diumenge, 16 de gener del 2022

 

MATEO 15: 12

“Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén diciendo: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos?”

El texto que comentamos pone de manifiesto la facilidad con que se altera el orden de las prioridades. Los tradicionalista, en el  campo religioso, lo son aquellos que cimentan sus creencias sobre las tradiciones humanas y no sobre la Palabra de Dios. Los fariseos que fueron los campeones del tradicionalismo en tiempos de Jesús se quejaron al Señor de que sus discípulos habían quebrantado la tradición de los ancianos. No se quejaron de que hubiesen quebrantado la Ley de Dios. Para ellos la Ley de Dios poco les importaba. Se quejaron de que hubiesen quebrantado enseñanzas humanas que habían suplantado a la Ley de Dios. No lo hicieron por la sencilla razón de que cuando no se tiene a Dios en el corazón el vacío que crea su ausencia tiene que llenarse con pensamientos humanos. En el caso del cristianismo el vacío tiene que llenarse con la Tradición, es decir, las enseñanzas que a lo largo de los siglos han impartido los doctores de la Iglesia. Poco a poco las enseñanzas eclesiásticas han ido marginando la Palabra de Dios ocupando el lugar preeminente que le corresponde a Ella. A los tradicionalistas de todos los siglos Jesús les dice: “Vosotros habéis invalidado la Palabra de Dios con vuestras tradiciones” (Marcos 7. 13). “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías diciendo: De labios me honran, mas su corazón está lejos de mí, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres” (Mateo 15: 7-9).

El apóstol Pablo antes de su conversión a Cristo fue un recalcitrante fariseo que perseguía a muerte a los cristianos. Acercándose a Damasco como inquisidor rabioso, se encontró con Jesús que le derribó del caballo lo cual le impulsó a preguntar: ¿Qué quieres que haga Señor? A partir de aquel momento se convirtió en una nueva persona y entendió que Dios y su Palabra tienen prioridad sobre las tradiciones de los hombres. Con estas palabras lo expresa: “Mirad que nadie se engañe por filosofías  y vanas sutilezas según la tradición de los hombres, según los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2: 8).

En la Iglesia Católica se ha oficializado la Tradición cuando el Concilio de Trento equiparó la Tradición con las Sagradas Escrituras. Con dicha resolución lo que se ha conseguido es que la Tradición haya suplantado la Palabra de Dios. Lo que se ha conseguido con ello es que la Iglesia Católica no pueda regenerarse al  no encontrarse en un permanente estado de renovación espiritual. De ahí los escándalos que manifiestan  la corrupción existente en la Jerarquía y de ahí en los fieles.

La denuncia que Jesús hace contra la tradición de los ancianos enciende una luz roja que nos avisa del peligro que nos amenaza también a los evangélicos  porque sin darnos cuenta nos vamos deslizando por la pendiente del tradicionalismo con lo que la Biblia va perdiendo autoridad. Con ello vamos perdiendo nuestra razón de ser: Luz que alumbra en medio de un mundo envuelto de profundas tinieblas espirituales. Por dejar de ser faro que alerta del peligro de los arrecifes somos incapaces de iluminar el camino por el que transitan los ciegos.


 

1 SAMUEL 25: 21, 22

“Y David había dicho: Ciertamente en vano he guardado todo lo que este tiene en el desierto, sin que nada le haya faltado de todo cuanto es suyo y él me ha devuelto mal por bien. Así haga Dios a los enemigos de David y aun les añada, que de aquí a mañana, de todo lo que fuese suyo no he de dejar en vida ni un varón”

David se siente estafado. Sus hombres habían protegido a los pastores y rebaños de Nabal. Cuando David se entera de que se celebraba el esquileo de las ovejas, envía a diez jóvenes para pedir ayuda a Nabal. Éste los despide de malas maneras. Cuando los enviados regresan con las manos vacías David se enfurece y jura exterminar a toda la casa de Nabal. El odio ciega a David y le ofusca el entendimiento. “No digas: Yo me vengaré, espera en el Señor, y Él te salvará” (Proverbios 20: 22). Cegado por el odio que corroe  su corazón David reúne a sus hombres y emprende el camino para cumplir la venganza que el odio le había encendido.

Abigail, la esposa de Nabal se comporta como la mujer virtuosa que describe Proverbios 31: 10-31. Carga en unos asnos provisiones y  emprende el camino para encontrarse con l airado David. Cuando lo tiene enfrente desciende del asno “y postrándose sobre su rostro delante de David, se inclinó a tierra” (v. 23). Las feministas podrán encontrar este comportamiento inaceptable por humillante, olvidan pero que la humildad es la antesala de la exaltación. Abigail había aprendido del Señor que es “manso y humilde de corazón” (Mateo 10: 29). ¡Si se creyese lo que dice el proverbio: “La blanda respuesta quita la ira, mas la palabra áspera hace subir el furor”! (Proverbios 15: 1), disminuirían considerablemente los conflictos. Mientras pensemos que la humildad es un acto de cobardía, los  conflictos se incrementarán. La humildad es un apaga fuegos.

