diumenge, 30 d’octubre del 2022

 

IDOLATRIA

<b>El esplendor que acompaña al ídolo atrae la necedad del hombre</b>

¿Con que cara se le apareció  la Madre de Dios al mercader Pere Nolasco en la noche del 1 al 2 de agosto de 1218? El arzobispo de Barcelona Joan Josep Omella escribe: “Y en esta iglesia situada en el mismo emplazamiento que ocupa la actual basílica de la Madre de Dios de la Mercè, le colocaron una bella imagen, su cara recuerda mucho a la de las mujeres barcelonesas que ayudaban en los trabajos de redención y recuperación de cautivos que realizaban los mercedarios. ¿Es que la virgen que según la tradición se le apareció a Pere Nolasco no tenía rostro y que el escultor tuvo que tomar prestado de las mujeres que colaboraban con los mercedarios? La imagen de la Madre de Dios es una talla del siglo XIV atribuida al escultor Pere Moragues. Refiriéndose a la imagen el arzobispo de Barcelona escribe: “Este año es noticia porque en los últimos meses ha sido cuidadosamente restaurada. Ahora ya vuelve a ocupar su camarín en la basílica de la Mercè y ya tenemos el gozo de poder volver a visitarla, de confiarle nuestras angustias y necesidades. Ella como madre nos mira y nos acoge con su amor inmenso”. “La renovada imagen de santa María bajo la advocación de la Mercè”, dice el arzobispo, “nos invita a renovar también nuestra devoción a la Madre de Dios que lleva título tan expresivo y tan vinculado a la historia de nuestra ciudad. Deseo que la renovada imagen de nuestra patrona  sea una oportunidad para animarnos a hacerle una visita espiritual”.

El arzobispo sigue escribiendo: “María nos hace siempre el gran don, la <i>Mercè</i> (merced) de llevarnos a Cristo y dirigirnos hacia Él. María siempre nos ayuda a poner nuestra confianza en su Hijo. En la boda de Caná, ella dijo a los servidores de aquella comida y sigue diciéndonos a cada uno de  nosotros. “Haced lo que Jesús os diga”. Con razón se ha dicho que estas palabras son como el testamento de María. Renovar nuestra devoción a santa María nos hará más buenos hermanos y estar más atentos con los que sufren”.

El arzobispo de Barcelona es más mariano que cristiano. Debido a ello enaltece la imagen de Pere Moragues. Es bien sabido que para justificar la idolatría los doctores de la Santa Madre Iglesia lo hacen con el sofisma de decir que no se adora la imagen sino aquello que representa. Esta postura es una contumaz oposición a la enseñanza bíblica que queda permanentemente reflejada en los Diez Mandamientos: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás, porque yo soy el Señor tu Dios, fuerte, celoso, que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20: 4-6).

En la creación el hombre llevaba la imagen de Dios invisible en su interior que lo diferenciaba de las bestias irracionales. Con el pecado de Adán la imagen divina de la que era portador se rompió en mil pedazos. A pesar de ello un vestigio de la imagen  invisible de Dios  permaneció en él lo cual impidió que el ser humano degenerase hasta convertirse en bestia irracional. Se ha convertido en un necio pensante que niega la existencia de Dios. De   Dios no quiere oír hablar. Lo poco que le queda de la imagen de Dios invisible le impulsa a buscarle por caminos equivocados, convirtiendo la imagen invisible de Dios “en semejanza de imagen de hombre corruptible” (Romanos 1: 23) a la que adora.

“Las doctrinas son el cimiento de la Escritura, ni unidas con la pega de la Escritura, por más creíbles y agradables que sean no tienen ningún valor, no sirven para nada a los hombres. Aquellas esperanzas de paz y de felicidad que no son garantizadas por la Palabra de Dios no hacen sino engañar a los hombres como una pared ciertamente bien rebozada pero levantada sin cimiento” (Mattew Henry).

“Las masas siempre han sentido una predilección por la idolatría, sobre todo cuando sabe presentarse con fastuosidad y música que apelan a los sentidos, crean una atmosfera   especial y recibiendo el soporte oficial” (José Grau).

Ferran Requejo, pensando quizás en las sutilezas satánicas, escribe: “Parece claro que el cerebro humano esté inclinado a aceptar como real ideas religiosas que él mismo se crea”.

