diumenge, 11 d’agost del 2024

 

0SEAS 4: 6

“Mi pueblo fue destruido porque le faltó el conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio, y porque olvidaste la Ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”

Oseas profetiza contra el pueblo de Dios. Lo que dice es perfectamente aplicable a todos los pueblos. Pues la Palabra de Dios no hace preferencias. Por ser descendencia de Adán, del cual todos  procedemos, todos sin excepción alguna participamos de su desobediencia. “De todo árbol del huerto podrás comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás” (Génesis 2: 16, 17). Adán comió el fruto del árbol prohibido. Al instante murió espiritualmente. Físicamente “vivió novecientos treinta años, y murió” (Génesis 5: 5). A partir de aquel instante al hombre  le faltó el conocimiento. La primera manifestación de la pérdida del discernimiento la encontramos en Caín, el primogénito de Adán que mató a su hermano Abel (Génesis 4: 8). Dios que observa atentamente todo lo que sucede en la Tierra, “vio que la maldad de los hombres era mucha en la Tierra, ya que todo designio de los pensamientos de sus corazones era de continuo solamente el mal” (Génesis 6: 5). Y así llegamos hasta nuestros días en que Dios sigue destruyendo las naciones por medio de la maldad de los hombres, debido a su falta de conocimiento.

Dios enviaba a profetas que invitaban a los hombres a volverse a Él con el propósito que recibiesen conocimiento. No quisieron escuchar. Por último Dios nos habla por medio de su Hijo Jesús. Los sacerdotes, los depositarios de la Ley movidos por el odio que sentían hacia Él porque desenmascaraba su hipocresía, lo crucificaron. Su amor por los hombres permanece inalterable. Una vez Jesús resucitase y antes de ascender a los cielos, mandó a los suyos que enseñasen a los hombres que guardasen todas las cosas que yo os he mandado (Mateo 28: 20). Los hombres siguen faltos de conocimiento porque no escuchan ni obedecen las instrucciones que los hijos de Dios transmiten siguiendo el mandato de Jesús. Por la falta de conocimiento la Religión se prostituye enseñando falsas doctrinas que conducen a los hombres a hundirse en la ciénaga de la corrupción: “Porque te olvidaste de la Ley de Dios y yo me olvidaré de tus hijos”. Nos guste o no, desechar las instrucciones de Dios tienen sus consecuencias negativas. El vacío que produce en el alma la ausencia de Dios lo ocupa Satanás y sus diablos que al sustituir el conocimiento por la necedad que nos impulsa a cometer todas las barbaridades que los medios de comunicación se encargan de hacérnoslas saber

Lector, si te has de volver vuélvete a Jesús que es amplio en perdonar y llenará tu alma con el conocimiento que te llenará de gozo y la esperanza de la vida eterna..


 

JUAN 6: 35

“Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida, el que a Mí viene no tendrá hambre, y el que en Mí cree, no tendrá sed jamás”

Jesús que no es ni bobo ni beato. No se deja tomar el pelo. Hoy al ver a las multitudes que se concentran en la plaza de San Pedro en el Vaticano, los papistas se apresuran a anunciar que millares de fieles se han reunido para ver al Papa. Estas masivas concentraciones de personas religiosas, ¿son verdaderos creyentes? Jesús a diferencia del Papa que hacía milagros: curaba a ciegos, a leprosos, liberaba a personas de posesión satánica,  devolvía la vista a los ciegos… ¿Qué pensaba Jesús de estas multitudes que fanáticamente le seguían? He aquí lo que nos dice el evangelio de Juan al respecto: “Estando en Jerusalén en la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su Nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, porque Él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2: 23-25).

Ahora Jesús se encuentra rodeado de una multitud interesada en Él. Les dice. “De cierto de cierto os digo que me buscais, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna   permanece, la cual el hijo del hombre os dará, porque a Éste señaló Dios el Padre” (Juan 6: 26, 27). La situación es propicia para que Jesús hable del pan de vida. Cuando Jesús conversaba con la samaritana  junto al pozo era lógico que saliese a relucir que Él es el agua viva que apaga la sed espiritual. Con esta multitud interesada en el maná que sus padres cada mañana recogían y se saciaban y finalmente morían. Es también lógico que Jesús tenga que referirse a sí mismo: “Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él coma, no muera. Yo soy el pan vivo que desciende del cielo, si alguien come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo daré es mi carne, la cual daré por la vida del mundo” (vv. 49, 51).

