diumenge, 10 de maig del 2020


PROVERBIOS 28:9

“El que aparta su oído para no oí la Ley, su oración también es abominable”
El cristianismo no es una religión de domingueros que se visten con sus mejores galas, aun cuando puedan ser muy sencillas, para asistir al culto. Dios no mira la apariencia externa de las personas, sino el corazón. El proverbio que comentamos es una advertencia para aquellos que entienden la religión como algo externo que sirve para agradar a aquellos  que se congregan.
Quienes asisten al culto tienen que hacerlo con el firme propósito de escuchar la predicación de la Palabra de Dios. Aquí se presentan dos cuestiones que tienen que tratarse. Primero, que el predicador tiene que ser un verdadero siervo de Dios. Desgraciadamente, con demasiada frecuencia, los predicadores no son personas verdaderamente convertidas a Jesús, sino a la religión cristiana. Como poseen corazones incircuncisos se quedan en las formas del cristianismo y les falta el Espíritu que inspiró a los siervos de Dios escogidos para escribir las Sagradas Escrituras. Estos predicadores pertenecen al extenso grupo de “creyentes” que denuncia el profeta Isaías cuando escribe: “Este pueblo se acerca a mí con su boca y con sus labios me honora, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13). A pesar de que en sus predicaciones utilizan la letra de la Palabra de Dios lo hacen carentes del Espíritu que vivifica los corazones de los oyentes. Enseñan letra muerta que no llega a los corazones: se olvidan de recordar a los asistentes que son pecadores y que únicamente por la fe en el Nombre de Jesús obtendrán la salvación. Los predicadores tienen que ser sistemáticos en que los pecadores tienen que arrepentirse a Dios y abandonar los pecados. Con demasiada frecuencia las iglesias se convierten en clubes sociales a las que se asiste para pasar un rato agradable.  Sin ningún interés por lo espiritual.
La iglesia perfecta no existe, pero si la preside un verdadero  siervo de Dios que predica la Palabra sin añadir ni quitar nada de ella, es muy posible que los asistentes no serán de aquellos que apartan su oído para no oír la Ley, con lo que sus  oraciones sean abominables a Dios. Si no se hace así el texto lo deja bien claro su religiosidad “es abominable” a los ojos de Dios.
Si no existe iglesia perfecta tampoco existen creyentes perfectos. Todos tenemos que arrepentirnos de no tener oídos para oír. Que el arrepentimiento sea sincero para que se produzca un avivamiento espiritual que vaya seguido de la conversión de muchos pecadores.


HECHOS 15: 9

“Habiendo purificado sus corazones por la fe”
El conflicto que tuvo que resolverse en el concilio celebrado en Jerusalén, persiste en nuestros días: “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis salvaros” (v.1). Es la eterna discusión: salvación por obras o por fe. El hombre no puede pagar el precio de su salvación. Es tan elevado su coste que el pecador no puede hacer méritos suficientes para pagarlo. Ayunos, peregrinaciones, indulgencias, mortificaciones corporales, confesiones auriculares, intercesiones de vírgenes y santos, que han acumulado méritos de sobras que pueden compartirlos con quienes los invocan…La salvación por obras es un invento satánico con el propósito de desvirtuar la salvación únicamente por la fe en Jesús. Satanás apela al orgullo humano que le hace pensar que con sus limitadas fuerzas puede apagar la ira del Dios eterno. Aun cuando se hiciese un sinfín de obras meritorias no  se podría pagar el precio de la salvación. Es clara la declaración: “Pero Dios que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo, por gracia sois salvos…Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe”  (Efesios 8: 4-9).
Esforzarse en ganar la salvación es un esfuerzo inútil que provoca frustración y no otorga la paz de Dios que supera la comprensión humana. Sí que tenemos que hacer obras que acrediten la salvación alcanzada en Cristo: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (v.10). Es muy clarificador este texto: si las obras que se hacen para glorificar a Dios son de fabricación humana, ¿cómo pudo Dios prepararlas de antemano para que anduviésemos en ellas? En este sentido sí que tenemos que sudar para hacer buenas obras.
Tenemos que indagar cuáles son las buenas obras “que Dios preparó de antemano” para que las realizáramos. Aquí entra en acción la humildad que también es regalo de Dios para que pacientemente estemos involucrados en el proceso de descubrirlas. La oración es un requisito imprescindible  que contribuye a localizar las obras que Dios ha preparado de antemano para que anduviésemos en ellas. Por cierto, ¿cómo está el lector de oración? Verdad que el lector desayuna, almuerza y cena y en algunos casos añade la merienda? La oración es una de las buenas obras que Dios ha preparado de antemano para que el lector ande en ella y le ayude a descubrir todas las obras que tiene preparadas para ti. Si practicas la lectura  y la meditación de la Biblia, Dios te habla. Si oras, hablas con Él. Así es como se mantiene una comunicación fluida con Él y recibes las fuerzas necesarias para ir haciendo las buenas obras que el Señor de antemano ha preparado para ti, a medida que las vayas descubriendo.




