dilluns, 28 de gener del 2019


1 CORINTIOS 15: 26

“y el postrer enemigo que será destruido es la muerte”
Quico Jubilata, protagonista en las viñetas de JL Martín, se despide de su amigo Carlos recientemente fallecido. En el funeral, triste por la pérdida del amigo piensa en él: “pobre Carlos, era su aniversario y se atiborró como si no hubiese mañana…Efectivamente. Debido al exceso cometido…” Ante el féretro de su amigo, Quico piensa: “NO HUBO MAÑANA”.
¿De qué sirve afanarse en amontonar riquezas, calentarse los sesos para curar enfermedades, estudiar filosofía y religiones para hallar sentido a la muerte, si a la hora de la verdad resulta que NO HAY MAÑANA? ¿Qué utilidad tienen los entierros religiosos si los amigos y familiares  que se despiden del difunto escuchan  las palabras “aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno, SI NO HAY MAÑANA? ¿Qué consuelo producen las enseñanzas bíblicas de la resurrección de los muertos si Jesús no resucitó?  NO HAY MAÑANA para el creyente que cree en el mito Jesús. Ciertas son las palabras del apóstol Pablo: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo (que es un mito y que lo que dice sobre la resurrección es un engaño), somos los más dignos de compasión de todos los hombres” (1 Corintios 15: 19). Si es cierto que Jesús no resucitó de entre los muertos hagámonos nuestras las palabras del apóstol Pablo: “Si los muertos no resucitan” (porque Jesús no resucitó) “comamos y bebamos, porque mañana moriremos” (v. 32). Sigamos el ejemplo del amigo de Quico que dejó este mundo con la barriga  bien repleta de delicias.
El apóstol Pablo no fue un testigo presencial de la resurrección de Jesús como lo fueron los otros apóstoles y el grupo de creyentes que constituyeron el origen de la iglesia cristiana, se le apareció el Señor y conversó con él cuando lleno de odio hacia los cristianos se dirigía a Damasco en busca de los herejes para llevarlos prisioneros a Jerusalén. Debido a este contacto personal con Jesús resucitado pudo escribir: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (vv. 20-22).
¿Es el lector como Quico y su amigo Carlos que NO HAY MAÑANA para ellos? ¿Te dices que vivir es un asco? No digas: “Desearía morirme”. Atiende las palabras de Jesús. No hagas lo mismo que haces  cunado las oyes en un funeral  que te entran por un oído y salen por el otro. Permite que se graven en tu corazón porque son el salva conducto que te abre la puerta que da acceso al Reino de Dios: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque esté muerto vivirá” (Juan 11: 25).


JOSUÉ 1: 17

“”De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti, solamente que el Señor tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés”
El pueblo de Israel está a punto de entrar en la Tierra Prometida. Moisés ha ordenado a Josué como su sucesor. Moisés como buen pastor condujo a Israel desde Egipto hasta la orilla del Jordán. Pero no pudo cruzarlo. La misión le fue encomendada por Dios a Josué. Antes de cruzar el Jordán Josué hablo a los rubenitas, gaditas y a la media tribu  de Manasés, que tenían su posesión a este lado del Jordán, que cumpliesen su palabra de cruzar el río con el resto del pueblo para ayudar en la conquista de la Tierra Prometida. Juraron fidelidad a Josué de la misma manera que lo fueron  con Moisés. En la promesa de ser fieles a Josué hay unas palabras que se merecen destacar: “De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti, solamente que el Señor tu Dios esté contigo,  como estuvo con Moisés”. Estas palabras no han sido escritas y preservadas en la Biblia por casualidad. Si en verdad creemos que “toda la Escritura ha sido inspirada por Dios”, es el Señor quien las ha escrito por medio de Josué y las ha mantenido en la Escrituras a lo largo de los siglos para instrucción del pueblo de Dios.
En el libro de Hechos se describe con minuciosidad la elección de pastores que la iglesia apostólica  hacía, velando que los escogidos fuesen verdaderos siervos de Dios. El apóstol Pablo anuncia que cuando los apóstoles hayan dejado este mundo para irse a la presencia de Dios, hombres impíos que saldrán  de las mismas iglesias dañaran el rebaño de Dios. A lo largo de los siglos en las iglesias han surgido muchos Diótrofes que “les gusta tener el primer lugar entre ellos, no no os recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros, y no  contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a quienes quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia” (3 Juan: 10).
Las palabras de fidelidad que las dos tribus y media dijeron a Josué a cambio de que el Señor estuviese con él deberíamos tenerlas presente en nuestros días pues es responsabilidad del pueblo de Dios de ser fieles a los pastores que en verdad lo son y a rechazar a los Diótrefes que creen que las iglesias son de su propiedad y que pueden manejarlas a su antojo. Es muy grande la responsabilidad que tiene las iglesias de elegir como pastores a verdaderos siervos de Dios



