dissabte, 15 d’abril del 2023

 

SALMO 31: 19

“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!”

La grandeza de la bondad de Dios no es universal. Tiene que anunciarse, sí, a todas las naciones lo que significa que tiene que llegar a todas las personas. El texto que comentamos limita la bondad a los que le temen y esperan en Él. “Muchos son llamados, mas pocos escogidos” (Mateo 20: 16).

El texto que comentamos dice la ha guardado para los que le “temen”, la ha “mostrado “a los que esperan en (Él) delante de los hijos de los hombres. No es una bendición que permanece en secreto sino que lo secreto del alma trasciende a “los hijos de los hombres”. “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12: 34).Lo que habla la boca depende de lo que llene el corazón. Si los hombres son víboras como Jesús cataloga a los fariseos, entonces la boca vomitará veneno. Pero si el corazón del hombre está lleno del amor y de la misericordia de Dios de los labios de los hombres saldrán palabras de vida eterna. “De la abundancia del corazón habla la boca”, para bien o para mal.

Jesús refiriéndose a los suyos, dice. “Vosotros sois la luz del mundo, una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz  delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen  a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5: 14-16).

El creyente en Cristo que se ha convertido en la luz del mundo es un personaje público que recibe el mismo trato que se le dio a Jesús cuando transitaba por los caminos de la Tierra Prometida: “Si a mí me han perseguido, también a vosotros perseguirán” (Juan 15: 20). Podemos argumentar que Jesús era Dios y nosotros personas pecadoras y débiles, cierto. Pero no debe olvidase que Jesús, que nos conoce mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos, en la oración sacerdotal que dirige al Padre, no pide que a los suyos los quite del mundo sino que los guarde del mal (Juan 17. 13). En la ausencia de Jesús,  el Padre a quienes ha entregado al Hijo y que por la fe en Éste se han convertido en hijos de Dios por adopción.

Volvamos al salmo 31. Satanás insta a los suyos a aborrecer a Dios y a su pueblo. Es inevitable que Satanás por medio de sus hijos lance dardos de fuego contra los hijos de Dios. Pero Dios los protege. Veamos cómo David describe esta protección: “En lo secreto de tu presencia los esconderás de la presencia del hombre, los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas” (v. 20).


 

OSEAS 6: 6

“Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocausto”

A pesar de que la mayoría de las personas vivan sin Dios y sin esperanza, aún queda en ellas una vislumbre de haber sido creadas a imagen de Dios. Por su condición humana, no bestial,  son religiosas aunque lo sean sin ciencia. La característica de esta incontable multitud que son religiosas de forma, pero no de contenido, se practica un ceremonial muy elaborado.

El texto que comentamos dice que a Dios no le gustan los sacrificios ni los holocaustos, es decir la parte externa de la religiosidad. Los receptores del mensaje del profeta eran muy ritualistas. Al Señor no le place el ritualismo. Los ritualistas creen que cuanto más ostentoso sea el ritual más satisfecho estará Dios y así alabará sus excesos ceremoniales. De la misma manera que los antiguos israelitas tenían los ojos puestos en lo externo del candidato a ser rey y se olvidaban que Dios “no mira su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho, porque el Señor no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16: 7).

En el culto, ¿qué es lo que le place a Dios? Según Oseas: un corazón misericordioso y el conocimiento de Él. El corazón del hombre deja de ser ruin cundo por la fe en el Nombre de Jesús el hombre se convierte en un hijo adoptivo de Dios y el Espíritu Santo mora en el creyente que se convierte en templo de Dios. Esta persona es la que da fruto agradable a los ojos de Dios. Esto es lo que al Padre le agrada a ver. Lo que no es fruto del Espíritu es obra del diablo. Dios rechaza de lleno las obras del diablo por muy teñidas de religiosidad que estén.

