dissabte, 28 de maig del 2022

 

2 TIMOTEO 3: 13

“Pero los hombres malos y los engañadores irán de mal a por, engañando y siendo engañados”

El apóstol Pablo describe la condición humana a lo largo de los siglos desde cuando Adán incumplió el mandamiento de Dios que le prohibía comer el fruto del árbol  del conocimiento del bien y del mal. La maldad del ser humano se ha ido modificando a lo largo de los siglos adaptándose a los medios para poderlo hacer. El mal en sus diversas manifestaciones tiene un origen común: el corazón perverso y malvado que poseen las personas  cuyo padre espiritual es Satanás, el padre de mentira que siempre ha tenido un espíritu homicida.

El mal lo contemplamos por doquier. Desde el niño que tiene un berrinche porque quiere conseguir algo, hasta la persona más encumbrada que no teniendo bastante con lo que ya posee roba para tener más. Los medios humanos para frenar el mal no sirven. Las leyes que se dictan no se aplican como es debido. Se ejecutan en quienes no tienen manera de defenderse de los jueces y de los poderosos. Los otros, que lo tienen todo, las eluden con sobornos y malas prácticas. A pesar de los frenos que se activan para frenar el avance impetuoso del mal, fallan. El mal se sale con la suya.

A pesar que el mal, aparentemente es una enfermedad incurable llegará el día cuando el Señor Jesús venga en su gloria a buscar a su pueblo, desaparecerá. Cuando esto se produzca, los creyentes en Jesús que serán ciudadanos del Reino de Dios, gozarán de la plena visión de la gloria de Dios porque en el reino de Dios no se encuentra ni una pizca de pecado. Mientras no llegue este día, el mal permanecerá lozano en la Tierra. Si el lector se siente preocupado por la presencia del mal y desea no verse atrapado en sus redes, el apóstol Pablo receta la medicina a su discípulo Timoteo.

Tú persiste en lo que has aprendido” (v.4). ¿De quién aprendió Timoteo las enseñanzas que deben prevalecer en su vida? De su abuela Loida y de su madre  Eunice (2 Timoteo 1: 5). El remedio contra el mal no es un conocimiento relegado en un rincón del corazón, sino un saber que permanece activo que como levadura leuda al creyente. La abuela y la madre de Timoteo le enseñaron desde niño las Sagradas Escrituras “que hacen sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (v. 15). ¿Por qué es tan importante que abuelas y madres enseñen a sus nietos e hijos las Sagradas Escrituras? Sencillamente porque “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (vv. 16, 17).

El hombre, la mujer, que cree que cree que la Biblia es la  Palabra de Dios y la guarda en su corazón se convierte por la presencia del Espíritu Santo  en un escudo que lo/la protege de las flechas incendiarias de Satanás.


 

SOFONÍAS 3: 17

“El Señor está en medio de ti, poderoso, Él salvará, se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con canticos”

Sofonías, en el Nombre del Señor está diciendo a su pueblo de la bendición que recaerá sobre él en el día del Señor cuando se producirá la total liberación del pecado y habiendo sido vencida la muerte por la resurrección del cuerpo, hoy mortal, mañana incorruptible e inmortal. A pesar de que el profeta habla de cosas que tienen que suceder, la garantía de que será así se encuentra en que el pueblo de Dios, hoy disfruta la primicia de lo que mañana disfrutará en toda su plenitud.

Hoy por la fe en Jesús, no olvidemos que es un regalo de Dios, creemos que los cuerpos de los escogidos se han convertido en “templo de Dios, y que el  Espíritu de Dios mora en vosotros” (1 Corintios 3: 16). ¿Somos conscientes de que significan las palabras del apóstol Pablo? El tabernáculo en el desierto y el templo en Jerusalén eran lugares en que simbólicamente Dios moraba entre su pueblo. Lo que fue símbolo se hace realidad con la muerte y resurrección de Jesús. Esta realidad la anticipa Jesús cuando junto al pozo de Jacob le dice a la samaritana: “Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (Juan 4: 21). Si cada cristiano se ha convertido por la gracia del Señor en  templo de Dios significa que cada lugar en que se  encuentre un verdadero cristiano se convierte en lugar santo, simbólicamente tenemos que quitarnos el calzado. Dado que allí en donde estemos la presencia de Dios nos acompaña, cualquier lugar, por extraño que pueda parecernos, es un lugar adecuado para invocar su Nombre. Algunos van a una iglesia, ahora es más difícil porque se cierran las puertas cuando ha terminado la misa, porque allí se encuentra recogimiento y supuestamente la presencia de Jesús en el sagrario. Recordemos las palabras de Jesús a la samaritana: “Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre”. Todos los lugares son apropiados para adorar a Dios.