La humildad de Abigail va acompañada del amor al prójimo que nos enseña el Gran Mandamiento. Es por esto que busca el bien de David al decirle que no se deje guiar por la sed de venganza. Abigail sabe que David es el ungido del Señor y que un día será rey de Israel. Recordándole este futuro, le dice: “Entonces, señor mío, no tendrás motivo de pena ni remordimiento por haber derramado sangre sin causa, o por haberte vengado por ti mismo” (v. 31). La respuesta de David a las blandas palabras de la mujer es: “Bendito sea el Dios de Israel, que te envió para que me encontrases. Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú que me has estorbado hoy de ir a derramar sangre y a vengarme por mi propia mano” (vv. 32, 33).

¡Cuán necesitado está hoy el mudo de personas que posean el espíritu de Abigail que hablen blandas palabras y de personas que como David estén dispuestas a escuchar!

 

 

 

SUICIDIOS

<b>La carencia de sentido de la vida conduce a un creciente número de personas a intentar quitarse la vida</b>

El suicidio de Verónica Forqué  ha inundado los medios de especulaciones salvajes sobré qué la podría haber llevado a desear su desaparición. Siempre habrá personas devastadas por una variedad de heridas y enfermedades mentales y físicas que harán la vida intolerable” (<b>Teresa Sesé</b>, periodista).

En el fondo, el problema de los suicidios se encuentra en la debilidad humana. Esta impotencia no es exclusiva de los niños y adolescentes que intentan, o se quitan la vida, debido al acoso sistemático al que los someten sus compañeros. Las presiones que se convierten en pesadas cargas, además del educativo se dan en el ámbito laboral: banca, industria, comercio, servicios, televisión, música, teatro…Nunca son suficientes los beneficios. Cada año se tienen que incrementar. Es una maratón que carece de línea de llegada. Las personas se queman. Muchas se medican. Otras optan por quitarse la vida.

Cuando nos fijamos en las revistas del corazón que exponen a los lectores las magníficas mansiones de los astros y estrellas del cine, del teatro, la música, el deporte, los magnates de la industria, nos ilusionamos de la opulencia que disfrutan y de la vida regalada que llevan. Sentimos envidia de la prosperidad de que gozan y creemos que no tienen fatiga ni aflicciones como el resto de los mortales. A pesar de la prosperidad que gozan y los honores que reciben, no quita que no san nada más que figuritas de porcelana que se rompen fácilmente.

Un reportaje de <b>Begoña Corzo Suárez</b> titulado: <i>Angustiados por el peso de la corona</i> y con el subtítulo <i>La presión del rango pone en riesgo la salud mental de reinas y princesas</i>. El esplendor que las rodea. La majestuosidad de sus fiestas. Todo ello es un camuflaje para intentar esconder que de sangre azul nada de nada. La tienen roja como el resto de los mortales y que no pueden eludir las miserias que afligen a los plebeyos. Ni tampoco las enfermedades mentales que como muy bien lo expone el reportaje mencionado.

¿Por qué diantre se suicidan los famosos? Porque la fama no es una coraza que los proteja de su debilidad.

<b>Joaquim Puntí</b>, sicólogo de la área de salud mental del Hospital Parc Taulí de Sabadell, dice: “Tenemos que comenzar desde abajo, con la prevención, trabajando antes que aparezcan las conductas suicidas”. Las enfermedades mentales que no sean de origen biológico son de carácter espiritual y no se pueden tratar con fármacos porque las sustancias químicas que se suministran no llegan al alma que es la que está enferma.

Gal·la, la joven de 16 años que intentó quitarse la vida dos veces, manifestó que su dolencia no era física a sino espiritual cuando da su  testimonio: “Simplemente  llegó un momento que sentí que me colapsaba. Que había tocado fondo. Quería dejar de pensar. Dormir y no despertarme…Estaba frustrada, y me encerré en mi misma. Dejé de pensar en los otros. No quise compartir con nadie la tristeza que me atenazaba. Ni con la familia ni con las amigas. Sé que fue un error, pero no veía salida. Estaba cansada, exhausta como un juguete que se ha quedado sin pilas”

Si el sicólogo <b>Joaquim Puntí</b> firma que tiene que hacerse una labor preventiva para evitar que las personas que se sienten hastiadas de la vida  quieren quitársela, ¿cuándo y dónde deben iniciarse las tareas de prevención? ¿Quién cuida de los hijos desde su nacimiento? Los padres son quienes tendrían que realizar las tareas preventivas. No pueden porque desconocen qué tienen que hacer. Debido a esta desidia, la pandemia del Covid-19 ha hecho que las enfermedades mentales se hayan disparado entre niños y adolescentes.