El arzobispo de Barcelona finaliza su escrito: <i>Renovemos la devoción a la patrona de Barcelona</i> con esta exhortación: “Renovar nuestra devoción a santa María nos hará más buenos hermanos y estar más atentos en quienes sufren”. Antepone María a Cristo misericordioso que motiva a hacer el bien en quienes creen en Él.

Dos apóstoles tienen algo que decir respecto a la idolatría: “¿Qué digo, pues? ¿Qué el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos? Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios, y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios” (apóstol Pablo en 1 Corintios 10: 19, 20). El otro apóstol es Juan que en Apocalipsis 9: 20, 21, escribe: “Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar”

El apóstol Juan finalizando su Apocalipsis, escribe: “Y si alguien quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del Libro de la Vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro” (22. 19). Dios habla, no el hombre.

Octavi Pereña i Cortina

 

 

OSEAS 6: 6

“Porque misericordia quiero y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos”

Mateo se refiere a este texto cuando cita las palabras de Jesús: “Y si supierais qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes” (Mateo 12: 7). Jesús las dice en el contexto del descanso sabático. En sábado, Jesús y sus discípulos iban andando por un camino entre sembrados. Los discípulos tenían hambre y  cogían espigas y las refregaban entre sus manos para extraer el grano de las espigas. Los fariseos que daba la impresión que su único trabajo consistía en espiar a Jesús y sus discípulos, observaron la transgresión que según ellos cometían los discípulos de la ley del sábado según enseñaba la tradición. Es en este contexto que Jesús cita a Oseas.

La censura que hace Jesús a los fariseos aporta luz para entender mejor las palabras del profeta. Los fariseos eran muy religiosos pero muy injustos. Oseas dice de los sacerdotes de su tiempo y que pueden aplicarse a los religiosos de todos los tiempos: “La piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada que se desvanece” (v. 4). En el contexto de la piedad ficticia de los religiosos acompañan las palabras del texto que comentamos.

En el momento en que el Espíritu Santo desaparece del culto, con estas palabras Jesús define a la religión: “Mi casa, casa de oración será llamada, más vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (Mateo 21: 13). La injusticia impera. La casta sacerdotal que tiene que distinguirse se convierte en ladronicio. Es por esto que Oseas como portavoz de Dios dice  a los religiosos de su tiempo y en ellos a los santurrones de todas las épocas: Misericordia quiero. Vuestras ofrendas de animales tarados me irritan. No puedo aceptarlas. Vuestro culto se ha convertido en ceremonial barroco, mucho ornamento. Los oficiantes con rostros serios que no expresan sentimientos. Sin variar ni un punto ni una coma de la tradición litúrgica. Mucho teatro para esconder la ausencia de Cristo en el ritual. Más que ceremonial barroco lo que Dios pide a los oficiantes es “conocimiento de Dios”. Cuando Jesús en el Espíritu Santo no está presente en las celebraciones litúrgicas impera la monotonía de repetir siempre lo mismo: repetir los textos para la ocasión, los asistentes se levantan, se sientan, se santiguan, recitan los textos pertinentes,   cuando toca. Oficiantes y asistentes se comportan como autómatas. Son muertos vivientes.

Cuando Cristo en el Espíritu se mueve entre los congregados, a pesar de que todo tiene que hacerse “decentemente y con orden” (1 Corintios 14: 40) impide que la celebración se convierta en desorden.


 

SALMO 51: 4

“Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio”

En un claro contraste con la confesión auricular en que el fiel católico expone los pecados que mejor le parece a un sacerdote, éste, asumiendo una hipotética potestad de perdonar pecados absuelve al confesante.

Hoy, tal como van las cosas el ofensor pide perdón a la víctima. La cosa no tiene que ser así. La víctima si verdaderamente es cristiana tiene que perdonar a sus enemigos porque posee el amor de Dios. El perdón que la víctima concede al ofensor no significa que la culpa de éste haya sido perdonada por Dios. El ofendido está en paz con Dios porque no guarda resentimiento. El ofensor sigue cargando con su culpa.

Como la Biblia no nos dice nada de la conversación sostenida entre Betsabé, a mujer ofendida, y David el ofensor, guardaremos silencio al respecto.

Lo que nos interesa saber es dónde fue David a buscar el perdón por la ofensa cometida contra la mujer ultrajada. En el caso de la confesión auricular a un sacerdote el penitente puede decirle al confesor lo que mejor le parezca porque el sacerdote desconoce los pecados que se esconden en el interior del confesante. En la confesión hecha directamente a Dios el engaño no se puede dar porque Dios  conoce al dedillo los pecados escondidos en lo más profundo del alma.

