Dios no es un rey débil que pueda ser manipulado. Es el Todopoderoso que aplicará a los imperios de todas las épocas la sentencia que la historia confirma aplicó a Moab: “Hemos oído de la altivez de Moab, que es muy soberbio, arrogante, orgulloso, altivo y altanero de corazón…Y Moab será destruido hasta dejar de ser pueblo, porque se engrandeció contra el Señor” (Jeremías 48: 29, 42). El adagio popular es muy sabio: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, echa las tuyas a remojar”.

Octavi Pereña i Cortina

 

 

HECHOS 8: 3

“Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel”

El nombre de Saulo aparece por primera vez en las páginas de las Sagradas Escrituras cristianas cuando Esteban, hombre lleno del Espíritu Santo “fue sacado fuera de la ciudad, le apedrearon, y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo de Tarso” (Hechos 7: 58). Saulo fue un extremista religioso que odiaba a muerte a los seguidores de Jesús porque los consideraba herejes  que pretendían destruir el templo en Jerusalén y al judaísmo. ¡Cuidado con los extremistas religiosos porque pueden hacer más daño que un fuerte pedrisquero. Los asesinos religiosos son más  peligrosos que los comunes porque sus crímenes los hacen en Nombre de Dios.

Saulo, respirando aun amenazas y muerte contra los discípulos del Señor” (Hechos 9: 1), pidió al sumo sacerdote autorización para perseguir a los cristianos más allá de os muros de Jerusalén. Movido por el odio emprende camino hacia Damasco para hacer prisioneros a los cristianos en Damasco. Al acercarse a la ciudad ocurrió algo asombroso: “Aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo, y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Saulo dijo: ¿Quién eres Señor? y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues, dura cosa es dar coces contra el aguijón” (vv. 3-5). El resultado de este encuentro sobrenatural de Saulo con Jesús fue la conversión del perseguidor de cristianos y el comienzo de un ministerio apostólico que sirve de bendición para los cristianos de todas las épocas.

A raíz del resplandor Saulo se quedó ciego. El Señor envió a Ananías a Saulo para que le tocase los ojos y recuperase la visión. El cristiano se queja: “He oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén” (v. 13). El Señor le dice a Ananías que Saulo le es un instrumento escogido para anunciar el Evangelio a los gentiles (no judíos) (v. 15).

El caso de Saulo es uno muy destacado que nos muestra el gran amor que Dios siente por el pecador, sin tener en cuenta la gravedad de los pecados cometidos. Creo que no hay pecado más grande que perseguir a Dios cuando se maltrata a sus hijos: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues, dura cosa es dar coces contra el aguijón”. Saulo que más tarde se convierte en Pablo que es el nombre en latín, escribió estas palabras tan alentadoras para los grandes criminales que a nuestros ojos no tienen perdón de Dios: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1: 1). A pesar del perdón absoluto que el Padre concede a quienes creen en Jesús como Señor y Salvador, nos recuerda que de alguna manera los pecados cometidos  tienen que ser castigados: “Porque le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi Nombre” (Hechos 9 11).


HECHOS 12: 5

“Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel, pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él”

Viendo el rey Herodes que los ataques que emprendía contra los cristianos “había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro” (v. 3). Esta es la razón por la que Pedro se encuentra encarcelado y en vigilia de ser asesinado. (v. 4). Para que no los cogiese desprevenidos Jesús alertó a sus discípulos: “Acordaos de  la palabra que yo os he dicho: El sirvo no es mayor que su Señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros perseguirán…Mas todo esto harán por causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió” (Juan 15: 20, 21).

Los cristianos que a partir de Constantino se hermanaron con el poder político se convirtieron en un pueblo que de oídas habían oído de Dios  pero que su corazón se había alejado de Él. Ello hizo que de perseguidos por los paganos se convirtieran en perseguidores de los verdaderos cristianos. La historia está  atiborrada de ejemplos de cómo la Iglesia casada con el Estado, con el apoyo político persigue a muerte a los fieles en Cristo.