El negacionismo vacunal  tendría que aplicarse en el campo del espíritu. Son muchos quienes niegan la existencia de Dios que creó al hombre compuesto de cuerpo y alma. La negación de Dios hace que muchos padres vean a sus hijos únicamente como polvo que vuelve a la tierra. Es por ello que se preocupan exclusivamente de cuidar sus necesidades físicas y descuidan las espirituales porque para los padres sencillamente no existen. Jesús invita a todos los que como Gal·la se encuentran cansados y exhaustos como juguetes que se han quedado sin pilas, diciéndoles: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar” (Mateo 11: 28). El profeta Isaías que anuncia a Jesús, el Mesías que tenía que venir en el cumplimiento del tiempo, escribe: “¿No has sabido, no has oído, que el Dios eterno es el Señor, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen, pero los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán”( Isaías 40: 28-31).

Si los padres de Gal·la le hubiesen hablado de Jesús que es el Médico que da vida a los muertos, y ella los hubiese escuchado, jamás hubiese llegado al extremo de sentirse hastiada de la vida, cansada y exhausta. Jamás la habría pasado por la cabeza intentar quitarse la vida por dos veces.

Octavi Pereña i Cortina

 

 

 

LA GRAN MENTIDA

Referint-se al món que ens toca viure el de “fake news”, notícies falses, Carlos Zamón en el seu escrit “Menteix-me i t’estimaré”, molt encertadament descriu quest món de maldat que ens toca moure’ns: “I en aquesta funció de mal teatre ja no ens podem creure res del que veiem, ens diuen, sentim o pensem. Tot és essencialment sospitós, sense possibilitat de desemmascarament. El món, la nostra vida, el futur, al no tenir relat amb certeses i possibilitats, està desproveït  de significat. I si és així, res no té manera d’explicar-se i explicar-nos. I governar aquesta nau de mentiders quan sota coberta caminen fent soroll els monstres amagats, donats per morts o negats (nazisme, profetes apocalíptics, trumpisme, jutges i carolingis, Putin i Bolsonaro…) i quan l’ordre –qualsevol ordre- és sospitós per se, fa que aquesta nau de mentiders només la puguin governar els guillats que, a canvi de destruir-nos, ens fan creure que conèixer és entendre i que democràcia és només votar-los a ells”. Aquesta espessa boira enterbolida per la mentira que pren visibilitat en l’amoral comportament polític i social, dificulta la navegació de les nostres vides a port segur, té la seva raó de ser.

Trobant-se Adam encara sol, gaudint les delícies paradisíaques del jardí de Edèn, quan tota la humanitat es trobava en els seus lloms, Déu li va donar el manament d’obeir la Llei que li dictava. D’aquesta obediència depenia que tant Adam com la seva descendència seguissin gaudint les delícies del paradís en que es trobava: “Pots menjar de tot arbre del jardí, però de l’arbre del coneixement del bé i del mal, no en mengis, perquè el dia que en mengis, certament moriràs” (Gènesi 2: 16, 17). Més tard, gaudint ja de la companyia d’Eva, es presenta a l’escenari un personatge nou, la serpent, que en aquell moment caminava dempeus. Arrossegar-se per terra com ho fa ara és a causa de la maledicció de Déu. La serp se’ls presenta disfressada d’àngel de llum. El rèptil s’apropa a Eva per dir-li: “Així que Déu ha dit: No mengeu de cap arbre del jardí”. En lloc d’allunyar-se d’aquesta seductora criatura, comet l’equivocació d’entaular conversa amb ella. Li va dir: “podem menjar del fruit dels arbres del jardí, però del fruit de l’arbre que hi ha enmig del jardí, Déu ha dit: No en mengeu ni el toqueu, perquè sino morireu”. I la serp li va dir a la dona: “No morireu pas!” (Gènesi 3: 1-4). Fins aquest moment l’arbre del coneixement del bé i del mal havia passat desapercebut als ulls d’Eva. Ara, seduïda per les paraules d la serp Eva es fixa en l’arbre i s’adona que “que era bo per menjar i que era agradable als ulls, i que l’arbre era desitjable per adquirir saviesa. I ella va prendre del seu fruit, en va menjar i en va donat també al seu marit que era amb ella. i ell també en va menjar” (v.6). La conseqüència de menjar el fruit que semblava tan apetitós  va ser que se’ls  “van obrir els ulls de tots dos, i es van adonar que anaven nus” (v.7).