dilluns, 4 de maig del 2020


MIEDO VENCIDO

<b>”Los miedos imaginarios son peores que los reales” (Shakespeare)</b>
“La vida real es horrible. Mi padre hacía terror estéticamente bonito, pero el mundo es realmente feo, peor que una película de terror. He visto cien veces la película de mi padre<i>Profundo rosso</i> y sigo chillando, pero lo que es realmente horrífico es hacia dónde va el mundo. Parece que al poder le interese que la gente tenga miedo, porque paraliza y es una manera de controlarnos” (<b>Asia Argento</b>, actriz).
Desde la aparición del terrible coronavirus, el miedo está a flor de piel. El Roto, en una de sus viñetas dice: “El miedo es un microscopio que lo agranda todo”. En otra viñeta muestra a dos hombres huyendo de unos negros nubarrones que los persiguen. Uno de ellos dice al otro. “¡Corre que viene!” “Qué? Pregunta el otro. “¡El miedo!”, responde el primero.
“Permitidme decir que mi creencia más firme es que de la única cosa de la que tenemos que tener miedo, es el miedo, nefasto, no razonable, injustificado temor que paraliza los esfuerzos que se necesitan para convertir la retirada en un avance” (Franklin D. Roosevelt). Jesús que luchó contra el miedo que existe desde el principio, que hace ver fantasmas inexistentes en el horizonte, dijo: “Hombres de poca fe” a su auditorio. Los incrédulos se preocupan por lo “¿qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos vestiremos?” (Mateo 6: 31). Vosotros tenéis que saber que si el Padre celestial se preocupa de que a las aves no les falte comida y viste de belleza a los lirios, “No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Baste a cada día su propio mal” (v. 34).
La preocupación desmesurada por el futuro, prójimo o lejano, se debe a que nos sentimos desamparados, perdidos, solos, sin punto de referencia al que agarrarnos con fuerza para enfrentarnos al futuro con tranquilidad y serenidad.
Tenemos que ir al origen de la Historia para descubrir el inicio del miedo que nos atenaza y que nos impulsa a vivir con angustia e inquietud permanente.
La primera vez que aparece la palabra <i>miedo</i> en la Biblia es después de que Adán y Eva hubiesen comido el fruto del árbol prohibido y se escondiesen de la presencia de Dios. Éste dirigiéndose a Adán, le dice: “¿Dónde estás?” El hombre le responde: “He escuchado tu voz en el jardín, y he tenido MIEDO porque estoy desnudo, y me he escondido” (Génesis 3,10). “El miedo es la emoción más antigua y más fuerte de la humanidad” (<b>H. P. Lovecraft</b>). El origen del miedo se encuentra en el hecho de que la relación íntima con Dios se ha roto. Con el sacrificio que Dios hace de unos animales con las pieles de los cuales cubrió la desnudez que avergonzaba a nuestros primeros padres, simbólicamente está anunciando la muerte de Jesús en la cruz y que la sangre derramada limpia todos nuestros pecados. Ahora Dios deja de ser un Ente irreal, fabuloso, para convertirse por la fe en Jesús en un Ser real y cercano. Esta proximidad es la que permite al ser humano invocarle en los momentos de necesidad. Se convierte en la Roca que es el cimiento para edificar una vida estable y que no se tambalee en las vicisitudes de la vida, que son muchas.
Testigos de que el perdón de los pecados lleva a la convicción de que Dios es un Ser real, muy cercano y misericordioso:
“Busqué al Señor, y Él me oyó, y me libró de todos mis temores” (Salmo 34: 4).
“En el día que temo, yo en ti confio. En Dios alabaré su palabra, en Dios he confiado, no temeré, ¿qué puede hacerme el hombre?” (Salmo 56: 3,4).
“Alzaré mis ojos al que habita en los cielos, ¿de dónde me llega el socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra” (Salmo 121: 1).
Al Dios del Antiguo Testamento a quien nadie vio jamás se hace visible en la persona de Jesús que muestra el corazón misericordioso del Dios Invisible: “La paz o dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo  la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14: 27).
Con el amor propio de Dios misericordioso, Jesús que vino a la tierra para ser el Camino que conduce al Padre celestial, invita a todos aquellos a los que el pecado les ha inoculado el virus del miedo: “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil, y ligera la carga” (Mateo 11: 28-30).
Octavi Pereña i Cortina