dilluns, 21 de gener del 2019


LENGUAS Y BANDERAS

<b>Lenguas y banderas que indican identidad pueden convertirse en semillas de odio y de violencia</b>
“El abanderado, sobre todo el político en campaña, debería llevar un  código de barras. Es fundamental saber que envuelve cuando alguien se envuelve en una bandera. Puede envolver un fardo de odio o el orgullo solidario de ser un país de asilo y acogida. Puede envolver desconfianza hacia el extranjero o la mano tendida a quien elige habitar un viejo país que se vacía. En una bandera puede envolverse el daño a un retroceso machista  o el deseo de disfrutar un país que sea vanguardia en igualdad. Ya no podemos equivocar os lo que envuelve una bandera: ¿Un lugar de miedo e intimidación para la mujer o el hábitat de libertad? En la bandera puede envolverse la libertad de expresión como un bien máximo a respetar o el propósito de silenciar la palabra contraria. Una bandera puede envolver la llave de una biblioteca o un martillo de herejes. Puede envolver memoria fértil o amnesia retrógrada, pluralidad o monocultivo. Puede envolver, en fin, un Estado de bienestar o una maquinaria de hacer daño” (<b>Manuel Ribes</b> en su escrito <i>¿Qué puede envolver una bandera?<b>/i>. La bandera como internet, como todo invento es inocua. El problema se encuentra en las personas que la utilizan. El ser humano es la pieza clave. Según sea éste la bandera llevará destrucción o bienestar.
<b>Joana Benet</b> en su escrito </i> ‘Voxers’ del odio</i>, redacta: “Ser civilizado no tiene nada que ver con tener estudios superiores o tener un alto cociente”. Citando a <b>Teodor Todorov</b, dice: “Ser civilizado significa ser capaz de reconocer plenamente la humanidad de los otros, aun cuando tengan  rostros y hábitos diferentes de los nuestros, saberse poner en su lugar  y mirarnos a nosotros mismos desde fuera”
En el mundo en que vivimos se  está produciendo una regresión moral, una peligrosa pedagogía que involuciona valores y contextos que parecían superados. El ser humano como ser  racional que  es piensa e idea ideologías para crear un mundo feliz, pero es incapaz de implantar alguno. En el momento en que el ser humano se deifica y se cree capaz de establecer en los límites de su poder una sociedad feliz, crea un nacionalismo excluyente que borra sea como sea todo lo que se le oponga. No duda en utilizar las cloacas del Estado para eliminar cualquier disidencia que se oponga a su mesianismo. De Mesías solamente hay uno. Quienes intentan usurpar las funciones mesiánicas no son guiados por Dios que es amor, sino por el diablo que es padre de la mentira y homicida desde el principio. He aquí porque los mesianismos políticos, los religiosos también, todos sin excepción se caracterizan por el odio, la violencia, la injusticia  y todos los males que uno se pueda imaginar que no contribuyen al bienestar de los pueblos sino a su ruina. Los nacionalismos excluyentes que restringen las libertades ciudadanas se caracterizan por el elevado grado de corrupción porque eliminan del ámbito público los mecanismos de control que frenan su expansión.
Los nacionalismos excluyentes divinizan la patria y la bandera y persiguen a todos aquellos que no juren fidelidad a estos dos símbolos nacionales. Una mirada a la historia y nos daremos cuenta de que estos nacionalismos no han sobrevivido. Dios que fija los tiempos y los límites de las naciones, cuando la corrupción hace verter el vaso Dios interviene y traspasa el poder a otro. No existe reino o republica eterno. Todos se hunden por la misma causa: CORRUPCIÓN.
Los cristianos tenemos una ventaja sobre los que no lo son. A pesar que somos ciudadanos de países concretos, nuestra verdadera ciudadanía se encuentra en el Reino de Dios. Que seamos ciudadanos del Reino de Dios no nos quita la responsabilidad de trabajar para la prosperidad de la nación en la que Dios nos haya colocado.
Los nacionalistas excluyentes a pesar de que tengan el Nombre de Dios a flor de labios no son cristianos  porque según Jesús, el Pacifista por excelencia, no aprueba la coacción, la violencia que se ejercen sobre la ciudadanía para imponer sus puntos de vista, ni la depuración de funcionarios públicos por sus ideologías. Se puede ser religioso pero esto no es garantía de que se sea un verdadero  cristiano. A este comportamiento anticristiano al que se le ha puesto una capa de barniz cristiano, especialmente en los clérigos que se consideran representantes de Cristo en la tierra, tiene unas consecuencias muy nefastas ya que hace que sean muchos quienes cataloguen a Dios el Padre y a Dios el Hijo por el mal comportamiento de quienes se dicen ser seguidores de Jesús.
Los nacionalismos nacen de la confusión de lenguas que se produjo en Babel. En aquella época solamente había una. La confusión se produjo cuando los hombres en su delirio de grandeza se dijeron: “Vamos, edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo, y hagámonos un nombre, por si fuéramos esparcidos sobre  la faz de la tierra” (Génesis 11:4). El mandato de Dios era que el hombre se esparciese por toda la faz de la tierra. Desobedeciendo a Dios quisieron concentrarse en una gran ciudad y quisieron convertirse en dioses construyendo una torre que llegase hasta el cielo. Dios desde las alturas se ríe de la necedad humana, diciendo: “Ahora, pues, descendamos y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció el Señor desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad” (vv. 7,8). Babel fue el primer imperio que se hundió y así  ha sucedido a lo largo de los siglos. Nadie puede divinizarse. Las lenguas son el resulta del pecado pero también serán una señal de unidad en la diversidad cuando en el Reino de Dios eterno los redimidos por la sangre de Jesús “cantarán un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis  5: 9). En el Reino de Dios eterno en que no habrá pecado que rompa la unidad se habrán terminado las disputas por la supervivencia de las lenguas. La diversidad lingüística y nacional servirá para adorar  a Dios sin confrontarse los unos con los otros.
Octavi Pereña i Cortina

