dilluns, 30 de gener del 2017

SOLEDAD ENFERMIZA

<b>El absurdo de la vida lleva a una soledad angustiosa que en ocasiones acaba en suicidio</b>
Los suicidios doblaron el 2014 las muertes por accidentes de tráfico. Los suicidios son la principal causa de muerte no natural. El <b>Dr. Santiago Durán-Sindreu</b>, psiquiatra especialista en el Hospital Sant Pau de Barcelona, dice: “Parece ser que este fenómeno ha llegado para quedarse. Sea cual sea la causa – y decir que solamente  ha influido la crisis económica  es un argumento muy reduccionista-  el incremento de casos es de suficiente magnitud como para que las instituciones públicas trabajen en planes de prevención”.
Si el promedio de suicidios es especialmente pronunciado en la franja de edad que va de los 85 a los 89 años, el <b>Dr. Durán-Sindreu</b>, explica: “En estas edades son pérdida: pérdida de autonomía, aparición de enfermedades crónicas…Todos estos factores incrementan los síntomas depresivos, que en ocasiones llevan al suicidio”.
Los suicidios que se van extendiendo como una mancha de aceite ponen de manifiesto la incapacidad de las personas de confrontar situaciones adversas. Se han medicalizado los sentimientos y se pretende esconderlos con las pastillas. La industria farmacéutica, aparentemente tiene solución para todos los problemas: padeces insomnio, una pastilla de color verde. Sufres ansiedad, una de coloreada. Estás deprimido, una de blanca. Te sientes decaído, un compuesto vitamínico-mineral, y el mundo será tuyo. Pero los suicidios van en aumento y los planes de prevención fallan.
El filósofo <b>Norbert Bilbeny</b> dice que el suicidio que nos estremece se debe a que “perdemos la capacidad de afrontar la adversidad”. La solución que propone el filosofo: “Somos animales sociales: sin comunicación agonizamos. Enseñemos a los niños a comunicar. El suicidio no es una patología médica, es una patología comunicacional” ¿Qué solución se encuentra a la falta de comunicación? Como nos da miedo el trato directo y nos espanta mirar a los ojos de nuestro interlocutor, para evitar el trato directo con las personas que nos asustan, los amantes de la comunicación, los técnicos en telecomunicaciones, inventan cachivaches cada vez más sofisticados, con más prestaciones que no sabemos utilizar, con el resultado  que las personas no saben comunicarse.
<b>Norbert Bilbeny</b> explica un caso real: “Una señora recibe en su casa la visita de una hija, la joven abre la ventana para expulsar un abejorro que revoloteaba por la habitación. La madre le dice a su hija: “¡Déjalo que me hace compañía!” Con todos los modernos medios de comunicación a su alcance la mujer encuentra compañía en el zum-zum del abejorro que la distrae. Por más que se nos quiera vender el valor terapéutico de las mascotas para vencer la soledad tan perniciosa,  esta solución solamente es un parche en la solución del problema porque no llega a la raíz del mal de la incomunicación y, como el parche no funciona se deben ir innovando las técnicas de comunicación que no funcionan. En tanto se van mejorando las técnicas de comunicación para vencer la soledad el zum-zum del abejorro sigue siendo la medicina.
Vayamos al meollo del la cuestión de la incomunicación: Cuando Dios creó a Adán vio que no era bueno que estuviese solo, que no tuviese una compañía idónea. Los animales con los que alternaba no respondían a sus a sus necesidades psicológicas y espirituales como ser humano. Se encontraba solo y necesitaba una compañía auténtica, no un placebo. De una de las costillas que Dios extrajo de Adán hizo a Eva. A partir de este hecho, el ser humano que ha sido creado para ser un ser social tiene la posibilidad de poder expresar su sociabilidad. Un contratiempo se produce que afecta a las relaciones conyugales y, a medida que la población se multiplica, las sociales. Adán y Eva han perdido la inocencia debido al pecado. Se disparan los reproches mutuos. Se rompió la buena comunicación y el problema persistirá a no ser que se encuentre solución, hasta el final de la Historia.
El problema de la soledad como muy bien dice <b>Norbert Bilbeny</b> “no es una patología médica” que puede resolverse con pastillas. También es más “que una patología comunicacional”. No basta con decir que la gente hablando se entiende. Lo cierto es que la gente no se entiende hablando porque practica un diálogo de sordos. El problema de la incomunicación es de carácter espiritual y por lo tanto debe solucionarse de manera espiritual. La soledad humana es de tal envergadura que por falta de solución se contenta con el zum-zum que hace el abejorro revoloteando por la habitación. Pero dicha compañía no es la adecuada para vencer la soledad asfixiante. El pecado de Adán hace que toda su descendencia por generación natural nazca alejada de Dios. El ser humano huérfano de Padre celestial se encuentra solo en medio de la multitud. Este es el grave problema que no se puede solucionar en tanto los que sufren soledad culpen a Dios de su sufrimiento, o nieguen su existencia.
El problema de la soledad se empezará a solucionar cuando quien la padece pueda pronunciar una plegaria de este estilo: “Señor, ayuda a mi incredulidad. Dame fe para que pueda creer en Jesús, que murió por mí en la cruz para borrar con su sangre mi pecado”. Si una oración con este contenido se pronuncia con sinceridad, Dios deja de ser un dios desconocido al hacer sentir su presencia en la intimidad del alma. A partir de este momento, a pesar de que se pueda seguir padeciendo soledad social, ésta deja de ser un problema porque la presencia de Dios en el alma suple con creces todas las carencias humanas porque en Él no le falta nada.
Octavi Preña i Cortina




