dilluns, 23 de novembre del 2020

 

2 SAMUEL 12: 16

“Entonces David rogó a Dios por el niño, y ayunó David, y entró y pasó la noche acostado en tierra”

El niño por el que ruega David es el fruto del adulterio cometido con Betsabé, esposa de Urias heteo a quien el rey mandó matar para encubrir su pecado. Ante la amonestación del profeta Natán, David se arrepintió de su pecado. A pesar de que Dios le concede el perdón, las consecuencias del pecado no desaparecen, son el castigo de Dios por el pecado cometido. El profeta le dice al rey: “Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urias heteo para que fuese tu mujer. Así ha dicho el Señor: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti, de tu misma casa, y tomaré tus mujeres, y las daré tu prójimo el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol. Porque lo hiciste en secreto, mas yo harté esto mismo delante de todo Israel y a pleno sol…Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos del Señor, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá” (vv. 10-12, 14).

Este relato de la vida de David pone al descubierto que tal vez mucho del sufrimiento que se da en el mundo es una consecuencia del pecado de los hombres. Se vive sin tener en cuenta a Dios y a su Ley. La transgredimos porque decimos que Dios no existe y si existe no ve lo que hacemos en secreto. Por muy escondido que hagamos algo, Dios lo ve y no puede considerar inocente al culpable. Todo pecado tiene sus consecuencias. Y, cuando se aplica la sentencia debido a nuestro pecado, exclamamos. “¿Por qué a mí?” “No es justo lo que me ocurre”. Nos comportamos de manera parecida a como lo hacen  los niños que cuando los padres los reprenden, cogen una rabieta y patalean. Con tal actitud, la situación empeora. Para combatir el trastorno mental que ocasiona las consecuencias del pecado nos atiborramos de pastillas que nos esclavizan.

El texto que comentamos tiene que ver con el niño que nació fruto del adulterio y que Dios sentenció a morir. David pudo enojarse contra Dios diciéndole: ¿Qué culpa tiene el niño? Es inocente. Pero no lo hace. Reconoce su culpabilidad en lo que sucede. Humildemente acepta las consecuencia de sui pecado: “Y el Señor hirió al  niño que la mujer de Urias había dado a David y enfermó gravemente” (v.15). David suplicó a Dios por la salud del niño como enseña el texto que sirve de base de esta meditación. Suplicó intensamente por su salud. Pero la sentencia dictada por Dios tenía que cumplirse. “Y al séptimo día murió el niño” (v.18). Conocido el desenlace, el comportamiento de David cambia por completo. El rey explica a qué se debe el cambio de actitud: “Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá mi hijo? Mas ahora que ha muerto, ¿por qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerlo volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí” (22,23). David acepto la voluntad de Dios, no se resistió a ella y el dolor del alma desapareció.


 

SALMO 143: 8

“Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado, hazme saber el camino por dónde ande, porque a ti he elevado mi alma”

Este texto nos enseña algo muy importante: ¿cuál debe ser el primer pensamiento que nazca en nuestra mente al despertar por la mañana? El Salmo 143 lo escribió el rey David. Es de suponer que en su cabeza hervían urgentes problemas de estado que debían resolverse. No pide directamente por ellos. Suplica la misericordia de Dios. Su favor. Su bendición. ¿Por qué hace esta petición?  Nos lo dice cuando escribe: “Porque en ti he confiado”. Para David Dios no era un Dios lejano que sabía de Él de oídas. No era un conocimiento intelectual fruto de los razonamientos. No era este el conocimiento que David tenía de Dios. Tenía intimidad con Él. Imploraba por la mañana la misericordia divina porque en Dios confiaba.

¿Qué va a traernos un nuevo día? Nadie lo sabe. Las situaciones cambian cada dos por tres. Hacemos planes que de repente se hacen inútiles. No debe extrañarnos que los gobernantes vayan perdidos con el Covid-19. Sea en el aspecto nacional o personal nos encontramos en continua confusión. La situación en que nos encontramos se debe a el ateísmo o la incredulidad nos hacen dudar de la existencia de Dios. ¿Cómo le vamos a pedir por la mañana su misericordia si nuestro dios es un dios desconocido?  ¡Oh incredulidad, cuántos daños no nos ocasionas?

La confusión ambiental nos perjudica porque estamos envueltos en ella. Si no sabemos cómo salir del lodazal en el que nos hundimos, ha llegado la hora de que le pidamos a Dios que nos ayude en nuestra incredulidad. Que nos de fe necesaria para confiar en Él para pedirle misericordia y nos haga saber en cada momento el camino que hemos de seguir.