El salmo 51 es una mina de oro que enseña al hombre a encontrar el tesoro escondido bajo tierra y la perla de gran valor que el ladrón no puede robar ni el orín corromper. Los escribas y los fariseos hacían diana cuando decían: “Sólo Dios puede perdonar pecados”. Se equivocaban al no querer reconocer que Jesús era Dios igual que el Padre. Para demostrar su divinidad les dice: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, dijo al paralítico: A ti te digo: Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa” (Lucas 5: 21-26).

David cometió pecado, se arrepintió y escribió salmos alabando la misericordia del Señor

 

 

diumenge, 23 d’octubre del 2022

 

EZEQUIEL 8: 6

“Y me dijo entonces: Hijo del hombre, ¿no ves lo que estos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí para alejarme de mi santuario? Pero vuélvete aún, y verás abominaciones mayores”

El profeta Ezequiel se encuentra exilado en Babilonia. El siervo de Dios tiene una visión del Señor: “Y el Espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y me llevó en visiones de Dios a Jerusalén” (v. 3). El profeta contempla lo que ocurre en el interior del templo. Mientras miraba, el Señor le dice: “Hijo de hombre ¿no ves lo que estos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace para alejarme de mi santuario? Pero vuélvete aún, y verás abominaciones mayores” (v. 5).

Durante la visión el Señor le dice al profeta: “Hijo de hombre, ¿has visto las cosas que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus cámaras pintadas de imágenes? Porque ellos dicen: No nos ve el Señor, el Señor ha abandonado la tierra” (v. 12). Estos representantes del pueblo de Israel cometían todas las abominaciones que describe Ezequiel porque creían que Dios no los veía. Pensaban que podían cometer con toda impunidad los actos abominables que irritaban los ojos del Señor. Se equivocaban.

“Pues yo, el Señor, procederé con furor, no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia, y gritarás a mis oídos con gran voz, y no los oiré” (v.18).

La revelación que Jesucristo le hace al apóstol Juan que estaba recluido en la isla de Patmos. El Señor Jesucristo le redacta unas cartas que tiene que escribir a las siete iglesias de Asia, hoy Turquía. A todas ellas les dice: “Yo conozco tus obras”. Jesucristo observa en medio de los candeleros” (Apocalipsis 1: 13). Para  que no quede ninguna duda del significado de los candeleros, especifica: “Y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias” (v. 20). De la misma manera que los ancianos de Israel decían: “No nos ve el Señor, el Señor ha abandonado la tierra”, en las iglesias cristianas anda muy arraigada esta misma creencia. Nos equivocamos en el diagnóstico. El Señor contempla en tiempo real todo lo que ocurre en ellas. Pienso que se tendría que tener presente, porque todavía queda tiempo para rectificar,lo que el Señor le dice a la iglesia de Laodicea: “Yo conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente. Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (3: 16). El pasotismo conduce a que el Señor aborrezca al indiferente.


 

SALMO 143: 11, 12

“Por el honor de tu Nombre, Señor, hazme revivir, en tu justicia saca mi alma de la angustia. Y por tu misericordia acaba con mis enemigos, y destruye a todos los enemigos de mi alma, porque soy tu siervo”

Yendo por la calle oí a dos mujeres que iban andando delante de mí. Una de ellas, más o menos le dice a la otra: Ya tengo bastantes problemas como para atender a los de otra. Es  bueno y saludable tener a alguien con quien compartir las penas, pero es mucho más beneficioso compartirla con el Señor Jesucristo, pues a fin de cuentas, el Padre cargó en el Hijo “el pecado de todos nosotros” (Isaías 53: 6) que muriendo en la cruz ocupando el lugar que nosotros teníamos que ocupar, su sangre derramada limpias todos los pecados de las personas que creen en Él. La plena redención no será efectiva hasta el día de la resurrección cuando Jesús en su gloria venga  a buscar a su pueblo. En tanto no llegue este día estamos obligados a acarrear el peso del pecado que nos asedia.

No hace falta acudir al médico para que nos recete unas pastillas para combatir l ansiedad, el insomnio, el estrés, la fatiga laboral…La publicidad televisiva suplanta al médico y nos receta el producto X que nos aliviará del peso que agobia a nuestra alma. Las pastillas sedan, pero no curan.