Deixar-se seduir Adam per la serpent tan seductora va permetre que la mentira s’infiltrés en l’ésser humà. Des de llavors el diable es converteix en el pare espiritual de l’ésser humà. Com diu Jesús: “Vosaltres sou del vostre pare el diable, i voleu fer els desigs del vostre pare…i no es va mantenir en la veritat, perquè en ell no hi ha veritat. Quan parla la mentida, parla del que li és propi, perquè és mentider i pare de la mentida” (Joan 8: 44).

“Amb les últimes tecnologies hi ha hagut un augment de vertigen de la velocitat amb que es transmet la mentida i la seva expansió es fa universal de manera gairebé immediata” (Rafael Argullol, filòsof). El periodista nord-americà Roger Cohen, escriu: “La indiferència davant la veritat  i la mentida és una de les condicions prèvies del feixisme. Quan mor la veritat cau la llibertat”. Amb poc temps la mentida ha crescut exponencialment, però no ha arribat al seu zenit.

La Bíblia ensenya que Jesús tornarà gloriós. Quan aquest dia arribi es produirà la resurrecció dels morts. Els difunts reviuran i ascendiran per anar a rebre el Senyor en l’aire. Abans que això succeeixi vindrà “l’apostasia i es manifesti l’home de pecat, el fill de perdició, que s’oposa i s’exalça contra tot el que s’anomena Déu…I ara sabeu allò que el refrena, a fi que sigui manifestat en el seu moment. Perquè el misteri de la iniquitat ja està actuant, solament que ara hi ha aquell que l’està refrenant, fins que es retiri del mig, i llavors es manifestarà l’inic, que el Senyor consumirà amb l’alè de la seva boca, i anul·larà amb l’esplendor de la seva vinguda. La vinguda de l’inic és conforme a l’operació de Satanàs, amb tota mena de poder, i de senyals, i de prodigis de mentida, i amb tota mena d’engany d’injustícia en els qui es perden, perquè no van rebre l’amor de la veritat per ser salvats. I per això Déu els enviarà una operació d’error, perquè creguin la mentida” (2 Tessalonicencs 2: 3-11). Si la Bíblia ha anticipat tot el que havia  d’ocórrer, i es va fer  realitat en el temps establert, també es compliran les prediccions futures quan arribi el seu dia.. Avui, no sabem com serà exactament l’aparició del misteri d’iniquitat. Els qui visquin a la terra en aquell ho veuran clarament.

Octavi Pereña i Cortina

 

diumenge, 9 de gener del 2022

 

DEUTERONOMIO 32: 1

“Escuchad cielos, y hablaré, y oiga la tierra los dichos de mi boca”

Israel se encuentra ante la puerta de la Tierra Prometida, A Moisés se le prohíbe entrar en ella pero sí se le permite contemplarla desde lo alto del monte Nebo. Moisés se despide de su pueblo con un cántico del destacaré los dos primeros versículos sin menoscabo del resto del poema. Por estar registrado este cántico en las páginas de las Sagradas Escrituras sirve para enseñanza de todas las generaciones, sin olvidar la nuestra.

“Escuchad cielos, y hablaré, y oiga la tierra los dichos de mi boca. Goteará como lluvia mi enseñanza, destilará como el rocío mi razonamiento, como lluvia sobre la grama, y como gotas sobre la hierba” (vv. 1,2). El agua es fuente de vida. Sin ella la tierra se convierte en un desierto. En tiempo de sequía persistente los hombres ansían el agua como el ciervo brama por ella. Por acceder a las fuentes del agua a lo largo de la historia se han declarado muchas guerras.

El agua que cae del cielo puede ser torrencial y ocasionar destrozos difícilmente reparables como lo muestran las imágenes televisivas.

Los versículos que comentamos Moisés nos muestra el agua como goteo, rocío, llovizna. El cielo la deja caer lentamente, persistente, la suficiente para permitir que la tierra sea fértil para que produzca los alimentos que el hombre necesita para subsistir. No creo que Moisés tenga la mirada puesta en el bienestar físico del hombre únicamente,  porque al fin y al cabo la existencia del hombre sobre la Tierra es limitada para convertirse en polvo del cual lo extrajo el Creador.

Indiscutiblemente, Moisés al describir el agua, en primer lugar tiene presente a su pueblo. Pero su interés se ensancha hasta los confines d la Tierra por todas las generaciones. De la misma manera que la tierra necesita el agua para conservar su fertilidad, el hombre necesita la Palabra de Dios que es Jesús para que su alma viva. La sed espiritual del hombre se puede intentar apagarla bebiendo en aguas corruptas que como la salada no la apagan sino que la incrementan  hasta producir la muerte de quienes la beben.

La invitación del profeta Isaías a aquellos que tienen sed de Dios pero que no saben dónde encontrarle, les dice: “A todos los sedientos: Venid a las aguas, y a los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid comprad sin dinero y sin precio vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará el alma con grosura” (Isaías 55: 1,2).

