dilluns, 3 de juny del 2019
dilluns, 27 de maig del 2019
SALMO 69:2
“Estoy
hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie, he venido a abismos de
aguas, y la corriente me ha anegado”
Un grito de agonía: “Sálvame oh Dios,
porque las aguas han entrado hasta el alma” (v.1). Cuando situaciones extremas
azotan a una persona, dos reacciones pueden producirse: Una de rebeldía, de
levantar los puños hacia el cielo en señal de enemistad contra Dios. Esta es la
respuesta más común ante una situación adversa. Lo triste de esta respuesta es
que quienes la dan se encuentran solos ante el peligro. No tienen a nadie en
quien apoyarse. No reciben apoyo en el momento cuando más se necesita. La rebeldía contra a Dios no es la respuesta más
sensata pues no puede expulsarse a Dios de la situación y la rebeldía se
convierte en un boomerang que golpea a quien se atreve a enfrentarse a Dios.
Desconocemos qué es lo que motivó al
salmista a lanzar su grito desesperado: “Sálvame oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma”. Mejor
que sea así porque el interrogante cabe perfectamente en nuestro “sálvame oh
Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. Mejor que sea así porque en
el interrogante cabe perfectamente nuestro “sálvame oh Dios, porque las aguas
han entrado hasta el alma”. No puños alzados contra Dios, sino humilde sumisión
a Dios quien en su soberanía decide para
nuestro bien situaciones que nos son incomprensibles. Cuando somos golpeados
por la adversidad tenemos que recordar que el Señor está a nuestro lado. Nos
coge de la mano y juntos andamos sobre las aguas amenazadoras que se interponen
en nuestro camino hacia las moradas celestiales. La fe es el tesoro más
precioso que el Señor haya podido darnos para salir victoriosos en las
difíciles encrucijadas de este mundo. ¡Gracias Señor por el don de la fe!
Con el don activado por la presencia del
Espíritu Santo en nuestro corazón, aun cuando podamos ser zarandeados como el
salmista que describe su estado escribiendo: “Cansado estoy de llamar, mi
garganta se ha enrojecido, han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios”
(v.3). A pesar de la desesperada situación en que se encontraba el salmista, no
desfallece su esperanza en el Señor: “Pero yo a ti oraba al tiempo de tu buena voluntad, oh Dios, por
la abundancia de tu misericordia, por la verdad de tu salvación, escúchame.
Sácame del lodo, y no sea sumergido, sea yo librado de los que me aborrecen, y
de lo profundo de las aguas” (vv. 13,14). De la misma manera que los polluelos
ante el peligro se cobijan debajo de las alas de la clueca, podemos refugiarnos
con mayor seguridad debajo de las alas del Señor que nos protegen de todo
peligro que pueda acecharnos.
PROVERBIOS 15:15
“Todos
los días del afligido son difíciles, mas el de corazón contento tiene un
banquete continuo.
¿Quién es la persona de corazón afligido y quién lo es de corazón contento? Lo
que marca la diferencia entre ambas es si se está con Dios o no. La que está
con Dios por la fe en el Señor Jesús posee un corazón limpio y contiene un
contacto permanente con Dios por el hecho de que tener un corazón limpio porque
la sangre de Jesús le ha limpiado todos sus pecados vive permanentemente en la
presencia de Dios la persona con lo que la paz de Dios que sobrepasa la
comprensión humana está con ella permanentemente. En cambio, la persona que
vive sin Dios, por el hecho de que sus pecados no han sido limpiados por la
sangre de Jesús no puede tener de ninguna de las maneras la paz de Dios que
llena de gozo el corazón.