dilluns, 7 de gener del 2019


NÚMEROS 32:23

“Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado contra el Señor, y sabed que vuestro pecado os alcanzará”
Las tribus de Rubén, Gad y la mitad de la de Manasés permanecieron al oriente del Jordán porque vieron que aquellas tierras eran aptas para la crianza de ganado. Se comprometieron, eso sí a cruzar el Jordán juntamente con las otras tribus y colaborar en la conquista de la Tierra Prometida. El texto que comentamos tiene que ver con el compromiso de las dos tribus y media a combatir junto con las otras tribus en la conquista de la heredad dada por el Señor. El incumplimiento del compromiso Moisés lo consideró pecado y les dice: “Sabed que vuestro pecado os alcanzará”. El pecado, sea cual sea su nombre siempre se comporta como un boomerang que se gira y golpea a quien lo lanza. Esta característica del pecado debe tenerse siempre en cuenta porque a veces sufrimos y no sabemos por qué. La ignorancia nos hace pensar en causas externas. Culpamos a otros de lo que nos ocurre, cuando lo que deberíamos hacer sería pedirle al Señor que nos haga dar cuenta de nuestro  pecado para arrepentirnos y abandonarlo. Solemos considerarnos buenas personas y esto no es lo más conveniente para nuestro bienestar.
El apóstol Pablo confiesa que en él existe un conflicto entre el bien y el mal: “Yo sé que en mí, esto es en mi carne, no mora el bien, porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, que queriendo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la Ley de Dios, pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la Ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado” (Romanos 7: 18-25).
La lucha interna que Pablo sostiene contra el pecado pone de manifiesto que aunque en Cristo hemos muerto al pecado, el pecado sigue vivo y que tenemos que luchar contra él con el poder del Señor para que no vuelva a enseñorearse de nosotros. En el fragor de la lucha podemos perder alguna batalla, pero la victoria final es nuestra porque en Jesús y su resurrección hemos ganado la batalla final.


