diumenge, 21 de gener del 2024

 

DISCIPLINA INDESEADA

“Está de moda la mediocridad y la ignorancia, ufanarse de ser ignorante” (Daniel Arias Aranda)

“Cuando eduquemos a nuestros hijos tenemos que recordar que somos guardianes de su futuro. Cuando mejoramos su educación, mejoramos el futuro de la humanidad, el futuro de este mundo” (Immanuel Kant). “Instruye el niño en su camino, y aun cundo sea viejo no se apartará de él” (Proverbios 22: 6). Si solamente hubiese un camino no existiría ninguna dificultas en educar en el buen sendero. Jesús asegura que hay dos caminos: el ancho que lleva a la perdición y son muchos los que lo transitan, y el angosto que es el que conduce a la vida eterna y son pocos quienes lo recorren. (Mateo 7: 13, 14). ¿Por qué dos caminos que dificultan la educación?

Inicialmente únicamente había un camino: el de la vida. La irreflexión de Eva de creer la mentira de Satanás de que sería como Dios si ella y Adán comían el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal que Dios les había prohibido hacerlo. Eva creyó el engaño: “Y vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría” (Génesis 3: 6). La desobediencia ocasionó la aparición del camino de la muerte. A partir de aquel instante existen dos caminos lo cual ha motivado la necesidad de  aplicar disciplina en la educación. “Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y las correcciones de la disciplina son camino de vida” (Proverbios 6: 23).

A lo largo de toda la Biblia se expone el antagonismo entre los transeúntes de ambos caminos que mutuamente buscan influenciarse. El libro de Proverbios enfatiza la responsabilidad de los padres de educar a los hijos en  el camino de la vida. Aquí entra en juego la importancia de la disciplina en la educación de los hijos. Lo hace desde la perspectiva de que los padres son verdaderos creyentes en Cristo, es decir, que son personas  que se han pasado del camino de la muerte al camino de la vida. En el momento que Adán comió el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal murió espiritualmente, y con él toda su descendencia nace en el camino de la muerte. De la misma manera que Dios cubrió la desnudez de Adán y Eva con las pieles de unos corderos sacrificados que simbolizan Jesús muriendo en la cruz del Gólgota para salvar al pueblo de Dios de sus pecados por la fe en su Nombre. Los padres, por la fe en “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1. 29) son los directamente responsables de educar a los hijos en el camino de la vida.

Aquí es donde entra en juego la disciplina, el conjunto de reglas que sirven para mantener el orden social. Para  conservar la santidad en que fue creado Adán antes de la Caída y que su descendencia la recupere es obligatorio aplicar disciplina en la educación de los hijos. Los padres son los responsables de hacerlo porque en el orden social son la primera autoridad establecida por Dios (Éxodo 20: 12). Es lo que enseña la Biblia. La realidad es que los padres que por nacimiento natural lo hacen en el camino de la muerte son incompetentes para disciplinar a sus hijos para que se conviertan en buenos ciudadanos de los reinos de este mundo. Hablando con un maestro de primaria me decía que muchos padres se quejan de que los maestros pongan deberes para que sus hijos los hagan en casa. En vez de colaborar en la educación de la prole los progenitores ponen inconvenientes. Daniel Arias Aranda, catedrático de Organización de Empresa de la Universidad de Granada, se lamenta: “El engaño se le hace a un alumno cuando se le hace creer que está más bien preparado de lo que realmente está. Las tres últimas leyes educativas han sido orientadas a empujar a los alumnos hacia delante con independencia de que se cumplan las exigencias que se espera que tienen que tener de los 14 a los 17 años…Al segundo año de carrera tengo que tener un cartel que dice: “Por favor, no enganchen chicles ni pinten sobre las mesas”. También me tengo que cruzar de brazos esperando que se callen para empezar la clase, y hay cero debates, cero participaciones. Los trabajos y las presentaciones son copiadas del Rincón del Vago” y son infectos. Y la mayoría de los alumnos están en la clase solo de cuerpo presente”. La falta de disciplina en el hogar afecta negativamente el proceso educativo y el futuro de los hijos en la sociedad.