SAMUEL 16: 4

“Entonces el rey dijo a Siba: He aquí sea tuyo todo lo que tiene Mefi-boset”
Absalón hijo de David se rebela contra su padre. El rey, precipitadamente tiene que huir para salvar su vida y la de su familia. Siba que administra las propiedades de Mefi-boset le lleva a David alimentos. David le pregunta a Siba sobre Mefi-boset, hijo de  Saúl, lisiado debido a una caída, David lo acogió en su casa, comiendo cada día en su mesa. Siba le dice que Mefi-boset se ha quedado en Jerusalén esperando recuperar el trono. David, sin pararse a pensar e indagar si son ciertas las acusaciones de Siba contra su señor, le dice a Siba: “Sea tuyo todo lo que tiene Mefi-boset”. Quizás por la premura del tiempo, por la situación difícil en 2 que se encontraba, el rey no tuvo en cuenta lo que dice el proverbio: “Mas el que abre mucho los labios tendrá necesidad” (Proverbios 13:5)
Prosigue la huida. Al final las tropas del rey David y las del hijo rebele se enfrentan en el campo de batalla. La victoria es para David. El hijo rebelde muere en el encuentro. Se inicia el regreso a Jerusalén. Al llegar cerca de la ciudad, Mefi-boset, con aspecto descuidado se presenta ante David. Éste le dice: “¿ Por qué no fuiste conmigo?  ”Mefi-boset le responde: “Rey señor mío, mi siervo me engañó, pues tu siervo había dicho: enalbárdame  un asno, y montaré  en el e iré  al rey, porque tu siervo es cojo…” Nuevamente el rey habla sin reflexionar, impetuosamente, sin indagar si la razón está de parte de Siba o de Mefi-boset, dijo: “¿ Para qué  más palabras? Ya he determinado que tú Siba os dividáis las tierras” (2 Samuel 19: 25-30). Un pecado condujo al otro. Si fue injusto al  ceder las propiedades de Mefi-boset a Siba también lo fue al dividirlas entre ambos. Como dice el proverbio: “El que mucho abre sus labios tendrá calamidad”.