Vayamos a Pedro y a la iglesia de sus días. El rey Herodes perseguidor de cristianos para complacer a las autoridades religiosas judías puso al apóstol Pedro en la cárcel para poderlo asesinar pasada la festividad: “Le puso en la cárcel, entregándolo a cuatro grupos de soldados para que lo custodiaran” (v. 4). El texto nos dice que “la iglesia hacía sin cesar oración a Dios” (v. 5). Bien seguro que le pedían al Señor que liberara a Pedro de la cárcel. Pero no se podían imaginar la manera como iba a hacerlo. El apóstol se encuentra en una cela encadenado a dos soldados. Le era totalmente imposible poder huir. La puerta de la celda cerrada y dos soldados delante de ella haciendo guardia. A pesar de tantas medidas de seguridad tomadas para impedir que Pedro abandonase la celda, un ángel del Señor entra en ella. Los soldados que mantienen a Pedro encadenado duermen inconscientes de que el ángel del Señor libera a Pedro de las cadenas. Salen de la celda estando la puerta cerrada. Al llegar a la puerta de la ciudad esta se les abre milagrosamente. Al llegar fuera de la ciudad el ángel abandona a Pedro que “volviendo en sí, se dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha liberado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba” (v. 11).

La oración que los hermanos hacían al Señor para que liberara al apóstol tenía que ser una oración que no limitase el poder de Dios. Cuando la doncella informó que Pedro se encontraba a la puerta golpeándola, no se la creyeron. Creían que veía una visión. Pero sí, Pedro estaba a la puerta. El Señor obra milagros de maneras que somos incapaces de entenderlo. Pero ahí están.

 

diumenge, 17 de setembre del 2023

 

LIBERTAD ESPIRITUAL O SENSUAL

<b>El objetivo de la educación es formar personas que sepan  gobernarse por sí mismas y que no sean controladas por otras</b>

Pienso que es una necesidad urgente que nos paremos a reflexionar sobre este texto que forma parte de la entrevista que <b>Ima Sanchís</b> le hizo al ensayista <b>Amador Fernández-Sabater</b>: “Sí, existe una disputa para atraer nuestra atención. Hoy es para la economía y la política, nuestra atención es el bien principal…La libertad es ir más allá de las opciones que hay y ser capaces de conquistar alguna cosa que no es…En primer lugar es rechazar lo que existe, no conformarnos con lo que nos viene dado, sino trascender a la búsqueda de algo que todavía no existe. La libertad no es posesiva…No es algo que ya existe y que yo deseo, es el esfuerzo de rechazar lo que existe para alcanzar otra cosa. La libertad es trasformación…haría falta ver si la libertad de escoger entre centenares de opciones de series e información es tan cómoda como se la presenta, porque después los estudios nos revelan que el ansiolítico es el fármaco más consumido”.

La pregunta que tenemos que hacernos y que es necesario darle respuesta es: ¿Qué es libertad? <b>Amador Fernández-Sabater</b> trata el tema desde la premisa estrictamente consumista. Considera que la libertad es ir más allá delo que ya se tiene para ir a buscar lo que no se posee. Estamos en manos del consumismo compulsivo que nos hace creer que somos libres porque escogemos cosas nuevas que se crean para que seamos felices. Sin darnos cuenta caemos en las manos del consumismo apremiante que nos lleva al ansiolítico, el fármaco más consumido. Tenemos la libertad de poder escoger entre cien y una mil novedades deseables que nos llevan a la esclavitud del consumo apremiante de pastillas de la felicidad  que en vez de hacernos felices nos destrozan emocionalmente. La verdadera felicidad no consiste entre poder escoger un objeto u otro. Entre viajar a Canadá o México. Esta libertad que disfrutamos únicamente nos permite escoger entre maneras de complacer nuestra sensualidad. Como las elecciones no satisfacen nos vemos obligados a buscar emociones más fuertes que nos colapsan emocionalmente. Es como perseguir el viento. Tan pronto cierras el puño no queda ni rastro. Es un esfuerzo insatisfactorio alimentar la sensualidad. Ello es vanidad y aflicción de espíritu. En vez de ser personas que saben gobernarse por sí mismas caemos en las manos de titiriteros que mueven los hilos a placer.

Dado que somos descendientes de Adán y herederos de su pecado estamos programados para escoger únicamente aquello que contribuye a ratificar la sensualidad. Pero el alma que forma parte de nuestra persona al ser espiritual no la cuidamos porque al ser invisible decimos que no existe. Error que no nos permite salir del callejón sin salida en que nos encontramos.