 

 

CELOS HOMICIDAS

<b>Los celos impetuosos liberan la bestia que tenemos dentro</b>

Los celos dice el escritor noruego <b>Jo Nerbo</b> “son una fuerza motriz detrás de muchas de nuestras acciones. Nuestra competividad la mueven los celos. Se dan distintos grados, está claro. No es lo mismo pegar a tu hermano en una lucha por una mujer que correr en una pista. Un poco puede ser bueno. Cuando terminas en asesinato o en gente atormentándose a sí misma, no. ¿A Putin le mueven los celos, y la envidia? ¿A Bush cuando invadió Irak para superar el legado de su padre? Es una fuerza motriz y también destructiva?”

El diccionario define celos. “Amor, afecto recluido de quien teme que el otro pueda ser preferido. Envidia que nos causa quien disfruta de alguna cosa que querríamos para nosotros”. Envidia y celos son sinónimos.

Un ejemplo bíblico de celos que no son buenos y “terminan en asesinato o en gente atormentándose a sí misma” se encuentra en Saúl que fue el primer rey de Israel. Muchas personas conocen la historia de David y Goliat. David fue un adolescente pastor de ovejas que mató al terrible Goliat con un guijarro que lanzó con su honda y que impactó en la frente de su temible enemigo. El valiente David fue fichado de inmediato por el monarca. De pastor de ovejas se convierte en un renombrado soldado que cuando regresa victorioso de las batallas contra los filisteos las mujeres salían a recibirle cantando: “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles” (1 Samuel 18: 7). Esto enojó en gran manera a Saúl, dijo: “A David dieron diez miles y a mí miles, no le falta más que el reino. Y desde aquel día Saúl no vio con buenos ojos a David” (vv. 8,9). Los celos infundados que se despertaron en Saúl le impulsaron a proceder con alevosía. Empezó disparatar. A pesar de que Jonatán, hijo de Saúl, defendía ante su padre la fidelidad de David, los celos descontrolados prevalecieron. “Aconteció al otro día que un espíritu malo de parte de Dios tomó a Saúl, y el desvariaba en medio de la casa. David tocaba con su mano como los otros días, y tenía Saúl la lanza en la mano. Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré David a la pared. Pero David lo evadió dos veces” (vv 10,11o). David huye y Saúl le persigue con el mismo ensañamiento que el sabueso persigue a su presa. Lo que se siembra se recoge. Saúl murió ignominiosamente junto con sus hijos luchando contra los filisteos en la batalla de Gilboa, lanzándose sobre sobre su espada.

“Los celos como los de Otelo”, dice A. C. Bradley, “convierten la naturaleza humana en un caos y liberan los celos que todos encierran”.  Cuando se abre la puerta del corazón que mantiene encerrados los celos salen con ímpetu haciendo estragos más o menos virulentos. La violencia de género es fruto de ellos. El escritor <b>Jo Nerbo</b> atribuye a los celos la barbarie que Putin comete en Ucrania. Los aprendices de dictadores que son estos jóvenes políticos que se inician en la política hacen públicos sus celos con sus declaraciones incendiarias con el propósito de expulsar de la palestra pública a quienes les hacen sombra. Su presencia les es un estorbo en sus aspiraciones a convertirse en el número 1 y así poder sentarse en la butaca desde donde recibir la pleitesía de la multitud. A pesar de que destruyen la tierra a la que dicen amar, lo cierto es que destruyen la que dicen quieren salvar de aquellos que a su parecer quieren destruirla. Lo único que persiguen es gratificar su ego recibiendo un baño de multitudes. Lo cierto es que más pronto o más tarde, según decida Dios, acabarán  indignamente como le sucedió al rey Saúl.