¿Son pocos los que todos los días les son
difíciles de llevar porque viven en aflicción? Son multitudes las que andan por
el camino ancho que conduce a la condenación eterna. Quienes forman parte de
esta multitud de afligidos se les reconoce fácilmente por sus intereses. Por
ser los días del afligido difíciles de soportar buscan despojarse de su
aflicción por medios naturales. Buscan sustituir la aflicción por el gozo
consumiendo cuanto más mejor los medios que el mundo les ofrece para combatir
la aflicción del alma: cruceros para visitar los fiordos noruegos, por el
mediterráneo, por los exóticos países caribeños…El afligido es un consumidor de
espectáculos. Mata el dolor con el alcohol y las drogas. Puntualmente se libera
de la aflicción porque los productos anti dolor que consume le hacen olvidar
momentáneamente las dificultades que consumen su alma. Aparentemente se libra del
dolor, pero la procesión va por dentro. De hecho, la condición del alma empeora
por el efecto adictivo que tienen todos los productos anti dolor que el mercado
les ofrece. ¡Ay! Tienen que pagar por ellos precios abusivos.
La segunda parte del texto que comentamos
dice: “Mas el de corazón contento tiene un banquete continuo.” El
contentamiento de corazón únicamente se consigue por la fe en Jesús como Señor
y Salvador. Fuera de Él, con mayor o menor intensidad, siempre aflicción. Con
Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios encarnado,
con los pecados perdonados, el corazón de convierte en morada permanente
del Espíritu Santo. Con los pecados
perdonados y el gozo permanente que da la presencia de Dios, independientemente
de las condiciones externas, el corazón se convierte en un banquete continuo.
Con Jesús basta. No se necesita nada más para vivir en un constante banquete.
dilluns, 20 de maig del 2019
CENTINELAS DE LA FE
<b>Si
el centinela se duerme estando en el puesto de guardia y el enemigo ataca, su
responsabilidad es inmensa</b>
El Profeta
Ezequiel utiliza la figura del centinela
para alertar a los sacerdotes y profetas de Israel para que se comporten
como centinelas responsables de la protección de pueblo. El centinela debe
velar, no dormirse, mientras esté en el puesto de guardia.
El texto de
Ezequiel es muy interesante porque
destaca tanto la responsabilidad del centinela como la del ciudadano. Es responsabilidad
del centinela que si se acercarse el enemigo “tocar la trompeta y avisar al
pueblo” (v.3). Si alguien que habiendo oído el sonido de la trompeta anunciando
un peligro inminente no hace caso del
aviso “y viniendo la espada lo hiriere, su sangre será sobre su cabeza” (v.4).
El centinela no es responsable de la muerte de la persona que habiendo
oído el sonido de la trompeta piensa que
no es para tanto, que puede revolcarse un poco más en la cama o seguir con sus
quehaceres.
Mi interés es
destacar la responsabilidad del centinela: “Pero si el centinela ve venir la
espada y no toca la trompeta, y el pueblo no se apercibe, y viniendo la espada
hiere de él a alguno, este fue tomado por causa de su pecado, pero demandaré su
sangre de la mano del centinela” (v.6). Como el texto indica, la
responsabilidad del centinela es muy grande. El profeta Ezequiel, como
centinela que es, se dirige a su Dios, de ser destruido por Nabucodonosor, rey
de Babilonia y del templo. La catástrofe culminaría con la toma y destrucción de Jerusalén y del
templo que era el símbolo de la presencia de Dios entre su pueblo. La causa de
tan terrible desastre se debió a que los dirigentes religiosos no se
comportaron como centinelas diligentes en anunciar que la destrucción inminente
se debía a su apostasía.
El Señor
dirigiéndose al profeta Ezequiel le da el encargo que, procediendo de Dios era
de obligado cumplimiento: “A ti, pues, hijo del hombre, te he puesto como
centinela de la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los
amonestarás de mi parte. Cuando yo diga al impío: de cierto morirás, si tú no
hablas para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá, por su
pecado, pero su sangre yo la demandaré de tu mano. Y si tú avisas al impío para
que se aparte de él y él no se aparta de su camino, el morirá por su pecado,
pero tú libraste tu vida (vv. 7-9).