Nicodemo, que se consideraba estricto cumplidor de la Ley de Moisés que había convertido la práctica religiosa en una manera de satisfacer su sensualidad no estaba satisfecho con el resultado de su extremismo religioso. Atraído hacia Jesús porque sus enseñanzas tenían más autoridad que las de los escribas (Mateo 7: 29) y porque sus señales nadie podía hacerlas de no ser que Dios estuviese en Él (Juan 3: 2). De noche para o ser visto, fue a encontrarse con Jesús. Éste le dijo: “Si no naces de nuevo no puedes ver el reino de Dios” (Juan 3: 8). Lo que Jesús le viene a decir a Nicodemo es: Tú práctica extremista de la religión  no es nada más que gratificación sensual disfrazada de piedad.  En tanto sigas estando obsesionado con la práctica extremista se la religión eres incapaz de  ver lo que no ves: la espiritualidad genuina. Es por esto que Jesús intentando abrirle los ojos para que viese lo que no veía le dice al fariseo extremista: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3: 5, 6).

Durante la conversación Jesús transporta a Nicodemo, al desierto cuando salidos de la esclavitud egipcia con la ayuda de la mano poderosa de Dios los israelitas peregrinaban con destino a la Tierra Prometida: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto” (v. 14a). A los israelitas, como era su costumbre, no les gustaban las bendiciones que recibían de Dios. Se quejaban porque querían que el Señor les bendijese a su gusto. Creían que eran más sabios que Dios. No entendían que los caminos y los pensamientos de Dios son más altos que los suyos (Isaías 55: 8, 9). En respuesta a su rabieta: “El Señor envió entre el pueblo serpientes ardientes que mordían al pueblo, y murieron muchas personas de Israel” (Números 21: 4-9). El castigo que les infligió Dios movió a los israelitas al arrepentimiento y le pidieron a Moisés que intercediese por ellos ante el Señor. Dicho y hecho. La respuesta que Moisés recibió fue: “Hazte una serpiente de bronce, y ponla sobre una asta, y cualquiera que fuese mordido y mirase a ella, vivirá”.

Jesús interpreta a Nicodemo el significado de la serpiente de bronce: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda más tenga vida eterna” (Juan 3: 14, 15). El nuevo nacimiento que abre los ojos a una espiritualidad genuina es el resultado de la fe en Jesús que muere en la cruz para salvación del pueblo de Dios de sus pecados (Mateo 1: 21). Que el mensaje que Nicodemo recibió de Jesús en su visita nocturna caló en su corazón se pone de manifiesto cuando en la hora de enterrar al Crucificado: “Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y áloes, como cien libras. Y tomaron, pues el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con especies aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos.” (Juan 19: 39, 40). “Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55: 11).

Octavi Pereña Cortina

 

ECLESIASTÉS 7: 16

“No seas demasiado justo, no seas sabio con exceso, ¿por qué habrías de destruirte?”

Ser demasiado justo o ser sabio en exceso es una muestra de que no se cree en el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Sólo el Creador de todo lo existente es cien por cien justo y, en su infinita misericordia reviste de justicia a los injustos y llena de sabiduría a los ignorantes.  El texto que comentamos es un aviso a los narcisos que su engreimiento no los conduce a buen puerto.

“El principio de la sabiduría es el temor del Señor” (Proverbios 1: 7). En el mundo han existido y existen muchas personas que han almacenado una ingente cantidad de conocimiento gracias al cual se ha conseguido un espectacular crecimiento tecnológico que nos ha llevado a disfrutar de los múltiples cachivaches que nos hace la existencia más cómoda. Los avances tecnológicos van acompañados  de la fabricación de armas cada vez más mortíferas que ponen en precariedad la existencia del hombre. Junto con el avance tecnológico que hace que nuestra existencia  sea más llevadera, que parece que descansemos entre cojines de algodón, se han multiplicado los trastornos mentales que convierten la existencia en un infierno. No confundamos conocimiento con sabiduría.

“¿De qué sirve el dinero en la mano del necio para comprar sabiduría, no teniendo entendimiento?” (Proverbios 17: 16). La Biblia se refiere muchas veces a los necios. Erróneamente consideramos necios aquellas personas mentalmente deslucidas o ignorantes a pesar de saber leer y escribir. La Biblia considera necia aquella persona que afirma que Dios no existe. (Salmo 14: 1). Los faltos de entendimiento espiritual los hay muchos en todos los ámbitos sociales. Entre los universitarios y en aquellos que carecen de documento acreditativo de haber sido escolarizados.