La religión  que muestra ostentación procede del padre del religioso que no es otro que el Diablo, que en el aspecto humano procede de la descendencia de Adán no convertida al Señor: “Mas ellos, cual Adán, traspasaron el pacto” (v. 7). Cuando Adán se encontraba en el Edén gozando de una perfecta comunión con Dios se le ordenó que no comiese el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2: 17). Dios hizo con Adán un pacto y éste lo rompió. La descendencia de Adán se divide en dos grupos: hijos de Dios e hijos de Satanás. Los primeros son minoría. Los segundos mayoría. De ahí que los adoradores sean: sobrios u ostentosos. La filiación lo hace. Por nacimiento todos nacemos siendo hijos del diablo. Por la conversión a Cristo los hijos del diablo se convierten en hijos de Dios por adopción. El cambió de paternidad se refleja en la adoración que de la ostentación engreída se pasa a la austera que manifiesta el cambio ocurrido en el corazón.

 

 

diumenge, 9 d’abril del 2023

 

ÉXODO 20: 3,5

“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo…No te inclinarás a ellas, ni las honrarás”

Esta cita del Decálogo es suficiente clara y entendedora. Como los hombres pretenden ser más papistas que el papa, creyéndose sabios se convierten en necios cuando envueltos en el esplendor de un concilio dictan sentencia: “Es necesario rendir honor y veneración digna a las imágenes, no porque en ella haya alguna divinidad o virtud que precia honrar o invocar, sino solamente porque veneramos por ellas lo que representan. Cuando nos quitamos el sombrero o nos arrodillamos  delante de ella, adoramos a Cristo que la imagen representa” (Concilio de Trento).

Tratar el tema de la idolatría viene al caso debido a la prolongada sequía que hará “asolada la tierra a causa de sus moradores, por el fruto de sus obras” (Miqueas 7: 13). E profeta advierte que el desierto en que se ha convertido Israel se debía al pecado de sus habitantes. Las palabras del profeta Jeremías son muy oportunas para solventar la crítica situación ecológica actual que nos puede llevar a una hambruna universal: “¿Hay entre los ídolos de las naciones quien haga llover? ¿Y darán los cielos lluvias? ¿No eres tú, Señor, nuestro Dios? En ti, pues, esperamos, pues tú hiciste todas esta cosas” (Jeremías 14: 22). Muchos son los textos que relacionan las sequías con el pecado del pueblo y que el arrepentimiento hace que Dios convierta el sequedal en vergel.

En estos días (abril 2023) el canal de televisión TV13, popularmente conocido como la televisión de los curas, anuncia una edición audible de la Biblia para acercar la Palabra de Dios al pueblo. La pregunta que me hago es: ¿De qué sirve fomentar el conocimiento bíblico si quienes deberían dar ejemplo de conocerla y obedecerla no se la saben ni por el forro? Es muy oportuno tratar el tema de la idolatría en ese tiempo de sequía. En una fotografía aparece el obispo de Solsona presidiendo una procesión encabezada por la imagen de la Madre de Dios del Torrents transportada a hombros. ¿Es que el obispo de Solsona que tendría que ser docto en el conocimiento bíblico desconoce el salmo que denuncia la procesión por él presidida? El salmo 115 denuncia su comportamiento nada pastoral: “Nuestro Dios está en los cielos, todo lo que quiso ha hecho. Los ídolos de ellos son plata y oro, obra e manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta” (vv. 3-7).

La procesión mencionada fue el resultado de una iniciativa popular propiciad por la extrema sequía actual. El obispo de Solsona ha perdido la oportunidad de oro de instruir a sus feligreses en los caminos del Señor según enseña la Biblia. Ha dejado escapar la ocasión de guiar a las ovejas descarriadas que el Buen Pastor le ha confiado para que las lleve al redil a salvo de las garras de Satanás.


 

GÉNESIS 39: 20, 21

“Y tomó su amo  José y lo puso en la cárcel…Pero el Señor estaba con José y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel”

Se dan situaciones en que las personas se encuentran inmensamente solas. Nos podemos imaginar la soledad de José en representación de todos los encarcelado, de los ancianos recluidos en una residencia, de los enfermos confinados en la habitación de un hospital, de los que en medio de una multitud se sienten solos. Se dan múltiples circunstancias en las que internamente nos sentimos solos. Se intenta superar la soledad del alma con múltiples actividades que nos distraen y que no llenan el vacío existente en lo más profundo de nuestra alma. Momentáneamente nos sentimos acompañados en apariencia. En realidad no lo estamos. Nos sumergimos en una vorágine de actividades con lo que se consigue que la angustia, la ansiedad…nos consuman.