HECHOS 4: 29

“Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”
Los apóstoles Pedro y Juan suben al templo a la hora de la oración y se encuentran con un tullido que pedía limosna. Pedro, dirigiéndose al mendigo le dice: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy, en el Nombre de Jesucristo de Nazaret, levantate y anda” (Hechos 3:6). Aprovechando la oportunidad los apóstoles predican a Jesucristo como Autor de la curación. Mientras estaban hablando al pueblo, “vinieron sobre ellos los sacerdotes  con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñaran al pueblo, y enseñaran en Jesús la resurrección de los muertos , y les echaron mano, y los pusieron a la cárcel…”(Hechos 4: 1-3).
Al día siguiente los apóstoles comparecieron ante el Sanedrín para que respondiesen: “¿Con qué potestad, habéis hecho vosotros esto?” (v.7). el apóstol Pedro lleno del Espíritu Santo respondió: “Sea notorio a todos vosotros, y al pueblo de Israel que el Nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis, y a quien Dios resucitó de los muertos, por Él este hombre está en vuestra presencia” (v. 10).
El Sanedrín se pregunta. “¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto señal ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar” (v. 16). A pesar de la notoriedad de la curación y de que el poder de Dios obraba en las vasijas de barro que eran Pedro y Juan, las autoridades religiosas que tenían ojos para ver y no veían y oídos para oír que eran sordos, no se percatan de su ceguera: “Para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este Nombre. Y llamándolos, les intimidaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en  el Nombre de Jesús” (v.18). La respuesta enfatica de los apóstoles: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios, porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (vv. 19,20). Ante la valiente respuesta de Pedro y Juan, la reacción del Sanedrín, impotente ante la realidad  de la que habían sido testigos, fue esta: “Entonces los amenazaron y los soltaron no habiendo ningún modo de castigarlos, por causa del pueblo, porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho” (v. 21).
Liberados los apóstoles se reúnen con la iglesia para explicar lo sucedido. Habiendo escuchado el relato, en vez de lamentarse por lo ocurrido, ”alzaron unánimes la voz a Dios en oración, diciendo: …Y ahora Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el Nombre de tu santo Hijo Jesús. Y cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios2 (vv. 24-31).



dilluns, 27 d’abril del 2020


ARREPENTIMIENTO

<b>El arrepentimiento a Dios proporciona la paz que sobrepasa la comprensión humana</b>
Una de las viñetas de EL ROTO muestra a un ángel cubriendo su rostro con una mascarilla mirando hacia la Tierra. El texto dice: ”¡Os traigo un mensaje!”. Desde la Tierra el mensajero recibe la respuesta. “Vale, pero mejor déjalo a la puerta”.
Ignoro si el mensaje que transmite la viñeta se debe a que su autor posee conocimientos bíblicos o es fruto de sus razonamientos. Lo que sí es cierto es que el trastorno que produce la explosión del coronavirus no mueve a los hombres a levantar sus ojos hacia el cielo para preguntarle a Dios si la pandemia tiene algo que ver con ellos.
Los estamentos eclesiásticos  dan respuesta al mensaje que llega desde los cielos con el humanismo cristiano tan propio de la doctrina católica, respuesta que no da tranquilidad a quienes sufren las consecuencias de la pandemia.
Desconozco si el lector ha visto el video del Papa que difunde diariamente TV13. Da pena y más cuando en la primera quincena de abril de 2020 se celebró la llamada Semana Santa, que en principio tendría que servir para recordar que el niño nacido en Belén, al que se le puso por Nombre Jesús “porque salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1: 21) y que llegado el cumplimiento del tiempo, como sustituto de los pecadores murió en la cruz para perdón de los pecados y fue resucitado al tercer día como garantía de que quienes creen Él también serán resucitados con cuerpos semejantes al del Resucitado.
En este tiempo de tanta confusión religiosa sería aconsejable que prestásemos atención a las palabras que el apóstol Pedro dirigió a las autoridades religiosas que le pedían explicaciones de cómo había curado a un mendigo cojo: “Sea notorio a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel, que en el Nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los murtos, por Él este hombre está en vuestra presencia sao. Este Jesús es la Piedra repudiada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres en que podamos ser salvos” (Hechos 4: 10-12).
Volvamos al video del Papa y a su plegaria intercesora a favor de los afectados por el  veneno del coronavirus: “Bajo tu protección nos acogemos, santa María Madre de Dios, no rechaces las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, mas bien líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa, bendita”. En esta plegaria papal brilla por su ausencia el Nombre Jesús que según el profeta “se llamará Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno y Príncipe de paz” (Isaías 9: 6). Muchos de los que hoy se consideran cristianos, persuadidos por los “edificadores” rechazan “la Piedra reprobada”. Ello tiene sus consecuencias para los que abandonando al Todopoderoso creador del cielo y de la Tierra adoran a ídolos mudos que tienen ojos que no ven, oídos que no oyen, piernas que no andan y que tienen que ser transportados.
En el Antiguo Testamento contiene  muchas referencias a las terribles consecuencias que se tienen que soportar los que  dan la espalda a Dios y adoran a los que no son dioses. Citaré una. “Y vino palabra del Señor a Jehú (profeta) contra Baasa (rey de Israel), diciendo: Por cuanto yo te levanté del polvo y te puse por príncipe sobre mi pueblo Israel y has andado en el camino de Jeroboam” (con Reboam, hijo de Salomón, Israel se dividió en dos: Judá e Israel. Jeroboam fue el primer rey del nuevo Israel. Para evitar que el pueblo acudiese a Jerusalén para adorar a Dios en el templo construido por Salomón, esculpió dos becerros de oro que instaló en los dos extremos del país), “y has hecho pecar a mi pueblo Israel, provocándome a ira con tus pecados, he aquí yo borro la posteridad de Baasa, y la posteridad de su casa”.  (1 Reyes 16: 1-3). Convertir la gloria del Dios eterno a semejanza de ídolos, sean d la clase que sean, siempre despierta la ira de Dios.
El apóstol Pedro dirigiéndose a la multitud que “alababa a Dios” al contemplar el milagro realizado dijo: “Así que arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados, para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hechos 3: 19). En los mensajes que transmiten por los medios de comunicación quienes tienen la posibilidad de hacerlo no aparece ni por casualidad la palabra “arrepentimiento”. Es como si no existiese en el diccionario. El contenido de dichos mensajes está centrado en el esfuerzo humano: “Unidos venceremos”. Nos consideramos dioses  y no necesitamos para nada la ayuda de Dios. Carecemos de humildad para reconocer nuestras limitaciones. Tropezamos dos veces con la misma piedra, dice el refrán. Necesitamos un mensaje que nos llegue del cielo. No le digamos al que lo envía: “Vale, pero mejor déjalo en la puerta”. “Pon oh Señor”, dice el salmista “temor en ellos, conozcan las naciones que no son sino hombres” (Salmo 9: 20). En nuestro engreimiento creemos que podemos con todo. Lo cierto es que vamos de fracaso en fracaso.
“Feliz aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios, Él hizo los cielos y la Tierra, el mar y todo lo que en él hay, que guarda verdad para siempre, que hace justicia a los agraviados, que da pan a los hambrientos, el Señor libra a los cautivos…” (Salmo 146: 5-9).
Octavi Pereña i Cortina




