diumenge, 16 d’octubre del 2022

 

SALMO 92: 5

“¡Cuán grandes son tus obras, oh Señor! Muy profundos son tus pensamientos”

El salmista comienza su poema con una alabanza al Señor: “Bueno es alabarte, oh Señor, y cantar salmos a tu Nombre, oh Altísimo, anunciar por la mañana tu misericordia, y tu fidelidad cada noche” (vv. 1, 2). El salmista experimenta en su propia carne las bendiciones que el Señor promete a quienes le temen, le veneran. “¡Cuán grandes son tus obras, oh Señor!”

En este comentario quiero detenerme en la segunda parte del texto: “Muy profundos son tus pensamientos”. El profeta Isaías piensa igual que el salmista cuando escribe: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Señor” (58: 8). Como no entendemos los pensamientos del Señor  que son distintos a los nuestros  nos atrevemos a criticarlos porque no coinciden con los nuestros. Mala decisión la nuestra.

El profeta Jeremías cumpliendo la orden del Señor se acerca al taller del alfarero y observa como el artesano rompe la vasija que estaba modelando y con la misma masa de barro hace un vaso nuevo. Y dice el Señor: “¿No podré yo hacer de vosotros como el alfarero, oh casa de Israel?” (18: 6). El mismo Jeremías dirigiéndose a un grupo de judíos que huían a Egipto por miedo de los babilonios, les dice que no lo hagan porque si se quedan en Judea, las cosas les irán bien. Que no deben temer a los babilonios. “Todos los varones soberbios” (43: 2), dijeron al profeta que sus palabras eran mentirosas y que no las obedecerían.

Volvamos al salmista: “El hombre necio no sabe, y el insensato no  entiende esto, cuando brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que hacen iniquidad, pero son destruidos eternamente” (vv. 6, 7). Ante una declaración como esta aparecen “Todos los varones soberbios” diciendo: Esto no es posible. Dios no puede condenar eternamente a las personas porque Dios es amor. En defensa de esta disidencia, dicen: “Un padre no haría tal cosa”. Dios como el Alfarero que es, ¿no puede hacer con la masa de barro lo que mejor le parezca? Dios por medio de los profetas y por el mismo Jesús, dicen: los impíos serán condenados al fuego eterno. Si nuestros pensamientos no coinciden con los del Señor, entonces nos comportamos como aquellos varones soberbios que a las palabras de vida que les anunciaba el profeta, le respondieron: “La palabra que nos has hablado en Nombre del Señor, no la oiremos de ti” (Jeremías 44: 16).

Jesús antes de ascender a los cielos dejó el encargo a sus discípulos de anunciar el evangelio a todas las naciones. Jesús termina la parábola de los obreros en la viña con esta coletilla. “Muchos son los llamados, mas pocos los escogidos”. Los siervos del Señor anuncian el Evangelio de la salvación sin hacer distinción de personas ni de razas. El lector no tiene que hacer lo mismo que aquellos varones soberbios que respondieron al profeta Jeremías “La palabra que nos has hablado en Nombre del Señor, no la oiremos de ti”


 

JUAN 6: 27

“Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará, porque a Éste señaló Dios el Padre”

Poco después de la alimentación de cinco mil personas a partir de cinco panes y dos pececillos, Jesús  abandonó el lugar. La multitud emprende la búsqueda hasta encontrarle. Jesús les dice: “De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (v. 25). Jesús reprende a la multitud porque le buscan por motivos egoístas y equivocados. Harta la multitud, se vuelca hacia Jesús. Pero el Señor que conoce lo que hay en sus corazones, “Entiende que iban a venir para apoderarse de Él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte solo” (v. 15). Dios provee las necesidades materiales de los hombres porque es misericordioso. Jesús enseña a los hombres  a que pidan al Padre por el pan de cada día, pero llenar la panza no tiene que ser el motivo principal por el que se busca a Jesús. El apóstol Pablo escribiendo a los tesalonicenses les dice. “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3. 10). Jesús dice a la multitud: “Trabajad, no por la comida que perece”. A primera vista da la impresión que Jesús desmotiva la multitud a trabajar. A Dios rogando y al mazo dando, dice el refrán popular. Este dicho coincide con lo que enseña la Biblia que hemos de imitar a las hormigas que durante el verano son muy laboriosas recogiendo alimentos y almacenándolos para el invierno. La Biblia no apela a la holgazanería, todo lo contrario, a la laboriosidad. Lo que Jesús quiere enseñar a la multitud es que no vivan para comer, que no conviertan la comida en un dios. Que coman para vivir, no para atragantarse. La bendición del maná que caía diariamente del cielo para alimentar a los israelitas es un ejemplo de moderación. Si se recogía más maná del necesario, el resto que sobraba se llenaba de gusanos haciéndolo inservible.