HECHOS 17: 24

“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos de hombre”
Mientras el apóstol Pablo esperaba en Atenas la llegada de Silas y Timoteo “su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría” (Hechos 11:16). Mientras el apóstol aguardaba la llegada de sus compañeros de viaje, no estaba ocioso. Aprovechaba el tiempo compartiendo la Palabra de Dios en la sinagoga y en la plaza pública. Pablo sufría viendo Atenas, la cuna de la cultura en la que destacaron tantos filósofos que los eruditos de hoy veneran, volcada a la idolatría con lo que se empequeñecía al Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, al convertirlo en imágenes de piedra, oro, plata y otro metales preciosos, obras de artistas y orfebres que las tallaban a semejanza suya.
Los mecenas de la religión no tienen inconveniente alguno de financiar majestuosos templos, verdaderas obras de arte, con el propósito de ubicar en ellos capillas dedicadas a santos y vírgenes en donde se depositan imágenes que supuestamente los representan. Son dioses y diosas insignificantes que los fieles veneran. No podemos dejar en el olvido a Jesús, creador del cielo y de la tierra y de todo lo que en ellos existe que se empequeñece su grandeza al tamaño que quiera darle el artesano que lo talla o se le coloca en el pequeño espacio de una oblea. El apóstol Pablo es claro: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos de hombre”.
Si los templos hechos por manos de hombre no pueden albergar al Dios que hizo al mundo y todas las cosas que en él hay, Dios ha escogido el corazón de quienes creen en su Hijo Jesús para convertirlo en morada suya aquí en la tierra: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en nosotros?” (1 Corintios 3: 16). “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6: 19). El templo en Jerusalén diseñado por Dios y construido bajo la dirección de Salomón fue una representación inerte sujeto a la destrucción, del verdadero templo de Dios en la tierra que lo es cada uno de los verdaderos creyentes en Jesús, “es santo” (1 Corintios 3: 17). La exhortación que se nos da es que vivamos santamente para que el Nombre de Dios no sea blasfemado por nuestro vivir no santo.



dilluns, 31 de desembre del 2018


¡AGUA VIVA!

<b>Sin agua la tierra se convierte en un desierto. Sin Jesús que es el agua viva el alma perece abrasada de sed</b>
“Vivimos bajo el yugo de la aceleración, es el hado de nuestro tiempo y nadie se escapa. Mucha parte de nuestra insatisfacción  no es hija de una infancia desdichada, sino de un correr hacia ningún lugar”(<b>Luciano Concheiro</b>, historiador, sociólogo, filósofo).
Este correr hacia ningún lugar nos conduce hacia el materialismo que momentáneamente nos hace ver un espejismo de ilusión. El agua salada que es el materialismo hace sentir más sed a quien la bebe, es más, la incrementa despiadamente. De la misma manera que el agua salada que bebe el náufrago le produce una sed abrasadora que acaba matándolo con mucho dolor, la sed que provoca el materialismo mata al sediento rodeado de bienes y posesiones.
La actitud del materialista es parecida a la de aquel esqueleto que en la mazmorra del castillo de la madrastra de Blancanieves, alguien fallece detrás de la reja con el brazo extendido en el intento de alcanzar una jarra de agua fuera del alcance de su mano. Los materialistas son cadáveres vivientes que perecen buscando donde no se debe el agua viva que satisfará  los anhelos del alma.
El espíritu del materialismo lo describe muy bien <b>Tim Cook</b>, consejero delegado d’Apple, cuando dice: “Con el iPhone7 te damos cosas sin las cuales no puedes vivir y que hoy no sabes que las necesitas”. “No importa lo que se tenga”, alguien ha dicho, “nunca se tiene suficiente. Es un fenómeno que alguien denomina la ley de la <i>muñeca Barbie</b>. Los accesorios que se consideran opcionales se hacen imprescindibles creando necesidades que antes no se habían tenido”
<b>Josep Fita</b> bautiza la pasión por las novedades con la palabra <i>neofilia</i> y dice: “No se trata de una enfermedad. Mas bien es una tendencia desmesurada, casi obsesiva, para tener siempre lo más nuevo del mercado”. Alguien, en tono irónico ha dicho que se ha puesto de moda la compra de trasteros para ir a vivir porque los pisos, especialmente por Navidad contienen tantas cosas que no se cabe. Este pensamiento puede hacernos sonreír. De hecho, anuncia el funeral de la felicidad.
<b>Joani Yoder</b> explica su experiencia: ”Entonces, un día, el Espíritu de Dios abrió mis ojos con una perturbadora revelación: El materialismo no consiste necesariamente en tener cosas, también en desear. ¡Fui culpable de materialismo! Dios me hizo ver mi descontento por esto: ¡Un ídolo en mi corazón! Aquel día me arrepentí de aquel sutil pecado. Dios volvió a entronizarse en mi corazón como su trono correcto. No hace falta decirte que le siguió un gozo intenso, no basado en cosas, sino en Él”
El agua salda que da a beber el materialismo impulsa a buscar agua potable sea como sea y esté en donde esté. Esta búsqueda desesperada hace que las personas se lancen en los brazos de las llamadas nuevas religiones, que son las de siempre con nombres nuevos. Huyen de las llamas y se lanzan en las brasas. La situación empeora porque el materialismo sea cual sea la forma que adopte, siempre degrada.
El sexo está incluido en el paquete de las obsesiones materialistas de hoy. A quienes lo practican de manera pecaminosa les crea una sed insaciable, dejándoles la boca reseca y agrietada como si fuese tierra yerma.
Era mediodía. Jesús fatigado por la caminata se sienta al lado de un pozo. Está solo. Sus discípulos han ido al pueblo a comprar víveres. En esto una samaritana se acerca al pozo a sacar agua. Jesús le pide que le dé de beber. Esto sirve para iniciar una conversación que va del agua del pozo al agua espiritual. Jesús le habla del agua viva. La mujer le pegunta. “¿Dónde tienes esta agua viva?” Refiriéndose Jesús al agua del pozo que puede sr un símbolo del materialismo sexual, le dice: “Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener sed, mas el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4: 13,14). La mujer que es muy práctica ve en el agua que le ofrece Jesús la manera de evitar el agobio, evitar tener que ir al pozo y cargar a cuestas el cántaro lleno de agua. Le dice. “Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla” (v.15). A la mujer se le despierta el deseo el agua viva, el líquido elemento que sacia definitivamente la sed. Pero no entiende que Jesús no se refiere al agua del pozo, sino a Él mismo que es el agua que sacia definitivamente la sed del alma. Existe una causa que provoca la sed espiritual. En el caso de la samaritana el ídolo del materialismo sexual. Sed que no puede saciarse con el agua del pozo.
Jesús le dice a la mujer: “Ve, llama a tu marido, y ven acá”. La mujer le responde: “No tengo marido”. Jesús la responde: “Bien has dicho: No tengo marido, porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido, en esto has dicho verdad” (vv.16-18).
El materialismo como muy bien ha dicho <b>Joani Yoder</b> “no consiste necesariamente en tener cosas, también es desear”. En el momento en que el Espíritu de Dios le hizo ver que la causa de su desencanto era “un ídolo en mi corazón”, un gozo intenso invadió su corazón. La sed de su alma desapareció. El ídolo de la samaritana era el sexo. Descubrirlo le hizo exclamar: “Señor, me parece que eres profeta” (v. 15). Para poder beber el agua viva que ofrece Jesús que dentro de la persona se convierte “en una fuente de agua que salta para vida eterna” se debe confesar el ídolo que se esconde dentro del corazón, que es el causante de que el grifo del que mana el agua viva permanezca cerrado
Octavi Pereña i Cortina