La persona que no tiene a Dios en su corazón puede incluso ser muy religiosa. La práctica religiosa se convierte en un dueño que esclaviza con sus exigencias. Pero Dios no acepta la religiosidad externa. Se fija en el corazón y se da cuenta que está vacío. El Señor quiere que seas feliz. Que tengas un corazón gozoso. Se acerca a ti para decirte: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo, si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y comeré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3: 20). “Dios hace habitar en familia a los desamparados” (Salmo 68: 6).

El pecado produce un estruendoso ruido dentro del corazón que no permite oír la dulce y suave voz del Señor que como “silba apacible” susurra al oído: Estoy a la puerta y te llamo. Ábrela y entraré en ti y permaneceré para siempre en tu alma. Estés donde estés: En la habitación de un hospital, aislado en la celda de castigo d una cárcel, solitario en medio de la multitud, Jesús es el verdadero amigo de los pecadores. Por ser humano eres pecador. Confiesa tus pecados a Jesús. Él te perdonará como lo hizo con el ladrón que colgaba a su lado en la cruz que volviendo en sí le dijo al Señor clavado en la cruz que tenía a su lado: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. Jesús le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23: 42, 43). Tal vez no te encuentres en el umbral de la muerte. Quizás tardes años en fallecer. Quizás la oportunidad que tienes ahora de arrepentirte no se te vuelva a presentar. Si le dices a Jesús ahora: Acuérdate de mí  ahora que estás en tu reino, ten por cierto que comenzarás a disfrutar el paraíso aquí en la Tierra

 

 

 

 

MENTIRA INFERNAL

<b> ¿Con qué pecadillos nos mostramos más indulgentes? “Con la mentira. A veces es incluso necesaria” (Paz Vega) </b>

“Ahora que estamos en campaña electoral (si es que alguna vez hemos dejado de estarlo) deberíamos recordar a los guionistas que arman el argumento a los candidatos que tienen una enorme responsabilidad con lo que dicen. Un planteamiento erróneo u ofensivo pensado para el corto recorrido de la campaña política puede tener consecuencias indeseables. Es como el que tira una piedrecilla  a la cima de una montaña nevada y en su trayecto hacia el valle se convierte en una bola de nieve gigante que arrasa todo lo que encuentra en su camino, incluso al incauto candidato. Este texto lo escribe <b>Enrique Sierra</b> en el contexto del mal intencionado cartel que pedía echar fuera de Barcelona a los enfermos de Alzheimer, deseo que se ilustra con las fotos de los hermanos Pascual y Ernest Maragall. El todo se vale en política es como dice    <b >Sierra<b> la piedrecilla lanzada a la cima de una montaña nevada que en su trayecto hacia el valle se convierte en una bola de nieve gigante que arrasa todo lo que encuentra en su camino hacia el valle. La mentira aunque sea piadosa según la teología católica siempre se convierte en un boomerang de funestas consecuencias para quien la vomita.

“En estos últimos años hemos sido víctimas de un bombardeo. Los obuses no han hecho ninguna víctima mortal, ni tan siquiera existen lesiones que se puedan apreciar con los ojos. Los proyectiles no se han lanzado desde aviones del ejército, ni desde baterías de cañones, sino desde las cabeceras y titulares de los diarios, de los editoriales de las radios, las bocas de los locutores de telenoticias, desde las mesas llenas de micrófonos de las ruedas de prensa. Los soldados no iban de uniforme, ni llevaban galones, cascos y porras. Iban vestidos de calle, a menudo con americana y corbata. Por eso las heridas no son visibles, ya que las víctimas solo sangran por dentro” (<b>Ramón Camats</b>).