Trabajar, sí. Adictos al trabajo, no. Tenemos que priorizar el alimento que el alma necesita. Tenemos que trabajar por el pan que Dios nos da cada día, con limitaciones. Por esto nos dice. “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará, porque a Éste señaló Dios el Padre” (v. 27). Más adelante el texto dice: “Porque el pan de Dios es el que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.” Claro, no tendrían que trabajar, tumbados debajo de la higuera les entraría el pan en la boca y si lo recibiesen masticado, mejor que mejor. Jesús identifica el pan que da vida al mundo: “Yo soy el pan de vida, el que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (vv.33-35). Jesús es el pan de vida que sacia las necesidades del alma. Trabajar por el pan que da vida al cuerpo está bien. Trabajar “por la comida que a vida eterna permanece”, es mucho mejor.

 

 

 

RADICALIZACIÓN POLÍTICA

<b>El narcisismo en política hace imposible que los políticos corrijan sus errores</b>

En la memoria anual correspondiente al año 2021, la Fiscalía General del Estado destaca un dato preocupante. Se trata del aumento del número de delitos de odio. Si alarmante es la cifra lo es todavía más <i> la radicalización de los políticos</i> y la <i>polarización del debate político</i> que vomitan odio y violencia. Es decir la crispación del debate político al cual ha contribuido la irrupción de un partido como Vox, está generando un clima que la Fiscalía considera preocupante.

Un comentarista anónimo expone: “Compartimos totalmente y respaldamos y damos soporte al llamado de la Fiscalía a los dirigentes políticos a revertir esta situación por las graves consecuencias que se derivan. Si nuestros políticos convierten el necesario diálogo y las discrepancias democráticas en crispación, insultos, descalificaciones, contribuyen con su conducta a que personas o colectivos de nuestra sociedad se radicalicen y se vuelvan intolerantes, con el consiguiente reflejo en conductas y actuaciones que se traduce en delitos de odio y de violencia”.

Tanto la Fiscalía como el comentarista anónimo hacen un diagnóstico de los políticos que generan violencia con su radicalización, pero no aportan solución al dictamen. La radicalización de los políticos es un reflejo de la de los ciudadanos. Lo único que consigue la verborrea violenta de los políticos es despertar y estimular en los ciudadanos la radicalización de su comportamiento que yace dormida en su interior.

Elihú, uno de los amigos del patriarca Job que fueron a visitarlo para consolarlo en la grave tribulación por la que estaba pasando, dijo: “¿Podrá gobernar alguien que odia  la justicia?” (Job 34: 17). Evidentemente no. Pero, encontrar una persona justa es tan difícil como hallar una aguja en un pajar. En el mundo se encuentran tantas personas injustas que tendremos que hacer lo que hacía el filósofo griego Diógenes que a plena luz del sol iba por la calle con un candil encendido buscando un hombre. Así nos va la política por la ausencia de personas justas.

El narcisismo, con la divinización que hace del hombre impide que los gobernantes rectifiquen sus políticas aberrantes. Hablan mucho de diálogo pero lo que practican es una perorata de sordos. Mutuamente, los dialogantes se acusan, pero ninguno de ellos quiere cambiar su política errónea. Debido a que ninguna de las partes acepta consejo, la situación empeora.

El gobernante “es un servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme, porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo” (Romanos 13:4). Para que el gobernante sepa distinguir entre el bien y el mal, el bien para premiar a quien lo hace y el mal para castigar al malhechor, es imprescindible que sea persona justa.

“Nuestra república necesita con urgencia dirigentes que se atrevan a decir lo que creen es recto y justo, no importa el número de quienes se le opongan. La mayoría puede equivocarse y no promueven la verdadera democracia  si ignoran la minoría aunque sea la minoría de uno. Con urgencia se necesitan dirigentes que atrevan a decir lo que necesitan escuchar, no lo que quieren oír” (<b>Richard C. Halverson</b>).

Nos volvemos a encontrar con la urgencia de hallar personas justas que se hagan cargo de la administración de los asuntos públicos. Alrededor de Diógenes en su busca de un hombre justo no se encontraba ninguno que lo fuera.