El salmista nos lleva a Jesús, el verdadero Médico que entra en las profundidades del alma para curar sus dolencias. Apela al honor del Nombre del Señor para que le haga revivir en su justicia. El pecado, si no se le trata con la sangre de Jesús, marchita el alma. La convierte en un desierto estéril. El Nombre  de Jesús la hace revivir. Jesús que es el agua viva, si riega el alma, convierte el desierto estéril en un jardín lozano. Elimina la angustia del alma y la llena de la paz de Dios que excede al conocimiento humano.

El salmo 143 lo escribió el rey David. Como soldado que era su autor emplea términos militares para describir el estado de su alma. Amparándose en la misericordia del Señor, le dice: “Acaba con mis enemigos, y destruye a todos los enemigos de mi alma”. Puede hacer esta súplica “porque soy tu siervo”. El Señor feudal estaba obligado a defender a sus súbditos de sus enemigos. La Biblia ilustra esta obligación señorial con Josué yendo a proteger a sus siervos gabaonitas. David como siervo del Señor que es  acude a Él para que le libere de los enemigos que dañan su alma. Si el lector todavía no considera que Jesús sea su Señor, siga el ejemplo de los gabaonitas que en tiempo de peligro acudieron a Josué para que los protegiera de sus enemigos. Si el lector acude humildemente al Señor Jesús, diciéndole: “Señor, ten piedad de mí pecador”, Él como Señor de tu persona te concederá la protección de los enemigos de tu alma, librándote de tus temores. “La paz de Dios que excede la comprensión humana”, llenará tu alma de gozo.

 

 

EL DESTINO DE LOS PODEROSOS

<b>El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen” (Salmo 49: 20) </b>

El funeral de estado con que se despidió a la reina Elisabet II de Gran Bretaña ha sido un espléndido espectáculo mediático visto por televisión alrededor del mundo. La ceremonia ha sido cuidada hasta el menor detalle desde hace años. EL cortejo ha sido un espectáculo magnífico. ¿Era necesario tanto dispendio que no beneficia en nada a la reina fallecida y más en estos momentos de grave crisis económica que hace que muchas familias no puedan legar a final de mes? Cuando una persona fallece ya no se le  puede hacer nada. La muerte sella el destino eterno, sea salvación o condenación.

Cada uno según sus posibilidades desea despedir al finado con el máximo honor. Lo más probable es que no se piense el difunto. Lo que prevalece es enaltecer el ego ofreciendo un espectáculo que admire a los asistentes a la ceremonia fúnebre.

Se dice que la muerte es el acontecimiento más justo que existe porque nadie puede esquivar la guadaña justiciera. Tanto reyes y magnates como la plebe cuando les llega la hora señalada por Dios, ni la más excelente asistencia sanitaria podrá impedir que el enfermo tenga que comparecer ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de sus obras. Se intenta evadir hablar de la muerte pero no se erradicarla. “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9: 27). La guadaña se encuentra agazapada en la esquina esperando el momento para entrar en acción. Ya que la muerte es un hecho universal que vacía la Tierra de todos los miembros de cada generación es sensato hablar de ella con la mayor claridad posible para liberarnos del mido que produce.

Los magnates pretenden vencer la muerte contratando dispendiosos servicios de conservación de sus cuerpos con la esperanza de que los avances médicos encuentren solución a la enfermedad que hasta aquel momento era incurable. “Los que confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate, porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás, para que viva en adelante para siempre, y nunca vea corrupción” (vv. 6-9). Tienen ojos para ver pero no entienden lo que ven: “Pues verán que aun los sabios mueren, que perecen del mismo modo que el insensato y el necio” (v. 10). Con los ojos contemplan como a su alrededor desaparecen amigos y familiares. Cuentan los fallecidos por las esquelas que publican los diarios. Ver lo que ocurre a su alrededor no les da ni frío ni calor. Permanecen indiferentes. No aprenden a contar sus días.