La periodista <b>Astrid Meseguer</b> entrevista a <b>Guillermo del Toro</b>, director de cine y le pregunta. “¿Qué momento es este?” El cineasta le responde: “Un momento en que la verdad y la mentira cruzan las líneas en la dialéctica que mantienen con el mundo muy claramente. La capacidad tan grande de engañarnos y de engañar, de ser crueles con los otros. Y aquella sensación que tenemos es muy apocalíptica, que es que todo se terminará en los siguientes dos minutos. Vivimos en un momento social muy comprometido. Hemos llegado al punto en que no sabemos discernir qué es verdad de la mentira, y lo que es peor, no saber qué es real”.

<b>Pablo Casado</b> cuando dijo con faz airada que en Cataluña los maestros prohíben ir al  wáter  a los niños que se lo  pidan en castellano o que les ponen piedras en la mochila si en el recreo hablan en castellano, ya sabía que lo que decía era mentira. Los intereses  políticos prevalecían sobre la verdad. Cuando en marzo de 2023 telemáticamente compareció ante el juez cínicamente dijo que no había contrastado la noticia leída en los medios de comunicación. El mal ya había sido  hecho y un leño más se añadió  en la hoguera de la intolerancia, la confrontación y el odio.

Lector, con el fin de ayudarte a comprender porque la mentira está tan generalizada y haciendo estragos por doquiera, transcribiré dos textos que aportan luz a un proceder que tanto daño ocasiona:

“Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. he aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos  obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves, aunque tan grandes y llevadas por impetuosos vientos, son gobernadas por un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un viento pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana, pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma obertura agua dulce y amarga?  Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce” (Santiago 3: 1-12).

Jesús añade más claridad a las palabras de Santiago. A los fariseos que se consideraban justos, es decir buenas personas Jesús les llama hipócritas, es decir, mentirosos: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la  verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8: 44). Jesús casa homicidio con mentira. Esta es la razón porque la mentira engendre tanto odio y violencia. Los mentirosos vomitan el veneno que Satanás inyecta en sus corazones.

Octavi  Pereña i Cortina

 

dissabte, 1 d’abril del 2023

 

0H VIDA, ¿DÓNDE ENCONTRARTE?

<b>Jesús es la resurrección y la vida</b>

Poco antes de morir <b>Claudio Naranjo</b> su hijo le preguntó: “¿Crees que la gente sabe que morirá? El padre le respondió: “Sí que lo saben, pero no lo sienten. Si lo sintiesen se convertirían en buenas personas”.

El patriarca Jacob que sentía que la muerte acechaba en la esquina llamó a sus hijos para decirles: “Juntaos, y os declararé lo que ha de acontecer en los días venideros”  (Génesis 49: 1). Cuando Jacob terminó de dar las instrucciones a sus hijos “encogió sus pies en la cama, y expiró, y fue reunido con sus padres” (v. 33). Jacob fue un hombre que sabía que la guadaña estaba lista para segar su vida terrenal. También era consciente que este acontecimiento no le afectaba individualmente ya que tenía la trascendencia de permitir reunirse con todos los hijos de Dios previamente fallecidos. Dios no es un Dios de muertos sino de vivos. El apóstol Juan en una visión ve al Cordero (Jesús), “y con Él ciento cuarenta y cuatro mil que tenían el Nombre de Él y el de su Padre escrito en la frente” (Apocalipsis 14: 1). Las almas de los fallecidos en Cristo van directamente a la presencia de Dios esperando el día que el Señor resucite sus cuerpos para pasar juntos con Él toda la eternidad. “Bienaventurados de aquí en adelante, todos los que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (v. 13). En Cristo la vida y la muerte tienen sentido.

El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia en Filipos les expone el dilema de seguir aquí en la Tierra o morir: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1: 21). Sigue escribiendo: “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (v. 23).