<b>Abraham Lincoln, que fue presidente de Estados Unidos, dijo: “Nada es políticamente correcto  lo que moralmente sea equivocado”. Es imprescindible que personas justas se hagan cargo de la política si es que se desea que la radicalización con todos los perjuicios que la acompañan se convierta en tolerancia y respeto a lo que es diferente aunque uno solo sea diferente.

Las personas no nacen siendo justas, se hacen. Tanto  Diógenes como Richard C. Halverson no encontraron ninguna persona justa porque es una <i>rara avis</i>. Ni revolviendo el pajar se la va a encontrar.

A diferencia de nosotros que buscamos a buenas personas, Jesús busca a pecadores que son rechazados por la elite religiosa. El escenario es el comedor  en la casa de Mateo el cobrador de impuestos  que había invitado a Jesús a comer. Los comensales eran cobradores de impuestos y pecadores, chusma para la elite religiosa. Los fariseos que formaban una secta religiosa que gozaba de mucha influencia en aquella época la constituían hombres que se consideraban justos porque presumían que cumplían a raja tabla la Ley de Dios. Estos religiosos al descubrir que los invitados que estaban sentados alrededor de la mesa  eran cobradores de impuestos y pecadores, acudieron a los discípulos de Jesús para quejarse diciéndoles: “¿Cómo es que vuestro Maestro come con los cobradores de impuestos y los pecadores?” Escuchada esta protesta, Jesús se dirige a los protestantes y les dice: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Mateo 9: 9-13). Los injustos son los que por la fe en el Nombre de Jesús les son perdonados los pecados y se convierten en justos. En esta tarea colaboran las iglesias cristianas si es que anuncian el Evangelio tal como está redactado en la Biblia y se le interpreta con la ayuda del Espíritu Santo que  inspiró a los hombres que lo escribieron. “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4: 11, 12). Fuera de Cristo no hay personas justas.

 

Octavi Pereña i Cortina

diumenge, 9 d’octubre del 2022

 

ROMANOS 2: 28

“Pues  no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne”

La práctica religiosa aun cuando se realice con mucho fervor no significa que el practicante sea un verdadero hijo de Dios. Jesús lo expresa claramente cuando le dice a Nicodemo, fariseo y principal entre los judíos, que de noche fue a visitar a Jesús: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3: 3). El fanatismo religioso de Nicodemo no satisfacía  su alma sedienta del agua viva que es Jesús. Es por esto que Jesús le dice al fariseo: Nicodemo, tienes que nacer de nuevo. Jesús destaca: “De cierto, de cierto te digo que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar  en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido el Espíritu, espíritu es” (vv. 5, 6). Jesús le viene a decir al principal entre los judíos: tú está circuncidado en la carne como señal de que formas parte del pueblo de Israel nacional, pero tu corazón es incircunciso por lo que no formas parte del pueblo de Dios. Tú has nacido en la carne y la  carne no puede entrar en el reino de Dios. Tienes que nacer del Espíritu para poder entrar en el reino de Dios. ¿Cómo se produce el nacimiento del Espíritu? Solamente por la fe en Jesús que es el Salvador que muere por los pecadores y resucita para darles vida eterna. En esencia esto es nacer de nuevo.

Lo más probable que el lector  de este comentario pertenezca a un país católico y por lo tanto influenciado por la doctrina de la Iglesia Católica. Tendrás  noción que por haber sido bautizado de niño el agua bautismal borra el pecado original y automáticamente entras a formar parte del pueblo de Dios. También sabrás que si confiesas tus pecados a un sacerdote, éste te dice: “Yo te absuelvo” y, con la absolución una penitencia que suele consistir en un padrenuestro y tres avemarías. En el funeral el sacerdote elogia tus virtudes cristianas y la persona maravillosa que eras. Rocía clon agua bendita el ataúd y te envía directamente al cielo. No creas estas mentiras. Si no has nacido del Espíritu cuando abras los ojos en la eternidad lo vas a hacer encontrándote en el infierno.

En vida, si te preguntan por la religión que practicas podrás responder católico o protestante. Tu afiliación religiosa no es un pasaporte que te abre la puerta del cielo. Si no has depositado la fe en Jesús, que es un don del Espíritu Santo no eres un hijo de Dios. Al igual que Nicodemo a quien Jesús le dijo que tenía que nacer del agua y del Espíritu, tú, lector, también tienes que nacer de nuevo. Si este nacimiento espiritual no lo has experimentado sigues siendo un “nacido de la carne” y, la carne no puede heredar el reino de los cielos.