DANIEL 6: 10

“Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa y abiertas las ventanas que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de Dios como solía hacer antes”
Tal vez no nos encontremos en una situación de peligro de muerte debido a la fe como le ocurrió a Daniel. Pero en muchos lugares del mundo la vida de los cristianos pende de un hilo. Pero sí que nos encontramos en situaciones de menosprecio debido a la fe que profesamos en Cristo Jesús. Daniel nos da un ejemplo de cómo debemos actuar  en situaciones de conflicto debido a la fe.
Daniel, por el alto cargo que ocupaba en la corte del rey Darío tenía muchos enemigos que le odiaban a muerte. Éstos buscaban algún motivo para poder acusarle, pero no lo encontraron “porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él” (Daniel 6:4). Es muy probable que el deseo que tenían los gobernadores  y los sátrapas de deshacerse de él se debiese  a que su fidelidad a Dios y al rey fuese un testimonio en contra de ellos. La luz que irradiaba Daniel era la luz que denunciaba la corrupción de sus enemigos.
Jesús nos avisa que no nos fiemos de las alabanzas: “¡Ay de vosotros cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! (Lucas 6:26). Las alabanzas del mundo deben estar bajo sospecha pues es antinatural que las tinieblas alaben a la luz. Si el mundo ensalza a las iglesias y a los cristianos es que algo va mal. Jesús avisa que sus seguidores no serán bienvenidos. Ni serán aplaudidos. Todo lo contrario: “Acordaos de la palabra que yo os he dado: El siervo no es más que su señor: Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:20).
La simiente que en la parábola del sembrador cae sobre piedra, Jesús la interpreta así: “Son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo, pero estos no tienen raíces, crecen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan” (Lucas 8:13). Daniel no pertenece a este grupo. Él es de aquellos que reciben la semilla “con corazón bueno y recto, retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia”  (v.15) y con ello, cuando la prueba se presenta no son de los que abandonan la lucha, sino que perseveran con constancia y se arrodillan tres veces al día y oran y dan gracias delante de Dios, como solían hacerlo antes. En la adversidad se fortalecen en el Señor. En la oración refuerzan el poder de las alas que deben remontarlos hacia las alturas. En la adversidad dan gracia al Señor porque es el instrumento que Él utiliza para que la imagen de Jesús que llevamos dentro   se perfeccione para gloria de Dios el Padre.
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dilluns, 23 de gener del 2017