Para el incrédulo hablar de la muerte le es un tema incómodo del que no quiere oír hablar, pero sí que tiene que oír hablar de ella si es que desea que su vida tenga sentido. El secreto de la vida se encuentra en Jesús muerto y resucitado, acontecimientos que se recuerdan muy superficialmente el Viernes Santo y Domingo de Resurrección cuando los placeres sensuales acaparan la atención. Hablar de resurrección provoca rechazo. Cuando el apóstol Pablo habló de ello a los atenienses, éstos le dijeron: ya hablaremos de ello otro día. El otro día jamás llegó. Pero no querer hablar de la resurrección no significa que no exista. El secreto de la resurrección para vida o para muerte se encuentra en la resurrección de Jesús: “Y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida, mas los que hicieron lo malo a resurrección de condenación” (Juan 5: 29). A los negacionistas el apóstol Pablo les aporta  el testimonio de los testigos presenciales (1 Corintios 15: 3-8). Quienes niegan la resurrección de los muertos como alternativa presentan la transmigración de las almas lo cual los convierte en los más desgraciados de los hombres pues si Jesús no ha muerto y resucitado para salvación de los pecadores, siguen murtos en sus delitos y pecados. El apóstol Pablo después de dar el dato que más de quinientas personas dan fe de la resurrección de Jesús, como traca final aporta su testimonio: “Y al último de todos,  como a un abortivo, me apareció a mí” (1 Corintios 15: 8).

La resurrección es imprescindible porque “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorruptibilidad” (v. 50). A continuación desvela el secreto de la resurrección: “He aquí os digo un misterio: No todos dormiremos (moriremos), pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados” (los vivos en el momento de producirse la resurrección, sin pasar por la muerte, sus cuerpos mortales serán transformados en inmortales e incorruptibles), porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, se cumplirá la palabra que está escrita: sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está oh muerte, tu agujón? ¿Dónde oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la Ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”  (vv. 1-57).

Las muertes violentas que nos informan los medios de comunicación  y las defunciones plácidas que  nos anuncian las esquelas se encargan de recordarnos que la muerte acecha en la esquina. Lo triste es que no se hace caso a la información recibida que por repetitiva tendría que despertarnos del letargo. No debería ser así porque la muerte es la puerta de entrada a la eternidad. Si damos excesiva importancia a las cuestiones humanas que son efímeras, con mayor motivo tendría que preocuparnos la muerte por la trascendencia que tiene. Si no existiese la eternidad bien podríamos decir: “Comamos y bebamos que mañana moriremos”. La eternidad es un tiempo que no tiene fin. La condición en que se entra es irreversible. Es imprescindible apartarse del mundanal ruido. Refugiarse en un lugar tranquilo y reflexionar sobre la muerte y el misterio que descubre la Biblia. El tiempo dedicado a investigar y a reflexionar sobre un tema de tanta trascendencia será la mejor inversión que hayamos podido hacer ya que permitirá decidirnos por Jesús que da VIDA ETERNA.

Octavi Pereña i Cortina

 

PROVERBIOS 17: 22

“El corazón alegre es buena medicina, mas el espíritu triste seca los huesos”

El diablo como “padre de mentira” es el maestro del engaño. Sabe que el ser humano busca la felicidad y se la facilita de manera tramposa. A los sedientos de felicidad  se la ofrece de mil maneras. Los cómicos hacen reír aun cuando sea de manera forzada. Las personas ríen sus sandeces pero son risas que no reflejan el corazón alegre del que nos habla el texto que comentamos. El espíritu triste se intenta alegrarlo con la risoterapia. Todas las maneras artificiales  de hacer reír tienen algún parecido con los parches que se ponen en las carreteras para hacer desaparecer los hoyos que se han producido con el desgaste cundo lo que se necesita es un cambio del firme.

¿Cómo conseguir el corazón alegre que es la buena medicina contra la tristeza de corazón? La única manera de alcanzarlo es con cambiar el corazón. No un corazón viejo parcheado con risa artificial. Se necesita un corazón nuevo en el que resida de manera permanente el “gozo del Señor”. Si no es así, el corazón triste seguirá secando los huesos. Sequedad que marchita el ánimo que es la fuente del mal carácter, del subirse por las paredes al más mínimo inconveniente. El rostro es el reflejo del alma. La risoterapia no puede borrar la tristeza del alma.

