diumenge, 19 de març del 2023

 

SATANÁS DESENMASCARADO

<b>Si no se cree en Satanàs es imposible entender el desbarajuste político</b>

El título del escrito de <b>Jordi Satorra i Marín<b>:<i> El poder del diablo</i>. Su lectura me ha decepcionado. Esperaba encontrar alguna referencia bíblica pero no he encontrado ninguna. Únicamente se haya filosofía. En mis escritos es inevitable que me refiera al diablo porque sin él es totalmente imposible entender el comportamiento humano que nos lleva a la bancarrota. Al escrito de <b>Satorra</b> le acompaña la reproducción de una pintura que muestra a un hombre tendido en el lecho soñando en un demonio que toca el violín. La representación del diablo no se ajusta a la realidad.  Como tampoco lo hacen los grupos de diablos que en las celebraciones populares, los actores disfrazados de diablos vestidos de rojo, cuernos, cola y tridente en la mano brincan esparciendo fuego y humo. Este diablo folclórico nada tiene que ver con el real. El demonio imaginario entretiene. El existente tendría que causarnos miedo. En tanto nos quedemos con el diablo festivo, el espiritual se frota las manos de satisfacción al ver que no oponemos resistencia a sus malvados actos.

¿Cuál es la causa de que en el mundo haya tanto sufrimiento?  La Biblia nos da detalles de una dimensión espiritual que no se puede encontrar en ningún otro lugar: El mundo angélico y un ser maligno: Satanás y sus secuaces  los demonios que son encarnizados enemigos de Dios y e todos quienes creen en Él. Satanàs y sus huestes son seres espirituales, incorpóreos, que no pueden plasmarse en una ilustración.

Los dualistas creen en la existencia de dos dioses: el del bien y el del mal. La Biblia nos enseña que existe un solo Dios. El resto es creación suya. Dios habla con Job, el patriarca del sufrimiento y le dice: “¿Dónde estabas tú, cuando yo fundé la Tierra? Házmelo saber si tienes inteligencia…Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios” (Job 38: 4, 7). Las palabras que Dios le dice a Job dan a entender que los ángeles fueron creados antes que la Tierra y el espacio sideral. Si Dios dice que todo lo que creó era bueno, ¿cómo es posible que unas criaturas perversas y malignas como Satanás y sus seguidores existan? La Biblia da respuesta a la pregunta: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo, en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte, sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Isaías 14: 12-14). Estos pensamientos de Lucero están impregnados de orgullo. ¿Cómo es posible que en un ambiente cien por cien puro pudiesen brotar pensamientos pecaminosos? Es un misterio. Podremos darnos cabezazos contra la pared en el intento de descifrar el misterio, con ello, lo único que conseguiremos es desarrollar filosofía especulativas que no resolverán el enigma. Aun cuando no lo entendemos, lo cierto es que Satanàs y sus diablos existen y que nos hacen la puñeta.

Cuando Jesús llama a Satanás “el príncipe de este mundo”  (Juan 14. 30), parece indicar que Lucero antes de rebelarse contra su Creador se le había encargado del gobierno de la Tierra y que a pesar de haber sido despojado de su autoridad sigue ocupado en hacer todo el mal que le sea posible. “Y los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día” (Judas 6). Tal como enseña el libro de Job satanás tiene una capacidad limitada de hacer el mal (Job 1: 12; 2: 6). ¿Por qué Dios no lo fulminó y lo hizo desaparecer? Es una pregunta que de momento no tiene respuesta.

Cuando Dios crea al hombre y lo instala en el jardín de Edén, Satanás lo considera amigo de Dios. El odio que siente hacia el Creador lo vuelca también hacia el hombre y maquina su destrucción. Conociendo la prohibición dada por Dios a Adán y Eva de no comer el fruto del árbol prohibido (Génesis 2: 16, 17), desde aquel lejano tiempo hasta nuestros días, la enemistad que siente hacia el hombre no ha disminuido ni una décima: “Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4: 7). El diablo es muy seductor. Resistirle consiste en negarle el más mínimo contacto. Eva quiso dialogar con  él y cayó en la trampa. La Iglesia Católica pretende luchar contra la posesión satánica mediante los exorcismos que ejercen personas autorizadas que siguen al detalle las instrucciones que contienen los manuales de exorcismos escritos por personas calificadas.

La Biblia da instrucciones que deben seguirse para luchar con éxito contra Satanás: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6: 10-12).