El ejercicio de la disciplina en el hogar, a pesar que el texto bíblico que transcribo es básicamente de carácter espiritual, se puede aplicar perfectamente en el ámbito familiar y educativo: “Habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por Él, porque el Señor al que ama disciplina, y azota a todo aquel que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos, porqué ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos y no hijos. Por otra parte tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus y viviremos? Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero Éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad”, es decir, semejantes a Él (Hebreos 12: 5-10).

Hoy muchos hogares se han convertido en centros tutelares en los que los padres se comportan como funcionarios, importándoles un bledo el bienestar físico, intelectual y moral de los chicos y chicas que tutelan. Así es porque tantos niños y adolescentes se convierten en problemas familiares y sociales tan difíciles de solucionar.

Octavi Pereña Cortina

 

 

SALMO 89: 15

“Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte, andará oh Señor, a la luz de tu rostro”

En los funerales s acostumbra a utilizar el salmo 23 en el sentido que el difunto es guiado por Jesús, el Buen Pastor, en su camino hacia la eternidad. Cuando el clérigo utiliza el salmo 23 en este sentido, y más cuando el fallecido no es creyente, está engañando a los asistentes al funeral. Con el deceso se sella definitivamente el destino eterno, sea de salvación para los creyentes o de condenación de los incrédulos. Todo lo que se  le puede hacer a una persona es en vida. Una vez fallecida nada se le puede hacer a su favor. Las oraciones por los difuntos son una tomadura de pelo y un engaño satánico.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo, tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (v. 4), David, el autor del salmo 23, en su adolescencia pastoreó  las ovejas de su padre, no como asalariado sino como copropietario. Cuando David se enfrenta al terrible Goliat se pone como ejemplo del pastor que pone en peligro su vida para defender a las ovejas de los ataques del oso y del lobo (1 Samuel 12: 34-36).

En el salmo 23 David, el pastor, reconoce que Jesús es el Buen Pastor que en los momentos calamitosos que fueron muchos a lo largo de su vida le aportó la luz para salir victorioso de los muchos valles de sombra de muerte por los que tuvo que atravesar. Si el lector está traspasando por un valle de sombra de muerte, acuda a Jesús el Buen Pastor que le sacará de él.

El indeseable comportamiento de algunos que se dicen ser representantes de Jesús en la Tierra predispone a las personas a rechazarlo. Pero no es solamente el comportamiento indeseable de algunos clérigos lo que hace que los hombres en general rechacen a Dios el Padre y a su Hijo Jesucristo. La principal causa de la animosidad hacia Dios se debe a que en el fondo somos sus enemigos (Romanos 5: 10).

El Evangelio, las Buenas Nuevas de salvación, se transmite oralmente por quienes siendo enemigos de Dios  por la fe en Jesús el Salvador se han convertido en sus amigos. Jesús al inicio de su ministerio público empezó a reclutar a sus discípulos. Uno de ellos fue Felipe que cuando se encontró con Natanael, le dijo: “He encontrado a Jesús de Nazaret”. Natanael le respondió: “¿De Nazaret  puede salir algo bueno?” Felipe le dice: “Ven y ve” (Juan 1: 43-46). Los prejuicios infundados son los que impiden que Jesús el Buen Pastor, cuando andamos en valle de sombra de muerte ilumine el camino para que salgamos de la situación tenebrosa. Si la incredulidad del lector le impide reconocer que Jesús es el Buen Pastor, antes de rechazarle por los prejuicios, vaya a Él y vea con sus propios ojos quien realmente es Jesús.


 

PROVERBIOS 13: 4

“El alma del perezoso desea, y nada alcanza, mas el alma de los diligentes será prosperada”

El informe Pisa que pone al descubierto el fracaso escolar, los políticos se vuelven locos en su afán de descubrir la causa del deterioro de la enseñanza pública. En parte, dicho deterioro se debe a las leyes de los ministerios de educción promulgadas que facilitan pasar curso sin haber aprobado todas las asignaturas  del actual.