A pesar de ello permanece un sentido no confesado de inmortalidad. “Su último pensamiento es que sus casas serán eternas, y su habitación para generación y generación, dan sus nombres a sus tierras. Mas el hombre no permanecerá en honra, es semejante a las bestias que perecen” (vv. 11, 12). A pesar de todos los esfuerzos para conservar el nombre, lo cierto es que se pierde en la oscuridad del tiempo. Como mucho, sus nombres quedan archivados en los registros históricos al alcance de unos pocos historiadores. “Este su camino es locura, con todo sus descendientes se complacen en el dicho de ellos” (v. 13). De los poderosos queda poca cosa: un nombre en los archivos. Como pasa con todos los impíos: “como ovejas que son conducidas al sepulcro, la muerte los pastoreará” (v. 15). Es otra manera de decir que es espera la condenación eterna.

Las revistas de papel satinado nos muestran las mansiones de los poderosos, de las estrellas y astros del cine, de los ídolos del deporte y otros. Este glamour nos deslumbra y nos despierta el deseo de poseer lo que los encumbrados disfrutan. He aquí el destino de quienes tienen sus ojos puestos en los bienes materiales que hoy son y mañana desaparecen. “No temas cuando alguien se enriquece, cuando aumenta la gloria de su casa, porque cuando muera no se llevará nada, ni descenderá tras él su gloria. Aunque mientras  viva, llame dichosa a su alma, y sea loado cuando prospere, entrará en la generación de sus padres, y nunca más verá la luz. El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen” (vv. 16-20).

El fin de las personas que perecen como las bestias no tiene por qué ser el nuestro. El salmista nos muestra otro: “Pero Dios redimirá mi vida del poder del sepulcro, porque Él me tomará consigo” (v. 13). Jesús que venció a la muerte siendo rescatado de su poder por el Padre nos muestra con más claridad el pensamiento del salmista. “Yo soy la resurrección y la  vida, quien cree en Mí, aunque muera, vivirá” (Juan 11: 25).

Octavi Pereña i Cortina


 

diumenge, 16 d’octubre del 2022

 

SALMO 92: 5

“¡Cuán grandes son tus obras, oh Señor! Muy profundos son tus pensamientos”

El salmista comienza su poema con una alabanza al Señor: “Bueno es alabarte, oh Señor, y cantar salmos a tu Nombre, oh Altísimo, anunciar por la mañana tu misericordia, y tu fidelidad cada noche” (vv. 1, 2). El salmista experimenta en su propia carne las bendiciones que el Señor promete a quienes le temen, le veneran. “¡Cuán grandes son tus obras, oh Señor!”

En este comentario quiero detenerme en la segunda parte del texto: “Muy profundos son tus pensamientos”. El profeta Isaías piensa igual que el salmista cuando escribe: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Señor” (58: 8). Como no entendemos los pensamientos del Señor  que son distintos a los nuestros  nos atrevemos a criticarlos porque no coinciden con los nuestros. Mala decisión la nuestra.

El profeta Jeremías cumpliendo la orden del Señor se acerca al taller del alfarero y observa como el artesano rompe la vasija que estaba modelando y con la misma masa de barro hace un vaso nuevo. Y dice el Señor: “¿No podré yo hacer de vosotros como el alfarero, oh casa de Israel?” (18: 6). El mismo Jeremías dirigiéndose a un grupo de judíos que huían a Egipto por miedo de los babilonios, les dice que no lo hagan porque si se quedan en Judea, las cosas les irán bien. Que no deben temer a los babilonios. “Todos los varones soberbios” (43: 2), dijeron al profeta que sus palabras eran mentirosas y que no las obedecerían.

Volvamos al salmista: “El hombre necio no sabe, y el insensato no  entiende esto, cuando brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que hacen iniquidad, pero son destruidos eternamente” (vv. 6, 7). Ante una declaración como esta aparecen “Todos los varones soberbios” diciendo: Esto no es posible. Dios no puede condenar eternamente a las personas porque Dios es amor. En defensa de esta disidencia, dicen: “Un padre no haría tal cosa”. Dios como el Alfarero que es, ¿no puede hacer con la masa de barro lo que mejor le parezca? Dios por medio de los profetas y por el mismo Jesús, dicen: los impíos serán condenados al fuego eterno. Si nuestros pensamientos no coinciden con los del Señor, entonces nos comportamos como aquellos varones soberbios que a las palabras de vida que les anunciaba el profeta, le respondieron: “La palabra que nos has hablado en Nombre del Señor, no la oiremos de ti” (Jeremías 44: 16).