1 SAMUEL 15: 24

“Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado porque he quebrantado el mandamiento del Señor y sus palabras, porque temí a pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado”
La confesión de Saúl es parecida al arrepentimiento que se hace en nombre de santa Bárbara cuando truena. La declaración del rey es correcta si fuese sentida. Es parecida a las peticiones de perdón que hacen las personas públicas cuando sus fechorías son descubiertas. ¿Se arrepentirían si siguiesen siendo secretos? Estos arrepentimientos ficticios los condena Jesús aplicando a los sacerdotes, escribas y fariseos las palabras del profeta Isaías: “Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrina mandamientos de hombres” (Mateo 15: 8,9).
Jesús considera “hipócritas” (v.7) a quienes practican un cristianismo de labios y que creen que basta con ser ritualistas, cumplir con los preceptos que enseña la Madre Iglesia y conformarse con la confesión ideada por el padre Sett Holmes, que los conductores sin necesidad de descender de sus vehículos puedan confesarse  en el confesionario “Drive thru” . Confesión a la carta la ideada por el padre.
Los fariseos acusaron de blasfemo a Jesús porque según ellos solamente Dios puede perdonar pecados., Era cierto lo que dijeron, (Lucas 5: 21). Jesús para demostrar que es Dios y que por lo tanto es Dios, dice a los fariseos que le acusaban de blasfemo: “¿Qué es más fácil decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, dijo al paralítico: A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Entonces él se levantó enseguida, y tomando su lecho, salió delante de todos” (Marcos 2: 9-12).
La confesión auricular es un engaño porque el hombre no puede perdonar pecados. Es un atributo exclusivo de Dios. Facilita que los perdonados por el confesor acudan una y otra vez al confesionario. Quedan en paz con la Iglesia, pero no con Dios.
Una mujer atrapada cometiendo adulterio es conducida ante Jesús con el propósito de que la condene. Jesús pone en un aprieto a los acusadores de la mujer, teniendo que abandonar el escenario abochornados. Se quedan solos Jesús y la mujer. Jesús le dice a la mujer: “¿Dónde están los que te acusaban?  ¿Ninguno te condenó?  Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno, vete, y no peques más” (Juan 8. 3-11).
Jesús que conoce las intenciones del corazón no se le puede dar gato por liebre  como hacen los confesantes a sus confesores.