Quiera el Señor, querido lector, que puedas llegar a decir: “Yo sé en quien he creído”. Que tengas al Señor afincado en tu corazón y que el Espíritu Santo, al abrir los ojos por la mañana haga brotar de tu corazón la súplica de David: “Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado, hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma”.

 

 

EN EL PUNTO DE MIRA

<b>La corrupción en la Iglesia Católica es una piedra de molino atada en su cuello que no le permite alzar el vuelo</b>

<b>Josep Miró i Ardevol en su escrito <i>Iglesia: una idea equivocada<i/> argumenta que el mundo quiere que  la Iglesia Católica se le parezca. Lo hace en estos términos: “A raíz de las palabras de Francisco se produce un reiterado tipo de comentario, formulado ante cualquier iniciativa por parte de la Iglesia. Consiste en exigir que se parezca mucho más al “mundo”, a la sociedad, asumiendo sus cambios, y el reconocimiento de sus nuevas instituciones, prácticas, costumbres y pasiones. En este caso al matrimonio homosexual, pero igual sirve para razonar sobre el aborto, la eutanasia, el sacerdocio femenino, y muchos más temas”.

La pregunta que me ha movido a comentar el escrito de Josep Miró es: ¿Qué ha provocado el descredito que la Iglesia Católica tiene hoy? No es que el mundo pretenda asimilarla. Al revés. Es la Iglesia la que asimila al mundo. Este proceso tiene una causa. La Biblia la expone con nitidez. Es responsabilidad de quienes se consideran católicos analizarla.

Los avisos que reiteradamente hacían los profetas al pueblo de Israel es que debían  mantenerse apartados de los paganos que convivían con ellos. Si esta separación no se producía  las costumbres religiosas de los paganos los infectarían. El resultado fue el abandono de Dios que los liberó de la esclavitud egipcia y que los introdujo en la Tierra Prometida. Por  mano de Josué entraron a poseer la heredad que el Señor les había prometido. Pero no expulsaron a los habitantes de la tierra. El contacto con ellos contaminó la fe de los israelitas. En vez de atraer los israelitas a los paganos a Dios fueron éstos los que atrajeron a los israelitas a adorar a sus dioses. Esto pudo ser así debido al vacío que se había producido en el corazón de los israelitas por haber abandonado a Dios. El vacío se compensó con las creencias religiosas de los paganos que convivían con ellos.

El Antiguo Testamento no se escribió únicamente para proporcionar conocimientos históricos. El propósito principal es que los lectores aprendan de los éxitos y fracasos del pueblo de Dios para que no se repitan los fracasos. Adquieran la sabiduría de Dios que almacenan sus páginas.

“Esta manera de razonar” dice <b>Josep Miró>/b>, “la del “mundo”, expresa un desconocimiento grande de la misión de la Iglesia, aquello que da sentido a su existencia desde Pentecostés del año primero”. El libro d los Hechos de los Apóstoles que es de donde extrae <b>Josep Miró</b> la palabra Pentecostés, muestra cómo era la iglesia apostólica. La fe de aquellos primeros cristianos. De sus luchas para mantenerla viva en un entorno pagano que les era hostil. La situación siguió siendo la misma hasta que en el año 313, con la publicación del Edicto de Milán que concedió a los cristianos los mismos derechos que gozaban las otras religiones. “La iglesia estaba libre de persecuciones. Su firmeza, su fe, y su organización la habían sacado a flote en medio de tantos peligros. Pero al obtener la libertad de sus enemigos, había caído en gran parte bajo el dominio dl trono imperial de Roma. Había empezado una fatal unión con el estado” (<b>Williston Walker</b>). La unión con del estado hizo que los emperadores participasen en el gobierno de la iglesia. Convocasen concilios. Ello fue fatal para la salud espiritual de la iglesia. Se abrió de par en par la puerta para que el paganismo contaminase la fe de la iglesia. Por lo que hace al cristianismo occidental cayó bajo la autoridad del papa de Roma que se convirtió en el único interlocutor con el estado. Este maridaje ha sido fatal para la Iglesia Católica y lo sigue siendo hoy. 

<b>Josep Miró</b> no tiene motivo para quejarse de que el “mundo” tenga una idea equivocada de la Iglesia. Pienso que debería reflexionar sobre la causa  que la ha llevado a ser lo que hoy es y que no tiene ningún parecido con la iglesia que nació en el primer Pentecostés. Que queda reflejada en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Hoy la Iglesia Católica se ha convertido en la multinacional de la religión, corrompida de los pies  a la cabeza. La corrupción que los medios de comunicación se encargan de hacerla pública se debe a que la fe que enseña y su nueva evangelización no tienen ningún parecido con el de la iglesia apostólica. Su alejamiento de la fe del Nuevo Testamento impide que pueda reformarse según Dios. Si no se produce un auténtico arrepentimiento cualquier intento de reforma será como lo ha sido en otros intentos  pasado. Agua de borrajas Podrá reaccionar con otra Contrarreforma que tampoco no servirá  de nada.