Jesús distingue el agua del pozo de la que él da, al decirle a la samaritana: “Cualquiera que beba de esta agua, volverá a tener sed, mas al que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino el agua que yo le daré será en él una fuente que salte para vida eterna" (Juan 4: 13,14)


 

JUAN 8: 9

“Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salieron uno a uno, comenzando por los más viejos hasta los postreros”

Los fariseos formaban parte de una estricta secta religiosa que se consideraban irreprensibles con respecto a la Ley de Moisés. Eran tan engreídos en su perfecto cumplimiento de la Ley de Dios que les impedía ver la biga clavada en su ojo lo cual les impedía mirarse a sí mismos y ver sus muchas imperfecciones.

Cuando Jesús llamó a Mateo a que le siguiese  estando  sentado en su oficina recaudando los tributos que tenían que pagar los ciudadanos, Mateo invitó a Jesús a comer a su casa. Al verlo, los fariseos se quejaron a los discípulos de que su Maestro comiese con los cobradores de impuestos y pecadores.  Oyéndolo Jesús, les dijo: “Id, pues, y aprended  lo que significa: Misericordia y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino pecadores al arrepentimiento” (Mateo 9: 9-13).

En otra ocasión Jesús y sus discípulos caminaban junto a un campo de trigo. Era sábado. Los discípulos que tenían hambre arrancaron unas espigas y las desgranaron fregándolas con sus manos. Los fariseos que fueron testigos de lo que consideraban una grave infracción de la Ley se acercaron a Jesús para denunciar la infracción cometida por sus discípulos. Jesús les dice: “Y si supierais lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes” (Mateo 12: 7).

El perfeccionismo de los fariseos les impedía ver su propio corazón. Sí que se tienen que denunciar los pecados pero la corrección tiene que hacerse movidos por el amor de Dios que busca el arrepentimiento del pecador. Los juicios condenatorios que tan a menudo salen de nuestros labios contribuyen a endurecer nuestro propio corazón y no a hacer bien a los acusados. Tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de enjuiciar a los pecadores.

Juan nos relata el caso de la mujer sorprendida cometiendo adulterio que los fariseos llevan ante la presencia de Jesús para que la condene para que fuese apedreada según la Ley de Moisés. A estos irreprensibles que presumían de cumplir la Ley de Moisés, Jesús les dice: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” ¿Es que a Jesús no le importaba el comportamiento de la mujer adúltera? Claro que le importaba porque deseaba su bien. Cuando los acusadores de la adúltera abandonaron el lugar avergonzados y dejaron solos a Jesús y a la mujer, Jesús se dirige a la mujer y le dice: “¿Nadie te condenó? Ella responde. Nadie, Señor”. Jesús que es el único que puede perdonar los pecados, le dice a la pecadora: “Ni yo te condeno, vete y no peques más” (Juan 8: 3-11). ¿Hemos aprendido cómo deben tratarse los pecadores? Si no fuese por la misericordia de Dios, ¿dónde estaríamos nosotros?

 

 

 

SUFRIMIENTO

<b>Quien predique sobre el sufrimiento no le va a faltar auditorio</b>

<b>Lluís Amiguet</b> que entrevista a la doctora <b>Marion Muller-Colard</b>, teóloga, inicia la entrevista preguntándole: “¿Tiene algún sentido  que un niño sufra dolores terribles por un cáncer incurable?” La doctora le responde: “Vi que este sufrimiento, a veces horroroso, siempre nos sorprende cuando nos toca, porque nos consideramos buenas personas, y por lo tanto, protegidas por nuestra bondad, y el pacto con el Dios de este dolor. Y nos causa tal sorpresa ser sus víctimas que nos preguntamos sin respuesta: “¿Por qué yo?” “¿Por qué mi hijo?” Estos interrogantes sí tienen respuesta si se la busca en el lugar apropiado. La Doctora Marion dice: “Nos agarramos a cualquier explicación para poder sacar la cabeza del agua”.

A la pegunta del periodista: “¿No es la religión este consuelo?” La doctora responde: “Existe un consuelo milenario, pero falso en su sistema religioso llamado “retributivo” que supone que un Dios justo reparte desgracia y felicidad. Y a veces incomprensiblemente, pero que hemos de aceptar como creyentes”. Me da la impresión que la doctora acepta el dolor  con resignación, como si no hubiese más remedio que soportarlo. Ya que tiene la idea del Dios “retributivo”, que esparce la desgracia a capricho, este concepto le impide encontrar el sentido purificador que tiene el dolor. Si se tiene la idea del Dios justiciero que hace sufrir a las personas por venganza, jamás dejaremos de explotar quejosos: “¿Por qué a mí?”