“La Ley del Señor es perfecta, que convierte el alma, el testimonio del Señor es fiel, que hace sabio al sencillo” (Salmo 19: 7). La Ley del Señor es una manera de referirse a la Biblia que es el Libro que conserva todo lo que Dios quiere que el hombre sepa de Él. En la Biblia se encuentra la sabiduría que hace sabio a la persona humilde de corazón. El narciso que cree que lo sabe todo no puede adquirir sabiduría porque su mente está repleta de necedades que no dejan espacio a la Ley de Dios que puede hacerle sabio.

El dicho popular dice que mientras hay vida hay esperanza. La muerte cierra la puerta al cambio. El lector aún tiene la posibilidad de creer en Jesús “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2: 3).

 


 

MARCOS 11: 25, 26)

“Y cuando estéis orando, perdonad si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas”

Este texto se refiere a verdaderos creyentes, aquellos que cerrada la puerta de su habitación, a solas con Dios, alejados del mundanal ruido, se dirigen en oración al Padre de nuestro Señor Jesucristo. A quienes se postran ante una imagen, el texto que comentamos no tiene nada que ver con ellos.

El texto se refiere a personas que por la fe en el Nombre del Señor Jesucristo sus pecados han sido totalmente perdonados. No queda en sus almas el más mínimo indicio de pecado. Estas personas que a los ojos de Dios son santas, el pecado sigue afincado en su carne. Hasta que no llegue el día final, cuando Jesús vuelva en su gloria a buscarlos y la resurrección ya no sea esperanza sino realidad, el pecado seguirá haciendo de las suyas en los redimidos.

De la misma manera que el creyente que participa en la Cena del Señor “puede comer el pan y beber la copa indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor” (1 Corintios 11: 27). Participa del ritual indignamente porque no reconoce que guarda resentimiento contra alguna persona  que le haya perjudicado. La tal persona “juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen” (v. 29). El creyente en Cristo que persiste en participar en la Cena del Señor sin arreglar algo pendiente con otra persona, la consecuencia es que sin perder la salvación puede padecer alguna enfermedad y si el pecado es grave, que se avance  su fallecimiento.

Volvamos a la oración. Tiene que quedar bien claro que la persona que por la fe en Jesús y por la presencia del Espíritu Santo se ha convertido en un hijo de Dios por adopción, no puede perder la salvación. Nada ni nadie la separará del amor de Dios que es en Cristo Jesús. Pero si se comporta como un impío al no perdonar  la ofensa que se le ha hecho, el Padre tiene la obligación de disciplinar a su hijo como lo hace un padre con el hijo que ama. A diferencia de un padre que puede extralimitarse a la hora de disciplinar al hijo, el Padre celestial siempre lo hace en la medida justa. El creyente en Cristo que sufre la disciplina del Padre hará bien en examinarse y si descubre que hay algo impropio debe arrepentirse ante el Padre y echar al estercolero el pecado descubierto y proseguir andando en novedad de vida. Podrá participar gozoso de la Cena del Señor dignamente.

 

 

diumenge, 10 de setembre del 2023

 

SALMO 34: 4

“Busqué al Señor, y Él me oyó, y me libró de todos mis temores”

El salmista encabeza su poema con el reconocimiento de Dios como Alguien superior suyo, al escribir: “Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará de continuo en mi boca” (v. 1). Quien desee recibir las bendiciones de Dios es necesario que previamente crea en Él. Si no se posee una fe firme en Él se podrá ser muy religioso, pero adorará al Señor con un corazón que está muy lejos de Él.