A medida que el cristianismo se va diluyendo en el paganismo las palabras que Jesús dice: “son espíritu y son vida”, pierden su sentido figurado y se convierten en literales. No debería extrañarnos, pues, que los incrédulos consideren caníbales a quienes se consideran cristianos y que en la comunión ingieren lo que se supone ser el verdadero cuerpo  de Jesús.

Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente” (Juan 11: 25, 26). Estas palabras Jesús las dice a Marta cuyo hermano ya llevaba cuatro días muerto. Jesús le pregunta a la mujer: “¿Crees esto?” La mujer afirma que sí. ¿Qué cree el lector?

 

 

ORGULLO NACIONAL

Tenemos que hilar muy fino cuando enseñemos a nuestros hijos

En el escrito “A rezar por el futbol” que escribe María-Paz López, la escritora redacta: “Los cristianos ven en la Eurocopa una fiesta deportiva que encaja con valores”. El deporte de élite no es tan bueno como se le vende. El apóstol Pablo nos transmite una señal de alerta: “Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso. Pero la piedad todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente y de la venidera” (1 Timoteo 4: 8). No tenemos que ver en las palabras del apóstol un negacionismo de los beneficios saludables que aportan los ejercicios físicos no profesionales. De la misma manera que aconseja a su discípulo Timoteo: “y no bebas agua, sino toma un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes dolencias” (1 Timoteo 5: 23). A pesar del mal uso que se hace del vino el apóstol no le quita su valor terapéutico en según qué ocasiones. A pesar que “el ejercicio corporal para poco es provechoso”, los verdaderos cristianos tenemos que aprovecharnos de sus beneficios terapéuticos. Por la fe en Cristo y por la misericordia del Padre celestial, los cuerpos de los cristianos se convierten en templo de Dios por el Espíritu Santo que mora en ellos. En lo que dependa de nosotros tenemos que mantener sano el cuerpo para gloria de Dios, para el propio bienestar y por la bienandanza social. El ejercicio corporal juega su papel en conservar  sano el cuerpo.

Hecha esta distinción, aprovechemos la ocasión que nos brinda la Eurocopa y los Juegos Olímpicos en Francia para hablar del deporte de élite y profesional. El deporte profesional es muy exigente. Requiere  superar marcas previamente conseguidas, lo cual genera graves problemas de salud mental y física en los deportistas. Ello nos mueve a preguntarnos: ¿Vale la pena pagar un precio tan alto para conseguir una medalla de oro? La respuesta tienen que darla los deportistas que se accidentan y que enferman mentalmente.

El deporte de élite no es solamente una cuestión individual del deportista. El Estado está muy interesado en meter la nariz en el asunto para convertirlo en razón de Estado. El rendimiento deportivo  y las medallas que le acompañan es motivo de orgullo nacional. Este orgullo se nutre de los deportistas que físicamente quedan tullidos y mentalmente afectados en el camino a subir al podio.

Dos textos bíblicos que ponen en el lugar que le corresponde al desmesurado valor que se le da a la Nación: “He aquí que las naciones le son (a Dios) como gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas, he aquí que hace desaparecer las islas como polvo” (Isaías 40: 15). “Como nada son las naciones delante de Él (Dios), y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es” (Isaías 40: 17). De manera muy clara Dios valora a las naciones como ceros en la izquierda. En el momento en que los deportistas reciben las medallas se les vitorea como héroes nacionales. El triunfo se celebra con el despliegue de banderas y los excesos etílicos de no pocos seguidores nacionalistas. Toda esta euforia nacionalista no cambia la situación de las naciones que los deportistas con su esfuerzo sobrehumano llevan a la gloria: "La justicia enaltece a la nación, pero el pecado es el oprobio de los pueblos” (Proverbios 14: 34).

Charles De Gaulle distingue entre patriotismo y nacionalismo, al decir: “Patriotismo es amar a tu país, nacionalismo es odiar el de los otros”. Las ideologías nacionalistas justifican cualquier tipo de crímenes. Si la ideología ordenas ejecutar algún tipo de fechoría, deja de ser infracción. Esto es terrible y más cuando los jueces que tienen que impartir justicia si están controlados por alguna ideología no dictan sentencias justas.

Los nacionalismos excluyentes son fruto del pecado. Desde el inicio de la historia hasta el fin del tiempo siempre han existido “los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre” (Génesis 6: 4) que crean nacionalismos, sean de derechas o de izquierdas, no importa. Impiden que los pueblos vivan en paz. Ello se debe a que detrás de los nacionalismos excluyentes se encuentra Satanás, el príncipe de este mundo, que convierte a los “varones de renombre” en marionetas que mueve a su antojo, impidiendo que se alcance una paz duradera.