MARCOS 5: 27

“Y cuando oyó hablar de Jesús…”
La mujer que tenía flujo de sangre había gastado todo su patrimonio en médicos sin alcanzar la curación de su dolencia. Pero oyó hablar de Jesús. De en medio de una multitud anónima destaca una mujer enferma. La multitud veía a Jesús. Oía sus palabras. Únicamente una mujer afligida por una larga enfermedad OYÓ. “Porque muchos son los llamados, pero pocos escogidos” (Mateo 20: 16).
El sembrador salió a sembrar y la semilla que es la Palabra de Dios cayó en cuatro tipos de tierra. Pero la semilla germinó y dio fruto sólo en una de ellas. La parábola del sembrador ilustra  que en nuestro  trabajo de evangelización no todos los que oyen el Evangelio se convierten a Cristo. Solamente los escogidos para salvación son buena tierra. El sembrador sale a sembrar y a voleo esparce la semilla sin preocuparse dónde cae la simiente. Si le preocupase lo más probable que se quedaría en casa viendo la televisión.
La gran comisión que Jesús dio a sus seguidores de hacer discípulos a todas las naciones, no era selectiva. Tenían que hacer discípulos en todas las naciones, sin distinción de sexo, clase social, raza, cultura. Los cristianos tenemos la obligación de esparcir la simiente de la Palabra de Dios sin pensar si es o no buena tierra. El campo que debe sembrarse es el mundo. Dejemos que sea el Señor quien decida quién es la buena tierra.
El apóstol Pablo afirma: “Todo aquel que en Él cree, no será avergonzado” (Romanos 10: 11). Después de esta afirmación dice que “no hay diferencia entre judío y griego”, es decir que ante Dios no hay buenos ni malos. Todos son pecadores que necesitan escuchar el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo porque solamente en Él hay vida eterna. No hay otro Nombre que pueda salvarlos. “Todo aquel que invoque el Nombre del señor será salvo” (v.13).
Pablo se hace unas preguntas muy oportunas: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (v.14). La pegunta clave que se hace es: “¿Y cómo predicarán si no son enviados?” (v. 15).
Jesús “al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban desamparadas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros  a su mies” (Mateo 9: 35-38). Todo el pueblo de Dios debe estar involucrado en la gran comisión. El Señor reparte dones para que la gran comisión pueda realizarse. No todos hemos recibido dones especiales para efectuarla. Pero todos podemos involucrarnos en ella “rogando al Señor de la mies para que envíe obreros a su mies” para que de entre las multitudes muchas mujeres con flujo de sangre puedan tocar el borde del manto de Jesús y ser curadas.


S ALMO 73: 28

“Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien”
En este salmo su autor insiste en mantenerse cerca de Dios. “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada tengo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen, mas la Roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (vv. 25,26),
Dios ha puesto a los hombre en la tierra para “que puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en Él vivimos y nos movemos” (Hechos 17: 27,28). No estamos lejos de Dios, ¿somos conscientes de su proximidad? No. Cuando se hacen largas peregrinaciones para encontrarle no se es consciente de su proximidad. Cuando debe hacerse un recorrido a una iglesia porque se cree que en el sagrario está presente, no se cree que Dios “ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros”.
Jesús certifica la cercanía de Dios cuando dice: ”Mas cuando ores entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora tu Padre que está en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:6). Según Jesús para hablar con Dios no es necesario hacer cosas especiales y costosas. No tenemos porque desplazarnos del lugar en que vivimos porque Él está allí en donde nos encontramos. Y es más, siendo los verdaderos cristianos morada de la presencia de Dios por el Espíritu Santo, sea donde sea que estemos Él se encuentra en nosotros y podemos hablar con Él por medio de la oración. La pegunta que debemos hacernos es: ¿Creemos en dios de verdad? No me refiero a una creencia intelectual, racional, porque por la maravilla de la creación  no puede existir sin una Inteligencia que la ha diseñado y creado. Esta creencia no sirve para estar cerca de Dios.
Saber que acercarse a Dios es “el bien” como dice el salmista se debe a la experiencia de haberle conocido, no visto personalmente, sino por haberle visto por la fe en la Persona de Jesús. “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” (Juan 14: 9). Todavía no ha llegado la hora que a Dios se le pueda ver cara a cara porque los creyentes aun cuando sus pecados han sido perdonados  y lavados por la sangre de Jesús, siguen siendo pecadores. Hasta que el pecado no haya sido extirpado del todo en el día de la resurrección, debemos con tentarnos con su presencia en nuestros corazones por su Espíritu. Reconociendo la condición de pecadores perdonados es la clave para que nos mantengamos cerca de Él y podamos decir con el salmista “¿a quién tengo en los cielos  sino a ti? Si edificamos nuestras vidas sobre Jesús que es la Roca eterna, por fe vemos a Dios.
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¿ÉS FIABLE LA IGLESIA?