La Biblia por
ser Palabra de Dios es atemporal. Sirve
para instruir en los caminos del Señor a todas las generaciones.
Desgraciadamente muchos que han pertenecido a generaciones pasadas perecieron
eternamente porque los centinelas que Dios disponía para que anunciaran el
peligro de muerte eterna no cumplieron con su deber. Son elocuentes las
advertencias que los profetas de Dios hicieron a los “falsos profetas” que siguieron
durmiendo en sus puestos de guardia sin anunciar el peligro que se cernía sobre
la población.
El pasado es
pasado y no puede deshacerse lo que los centinelas hicieron mal, pero, ¿qué
debe decirse de los centinelas que el Señor de la Iglesia ha puesto hoy para que alerten del peligro de
muerte eterna que se cierne sobre las personas si no se arrepienten y se
vuelvan a Él? ¿Cumplen con su deber si no hacen sonar las trompetas avisando
que el diablo, el enemigo de sus almas está al acecho para arrastrarlas hacia
las cavernas infernales?
El centinela, cuanto más encumbrado
sea el puesto de vigilancia que se le ha otorgado, mayor es su responsabilidad
si no hace sonar la trompeta y las personas mueren en sus delitos y pecados. La
trompeta no debe dar un sonido incierto dejando a los oyentes en la
incertidumbre de qué deben hacer. Debe anunciar con toda claridad el Nombre
JESÚS ya que “en ningún otro hay salvación, porque no hay otro Nombre bajo el
cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4: 12).
Muchos centinelas de nuestros días
predican “a otro Jesús que el que hemos predicado, o si recibís otro espíritu
que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien
lo toleráis” (2 Corintios 11:4). El apóstol Pablo como buen centinela que era
alerta a los cristianos que junto con el Evangelio que predicaba se estaba
difundiendo otro que no era el apostólico que edifica la Iglesia de Cristo
sobre la piedra angular que es el Señor Jesucristo.
Los que están muertos en sus delitos y
pecados desconocen el verdadero Evangelio y que los centinelas que el Señor de
la Iglesia no ha colocado en los puestos de vigilancia engañan a las almas que
perecen diciéndoles que el agua bautismal limpia el pecado original y
supuestamente entran a formar parte de la Iglesia de Cristo, que la confesión
auricular perdona los pecados cometidos después del bautismo, que la “buenas
obras” merecen la aprobación de Dios, que el entierro cristiano es una puerta
al cielo, y otras muchas más doctrinas que no son el Evangelio. Que no alertan
del peligro de muerte eterna que se cierne sobre ellas es evidente. ¡Centinelas
que no cumplís con el encargo de avisar del peligro inminente de muerte eterna,
el señor de la Iglesia demandará de vosotros la sangre de los que perecen por
no haber sido alertados del peligro en que se encuentran! ¿Seguiréis durmiendo?
Octavi
Pereña i Cortina
dilluns, 13 de maig del 2019
SALMO 52: 7
“He
aquí al hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la
maldad de sus riquezas, y se mantuvo en su maldad”
El salmo 52 lo escribe David teniendo en
cuenta a “Doeg edomita que dio cuenta a Saúl diciéndole: David ha venido a casa
de Ahimelec”. David rodeado de su séquito manifestó el odio que sentía hacia
David y porque su hijo Jonatán estuviese al lado del prófugo. Doeg dio cuenta al rey Saúl en este consejo que David había estado hablando
con el sacerdote Ahimelec. El resultado de esta denuncia fue el asesinato de
“ochenta y cuatro varones que vestían
efod de lino” (1 Samuel 22: 18) y toda la población de Nob. A la vista de este
trasfondo histórico podemos comprender la dureza de las palabras que David
escribe en este salmo que comentamos.
El contexto de este salmo es
perfectamente transportable a la situación política de nuestros días. “Por qué
te jactas de maldad, oh poderoso?” (v.1). “Agravios maquina tu lengua, como
navaja afilada hace engaño, amaste el mal más que el bien, la mentira más que
la verdad. Has amado toda suerte de palabras perniciosas, engañosa lengua” (vv.