Por un lado el dolor nos alerta que somos polvo y que en polvo nos convertiremos. A este destino nos acerca cada día que pasa. Por esto, en vez de considerarlo un enemigo mejor sería que lo viésemos como el amigo que diariamente nos da una lección magistral sobre la VIDA.

<b>Marion Muller-Colard</b> dice que estudió teología protestante  y que es una fan del libro de Job que trata ampliamente sobre el dolor. Una cosa es conocer la letra del texto y otra muy distinta es  conocer al Dios que inspiró al autor humano a escribirlo. Mientras se considere a Dios una entelequia, una persona imaginaria que no tiene realidad objetiva, no se podrá entender la esencia del dolor que transmite la Biblia. Si no se tiene en cuenta a Dios porque nos hemos enemistado con Él por propia voluntad no entenderemos el significado del dolor. A pesar de ello no ha dejado de amarnos hasta el punto de enviar a su Hijo único a morir por nosotros para rescatarnos de las consecuencias de la absurda desobediencia que cometimos estando en Adán. Hace poco hemos celebrado la Navidad que recuerda la encarnación del Hijo de Dios. Desgraciadamente esta celebración se ha convertido en una fiesta pagana cuyo único propósito es gratificar nuestra sensualidad como lo atestigua el énfasis comercial que prevalece. Dado el desvío que se ha producido del sentido original de la Navidad no debe extrañarnos que cuando el dolor llama a la puerta de nuestra casa reaccionamos pataleando en sentido de desaprobación. Las protestas no contribuyen a serenarnos, Todo lo contrario hacen que el dolor emocional se haga más intenso. Carentes de la presencia de Dios que trae paz en la tierra y buena voluntad para con los hombres, nuestra existencia terrenal se convierte en la antesala del infierno. La cosa no tendría porque ser así.

Ante el sufrimiento, esta es la respuesta que nos da la Biblia: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas las nuestras tribulaciones para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación, o si somos consolados es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo seáis en la consolación” (2 Corintios 1: 3-7).

El sufrimiento evidentemente  es la consecuencia de la muerte física y espiritual  de Adán causada por la desobediencia a Dios al comer el fruto prohibido del árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2: 17). Los obispos contribuyen a descristianizar  la Navidad con el irresponsable comportamiento de bendecir imágenes de jesusitos que convierten a Jesús que nació en Belén para salvación del pueblo de Dios, como su Nombre significa, en objeto material para ser adorado, lo cual, aparta la mirada del Jesús vivo que está sentado a la diestra del Padre intercediendo por su pueblo.

La Ley castiga al infractor, pero la misericordia de Dios manifestada en Jesús la convierte en una fuente de bendición que además de hacer más llevadero el peregrinaje terrenal hacia las mansiones celestiales en donde Jesús está preparando un lugar para los que esperan en Él.

Octavi Pereña i Cortina

 

diumenge, 2 de gener del 2022

 

MARCOS 14:36

Y Jesús decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti, aparta de mí esta copa, mas no lo que quiero yo, sino lo que tú”

En el Padrenuestro, la oración modelo que Jesús enseñó a sus discípulos, entre otras cosas dice; “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6: 10). A una multitud angustiada por las muchas cargas que debe transportar sobre sus espaldas, Jesús le dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y llevaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11. 28-30).

Ambos textos tienen algo que ver con la oración que pronunció Jesús poco antes de ser prendido para ser juzgado y condenado a muerte. Jesús se encuentra en una situación angustiosa porque sabe el intenso dolor que le aguarda. Tiene que dar ejemplo de abrir su corazón al Padre poniendo frente a frente su voluntad con la del Padre. Se somete a ella: “mas no lo que yo quiero, sino lo que tú”. Ante dos voluntades enfrentadas, la del Pare es la que debe prevalecer. He aquí el problema del hombre, entre la voluntad del Padre y la propia, ésta es la  que prevalece. Escribo este comentario el 18 de diciembre de 2021  vigilia de la celebración de la Marató de TV3, este año dedicada a las enfermedades mentales. Debido a la pandemia de la Covid-19 los trastornos mentales se han incrementado exponencialmente debido al enfrentamiento entre la voluntad del Padre y la nuestra. La vida y la muerte están en manos de Dios. La pandemia no ha aparecido por arte de magia. Está fuera de nuestro alcance comprender el motivo porque el Señor ha permitido su presencia. La voluntad del Padre y la nuestra se enfrentan. Nos revelamos contra la presencia de la pandemia y luchamos contra la voluntad del Padre. Del enfrentamiento llevamos la de perder.