Si no se entiende la existencia de Satanás y de sus demonios no se puede comprender cómo no se consigue la paz a pesar de los muchos esfuerzos que se hacen para conseguirla. Esta es la razón por la que pueblos civilizados (¿cristianos?) sean tan vulnerables al veneno de la barbarie. “Los pueblos y el acero tienen un brillo superficial” (Antoine Riverd). Cuando los símbolos nacionales se convierten en dioses hace que los grandes ideales lleven a la personas a descansar en grandes cementerios.

Octavi Pereña Cortina

 

dissabte, 3 d’agost del 2024

 

LA REBELIÓN DE LAS MASAS

 “¿Fue Hitler un Satanás irrepetible o el producto de condiciones demoníacas repetibles? ¿O tal vez determinadas condiciones sociales hacen posible que la dinámica diabólica  de las masas termine en tragedia como el Holocausto?” (<b>Dan Carlin</b>, divulgador de la historia). También merece reflexión lo que dice el divulgador de la historia: “Es más fácil que el individuo trascienda los instintos que actúan como tales que cuando forma parte  de la masa. La masa hace posibles genocidios que tal vez ninguna persona  no es capaz de desencadenar”.

Los grandes acontecimientos históricos han sido posibles gracias a la aparición de líderes en momentos determinados y de unas masas que se dejan embaucar por dirigentes con carisma. Pero ni los unos ni los otros existirían  si no fuese por la presencia del pecado en ellos. Ya sé que la presencia del mal no tiene solución razonada. Lo tenemos entre nosotros aun cuando nos esforcemos en negar su existencia.

El primer movimiento de masas se produjo cuando los hombres cumplieron la orden divina de extenderse por toda la tierra llegaron a Sinar (Génesis 1: 2). Hasta aquí cumplieron la orden divina de fructificar, llenar la tierra y señorear   en toda la tierra” (Génesis 1: 26). Al llegar a Sinar la cosa cambia. Ya no quieren ser nómadas. Desean convertirse en sedentarios. Dicho y hecho: “Se dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo, y hagámonos un nombre, por si fuéramos esparcidos sobre la faz de toda la tierra” (Génesis 11: 4). Esta desobediencia condujo a Babel y a la confusión de lenguas (v. 9) y con ella a que la expansión no se detuviese. La confusión de lenguas no es momento de tratarla. Lo que nos interesa es la rebelión de las masas contra Dios.

<b>Dan Carlin</b> trata el tema d los líderes carismáticos y las masas que los siguen. A mi entender no existe rebelión de las masas  sin dirigentes carismáticos que las estimulan a rebelarse contra Dios. Previamente al Diluvio el texto nos dice: “había gente poderosa en la tierra en aquellos día, y también después que se llegaron los hijos de Dios  a los hijos de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre” (Génesis 6: 4). Estos fueron los poderosos, los hombres de fana de la antigüedad, los llamados <i>nefilim</i> quen Sinar dirigieron la revuelta contra Dios.

Al principio del libro de Proverbios se encuentra luz que puede llevarnos a entender la relación existente entre líderes carismáticos y las masas. Dios, simbolizado en un padre que instruye a su hijo, le dice. “Hijo mío, si los pecadores te quieren engañar, no consientas. Si dicen: Ven con nosotros, pongamos asechanzas para derramar sangre, acechemos sin motivo al inocente, los tragaremos vivos como el sepulcro, y enteros como los que caen en un abismo, encontraremos riquezas de toda clase, llenaremos nuestras casas de despojos: Echa tu suerte con nosotros, tengamos todos una bolsa” (Proverbios 1. 10-14). En pequeña escala el texto enseña cómo se produce la rebelión de las masas. Un pequeño número de personas se hace “un nombre” que embaucan a las masas induciéndolas a hacer lo que sus corazones malvados maquinan.

En el Nuevo Testamento el ejemplo de unos maquiavélicos dirigentes religiosos que manipulan a las masas con el propósito de conseguir sus perversos propósitos. Los principales sacerdotes odiaban a muerte a Jesús porque les desmontaba el lucrativo negocio de la venta de animales que se sacrificaban en el templo. La oportunidad de deshacerse de Jesús se les presentó cuando condujeron a Jesús ante Pilato que en aquella época era el único que podía dictar una sentencia de muerte.