Jesús antes de ascender a los cielos dejó el encargo a sus discípulos de anunciar el evangelio a todas las naciones. Jesús termina la parábola de los obreros en la viña con esta coletilla. “Muchos son los llamados, mas pocos los escogidos”. Los siervos del Señor anuncian el Evangelio de la salvación sin hacer distinción de personas ni de razas. El lector no tiene que hacer lo mismo que aquellos varones soberbios que respondieron al profeta Jeremías “La palabra que nos has hablado en Nombre del Señor, no la oiremos de ti”


 

JUAN 6: 27

“Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará, porque a Éste señaló Dios el Padre”

Poco después de la alimentación de cinco mil personas a partir de cinco panes y dos pececillos, Jesús  abandonó el lugar. La multitud emprende la búsqueda hasta encontrarle. Jesús les dice: “De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (v. 25). Jesús reprende a la multitud porque le buscan por motivos egoístas y equivocados. Harta la multitud, se vuelca hacia Jesús. Pero el Señor que conoce lo que hay en sus corazones, “Entiende que iban a venir para apoderarse de Él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte solo” (v. 15). Dios provee las necesidades materiales de los hombres porque es misericordioso. Jesús enseña a los hombres  a que pidan al Padre por el pan de cada día, pero llenar la panza no tiene que ser el motivo principal por el que se busca a Jesús. El apóstol Pablo escribiendo a los tesalonicenses les dice. “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3. 10). Jesús dice a la multitud: “Trabajad, no por la comida que perece”. A primera vista da la impresión que Jesús desmotiva la multitud a trabajar. A Dios rogando y al mazo dando, dice el refrán popular. Este dicho coincide con lo que enseña la Biblia que hemos de imitar a las hormigas que durante el verano son muy laboriosas recogiendo alimentos y almacenándolos para el invierno. La Biblia no apela a la holgazanería, todo lo contrario, a la laboriosidad. Lo que Jesús quiere enseñar a la multitud es que no vivan para comer, que no conviertan la comida en un dios. Que coman para vivir, no para atragantarse. La bendición del maná que caía diariamente del cielo para alimentar a los israelitas es un ejemplo de moderación. Si se recogía más maná del necesario, el resto que sobraba se llenaba de gusanos haciéndolo inservible.

Trabajar, sí. Adictos al trabajo, no. Tenemos que priorizar el alimento que el alma necesita. Tenemos que trabajar por el pan que Dios nos da cada día, con limitaciones. Por esto nos dice. “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará, porque a Éste señaló Dios el Padre” (v. 27). Más adelante el texto dice: “Porque el pan de Dios es el que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.” Claro, no tendrían que trabajar, tumbados debajo de la higuera les entraría el pan en la boca y si lo recibiesen masticado, mejor que mejor. Jesús identifica el pan que da vida al mundo: “Yo soy el pan de vida, el que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (vv.33-35). Jesús es el pan de vida que sacia las necesidades del alma. Trabajar por el pan que da vida al cuerpo está bien. Trabajar “por la comida que a vida eterna permanece”, es mucho mejor.

 

 

 

RADICALIZACIÓN POLÍTICA

<b>El narcisismo en política hace imposible que los políticos corrijan sus errores</b>

En la memoria anual correspondiente al año 2021, la Fiscalía General del Estado destaca un dato preocupante. Se trata del aumento del número de delitos de odio. Si alarmante es la cifra lo es todavía más <i> la radicalización de los políticos</i> y la <i>polarización del debate político</i> que vomitan odio y violencia. Es decir la crispación del debate político al cual ha contribuido la irrupción de un partido como Vox, está generando un clima que la Fiscalía considera preocupante.

Un comentarista anónimo expone: “Compartimos totalmente y respaldamos y damos soporte al llamado de la Fiscalía a los dirigentes políticos a revertir esta situación por las graves consecuencias que se derivan. Si nuestros políticos convierten el necesario diálogo y las discrepancias democráticas en crispación, insultos, descalificaciones, contribuyen con su conducta a que personas o colectivos de nuestra sociedad se radicalicen y se vuelvan intolerantes, con el consiguiente reflejo en conductas y actuaciones que se traduce en delitos de odio y de violencia”.

Tanto la Fiscalía como el comentarista anónimo hacen un diagnóstico de los políticos que generan violencia con su radicalización, pero no aportan solución al dictamen. La radicalización de los políticos es un reflejo de la de los ciudadanos. Lo único que consigue la verborrea violenta de los políticos es despertar y estimular en los ciudadanos la radicalización de su comportamiento que yace dormida en su interior.