2 SAMUEL 11: 27

“Pero esto que David había hecho fue desagradable ante los ojos del Señor”
¿Qué fue lo que hizo David que desagradó al Señor? El monarca cometió adulterio e indirectamente mató a Urias el esposo de la mujer ultrajada en el vano intento de mantener secreto el pecado cometido. Pero a Dios para quien las tinieblas son como la luz del día no le pasó desapercibida la infamia cometida en el dormitorio real.
David era un hijo de Dios y el Señor como Padre que ama a su hijo desobediente tiene que reprenderle. Con esta finalidad envía al profeta Natán, quien por medio de una parábola hace que David reconozca su pecado. Natán le dice al adúltero: “Tú eres aquel hombre…Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste y tomaste a la mujer de Urias para que fuese tu mujer…Entonces dijo David a Natán: Pequé contra el Señor. Y Natán dijo a David: También el Señor ha remitido tu pecado: No morirás. Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos del Señor, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá… (2 Samuel 12. 1-23). Aun cuando el pecado le fue perdonado el hijo murió y la espada siempre estuvo en la casa de David.
En nuestros días cuando no se tiene en cuenta al Rey del universo y no hay Ley, y cada uno hace lo que mejor le parece, se allana el terreno para sensualidad sin freno y la lujuria se desborda, “No codiciarás a la mujer de tu prójimo” da la sensación de que este mandamiento se haya borrado del Decálogo. No es así, sigue vigente y acusando a los infractores. Siguiendo el ejemplo de David son muchos quienes cometen a escondidas el pecado sexual. No solamente las “manadas” que como lobos feroces se lanzan contra sus presas para satisfacer la lujuria de las bajas pasiones. Hombres de cuello blanco perteneciendo a la realeza, a la política, a la Iglesia, al arte, tal vez no con la brutalidad con que lo cometen las “manadas”, eso sí, guiados por la lujuria cometen pecado sexual. Cuando se descubren sus fechorías, más pronto o más tarde siempre se descubren, llegado este momento, cuando ya no se puede negar la infamia, que no se había cometido el delito, que no pueden negar su pecado, “piden perdón a sus víctimas”. A las víctimas se les tiene que pedir perdón  y éstas a su  vez tienen que perdonar a sus agresores. El Señor dice que debe ser así. Pero no es todo. El ciclo no se ha completado. El violador o el adúltero no hacen la confesión que hizo David: “Pequé contra el Señor”. Pedir perdón al hombre no perdona el pecado que se ha cometido ante Dios.

Su pecado no es perdonado y como en el Reino de Dios no tiene cabida el pecado, a pesar de que altos cargos de la Iglesia presidan los funerales  y se les alaben sus bondades y que con su bendición emprenden el viaje al Reino de Dios. Las puertas del mismo permanecerán cerradas porque en el Reino de Dios no tiene cabida nada inmundo. Mal despertar al descubrir que el perdón eclesiástico ha servido para conducirlos al abismo infernal.