Antes de volver al juicio de Jesús echemos una ojeada para ver cómo se comportan las masas. El apóstol Pablo encontrándose en Éfeso, la predicación del Evangelio hizo disminuir los beneficios de los plateros que se dedicaban a la fabricación de estatuillas de la diosa Artemis. Demetrio, uno de ellos, organizó  un alboroto para defender lo que consideraba sus derechos. “Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra, porque la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido”                        (Hechos 19: 32). Las masas son muy volubles.

Volvamos a Jesús y al juicio al que se le sometió. Una multitud que antes quiso hacerlo rey porque les había saciado milagrosamente el hambre con pan y pescado, por instigación de los principales sacerdotes y los ancianos, los persuadieron para que gritaran pidiendo la liberación del asesino Barrabás y la crucifixión de Jesús. Esta enfervorizada multitud que clamaba por la crucifixión de Jesús pocos días antes con el mismo fervor recibieron a Jesús clamando: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor!” (Marcos 11: 9). Ahora vociferan hasta enronquecer: “Crucifícale!” ¡”Crucifícale!” Las multitudes cambian de pensar según de donde sople el viento.

El padre de Proverbios aconseja a su hijo: “Hijo mío, no andes en camino con ellos, aparta tus pies de sus veredas, porque sus pies corren hacia el mal, y van presurosos a derramar sangre” (1:15,16). Joven: Escoge bien a los compañeros con los que te juntas, no sea que en nombre de la libertad te encaminen hacia la ilegalidad y tengas que pagar por ello.

Octavi Pereña Cortina

 

 

dissabte, 27 de juliol del 2024

 

VIDA EN COMUNIDAD

Los sueños si no se hacen realidad, ¿para qué sirven?

“Cohousing” es una nueva palabra que bien seguro la normalizarán las diversas academias de la lengua. La palaba podría traducirse: Vivir en pequeñas comunidades. Según Kristen Ghodsee, quienes practican “Cohousing consiguen niveles más altos de felicidad porque sueñan en una manera diferente de vivir en donde se encuentra un índice más bajo de soledad no deseada”. Esta manera de vivir en pequeñas comunidades alejadas de los mastodónticos núcleos urbanos no es un descubrimiento hecho en el siglo XXI. Hace unos 2.500 años el filósofo griego Pitágoras fundó una pequeña comunidad en el sur de Italia en donde se agrupó un pequeño número de personas no satisfechas con la manera de vivir de los griegos. Se hicieron famosos los cristianos egipcios que abandonaron las grandes aglomeraciones urbanas para refugiarse en el desierto viviendo como ermitaños creyendo que podrían dejar atrás la corrupción moral que se daba en las grandes ciudades y así vivir santamente como exige la fe cristiana. Se equivocaron porque la corrupción que creían poder dejar atrás la llevaron consigo porque transportaban el pecado que es el germen de la corrupción moral. La creación de comunidades perfectas es inviable porque el ser humano no es perfecto.

Podemos entender la facilidad con que se transmite la corrupción moral si nos fijamos en una manzana. Aparentemente está sana. A los pocos días parece una mancha, se la tiene que sacar del cesto para que no contamine el resto de la fruta. Tenemos que dar gracias a Dios porque la mayoría de las personas no son grandes pecadores. Es cierto que en determinadas circunstancias se dan grandes muestras de solidaridad. En otras situaciones esta misma persona se comporta como pecadora que es.

En un principio todas las comunidades basadas en el “Cohousing”, eremitas o monásticas, dan la sensación de ser sanas. El principio de todas ellas es el bien común. Gozan de un alto nivel de felicidad. Más pronto o más tarde comienzan a manifestarse los frutos de la carne, enemistades, pleitos, celos, iras…Aquella comunidad que en un principio parecía estar tan unida empieza a cuartearse, desintegrarse. De ella solo queda el recuerdo envuelto en la neblina del tiempo. Los cristianos no tienen que huir del mundo (1 Corintios 5: 9, 10), sino vivir en él porque la luz que son en Cristo “en las tinieblas resplandece” (Juan 1: 5).

Dada la condición humana quienes practican el “Cohousing” van a encontrarse con un gran desengaño porque buscan la felicidad por un camino tramposo que les llevará a preguntarse qué tengo que hacer para ser feliz. Lo mismo tiene que hacer el resto de los mortales que viven inmersos en la confusión existente  en el mundo. Mírese donde se mire, todo es problemático. Resuelves una dificultad y de debajo de las piedras aparecen dos de nuevas. ¿Qué tienen que hacer quienes viven en la jungla de la civilización para encontrar la felicidad que se les escurre como el agua de entre los dedos? Aprender a convivir con lo que hay. ¿Cómo hacerlo?