El apóstol Pablo escribiendo a los cristianos de Corinto les dice algo muy chocante: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como espirituales, sino como carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda, porque aún no eráis capaces, ni sois capaces todavía, porque sois carnales, pues habiendo en vosotros <i>celos”</i> (enfatizo celos porque es lo que caracteriza a los políticos), “¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3. 1-3). El apóstol escribe la carta a una iglesia compuesta por los que él considera “los santificados en Cristo Jesús” (1: 2), es decir personas verdaderamente cristianas. A pesar  de que llevaban tiempo convertidas a Cristo no habían llegado a ser adultos y seguían necesitando que se les diese leche espiritual. No habían aprendido a coger el cuchillo con el que cortar la carne, ni a utilizar el tenedor para ponérsela en la boca  para masticarla y engullirla. Esto indica que los celos son un pecado que requiere tiempo para desarraigarlo. A los cristianos les es posible con la ayuda del Espíritu Santo disminuirlos en gran manera pero no erradicarlos del todo. Siempre tendrán que manejar las tijeras de podar para impedir que los brotes lozanos se apoderen de nuevo del corazón. A medida que se va pasando de la infancia a la madurez en Cristo se va rebajando la virulencia de los celos. La sicología puede detectar la maldad de los celos pero no curar el corazón carnal que los engendra. Únicamente la fe en Jesús y la participación del Espíritu Santo pueden hacer que el corazón produzca: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5. 22, 23), características que son inusuales en los incrédulos.

Octavi, Pereña i Cortina

diumenge, 22 de maig del 2022

 

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

<b>La codicia puede llevar a los fracasos más estrepitosos</b>

El griego Esopo  creó una de las fábulas más conocidas: “La gallina de los huevos de oro”. La narración describe a una pareja de campesinos que descubren que tienen una gallina que pone diariamente un huevo de oro. No tuvieron bastante con la inesperada riqueza que los sacó de la miseria, que decidieron matar el ave porque creyeron que  podrían acceder directamente a la mina. La mataron y al abrirla en canal descubrieron que su interior no difería en nada de las demás gallinas. Fue  así como destruyeron la fuente de su prosperidad. La metáfora nos transporta a los riesgos que acompañan la codicia. “La codicia rompe el saco” dice la máxima.

La fábula de Esopo nos puede llevar al origen de la raza humana que creó Dios. El Creador había preparado muy cuidadosamente el paraíso idílico para ser la residencia de Adán y Eva en donde pudiesen vivir confortablemente sin pasar escaseces. Nuestros primeros padres creyeron que el jardín de Edén era de su propiedad y pensaron que podrían hacer lo que les viniese en gana. Erraron en sus razonamientos al olvidar que el propietario de la hacienda era el Creador y que ellos eran simples usufructuarios sujetos a las instrucciones del Propietario para poder disfrutar del jardín. Podían comer el fruto de todos los árboles que había en el huerto, excepto,  el del “árbol del conocimiento del bien y del mal no comeréis, porque el día que comáis ciertamente moriréis” (Génesis 2. 17).

A pesar de que gozaban de la vida eterna tenía un talón de Aquiles: la obediencia incondicional a la voluntad del Propietario. Es por ahí por donde se echó a perder su felicidad. Por el jardín rondaba un ser maligno que no veía con buenos ojos la felicidad de nuestros primeros padres. Satanás poseyó la serpiente, que en aquel entonces andaba de pie i no infundía temor La utilizó para hacer desgraciada a aquella pareja tan feliz. Satanás se aproxima a Eva escondido tras el disfraz de la serpiente para hacerla dudar de la bondad de Dios. Mintiendo le dice: la prohibición que Dios os ha dado  de no comer el fruto del árbol prohibido no lo ha hecho para vuestro bien, sino “porque Dios sabe que el día que comáis, vuestros ojos serán abiertos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal” (Génesis 3: 5). El gusano de la codicia se despertó. Se fijaron codiciosamente en el árbol prohibido y comieron su fruto. Con ello mataron a la gallina que ponía el huevo de oro. Cuando abrieron los ojos a la nueva realidad en vez de verse convertidos en Dios “se dieron cuenta que estaban desnudos” (v. 7). El pecado entró a formar parte de sus vidas ocasionándoles la muerte espiritual al separarse de Dios”. La codicia los convirtió en pobres y miserables. Si no hubiese sido por la misericordia de su Creador habrían continuado encontrándose en tan paupérrima condición. Dios se propuso volverlos a su condición anterior.  Lo hizo anunciándoles la venida del Mesías. “El Señor Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” (v. 21). Volver  a la condición de hijos de Dios solamente es posible en aquellos que creen que Jesús es el Salvador, el Mesías prometido, y que fuera de Él no hay la salvación que “solamente los violentos la arrebatan” (Mateo 11: 12). Una vez recibida la salvación el creyente en Cristo tiene que esforzarse en conservarla.