dimecres, 22 d’abril del 2020

PERSONAS NORMALES: CRÍMENES HORRIPILANTES

<b >¿Pueden personas normales convertirse en Eichmanns?</b>
Una experiencia que quizás nos ayudará a comprender a naturaleza humana. Es un poco extensa pero merece la pena transcribirla.
En el año 1960 el servicio secreto israelí diseñó el atrevido secuestro de <b>Adolf Eichmann</b>, uno de los cerebros del Holocausto. Después de atraparlo en su escondrijo suramericano se le condujo a Israel para ser juzgado.
Iniciado el proceso, los acusadores llamaron a declarar como testigos a antiguos prisioneros de los campos nazis de exterminio. Uno de ellos fue <b>Yehiel Dimur</b> que milagrosamente consiguió escapar de Auschwitz. Cuando fue llamado a testificar  miró fijamente al hombre que se encontraba confinado dentro de una cabina de vidrio a prueba de balas, que había matado personalmente a sus amigos y supervisado la muerte de millones de personas. Cuando se encontraron los ojos de ambos, los de la víctima y los del verdugo, se miraron fijamente. La sala guardó un silencio sepulcral debido a la tensión del momento. Nadie estaba preparado para ver lo que iba a suceder a continuación: <b> Yehiel Dimur</b> se puso a gritar y a llorar. Se desplomó. ¿Fue  vencido por el odio…por los terribles recuerdos…por el mal que <b>Eichmann</> había ocasionado? No. Más tarde explicó en una entrevista televisiva la causa de su desplome. Fue al ver que <b>Eichmann</> no era la demoníaca personificación del mal, como esperaba. Más bien era un hombre normal como cualquier otro. En aquel instante <b>Dimur</b> comprendió la aterradora realidad de que el pecado y el mal son la condición humana. “Tuve miedo de mí mismo” dijo  “<b>Dimur</b>, “me di cuenta de que yo era capaz de hacer lo mismo que él”
La sorprendente declaración de <b>Dimur</b> impulsó a <b>Mike Vallace</b>, presentador del programa a girar la cámara y, dirigiéndose a la audiencia le hizo la más dolorosa de las preguntas: “¿Cómo fue posible que un hombre pudiese hacer lo que hizo <b>Eichmann</b>? ¿Quizás era una cosa todavía más terrorífica…era un hombre normal?”.
¿Cómo fue posible que Judas, el discípulo de Jesús que por treinta monedas de plata cometiese la traición más horrible de la historia? El texto bíblico nos da la respuesta: “¿No os he elegido a vosotros les dice (Jesús), y uno de vosotros es un diablo?” (Juan 6: 70). Jesús escoge como discípulo suyo a una persona que ya sabía que le traicionaría. La condición moral de Judas únicamente la conocía Jesús. Para los otros. era una persona normal, considerada buena y más si se tiene en cuenta que era un discípulo de Jesús. El clímax de la maldad latente que se escondía en el alma de Judas se hizo evidente “cuando cenaban, como el diablo ya se había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, para que le entregase” (Juan 13: 2). A los ojos de los otros discípulos Judas era una bellísima persona, pero en el fondo era un malvado, hasta que los ojos vieron la buena pieza que era, cuando, la perversidad que se escondía en su corazón le llevó a cometer la Gran Traición.
El corazón del hombre no puede permanecer vacío. Es como un vaso: si está lleno de agua no lo está de aire. Si no hay agua el aire ocupa el espacio vacío. El alma tampoco puede permanecer vacía. Si no la llena Dios lo hace el diablo. Y, el maligno la lleva a convertir en dioses las cosas creadas, convirtiendo el Dios incorruptible en una imagen de hombre corruptible la llamada Semana Santa lo expone a las mil maravillas. La sustitución del Dios eterno por dioses de fabricación humana tiene sus consecuencias: “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada para hacer cosas que no convienen, estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad, llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños, malignidades, murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, sin misericordia” (Romanos 1. 28-31).
La pregunta que <b>Mike Vallace</b> a la audiencia: “¿Cómo es posible que un hombre hiciese lo que hizo <b>Eichmann</b>? ¿O quizás era una cosa todavía más terrorífica…era un hombre normal?”, nos debería mover a preguntarnos: Si una persona normal sin Dios como lo era Judas, a pesar de su religiosidad, lo llevó a cometer la Gran Traición, ¿debería extrañarnos que una persona normal como lo era <b>Eichmann</b> cometiese el genocidio que cometió? Si en el corazón de una persona se introduce el diablo la posibilidad de hacer daño no tiene límite.
Octavi Pereña i Cortina