En ningún lugar de la Biblia se enseña que las personas tienen que refugiarse en algún lugar solitario para encontrar el gozo del Señor que es permanente. No depende de las circunstancias, sean favorables o adversas. La felicidad que buscan los hombres es un conjunto de situaciones agradables que dura lo que los momentos placenteros son vivos. Finalizado el momento de éxtasis el alma vuelve a sentirse vacía y atormentada. El placer momentáneo no es felicidad genuina.

La insatisfacción permanente que agobia a las personas se debe a que rechazan a Dios el Padre, que en su Hijo Jesús concede su paz que excede la comprensión humana. Los prejuicios son los que impiden que las personas disfruten del gozo permanente que el Padre da por la fe en su Hijo. El texto nos dice que Jesús encontró a Felipe y le dijo: “Sígueme”. El resultado del encuentro de Felipe con Jesús tuvo que ser algo exuberante. No pudo guardar en el buche el gozo que había hallado en Jesús, la Perla de gran precio. El texto sigue relatando: “Felipe encontró a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José de Nazaret. Natanael le dijo: ¿de Nazaret puede  salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve” (Juan 1: 43-46). Una mujer que padecía una hemorragia persistente y que todo lo que tenía se lo había gastado en médicos, a hurtadillas tocó a Jesús. Automáticamente la hemorragia se secó. Jesús dirigiéndose a la mujer le dijo. “Ten confianza hija, tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lucas 8: 43-48). Si el lector busca la felicidad con la persistencia como el minero busca oro sin encontrarlo, le pregunto. ¿Cuánto te has gastado en espectáculos, viajes, placeres, que no te han proporcionado la felicidad que buscas? Por fe toca a Jesús y automáticamente comenzarás a disfrutar el gozo que con tanto desespero buscas.

Octavi Pereña Cortina

 

JONÁS 2: 12

“Entonces oró Jonás al Señor su Dios desde el vientre del pez, y dijo: Invoqué en mi angustia al Señor, y Él me oyó, desde el seno del sepulcro clamé, y mi voz oíste”

“Mas la hora viene, y ahora es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan  4: 23). Este texto forma parte de la conversación que Jesús mantuvo con la samaritana. Jesús le viene a decir a la mujer que se ha terminado el tiempo en que en el templo en Jerusalén o  otro lugar considerado sagrado eran los espacios idóneos para dirigiré a Dios. Con la muerte y resurrección de Jesús los lugares considerados sagrados no tienen razón de ser.

Cuando Jesús enseña a sus discípulos a orar les dice que no lo hagan como los fariseos hipócritas que les gusta hacerlo en público para recibir los aplausos de los espectadores.  Así de claro lo dice Jesús: “Mas tú, cuando ores, entra en tu habitación, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6: 6). Lo que nos viene a decir Jesús es que los devocionales no tienen que convertirse en un espectáculo. Consisten en una relación íntima entre el orante y el Padre celestial. Una vez cerrada la puerta abre tu corazón al Señor. Si alguien te contempla podrá pensar que estás ebrio como el sacerdote Elí lo creyó de Ana. Pero el Señor escuchó la oración de Ana. Ello no quita que imitemos  a Nehemías que sirviendo al rey como copero  “Oró al Dios de los cielos” Nehemías 2: 4). Creo improbable que si no se mantienen reuniones secretas con el Padre celestial, encontrándonos inmersos en ocupaciones mundanas “Oremos al Dios de los cielos”.

Vayamos al texto de Jonás. Dios manda al profeta que vaya a Nínive y exponga el mensaje de salvación que tienen preparado para los ninivitas. En vez de obedecer, embarcó en un navío con destino a Tarsis. Es decir, en dirección opuesta al destino que le había asignado el Señor. El Señor manda una fuerte tempestad que amenaza con hacer naufragar la nave en que viaja Jonás. La tripulación lanza al mar al profeta desobediente a Dios con el propósito de calmar la tempestad. Pero Dios tiene preparado un gran pez que engulle al profeta desobediente.   Encontrándose en lo que considera “el seno del sepulcro, oró a Dios y Él me oyó”. La omnipresencia  de Dios no tiene límites. Supongamos que toda la humanidad en un mismo instante se dirigiese al Padre en oración. La línea de comunicación con Dios  no se bloquearía, impidiendo hablar con Él. El Señor permanece sentado las veinticuatro horas del día ante la centralita dispuesto a escuchar a quienes quieren hablar con Él. La relación con Dios no tiene ningún parecido con lo que ocurre con la sanidad pública que en algunos casos tiene demoras de meses.