 

SALMO 81: 6

“He quitado la carga de su espalda, y sus manos se liberan del capazo”

El lenguaje del salmista es simbólico. Utiliza símbolos materiales para instruir espiritualmente. Lo que realmente aflige  al hombre no es un trabajo duro. El cansancio físico desaparece con un dormir reparador. El peso que no se quita nunca de sobre las espaldas es la carga del pecado que es muy agobiante. Una imagen de ello la tenemos en aquellos obreros que en régimen de semi esclavitud acarrean pesados fardos sobre sus espaldas. Esta imagen representa a las mil maravillas el peso del pecado que es más fatigoso que un saco de carbón sobre la espalda.

La carga que representa el pecado no perdonado por Jesús los hombres se la quieren quitar de encima mediante técnicas seudo religiosas: yoga y las diversas técnicas de meditación orientales, la atención sicológica y de siquiatría. Los tratamientos farmacológicos atacan los síntomas pero no curan el pecado que es el causante del cansancio crónico que provoca.

El salmista trae a la memoria la dura servidumbre que padeció el pueblo de Israel durante su estancia en Egipto (v. 5). Egipto representa a Satanás que  esclaviza al pueblo de Dios. “Ahora el príncipe de este mundo será echado fuera”  (Juan 12: 31). Con la muerte y resurrección de Jesús “y cuando Él venga” (el Espíritu Santo) “convencerá el mundo de pecado, de justicia y de juicio…y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo” (Satanás) “ya ha sido juzgado” (Juan 16: 8-11). Queda por hacer que “el diablo, que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 20: 10).

De momento el diablo posee una cierta libertad de movimiento, por cierto limitada porque los límites de su libertad los pone Dios. Durante este período de tiempo en que los movimientos de Satanás los controla Dios el diablo lo aprovecha para cargar con fardos pesados en quienes son sus esclavos. A los esclavos del diablo Jesús les transmite un mensaje de liberación: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8: 36). Desconozco si el lector es un esclavo de Satanás o no. Si lo es no tiene por qué seguir sirviéndole. El diablo es muy poderoso pero Jesús el Libertador lo es mucho más. El diablo por más resistencia que ponga para impedir que sus esclavos huyan, si el esclavo hace caso de la invitación de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11: 28). A Satanás no le quedará más remedio que tener que abrir el puño y que el esclavo  vaya a gozar la libertad que tiene en Cristo. La carga que oprime es quitada.

 

 

INCIVISMO

<b>Lo que importa no es la cantidad de conocimientos, sino su cualidad. Se pueden conocer muchas cosas desconociendo lo que es más importante</b>

“Los profesores y los centros educativos son conscientes del problema y hacen todo lo posible para que nadie se sienta discriminado, pero no es fácil. La maldad es una cosa íntima en algunos individuos, y se manifiesta de la peor manera y muy pronto. ¿Y los padres? ¿Realmente son conscientes del problema? Solamente se necesita pasar por un partido de futbol de chavales para darse cuenta del comportamiento de algunos de ellos que insultan como si nada. Y dan un ejemplo vergonzoso a sus hijos. No busquemos culpables demasiado lejos. El problema se encuentra también en su casa y, por lo tanto la solución se tendrá que encontrar en el hogar. Denunciemos el acoso como lo ha hecho el hermano de Izan, no dejemos pasar los abusos y la persecución al que tenemos al lado. No pensemos que esto no nos afecta, que es un problema de los otros. Tal vez lo tengamos más cerca de lo que nos imaginamos. Tal vez entonces será tarde. Estemos atentos” (<b>Josep Pedrerol</b>).

A pesar de que el texto citado se refiere al acoso que sufrió el hermano de Izan que lo llevó al suicidio, nos referiremos a la responsabilidad que tienen los padres de enseñar las cosas más importantes a los hijos. La Biblia, especialmente el libro de Proverbios enfatizan la responsabilidad que tienen los padres de educar a sus hijos. Destacaré el texto de Deuteronomio 6: 4-9): “Oye, Israel: El Señor tu Dios es uno. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas cosas que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón, y las repetirás a tus hijos, y las hablarás con ellos estando en tu casa y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos, y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”. Debido a la mentalidad laica de nuestros días este texto citado se le considera arcaico, pero nos enseña que las cosas más importantes tienen que ocupar un lugar preferente en la educación de los hijos. (<b>Josep Pedrerol</b>) nos invita a que vayamos a ver un parto de futbol de chavales para que nos demos cuenta del comportamiento indigno de algunos padres. El caso al que se refiere el escritor es uno concreto de padres que no se comportan como buenos educadores de sus hijos. Pero el incivismo paterno no solo se manifiesta en los campos de futbol en los que juegan los hijos. Si el laicismo no contribuye a formar  una sociedad educada que se comporta como civilizada, será conveniente que abandonemos el laicismo y prejuicios y nos tomemos seriamente que Dios controla del todo la creación y que darle la espalda nos conduce a la tragedia social que nuestros ojos contemplan,