Para ilustrar la parte humana de la salvación Jesús narra dos parábolas: la del tesoro escondido y la de la perla de gran valor (Mateo 13: 44-46). En la primera un hombre encuentra un tesoro enterrado bajo tierra. Lo vuelve a esconder. Vende todo lo que tiene y compra aquel campo. En la segunda, un comerciante que buscaba  buenas perlas encuentra una de gran valor. Vende todo lo que posee y la compra. Jesús pone ante sus oyentes el inmenso valor que tiene el reino de los cielos. El paraíso recuperado, para no perderlo no tenemos que dejarnos llevar por la codicia como lo hicieron Adán y Eva que los llevó a perderlo. Tenemos que dejar de codiciar el oropel que nos ofrece el mundo  y centrarnos en el reino de los cielos que es el patrimonio más valioso que se puede adquirir.

Al final del tiempo, el día de la resurrección que es cuando Jesús derrotará totalmente a Satanás y por haber resucitado, vencido a la muerte, quienes han sido salvador por la fe en el Nombre de Jesús. Apocalipsis, el último libro de la Biblia nos muestra un anticipo de lo maravillosos que será vivir en el paraíso eterno contemplando el cuerpo glorioso de Jesús mostrando las señales de la crucifixión que es el precio que tuvo que pagar para conseguir nuestra eterna salvación.

Octavi Pereña i Cortina

 

2 TIMOTEO 4: 6

“Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano”

Todos los casos que relata la Biblia de los siervos de Dios que se les acerca la hora de abandonar este mundo para irse con el Señor, manifiestan la esperanza de la vida eterna que les aguarda. La muerte no les hace miedo porque es un enemigo vencido. El testimonio de estos siervos de Dios debería ser un ejemplo a imitar.

El testimonio que da el apóstol Pablo con respecto a la seguridad que tiene del futuro que le espera, tiene el valor añadido al decirnos dónde radica su seguridad. Hace un resumen de su vida como cristiano que no ha sido nada fácil. “He peleado la buena batalla, he acabado a carrera, he guardado la fe” (v.7).  En 2 Corintios 11: 23-33 cita las diversas situaciones adversas por las que ha pasado a lo largo de su vida cristiana. A pesar de todo ello el diablo no pudo quebrantar su fe: “He guardado la fe”.

“Por lo demás me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo en aquel día” (v.8). El Juez justo reconoce la justicia que Pablo recibe por la fe en el Nombre de Jesús, cuya sangre derramada en la cruz le ha limpiado todos sus pecados  y ha sido revestido de la justicia de Dios. Durante toda la eternidad la corona de justicia que ha recibido de las manos de Dios dará testimonio de la razón por la que el apóstol es ciudadano del reino de los cielos.

Lo interesante del relato del apóstol Pablo es lo que añade: “No solo a mí, también, a todos los que aman su venida”. No solo los grandes siervos de Dios reciben la corona de justicia, la reciben todos los que “aman su venida”. Una fe pequeña es tan valiosa como una de fuerte. Tanto para los pequeños como para los grandes, la fe es un don de Dios. Para fortalecimiento de nuestra fe  Jesús citando al profeta Isaías dice: “La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará” (Mateo 12: 20). Es decir, los niños en la fe, a pesar que pueden haber llevado muchos años como cristianos y son incapaces de coger el tenedor y el cuchillo para así ingerir vianda sólida, tienen asegurado que recibirán de las manos el Señor la corona de justicia que está  para todos aquellos que aman su venida. Una fe minúscula no disminuye el poder que tiene Jesús de dar la corona de justicia a todos aquellos que esperan su venida en gloria a buscar  a su pueblo.