Jonás enterrado en el vientre del gran pez, dice: “Invoqué en mi angustia y Él me oyó, desde el seno del sepulcro clamé, y mi voz oíste”.  En el lugar más inimaginable en que podamos encontrarnos el Señor tiene su oído atento para escuchar nuestras suplicas y llenar de abundante paz al corazón afligido.


MIQUEAS 4. 1, 3

“Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa del Señor será establecido por cabeza de montes, y más alto que los collados, y correrán a Él los pueblos…Y Él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá naciones poderosas hasta muy lejos, y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces, no se alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra”

Desde Caín,  el primogénito de Adán que asesinó a su hermano Abel por diferencias religiosas hasta nuestros días y, desde hoy hasta el final del tiempo, será una historia caracterizada por la violencia. Hoy por no perder la costumbre, nuestra existencia se caracteriza por la inestabilidad. Nos quejamos. Nos manifestamos. Conseguimos pequeñas victorias. Pero sigue vigente la maldición que Dios pronunció contra la Tierra por el pecado de Adán. Se nos concede el derecho al pataleo, pero la maldición sigue en pie. No se ha debilitado ni lo más mínimo. Falsas religiones proliferan que confunden  a los hombres. Guerras y rumores de guerras nos asedian. La maldad en sus diversas manifestaciones se pasea lozana entre nosotros. En vez de patalear para no conseguir nada provechoso deberíamos sentarnos y con tranquilidad    reflexionar si ello tiene algún significado. “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos, y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lucas 21: 28). Jesús narra una parábola que nos instruye: “Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano ya está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios” (Lucas 21: 29-31). Así que los cataclismos que nos zarandean a su gusto no tienen por qué ser motivo de desánimo. Nos recuerdan que el reino de Dios se acerca y con su venida el fin de todo aquello que nos perturba. Jesús en diversas ocasiones alerta a que permanezcan vigilantes porque el reino de Dios no vendrá acompañado de bombos  y platillos para despertarnos de nuestra soñolencia. Lo hará de manera inesperada como lo hace el ladrón que entra en nuestra casa para desvalijarla. Siempre  tenemos que estar en alerta para que no nos suceda lo mismo que les ocurrió a aquellas vírgenes necias que no estaban preparadas para recibir al esposo. Mientras fueron  buscar aceite para sus lámparas el esposo llegó y entrado en el salón de la cena con las vírgenes prudentes, se cerró la puerta. Las vírgenes imprudentes que no se prepararon para la venida del Esposo, al regresar de ir a comprar aceite para sus lámparas encontraron cerrada la puerta que daba acceso al salón donde se celebraba el banquete. Golpearon con fuerza a la puerta. Ésta no se abrió. Desde el interior oyeron una voz que les decía. “No os conozco”. Si no desmayamos seremos salvos y, en el día de la resurrección entraremos en el reino de Dios anunciado por el profeta Miqueas. Así que, el mal tiene un límite. Los que se convierten en ciudadanos del reino de Dios por la fe en Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores gozarán eternamente la paz de Dios.

 

 

diumenge, 7 de juliol del 2024

 

EL IMPERIO DEL MAL

Si la luz que hay en ti es tiniebla, ¿qué serán las tinieblas?

Amnistía Internacional alerta que la democracia desaparece debido a la pérdida de derechos humanos que es su fundamento. Esta pérdida va adquiriendo velocidad supersónica a medida que la influencia cristiana va perdiendo peso en la sociedad. Cuando el cristianismo ejercía una fuerte influencia social la corrupción moral se mantenía controlada.  Por nacimiento natural todos nacemos siendo hijos del diablo. Este nacimiento con la inclinación a hacer el mal se debe a que cuando Adán pecó toda su descendencia se encontraba en sus lomos y heredera del pecado que nos inclina a hacer el mal. Cuando el cristianismo es activo actúa como la sal que preserva la carne de descomposición. Cuando el cristianismo se convierte en un humanismo más, la sal que es, pierde su sabor y con ello la capacidad de preservar a la sociedad de corromperse. ¿Qué utilidad tiene la sal insípida? Ninguna. Jesús nos dice qué se hace con ella: “Ya no sirve para nada, sino ser echada fuera y ser pisoteada por los hombres” (Mateo 5: 13).