Jesús le dice al Padre: “Aparta de mí esta copa.” Si la oración terminase aquí podríamos pensar que Jesús está en desacuerdo con la voluntad del Padre que desea que muera para salvación del Pueblo de Dios. Jesús sigue diciendo: “Mas no lo que yo quiero, sino lo que tú”. Aquí se encuentra la razón de tantos trastornos mentales que no son de origen biológico, que nos consumen. Ante las situaciones desagradables que nos afectan, Él tendrá sus motivos para que nos afecten, nos rebelamos. Quisiéramos que las situaciones fuesen distintas y nos oponemos a su presencia. Luchar contra la voluntad de Dios es el causante de los trastornos mentales que nos obligan a medicarnos: estrés, insomnio…Mientras nosotros sufrimos, las farmacéuticas se frotan las manos de satisfacción por los pingües beneficios que les proporcionan el consumo desmedido de medicamentos.

Jesús nos da el ejemplo de lo que tenemos que hacer al enfrentarnos a situaciones difíciles de llevar: “Mas no lo que yo quiero, sino lo que tú”


 

DEUTERONOMIO 31: 17

“Y dirán en aquel día: ¿No me han venido estos males porque no está mi Dios en medio de mí?”

El Señor anuncia a Moisés que pronto va a dejar este mundo y partir para presentarse ante su presencia. Durante cuarenta años tuvo que lidiar con su pueblo que era duro de cerviz, Dios le había fortalecido. Dios que sabe  anticipadamente todo lo que va a hacer su pueblo, le dice: “Este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra a donde va para estar en medio de ella, y me dejará, e invalidará mi pacto que he concertado con él, y se encenderá mi furor contra él en aquel día, y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos, y vendrán sobre ellos muchos males y angustias”  (vv. 16, 17). A continuación le sigue el texto sobre el que se basa esta reflexión: “Y dirán en aquel día: ¿No me han venido estos males porque no está Dios en medio de mí?”.A pesar que reconocían que los males que les afligían se debía a que Dios no estaba en medio de ellos, Moisés les dice: “Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os apartaréis del camino que os he mandado, y que os ha de venir mal  en los postreros días, por haber hecho mal ante los ojos del Señor, enojándole con la obra de vuestras manos” (v. 29).

Desde la liberación de la esclavitud de Egipto y durante la peregrinación por el desierto y a lo largo de toda su historia, es de destacar la época de Jesús y de la iglesia apostólica, el pueblo de Israel se ha caracterizado por ser un pueblo de dura cerviz y obstinado de corazón. Nosotros podemos creer que somos mejores que el antiguo Israel. Si lo creemos pensamos mal. En la parábola de Lázaro y el rico opulento que no quiere que sus hermanos vengan a él en el lugar de tormento en que se encuentra. Para conseguirlo le pide a Abraham que envíe a Lázaro a la casa de su padre pensando que si reciben la visita de un resucitado, tal milagro despertará en sus hermanos en sentimiento de arrepentimiento. Abraham le respondió: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguien se levante de los muertos” (Lucas 16: 10-31).

Los judíos fueron y siguen siendo duros de corazón. Los gentiles no nos quedamos en zaga.

Estamos inmersos en una terrible pandemia que no sabemos cuánto tiempo va a durar. Muchos han fallecido por el virus. En Apocalipsis 9 Juan describe plagas muy duras que causaron muchas muertes: “Y los hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos,  ni dejaron de adorar a los demonios , y a las imágenes de oro, de plata, de broce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar, ni se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos” (vv.20, 21). ¿Dan muestras de arrepentimiento los seres humanos de nuestros días? Lo único que les importa es la economía. Las pérdidas que las medidas para frenar el avance del Covid-19 ocasiona en hostelería y locales de ocio nocturno. Prefieren seguir negando a Dios  basándose en un falso concepto de libertad. Así será hasta el final del tiempo.

 

¿EXISTE EL MAL?

<b>El mal no es una cuestión filosófica. Su presencia se debe a la existencia del diablo que es su padre</b>

El Instituto de Estudios Catalanes y creo que también lo habrá hecho la Real Academia  de la Lengua Española, ha incluido en su diccionario la palabra <i>negacionismo</i> que ha arraigado debido al Covid-19. Existen negacionistas no solamente del Covid-19, también del mal. <b>Ana Carrasco Conde</b>, filósofa, pertenece al grupo de los negacionistas del mal cuando dice: el malvado no tiene “una enfermedad, Al hablar del mal tendemos a pensar en situaciones muy cruentas que nos permitan justificarlo, pero no piensan en el mal de las pequeñas cosas, cuando tratan mal a quienes tienen cerca…”, “Sin ser conscientes”, le pregunta la entrevistadora”. “Así es muchas veces. En otras consideramos a los otros como actores secundarios de nuestra propia vida. Esto también es malo y no por esto somos enfermos”.