La lucha contra Satanás no es un juego de ordenador. Es una guerra tan real como la de Ucrania que tantos quebrantos nos da. Como en todas las guerras los soldados tienen que ir equipados con los pertrechos adecuados. El apóstol Pablo simbólicamente describe el equipo que el hombre tiene que llevar en su lucha contra Satanás. (Efesios 6:13-18).

“Velad y orad”, dijo Jesús a sus discípulos. El apóstol Pablo también nos alerta: “Pero si nuestro Evangelio está encubierto, entre los que se pierden está encubierto, en los cuales el dios de este siglo (Satanás) cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca  la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4: 3, 4).

Octavi Pereña i Cortina

 

 

2 CRÓNICAS 15: 1

“Y vino en Espíritu de Dios sobre Azarías, hijo de Obed”

Cuando Azarías fue investido por el Espíritu de Dios “salió al encuentro de Asa”, el rey y le dijo: “El Señor estará con vosotros, si vosotros estáis con Él, y si le buscáis, será hallado de vosotros, mas si le dejáis, Él también os dejará. Muchos días ha estado Israel sin verdadero Dios y sin sacerdote que enseñase y sin ley” (vv. 2, 3).

Hasta el día que el Espíritu de Dios ungió a Azarías las puertas del templo permanecían abiertas y los sacrificios seguían haciéndose diariamente tal como estaba establecido. Pero la religión que  se practicaba de manera rutinaria, los participantes ignoraban el significado del ritual del que participaban.

Se necesita tener valor. Dios lo concede a quienes llena con su Espíritu, para emprender una acción en su Nombre. El encargo que Azarías recibe de Dios es anunciar al rey un mensaje de arrepentimiento. “Oídme Asa y todo Judá y Benjamín” (v. 2). El profeta pide al monarca y a todo el pueblo que escuchen el mensaje que ha recibido de Dios para que lo transmita a ellos: “El Señor estará con vosotros, si vosotros estáis con Él”. El ceremonialismo vacío de contenido es pura hipocresía y la hipocresía es abominable a los ojos del Señor. Para conseguir la paz que Dios concede a los hombres es necesario que éstos se vuelvan a Él de todo corazón.

En religiosidad creo que ningún pueblo ha superado a los israelitas. Dios habla claro. Nunca dice medias verdades: “Muchos días ha estado Israel sin verdadero Dios y sin sacerdote que enseñase y sin ley”. Cuando ves por televisión una misa pontifical con arzobispos u obispos presidiéndola y el numeroso séquito de oficiantes colaboradores que siguen al detalle el elaborado ritual diseñado para la ocasión con rostros inexpresivos, para impactar a los asistentes y a los tele espectadores. Si hoy Dios llenase a alguien con el Espíritu que dio a Azarías, ¿no se vería obligado a decir este mensajero al pueblo “Muchos días ha estado……(ponga el lector el nombre de su pueblo) sin verdadero Dios y sin sacerdote que enseñase y sin ley”?

“Cuando oyó Asa las palabras y la profecía del profeta Azarías cobró ánimo, y quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Judá y de Benjamín” (v. 8). Se inició una reforma religiosa. Las reformas no son permanentes. Si no se renueva el compromiso de desechar los ídolos para servir únicamente al Padre de nuestro Señor Jesucristo, duran lo que los fuegos artificiales. Unos segundos y desaparecen. La Iglesia tiene que permanecer en un permanente estado de reforma, lo cual exige arrepentimiento continuado porque el pueblo de Dios a pesar de ser santo a la  vez es pecador. Para ello es necesario que Dios levante periódicamente a nuevos Azarías llenos del Espíritu Santo que abran los corazones de las personas a entender las Sagradas Escrituras y fuerza para practicar las enseñanzas recibidas.


 

SALMO 80: 12, 13

“¿Por qué aportillaste sus vallados y la vendimian todos los que pasan por el camino? La destroza el jabalí, y la bestia del campo la devora”

“Oh Pastor de Israel, escucha, tú que pastoreas como ovejas a José”. Con estas palabras el salmista inicia el poema. Es la declaración de fe de una persona que creyendo en Dios vive en zozobra. Se presenta delante del Señor como representante de su pueblo: Oh Dios, restauramos, haz resplandecer tu rostro y seremos salvos” (v. 3).