<b>¿Merece confianza la iglesia que no está edificada sobre la Roca que es Cristo?</b>
“La Iglesia hoy y aquí no es valorada e incluso podríamos decir que algunos intentan arrinconarla y echarla de las plazas públicas. El mensaje de Jesucristo no interesa y, en todo caso se deja para las sacristías o para el interior de la conciencia individual. Sobre la Iglesia cae una avalancha de críticas que los medios de comunicación airean con mucha efectividad y con toda clase de detalles. Estos hechos nos hacen pensar en el misterio de Belén, el misterio del Hijo de Dios, para quien no había lugar en el mesón a la hora de venir al mundo y que murió en la cruz ”fuera de la ciudad” de Jerusalén rechazado y escarnecido” (<b>Joan Josep Omella</b>, arzobispo de Barcelona). La lectura de este texto de la glosa dominical del 25/12/2016 me ha impulsado a hacer una reflexión. Me da la impresión que refleja una cierta nostalgia del pasado nacionalcatolicismo durante el cual la Iglesia católica ocupaba un lugar preferente en la sociedad española, gozando de la protección del gobierno y exigiendo una práctica religiosa que violaba las conciencias de los españoles. En aquella época no tan lejana los españoles llevaban puesta una careta de religiosidad para evitar represalias instigadas por la misma Iglesia. Hoy, aquel poder sobre las conciencias lo ha perdido, pero se resiste a abandonar la parte del pastel que le corresponde al Cesar. 
¡Casualidad! No creo en las casualidades. Los designios de Dios aparecen por doquiera sin apenas darnos cuenta de su presencia. El mismo 25 de diciembre en que se publica la glosa del arzobispo <b>Omella</b> y en el mismo periódico se divulga la entrevista que la periodista <b>Núria Escur</b> le hace a la escritora irlandesa <b>Lisa Mcinerney</b>, que tal vez el arzobispo de Barcelona considerará que forma parte de “la avalancha de críticas que los medios de comunicación airean con mucha efectividad y con toda clase de detalles”, que no es una condena anticatólica , sino la descripción de una realidad que debería avergonzar para un arrepentimiento sincero y no intentar tapar los hechos para salvaguardar el prestigio de la Iglesia. No debe olvidarse que “desde los cielos miró el Señor,  vio a todos los hijos de los hombres, desde el lugar de su morada miró sobre todos los moradores de la tierra. Él formó el corazón de todos ellos, está atento a todas sus obras” (Salmo 33. 13-15). Cuando se tenga que comparecer ante el tribunal de Cristo cada uno recibirá conforme a sus obras.
En respuesta a las preguntas que <b>Núria Escur</b> le hace a <b>Lisa Mcinerney</b> sobre los abusos sexuales que se cometían en Irlanda, la escritora dice: “Ocurrían cosas horrorosas: hijos de madres solteras arrancados de sus brazos, adolescentes que terminaban de dar a luz y las ponían a trabajar en las llamadas lavanderías como verdaderas esclavas…Por esto la gente ha empezado a distanciarse, por fin de una cosa que durante años ha hecho mucho daño…¿Cómo hemos de confiar en aquella institución después del escándalo que estalló en los años ochenta de miles de abusos sexuales en niños? Esto minó la autoridad moral de la Iglesia. ¿Cómo vamos a  creer nada que venga de ella después del caso de las Magdalenas?”
Pienso que el arzobispo <b>Joan Josep Omella</b> se equivoca cuando pone en el mismo saco el hecho de que no hubiese lugar en el hostal a la hora de venir Jesús al mundo y que cuando murió en la cruz fue fuera de Jerusalén, rechazado, escarnecido, comparándolo con la avalancha de críticas que caen sobre la Iglesia católica. El rechazo y escarnio de Jesús tiene que ver con su condición de Mesías, el Justo cargando con los pecados de los hombres para borrarlos con su sangre. Cuando Jesús compareció ante el Sanedrín y fue abofeteado por uno de los guardias, le dijo: “Si he hablado mal, testifica  en qué está el mal, y si bien, ¿por qué me golpeas? (Juan 18:23).
Vayamos al rechazo y persecución de cristianos. Jesús dijo: “Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros” (Juan 15: 20). El trato que recibió Jesús por ser el Justo, es parecido al que padecen quienes creen en Él por el hecho de hacer buenas obras que acreditan que por la fe en el Nombre del Señor han sido hechos justos. Los impíos no pueden soportar las buenas obras que realizan los justos porque denuncian su maldad. Al inicio de su ministerio público Jesús dijo algo muy interesante respecto a la persecución que padecerán sus seguidores. Pensamiento que no debe olvidarse a la hora de analizar por qué padecen persecución los cristianos: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo” (Mateo 5: 11). Jesús está diciendo que por causa de Él sus seguidores serán vituperados y perseguidos, pero no serán bienaventurados y felices si la verdad de las acusaciones está por medio. Si las acusaciones son ciertas, entonces la “avalancha de críticas que los medios de comunicación airean con mucha efectividad” es merecida. Entonces no existe motivo de crítica sino de arrepentimiento y abandono de los pecados que las han provocado. Son muy duras las palabras que Jesús dirige a quienes con sus obras impías impiden que los pecadores vayan a Jesús para perdón de sus pecados: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuese que se le cuelgue al cuello una piedra de molino de asno, y que se hunda en lo profundo del mar” (Mateo 18:6). Si se persiste en poner obstáculos que impiden que los pecadores puedan encontrarse en Jesús para  perdón de sus pecados, significa que quienes los ponen no han recibido la absolución de Dios.
Octavi Pereña i Cortina