Para que este cambio de mentalidad pueda darse, previamente es necesario que se dé un cambio en el corazón: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8: 1). El apóstol expone dos maneras de vivir: Una según la carme que es cómo se vivía antes de convertirse a Cristo y que el apóstol describe: “Adulterio, fornicación, impureza lascivia, brujería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas, acerca de las cuales os amonesto, como ya os he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5: 19,20). ¿Estas características de vivir según la carne no son las que contemplamos a diario? El tiempo transcurre y el comportamiento humano no ha cambiado desde el inicio de la historia. Actuales son las palabras del profeta Jeremías: “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podéis vosotros hacer el bien, estando habituados a hacer el mal?” (Jeremías 12: 23). Jesús, que además de Salvador es el Maestro por excelencia, dice: “Oh haced el árbol bueno, y su fruto bueno, oh haced el árbol malo, y su fruto malo, porque por el fruto se conoce el árbol” (Mateo 12: 33).

La segunda manera de vivir que expone el apóstol es: “conforme al Espíritu”. El Espíritu la tercera Persona de la Trinidad es quien hace bueno al árbol malo. Por esta razón el fruto que da el árbol bueno es: “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22, 23).

En el texto transcrito de <b>Josep Pedrerol</b> después de denunciar el comportamiento incívico de algunos padres, escribe: "No pensemos que esto no nos afecta, que es un problema de los otros, que no va con nosotros. Quizás lo tengamos más cerca de lo que nos imaginamos. Tal vez entonces será tarde. Estemos atentos”. Sí, padres, aun tenéis la oportunidad de dejar de comportaros como padres carnales para convertiros en padres que por andar  según el Espíritu os habéis convertido en árboles buenos que dan buen fruto. Este cambio únicamente se producirá si sois conscientes que hoy sois árbol malo que da malos frutos y por la fe creéis que Jesús es vuestro Salvador os convertiréis en árbol bueno que da fruto bueno. Os tomareis seriamente la responsabilidad de instruir a vuestros hijos en el temor del Señor. Si esta meta se consigue, tanto vosotros como vuestros hijos os transformareis en personas cívicas que contribuirán a purificar el ambiente tan cargado de toxinas.

Octavi Pereña i Cortina

diumenge, 2 d’octubre del 2022

 

SALMO 49: 14, 15

“Su ostentación se deshará en el sepulcro, y el sepulcro será su morada. Pero Dios redimió mi alma del poder del sepulcro, porque Él me tomará consigo”

Recientemente se ha efectuado el entierro de Elisabet II, reina de Gran Bretaña. La ceremonia ha sido vista por televisión por todo el mundo. El gasto asciende a millones de libras. Todo ello para gratificar el orgullo nacional. Todo para que “Su ostentación se deshaga en el sepulcro, y el sepulcro sea su morada”.

El salmo 49 que da motivo a este comentario tiene mucho que decir en cuanto a la ostentación en los entierros. “Oís esto, pueblos todos, escuchad habitantes de todo el mundo, así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente”  (vv. 1, 2). El salmista no se dirige a una sola clase social. Al referirse a plebeyos y ricos, no excluye a nadie. Todos tienen que prestar atención al mensaje que transmite.

En los funerales, sean religiosos o laicos, se acostumbra a alabar las presuntas virtudes del difunto y  los familiares pretenden honrarlo con exequias de cinco estrellas. Creen que cuanto más ostentosa sea la ceremonia y cuantos más sacerdotes oficien más llano será el camino que conduce al cielo. Se equivocan. “Los que confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate, porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás, para que viva en adelante para siempre, y nunca vea corrupción” (vv. 6-9).

El orgullo nos incita a desear para nuestros difuntos los honores que los potentados conceden a los suyos. ¡Cuán equivocados estamos! “No temas cuando alguien se enriquece, cuando aumenta la gloria de su casa, porque cuando muera no se llevará nada, ni descenderá tras él su gloria. Aunque mientras viva, llame dichosa su alma,  y sea loado cuando prospere, entrará en la generación de sus padres, y nunca más verá la luz. El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen” (vv. 16-20).