2-4).
Las duras palabras que escribe David
refiriéndose a Doeg, ¿no pueden aplicarse a muchos políticos que en los mítines
sus lenguas vomitan amenazas y mentiras
más que la verdad? En la campaña electoral que condujo a la votación del 28 de
abril de 2019, los oídos de las personas se hartaron de oír proclamas
incendiarias contra los adversarios políticos. Parece ser que las difamaciones
que se pronuncian durante los períodos electorales no tienen consecuencias
penales para quienes las dicen.
Pero Dios es justo y da a cada uno lo que
sus obras se merecen. Muchos políticos creen que porque son poderosos son
intocables porque se encuentran bajo la protección del Estado y el apoyo del
poder judicial. Si Dios no existiese podrían cantar victoria con todos los
apoyos humanos que tienen. Dios no ha muerto. No es una invención de los
hombres como algunos dicen porque creen que así no tendrán que dar cuentas al
Ser supremo. Dios es el eterno y todopoderoso Señor de la creación y del
hombre. Es paciente a la hora de ajustar cuentas. Cuando lo hace, la sentencia
es inapelable. Para el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que se
mantuvo en la maldad de sus riquezas, y se mantuvo en su maldad”, he aquí lo
que David dice que Dios va a hacer con él: “Por tanto, Dios te destruirá para
siempre, te asolará, y te arrancará de tu morada, y te destruirá de la tierra
de los vivientes” (v.5).
SALMO 116: 3,4
“Me
rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del sepulcro,
angustia y olor había yo hallado. Entonces invoqué el Nombre del señor
diciendo: Oh Señor, libra ahora mi alma”
La muerte está presente de modo
permanente en nuestro mundo. Se lucha contra ella con medios ineficaces. A
pesar de los esfuerzos sigue bien viva.
Son indiscutibles los progresos que se hacen en el campo de la medicina,
especialmente en Occidente. Los avances consiguen alargar el promedio de vida,
pero no vencer a la muerte. Siempre sale victoriosa. No lo olvidemos.
Por cierto, creando un nuevo problema:
¿Cómo poder seguir pagando las pensiones? Podemos estar tranquilos: la muerte
no será vencida por medios humanos. Dada la condición humana, ¿qué sucedería si
el hombre consiguiese vencer a la muerte? Dejemos de especular. Nos guste o no
tenemos que enfrentarnos a ella. Lo razonable y sensato sería aceptar su
existencia. Declaraciones como: “La muerte es muy injusta”. Oponiéndonos a ella
dando cabezazos contra la pared, además de no eliminarla, nuestra actitud
empeora nuestra salud mental lo cual representa una sobre carga muy difícil de
llevar.
Ante la enfermedad, que es el preludio de
la muerte, el salmista describe perfectamente los sentimientos que nacen en el
alma y que los medicamentos más novedosos y “eficaces” son incapaces de borrar:
“Me rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del sepulcro,
angustia y dolor había yo hallado”. Desconozco qué clase de lector lee este
comentario. Si es ateo, aun cuando pueda ser un ferviente religioso, ante la
enfermedad irreversible que mantiene a uno postrado en el lecho, sin esperanza
de recuperar la salud, se encuentra totalmente desprotegido, abandonado, aun cuando
tenga a sus familiares a su alrededor, sin tener a su lado a alguien que en tan
delicada situación pueda consolarle y darle esperanza cierta para el después
que llegue la muerte inevitable.
El salmista se enfrenta al momento al que
inevitablemente todos tendremos que
enfrentarnos no buscando consuelo en quienes están alrededor, sino que como
hombre de fe su mirada está puesta en las alturas y dirigiéndose a Dios dice.