dilluns, 16 de gener del 2017

LAS ALCANTARILLAS DEL ESTADO

<b>Sin Dios el Estado se convierte en una inmensa alcantarilla que lo corrompe todo</b>
El mensaje gráfico de El Roto: Una asquerosa rata que se mueve por el interior de una tenebrosa alcantarilla. Le acompaña el siguiente texto: <i>Las alcantarillas son un buen lugar para conocer a gente importante</i>, dice mucho sobre el estado de la Nación. Si no me equivoco quien primero se refirió a las alcantarillas  del Estado fue el presidente Felipe González para justificar el terrorismo de Estado en relación con los Gal, al decir: “La democracia se consolida en las alcantarillas”. Con esta declaración se daban por buenos todos los medios para conseguir los fines propuestos. La razón de Estado prevalece sobre la Justicia. Felipe González y todos los que le han seguido en el gobierno de España ignoran que “la justicia enaltece a la nación, pero que el pecado es el oprobio de los pueblos” (Proverbios 14: 34). Se pueden hacer muchas proclamas de que España va bien. Que somos el país con mayor crecimiento económico. Todos los anuncios que se hacen de este estilo no son nada más que afirmaciones narcisistas que manifiestan la pobreza ética de los políticos que los suscriben. Estas declaraciones pomposas desconocen la situación real de España y por lo tanto ignoran intencionadamente la precariedad de muchos españoles.
Permitir que las alcantarillas del Estado jueguen un papel importante en el gobierno del País, es consentir que las decisiones políticas que tienen que ver con la ciudadanía se tomen con el asesoramiento de las tinieblas. La oscuridad impide que se tomen resoluciones correctas porque los corazones y las mentes de quienes las toman les falta discernimiento.
Las alcantarillas del Estado impulsan la corrupción de la Administración Pública. Por un lado aparece la propia corrupción moral del corrupto que le hace pensar que es mejor aprovechar una oportunidad de enriquecerse, que conservar la integridad. Por el otro lado se da la percepción de que con toda probabilidad el delito quedará impune. La justicia, con sus retrasos se encarga que los delitos prescriban, cosa que no debería ser así. Es posible que en algunos casos la justicia no sea justa y dicte sentencias que son burlas a los ciudadanos. ¿Qué ocurre con el dinero que se ha robado y no se recupera? Las alcantarillas del Estado tienen muchos ramales. Si te corrompes, no temas, no te va a pasar nada. Perros con perros no se muerden.  Una pegunta que requiere una respuesta: ¿Quién finanza a los partidos políticos y las campañas electorales? “Si te corrompes no te pasará nada, si no lo haces eres un idiota. Este es el principal mecanismo que opera  en la mente del corrupto español” (<b>Anxo Lugilde</b>). “Si a la avaricia le añadimos un cargo político, tienes la corrupción” (<b>Enrique Urbizán</b>). El amor al dinero es la raíz de muchos males. La corrupción en todos sus niveles básicamente no es un problema ético-moral, es cuestión de si se cree o no en Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. El salmista indica qué debe hacerse para frenar la corrupción: “Inclina mi corazón a tus estatutos y no a la avaricia” (Salmo 119:36). En la vida se presentan muchas oportunidades de untarse los dedos con aceite. Si Dios no existe o, si existe se desentiende de los asuntos humanos, entonces una súplica como la que hace el salmista no saldrá de nuestros labios. Entonces no existe Ley superior a la que los humanos tengamos que estar sujetos. En donde no existe Ley impera el caos. Existen leyes, sí, pero no Ley. Los labios mentirosos las cambian a placer, por estos los grandes corruptos reciben penas simbólicas y el dinero robado ha volado. Pero al Legislador y su Ley no se le puede manipular como si fuese un títere. Es por esto que los corruptos no quieren saber nada de Dios el Padre de nuestro Señor Jesucristo, “porque sus obras son malas”. La Ley de Dios es luz que ilumina las conciencias es por esto que no desean que Jesús que es la luz del mundo ilumine sus conciencias. Quienes caminan sin Dios y sin Ley les gusta la tenebrosidad del alcantarillado del Estado. “Ojos que no ven, corazón que no siente”, piensan.