 

1 SAMUEL 16: 14

“Y el espíritu del Señor se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte del Señor”

El corazón del hombre no puede permanecer vacío, o está en él el Espíritu Santo o lo ocupará el espíritu de Satanás. Israel pidió a Dios que les diese un rey porque querían ser como las otras naciones. El Señor les concede su petición impía y por medio del profeta Samuel unge a Saúl como rey. El ungimiento simboliza la presencia del Espíritu de Dios en Saúl. La obstinación del monarca de hacer prevalecer su voluntad por encima de la de Dios condujo a que el Espíritu de Dios se apartase de Saúl y como el corazón no puede permanecer vacío, ”le atormentaba un espíritu malo de parte del Señor”. Dios permite que un espíritu maligno tome posesión del corazón de Saúl. Que le atormentase a Saúl un espíritu malo no pasa desapercibido a los ojos de sus siervos, que le dicen: “he aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta” (v. 15).

Jesús trata esta cuestión cuando dice. “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla… (Mateo 12: 43-45). El vacío que se produce en el hombre abre la puerta para que el espíritu inmundo expulsado regrese acompañado de siete espíritus peores que él, “i entrados, moran allí, y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación” (v. 45). “No hay paz para los impíos, dijo el Señor” (Isaías 46: 22).

En nuestros días que proliferan tanto los trastornos mentales y se pide con urgencia que se mejore la asistencia de la salud mental, es una evidencia de que el Espíritu del Señor nos ha abandonado y que el espíritu de satanás ocupa el vacío dejado.

En el caso de Saúl la servidumbre le propuso la musicoterapia como remedio (1 Samuel 16: 16). Este remedio no sirve para expulsar a los malos espíritus que se han apoderado de los corazones de los hombres. Mientras David tocaba el instrumento musical que tenía en sus manos producía un alivio temporal a Saúl. Pronto el espíritu de parte del señor volvió al ataque, pues mientras David tocaba el instrumento, Saúl intentó matarle porque sentía celos de él (1 Samuel 19, 9,10).

Determinada música puede aliviar momentáneamente el dolor del alma, pero no puede llenarla del Espíritu Santo. La enfermedad mental que sea la consecuencia de que el Espíritu de Dios se haya apartado de la persona únicamente puede curarse con el arrepentimiento  a Dios y con abrir la puerta del corazón para que Jesús pueda hacer morada en él  (Apocalipsis 3: 20). Si Jesús habita en el corazón no hay espacio vacío que pueda ocuparlo un espíritu maligno que le atormente.

 

 

diumenge, 15 de maig del 2022

 

SALUD MENTAL

<b>”Sin un diagnóstico médico no se recetan fármacos y no habría negocio”</b>

“Las carencias de la sanidad disparan un 27% el uso de los sicofármacos en 10 años”. Esta declaración ocupa dos líneas de  ancho de página de un periódico. La salud mental desborda la capacidad sanitaria. Al faltar personal médico calificado se producen largas listas de espera. Para poder atender a los pacientes se opta por la vía más rápida y menos eficaz: recetar sicofármacos.

El sicoterapeuta <b>James Davies</b> dice: “Entender que el sufrimiento es una reacción natural a cosas negativas y malas que nos suceden, es una amenaza política si así lo siente una gran mayoría de personas. Si, en cambio, se afirma que el sufrimiento lo crea el mismo individuo, distrae las causas, y por tanto margina promover cambios en las políticas”. El sicoterapeuta nos viene a decir que si se dan muchas  personas que consideran que la ansiedad, la depresión el miedo, el insomnio…provienen de las deficiencias sociales: vivienda, paro, sueldos de miseria, injusticia, hacen tambalear a los políticos debido a que los votantes pierden la confianza en ellos. El sicoterapeuta <b>James Davies</b>, dice: si los trastornos sicológicos que sufren tantas personas los fabrica el propio individuo, entonces se reduce la presión que se ejerce en los políticos a la hora de tener que resolver los problemas de salud mental que crecen exponencialmente.