“Oh señor, libra ahora mi alma”. El incrédulo, aun cuando pueda ser un
ferviente religioso como lo demuestran las imágenes de vírgenes, santos y
cristos que tiene a su lado, si no ha tenido
en cuenta al Señor en su camino, cuando llega el momento de abandonar
este mundo para enfrentarse a la eternidad que le espera, no tiene a quien
encomendarse. Cogiéndose a un hierro al rojo vivo, confiará en las promesas, sin garantía de
certeza, en la confesión auricular, la extremaunción, las oraciones por los
difuntos. En todo ello no encuentra el consuelo y esperanza que necesita. El
salmista exclama: “Oh Señor, libra ahora mi alma”. En ti que moriste por mí en
el Gólgota derramando tu sangre preciosa para limpiarme todos mis pecados,
tengo la certeza que le diste al malhechor que
colgaba a tú lado en la cruz: “hoy estarás conmigo en el paraíso.
CÓMO VE DIOS LA TIERRA?
< b>”Con el temor del Señor el
hombre se aparta del mal”</b>
<b>Pilar Rahola</b> comienza
su escrito <i>El odio</i> con estas palabras: “En una visita al
museo del holocausto de Washington, mi hijo Noé que entonces tenía trece años,
empezó a hacer preguntas sobre lo que estaba viendo, y cada respuesta mía se
remataba con un “¿por qué?” suyo, al que le seguía otro y otro, en una retahíla
que no tenía final. Parecía como si no hubiese ninguna explicación de su madre
que sirviese para entender aquello. Y así era, no había respuesta posible,
porque todo ello eran fragmentos inútiles de la gran respuesta que no podría
existir nunca. ¿Podemos explicar cómo
nace el mal, qué ingredientes de odio lo alimentan, cómo se construye su
relato, cómo atrapa a sus acólitos, de qué manera mata…pero al final de la
interrogación no podemos explicar su esencia más profunda. Millones de muertos
en cámaras de gas, niños, ancianos, familias enteras…quién responde al “¿por
qué?” final de mi hijo?” Más adelante la
periodista se hace esta pregunta: “¿Cómo se llega a esta oscuridad del alma?”
El “¿por qué?” del hijo de <b>Pilar Rahola</b> que la madre no sabe
dar respuesta, es el mismo ¿por qué? Que nos hacemos nosotros que también
ignoramos “¿cómo se llega a esta oscuridad del alma”?
¿Es insoluble el problema del mal?
¿Tenemos que quedarnos sin respuesta satisfactoria? Lo que nos impide resolver
nuestra duda es el prejuicio. Con razón nos sentimos desencantados de las
religiones. De esta cuestión ya la trata
Jesús cuando denuncia a los religiosos de su tiempo. El hecho de que
muchos religiosos sean unos farsantes no significa que no exista la Verdad que
ellos han distorsionado. Durante la farsa de juicio a la que Jesús fue sometido, Pilato, el gobernador romano,
le preguntó: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38). Desgraciadamente se marchó sin
esperar respuesta. Si el lector no es impaciente recibirá respuesta. La Verdad
no lo es la Iglesia católica que presume de ser la verdadera. La Verdad no lo
es ninguna de las muchas iglesias cristianas existentes en el mundo. La Verdad
en mayúscula es Jesús (Juan 14:6). Pues bien, este Jesús, por medio del
Espíritu Santo y mediante la instrumentalidad de unos hombres escogidos, ha
escrito el libro que se conoce como la Biblia. Si arrojamos a la cuneta los
prejuicios y lo abrimos encontraremos la
respuesta al origen del mal que no puede encontrarse en ningún otro lugar.
Descubriremos que el mal aparece antes de la creación del hombre con la
rebelión contra Dios de Lucifer y de los ángeles que le siguieron. A estos
rebeldes se les conoce con el nombre de Satanás y demonios que aparecen al
inicio de la historia en el momento en que Satanás poseyendo a una serpiente
tienta a Adán por medio de Eva a
rebelarse también contra Dios. La desobediencia de nuestro primer padre de
quien descendemos, es la causa de que toda su descendencia nazca enemistada con
Dios y el origen de la maldad en todos los seres humanos..