dilluns, 24 de desembre del 2018


HECHOS 7: 9

“Y los patriarcas movidos por envidia, vendieron a José para Egipto, pero Dios estaba con él”
José puede servirnos de modelo de adolescente a quien imitar: Obediente a su padre hasta el punto que le costó perder su libertad al ser vendido por sus hermanos a unos mercaderes que iban a Egipto. ¡Cuánto tienen que aprender los adolescentes actuales en obedecer a sus padres! En otro aspecto en que José es un modelo para los adolescentes es el sexual. Quienes conocemos algo de la Biblia sabemos de ello porque el texto sagrado nos describe su reacción ante la propuesta de la mujer de Potifar, su señor, de dormir con ella: “No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto eres su mujer, ¿cómo, pues, haría yo este grane mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39: 9).
Por la envidia de sus hermanos José se convierte en esclavo de Potifar. Estaba muy bien considerado pero no dejaba de ser un esclavo perdido de libertad. La mujer de Potifar lo tienta. Si hubiese accedido a su capricho libidinoso habría obtenido su favor y su situación habría mejorado mucho. Pero José sabe que Dios existe y que no es un invento de los sacerdotes para subyugar al pueblo. A pesar de que aparentemente le había olvidado y abandonado a su suerte, su fe en Él permanece viva, ¿cómo podría cometer el pecado de fornicación contra Dios?, se dice. Es muy posible que se hiciese la pegunta de si valía la pena o no pecar para vivir mejor. Pienso que en el caso de José bien se merece aplicar la decisión de Moisés de rehusar ser llamado hijo de la hija de Faraón, “escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Haberos 11: 25). Por la obediencia a Dios  y el hacer caso Potifar a la mentira de su mujer, José fue enviado a la cárcel, pero, “Dios estaba con él”. En las circunstancias más desfavorables Dios está con su pueblo. Es muy confortante saber los que sufren, que en la adversidad el Señor es su consuelo tan profundo que el consuelo humano no es nada comparado con el de Él. La presencia de Dios llega a lo más profundo del alma, calmando la tempestad que ruge en ella. La paz del Señor está fuera de la comprensión humana y, aun no siendo lógica, allí está presente.  Es la promesa de Jesús: “La paz os dejo, mi paz os doy, yo no la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14. 27).
Si por algún motivo sufre el lector, no se turbe tu corazón. Si has creído en Jesús como tu único y suficiente Salvador, el Señor está contigo. Su paz te será dada abundantemente en medio de la tribulación.