SALMO 37: 8

“Deja la ira y desecha el enojo, no te excites en manera alguna a hacer lo malo”
No te dejes arrastrar por los sentimientos. Sofócalos. Los sentimientos no deben marcar nuestra conducta sino la Palabra de Dios: “Engañoso es el corazón  más que todas las cosas, y perverso, quién lo conocerá?  Yo el Señor que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17: 9,10). Los sentimientos por ser fruto de la naturaleza caída del hombre son pecaminosos y nos inducen a pecar.
En cierta ocasión Jesús dijo a sus oyentes: “No lo que entra en la boca contamina al hombre, mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre…Pedro le dijo: Explícanos esta parábola. Jesús le dijo: ¿También vosotros sois sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado a la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale, y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre, pero el comer con las manos sin lavar no contaminan al hombre” (Mateo 15: 11- 20). Jesús nos enseña que tenemos que cuidar el corazón y la mejor manera de hacerlo es cree que es engañoso más que todas las cosas y que la única manera de limpiarlo es permitiendo que la sangre de Jesús lo limpie de toda su maldad. La buena voluntad de desechar  las malas intenciones del corazón no sirve para ganar la batalla contra nuestra innata tendencia a hacer lo malo.
El apóstol Pablo escribiendo a los cristianos en Éfeso les dice: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad” (4: 22-24).
Para abandonar los sentimientos de ira, enojo…primero tenemos que habernos “despojado del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos”. Es una manera de decir que hemos nacido de nuevo, lo cual significa que se es guiado por el Espíritu Santo. Sin el nacimiento del Espíritu es totalmente imposible despojarnos del viejo hombre. El hombre carnal no siente necesidad de luchar contra sus pasiones pecaminosas. Solamente la persona guiada por el Espíritu siente la necesidad de deshacerse de las pasiones del viejo hombre.
¡Cuán necesario es que no apaguemos al Espíritu viviendo de manera que lo contristemos!


PROVERBIOS 12: 23

“El hombre cuerdo encubre su saber, mas el corazón de los necios publica la necedad”
“De la abundancia del corazón habla la boca”.  Bla, bla, bla, es lo que a menudo sale de nuestra boca y de las plumas de los comentaristas. Todos anhelamos que el mundo conozca nuestras verdades y lo queremos  porque deseamos que conozcan nuestro saber que es superior al de las otras personas. Tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de hablar y de escribir.
“El hombre cuerdo cubre su saber”. No proclama a los cuatro vientos el saber almacenado a lo largo de los años, comparable a lo que hacen las hormigas que infatigablemente almacenan durante el verano el alimento que necesitarán en invierno. El texto que comentamos no está diciendo que  el saber almacenado deba guardarse en un cajón permitiéndose que se cubra de polvo y telarañas, sin que nadie pueda beneficiarse de ello.  Hacerlo de manera sensata, sí. Otra muy distinta hacerlo es como lo hacen los necios que se alaban de su sabiduría.
“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119: 115) “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Salmo 119: 9). Estos dos textos nos dicen con claridad la importancia que tiene que las personas conozcan la Palabra de Dios, para su conversión o para madurar en la fe. No compartiendo la Palabra nos pondremos al lado de Satanás que no desea que los pecadores se conviertan a Jesús y que los creyentes den buen testimonio de la fe.  La juventud de nuestros días es un problema. Son impetuosos. Desobedientes a los padres, incívicos, violentos, sexualmente desorientados, fanfarrones. ¿Cómo podrán corregir sus caminos equivocados si desconocen la Palabra de Dios que la lámpara que alumbra sus caminos, si no hay nadie que la proclame?
Si Tenemos miedo de compartir la Palabra por lo que puedan decir de nosotros. Que se nos rechace en nuestro círculo de amistades y se nos considere fanáticos por declararnos cristianos, o que se considere la fe que confesamos como reliquia de un pasado que no puede coexistir en nuestro mundo tan avanzado tecnología y científicamente, Recordemos las palabras de Jesús: “¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo de la medida de grano o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? (Marcos 4: 21). A pesar del espectacular avance tecnológico y científico de nuestros días , Los hombres  siguen estando envueltos en tinieblas espirituales. Densas tinieblas espirituales oscurecen su camino. Los que nos hemos convertido a Cristo nos hemos transformado en la luz del mundo. No podemos meterla en la medida de grano, ni debajo de la cama. Tenemos que ponerla en el candelero para que alumbre a todos los que están en la casa.