La Iglesia Católica está en el punto de mira del mundo debido a su corrupción. Jesús dijo a Pilato: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18: 36). En el momento en que la iglesia empezó a festejar con el estado y se fue a la cama con él, el reino que tenía que el de los cielos  se ha convertido en el reino de este mundo. Para resolver este conflicto de intereses que tanto desprestigio  causa a la Iglesia Católica sería conveniente que tuviese en cuenta estas palabras de Jesús: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperan y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, <i>mintiendo</i>. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”                      (Mateo 5: 11,12).

Octavi Pereña i Cortina

 

dilluns, 9 de novembre del 2020

 

EL VIRUS QUE CORROMPE  A LAS NACIONES

<b>¿Existe vacuna contra el virus de la corrupción?</b>

<b>Antonio Muñoz Molina</b> finaliza su escrito <i> La otra pandemia</i> así: “No sé, sinceramente qué podemos hacer los ciudadanos normales, los no contagiados de odio, los que quisiéramos ver  la vida política regida por los mismos principios de pragmatismo y concordia por los que casi todo el mundo se guía en la vida diaria. Nos ponemos la mascarilla, guardamos distancias, salimos poco, nos lavamos las manos, hacemos nuestro trabajo lo mejor que podemos. Si no hacemos algo más esta gente (los políticos) va a hundirnos a todos”.

El autor del escrito que menciono creo que hace una crítica muy sensata de la situación política, sanitaria y educativa actual. Termina su realista escrito manifestando su impotencia ante la caótica situación actual que  se desborda provocando que tanto la clase política y la ciudadana anden a tientas para no darse cabezazos contra un muro.

“A cada momento”, dice <b>Antonio Muñoz</b>, “la política española se va volviendo más y más tóxica que el virus de la pandemia. El aumento de los contagios y las muertes los hemos visto agravados por el espectáculo cochambroso de la discordia política, de la ineficacia aliada al sectarismo de la irresponsabilidad frívola que poco a poco va mutando en negligencia criminal. La política española es tan destructiva como el virus. Contra el virus llegará la vacuna e irán mejorando los tratamientos paliativos, contra el veneno español de la baja política no parece que haya remedio”. La situación actual, política, social y económica de España la describe muy bien  <b>Antonio Muñoz</b> al decir “si no hacemos algo más esa gente va a hundirnos a todos”.

<b>Antonio Muñoz</b> ve así el panorama español: “El buen gobierno, la justicia social, necesitan lo primero de todo de una administración honesta y eficiente. Las mejores intenciones naufragan en la nada o en el despropósito si no hay estructuras eficaces y flexibles y funcionarios capaces que las mantienen en marcha”.

Se dice de <b>Diógenes</b>, el filósofo griego que iba por la calle a pleno sol llevando un candil encendido. Alejandro el Grande que lo vio, se extraña de este comportamiento tan peculiar. Se le acerca y le dice: “¿Por qué vas por la calle con un candil encendido?” La respuesta que le da el sabio es “Busco un hombre”. Esta respuesta pone de relieve que en siglo IV a.C. ya tambaleaban las estructuras políticas. Bamboleaban anteriormente y  seguirán haciéndolo en el futuro. El hombre en su condición de ser caído ha perdido la noción de qué es la justicia y se comporta de manera totalmente opuesta a la Ley de Dios.

“La justicia” (resumiendo consiste en comportarse a la manera de Dios),”enaltece a la nación, pero el pecado es el oprobio de los pueblos” (Proverbios 14: 34). La Biblia nos habla de personas justas. Estas personas no son seres perfectos. Son hombres y mujeres cuyos pecados han sido perdonados  y lavados por la sangre de Jesús derramada en la cruz y que por la fe en su Nombre se han convertido en personas nuevas. No son perfectos. Han nacido de nuevo por el Espíritu Santo cuya presencia los impulsa a abandonar el comportamiento injusto que los dominaba antes de la conversión a Cristo. Se sienten motivados a hacer aquello que le place al Dios totalmente justo. Yendo por la calle a plena luz del sol no van a encontrarse con ningún hombre ni con ninguna mujer que arregle el desbarajuste social que  nos lleva a la miseria. Los cristianos tienen que salir a la calle no a buscar personas justas que nos saquen del lodazal en que estamos metidos, sino proclamando el Evangelio de Jesús que es la luz del mundo. Cada persona que cree en Jesús,  resplandece en su corazón la luz de Dios, resplandor que le hace ver lo que realmente es. Este conocimiento con la ayuda del Espíritu Santo facilita abandonar lo que se era antes de la conversión a Cristo e impulsa a vivir la ética de la Ley de Dios. Estos son los hombres y mujeres que nos ayudarán a salir del peligro en que nos encontramos si se cree el mensaje de la Biblia de la cual son heraldos.