La primera manifestación del efecto Lucifer que menciona
<b>Walter Oppenheimer</b> es el asesinato de Abel por su hermano
Caín. Cuando se llega a la novena generación, la de Noé, así relata la Biblia
lo que Dios contempla desde el cielo: “Y vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que
todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo
solamente el mal” (Génesis 6:5). “Y se corrompió la tierra delante de Dios, y
estaba llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí estaba corrompida,
porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra” (vv.11, 12). Y
Dios que vio que de entre toda la humanidad
solamente había ocho personas justas, Noé y sus tres hijos y sus
esposas. Dios le dijo a Noé: “He decidido el fin de todo ser, porque la tierra
está llena de violencia a causa de ellos y he aquí yo los destruiré con la
tierra” (v.13). La sentencia fue el Diluvio Universal.
Cuando abrimos el periódico por la
mañana, ¿qué leemos? Refriéndose a las
malas noticia que describen los medios de comunicación, Walter Oppenheimer,
escribe: “¿Qué nos impulsa a cometer todos estos actos de violencia, tan
diferentes entre sí pero con denominador común: Una persona aparentemente
normal que se siente fuerte y ataca sin aparente motivo a otra que le parece
más débil? Quizás sea consecuencia de lo que el filósofo norteamericano definió
como el <i> efecto Lucifer</i>, la capacidad que tiene el ser humano de comportarse de forma
irracional, de pasar del bien al mal”. El <i> efecto Lucifer</i> es
la consecuencia de haber abandonado a
Dios y de no tenerlo en cuenta en nuestro andar por este mundo. Desconocer el
<i> efecto Lucifer</i> es la causa de que <b>Pilar
Rahola</b> no supiese dar respuesta a los insistentes “¿por qué?” que le
hacía su hijo y que nosotros tampoco lo sepamos”.
Octavi
Pereña i Cortina
dilluns, 6 de maig del 2019
¿QUIÉN PERDONA LOS PECADOS?
<b >Para alcanzar una autentica paz
de conciencia se tiene que tener la seguridad de que los pecados han sido
perdonados</b>
“El Concilio de Trento se pronunció contra los reformadores declarando que Cristo
comunicó a los apóstoles y a sus legítimos sucesores la potestad de perdonar y
retener los pecados con el propósito de que se reconciliasen nuevamente con
Dios los fieles que cayeron en pecado después del bautismo. Este poder de
perdonar pecados no abraza solamente el de predicar el Evangelio del perdón de
los pecados, como era la interpretación que daban los reformadores, sino además
la potestad de perdonar realmente los pecados” (Dz904.913).
El escándalo de la pederastia que destapan los medios de comunicación que
tienen fundamento ha obligado al papa Francisco a tomar medidas drásticas que
en un principio solamente se aplicarán en el Vaticano. Al lado de los artículos
de prensa se han añadido los viñetistas
en sus críticas a la Iglesia católica.
Accidentalmente cayó en mis manos un
ejemplar del diario ARA en donde en la Contra aparece una viñeta de Farreres.
El escenario es un monasterio, ¿una alusión al de Montserrat afectado también
por la pederastia eclesiástica? En un segundo plano tres monjes escondidos
detrás de una columna observan atentamente. En primer plano, quien debe ser el
prior conversa con un matrimonio. El hombre muestra la foto de quien debe ser
un obispo con un niño. El prior les dice: “La persona que ustedes acusan de
estas cosas terribles murió hace tiempo en la paz del Señor”. El hombre
responde: “Es lo que tiene de bueno esta religión: te arrepientes de todo en el
último momento y quedas perdonado”. La mujer añade: “Después te pueden hacer
santo”.
La Iglesia católica se equivocó cuando
decidió rechazar el poder de perdonar los pecados únicamente con la predicación del Evangelio que era la
interpretación de los reformados añadiendo a ello la potestad de perdonar
realmente los pecados. Empezando con Lutero que lo único que perseguía era la
reforma de la Iglesia para llevarla a la sencillez evangélica. No lo consiguió
Lutero como tampoco todos los intentos previos.