En la parábola del sembrador que salió a sembrar trigo, cebada u otro cereal, Jesús dice que la semilla que esparce el sembrador cae en distintos tipos de tierra. Simboliza la Palabra de Dios que el predicador siembra en distintos tipos de corazones. En este momento, lo que nos interesa es la que cae en un corazón lleno de espinos. Jesús explica el significao: “La que cayó entre espinos, estos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes de la vida, y no llevan fruto” (Lucas 8: 14). Como una parábola es una historia terrenal con un significado espiritual, el corazón que está lleno de espinos en el que cae la Palabra de Dios representa un corazón no regenerado por no haber sido limpiado por la sangre de Jesús que limpia todos los pecados. Las personas que tienen sus corazones llenos de espinos solamente pueden mirar horizontalmente. Debido a ello únicamente ven los problemas que se dan en este mundo manchado por el pecado. Son incapaces de alzar la mirada hacia el cielo que es de donde les puede llegar la ayuda que necesitan y así poder exclamar con el salmista: “Soy pobre y afligido, el Señor piensa en mí. Mi ayuda y mi liberación ere Tú, Dios mío no tardes” (Salmo 40: 17). El salmista pide socorro allí de donde le puede llegar la ayuda necesaria. El apóstol Pedro, con el permio de Jesús salió de la barca y se puso a andar sobre las aguas del Mar de Galilea. Al apartar su mirada de Jesús y depositarla en las aguas turbulentas, empezó a hundirse. Atemorizado gritó: “¡Señor, sálvame!” (Mateo 14: 30). Este clamor indica que Jesús no se desentiende de las personas, por la causa que sea, sufren y acuden a Él en busca de ayuda.

La respuesta que Jesús le da a Pedro está cargada de ternura. A todos aquellos que acuden a Él en busca de ayuda reciben el mismo trato. De la misma manera que Jesús tendió la mano a Pedro para sacarlo del agua que amenazaba con tragárselo, la tiende a todo aquel que hundiéndose en el cenagal de este mundo grita con fuerza: “¡Señor, sálvame!” Jesús a la vez que coge la mano de Pedro coge la del lector y les dice: “¡Hombres de poca fe! “¿Por qué dudáis?” (Mateo 14: 31).

El preámbulo del texto bucólico citado previamente, dice: “Ningún siervo puede servir a dos señores, porque aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Lucas 16: 13). Si el lector duda de la existencia de Dios desearía que lo que sigue  le hiciese abandonar la duda y reconozca como a único dios al Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Nos afanamos queriendo complacer todas las exigencias que el cuerpo nos pide. “No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido” (Mateo 6: 25). No permitamos que las opiniones ajenas nos hagan malvivir.

La Covid-19, la guerra de Ucrania  y otros diversos contratiempos nos engendran miedo. Ante la incertidumbre que nos provocan los acontecimientos adversos  Jesús nos dice: “Mirad las aves del cielo que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (v. 26). “Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, como crecen: no trabajan ni hilan…y si la hierba del campo que hoy es, y mañana la echan al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros  hombres de  poca fe?” (vv. 28-30). Jesús nos dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (v. 33). Jesús no nos pide que seamos holgazanes sino personas de fe que confían en la providencia de Dios.

Es posible que no vayamos sobrados y que nos veamos obligados a ceñirnos el cinturón. Que tengamos que administrar con mucho cuidado el presupuesto. Si confiamos en la misericordia de Dios manifestada en Jesús la salud mental no se verá afectada porque la paz de Dios que sobrepasa la comprensión humana, nada ni nadie nos la podrá arrebatar. “En paz me acosté, y asimismo dormiré, porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado” (Salmo 4: 8).

Octavi Pereña i Cortina

 

 

MARCOS 5: 19

“Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuénteles cuan grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y como ha tenido misericordia de ti”

Jesús se las tiene que ver con un hombre que se le conoce como el endemoniado gadareno. Este hombre estaba poseído por una legión de demonios, es decir, millares de demonios habían tomado posesión de él. No podemos comprender el estado en que se encontraba dicho hombre. Algo nos lo descubre el texto: rompía las cadenas con que se le ataba para mantenerlo controlado y andaba por los descampados hiriéndose con piedras (vv.4, 5). Verdaderamente este hombre se encontraba en un estado lastimoso. La liberación satánica de este hombre finalizó con los diablos expulsados se  apoderaron de un rebaño de cerdos que pasturaban por la zona y se precipitaron al mar cayendo desde un precipicio.

La violencia del hombre se convirtió en una balsa de aceite: el hombre “que había sido atormentado del  demonio, y que había tenido legión, sentado, vestido y en su juicio cabal” (v. 15). Lo que es imposible para el hombre es posible para el Señor.

A quien se le perdona mucho ama mucho y, la abundancia del corazón no puede pasar desapercibido. La lengua tiene que expresar el bien recibido. Jesús abandona el escenario en donde se produjo la liberación del endemoniado. En el momento de entrar Jesús en la barca que tenía que conducirlo a la otra orilla del lago, el hombre que había sido poseído por una legión de demonios se acerca a Él y “le rogaba que le dejase estar con Él” (v. 18). Jesús no se lo permite, pero le da un encargo: “Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes el Señor h hecho contigo, y como ha tenido misericordia de ti” (v.19).