Abandonar la política que es tanto o más destructiva que el Covid-19 en un mundo maldecido por Dios debido al pecado de Adán no se conseguirá ni que toda la humanidad estuviese formada por personas verdaderamente convertidas a Jesús. Que mejoraría mucho la condición en que nos encontramos, evidentemente. Pero una sociedad que reuniese esta condición no sería la ideal porque la justicia no brillaría en todo su esplendor.

Si una cosa tenemos que aprender de la Historia es que las naciones, los imperios, nacen y la corrupción los destruye. Los nacionalismos exacerbados se envuelven con banderas para intentar esconder la corrupción que hay en ellos. El intento no funciona: “el pecado es el oprobio de los pueblos”.

Nabucodonosor rey de Babilonia vio en un sueño una estatua de grandes dimensiones de aspecto terrible. El profeta Daniel interpreta el significado de la descomunal imagen. A partir del imperio babilónico otros imperios nacerán y desaparecerán sucesivamente hasta el fin del tiempo: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo, desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre. De la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano la cual desmenuzó (la estatua). El gran Dios ha mostrado al rey (Nabucodonosor) lo que ha de acontecer en lo porvenir, y el sueño es verdadero y fiel la interpretación” (Daniel 2: 1-45). Esta es la esperanza del cristiano: ser ciudadano del reino de Dios eterno en done la justicia resplandecerá en todo su esplendor y. “enjugará Dios toda lagrima de los ojos de ellos, y que no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor porque las primeras cosas pasaron” (las que ocurren en el mundo actual) (Apocalipsis 21: 4).

Octavi Pereña i Cortina

 

 

MATEO 6: 31

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas esta cosas os serán añadidas”

Alguien escribió: “No somos nada más que pequeñitos, pequeños, infinitesimales temporales en la cronología de la historia. ¿Importamos?” La respuesta que demos a la pregunta que se hace el autor desconocido de la sentencia es de trascendental importancia porque  según sea la respuesta que demos nos hará entender  si nuestra vida tiene sentido o no.

Moisés escribe en el salmo 90: “Los días de nuestra edad son setenta años, y en los más robustos son ochenta años, con todo su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan y volamos” (vv. 9,10). Moisés destaca la pequeñez e insignificancia del ser humano. Lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿De verdad importamos? Sí. Importamos porque importamos a Dios. El hecho de que Dios nos tenga en cuenta permite que nos podamos dirigir a Él tal como Moisés lo hace: “De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y  nos alegraremos todos nuestros días” (v. 14). De tal manera Dios nos h amado que ha dado a su Hijo para que todos los que creen en Él tengan vida eterna.

Importamos porque aunque nuestra vida temporal sea muy breve, el poco tiempo de que disponemos podemos emplearlo para compartir con aquellos cuyas vidas no tienen sentido el amor de Dios y así sus vidas tengan valor si aceptan el perdón de sus pecados que les es dado por la fe  en el Nombre de Jesús.

A pesar de que somos pelegrinos, que estamos de paso sobre la tierra, los creyentes en Cristo gozamos de la vida eterna. La garantía de que la poseemos, que no es una suposición, sino que es una certeza, se debe a que Jesús murió para salvar al pueblo de Dios de sus pecados y resucitó para darle vida eterna.

Somos de gran valor para Dios porque ha pagado un elevado precio para que podamos ser salvos: La muerte de su Hijo en la cruz del Gólgota. Aunque se nos pueda despreciar. y se nos acuse de fanáticos porque ponemos a Dios Padre y a su Hijo en primer lugar y con ello nos distingamos del resto del mundo, tenemos en Jesús el tesoro de gran valor que los ladrones no nos podrán robar ni el orín corromper. Es más, nos lo llevaremos con nosotros en nuestro viaje hacia la Jerusalén celestial.


 

MARCOS 10. 50

“Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús”

El texto identifica a una persona con nombre y apellidos: Bartimeo el ciego, hijo de Timeo. Profesión: Mendigo. Local comercial: Junto al camino. En aquella época ser ciego equivalía a pobreza extrema. La única manera de poder malvivir era mendigar. Hoy, al menos en España, los ciegos pueden llevar una vida digna vendiendo cupones de lotería de la organización ONCE. Podemos disentir de la bondad de los juegos de azar. Pero los ciegos adheridos a ONCE  pueden llevar una vida decente.