Hasta el día de hoy no ha empezado a reformarse. El concilio de Trento
que definió el dogma católico cerró la puerta a la posibilidad de una auténtica
reforma.
La Contrarreforma católica consistió en
un maquillaje para mantener intacta la fuente de la corrupción denunciada por
los reformadores debido a su auto
divinización al auto concederse el poder de perdonar realmente los pecados que es una facultad exclusiva de Dios por la
fe en el Nombre de su Hijo Jesús.
La decisión católica de seguir
conservando el poder de perdonar realmente los pecados lo que consiguió fue
empequeñecer a Dios y agigantar al hombre. Eso consiguió que en vez de edificar
a los fieles sobre “el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la
principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio bien
coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien
vosotros sois juntamente edificados para
morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2: 20-22).
La Iglesia católica al dejar de
edificarse sobre el cimiento de la Palabra de Dios representada en las
enseñanzas proféticas y apostólicas, siendo la principal piedra del ángulo
Jesucristo mismo, lo hace sobre la arena. A pesar que la Iglesia católica
alardea de ser una de las tres religiones monoteístas, de hecho es politeísta,
pues con la multitud de santos y vírgenes que adoran, a Dios el Padre y su Hijo
Jesucristo se han convertido en objetos
de mera decoración. Como dice Jesús una casa construida sobre un
cimiento tan inestable como lo es el politeísmo no puede resistir los embates
satánicos. La prueba de ello es la corrupción que aflora.
La Iglesia católica debería retornar a la
enseñanza de los reformadores que no es otra cosa que enseñar la Biblia que es la Palabra de Dios: Los
pecadores son perdonados exclusivamente por la fe en el Nombre de Jesús. Si no
lo hace, Dios seguirá siendo un Dios pequeño y el hombre se hace grande al intentar usurpar el lugar
que le corresponde a Él.
Enalteciendo el poder de Dios de perdonar
el pecado, el salmista escribe: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu
misericordia, conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lávame más i más de mi maldad y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis
rebeliones, y mi pecado está siempre presente delante de mí. Contra ti, contra
ti sólo he pecado, y he hecho la malo delante de tus ojos. Para que sea
reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí en
maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre… Purifícame con hisopo
y seré limpio, lávame y seré más blanco que la nieve” (Salmo51: 1-5,7).
Una iglesia que enseñe a sus feligreses a
confesar sus pecados a Jesús para que se los perdone y camine en novedad de
vida con el poder del Espíritu Santo, jamás será escarnecida con viñetas del estilo mencionado en este
escrito.
Octavi
Pereña i Cortina
JEREMÍAS 36.2
Toma
un rollo de libro, y escribe en él todas las cosas que te he hablado contra
Israel y contra Judá, y contra todas las naciones”
“Vino esta palabra del Señor a Jeremías
diciendo” (v.1). ¿Qué le dice el señor al profeta? Que escriba todas las cosas
que le ha dicho contra Israel y contra Judá y contra todas las naciones. ¿Es
que el Señor se complace en hacer mal a las personas? ¿Es que el Señor está
siempre airado contra los pecadores? De ninguna de las maneras. En el v.3 el
Señor por la pluma del profeta expone el propósito que persigue de expresar su
ira contra Israel, Judá y todas las
naciones. ¿Con qué finalidad? “Quizá oiga la casa de Judá todo el mal que yo
pienso hacerles, y se arrepientan cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su
maldad y su pecado” (v.8).