“Busqué al Señor”, escribe el salmista. Está indicando que lo busca con la intensidad con que el minero busca oro. Si por el oro que perece se está dispuesto a dar la vida ¿cómo no buscará el salmista a Dios que es más valioso que el oro que perece? El poeta que conoce a Dios no de oídas, sino personalmente, para nuestro bien puede escribir: “Él me oyó y me libró de todos mis temores”.  La vida es como el ruido ensordecedor en un campo de batalla. Por todos lados estallan bombas y silban balas. No debe extrañarnos pues que el hombre sin Dios tenga miedo. ¿Dónde encontrar cobijo de los males que nos acechan? Sin Dios que es el castillo fuerte del salmista no existe lugar en donde refugiarse. No debe extrañarnos que nuestro país que es uno en los que se practica en exceso el folclore religioso sea uno en que más se consuman  ansiolíticos y otras “pastillas de la felicidad”. Se busca en ellos protección y no se encuentra. Todo lo contrario, el estrés, la ansiedad y los múltiples síntomas de malestar emocional  se incrementen hasta el punto de convertir la vida en un infierno. No debe sorprendernos que los suicidios y los intentos sean tan numerosos.

Desde que Satanás se convirtió en príncipe de este mundo que con astucia engañó a Eva y ésta lloriqueó para que Adán compartiera con ella el fruto del árbol prohibido, espesas tinieblas espirituales llenan la Tierra. Los seres humanos están aterrorizados porque las tinieblas espirituales que les envuelven no les dejan encontrar el camino que lleva al Señor  y a la Vida eterna. “Los que miraron a Él”, fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados” (v. 5).

Jesús, a quienes andan a tientas tropezando aquí y acullá porque las tinieblas espirituales les impiden ver los obstáculos que se presentan en el camino, les dice: “Yo, la luz que ha venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí, no permanezca en tinieblas” (Juan 12: 46). “Yo soy la luz del mundo”, dice Jesús, “el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8: 12).

Tenemos la experiencia de la oscuridad física. Cuando nos encontramos en una habitación a oscuras, a pesar que nos sea familiar, nos movemos a tientas para no tropezar. En el campo espiritual nos sucede algo parecido. En la oscuridad clamemos a Jesús que es la Luz del mundo y Él nos abrirá los ojos para que caminemos sin miedo.


 

SALMO 9: 20

“Pon, oh Señor, temor en ellos, conozcan los hombres que no son sino hombres”

Las naciones, por su magnitud se consideran ser todopoderosas porque disponen de medios financieros considerables. Porque disponen de armamento de última generación. Porque disponen de múltiples consejeros que cobran gravosos honorarios,  por cierto, en múltiples ocasiones sus consejos son desastrosos. Contemplamos con estupor como a pesar de todo lo disponible para bien gobernar las naciones van de mal a peor. En el horizonte no se vislumbra un rayo de luz que pueda infundir esperanza para salir del pozo en que se van hundiendo.

El salmista hace diana al escribir: “Pon, oh Señor, temor en ellos, conozcan los hombres que no son sino hombres”. El pecado lo echa todo a perder pues nos hace creer que somos “hombres de renombre” y que lo que consideramos ser como individuos lo traspasamos multiplicado al colectivo. Se diviniza la nación. Se izan banderas, se las jura fidelidad. Se le da un honor a un trapo que es el símbolo nacional. El concepto nación es una entelequia que los “hombres de renombre” se han forjado a lo largo de los siglos para dominar a los ciudadanos del territorio que han convertido en nación.

Divinizar lo que no es Dios es pecado. Idolatrar a las instituciones y no excluyo a la Iglesia es pecado. También es pecado divinizar a la Patria que al amparo de la bandera que la representa se han cometido muchísimos crímenes, en muchos casos empleando vanamente el nombre de Cristo.

El texto que comentamos pone a la Nación en el lugar que le corresponde. Es ni más ni menos que un conjunto de personas, empezando por los altos dignatarios y acabando por el más humilde de los ciudadanos. Todos sin excepción son carne que se corrompe con mucha facilidad. Todos los ciudadanos son pecadores que transmiten a la Nación lo que son individualmente. Si en verdad se quiere engrandecer a la Nación que se pertenece se necesita reconocer la condición de pecador que necesita arrepentirse de sus pecados y andar en santidad. Entonces Dios bendecirá  a los ciudadanos y el resultado será que la Nación prosperará. No existe otra manera de salir del pozo en que nos encontramos. La Nación como ente impersonal no puede arrepentirse. Las personas de la que forman parte, sí. Si por la fe en el Nombre de Jesús los ciudadanos se arrepienten de sus pecados y los dejan en el estercolero, entonces “la justicia engrandecerá a la Nación” (Proverbios 14: 34).