Elihú, uno de los amigos del patriarca Job que fueron a visitarlo para consolarlo en la grave tribulación por la que estaba pasando, dijo: “¿Podrá gobernar alguien que odia  la justicia?” (Job 34: 17). Evidentemente no. Pero, encontrar una persona justa es tan difícil como hallar una aguja en un pajar. En el mundo se encuentran tantas personas injustas que tendremos que hacer lo que hacía el filósofo griego Diógenes que a plena luz del sol iba por la calle con un candil encendido buscando un hombre. Así nos va la política por la ausencia de personas justas.

El narcisismo, con la divinización que hace del hombre impide que los gobernantes rectifiquen sus políticas aberrantes. Hablan mucho de diálogo pero lo que practican es una perorata de sordos. Mutuamente, los dialogantes se acusan, pero ninguno de ellos quiere cambiar su política errónea. Debido a que ninguna de las partes acepta consejo, la situación empeora.

El gobernante “es un servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme, porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo” (Romanos 13:4). Para que el gobernante sepa distinguir entre el bien y el mal, el bien para premiar a quien lo hace y el mal para castigar al malhechor, es imprescindible que sea persona justa.

“Nuestra república necesita con urgencia dirigentes que se atrevan a decir lo que creen es recto y justo, no importa el número de quienes se le opongan. La mayoría puede equivocarse y no promueven la verdadera democracia  si ignoran la minoría aunque sea la minoría de uno. Con urgencia se necesitan dirigentes que atrevan a decir lo que necesitan escuchar, no lo que quieren oír” (<b>Richard C. Halverson</b>).

Nos volvemos a encontrar con la urgencia de hallar personas justas que se hagan cargo de la administración de los asuntos públicos. Alrededor de Diógenes en su busca de un hombre justo no se encontraba ninguno que lo fuera.

<b>Abraham Lincoln, que fue presidente de Estados Unidos, dijo: “Nada es políticamente correcto  lo que moralmente sea equivocado”. Es imprescindible que personas justas se hagan cargo de la política si es que se desea que la radicalización con todos los perjuicios que la acompañan se convierta en tolerancia y respeto a lo que es diferente aunque uno solo sea diferente.

Las personas no nacen siendo justas, se hacen. Tanto  Diógenes como Richard C. Halverson no encontraron ninguna persona justa porque es una <i>rara avis</i>. Ni revolviendo el pajar se la va a encontrar.

A diferencia de nosotros que buscamos a buenas personas, Jesús busca a pecadores que son rechazados por la elite religiosa. El escenario es el comedor  en la casa de Mateo el cobrador de impuestos  que había invitado a Jesús a comer. Los comensales eran cobradores de impuestos y pecadores, chusma para la elite religiosa. Los fariseos que formaban una secta religiosa que gozaba de mucha influencia en aquella época la constituían hombres que se consideraban justos porque presumían que cumplían a raja tabla la Ley de Dios. Estos religiosos al descubrir que los invitados que estaban sentados alrededor de la mesa  eran cobradores de impuestos y pecadores, acudieron a los discípulos de Jesús para quejarse diciéndoles: “¿Cómo es que vuestro Maestro come con los cobradores de impuestos y los pecadores?” Escuchada esta protesta, Jesús se dirige a los protestantes y les dice: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Mateo 9: 9-13). Los injustos son los que por la fe en el Nombre de Jesús les son perdonados los pecados y se convierten en justos. En esta tarea colaboran las iglesias cristianas si es que anuncian el Evangelio tal como está redactado en la Biblia y se le interpreta con la ayuda del Espíritu Santo que  inspiró a los hombres que lo escribieron. “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4: 11, 12). Fuera de Cristo no hay personas justas.

 

Octavi Pereña i Cortina

diumenge, 9 d’octubre del 2022

 

ROMANOS 2: 28

“Pues  no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne”

La práctica religiosa aun cuando se realice con mucho fervor no significa que el practicante sea un verdadero hijo de Dios. Jesús lo expresa claramente cuando le dice a Nicodemo, fariseo y principal entre los judíos, que de noche fue a visitar a Jesús: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3: 3). El fanatismo religioso de Nicodemo no satisfacía  su alma sedienta del agua viva que es Jesús. Es por esto que Jesús le dice al fariseo: Nicodemo, tienes que nacer de nuevo. Jesús destaca: “De cierto, de cierto te digo que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar  en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido el Espíritu, espíritu es” (vv. 5, 6). Jesús le viene a decir al principal entre los judíos: tú está circuncidado en la carne como señal de que formas parte del pueblo de Israel nacional, pero tu corazón es incircunciso por lo que no formas parte del pueblo de Dios. Tú has nacido en la carne y la  carne no puede entrar en el reino de Dios. Tienes que nacer del Espíritu para poder entrar en el reino de Dios. ¿Cómo se produce el nacimiento del Espíritu? Solamente por la fe en Jesús que es el Salvador que muere por los pecadores y resucita para darles vida eterna. En esencia esto es nacer de nuevo.