La pereza que se da en el ámbito de la educación secular también se encuentra en el terreno de la fe cristiana. El apóstol Pablo escribiendo a los cristianos en Filipos les dice: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2: 12). El apóstol no está fomentando la salvación por medio de las obras de justicia propia. Se dirige a unos hijos de Dios por adopción por la fe en Jesús que todavía no han alcanzado la perfección del Padre celestial a que han sido llamados. Afirma que “somos hechura suya (de Dios), creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2: 10). Pablo sufrió mucho de parte de los judaizantes, los judíos que se habían hecho cristianos. Éstos enseñaban que los gentiles que se habían convertido a Cristo, para ser salvos, tenían que guardar el sábado y circuncidarse, es decir, tenían que convertirse al judaísmo. El Nuevo Testamento es claro: Por las obras de la Ley nadie se salva. La Ley fue dada para que todos los hombres de den cuenta que son pecadores. Hace resaltar el pecado y se convierte en el guía que lleva a los pecadores a Cristo (Gálatas 3: 24).

Por la fe en Jesús somos salvos. La sangre de Jesús nos limpia todos los pecados. Pero seguimos siendo pecadores. Somos santos pecadores. No podemos dormirnos en los laureles. Somos salvos, sí. La salvación recibida por la fe en Jesús, también. Que no somos lo que llegaremos a ser si no hacemos marcha atrás, indiscutiblemente. Desde el momento en que nacemos de nuevo como hijos de Dios por adopción hasta que el momento  en que Jesús nos llame a su presencia tenemos que “ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor”. La ociosidad no cabe en la vida cristiana. “Puestos los ojos en Jesús el Autor y Consumador de la fe” (Hebreos 12: 2), “corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante (Hebreos 12: 1) y, con el apóstol Pablo podamos decir: “He peleado la  buena batalla, he acabad la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4: 7).

 

dissabte, 13 de gener del 2024

 

SOBREPROTECCIÓN LEGAL

La justicia de Dios tiene que resplandecer en las autoridades que Él ha escogido

Pedro Sánchez aclaró cualquier duda sobre la cuestión y rechazó taxativamente que los jueces puedan ser llamados a declarar ante las comisiones de investigación abiertas en esta nueva legislatura en el Congreso de Diputados”. A petición de los vocales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) se quiere que la reunión que tiene que celebrar el Consejo General sea una “rotunda petición” en contra del “asedio” de jueces y magistrados y de las posibles comparecencias parlamentarias”. Poe lo que leo en la prensa deduzco que la judicatura, si no lo está ya, quiere blindarse de todo tipo de investigación.

Por el hecho que la judicatura está compuesta de hombres y mujeres pecadores como el resto de los mortales, el derecho de pernada que persigue es muy preocupante porque el ciudadano se encontraría indefenso ante los excesos que la judicatura podría cometer. Da la impresión que la judicatura desea situarse por encima de las otras instituciones del Estado. Desea controlarlas a todas y que ella no pueda ser investigada. No es democrático.

Es cierto que las autoridades, la judicatura es una de ellas, “han sido establecidas por Dios” (Romanos 13: 1) para que gobiernen en justicia “porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme porque no en vano lleva la espada, porque es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo” (v. 4). La judicatura si no está compuesta por personas verdaderamente cristianas, en vez de ser servidores de Dios para castigar al que hace el mal y premiar al que hace lo bueno, se convierten en servidores de Satanás que en vez ser justas se convierten en déspotas al amparo de una legalidad injusta.

La Biblia nos avisa. “Vi más debajo del sol: En lugar de juicio, allí impiedad; y en lugar de justicia, allí iniquidad” (Eclesiastés 3: 16). Dios que es el Eterno: “permanecerá para siempre, ha dispuesto su trono para juicio. El juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos  con rectitud” (Salmo 9: 7, 8). Si Dios juzgará el mundo con justicia, la judicatura que es una autoridad establecida por Él, no ha de ser menos.