LUCAS 16:31

“Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantase de los muertos”
La parábola del rico y Lázaro no puede interpretarse en el sentido de que el rico se condenó por ser rico y lázaro se salvó por su pobreza. Son muchos los pobres que no son “pobres en espíritu”. Además la Biblia nos cita a diversas personas que eran muy ricas y que eran salvas. Abraham, el padre de la fe es uno de ellos.
Quisiera centrarme en el hombre rico de la parábola, la persona a la que el amor al dinero la condujo a la muerte eterna. El rico, hoy “se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez” (v.19). La riqueza de este hombre contrasta con la pobreza de Lázaro “que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y ansiaba saciarse con las migajas que caían de la mesa del rico, y aun los perros venían, y lamian las llagas” (vv. 20,21). Como sucede a todo mortal ambos hombres murieron. El pobre “fue llevado por los ángeles al seno de Abraham” (v. 22). Nos podemos imaginar que el entierro de Lázaro fue de lo más sencillo, pero, ¡qué honra que su alma fuese transportada en la presencia de Dios por los ángeles! Del rico el texto simplemente dice “y fue sepultado” (v.22). Honores humanos los que quiera el lector imaginar. El viaje a la condenación eterna solo, sin que nadie le acompañase y que le impartiese un poco de gozo. Muchas lloronas le acompañaron en el sepelio. Los ilustres de la ciudad dieron lustre a la comitiva. Mucho esplendor pero el rico emprendió en solitario el  camino a la condenación eterna. No tardó ni un segundo en abrir “sus ojos estando en tormentos”   (v. 23). ¡De qué le sirvieron sus riquezas si con ellas no pudo comprar la salvación de su alma! ¡Que aprendan la lección quienes confían en el perdón eclesial y que sus donativos van a comprar su salvación!
La parábola del rico y Lázaro es un aviso para los ricos de hoy que todavía tienen tiempo de rectificar. Hoy se dan muchos ricos  como el rico de la parábola. Amasan fortunas. En las puertas de sus casas muchos Lázaros están echados comiendo las migajas que caen de sus deslumbrantes banquetes. A cada uno de ellos Dios les dice: “Necio”, resonará en sus oídos en el momento en que van a iniciar el viaje a la condenación eterna. “Esta noche  vienen a pedirte tu alma, y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12: 20,21). El  Abraham de la parábola le dice al rico que le suplicaba “que mojase la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”    (v. 24): “Hijo acuérdate que recibiste bienes en tu vida, y Lázaro también males, pero ahora éste está consolado aquí, y tú atormentado” (v.25). La Biblia es la Verdad de Dios, que al lector no le caiga en saco roto la enseñanza de la salvación y condenación eterna. Es un tema muy importante como para dejar para mañana meditar en él. Hoy es el día de la salvación, mañana tal vez no habrá lugar para creer.