El salmista le recuerda a Dios: “Hiciste  venir una vid de Egipto, echaste las naciones y la plantaste, limpiaste sitio delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra” 8vv. 8, 9). El salmista simbólicamente describe a Israel como una viña que el Señor sacó de Egipto con brazo fuerte para plantarla en la Tierra Prometida en donde arraigó con fuerza y se multiplico exuberante: “Los montes fueron cubiertos de su sombra, y con sus sarmientos los cedros de Dios. Extendió sus vástagos hasta el mar, y hasta el río sus renuevos” (vv.10, 11). Simbólicamente el salmista describe la prosperidad con que Dios bendijo a su pueblo. Pero Israel fue una nación que desobedeció a Dios su Rey y la desobediencia condujo a que Dios retirase su mano con la que bendijo abundantemente a su pueblo.

La viña que el Señor Dios sacó de Egipto para plantarla en la Tierra Prometida la rodeó con vallado de protección. Ahora que la mano protectora del Señor se ha retirado, el salmista en representación de un pueblo infiel clama al Rey: “¿Por qué aportillaste sus vallados y la vendimian todos los que pasan por el camino? La destroza el jabalí, y la bestia del campo la devora”. “Por esto fue entenebrecido nuestro corazón, por esto se entenebrecieron nuestros ojos, por el monte de Sión” (Jerusalén), “que está asolado, zorras andan por él” (Lamentaciones 5: 17, 18). Los enemigos de Israel tenían restringida su actividad bélica. Ahora la restricción de levanta y emprenden los ataques para apropiarse de sus riquezas almacenadas.

Este salmo tendría que hacernos reflexionar profundamente. ¿Por qué después de unos años en que hemos andado en la abundancia. A esta época de vacas gordas le siguen estos  de vacas flacas, de calamidades interminables? La situación debería hacernos acudir a Dios  y hacerle la pegunta que le hizo el salmista: “¿Por qué aportillaste sus vallados y la vendimian todos los que pasan por el camino? La destroza el jabalí, y la bestia del campo la devora?”. Apliquémosla a nuestros días: ¿por qué los jabalíes, los conejos y otras bestias salvajes invaden los ampos y destruyen las cosechas y con ello el hambre y la enfermedad? Debido a que hemos desechado a Dios que nos ha bendecido abundantemente, Él nos ha rechazado. ¡He ahí las consecuencias de nuestros pecados. Volvámonos a Él. Confesémosle nuestros pecados. Caminemos en novedad de vida y Él volverá a bendecirnos de la manera que lo considere más conveniente.

 

diumenge, 12 de març del 2023

 

FELICIDAD, ¿DÓNDE ENCONTRARLA?

<b>El ser humano es la única criatura que siente la necesidad de ser feliz</b>

“La felicidad solamente nos recuerda aquello que nos hace sentir así” (<b>Dennis Lahore</b>). Según esta definición ser feliz consiste en el recuerdo de momentos agradables del pasado. Esto no es felicidad. Los recuerdos agradables no hacen feliz a nadie. Dichos recuerdos son añoranza.  La publicidad vende felicidad. Con imágenes sugerentes pretende hacernos creer que se encontrará la felicidad: haciendo un crucero por los fiordos nórdicos o por el Mediterráneo o a un país exótico. Se tienen muchas sensaciones de felicidad durante el viaje de ensueño que se nos ha prometido. .No olvidemos los diversos inconvenientes que se producen durante el recorrido  De regreso a casa nos reunimos con amigos y familiares para mostrarles fotos y vídeos para mostrarles  lo maravilloso que ha sido el viaje. Se comentan las buenas impresiones que nos ha dejado el viaje. Ignorando, pero, qué es ser feliz. Los sentimientos y emociones son irreales.

<b>Jordi Labanda</b> nos muestra a una pareja sentados en sendas tumbonas con un fondo azul sin nubes que presagien tormenta que pueda poner en entredicho las sensaciones felices del momento. Él mira a ella. Ella tiene la mirada puesta en el infinito. La imagen nos presenta a una pareja que está disfrutando de momentos inolvidables. Entre ellos se levanta un muro invisible que los separa. Él, dirigiéndose a su pareja, le dice: “¿Es que nunca podemos ser felices al mismo tiempo?” Labanda desmonta la publicidad de una agencia de viajes que vende: “cuanto más lejos más juntos”