La sabiduría popular es muy sabia: “Quien ríe el último ríe mejor”. El adagio popular describe muy bien lo que les ocurre a los corruptos, al final lloran. Llorarán porque el Legislador y Juez dictará sentencia. La paga del pecado es muerte eterna. Aquí no hay soborno que valga. Los corruptos harían muy bien de abandonar su ateísmo y reconocer la evidencia que existe un Juez justo al que no se le puede comprar.
La parábola del rico y del mendigo Lázaro ilustra a la perfección al corrupto. El rico “se vestía de purpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez” (Lucas 16:19). Lázaro, el mendigo “ansiaba saciarse con las migajas que caían de la mesa del rico” (v.21). ¿No ilustra la parábola del rico y lázaro la situación actual? ¿No describe las grandes fortunas de hoy y los desahucios por las hipotecas, de los desamparados que dependen de la asistencia pública y privada? La muerte como es natural llega a ambos protagonistas de la parábola. El rico “fue sepultado y en el infierno, en medio de tormentos” (v. 23) pidió compasión que le fue denegada. En el estado en que uno se encuentre en el momento de fallecer pasará la eternidad. Los corruptos viven hoy rodeados de los lujos y placeres que les proporcionan el dinero mal ganado, pero en la eternidad “lloro y crujir de dientes” (Lucas 13: 28). Aquí no valen las misas ni las oraciones. La sentencia es irrevocable.
Octavi Pereña i Cortina


PROVERBIOS 14: 32

“Mas el justo en su muerte tiene esperanza”
El justo según la Biblia es una persona que por la fe en Jesús sus pecados han sido perdonados, la sangre de Jesús los ha borrado todos. El justo es una persona pecadora a la que Dios no tiene en cuenta su pecado. Con un velo Dios ha cubierto su pecado para no verlo. Lo ha lanzado al fondo del mar atado a una piedra para no acordarse de él. El justo que por la fe en Jesús se ha convertido en un hijo de Dios, “en su muerte tiene esperanza” porque posee la vida eterna. Vida eterna significa esto: que perdura para siempre, que no tiene fin. El justo es alguien que sabe con certeza que la muerte física no es el fin de su existencia, que más allá de la muerte sigue existiendo en una dimensión totalmente diferente a la actual, gozando de la presencia de Dios con su cuerpo glorificado en el día de la resurrección. La esperanza del justo no es como la esperanza de los impíos que se desvanece porque es incierta y que debe irse renovando con nuevas esperanzas que también se esfuman. La esperanza del justo está anclada en Cristo la Roca eterna.
El apóstol Pablo nos advierte del porque la esperanza del justo no se desvanece. Lo hace con el argumento de la resurrección de Jesús. Si Cristo no resucitó “los muertos no resucitan tampoco”. Si Cristo no resucitó “nuestra fe es vana, aún estamos muertos en nuestros pecados. Entonces los que duermen en Cristo perecerán”. “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo (que no ha resucitado), somos los más dignos de compasión de todos los hombres” (1 Corintios 15: 19). Pero el apóstol no nos deja en la incertidumbre: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho” (v. 20). La evidencia de la resurrección de Cristo Pablo no la da en base a suposiciones dudosas sino de testigos oculares de ella (vv. 4-9).
Si el lector no es un verdadero cristiano, sino uno de los que considero calienta bancos, que son cristianos domingueros, que asisten a los cultos dominicales como si fuese ir a un espectáculo, que lo hacen por costumbre, que solamente conocen de la resurrección de Cristo y de los cristianos de oídas, pero que no es nada experimental, si desean despojar sus dudas sobre el más allá, deben dejar de ser cristianos de tradición para convertirse en cristianos de convicción. De tu corazón debe brotar una sincera oración: “Dame fe, Señor, ayuda mi incredulidad”. El Señor promete: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, halla; y al que llama, se le abrirá” (Lucas 11: 9,10).
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MATEO 11: 28