dilluns, 17 de desembre del 2018


MISA O CULTO

<b>Los periodistas al informar sobre noticies cristianes deberían saber la diferencia existente entre misa católica y culto evangélico</b>
<b>Pilar Rahola</b> en su escrito <i>una historia</i> (La Vanguardia 28/11/2018), relata la historia de una familia armenia que lleva nueve años residiendo en Holanda a la que el gobierno le niega conceder asilo político. La familia <b>Tamrezyan</b> ha encontrado protección en la iglesia evangélica Bethel. Su pastor <b>Theo Hettema</b> tuvo la idea que compartió con la congregación en el primer culto que celebró: “Ninguna iglesia no tendría que escoger entre el respeto a la ley y el respeto a la dignidad humana”. Según la periodista “la policía holandesa no puede entrar en un lugar de culto mientras se celebran los oficios”.
Para no infringir la ley y con el propósito de proteger a la familia <b>Tamrezyan</b>, el 26 de octubre de 2018 más de 300 pastores convinieron en hacer turnos con la finalidad de celebrar cultos ininterrumpidos y así impedir que la policía entre en la capilla de la iglesia Bethel. <b>Rahola</b> finaliza su escrito con estas palabras: Goethe decía que los pecados escriben la historia, pero que la bondad es silenciosa. Afortunadamente esta vez ha hecho ruido”. Pidamos al señor que la bondad haga ruido más a menudo y así neutralizar el escándalo de la maldad. Ante el drama humano que representa la migración y la ineficacia europea de darle solución es reconfortante conocer historias de cómo la población se las ingenia para proteger a emigrantes del peligro de ser deportados.
Cito el relato que <b>Pilar Rahola</b> hace de la familia <b>Tamrezyan</b> porque la conocida periodista confunde culto evangélico  por  misa católica. Cada vez que menciona el oficio evangélico que los evangélicos denominan <i>culto</i> lo sustituye por <i>misa</i>. Hace unos años que el “Defensor del Lector” de La Vanguardia trató este tema debido a la denuncia de un pastor protestante. Pienso que los periodistas que desconocen las peculiaridades evangélicas pueden cometer el error de confundir “culto” por “misa”. Pienso que es muy difícil de digerir que esa confusión la tenga una periodista tan curtida como lo es <b>Pilar Rahola</b> que además ha investigado el cristianismo. Si en el escrito que menciono su autora hubiese utilizado una sola vez la palabra “misa” por “culto” al referirse a los cultos evangélicos uno podría pensar que ha sido un lapsus. Que lo haga cinco veces es un error inconcebible en una periodista de la categoría de <b>Pilar Rahola</b>. Me acojo al error garrafal cometido por la prestigiosa periodista para intentar hacer un boceto de la diferencia que existe entre misa católica y culto evangélico.
El Concilio de Trento  declara que la misa es la Santa Cena instituida por Jesús, la repetición del sacrificio de Jesús en la cruz, un verdadero sacrificio propiciatorio por los vivos y los muertos. Es decir, la misa, por un poder auto otorgado por la clerecía católica, el cura cuando celebra la misa, en la consagración del pan y del vino convierte los dos elementos  en el verdadero cuerpo y sangre que Jesús ofreció en la cruz para salvación del pueblo de Dios, que es lo que significa el Nombre Jesús (Mateo 1: 21). En la misa el protagonista es el sacerdote. Solamente varones ordenados pueden celebrarla.
La centralidad del culto evangélico es la predicación. En  las iglesias evangélicas no hay altar en que celebrar sacrificios aun cuando sean incruentos. El pastor cuando sube al púlpito no lo hace como si fuese un súper hombre dotado de poderes especiales, sino como pecador salvado por la sangre de Jesús que se limita a exponer el Evangelio sin poner ni quitar nada de su contenido, según la capacidad que le concede el Espíritu Santo. La centralidad del culto evangélico no recae en la supuesta repetición del sacrificio incruento de Jesús, sino en el anuncio de que Jesús murió y resucito para salvación de los pecadores. Cuando la iglesia local se reúne para celebrar la Santa Cena, el pastor que la preside lo hace como delegado de la iglesia que lo ha escogido para serlo, recordándoles que “cada vez que comáis este pan y bebáis de esta copa anunciáis la muerte del Señor hasta que vuelva” (1 Corintios 11: 26). La celebración de la Santa Cena se hace con las dos especies: pan y vino, a disposición de todos los presentes con derecho a participar. La Santa Cena evangélica tiene dos objetivos, que los participantes por fe miren al Calvario y al mismo tiempo lo hagan al futuro viendo al Jesús glorioso venir a buscarlos.
¿De qué sirve a los feligreses católicos participar maquinalmente del supuesto sacrificio incruento de Jesús en que creen, si no tienen la esperanza que en el día de la resurrección Jesús los vendrá a buscar para pasar toda la eternidad en el lugar que ahora está preparando para su pueblo en el Reino de Dios eterno?
Octavi Pereña i Cortina