J L Martín en una de sus viñetas tan simpáticas nos presenta a Quico Jubilata hablando sentado confortablemente en una butaca junto a su amigo Ernesto. Quico piensa. “Ernesto fue un destacado ejecutivo de publicidad, y ahora presume de jubilación tranquila”. En la siguiente escena Ernesto explica en qué consiste su jubilación tranquila: “Cada mañana me paseo por la playa, un poco de bici, leer el diario al sol…” En el siguiente acto Ernesto sigue explicando sus aventuras de jubilado: “Como en casa, una siestecita…” Quico interrumpe la lata que le está dando su amigo, preguntándole: ¿No te aburres un poco?” En la siguiente y última escena Ernesto abriendo la boca como si fuese un agujero negro y  con la potencia de un amplificador, grita: “¡¡COMO UNA OSTRA!!” Quica se mitra al lector como queriéndole decir: “¿Y tú qué?” “¿Eres como mi amigo Ernesto?”

<b>Karl Rahmer</b> hace esta reflexión: “Si los seres humanos no solamente dejamos de creer en Dios, sino que permitimos que la misma idea de Dios desaparezca de nuestras conciencias, nos convertimos en nada más que una serie de micos fuertemente inteligentes el fin de los cuales será una masa horrible para contemplarlos”. Tenemos ojos para ver pero la ceguera espiritual que oscurece nuestras almas no nos permite ver la realidad de lo que es el hombre sin Dios. ¿Nos vemos como micos fuertemente inteligentes como dice <b>Karl Rahmer</b>?

Si creemos que somos el producto de una evolución que está en marcha desde hace millones de años no somos nada más que una manada de micos súper inteligentes incapaces de alzar los ojos hacia el cielo que es de donde llega el socorro que necesitamos. A pesar de que son muchos los que creen que el hombre es el producto de la evolución materialista, la incredulidad no borra del todo que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Siente en lo profundo del alma la necesidad de ser feliz. Como no se considera criatura de Dios busca por caminos equivocados la felicidad que anhela profundamente.

Jordi Labanda y J L Martín nos muestran con claridad el resultado de buscar la felicidad exclusivamente en buscar satisfacer las exigencias de la sensualidad. El ser humano no es solamente materia, también es espíritu. La negativa de querer cultivar el espíritu es la causa de que la felicidad se aleje de su alcance como el agua o el viento se pierden al querer cogerlos con la mano.

La Declaración de Independencia de Estados Unidos garantiza el derecho que tienen los ciudadanos de vivir seguros y felices. Las intenciones de la Declaración son buenas, pero la evidencia es que la felicidad que garantiza la Declaración está a años luz de haberlo conseguido. El sueño americano es esto: un sueño.

Debido a que somos descendientes de Adán somos seres rotos. Jesús por la fe en su Nombre recompone la rotura dándonos un corazón nuevo, otorgándonos una paz intensa que no se puede volver a perder. Habiendo obtenido la paz de Dios es necesario que el ser humano la cultive día a día viviendo en conformidad a lo que exige ser un hijo de Dios por adopción. Se encuentra en el camino que lo lleva a alcanzar plenamente la paz de Dios en el día de la resurrección. Día en que el pecado habrá sido totalmente extirpado del creyente. En tanto no llegue este día los creyentes en Jesús nos encontramos en el proceso de despojarnos del viejo hombre que somos en Adán y nos revestimos del nuevo que somos por la fe en Jesús. La plena felicidad no se alcanza en este mundo manchado por el pecado. Se avanza hacia ella. En el día de la resurrección se disfrutará de la felicidad plena que ahora añoramos.

Octavi Pereña i Cortina

 

 

 

PROVERBIOS 18: 11

“Las riquezas del rico son su ciudad fortificada, y como un muro alto en su imaginación”

“Si se aumentan las riquezas, no pongas el corazón en ellas” (Salmo 16: 10). “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados por muchos dolores” (1 Timoteo 6: 10). Una muestra de textos bíblicos cuyo protagonista es el dinero.

El texto que comentamos explica porque hay tantas personas que aman el dinero: “Las riquezas del rico son su plaza fortificada”. Quienes acumulan riquezas piensan que poseerlas será una garantía para cuando llegue el día de las estrecheces. Se equivocan: “No aprovecharán las riquezas en el día de la ira” (Proverbios 11: 4). La Biblia nos muestra que las riquezas almacenadas por los poderosos servían  de botín para los invasores. No aprovechan en el día de la ira del Señor.