El encargo que Jesús dio a sus discípulos antes de su ascensión fue: “Id y haced discípulos en todas las naciones”  (Mateo 28: 19). El libro de Hechos describe la expansión del Evangelio a partir de Jerusalén hasta el extremo del mundo: Hispania. El ex endemoniado es un ejemplo del evangelismo doméstico: “y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él, y todos se maravillaban” (v. 20). La evangelización que es fruto de los programas eclesiales no funciona. No impacta a los oyentes. Los gadarenos que hicieron salir corriendo a Jesús de su territorio rabiosos por la pérdida de dos mil cerdos, “todos se maravillaban” al ver que aquella persona que anteriormente tenían que encadenarla para evitar que hiciese daños. ¿Tenemos algo que decir a nuestros vecinos? Si el Señor no nos ha liberado del pecado, ciertamente que no.


 

MARCOS 10: 17

“Al salir Él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de Él le peguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

Un hombre se acerca corriendo a Jesús para preguntarle sobre la vida eterna. Es muy posible que esta persona hubiese oído hablar de Jesús, incluso que hubiese visto los milagros que obraba,  tal vez hubiese escuchado de los labios de Jesús aquellas palabras que denotaban más autoridad que las de los fariseos y saduceos (Mateo 7: 28, 29).

Aparentemente  este hombre era un candidato a la vida eterna. Realmente era alguien en quien la semilla que sembraba el sembrador cayó “entre espinos, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y la hace infructuosa” (Mateo 13: 22). Muchos son llamados pero pocos los escogidos. El sembrador sale a sembrar la palabra en los corazones de las personas sin saber la calidad del corazón en que la siembra. Sin distinción de personas hace la siembra y deja el resultado en las manos del Señor porque Él sabe que corazón es buena tierra.

A la pregunta: “¿Qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dice que cumpla los mandamientos (v. 19). Nuestro hombre no sabe lo que dice cuando afirma que los ha cumplido desde su juventud (v.20). Entonces Jesús mirándolo con amor le dice: “Una cosa te falta, anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo, sígueme tomando tu cruz” (v. 21). La prueba del algodón descubre que el corazón de aquel hombre que presuntamente estaba interesado en la vida eterna estaba lleno de espinos “el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y la hace infructuosa”. Afligida la persona al oír las palabras de Jesús “se fue triste porque tenía muchas posesiones” 8v.22). Esta persona estaba aferrada a las cosas de este mundo. Su dios eran las riquezas. N o podía servir a dos señores a la vez. Si ama el dinero no puede amar a Dios. Jesús es muy claro. Pide que se ame a Dios sobre todas las cosas. Quienes no están dispuestos a renunciar al dios dinero se alejan de Jesús tristes porque en su corazón no hay gozo.

 

 

diumenge, 8 de maig del 2022

 

EVANGELIO DE LA PAZ

<b>Es necesario distinguir la Verdad de Dios de las verdades que son muchas</b>

Así empieza <b>Llàtzer Moix</b> su escrito <i>Soldados de  la verdad</i>: “Cada día vemos en los telenoticias soldados y voluntarios ucranianos armados y dispuestos a defender su país. Cada día vemos en la tele periodistas que defienden la verdad con el micro y la cámara,  con el boli y bloque de notas. Estos no llevan uniforme, pero también se les puede llamar – soldados de la verdad -. Su valentía no desmerece la de aquellos que empuñan armas”.

Hoy como siempre se da un duelo entre la verdad y la mentira. No es un combate singular según las normas del código de caballería debido a que la mentira juega sucio. Utiliza la oscuridad a la hora de emplear sus armas contra la verdad. La mentira desconoce qué es caballerosidad. Maneja los golpes bajos para imponerse. Desconoce qué es el honor a la hora d enfrentarse a la verdad.

Los poderosos, Putin es un caso de rabiosa actualidad. Utilizan el poder para cambiar las leyes que les permiten castigar duramente a quienes se atreven a disentir de lo que ellos consideran su verdad. La verdad a la que se refiere <b>Moix</b> tiene muchas caras que se tienen que respetar si se combate con honor. El respeto mutuo es la garantía del progreso. Es la esencia de la democracia. Como muy bien dice <b>Moix</b>, los soldados que defienden la verdad no llevan uniforme ni van armados.  La defienden con el micro y la cámara, con el boli y el bloque de notas.  Por ello debe defenderse la libertad de prensa y de pensamiento. La sociedad necesita a estos civiles que empuñan el micro y el boli para describir lo que ven.