La periodista le dice a <b>Ana Carrasco Conde</b>: “Entrevisté a una jueza que decía que el mal existía “, Así responde la entrevistada: “Si consideramos que el mal es una esencia, una cosa que nos preexiste, estamos condenándonos ya, porque entonces que soluciones hay? Tenemos que vigilar mucho cuando relacionamos el mal con el ser humano, porque entonces lo damos todo por perdido”.

<b>Teresa Amiguet</b> la entrevistadora le dice a la filósofa: “El mal ganó las elecciones con Hitler: ¿cómo pudo votar el mal todo un país?” La respuesta que recibe de <b>Ana Carrasco</b>: “En un período de equilibrio y de certeza los alemanes no habrían votado a Hitler, pero en aquel momento histórico lo vieron como una salida: Es necesario acudir a las fuentes sicológicas, a estudiar tendencias como el expresionismo cinematográfico para entender los problemas de aquella sociedad”. “¿Y de allí a Auschwitz?”, le pregunta el periodista. La respuesta que recibe es muy inquietante: “Una vez que el nazismo se aposentó, adoctrinó ideológicamente a la sociedad, para que considerase  que los judíos no eran seres humanos. El mal tiene que ver también como una manera de demonizar a los otros”. La entrevista finaliza con una pregunta y una respuesta: “¿Cómo explica una filosofa del mal violaciones como las de La Manada?”. La respuesta fue: “Es una manera de reforzar la posición del hombre, su  potencia, su papel dentro de la estructura social”, Deduzco de la entrevista que para <b>Ana Carrasco</b> el mal es algo externo al ser humano, que no tiene nada que ver con su naturaleza. Si es así nada puede hacerse para combatirlo porque es algo que está fuera de nuestro alcance. Jesús no es de este parecer. Pasando Jesús por delante de la oficina de recaudación de impuestos Mateo se dedicaba a recaudarlos. Sin mediar palabra Jesús le dice al funcionario que trabajaba para Roma: “Sígueme”. Sin pensárselo dos veces Mateo se levanta de la silla e invita a Jesús a comer en su casa, Alrededor de la mesa se reunieron muchos recaudadores de impuestos y otros pecadores. Al ver la escena los fariseos que se consideraban buenas personas porque presumían de cumplir al pie de la letra la Ley de Moisés, se quejaron a los discípulos de Jesús. Jesús oye la queja y se dirige a los quejosos diciéndoles: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” (Mateo 9: 9-17). La Biblia no entiende el mal como algo externo del hombre, sino como una enfermedad espiritual. Por esto es que considera a los hombres pecadores necesitados de que Jesús los cure. David el gran rey de Israel cometió adulterio con la mujer de unos de los oficiales de su ejército. Fruto de esta relación la mujer quedó embarazada. Al saberlo, David intentó esconder la fechoría dando la orden de que se pusiese el marido de la mujer ultrajada en un punto peligroso del combate para que fuese muerto por los enemigos. Así fue. David suspiró aliviado. Lo que el rey hizo en secreto no pasó desapercibido al ojo escrutador de Dios que envía a David el profeta Natán para que le reprenda del grave pecado cometido. El profeta con mucha sensatez utiliza una parábola para hacerle ver al adúltero la gravedad del pecado cometido, La historia trata de un hombre rico que recibe la visita de un amigo. Con el fin de agasajarlo le roba a un vecino pobre la única oveja que tenía. Al oír esto David se encabrita y desea la muerte del rico. El profeta le señala con el dedo: Tú eres este hombre porque teniendo muchas mujeres te has encaprichado de la única mujer de tu siervo Urias. (2 Samuel 12: 1-23). Dios por medio del profeta Natán le hace ver a David  que la maldad cometida no fue debida a una influencia externa sino de la maldad que se escondía en su corazón.

Fruto de la amonestación del profeta y del reconocimiento de su pecado  David escribió el Salmo 51. Antes de ir a este salmo nos ayudará a entenderlo mejor si nos fijamos en una frase que se encuentra en el Padrenuestro, la oración modelo que Jesús enseñó a sus discípulos; “Líbranos del Maligno” (Mateo 6: 13). Por nacimiento natural todos somos hijos de nuestro padre espiritual que es el diablo. Deseamos hacer sus deseos. Él es padre de mentira y homicida desde el principio (Juan 8: 44). Si tenemos en cuenta las palabras de Jesús: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”, entenderemos mejor el salmo 51: “He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre…Purifícame y seré limpio, lávame y seré más blanco que la nieve…Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí…”

David reconoce su condición de pecador. No desplaza a un agente externo la responsabilidad de su maldad. Se acercó a Jesús el Médico del alma para que le perdone. Jesús siempre escucha al penitente que clama a Él y siempre le despide diciéndole: “Ve en paz, tu fe te ha salvado”

Octavi Pereña i Cortina