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”
Leía que un hombre que conducía una furgoneta se encuentra en la carretera a una mujer que llevaba un pesado fardo. Se detuvo y la invitó a subir. La mujer se lo agradeció y subió a la parte posterior del vehículo. Poco después el hombre se dio cuenta de algo extraño. La mujer estaba sentada con el fardo a cuestas. El conductor asombrado, le dijo: “Señora, descargue su fardo y descanse. Mi furgoneta puede llevarle a usted y a su fardo. Descanse”.
Esta anécdota puede hacernos sonreír la torpeza de la mujer. La actitud de la mujer sentada en la furgoneta llevando a cuestas el fardo debe hacernos pensar en nuestra actitud de llevar cuestas la pesada carga del pecado estando en Jesús.
El profeta Isaías refiriéndose a Jesús dice. “Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades” (54:4). La carga que como humanos llevamos es la del pecado. No es una carga material sino moral, espiritual, que son las enfermedades a las que se refiere el profeta. En términos actuales las enfermedades que nos oprimen son el estrés, la depresión, el insomnio, en sus diversas variantes, porque somos incapaces de afrontar las diversas situaciones que la vida nos presenta. No sabemos manejar la climatología. Somos incapaces de afrontar los cambios políticos y sociales que se producen. Somos impotentes para afrontar las incertidumbres que nos depara el futuro. El afán y la ansiedad son pesadas cargas que nos oprimen. Nos preocupamos por lo que comeremos mañana y Jesús tiene que decirnos que nos fijemos en “las aves del cielo que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta, ¿no valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6:26). Para acabar con el tema de la ansiedad Jesús dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (vv. 33,349.
En el Padrenuestro Jesús no dice a sus oyentes que pidan al Padre por el pan de mañana. NO, Les dice: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (v.11).
Los cristianos que vivimos afanosos por lo incierto, ¿hemos creído verdaderamente en Jesús? ¿O es nuestro cristianismo una práctica religiosa desconectada de Jesús? ¿Podemos decir a Dios Padre nuestro que estás en los cielos y Señor a Jesús? Si no es por el Espíritu Santo: NO. ¿Tenemos la certeza de que el Espíritu Santo guía nuestras vidas? Si no la tenemos debemos dudar de nuestra conversión. Si no tenemos la certeza de nuestra conversión, entonces no podemos hacernos nuestras las palabras de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Seguimos comportándonos  como la mujer que subida en la furgoneta seguía cargando con el pesado fardo.