dilluns, 10 de desembre del 2018


LEVÍTICO 10: 10

“Para poder discernir ente lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio”
El contexto tiene que ver con el fuego extraño que Nadab y Abiú, hijos de Aarón habían ofrecido sin estar autorizados a presentarlo. Puede ser que su pecado fuese motivado por el deseo de usurpar las funciones de sumo sacerdote que se mencionan en Éxodo 30: 7, 8). Los cargos eclesiásticos lo son por elección divina y que el Señor otorga los dones necesarios para que los electos puedan ejercerlos. Es función de las iglesias escoger a los hombres que Dios ha escogido con la dirección del Espíritu Santo.
El texto nos dice alguna cosa más respecto a que los pastores y maestros en las iglesias sean personas que sepan “discernir  entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio”: “Y el Señor habló a Aarón diciendo: Tú y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis, estatuto perpetuo será para vuestras generaciones” (vv 8,9). Cuando el Señor tuvo que advertir  a Aarón y a sus hijo que se abstuviesen de beber vino y sidra algún motivo tendría que tener al verse obligado a hacer semejante prohibición. Este aviso precede al versículo que encabeza este comentario, que dice: “para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio”. A la vista de que el mundo se ha infiltrado en las iglesias  y que haya pastores que no sepan discernir entre lo santo y lo profano es importante que los pastores, los maestros de escuela dominical y todos aquellos que tengan responsabilidades en sus respectivas iglesias prescindan del vino y de la sidra y de cualquier otro pecado que les impida saber discernir entre lo santo y lo profano, entre lo inmundo y lo limpio.
En las iglesias no falta el pecado de Acán, aquel hombre que “tomó del anatema” (Josué 7: 1), que permaneció oculto a los ojos dl pueblo, pero no a los de Dios. Debido a este pecado Israel sufrió una vergonzosa derrota. Dios guió a Josué a desenmascarar al culpable y a hacerlo morir por haber quebrantado el pacto. “Sed santos porque yo soy santo”. ¿Cómo podrá andar la iglesia santamente si quienes deben ser santos no lo son? Aun cuando la congregación lo desconozca, las enseñanzas que imparten estos impostores carecen del poder de Dios para despertar en los feligreses el deseo de andar santamente.
Quiera el Señor despertar en los cristianos el anhelo de santidad y el ansia ferviente de orar intercediendo a favor de sus pastores y maestros para que sean verdaderos hombres y mujeres de Dios, capacitados para “discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio.


PROVERBIOS 21: 2

“Todo camino del hombre es recto en su opinión, pero el Señor pesa los corazones”
El profeta Jeremías hace esta pregunta: “Engañoso es el corazón mas que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá?”  (17: 9). ¿Por qué dice el profeta que el corazón del hombre es más engañoso que todas las cosas? La explicación es bien sencilla: El corazón del hombre natural, es decir no regenerado, no convertido a Jesús, está guiado por Satanás que es el padre de la mentira y engaña a sus dominados haciéndoles creer lo que no son. Cada día vemos en la televisión o leemos en los periódicos noticias escalofriantes que ponen al descubierto la perversidad humana. Los políticos para esconder sus fracasos lanzan mensajes cargados de odio contra minorías étnicas, nacionales, responsabilizándolas de los problemas que no saben resolver  por vías pacíficas. La justicia se vende a los poderes fácticos. A pesar de ello se afirma que el hombre es bueno. ¿A qué se debe esa afirmación? Sencillamente porque el diablo les hace creer que son buenas personas. Haciendo una aplicación de la parábola de la mota en el ojo ajeno y la biga en el propio, podemos afirmar que vemos la maldad en los demás e ignoramos la perversidad propia.
Podemos creer que somos buenas personas, pero, ¿qué piensa Dios de nosotros? Según el proverbio que comentamos “el Señor pesa los corazones”. ¿Qué medida emplea el Señor para pesar la calidad moral de nuestros corazones? SU PALABRA y, ¿cómo puede el hombre adquirir un conocimiento correcto Dios. Cuando por fe depositamos los ojos en Dios y contemplamos su gloriosa santidad solamente podemos reaccionar de la manera que lo hizo el profeta Isaías al contemplar la gloria del eterno: “¡Ay me mí! Que soy muerto, porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, el Señor de los ejércitos” (6:1).
A partir del momento que por fe en Jesús que murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación, adquirimos una opinión correcta de nuestro corazón. A Isaías, uno de los serafines que vio en la visión tomó con unas tenazas un carbón encendido del altar y lo aplicó a sus labios, diciéndole: “He aquí que esto tocó tus labios y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado” (6:7). Nosotros cuando contemplamos la gloria de Dios revelada en su Palabra solamente podremos exclamar: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte”? (Romanos 7:24). Isaías simbólicamente fue purificado con el carbón encendido que tocó sus labios, nosotros lo somos efectivamente por “la sangre de Jesucristo (el Hijo de Dios que) nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1: 7).