La Biblia nos presenta a Dios en términos
antropomórficos, es decir, como si fuera un ser humano con sentimientos. El ser
humano es creación de Dios, hecho a imagen y semejanza suya, es decir santo. El
pecado hiere la niña del ojo de Dios. Le duele. Sí, Dios sufre viendo que el
pecado del hombre lo lleva a su eterna condenación. Con corazón dolorido nos
hace llegar por medio de Jeremías lo que piensa hacer con nosotros. En el
versículo 8 antes mencionado nos dice el Señor que gracias a la amenaza de
castigo los receptores del mensaje se arrepentirán cada uno de su maldad y les
perdonará su pecado. ¿Consigue el propósito la amenaza? Baruc, el escriba al
servicio de Jeremías escribió en un pergamino las palabras que el profeta le
dictaba y las leyó al pueblo. Los
funcionarios del rey se llevaron el pergamino y se lo leyeron. ¿Cómo reaccionó
el monarca al oír el mensaje de Dios? El texto nos lo dice: “Cuando Jehudá había oído tres o cuatro planas, lo
rasgó el rey con un cortaplumas de escriba, y lo echó en el fuego que había en
el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el
brasero había” (v.23). Sigue diciendo el texto: “Y no tuvieron temor ni
rasgaron sus vestidos el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas
palabras” (v. 24). Al finalizar el período de gracia que el Señor les concede,
se cumplió la sentencia. ¿Qué haremos nosotros con las palabras que Dios nos ha
hablado? ¿Las echaremos simbólicamente en el fuego del brasero en señal de que
no queremos saber nada de lo que Dios nos dice? Si es esta nuestra reacción,
que no queremos saber nada de Dios, en su momento tendremos que oír de sus
labios, aun cuando no nos va a gustar: “Echadlos al fuego eterno que quema y no
consume.
ISAÍAS 55:7
“Deje
el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor,
del cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en
perdonar”
¿Por qué muchas personas no pueden llegar
a entender que Dios existe y que no está ausente en medio de los graves
problemas de toda índole que amenazan con destruirnos? ¿Por qué son tantas las
personas que dicen que si Dios existe, por qué permite todas las crueldades que
se cometen diariamente? ¿Por qué permite situaciones de dolor extremo? ¿Por qué
consiente situaciones y más situaciones que nos hacen desgraciados? Ante todo
tenemos que aceptar, si no lo hacemos, peor para nosotros, que todos los males
que nos agobian son la consecuencia de que en Adán desobedecimos el mandato de
Dios de no comer el fruto del árbol prohibido. Dios avisó de las consecuencias
de la infracción. Desobedecimos y recogemos lo que hemos sembrado. Si sembramos
vientos cosechamos tempestades. No tenemos derecho a quejarnos. En vez de
reconocer nuestra transgresión airados alzamos los puños contra el cielo y
vociferamos rencor contra Dios por lo que permite suceda.
El profeta como instrumento de la
misericordia de Dios, una vez más invita al hombre al arrepentimiento: “Deje el
impío su camino”, es decir, su comportamiento externo, el fruto de un corazón
perverso. El profeta como instrumento de
Dios transmite el sentir de quien le ha enviado y no se queda en la periferia.
Va a la raíz del problema del mal cuando escribe: “Y el hombre inicuo sus
pensamientos”. ¿De dónde salen los pensamientos que se convierten en las
crueldades que los medios de comunicación dan a conocer? Jesús dice que del
corazón. ¿Qué dice la Biblia al respecto? “Sobre toda cosa guardada, guarda tu
corazón, porque de él mana la vida” (Proverbios 4: 28). El autor del proverbio
nos invita a que examinemos nuestro corazón. Hay maneras y maneras de hacer el
examen. Si lo hacemos comparándonos con lo que hacen los otros lo exculparemos
de pecado y no dudaremos en declararlo inocente. Si la comparación se hace con
la Palabra de Dios, el resultado de la investigación será: CULPABLE. No habrá
motivo de autocomplacencia, sino la imperiosa necesidad de arrepentimiento.
Será entonces cuando la persona estará en condiciones de “volverse al Señor, el
cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro que es amplio en perdonar”.
Resultado: pecado perdonado y el goce de la paz de Dios que supera la
comprensión humana.
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