Volvamos a nuestro Bartimeo. De repente oye un fuerte clamor de una multitud que se acercaba al lugar en que estaba mendigando. Se entera que el ruido anómalo que escucha  lo producía una multitud que seguía a Jesús. Lo más probable fuese que Bartimeo hubiese oído hablar de los milagros que hacía Jesús. Su ceguera le impedía acudir a los lugares en los que Jesús obraba milagros. De oídas conocía a Jesús, es lo más probable. Por lo que nos dice el texto, da la impresión de que Bartimeo tenía un fuerte deseo de salir al encuentro de Jesús para que le curase la ceguera. Al darse cuenta de que Jesús está pasando cerca de él, Bartimeo se pone a gritar con fuerza: “Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí. Los ultra defensores del orden que respete  el derecho de los ciudadanos  a que no se los moleste con gritos, reprenden a Bartimeo para que se calle. Bartimeo sin hacer caso de la prohibición: “Clamaba mucho más: ¡hijo de David, ten misericordia de mí! La imperiosa necesidad que tenía Bartimeo de recuperar la visión impulsaba a Bartimeo a comportarse como si fuese un mal educado.

En el sentido espiritual tenemos ojos para ver y no vemos. No somos conscientes de nuestra ceguera. No sentimos necesidad de gritar a viva voz: “¡Jesús, hijo de David ten misericordia de mí!” los gritos de Bartimeo atraen la atención de Jesús que, deteniéndose “mandó llamarle”. La multitud que quería que el alborotador se callase, le dicen al ciego. “Ten confianza, levántate, te llama”. Bartimeo, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús”. No perdió el tiempo. Abandonando la capa se acercó a Jesús que le dijo: “¿Qué quieres que te haga?” Como  era de suponer la prioridad del ciego era recuperar la vista. Le dijo a Jesús: “Maestro, que recobre la vista”. Es muy posible que el lector sea un ciego espiritual que viviendo en un país que se considera cristiano por fuerza ha tenido que oír hablar de Jesús. Si se le acercase, ¿se  levantaría corriendo del sitio en donde esté para decirle: “Señor Jesús, ayuda mi incredulidad, ten misericordia de mí. Dame fe para que pueda creer en Ti”. Si esta suposición se hiciese realidad,  no dude el lector que de los labios de Jesús oiría estas palabras: “Vete en paz, tu fe te ha salvado”. Y como hizo Bartimeo seguiría a Jesús en el camino

 

 

EL VIRUS QUE CORROMPE  A LAS NACIONES

<b>¿Existe vacuna contra el virus de la corrupción?</b>

<b>Antonio Muñoz Molina</b> finaliza su escrito <i> La otra pandemia</i> así: “No sé, sinceramente qué podemos hacer los ciudadanos normales, los no contagiados de odio, los que quisiéramos ver  la vida política regida por los mismos principios de pragmatismo y concordia por los que casi todo el mundo se guía en la vida diaria. Nos ponemos la mascarilla, guardamos distancias, salimos poco, nos lavamos las manos, hacemos nuestro trabajo lo mejor que podemos. Si no hacemos algo más esta gente (los políticos) va a hundirnos a todos”.

El autor del escrito que menciono creo que hace una crítica muy sensata de la situación política, sanitaria y educativa actual. Termina su realista escrito manifestando su impotencia ante la caótica situación actual que  se desborda provocando que tanto la clase política y la ciudadana anden a tientas para no darse cabezazos contra un muro.

“A cada momento”, dice <b>Antonio Muñoz</b>, “la política española se va volviendo más y más tóxica que el virus de la pandemia. El aumento de los contagios y las muertes los hemos visto agravados por el espectáculo cochambroso de la discordia política, de la ineficacia aliada al sectarismo de la irresponsabilidad frívola que poco a poco va mutando en negligencia criminal. La política española es tan destructiva como el virus. Contra el virus llegará la vacuna e irán mejorando los tratamientos paliativos, contra el veneno español de la baja política no parece que haya remedio”. La situación actual, política, social y económica de España la describe muy bien  <b>Antonio Muñoz</b> al decir “si no hacemos algo más esa gente va a hundirnos a todos”.

<b>Antonio Muñoz</b> ve así el panorama español: “El buen gobierno, la justicia social, necesitan lo primero de todo de una administración honesta y eficiente. Las mejores intenciones naufragan en la nada o en el despropósito si no hay estructuras eficaces y flexibles y funcionarios capaces que las mantienen en marcha”.