En una mala filosofía considerar en la imaginación que las riquezas son un muro alto de protección. Jesús nos advierte: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan, sino haceos tesoros en el cielo en donde ni la polilla  ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque dónde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”  (Mateo 6: 19, 20). El amor al dinero hace que pensemos exclusivamente en las cosas de este mundo. Las cosas eternas no interesan porque no se ven ni se pueden tocar. ¡Qué equivocados están quienes piensan así! La eternidad existe y Jesús quiere despertarnos del sopor que se ha apoderado de nosotros y nos hace desechar el tesoro eterno. Jesús nos sacude para que despertemos del letargo en que nos ha hecho caer Satanás para que no deseemos salir de la ratonera en que nos tiene cogidos.

Jesús narra a las multitudes que se reunían a su alrededor para escuchar las palabras de vida que pronunciaban sus labios la parábola del rico insensato. (Lucas 11: 13-21). No seamos de aquellos que tienen oídos para oír y no oyen. Uno de la multitud se acerca a Jesús para decirle que le diga a su hermano que comparta la herencia con él. Jesús le dice: “Mirad y guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee”. Un rico había multiplicado mucho los bienes que poseía. Está muy preocupado porque no sabe dónde guardarlos. Tiene una idea luminosa y se dice, ya sé lo que voy a hacer: los haré más grandes y diré a mi alma: “Alma, muchos bienes tienes guardados, para muchos años: Repósate, come, bebe”. ¡Date la gran vida! A esta persona ofuscada por las riquezas Jesús le dice: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”. ¡Ha construido  un muro alto en su imaginación!


 

2 CRÓNICAS 27: 2

“Pero el pueblo continuaba corrompiéndose”

En Judá reina Jotán. El resultado de su reinado: “He hizo lo recto ante los  ojos del Señor, conforme a todas las cosas que había hecho Uzías su padre, salvo que no entró en el santuario del Señor”. A pesar de que el pueblo pueda seguir corrompiéndose, un buen gobierno hace prosperar materialmente a una nación. Dios puede bendecir a un pueblo debido  a la piedad de los gobernantes, pero es una prosperidad temporal, efímera. Tan pronto como desaparecen los gobernantes piadosos, la impiedad popular contenida, sale del caparazón y vuelve a manifestarse con virulencia. Para los impíos el gobierno de personas piadosas ya les va bien porque pueden engrandecer sus almacenes y vender a buen precio las mercancías acumuladas.

La prosperidad material es una trampa porque nos hace creer que el bienestar que proporciona es lo que se necesita porque produce satisfacción sensual al permitir saciar los deseos de la carne. Las restricciones sensuales impuestas por la covid-19 al desaparecer la virulencia del virus han  vuelto a salir de la cueva en que se encontraba arrinconada la satisfacción de los deseos carnales. Los negocios prosperan y los ricos se hacen más ricos a la vez que los pobres son más pobres. Muchas son las personas y familias que dependen de la asistencia social, pública o privada. La existencia de esta capa de pobreza  nos dice que a la prosperidad le falta algo.

La prosperidad es muy volátil. Hoy nado en la abundancia y mañana me veo obligado a depender de la beneficencia u obligado a ejercer labores mal reenumeradas para mal subsistir. Los reinos de este mundo hoy son y mañana desaparecen. Al final del tiempo con la venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo se implantará el Reino de Dios Eterno. La ciudadanía de este reino glorioso sale de entre los ciudadanos de los reinos temporales que creen en Jesucristo como su Salvador. Ahora, mezclados entre los impíos disfrutan parcialmente de la ciudadanía del reino celestial. Mañana con la resurrección de vida de sus cuerpos hoy mortales y corruptibles, disfrutaran de la ciudadanía del reino de Dios en su plenitud. La fe que es regalo de Dios hace que la esperanza no sea en vano.

 

diumenge, 5 de març del 2023

 

TRANSICIÓN SEXUAL

 

<b>Las diversas opciones sexuales son desobediencia de la Ley de Dios</b>

“La gran diferencia entre el amor en la época de mis abuelos y padres y en las de hoy, es que nosotros tenemos una inmensa capacidad de elección romántica con acceso fácil a posibles relaciones de toda clase, a toda hora y en todas partes. Esta ilimitada capacidad de elección también genera reacciones indeseables, como el miedo de perder una relación mejor aunque tuvieses una de formidable” (<b>Carrie Junkins</b>, filósofa). La filósofa ha escrito el libro <i>Amor triste. Las relaciones amorosas y la búsqueda de sentido</i>. Si uno es hombre o mujer, ¿es que no tiene sentido ser tal como uno es? El sentido de la vida se le tiene que ir a buscar en otro  lugar que no sea el sexo. “Y Dios creó al hombre a su imagen, lo creó a imagen de Dios: Los creó macho y hembra” (Génesis 1: 27). Los creó sin ninguna carencia. El macho y la hembra en el matrimonio se complementan. La diversidad de opciones sexuales no tiene cabida en el modelo original porque es inmejorable. Dios vio que era bueno. Se dice que el deseo de cambiar de sexo se debe a problemas sicológicos. No se da en personas emocionalmente sanas.