Por muy extravagantes que sean los funerales de los impíos, su muerte es semejante a las de las bestias que perecen. ¡Cuán distinta es la muerte de quienes mueren en Cristo. “Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Apocalipsis 14: 15). Sí, “preciosa es a los ojos del Señor la muerte de sus santos” (Salmo 116: 1).


 

APOCALIPSIS 9:20

“Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de  bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar”

Los supervivientes de las plagas a las que se refiere el apóstol Juan no aprendieron la lección. Este texto es muy apropiado en nuestros días. Aún no ha desparecido la Covid-19. Ha mejorado la situación, sí, pero tampoco hemos aprendido la lección. Tan pronto nos hemos visto las orejas hemos vuelto a nuestro estilo de vida que llevábamos antes de la epidemia: el despilfarro.

El apóstol Juan dice que los que sobrevivieron a las plagas que narra no “se arrepintieron de las obras de sus manos”. Nada cambió. La dureza de sus corazones les impidió aprender la lección. La experiencia en nuestros días es la misma. Tan pronto como la virulencia de la plaga de la Covid-19  ha amainado, la gente se ha lanzado a la calle  para recuperar el tiempo perdido con las restricciones impuestas. Todo son elogios a la recuperación económica debido al aumento del consumo: Las agencias de viajes a tope. La ocupación hotelera en muchas zonas rozando el 100%. ¡Viva la vida! ¡Comamos y bebamos que mañana moriremos!

Cuando la pandemia estaba en su máxima virulencia se decía que nos enseñaba lo insignificantes que somos. Aparentemente nos hizo entender que somos dioses con pies de barro. Al calmarse la tempestad y volver a salir el sol, la lección aprendida se echó en el saco del olvido. ¡A vivir que la vida es muy corta! El versículo 21 nos dice que los que sobrevivieron a las plagas “no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías,  ni de su fornicación, ni de sus hurtos”. La existencia no termina con la muerte física. La muerte abre la puerta que da acceso a la existencia eterna que es salvación o condenación. El propósito de Dios con la Covid-19 es que los sobrevivientes se arrepintieran de sus pecados y empezasen a andar en novedad de vida, volviéndose a Dios. De una manera u otra la muerte llegará  y no habrá lugar para el arrepentimiento. La ayuda sacerdotal a bien morir no servirá de nada. Quienes no hayan aprendido la lección abrirán los ojos en la eternidad condenados eternamente. Esto no es lo que Dios quiere.

El Señor no cuenta el tiempo según el reloj. Tiene otra manera de contarlo que se escapa a nuestra comprensión. El apóstol Pedro, escribe: “El Señor no retrasa su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3: 9). El lector que lee este comentario puede hacerlo porque está vivo. Aproveche esta supuesta tardanza para arrepentirse. ¿Sabe si mañana tendrá otra oportunidad de poderlo hacer?

 

 

TESTIMONIO CRISTIANO

<b>¿Quién convierte en santos a personas pecadoras? </b>

<b>Ima Sanchís</b> entrevista a <b>Miguel Hurtado</b> que fue víctima de pederastia en la abadía de Montserrat por el monje <b>Andreu Sales</b>. De la entrevista destaco el siguiente texto que afirma “que se quejó cuatro veces a dos abades que no denunciaron al delincuente a la justicia, ni intentaron encontrar otras víctimas, no lo sancionaron canónicamente expulsándolo de la vida religiosa. Simplemente lo trasladaron a otro monasterio. Perdí la fe. El papa <b>Juan Pablo II</b>, desde mediados de los años ochenta conocía el terrible problema de pederastia que sufre la Iglesia. El padre <b>Thomas Doyle</b> abogado canónico en la embajada del Vaticano en Washington le entregó un informe demoledor. Pero se negó a tomar medidas para castigar los abusos a niños, ¿de verdad cree que es un santo?” Este texto contiene tres temas que merecen ser tratados independientemente.