En las épocas de esplendor cristiano su presencia se hacía notar en la sociedad. Actuaba como purificador social. En aquellos momentos de efervescencia cristiana “el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares yermos, buscando reposo, y no lo encuentra” (Mateo 12: 43). Cuando el cristianismo es pujante Satanás abandona la posición que ocupa en la sociedad con el rabo ente las piernas. Pero no ha sido derrotado. Es una retirada estratégica en espera de volver a recuperar la posición que ocupaba. Esperando la hora de la revancha para cuando el cristianismo vuelve a convertirse en sal insípida. En nuestros días el cristianismo pierde influencia debido a las corrupciones que se dan entre sus miembros y por haber abandonado la verdad de Dios por la mentira. He llegado mi hora, se dice Satanás: “Volveré a mi casa de donde salí acompañado de siete espíritus peores que él, y entrados, moran allá, y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación” (Mateo 12: 44, 45). Fíjese el lector que el espíritu maligno regresa a la casa que abandonó acompañado de siete espíritus peores que él. El número 7 significa multitud. Si un espíritu maligno  ya puede hacer mucho daño, cuánto más siete.

Como era habitual Jesús recorría la tierra. En uno de sus viajes llega a la tierra de los gadarenos y se encuentra con un endemoniado al que le pregunta: “¿Cuál es tu nombre?” Le responde: “Legión es mi nombre, porque somos muchos” (Marcos 5: 9). El comportamiento de este endemoniado nos ayudará a entender qué significa que siete espíritus malignos moran en una persona. El endemoniada gadareno “tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aún con cadenas. Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzaba los grillos, y nadie le podía dominar. Y siempre de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras” (vv. 3-5). Dejo que sea el lector quien interprete el comportamiento del endemoniado. Si es tan horrible, ¿qué será cuando el Anticristo aparezca en la tierra para dominarla?

Los cristianos esperamos a venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo para instaurar el reino eterno de Dios, porque con ella se terminarán todas las insatisfacciones que soportamos en el tiempo presente. Antes de que este acontecimiento glorioso se produzca, “nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2: 3, 4).

Esta situación futura que el apóstol Pablo identifica como “el misterio de la iniquidad”, si no fuese por revelación divina nadie podría sospechar su existencia. Ya está actuando sólo que de momento hay quien detiene su plena manifestación, hasta que quien lo detiene a su vez sea quitado de en medio (v. 7). Esta lucha que se forja en las esferas celestiales es invisible para los ojos del rostro, pero se hace visible a los ojos de la fe.

Desde que el pecado entró en el mundo por la desobediencia de Adán el ser humano ha tenido que luchar “contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6: 12), pero el Espíritu Santo impide que puedan manifestarse con todo su poder. Se acerca, pero, la hora en que el Espíritu Santo se retire del escenario para que Satanás pueda manifestarse con toda su virulencia, “y se manifieste aquel inicuo” (2 Tesalonicenses 2: 8). Los días del imperio del mal: “por causa de los elegidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24: 22). Cuando llegue la hora, el reino del inicuo el Señor” lo destruirá con el resplandor de su venida”              (2 Tesalonicenses 2: 8).

La ciencia a la que se le da tanta importancia falla estrepitosamente a la hora de resolver los problemas humanos. No es la razón la que soluciona los graves problemas que nos afectan. El causante de ellos es Satanás, que es homicida y padre de mentira desde el principio. La fe en Jesús, que es don de Dios, es la que nos abre los ojos para ver al “influencer” que es quien nos induce a actuar de la manera malvada como lo hacemos. Hoy podemos solicitar la ayuda del Señor, mañana quizás no se nos presentará la posibilidad d hacerlo.

Octavi Pereña Cortina

 

 

JUAN 6: 28

“¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?