El periodista le dice a <b>Daniela Requena<b>, periodista y mujer sexualmente reasignada: “Si uno de sus hijos machos quisiese transicionarse a mujer, ¿qué le diría? Respuesta. “Esto angustia a muchas familias. Reflexionaríamos juntos sobre la irreversibilidad de tratamientos hormonales y cirugías radicales. “¿Seguro que son irreversibles?, le pregunta el periodista. La respuesta que recibe de la entrevistada es: “Se dan personas arrepentidas en un punto en que ya es casi imposible revertir las consecuencias. Y esto es muy triste”.

“¿Por qué crece el número de personas que se transicionan?, se le pregunta a <b>Katheleen Stock</b>, feminista y analista. La respuesta que da es: “El sexo lo determinan los cromosomas. Tu sexo es una realidad biológica. Todas las células son de hombre o son de mujer. Si me hormono y me opero, ¿seré mujer?  Serás hombre con morfología de mujer. ¿Qué es una mujer? Una hembra que llega a edad adulta. Yo soy mujer, y aun cuando me injerte un pene  y me hormone seguiré siendo yo”.

Para entender la problemática de la diversidad de opciones sexuales tenemos que ir más allá de la salud sicológica. <b>Katheleen Stock</b> dice: “La mayoría son autistas”. El diccionario define autismo. “Enfermedad mental por la que el individuo tiene toda la actividad síquica dirigida hacia el interior, con la pérdida de contacto con el mundo circundante”. Esta deficiencia no responde a la pregunta: ¿Por qué uno no está satisfecho con su propio cuerpo? Tiene que existir algún motivo. ¿Cuál es? Cuando se hurga en el interior del alma del insatisfecho se encuentra el ateísmo. Esta filosofía expulsa a Dios de la propia existencia y hace la bondad en que fue creado el hombre que es macho y hembra, se pierda. De esta realidad nace la inconformidad con uno mismo que lleva al hombre a cometer toda una sarta de errores que en vez de corregir  la disconformidad que siente hacia sí mismo se agrave.

Cuando el salmista escribe: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19: 1), no tenía el conocimiento que se tiene hoy de la inmensidad sideral. Así y todo no cae en la necedad de negar la existencia de Dios. El apóstol Pablo hace  resaltar la creación como el medio que proclama la existencia de Dios: “Porque lo que de Dios se conoce le es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1: 19, 20). Se utiliza el comportamiento indigno de un sector clerical como excusa para negar la existencia de Dios. El mal comportamiento de algunos que se consideran siervos de Dios no debe utilizarse como excusa del ateísmo confesante. La creación hace pedazos este razonamiento y los hace “inexcusables”: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos,  y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios” (vv. 21, 22).

El negacionismo insensato de la existencia de Dios tiene sus consecuencias: “Por lo cual Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos” (v. 24). “Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas” (v. 26). “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (v. 28).

Si el lector se encuentra en la situación de dejarse guiar “por el corazón entenebrecido”, puede salir de la oscuridad. A la mujer adúltera a quien sus acusadores querían lapidar por haber transgredido la Ley de Dios, Jesús le dice: “¿Nadie te condenó?” Ella le respondió: “Nadie Señor. Y Jesús le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete y no peques más” (Juan 8: 10,11).

Quienes no andan dentro de la ortodoxia sexual enseñada por Dios a menudo son maltratados por los puritanos que defienden violentamente la pureza sexual. A la mujer adúltera Jesús la perdonó pero le dijo: “Vete y no peques más”. Si algún transicionado  perdonado por Jesús que ha pasado por una intervención quirúrgica, las consecuencias son irreversibles pero podrá andar gozoso en la novedad de vida que Jesús concede a quienes creen en Él como el único Señor y Salvador”

Octavi Pereña i Cortina

 

 

ECLESIASTÉS 8: 11

“Por  cuanto no se ejecute pronto sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal”

Jetro, suegro de Moisés cuando se percató que su yerno se hacía cargo en exclusiva de la administración de justicia y de las largas colas que se producían desde el amanecer hasta el atardecer, le dijo: Hijo mío no lo haces bien. Escoge de cada una de las tribus hombres sabios que se encarguen de atender los conflictos pequeños y tú resérvate los más graves. Moisés escuchó el consejo que le dio su suegro  y la administración de justicia se hizo más eficiente (Éxodo 18: 13-27).