En un sentido la iglesia y las autoridades tendrían que caminar juntas, pero no revueltas. Si la iglesia se  desvincula  de la excesiva intimidad con las autoridades y es portadora de la Verdad de Dios registrada en las páginas de la Biblia se convertiría en conciencia de las autoridades. Un ejemplo bíblico que aporta mucha claridad. Es el caso del profeta Natán y del rey David. El monarca había cometido adulterio con Betsabé, esposa de uno de los oficiales  de su ejército. De la relación adulterante Betsabé   quedó embarazada. El rey con el propósito de mantener secreto su pecado hizo llamar a Urías, esposo de la mujer ultrajada, con el propósito de que cohabitase con ella. No lo consiguió. David ordenó que Urías regresase allí en donde se encontraba  el ejército. Le entregó un mensaje para que lo entregase a Joab, el general del ejército. El envío contenía la orden de que se colocase a Urías en un lugar peligroso para que al soldado lo matase el enemigo. Así fue. El hecho no fue grato a los ojos de Dios que ordenó al profeta Natán para que amonestase al rey adúltero y asesino. Se tenía que tener mucho valor  para cumplir tan delicada misión en una época en que los reyes se comportaban como autócratas. Se tenía que tener mucha mano izquierda. El profeta con mucho tacto se presenta ante el monarca y le relata la alegoría del hombre rico que tenía muchas ovejas y del pobre que solo tenía una. El opulento recibe la visita de un amigo y para obsequiarle le quita al  pobre la oveja que la amaba como si fuese un hijo. Al oír la parábola David se encolerizó y le dijo al profeta. “Este hombre tiene que morir”. Con esta declaración dicta su propia sentencia. El profeta le dice: “Tú eres este hombre” y le recuerda el afer que tuvo con Betsabé. En respuesta a la acusación del profeta, David le dice: “He pecado contra Dios. Natán le dice al monarca arrepentido: “También el Señor ha perdonado tu pecado. No morirás” (2 Samuel 12: 1-13).

El Señor escogió a David como rey de Israel. El profeta Samuel lo ungió como tal. Natán le reprendió y Dios le perdonó. Esta historia nos enseña que la iglesia como representante de dios en la Tierra tiene la obligación de reprender a las autoridades por Él establecidas, sin excluir a la judicatura. Ninguna autoridad divinamente establecida está eximida de obrar según la Ley de Dios. La valerosa actitud del profeta Natán que se fortaleció en el Señor, es la actitud que tienen que tomar quienes dicen ser representantes  de Dios en la Tierra.

Octavi Pereña Cortina

 

SALMO 119: 143

“Aflicción y angustia se han apoderado de mí, mas tus mandamientos han sido mi delicia”

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo, tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmo 23: 4). Cuando David escribe lo hace con la experiencia de haber sido pastor de ovejas. Cuando el adolescente David se propuso enfrentarse con el temible Goliat le dijo al rey Saúl que le aconsejaba que no lo hiciese porque no podía enfrentarse a un experto soldado experimentado en el uso de las armas. El joven David le dice: “Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre, y cuando venía un león o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo libraba de su boca, y si se levantaba contra mí, yo echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso,  tu siervo lo mataba” (117: Samuel 17: 34-36).

En Juan10: 7, 8, Jesús se presenta como el Buen Pastor que da su vida por las ovejas y hace la distinción entre pastores asalariados  y quienes son propietarios de las ovejas. El pastor asalariado al ver venir el lobo abandona a las ovejas  y la bestia las dispersa y las mata. “Así el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas” (vv. 12, 13). Tenemos que hacernos la pregunta: ¿Cuándo fue que Jesús se convirtió en el Buen Pastor? En la oración sacerdotal que se encuentra en Juan 17, Jesús dirigiéndose al Padre, le dice: “He manifestado tu Nombre a los hombres que del mundo me diste, tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra” (v. 6). Antes de la creación del mundo el Padre escoge un determinado número de personas que da a  su Hijo para que en el cumplimiento del tiempo se haga hombre en la persona de Jesús para salvar al pueblo de Dios de sus pecados (Mateo 1: 21). De los escogidos del Padre para darlos a su Hijo “cuando estaba con ellos en el mundo yo los guardaba en tu Nombre, a los que me diste yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió” (v. 12).