El texto que comentamos es una pregunta que muchos se hacen. “Entonces vino uno y le dijo” (a Jesús): “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? (Mateo 14: 16). Jesús le respondió: “Si quieres entrar en la vida guarda los mandamientos” (v. 17). Jesús le recuerda los mandamientos. El joven le dijo: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús que conoce lo que hay en el interior del hombre le dice: “Si quieres ser perfecto, anda vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo, y ven y sígueme” (v. 21). “Oyendo el joven esta palabra se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (v. 22). Es dudoso que el joven guardase todos los mandamientos. El amor al dinero le impedía poder cumplir toda la Ley de Dios. Según Santiago: “Cualquiera que guarde la Ley, pero ofende en u punto, se hace culpable de todos” (2: 10). La Ley no sirve para salvar porque o hay nadie que pueda cumplirla. La finalidad de la Ley es hacer ver al hombre que es pecador con el propósito de ser nuestro “guía, que nos lleva a Cristo, a fin que seamos justificados por la fe” (Gálatas 3: 24). Cuando se comprende que el hombre es malo y que no puede hacer de ninguna de las maneras obras buenas con las cuales comprar el favor de Dios, manda a la hoguera las duras privaciones a que sometía su cuerpo, duros ayunos que le enfermaban, extenuantes oraciones que le provocaban alucinaciones, la utilización del látigo y el cilicio que le producían dolorosas heridas…Con todo ello no se consigue extirpar el pecado y mantiene viva la incertidumbre: ¿Soy salvo? Como la respuesta es: NO LO SÉ, se prosigue con la mortificación del cuerpo  que conduce a la condenación eterna porque el pecado que separa de Dios no se ha perdonado porque únicamente: “la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1: 7).

Volvamos al texto que sirve de base a esta meditación: “¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios? Jesús responde a quienes le preguntaban: “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado” (Juan 8: 29). Quede claro que la fe no es una obra meritoria con la que conseguir el favor de Dios: “Es por gracia que somos salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2: 8).

Si el lector tiene la incertidumbre de si es salvo o no puede ser debido a que no ha entendido que la salvación es un regalo de Dios que concede por pura misericordia. Pídele al Señor que te lo aclare y saldrás de dudas.


 

ZACARÍAS 10: 2

“Porque los terafines han dado vanos oráculos. Y los adivinos han visto mentira, han hablado sueños vanos, y vano es su consuelo, por lo cual el pueblo vaga como ovejas, y sufre porque no tiene Pastor”

Ante un mundo convulso, envuelto  de espesas tinieblas espirituales como si se tratase de mortaja, se necesita la firme mano de políticos inteligentes que guíen por los caminos de la justicia. En esta situación se encontraba Israel en Zacarías. Hacia dónde se dirigían, tanto el pueblo como los reyes y sus consejeros? El texto que comentamos lo aclara con luz meridiana. En vez de seguir a Jesús que es a luz del mundo que hace que el que le siga no ande en tinieblas sino en la luz de la vida (Juan 8. 12), se volvieron en pos de los “terafines”, estatuitas de distintos tamaños. Se hicieron ídolos detrás de los cuales se encuentran los demonios, espíritus de maldad y de mentira que daban respuestas vanas que no servían para enderezar los caminos torcidos  que los llevaban a la hecatombe, tanto a nivel individual, familiar y nacional. Como las respuestas que dan los ídolos no satisfacen, se buscan adivinos que les anuncien el futuro oculto. ¿Qué pueden pronosticar los adivinos detrás de los cuales se esconden Satanás  y sus diablos? Es así como Jesús define a esta gente que en vez de volverse a Él le da la espalda: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira de suyo habla, porque es mentiroso y padre de mentira” (Juan 8: 44). Con esta clase de consejeros no debe extrañarnos que el mundo funciones de la manera como  lo hace. Los consejos que dan las personas que como padre tienen a Satanás, no debería extrañarnos que la violencia y la corrupción se extiendan como reguero de pólvora.

“Por lo cual”, nos dice Zacarías, “el pueblo vaga como ovejas, y sufre porque no tiene Pastor”. Se dice que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. La causa de ello se debe a que la mayoría de los ciudadanos confían en los terafines, en los adivinos para que sean sus consejeros. De tal palo tal astilla. De la ciudadanía salen los políticos y la posición de poder que tienen sirve para ayudar a incrementar la perversidad moral de la población.

¿Existe remedio a tal problema? En el aspecto colectivo diré que no. Sí es posible en lo individual. Zacarías añade: “Contra los pastores se ha encendido mi enojo…pero el Señor de los ejércitos visitará su rebaño” (v. 3). ¿Qué significan estas palabras? Que en medio del desconcierto colectivo Jesús es el Buen Pastor a sus ovejas que pastorea nada les va a faltar, que en lugares de delicados pastos las hará las hará descansar, junto a aguas de reposo las pastoreará y confortará sus almas (Salo 23: 1-3). Lector, ¿es Jesús tu Pastor?