Se dice de <b>Diógenes</b>, el filósofo griego que iba por la calle a pleno sol llevando un candil encendido. Alejandro el Grande que lo vio, se extraña de este comportamiento tan peculiar. Se le acerca y le dice: “¿Por qué vas por la calle con un candil encendido?” La respuesta que le da el sabio es “Busco un hombre”. Esta respuesta pone de relieve que en siglo IV a.C. ya tambaleaban las estructuras políticas. Bamboleaban anteriormente y  seguirán haciéndolo en el futuro. El hombre en su condición de ser caído ha perdido la noción de qué es la justicia y se comporta de manera totalmente opuesta a la Ley de Dios.

“La justicia” (resumiendo consiste en comportarse a la manera de Dios),”enaltece a la nación, pero el pecado es el oprobio de los pueblos” (Proverbios 14: 34). La Biblia nos habla de personas justas. Estas personas no son seres perfectos. Son hombres y mujeres cuyos pecados han sido perdonados  y lavados por la sangre de Jesús derramada en la cruz y que por la fe en su Nombre se han convertido en personas nuevas. No son perfectos. Han nacido de nuevo por el Espíritu Santo cuya presencia los impulsa a abandonar el comportamiento injusto que los dominaba antes de la conversión a Cristo. Se sienten motivados a hacer aquello que le place al Dios totalmente justo. Yendo por la calle a plena luz del sol no van a encontrarse con ningún hombre ni con ninguna mujer que arregle el desbarajuste social que  nos lleva a la miseria. Los cristianos tienen que salir a la calle no a buscar personas justas que nos saquen del lodazal en que estamos metidos, sino proclamando el Evangelio de Jesús que es la luz del mundo. Cada persona que cree en Jesús,  resplandece en su corazón la luz de Dios, resplandor que le hace ver lo que realmente es. Este conocimiento con la ayuda del Espíritu Santo facilita abandonar lo que se era antes de la conversión a Cristo e impulsa a vivir la ética de la Ley de Dios. Estos son los hombres y mujeres que nos ayudarán a salir del peligro en que nos encontramos si se cree el mensaje de la Biblia de la cual son heraldos.

Abandonar la política que es tanto o más destructiva que el Covid-19 en un mundo maldecido por Dios debido al pecado de Adán no se conseguirá ni que toda la humanidad estuviese formada por personas verdaderamente convertidas a Jesús. Que mejoraría mucho la condición en que nos encontramos, evidentemente. Pero una sociedad que reuniese esta condición no sería la ideal porque la justicia no brillaría en todo su esplendor.

Si una cosa tenemos que aprender de la Historia es que las naciones, los imperios, nacen y la corrupción los destruye. Los nacionalismos exacerbados se envuelven con banderas para intentar esconder la corrupción que hay en ellos. El intento no funciona: “el pecado es el oprobio de los pueblos”.

Nabucodonosor rey de Babilonia vio en un sueño una estatua de grandes dimensiones de aspecto terrible. El profeta Daniel interpreta el significado de la descomunal imagen. A partir del imperio babilónico otros imperios nacerán y desaparecerán sucesivamente hasta el fin del tiempo: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo, desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre. De la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano la cual desmenuzó (la estatua). El gran Dios ha mostrado al rey (Nabucodonosor) lo que ha de acontecer en lo porvenir, y el sueño es verdadero y fiel la interpretación” (Daniel 2: 1-45). Esta es la esperanza del cristiano: ser ciudadano del reino de Dios eterno en done la justicia resplandecerá en todo su esplendor y. “enjugará Dios toda lagrima de los ojos de ellos, y que no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor porque las primeras cosas pasaron” (las que ocurren en el mundo actual) (Apocalipsis 21: 4).

Octavi Pereña i Cortina

 

dilluns, 2 de novembre del 2020

 

1 SAMUEL 1: 10

“Ella (Ana) con amargura de alma oró al Señor, y lloró abundantemente”

El marido de Ana tenía dos esposas. La otra se llamaba Penina. Ésta tenía hijos. Ana no los  tenía “porque el Señor no le había concedido tener hijos” (v. 5). Penina la irritaba y la enojaba (v. 6). Hoy diríamos que Ana sufría acoso de parte de su rival. ¿Qué intensidad tenía el acoso a que Ana se veía sometida? Por lo que se desprende del texto, la situación de Ana tenía que ser insostenible. Porque no era un acoso puntual, sino sistemático. Vivía con su rival bajo un mismo techo..  No se la podía sacar de encima.  El dolor que le ocasionaba su rival era tan intenso que hacía que llorase y no comiese (v. 7). Elcana su marido la consolaba diciéndole: “¿Por qué lloras? ¿Por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy mejor que diez hijos? (v. 8).