Jesús es el Buen Pastor, no de todos los hombres. Exclusivamente de aquellos que el Padre dio a su Hijo antes e la creación del mundo para que fuese el Buen Pastor que da la vida por las ovejas del Padre.

Cuando el salmista, en el texto que sirve de base para esta meditación escribe: “Aflicción y angustia se han apoderado de mí”, nos está diciendo que ha habido momentos en su vida en que  ha “andado en valle de sombra de muerte…” y que al reconocer que en estas situaciones angustiosas  Jesús es su Buen Pastor que  le “infunde aliento”.


 

SALMO 49: 8

“Porque la redención de su alma es de gran precio y no se logrará jamás”

La religión, sea la católica o la que se distingue con otro nombre, exige a los practicantes que para la salvación los fieles tienen que guardar los preceptos que enseñan. La religión es tan exigente que desde los inicios de la iglesia apostólica, los judaizantes que fueron los judíos que se hicieron cristianos, a la salvación que es exclusivamente por la fe en el Nombre de Jesús que predicaban los apóstoles, se le tenía que añadir: guardar escrupulosamente el sábado, circuncidarse, es decir, que los gentiles que se habían convertido a Cristo tenían que convertirse al judaísmo. Esta enseñanza que se introdujo a hurtadillas en la iglesia apostólica originó fuertes controversias. Finalmente imperó la verdad. Satanás, el padre de la mentira que fue el instigador de esta herejía tuvo que retirarse del escenario con el rabo entre las piernas. Pero no se dio por vencido. En cada época se imagina nuevas variantes de la herejía para intentar introducirse dentro de las iglesias para atrapar a los fieles en sus redes. Esta es una lucha que se mantendrá activa hasta el final del tiempo cuando Satanás y sus diablos serán lanzados en las tinieblas infernales por los siglos de los siglos.

El texto que comentamos dice con toda claridad que la redención del alma tiene un precio tan elevado que no podrá pagarse jamás con obras humanas. Los latigazos a la espalda duelen mucho. En el fondo lo que se esconde es el engreimiento de que con ello se va a conseguir el favor de Dios por el sufrimiento corporal, con prolongados ayunos, peregrinaciones a santuarios de fama. Todo ello no es nada más que variantes que con obras de justicia propia se va a obtener el favor de Dios y con él la salvación eterna. Por mucho que se mortifique el cuerpo hasta enfermar, no se consigue la redención del alma. No se ha conseguido borrar el pecado original que separa de Dios. El único detergente que existe en el mercado y que puede borrarlo y sin dejar ninguna huella es la sangre que Jesús derramó en el Calvario para salvar al pueblo de Dios de sus pecados (1 juan1: 7).

El apóstol Pablo escribe algo que tendríamos que tener siempre bien fresco en la memoria: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio, glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu los cuales son de Dios” (1 Corintios 6: 19, 20). Lo que el texto no dice explícitamente es que el gran precio que se tiene que pagar por la redención del alma, Jesús cuando murió en la cruz lo pagó. La deuda pendiente con Él ha sido totalmente pagada.