Detrás de los civiles que defienden, los unos la verdad y los otros la mentira, no es lo que más nos tiene que preocupar. Es la lucha entre el bien y el mal que se desarrolla en el campo del espíritu. Esta lucha hace milenios que actúa. Empezó cuando Luzbel y sus ángeles se sublevaron contra Dios para intentar destronarlo. No lo consiguieron. ¿Por qué Dios no los destruyó? Las cosas secretas pertenecen a Dios  y no nos incumbe a nosotros intentar conocerlas. Es una pérdida de tiempo intentar saber lo que Dios se reserva para sí. Lo que sí sabemos es que esta guerra iniciada en los ámbitos celestiales continúa aquí en la Tierra. En esta lucha se ha visto involucrado el ser humano porque Satanás quiso destruirlo. En parte lo consigue porque una buena parte empezando con Adán desobedeció a Dios y se puso a las órdenes de Satanás que es el padre de la mentira. De ahí que las falsas noticias se fabriquen como churros y se persiga la verdad sin tener en cuenta el código de honor.

El apóstol Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo le dice: “Tú, pues, soporta las aflicciones como buen soldado de Jesucristo” (2 Timoteo 2: 3). No se espante  el lector. Ser un “buen soldado de Jesucristo” nada tiene que ver con las milicias cristianas promovidas por la extrema derecha. Pablo lo deja bien claro: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne, porque las armas de nuestra milicia no son carnales” (2 Corintios 10: 3, 4).

Los soldados ucranianos que luchan para defender su tierra están equipados con todo lo necesario para enfrentarse a su enemigo. El “buen soldado de Jesucristo” se enfrenta a un enemigo muy fuerte que se llama Satanás. Para combatir en esta guerra que es de carácter espiritual con el propósito de “derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios” (2 Corintios 10: 5), “debe fortalecerse en el Señor  y en el poder de su fuerza. Vestirse  con toda la armadura de Dios, para que pueda estar firme contra las asechanzas del diablo. Porque no tiene lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto tomad toda la armadura de Dios,  para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6: 10-13).

A continuación, el apóstol Pablo utilizando una analogía la del equipo del soldado romano con el que utiliza el soldado cristiano para salir victorioso en su lucha contra el padre de la mentira: “Ceñidos sus lomos con la verdad, y vestido con la coraza de justicia” (v. 14). La verdad de Dios y su justicia protegen una parte del alma del soldado cristiano. Sin ello está desprotegido de los dardos de fuego del enemigo. “Calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz” (v. 15). El cristiano es llamado a difundir el Evangelio por todo el mundo. No puede permanecer encerrado en su casa esperando que  los otros soldados cristianos luchen por él. No tiene que salir al campo de batalla cubiertos sus pies con un zapato y una alpargata. Tiene que calzar unas botas que le permitan andar cómodamente por el terreno agreste por el que tiene que avanzar anunciando la paz que Dios ofrece a los hombres en Jesús. Un mundo convulsionado por infinidad de tumultos el mensaje del evangelio de la paz de Dios debe extenderse cuanto más mejor. “Sobre todo toma el escudo de la fe con que puedas apagar todos los dardos de fuego del maligno” (v.16). La lucha contra Satanás no puede hacerse con armas carnales como se ha hecho a menudo   a lo largo de la historia. La violencia oprime pero no convence. Satanás, al verse acorralado no permanece impasible arremete contra sus enemigos con todo su furor. De ahí la importancia que el soldado cristiano coja con firmeza el escudo de la fe. “Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4: 7). El soldado cristiano no es un recluta. Es un veterano bregado. Por esto “toma el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios” (v. 17). El soldado cristiano es alguien que sabe en quien ha creído. En el fragor del combate la diarrea que provoca el miedo no lo inutiliza para luchar. El soldado cristiano no es un lobo solitario que va a la suya. Forma parte de un ejército disciplinado que todos a una luchan contra el Maligno. Por esto “ora en todo tiempo con toda oración y súplica en  el Espíritu, y vela en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (v. 18).

Octavi Pereña i Cortina