El texto que comentamos es un toque de atención a la administración de justicia de nuestros días. A menudo algunos delitos prescriben porque no se resuelven con la rapidez necesaria o se permite que se pudran en el fondo del cajón. Además los abogados ponen palos a la rueda para dar largas al  dictamen de sentencia. A veces se pone como excusa la falta de personal, de material anticuado, de recursos. Con todas estas limitaciones no se puede administrar justicia debidamente. Aún falta un ingrediente que es imprescindible para una buena administración de justicia. He ahí el consejo que Jetro le da a su yerno:

“Oye ahora mi voz, yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los asuntos a Dios. Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer. Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia, y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo,  y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo” (Éxodo 18: 19-22)

Estas son las personas que tienen que administrar justicia en Nombre de Dios: “Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el  bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella, porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme, porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.” (Romanos 13: 3, 4).

Una buena administración de justicia es la que nos hace falta. Que resuelva los casos con prontitud y que dé su merecido a los malos, que evite que los delincuentes que acumulan cargos y que andan sueltos repitiendo sus fechorías. Esta es la justicia que hace grande a una nación.


 

MATEO, 16: 15

“Y les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Se encontraba Jesús en la región de Cesarea de Filipo. Zona salpicada de templos dedicados a los dioses paganos. En este lugar escogido por Satanás para levantar una fortaleza para luchar contra el Dios de Israel, lo escoge Jesús para preguntar a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos respondieron: Unos Juan el Bautista, otros  Elías, y otros Jeremías, o alguno de los profetas”

Imaginémonos que estamos con Jesús en el lugar en que nos encontramos en un lugar salpicado de templos dedicados  a santos, santas, vírgenes y Jesús nos hace la misma pregunta que hizo a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” ¿Responderíamos con la contundencia que lo hizo Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente?” Me temo que no porque son muchos que carecen del ingrediente  que hizo posible que Pedro respondiese de la manera como lo hizo: “Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12. 3). A la respuesta de Pedro Jesús le dice: “Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. La respuesta que Jesús da a Pedro está en consonancia con la oración sacerdotal que Jesús dirige  al Padre: “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu Nombre, a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición para que la Escritura se cumpliese” (Juan 17: 12).

Quienes vivimos en un país de influencia católico romana estamos acostumbrados a oír que fuera de la Iglesia católica no es posible la salvación, que la Iglesia se comporte como si fuera el arca de Noé y que todos quienes estén bajo su protección están resguardados del Maligno. Que el agua bautismal limpia el pecado original y que los bautizados automáticamente se convierten en hijos de Dios. La Iglesia Católica enseña que Jesús es el Salvador a la vez que se tiene añadir: la Iglesia, los santos, las vírgenes, los sacramentos. No basta con Jesús. No se tienen en cuenta las palabras del apóstol Pedro: “Este Jesús es la piedra reprobada  por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4: 11, 12).

“Nadie puede llamar a Jesús Señor, si no es por el Espíritu Santo. Si uno no ha recibido el Espíritu Santo aun cuando se considere cristiano no lo es porque el Nombre de Jesús es el único Nombre que otorga salvación.

 

 

diumenge, 26 de febrer del 2023

 

LA PASTILLA DE LA FELICIDAD

<b>Las pastillas pueden ayudarnos a esconder el malestar, pero no nos proporcionan felicidad</b>

“La siquiatrización de la vida cotidiana significa que es hacer patológicos procesos normales, como el duelo, las separaciones afectivas, la pérdida del trabajo o las crisis económicas y, por lo tanto se pueden medicar a personas sanas, que éstas responden de manera natural a las situaciones conflictivas  propias del devenir de la vida. En otras palabras, es un proceso de medicación de la vida en que se corre el riesgo de <i>siquiatrizar la infelicidad”</i>. <b>Antonio Anseán</b>, sicólogo.