dilluns, 9 de gener del 2017

ISAÍAS 30: 15

“Porque así dijo el Señor Dios, el Santo de Israel: en descanso y reposo seréis salvos, en quietud y confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis”
Israel confiaba inútilmente en Egipto y buscaba que los videntes profetizaran contra Dios y su Ley. En definitiva en vez de confiar en el Señor se apoyaban en la violencia y la iniquidad. Buscaba el apoyo de Egipto que era como una caña quebrada que atravesaba la mano de quien se apoya en ella.
El Señor que desde el cielo contempla lo inútil que es el frenesí de buscar ayuda y sabiduría allí donde no la puede encontrar, por medio del profeta Isaías le hace llegar la solución de los graves problemas que afectaban a la nación y que la llevaban a un colapso total.
En nuestras iglesias sucede algo parecido. El mundo ejerce su influencia en ellas y de manera parecida a Israel que pidió un rey para ser como las otras naciones, las iglesias quieren parecerse al mundo y con ello adoptan sus maneras de hacer y de gobernarse. Mucho ajetreo para resolver los problemas: continuas reuniones de diáconos. Nombramientos de comisiones de estudio. Largas y pesadas reuniones de iglesia para consultar a la feligresía. El resultado de todo ello un fracaso rotundo. Al no solucionarse los problemas, estos se agravan y la neurosis aplasta.
Dejad de correr como rebaño en estampida. Abandonad vuestra manera carnal de afrontar las dificultades. La solución que ofrece el Señor: “En descanso y reposo seréis salvos, en quietud y confianza será vuestra fortaleza”. El profeta Jeremías nos insta a la tranquilidad, a no sudar ríos de agua en nuestro frenesí, cuando escribe: “sí dijo el Señor: paraos en los caminos, y preguntad por las sendas antiguas, cual sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma” (Jeremías 6: 16).
Tanto Isaías como Jeremías, hablando en nombre del Señor, desean que dejemos de apresurarnos para no encontrar solución a los problemas. Sin el Señor andamos de fracaso en fracaso. En el Señor está vuestra victoria nos dicen los profetas. Ambos coinciden en la respuesta que Israel da a la invitación de esperar en el Señor: “No quisisteis” y “no andaremos”.
En el Israel de la antigüedad y en la Iglesia de hoy en los labios brota el Nombre del Señor, pero su corazón está lejos de Él. Persistimos en transitar por el camino ancho que conduce a la destrucción. En nuestra obstinación persistimos en no querer andar por el camino estrecho que es Jesús quien guía a la victoria a su pueblo.


ROMANOS 16: 17, 18

“Mas os ruego, hermanos que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que s apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y  con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos”
De la misma manera que Lutero clavó en la puerta de la iglesia del castillo de Wittemberg sus 95 tesis, el apóstol Pablo cuelga un mensaje de alerta en la puerta de la iglesia  en la que nos congregamos y de manera más generalizada en la puerta de la Iglesia en toda la tierra. Cuando una señal de peligro se coloca en algún lugar es para prevenir una muerte. El peligro de muerte del que nos alerta el apóstol Pablo es para tenerlo en cuenta y no considerarlo como una exageración.
“Os ruego hermanos que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que habéis aprendido”. Tened los ojos bien abiertos. Fijaos en quienes atentan contra la doctrina que hemos aprendido. El apóstol se refiere a las enseñanzas proféticas y apostólicas. La doctrina que se encuentra en las páginas de la Biblia. Para fijarnos en los que “causan divisiones y tropiezos” debemos conocer toda la Escritura porque toda ella ha sido inspirada por Dios para nuestra enseñanza. A la Escritura no le podemos añadir ni quitar nada porque en ella y solamente en ella se encuentra la Vida.
Vemos que crean divisiones y tropiezos, entre otras, cuestiones sexuales. Dicen que si hoy se escribiese la Biblia se redactaría de otra manera. Pero lo cierto es que “toda la Escritura es inspirada por Dios”. Si deseamos recibir la bendición de Dios debemos aceptar las cosas tal como están escritas. La Biblia es la plomada que dictamina si las paredes de la iglesia en la que nos congregamos suben verticales o inclinadas. Se debe aceptar el dictamen que da la plomada a no ser que deseemos nuestra condenación eterna.
Son de tanta importancia quienes causan divisiones y tropiezos que el apóstol Pablo da una orden imperativa: “que os apartéis de ellos”. No de los que están fuera de la iglesia, sino de los que están dentro. A los que están fuera ya se encargará Dios de juzgarlos en el momento oportuno. Los que están dentro son los fieles quienes deben juzgar “a quienes causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido”
Una pregunta que debemos hacernos y que merece una serena reflexión: Qué postura debemos tomar respecto a las reuniones ecuménicas de oración en las que entre los asistentes los hay que defienden doctrinas contrarias a la enseñanza de la Biblia? La respuesta nos la da el texto que comentamos: “Que os apartéis de ellos”