Según <b>Miguel Hurtado</b> el padre <b>Thomas Doyle</b> le entregó al papa <b>Juan Pablo II</b>, un informe demoledor sobre la pederastia en el seno de la Iglesia Católica que fue a parar en el cajón del olvido. El apóstol Pablo trata el tema de la disciplina eclesiástica en el seno de una iglesia local que tiene que ver con el sexo. Escribiendo el apóstol a la iglesia en Corintio, dice: “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación cual ni aun se entre los gentiles, tanto que alguno tiene la mujer de su padre, y vosotros  estáis envanecidos. ¿No deberíais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?” (1 Corintios 5: 1,2). La congregación con sus pastores eran indiferentes al atropello. Miraban hacia otro lado. El apóstol les dice: “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?” (v. 6). Durante años la Iglesia Católica ha permitido que la pederastia acampase como ancha es Castilla. Soterradamente se ha ido infiltrando en todos los ámbitos eclesiales. Como dice Jesús: “Nada hay encubierto que no haya de ser manifestado,  ni oculto, que no haya de saberse” (Mateo 10: 26). Impetuosamente ha salido a la luz pública causando el descrédito de la Institución. Los responsables de no haber cortado a tiempo el inicio de la epidemia  tendrán que dar cuenta al Señor de la iglesia porque su conducta ha provocado que se blasfeme el Nombre del Señor. El resultado de que no se aplicase la disciplina correspondiente al pederasta que actuaba impunemente en el monasterio de Montserrat ha sido que el adolescente afectado haya “perdido la fe”. Duras son las palabras que Jesús dirige a los muchos Andreses Salas maltratan la fe de niños y adolescentes: “y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. Ay del  mundo por los tropiezos! Porque es necesario que vengan los tropiezos, pero, ¡ ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo” (Mateo  18: 6, 7).

La periodista le dice a <b>Miguel Hurtado</b>: “También protestó contra la canonización de <b>Juan Pablo II</b>. El entrevistado, visto la negativa del papa de  tomar medidas disciplinarias contra los clérigos que abusan de menores, el afectado por la pederastia clerical que ahora tiene 37 años, pregunta: “¿De verdad alguien se cree que es un santo?”

Cada ciudad, cada villa, cada pueblo al menos  tienen un santo patrón/na protector. Los medios de comunicación que informan de las celebraciones festivas, con toda naturalidad citan los nombres de los protectores de las poblaciones como si fuesen ídolos del deporte. Al lector le pregunto: ¿Sabe realmente qué es un santo? Según la Iglesia Católica santos son personas fallecidas que tras un largo proceso que se inicia antes de la beatificación concluye con la declaración de santo/a. Es decir un proceso que por ser  humano es lleno de contradicciones. En el caso del papa, uno de los títulos que tiene es “Su santidad”. El título concede  la condición de santo a quien se le otorga. Si el papa es santo, ¿por qué canonizarlo? Dejemos a un lado el concepto católico de la santidad que es un mar de confusión y acerquémonos al Nuevo Testamento para descubrir lo que tiene que decirnos al respecto. No se necesitará ser doctor de la “Santa Madre Iglesia” para entender el significado bíblico de la santidad. Basta con saber leer con ojos libres de prejuicios. El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia en Corinto, les dice: “A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro” (1 Corintios 1: 2). El apóstol considera santos a personas vivas que creen que Jesús es su Señor y Salvador. A estas personas, seguramente muchas de ellas iletradas, les dice: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación del Espíritu y la fe en la verdad” (“2 Tesalonicenses 2: 13). Ninguna intervención humana en la declaración de santo de parte de Dios.

Los santos no son personas fallecidas. La Biblia nos dice que son personas normales. No son dioses que realizan milagros. Son personas imperfectas con muchas debilidades que por la santificación del Espíritu luchan diariamente para abandonar la pasada manera de vivir que practicaban cuando se encontraban en la incredulidad y se revisten  de la nueva que es en Cristo. Son hombres y mujeres de carne y huesos que dan testimonio de la salvación que han recibido por la fe en el Nombre de Jesús. La santidad cristiana no es obra humana sino divina.

“¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño, dice el Señor!” (Jeremías 23: 1).

Octavi Pereña i Cortina

 

diumenge, 25 de setembre del 2022

 

1 PEDRO 5: 7

“Echando toda vuestra solicitud en Él, porque Él tiene cuidado de vosotros”

Él, es el Señor Jesús en quien el apóstol Pedro nos exhorta a echar sobre Él toda nuestra ansiedad. Recorriendo Jesús todas las ciudades y aldeas, “al ver las multitudes tuvo compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9: 36). Con mucho acierto el apóstol Pedro aconseja a sus lectores que echen toda su ansiedad sobre Él porque Jesús es el Buen Pastor que cuida de nosotros porque considera que somos sus ovejas por las que da su vida.