A mediados del siglo XX se empezó a introducir la idea de que si te encuentras deprimido no era por el contexto de la vida, un factor externo como lo son las condiciones sociales desfavorables, sino porque se tenía una enfermedad mental. Se debía a la carencia de determinados elementos químicos. Una pastilla te hará sentir mucho mejor. La nueva filosofía que se iba introduciendo es que se tiene que ser feliz siempre. Si no lo eres, las farmacéuticas pondrán a tu alcance la pastilla que restablecerá el equilibrio químico. Si alguien no es feliz es porque no desea serlo. La felicidad química (?) nos ha llevado a convertirnos en una sociedad sedada que constantemente piensa en el pastillero. Después de años de publicidad ponzoñosa las farmacéuticas han conseguido que desviemos  la mirada de las injusticias sociales, que son las que crean malestar, y nos miremos al ombligo, haciéndonos creer que estamos enfermos. El remedio: LA PASTILLA DE LA FELICIDAD.

“He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones” (Eclesiastés 7: 29). Salomón que es el autor de este texto hace una reminiscencia de la creación del hombre que Dios vio que era bueno y que debido al pecado el hombre deja de edificar su vida sobre la Roca que es Cristo y la levanta sobre un cimiento de arena que es muy débil, que son las filosofías satánicas. El edificio no resiste las envestidas de los vientos huracanados y las aguas torrenciales que chocan contra la casa, que hace que se desplome. Así es el hombre sin Dios: ante los contratiempos, el miedo se apodera de él. Espanto simbolizado por mil soldados que huyen perseguidos por uno solo. Dejándose seducir por la publicidad interesada de las farmacéuticas, el hombre, observando el entorno amenazador en vez de refugiarse debajo de las alas protectoras de Dios que le creó, como los polluelos lo hacen con la gallina cuando sienten amenazados, se refugia en las pastillas que no hacen revivir.

Jesús, el Hijo de Dios que nos ama hasta el punto de abandonar su gloria divina  haciéndose hombre, cargar con nuestros pecados y morir para perdón de nuestras culpas. Si a Jesús clavado en la cruz lo vemos como el Camino que nos lleva al Padre celestial estaremos en condiciones de edificar nuestras vidas sobre la Roca. Es así como adquieren sentido las palabras de Jesús que se refieren a las aves del cielo y a los lirios del campo (Mateo 6: 24-34).

Debido al pecado nos hemos convertido en politeístas. Pretendemos adorar a Dios a la vez que veneramos a los ídolos que nos fabricamos. Estas divinidades no son tan groseras como las antiguas. Hoy la cultura católico romana nos muestra a los ídolos bajo el aspecto de hombres y mujeres semejantes a nosotros a los que supuestamente se les han concedido poderes sobrenaturales. Hoy, la idolatría religiosa, no es como lo era en tiempos pasados, pero sigue viva en nuestras almas. Hoy con la laicización social, los ídolos que se representan como hombres y mujeres ya fallecidos, se han convertido en personas vivas: Deportistas de élite, astros y estrellas del espectáculo…Estos ídolos de corta durada se van renovando así como van perdiendo el estrellado. Suplantan al Padre de nuestro Señor Jesucristo a quien se le tiene que amar con todas nuestras fuerzas. A los ídolos de corta vida que se les ama con vehemencia, a la hora de la verdad, cuando los vientos huracanados y las aguas torrenciales nos envisten con fuerza, nos dejan abandonados a nuestra suerte.

Jesús nos recuerda: “Nadie puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podemos servir a Dios y a las Riquezas” (Mateo 6: 24). Ahora que tenemos claro que Jesús es incompatible con los dioses que nos hacemos, nos dice: “No os afanéis por vuestra vida”. Todas aquellas cosas que nos preocupan: la soledad, la familia, el trabajo, el bienestar…”Mirad las aves del cielo…y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?…”Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, como crecen: no trabajan ni hilan”…”Porque los incrédulos buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. “¡Hombres de poca fe! ¿Por qué dudáis?” (Mateo 14: 31).

No podemos impedir que los vientos huracanados y las aguas torrenciales nos golpeen con fuerza. Si es auténtica la fe que decimos que hemos depositado en el Padre de nuestro Señor Jesucristo, podremos decir con el salmista: “En el día que temo, yo en ti confío, en Dios alabaré su palabra, en Dios he confiado, no temeré, ¿qué puede hacerme el hombre?” (Salmo 56: 3, 4).

Octavi Pereña i Cortina