 

dissabte, 6 de gener del 2024

 

1 SAMUEL 15: 22

“¿Se complace  el Señor tanto en los holocaustos y víctimas, como en obedecer a las palabras del Señor? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios y el prestar atención que la grosura de los carneros”

Las religiones, todas sin excepción, priorizan la obediencia al ritual que a la obediencia  a la Palabra de Dios. Cuanto más barroco y extravagante sea el ceremonial, mucho mejor  pues se cree que con ello Dios se extasiará y escuchará las suplicas de los hombres. ¡Cuán equivocados están quienes con cánticos gregorianos y un ceremonial muy cuidadosamente estudiado y practicado se conseguirá que Dios escuche. El profeta Malaquías escribe: “Habéis hecho cansar al Señor con vuestras palabras”. Quienes oyen las palabras del profeta exclaman asombrados: ¿En qué le hemos cansado? El profeta les responde: “En que decís: Cualquiera que hace el mal agrada al Señor, y en los tales se complace” (2: 17). A pesar de la religiosidad del pueblo el profeta les dice: “Pusiste sobre mí la carga de tus pecados, me fatigaste con tus maldades” (Isaías 43: 24). A pesar de que la liturgia que los israelitas tenían que cumplir al pie de la letra, previo al cumplimiento del ritual tenía que darse el arrepentimiento de los pecados acompañado del firme propósito de no volverlos a cometer. El rey David en su salmo penitencial, escribe: “Entonces te agradarán  los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada” (Salmo 51: 19).

El Rey Saúl que fue el primer rey de Israel  fue desechado como tal por haber desobedecido el mandato divino de destruir por completo a los amalecitas y por la desobediencia al mandato del Señor de que únicamente los descendientes de Aarón podían ofrecer sacrificios. En este contexto se encuentra el texto que sirve de base a esta meditación: “¿Se complace  el Señor tanto en los holocaustos y víctimas, como en obedecer a las palabras del Señor?”. La respuesta a esta pregunta taxativamente es: NO. Para el Señor es prioritario que se obedezca incondicionalmente su Palabra. Los incondicionales del ceremonial, ¿obedecen la Palabra del Señor? Una de las causas de la desobediencia es que desconocen la Palabra escrita en la Biblia. Ello no es un motivo de excusa porque cada vez que el sacerdote en la misa o en un funeral lee un texto bíblico, la lectura va acompañada de: “Palabra de Dios”. La excusa de no conocer toda la Escritura que es inspirada por Dios (2Timoteo 3: 15), no es válida. Un desconocimiento parcial no exime de su obediencia. La responsabilidad de los hombres de hacer el bien es más exigente cuando la conciencia les dice qué es lo que tienen que hacer y no lo hacen.


 

SALMO 27: 1

“El Señor es mi  luz y mi salvación, ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿quién he de atemorizarme?”

El autor del salmo 27 es el rey David que utiliza términos bélicos para describir su lucha espiritual. Nosotros estamos en guerra contra Satanás y tenemos que proveernos de los pertrechos necesarios para salir victoriosos en las escaramuzas que mantenemos con él. Nuestro enemigo es el príncipe de las tinieblas. Si las tinieblas diabólicas nos dominan no podemos  ver sus artimañas y estaremos al alcance de sus cuchilladas. Para el salmista el Señor es su luz, “yo soy la luz del mundo”, dice Jesús, “quien me sigue no andará en tinieblas”. Para David sus victorias bélicas eran las victorias de Dios. Para nosotros nuestras victorias contra Satanás son las victorias de Jesús que con su muerte y resurrección ha vencido definitivamente al enemigo de nuestras almas.

Viviendo en un mundo temporalmente  gobernado por el príncipe de las tinieblas  tenemos muchos enemigos de nuestras almas que nos acechan como leones rugientes para devorarnos: Guerras y rumores de guerras, enfermedades propias y de nuestros familiares íntimos, el desempleo de uno o de  varios familiares próximos…son aguijones en nuestra carne que nos duelen muchísimo. Para David y para nosotros también tendría que serlo: “Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron” (v.2). Cuando resistimos al diablo y huye de nosotros no quiero decir que vaya a olvidarnos de nosotros, no, lo mismo que hizo con Jesús cuando terminó de tentarle “se apartó de Él por un momento” (Lucas 4: 13). Pensemos que volverá a la carga. Tenemos que vivir continuamente fortalecidos en el Señor, con  Jesús con nosotros somos más que vencedores.

“Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón, aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado” (v. 3). Si observamos lo que sucede a nuestro alrededor nos damos cuenta de rostros malhumorados  que manifiestan tristeza, caminan cabizbajos, afligidos por la depresión, por pensamientos que deprimen el alma. En cambio el salmista que confía en el Señor en medio de los asaltos del maligno, sabe con certeza que el Señor le sacará del atolladero.

  

 

 

BUEN DESEO

La ley es igual para todos

Navidad es una época ideal para los buenos deseos. El rey como el resto de los ciudadanos está lleno de euforia. En el tradicional mensaje navideño, creo que pensando más en los políticos que en los ciudadanos, pide que se evite que se instale el germen de la discordia. La falta de concordia está instalada en todas las clases sociales. Por la relevancia pública se hace más visible entre los políticos.

El buen deseo del rey me ha hecho reflexionar sobre el tema. De entrada fracasará como fracasan la mayoría de los  buenos deseos. Por otro lado, me temo que los buenos deseos del monarca los dice desde una posición de superioridad. Es como si nos dijese: “Chicos, eso no se puede sostener. O cambiáis, o todo se va a hacer puñetas. Es como si el rey no tuviese nada que ver con la dramática situación en que se encuentra España. Vosotros estáis saturados de discordia. Yo como estoy libre de ella os recomiendo que os pongáis las pilas y la mandéis a la buhardilla para que allí descanse tranquila  cubierta de polvo y envuelta de telarañas. Esto no vale, majestad. Usted como descendiente de Adán es un pecador como el resto de los mortales. Temporalmente, usted goza de unos privilegios que los ciudadanos estamos muy lejos de poderlos disfrutar. Como usted y los ciudadanos somos descendencia de Adán nadie está libre de pecado. Ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo todos nos encontramos en el mismo nivel. Ante el Creador, las clases sociales que hoy nos diferencian y nos separan, desaparecerán. Solo existe una clase social: pecadores.

Cuando usted, majestad se dirige a los políticos que eviten se instale el germen de la discordia no puedo por menos que pensar que usted se excluye. Que el germen en cuestión no le afecta. Por ser descendiente de Adán, sí que le toca. Jesús que es el Médico del alma, su sangre derramada en la cruz del Gólgota limpiará todos sus pecados y dejará su espíritu blanco como una patena. Como corresponsable, en la parte que le corresponde, con la ciudadanía y la clase política de la grave crisis política, social, moral, que padecemos por haber dado la espalda a Dios. Sí, usted y todos los ciudadanos tenemos que reconocer nuestra condición de pecadores. Jesús cuyo Nombre se pronuncia con tanta vanidad durante la época navideña dejará de ser un personaje mitológico al reconocer lo que el Nombre significa: “Salvará a su pueblo  de sus pecados”. Entonces su majestad no  volverá a pedir a los ciudadanos sin distinción: ”TENEIS que evitar que se instale el germen de la discordia, sino: TENEMOS que evitar que se instale. Entonces se dará un paso muy importante en la solución de algunos de los graves problemas que España tiene y que se han enquistado.

Octavi Pereña Cortina

dissabte, 30 de desembre del 2023

 

JUECES 1: 7

“Entonces dijo Adoni-becec: setenta reyes cortados los pulgares de sus manos y de sus pies, recogiendo migajas debajo de mi mesa, y como yo hice, así me ha pagado Dios”

“Mas si hubiese muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo…”  (Éxodo 21: 23-25), es conocido como Ley del Talión que permite vengarse de las ofensas recibidas. En un principio el  “ojo por ojo…” fue una ley que permitía a los jueces  castigar a quien hubiese cometido un delito   de manera proporcional a la transgresión cometida. De los tribunales de justicia se ha pasado al ámbito personal y se ha pervertido el sentido inicial  al derecho individual de poder vengarse de la ofensa recibida aun cuando sea de manera desproporcionada. Lo que inicialmente significaba un acto de justicia se ha pasado a un acto de venganza. Veamos un ejemplo reciente: la reacción de Israel al ataque de Hamas que es una distorsión del significado de la Ley del Talión. Hecho este inciso volvamos al texto que sirve de  base a este comentario.