“Todos los años (Elcana, Penina y Ana) subían de su ciudad para adorar y ofrecer sacrificios al Señor de los ejércitos en Silo” (v. 5), lugar en que se encontraba la tienda del testimonio, sitio en el que simbólicamente se encontraba el Señor entre su pueblo.

Encontrándose Ana en Silo y después de sufrir un nuevo acoso de su rival y el consuelo que le impartió su marido, Ana se dirigió a la tienda del testimonio en donde “con amargura del alma oró al Señor, y lloró abundantemente” (v.10). Una oración tan sentida aunque no fuese audible, el sacerdote Elí que se encontraba en el lugar observaba los  movimientos de sus labios. La actitud de Ana,  el sacerdote la interpretó como si fuese el comportamiento de una mujer ebria. Y la reprendió por ello. Ana le respondió: “No tengas a tu sierva por una mujer impía, porque por la magnitud de mi congoja y de mi aflicción he hablado hasta ahora” (v. 16). Elí le dijo: “Ve en paz, y que el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho” (v. 17). “Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste”, (v. 18).

En nuestros días, en una sociedad laicizada en donde no se tiene en cuenta a Dios, Ana, en vez de acudir al Señor para expresarle el dolor que llenaba su corazón habría ido al sicólogo para exponerle sus penas. La solución que el técnico le ofrecería  no conseguiría que saliese de la consulta habiendo dejado la amargura de su corazón en la papelera.  El gozo en el corazón únicamente lo concede Jesús. Es por esto que las Anas de nuestros días  necesitan que se les enseñe a acudir a Jesús para que le abran el corazón y el regreso a sus casas lo hagan gozosas.


 

1 SAMUEL 1: 28

“Y adoró allí al Señor”

Esta adoración tuvo lugar después de que Ana hubiese destetado a su hijo Samuel y en cumplimiento de su voto lo hubiese llevado al sacerdote Elí para consagrarlo al Señor. La consagración va acompañada de la oración que pronunció. La plegaria es una exaltación de la gloria de Dios  y un enaltecimiento de los humildes que confían en Él.

“Y Ana oró, y dijo: Mi corazón se regocija en el Señor”  (2: 1). Estaba tan triste  que llegó a perder el apetito debido al acoso a que le sometía su rival. Después de haber orado en la tienda del testimonio y de haber recibido la bendición del sacerdote Elí “No estuvo más triste” (1: 18). Lo primero que destaca la oración de Ana y que ha quedado registrada en las páginas de la Biblia es: “Mi corazón se regocija en el Señor”. El Señor es quien echó en el fondo del mar su tristeza para sustituirla por el regocijo de su corazón. ¡Cuántos dolores del alma se desvanecerían si las personas aprendiesen a poner a los pies de Jesús las causas que los provocan.

“Y no hay refugio como el Dios nuestro” (v. 2). En el tiempo en que vivió Ana fueron muchos los israelitas que adoraban a Baal. En nuestros días son muchos los que se llaman cristianos que adoran a santos y vírgenes, los baales de hoy. Para Ana su único refugio fue el Dios de Israel que a  diferencia de las imágenes de Baal que tienen oídos pero que no oyen las súplicas de quienes claman a él. Los oídos de Jesús oyen y conceden misericordia a quienes acuden a Él en busca de consuelo. Los oídos de las estatuas católicas son sordos y no borran la tristeza que hay en los corazones de quienes los invocan y son incapaces de sustituirla por la alegría que concede la salvación del Señor.

“Porque no hay santo como el Señor, porque no hay nadie fuera de esto, y no hay refugio como el Dios nuestro” (v. 2). Ana, cuando abandonó la tienda del testimonio después de haber arrojado su tristeza a los pies del Señor, se alejó con su alma llena de gozo. Tuvo una auténtica experiencia con Dios. Los oídos del Invisible habían escuchado sus gemidos. Como dice Jesús: “Venid a mí los que estáis atribulados y cansados y os haré descansar”. Ana acudió al tabernáculo llevando a cuestas una pesada carga y salió de la presencia del Señor aliviada del dolor. Las palabras de Jesús siempre se cumplen en quienes acuden a Él en busca de socorro: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11. 25-30).

Un pozo de insondable sabiduría contiene la oración de Ana. En 1 Samuel 2: 1-10 la encontrará el lector. Le recomiendo su lectura atenta. Bien seguro que no necesitará la asistencia de un especialista en salud mental que no puede borrar el pecado que es el causante de los dolores del corazón..