La ansiedad forma parte del grupo de dolencias que se conocen como “enfermedades mentales” que hoy hacen estragos porque las personas comportándose como ovejas que no tienen pastor no saben a dónde ir a buscar el socorro  que necesitan. Viviendo en la opulencia deambulan desorientadas por un desierto amenazador. Viendo Jesús a aquellas personas/ ovejas descarriadas tan apuradas, dice a sus discípulos: “A la verdad la mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”(vv. 37, 38). Pedro que recoge el guante acepta el encargo de ser un obrero, un pastor que lleva ovejas extraviadas al redil del Buen Pastor. Consintamos que Pedro nos lleve al salmo 23 que describe a Jesús como el Buen Pastor que con tanta urgencia necesitamos encontrar para que calme la angustia que anida en nuestros corazones. El salmo 23 es una parábola que de una imagen campestre nos da una vivificante instrucción espiritual.

“El Señor es mi Pastor, nada me faltará, en lugar de delicados pastos me hará descansar, junto a aguas de reposo me pastoreará, confortará mi alma, me guiará por sendas de justicia por amor de su Nombre” (vv.1-3). En nuestro país todos tenemos alimentos en la nevera. Pero el confort material no nos quita la mucha ansiedad, el mucho estrés,  la mucha depresión. Para combatir todos estos síntomas se ingieren millones de pastillas diariamente. Bien podemos decir que somos una sociedad sedada. Por ignorar que Jesús es el Buen Pastor que necesitamos urgentemente  porque andamos” en valle de sombra de muerte”. En medio de cierto bienestar económico que gozamos nos sentimos ser las personas más desgraciadas del mundo. La variedad de diversiones que nos proporciona el mundo no nos liberan del fuerte malestar que existe en el interior de nuestras almas.

La vara y el cayado del Buen Pastor nos infunden aliento (v. 4b). Jesús, el Buen Pastor te dice: “La paz te dejo, mi paz te doy, yo no te la doy como el mundo la da” (Juan 14: 2). La paz que da el mundo produce insatisfacción y causa las “enfermedades mentales” que tanto sufrimiento producen. Si no has gustado la miel desconoces qué es su dulzura. Si Jesús no es tu Buen Pastor ignoras qué es la paz que da.


 

JUAN 3: 2

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos tal como Él es”

Con cierta frecuencia nos preguntamos si somos salvos. La pregunta nos la hacemos porque muchas veces nos comportamos como la gente de este siglo. Cuando nos hacemos la mencionada pregunta un escalofrío nos sacude ante el temor de que no seamos verdaderos hijos de Dios. Por fe somos salvos, no por obras. La fe es un regalo de Dios que nos permite creer que Jesús es el Salvador y que fuera de Él la salvación no es posible. Si el Espíritu Santo hace que confesemos que Jesús es el Señor y Salvador no tenemos por qué tener miedo: somos salvos.

El apóstol Juan escribiendo sin especificar a qué iglesia, a los verdaderos cristianos que se encuentren en cualquier iglesia local en este mundo les dice: “Ahora somos hijos de Dios”. Sin lugar a dudas: todos quienes han creído que Jesús es el Salvador son hijos adoptivos de Dios el Padre. Tal vez nos preguntaremos: ¿la fe en Jesús nos hace perfectos? El texto que comentamos lo desmiente y nos da autoridad para desmentir a quienes pregonan que si no somos perfectos se deba a que no tenemos fe o la fe que tenemos es deficiente. El apóstol Juan contradiciendo a los predicadores que anuncian el perfeccionismo que nos espanta, nos tranquiliza al escribir: “ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser”. Cierto es que Jesús dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos como,  vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5: 48). Jesús no dijo que sus seguidores tuviesen que ser perfectos ahora, Les dice que busquen la perfección. A pesar de las caídas no os desalentéis. Volved a levantaros y a seguir intentando dar en la diana. El apóstol Pablo no se avergüenza decir que no ha conseguido hoy, pero prosigue la carrera hasta alcanzarla,

El apóstol Juan nos quita un gran peso de sobre nuestras espaldas al escribir: “Aun no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos tal como Él es”. En el día de la resurrección, cuando la muerte haya sido vencida por la inmortalidad, el pecado desterrado, la corrupción absorbida por la incorrupción, el deseo de Jesús de que seamos perfectos como el Padre celestial es perfecto se habrá cumplido. En tanto no llegue este día y el Señor siga manteniéndonos en esta tierra contaminada por el pecado tendremos que luchar infatigablemente contra la imperfección. Caeremos sí. Nos levantaremos también sabiendo que la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte es nuestra victoria.