La guerra para conquistar la Tierra Prometida sigue su curso. El caudillo Adoni- becec fue hecho prisionero y se le cortan los pulgares de las manos y de los pies (v. 6). Si la Ley del Talión es judicial y la tienen que aplicar las autoridades legalmente constituidas, la ley de la siembra es retributiva: “No os engañéis, Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembra, eso también segará” (Gálatas 6: 7).  Adoni-becec reconoce haber cortado los pulgares de las manos y de los pies de setenta reyes. Acepta: “como yo hice, así me ha pagado Dios”. Alguien se los cortó aunque este alguien sin saberlo la mutilación fue un encargo de Dios. Lo que uno siembra es lo que recoge. A pesar de que pueda disgustarnos lo que Dios ordena es justo. ¡Cuántos de los males que padecemos pueden ser la cosecha de lo sembrado!

No puede ponerse en duda de que el rey David fue un hombre de Dios. Cuando apartó los ojos de Dios la lascivia se desenfrenó. Cometió adulterio y para esconder su pecado indirectamente mató al marido de la mujer ultrajada. Lo que sucedió en el interior de la habitación con la puerta cerrada, no mereció la aprobación de Dios que envió al profeta Natán para reprender al rey adúltero y asesino. A pesar que David se arrepintió de su pecado, lo que hizo merecía castigo. El profeta en Nombre de Dios, le dijo: “Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urias heteo para que fuese tu mujer” (2 Samuel 12: 7-12).

Hagamos una mirada a nuestro interior. Si somos honestos reconoceremos que somos pecadores y que como tales hemos hecho muchas cosas que merecen la reprobación de Dios y ser castigadas. En el caso de que el lector le haya pedido perdón de Dios de sus pecados y Dios se los haya perdonado por la fe en el Nombre de Jesús, será salvo. La ley de la siembre hará su trabajo. Las consecuencias desagradables que te puedan sobrevenir no son castigos de Dios sino instrumentos en sus manos que contribuyen a tu santificación

MARCOS 7:18, 19

“¿No entendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no le puede contaminar. Porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Es decir haciendo limpios todos los alimentos”

Si los dirigentes religiosos tuviesen ojos para ver y oídos para oír lo que el Señor dice no impondrían a los hombres dura servidumbre con respecto a los alimentos. Unos dicen que en absoluto se puede comer sangre animal. Otros prohíben comer algunos alimentos en determinadas fechas. Esta servidumbre no la impone el Señor porque considera limpios todos los alimentos. La única limitación s de carácter sanitario. Quede claro que lo que entra por la boca no contamina espiritualmente al hombre.

El Señor añade: “Lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro de los corazones de los hombres salen los malos pensamientos: Los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, la lascivia, la envidia, las maldiciones la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (vv.20-23). “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida”,   (Proverbios 4: 23). Según de quien sea el corazón así será la persona. Si el corazón se ha convertido en el trono de Satanás, los deseos homicidas del Malvado serán los pensamientos que se incubarán en el corazón: “Adulterios, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios” (Gálatas 5. 19-21). Si en el corazón se ha levantado el trono en que sienta el Rey Jesús, en él se incubarán pensamientos de: “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5: 22, 23).

El hombre que por nacimiento natural está muerto en sus pecados y delitos solo le preocupa la apariencia externa. Presume de poder mantener a raya las pasiones carnales que brotan de su corazón, atacando los frutos externos que nacen de los pensamientos corruptos que se incuban en el corazón. No lo consigue porque no desarraiga la raíz. Debido a dicha impotencia cuanto más fuerte sea la lucha contra las malas obras más intensa será la frustración.

Cuando por la gracia del Señor uno se da cuenta de la maldad del corazón y pone su confianza en el Señor, confesará: “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor, y tu perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 36: 5). Pecado perdonado, alma llena de gozo que no se marchita.