 

 

 

 

PUEBLO DE SANTOS

<b>El paganismo en la Iglesia lo prohíbe la Biblia</b>

La fiesta de Todos los Santos y el Día de los Difuntos han conservado en el costumbrismo toda una serie de celebraciones, elementos y ritos que provienen de sistemas de creencias anteriores al cristianismo.

El camino que conduce a la Iglesia Católica a celebrar la Fiesta de Todos los Santos se remonta a principios del siglo VI cuando el papa Bonifacio IV convirtió el templo del Panteón en Roma que estaba dedicado a todos los dioses romanos y lo consagró en honor de la Virgen María y de todos los mártires cristianos. El papa estableció el 13 de mayo en fecha para la celebración de la Fiesta. La celebración de dicha Fiesta el 1 de noviembre no se proujo hasta el siglo IX a instancias de Luís el Piadoso. Pero el impulso definitivo no se estableció hasta que el abad de Cluny santo Adilión la introdujo en todos los monasterios reformados alrededor del año 1.000. Los monasterios establecidos en zonas en donde los cultos funerarios celtas seguían vigentes y ejercían una  gran influencia social. Odilión se aprovechó de la celebración del día de los difuntos de cultura celta y la fusionó con las nuevas prácticas cristianas. Fue el papa Gregorio IV  quien eligió el 1 de noviembre como fecha oficial para la celebración de la Fiesta de Todos los Santos. La celebración de dicha Fiesta no tiene bases bíblicas porque la Biblia prohíbe el culto a los muertos.

La Fiesta de Todos los Santos como hemos visto es de origen pagano y se ha introducido en el seno de la Iglesia Católica porque la doctrina del bautismo en que cree considera que todos los bautizados son hijos de Dios porque considera que el agua bautismal tiene el poder de limpiar los pecados de los bautizados, lo cual les otorga el privilegio de ser admitidos en la Iglesia. Esto facilitó la admisión en la Iglesia de masas de personas bautizadas pero no convertidas a Cristo. Estas masas bautizadas y supuestamente convertidas a Cristo introdujeron en la Iglesia sus costumbres paganas. En vez de ser una Iglesia santa se paganizó hasta nuestros días. El culto a los difuntos no es cristiano.

Moisés tuvo un entierro muy peculiar y único. El texto que habla de ello dice: “Subió Moisés al monte Nebo, a la cumbre del Pisga (desde donde vio la Tierra Prometida) y le dijo el Señor: Esta tierra que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: a tu a tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás alá. Y murió allí Moisés…Y lo enterró en el valle…Y nadie conoce el lugar de su sepultura hasta hoy” (Deuteronomio 34: 1-6). Según nuestra cultura pagana cristianizada nos cuesta entender el motivo porque Dios mantiene en secreto el lugar en que enterró a Moisés. No dudo que el motivo se encuentra en la tendencia a divinizar a los difuntos corrientes y molientes y a los de prestigio. Si se hubiese hecho público el lugar en donde fue enterrado Moisés a no tardar se habría convertido en un lugar de peregrinaje  y construido un santuario lujoso en donde se reunirían millares de personas para venerar al gran hombre de Dios. Si los hombres y mujeres que por potestad eclesial se convierten en santos y vírgenes poseedores de dudosos poderes milagrosos que en su nombre se convierten en centros de peregrinaje  y en máquinas de hacer dinero, ¿en qué no se habría convertido la tumba de Moisés si se supiese el lugar en donde le enterró Dios? No merece la pena dar respuesta a la pregunta.

Cuando fallece una persona, por más eminente que sea, deja de ejercer influencia en la tierra de los vivientes. Entre los lugares en que se encuentran los difuntos  y los vivos no existe una puerta abierta que comunique ambos lugares. Si algo se ha podido .hacer a los difuntos fue cuando vivían entre nosotros.  Una vez  producido el deceso lo mejor es dejarlos que descansen en paz.

Recordar a las personas amadas no es contrario a la doctrina cristiana. Venerarlas es harina de otro costal, porque entre Dios y el hombre se interpone a un difunto. “No tendrás dioses ajenos ante mí” (Éxodo 20: 3).

Mientras estemos aquí en la tierra lo que tenemos que hacer es preocuparnos de nuestra salvación. Este es el consejo que nos da el apóstol Pablo: “Porque sabemos que nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha no hecha de manos, eterna en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial,  pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque así mismo, los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia, porque no quisiéramos ser desnudados,  sino revestidos para que lo mortal sea ab sorbido por la vida. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, que nos ha dado las arras del Espíritu. Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entretanto estemos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor, porque por fe andamos , no por vista, pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Corintios 5. 1-8).

Andar por fe es la mejor  inversión que hayamos podido hacer en esta vida pues nuestro andar no será en vano.

Octavi Pereña i Cortina