Vayamos al grano. Examinemos nuestro corazón. Se dice que los payasos que se ganan la vida haciendo reír a las personas no consiguen liberarse de sus penas guardadas en lo profundo de sus corazones. Son las personas más tristes que nos podamos imaginar. En la Grecia clásica a estas personas se las llamaba hipócritas, no en el sentido despectivo que hoy tiene la palabra. Cuando salían al escenario se ponían una careta que simbolizaba el personaje que representaban. De ahí que hipócrita signifique falso, lo que no es verdadero. De ahí que millones de personas andan por el mundo llevando puesta una careta que representa la felicidad cuando realmente tienen corazones tristes. Abandonemos ser felices-hipócritas. Quitémonos la careta y examinemos nuestro corazón a la luz del Sol de Justicia que es el Señor Jesucristo y nos daremos cuenta de lo que en realidad somos.

No nos engañemos. Seamos honestos con nosotros mismos. Reconozcamos que tenemos un corazón triste, marchito, que seca los huesos, lo cual nos llena de infelicidad y amargura. Vayamos a Jesús que es la buena medicina que transforma nuestro corazón triste en uno que genera un gozo permanente. Los contratiempos de la vida, que son muchos, no consiguen borrar el gozo con el que el Señor Jesús llena nuestro corazón.


 

EZEQUIEL 14: 8

“Y pondré mi rostro contra aquel hombre, y le pondré por señal y por escarmiento, y lo cortaré de en medio de mi pueblo, y sabréis que yo soy el Señor”

Algunos ancianos de Israel acudían al profeta Ezequiel en busca de consejo. El Señor le habla al profeta y le dice: “Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he de ser yo en modo alguno consultado por ellos?” (v.3). El Señor no puede ver con buenos ojos a aquellos que le han convertido en imágenes a semejanza de hombres y animales. Los idólatras pueden guardar las formas del culto verdadero pero el Señor no les puede prestar atención de ninguna de las maneras porque conoce la hipocresía que se esconde en sus corazones.

El profeta que habla en Nombre de Dios sin que Éste le haya enviado, y quien escuche al profeta, “llevarán ambos el castigo de su maldad, como la maldad de quien consulte, así será la maldad del profeta” (v. 10).

La relación del creyente con Cristo es como la de la esposa con el Esposo. Tiene que ser de total fidelidad. Los hombres toleramos los matrimonios mixtos: creyentes con no creyentes;  católicos con protestantes. Dios no acepta de ninguna manera que sus hijos validen el matrimonio mixto. Los israelitas  tenían totalmente prohibido que se casasen con gentiles porque este tipo de matrimonio los llevaría a adorar a los dioses de los conyugues gentiles. La prohibición era rotunda. Pero la desobedecieron y la consecuencia fue: “Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiese puesto sus  ídolos  en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniese al profeta, yo el Señor responderé a que venga conforme a la multitud de sus ídolos” (v. 4). La consecuencia de la idolatría de los israelitas fue que Asiria conquistó el reino de Israel y Babilonia el de Judá. El templo de Jerusalén fue destruido, reedificado y vuelto  destruir, hasta nuestros días. La desobediencia al Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo se paga cara.

El templo de Jerusalén como lugar de encuentro con Dios ha dejado de ser. Jesús lo deja bien claro cuando conversando con la samaritana le dijo: “Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre…Mas la hora viene y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Juan 4: 21, 23). Jesús dijo: “Yo soy l camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14: 6). La fe en su Nombre es lo que mantiene abierta la comunicación con Él.

 

diumenge, 26 de març del 2023

 

EL BUEN PASTOR

<b>Si no existe vida eterna, ¿qué valor tiene la vida?</b>

“Una de las cuestiones clave a las que nos tenemos que enfrontar es si nuestras vidas acaban después de la muerte. La creencia en la eternidad determina nuestros hechos. Por lo tanto, es crucial determinar qué hay de mortal en nosotros, qué hay de eterno, y que atesoremos la parte eterna. La mayoría de las personas hace todo lo contrario” (<b>Blaise Pascal</b>).