Lo más probable que el lector  de este comentario pertenezca a un país católico y por lo tanto influenciado por la doctrina de la Iglesia Católica. Tendrás  noción que por haber sido bautizado de niño el agua bautismal borra el pecado original y automáticamente entras a formar parte del pueblo de Dios. También sabrás que si confiesas tus pecados a un sacerdote, éste te dice: “Yo te absuelvo” y, con la absolución una penitencia que suele consistir en un padrenuestro y tres avemarías. En el funeral el sacerdote elogia tus virtudes cristianas y la persona maravillosa que eras. Rocía clon agua bendita el ataúd y te envía directamente al cielo. No creas estas mentiras. Si no has nacido del Espíritu cuando abras los ojos en la eternidad lo vas a hacer encontrándote en el infierno.

En vida, si te preguntan por la religión que practicas podrás responder católico o protestante. Tu afiliación religiosa no es un pasaporte que te abre la puerta del cielo. Si no has depositado la fe en Jesús, que es un don del Espíritu Santo no eres un hijo de Dios. Al igual que Nicodemo a quien Jesús le dijo que tenía que nacer del agua y del Espíritu, tú, lector, también tienes que nacer de nuevo. Si este nacimiento espiritual no lo has experimentado sigues siendo un “nacido de la carne” y, la carne no puede heredar el reino de los cielos.


 

SALMO 81: 6

“He quitado la carga de su espalda, y sus manos se liberan del capazo”

El lenguaje del salmista es simbólico. Utiliza símbolos materiales para instruir espiritualmente. Lo que realmente aflige  al hombre no es un trabajo duro. El cansancio físico desaparece con un dormir reparador. El peso que no se quita nunca de sobre las espaldas es la carga del pecado que es muy agobiante. Una imagen de ello la tenemos en aquellos obreros que en régimen de semi esclavitud acarrean pesados fardos sobre sus espaldas. Esta imagen representa a las mil maravillas el peso del pecado que es más fatigoso que un saco de carbón sobre la espalda.

La carga que representa el pecado no perdonado por Jesús los hombres se la quieren quitar de encima mediante técnicas seudo religiosas: yoga y las diversas técnicas de meditación orientales, la atención sicológica y de siquiatría. Los tratamientos farmacológicos atacan los síntomas pero no curan el pecado que es el causante del cansancio crónico que provoca.

El salmista trae a la memoria la dura servidumbre que padeció el pueblo de Israel durante su estancia en Egipto (v. 5). Egipto representa a Satanás que  esclaviza al pueblo de Dios. “Ahora el príncipe de este mundo será echado fuera”  (Juan 12: 31). Con la muerte y resurrección de Jesús “y cuando Él venga” (el Espíritu Santo) “convencerá el mundo de pecado, de justicia y de juicio…y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo” (Satanás) “ya ha sido juzgado” (Juan 16: 8-11). Queda por hacer que “el diablo, que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 20: 10).

De momento el diablo posee una cierta libertad de movimiento, por cierto limitada porque los límites de su libertad los pone Dios. Durante este período de tiempo en que los movimientos de Satanás los controla Dios el diablo lo aprovecha para cargar con fardos pesados en quienes son sus esclavos. A los esclavos del diablo Jesús les transmite un mensaje de liberación: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8: 36). Desconozco si el lector es un esclavo de Satanás o no. Si lo es no tiene por qué seguir sirviéndole. El diablo es muy poderoso pero Jesús el Libertador lo es mucho más. El diablo por más resistencia que ponga para impedir que sus esclavos huyan, si el esclavo hace caso de la invitación de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11: 28). A Satanás no le quedará más remedio que tener que abrir el puño y que el esclavo  vaya a gozar la libertad que tiene en Cristo. La carga que oprime es quitada.