He aquí el dilema: existencia más allá de la muerte o aniquilación en la muerte. Empezaremos por la segunda opción. Quienes no creen en Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo se consideran animales evolucionados que mueren como lo hacen las bestias. Sus cuerpos sirven de nutrientes que favorecen el crecimiento de las plantas y así la vida animal pueda seguir existiendo. En el fondo no están seguros de que su final sea este. Si la muerte es súbita como la de aquellas personas que mirando un partido de futbol en la tele cierran los ojos para no volver a abrirlos, o como la de aquellos que se acuestan y ya no despiertan, consideran que es la mejor manera de morir. No sufren y no hacen sufrir a los suyos.

El final no es siempre así. Para estos casos existen los equipos de atención domiciliaria cuyo trabajo “consiste en acompañar al final de la vida, permitiendo que salgan los miedos que uno no sabe a quién explicar cuando uno tiene una enfermedad avanzada y esté cerca la muerte. Ofrecer confort y vías para morir en paz, proporcionar todas las herramientas posibles para adaptarse a una situación que no se resuelve con medicinas” (<b>Ana Mcpherson</b>). Los miembros de los equipos de atención domiciliaria dan soporte emocional en quienes sufren dolencias de larga duración y, de alguna manera contribuyen a bien morir. Para muchos enfermos terminales el único soporte que tienen es el de sus familiares  y de los miembros de los equipos de atención domiciliaria que los ayudan en el viaje a la aniquilación de la mejor manera posible.

Por lo que hace a quienes creen en la existencia más allá de la muerte, me referiré en quienes creen en Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que es un Dios personal con quien el creyente puede mantener comunicación. Por un lado Dios habla por medio de la Biblia que, con sus palabras vivificadas por el Espíritu Santo se convierte en el libro de cabecera que conforta en los momentos en que la enfermedad angustia.

Pero la relación es bidireccional. De parte del creyente tiene a su disposición la oración. Mediante esta herramienta el creyente que yace en el lecho del dolor expone sus sentimientos al Padre celestial que le escucha de la manera  que solamente Él sabe hacerlo. Le unge con el bálsamo que mitiga el dolor del alma. La paz de Dios que sobrepasa  la comprensión humana, le invade. Además cuenta con las plegarias de los hermanos en la fe que son un refuerzo añadido ya que los creyentes en Cristo forman un solo cuerpo: “Y si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él” (1 Corintios 12: 26).

Una oración bíblica de la que se hace un mal uso porque se pronuncia en los funerales y acompaña los recordatorios. También se nos hace familiar por su presencia en los <i>westwerns</i>, el salmo 23 conocido como “el Señor es mi Pastor”. Digo que se hace un mal uso de este poema porque los difuntos no necesitan de nuestras oraciones intercesoras porque con el deceso queda sellado el destino eterno. Las oraciones a los difuntos no pueden influir en ellos.

El Salmo 23 memorizado  y recordado durante la duración de la enfermedad terminal sirve de mucho consuelo porque nos recuerda el misericordioso amor de Dios. Su autor, el rey David, durante su reinado sufrió muchas penalidades. Desconocemos por cuál de ellas escribió el poema. Mejor que sea así porque ello nos impide que seamos tentados a aplicarla en una en concreto y dejarnos desprotegidos del resto, que no son pocas.

Dice así el salmo: “El Señor es mi Pastor, nada me faltará/  En lugares de delicados pastos me hará descansar, junto a aguas de reposo me pastoreará. / Confortará mi alma, me guiará por sendas de justicia por amor de su Nombre. / Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo, tu vara y tu cayado me infundirán aliento. / Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores, unges mi cabeza con aceite, mi copa está rebosando. / Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días”.

¿No es una riqueza de valor incalculable saber que Jesús que es el Buen Pastor que dio su vida por las ovejas nos acompañará lo largo de todos nuestros días y de manera especial cuando la enfermedad terminal haga estragos en nuestro cuerpo?

Octavi Pereña i Cortina

 

ISAÍAS 6: 8

“Después oí la voz del señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?

<b>Juan Planellas</b> arzobispo de Tarragona, coincidiendo con el día del Seminario, escribe: “No podemos  dejar de hablar, evidentemente de vocaciones…Jesús te llama, ¿lo sabes? Jesús es el gran despertador que quita el sueño de los ojos para hacernos ver la realidad, y la realidad es Dios”.

Las vocaciones pastorales tan necesarias en tantas iglesias que carecen de pastor que en representación de Jesús, el Buen Pastor, guíen a los fieles a descansar en delicados pastos. La vocación pastoral no depende de la voluntad humana. Es el resultado de la elección del Buen Pastor que escoge a los hombres que en representación suya tienen que pastorear a las iglesias.

La elección del profeta en el ministerio pastoral es el modelo que se tendría que seguir hoy a la hora que las iglesias elijan a los hombres que tienen que pastorearlas.

El profeta  tiene una visión  de la gloria de Dios: ”Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto, porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Señor de los ejércitos” (v. 5). Los pastores tienen que ser hombres que tengan un auténtico conocimiento de Dios. No un conocimiento intelectual adquirido en las aulas de los seminarios, sino que previamente hayan experimentado un genuino conocimiento del Señor de la iglesia, es decir, hombres que hayan nacido de nuevo y que sean guiados por el espíritu Santo. Este conocimiento es el que produce en quienes el Señor escoge para pastorear a su pueblo un verdadero conocimiento de ser pecador: “¡Ay de mí! que soy muerto, porque siendo hombre inmundo de labios!”

El siguiente paso que conduce a la elección al pastoreado es: “Uno de los serafines, tomando en su mano un carbón encendido, cogido del altar con unas tenazas, dijo. He aquí, esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpiado tu pecado” (vv. 6, 7).

Una vez el profeta fue purificado de sus pecados es cuando el Señor se dirige a  Isaías y le dice: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? En respuesta a la pregunta del Señor Isaías le dice: “heme aquí, envíame a mí” (v. 8). Una vez el profeta acepta el encargo de ser un heraldo del Señor es cuando Jesús el Señor de la Iglesia le dice: “Anda, y di a este pueblo: oíd bien y no entendáis, ved por cierto, mas no comprendáis” (v. 9).  La gente oirá pero no creerá. No andarán por los caminos del Señor. El profeta en Nombre del Señor les dirá que se arrepientan, pero no lo harán. Seguirán sus propios senderos. El éxito del heraldo del Señor no está en contabilizar multitud de conversiones sino en ser fiel al mensaje recibido del Señor de la viña.

 MATEO 1: 20, 21

“José hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su Nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados”

Dios en su propósito de salvar a los elegidos por la fe en el Nombre de su Hijo Jesús utilizó a cinco mujeres: Eva por la que el pecado entró en el mundo. Tamar que se hizo pasar por prostituta y mantuvo relación sexual con su suegro. Rahab la prostituta gentil que recibió a los espías. Rut, la moabita y Betsabé  que adulteró con David. En el cumplimiento del tiempo a la virgen María que confiesa ser pecadora cuando dijo: “Engrandece mi alma al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque ha mirado la bajeza de su sierva” (Lucas 1: 46-48). Si María pudiese ver y oír lo que ocurre aquí en la Tierra, ella que “mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque ha mirado la bajeza de su sierva”, ¿qué pensaría al ver que la han divinizado hasta el punto de considerarla haber sido concebida sin pecado original y colocarla en la parte alta del pódium, por encima de su Hijo que es su salvador y convertid en corredentora con Él? A Jesús por María es el lema. Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, escribe: “Salgamos de nosotros mismos para ir a buscar a aquel que nos necesite. Pidámosle a María que nos guie en este camino cuaresmal, que ella nos anime a conocer y a amar cada día más a Jesucristo, muerto y resucitado”.

El apóstol Pedro refiriéndose a la sabiduría que le ha sido dado al apóstol Pablo, escribe: “Casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas, entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”. (2 Pedro 3: 15, 16). A continuación el apóstol Pedro  añade un fuerte aviso de alerta: “Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error, caigáis de vuestra firmeza” (v. 17).

El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia en Éfeso, es dice: “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad” (6: 14). Cristo es la Verdad de Dios hecha carne y la Biblia es la  Verdad  de Dios que los hombres inspirados por el Espíritu Santo para salvación nuestra. Seamos imitadores de los cristianos de Berea “recibieron la Palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17. 11).