dissabte, 14 d’abril del 2018


BANDERAS A MEDIA ASTA

b>¿Cómo debe recordarse la pasión de Jesús?</b>
La ministra de defensa María Dolores de Cospedal ha anunciado que en todas las instalaciones militares la bandera ondeará a media asta desde las catorce horas del jueves santo hasta las 00,01horas del domingo de resurrección. Esta decisión es una barbaridad no solamente porque en un Estado aconfesional esta orden confunde la gimnasia con la magnesia, sino porque también es una cuestión teológica.
La bandera a media asta en el contexto de la Semana Santa  implica que Jesús ha muerto. A pesar de que Jesús previamente había anunciado que tenía que resucitar de entre los muertos al tercer día, sus seguidores tenían sus mentes ofuscadas para entenderlo y estaban tristes porque creían que su Señor había muerto. Las mujeres que fueron al sepulcro con las especies aromáticas para preparar el cuerpo de Jesús, perplejas porque vieron el sepulcro vacío. Los dos ángeles que se les aparecieron les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” (Lucas 24:5).
A pesar de que el Credo enseña que Jesús murió y resucitó, la Iglesia católica pasa de refilón su resurrección. El plato fuerte de su doctrina es la muerte de Jesús. Este aspecto le ha permitido atraer a multitudes que se deleitan viendo las imágenes que quieren describir del dolor del vía crucis original. Cuando se iniciaron las procesiones de Semana Santa, quizás la intención fue buena. Se pretendía instruir a las masas analfabetas, incapaces de leer los evangelios, pero se equivocaron. La manera de enseñar el camino de la salvación es la predicación. Eso requiere personas verdaderamente convertidas a Cristo que no se apartan de la verdad bíblica.
Quienes iniciaron las procesiones de semana Santa, si es que lo hicieron con buena intención, se olvidaron del mandamiento que dice: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás, porque yo soy el Señor tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20: 4-6).
A la Iglesia católica la cosa se le ha ido de las manos y una riada de corrupción corre por sus entrañas. <b>Jesús Bastante</b> escribiendo sobre una reunión que más de 300 chicos y chicas de todo el mundo mantuvieron con el papa Francisco, dice “Los jóvenes católicos se plantan y exigen cambios, transparencia y credibilidad en la Iglesia”. Estos jóvenes quieren reformar a la Iglesia católica, las consecuencias pero no la causa de sus corrupciones. Hace quinientos años que Martín Lutero lo intentó, pero fracasó. El profeta Oseas ante la situación desesperada en que se encontraba Israel debido a su infidelidad a Dios, escribió: “¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que lo sepa? Porque los caminos del señor son rectos, y los justos andarán por ellos, mas los rebeldes caerán en ellos” (14:9).
¡Iglesia católica si te tienes que convertir conviértete al Señor!
La muerte de Jesús debe recordarse y tenerse presente porque es el precio que se tuvo que pagar para el perdón de los pecados. Hasta la muerte de Jesús en la cruz el sacrificio se hacía simbólicamente con la muerte de animales cuya sangre no borraba los pecados. Por ello se precisaba repetir los sacrificios diariamente. “Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio, se ha sentado a la diestra de Dios…porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10: 12,14). ¿Cómo debe recordarse esta única ofrenda? Si la sangre de los corderos sacrificados simbolizaba un sacrificio que se tenía que ofrecer, ¿cómo debe recordarse un sacrificio que ya es cosa del pasado? Con sangre no. Entonces, ¿cómo?
Transportándonos el apóstol Pablo al cenáculo en donde Jesús con sus discípulos celebró su última cena pascual, el Señor simbólicamente identifica el pan con su cuerpo que dentro de poco daría por el perdón de los pecados y su sangre que los limpia todos, con el vino. El apóstol transmite las instrucciones recibidas directamente del Señor. Cada vez que la iglesia local se reúne para comer el pan, “este es mi cuerpo que por vosotros es partido, haced esto en memoria de mí”. “Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, haced esto todas las veces que la bebiereis en memoria de mí. Así pues, todas las veces que comáis este pan, y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga”. Participar en la Cena del Señor recuerda al creyente que Jesús vendrá en su gloria a instaurar el Reino eterno de Dios. Señor instituido por el mismo Jesús tiene que hacerlo de manera muy concreta: “De manera que cualquiera que coma este pan o beba esta copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí…” (1 Corintios 11: 23-34).
Los participantes en las procesiones de Semana Santa, ¿lo hacen con el cuidado que el apóstol pide en Nombre de Jesús a que lo hagan quienes se reúnen para comer el pan y beber el vino que simbolizan el cuerpo y la sangre que Jesús derramó para salvación del pueblo de Dios?
Octavi Pereña i Cortina




ROMANOS 10: 2

“Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios pero no conforme a ciencia”
El apóstol está tratando el tema de la salvación exclusivamente por la fe y contrasta el error de los judíos que a diferencia de los gentiles que han alcanzado la justicia que es por la fe, Israel  no la alcanzó persiguiendo una ley de justicia. ¿Por qué Israel no la obtuvo? “Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo, como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída, y el que creyere en Él no será avergonzado” (9: 32,33).
Israel tropezó en la “piedra de tropiezo” que es Jesús cuando intentaba ganar el favor de Dios siguiendo la letra de la Ley sin darse cuenta que la Ley es “nuestro mentor para llevarnos a Cristo” (Gálatas 4: 24). Pretender salvarse cumpliendo las obras de la Ley conduce al legalismo, cosa que conduce a las personas a ser duras de corazón, insensibles a las debilidades ajenas, sin misericordia. El apóstol Pablo tuvo que denunciar el legalismo con dureza porque “tenían celo de Dios pero no conforme a ciencia”.
El legalismo no sólo aparece en las páginas de la Biblia. Está bien vivo en nuestros días. Sin darnos cuentas hoy se está construyendo un cristianismo sin Cristo. Nos hemos hecho esclavos, no de la Ley de Moisés como los judíos del tiempo de Jesús, sino de las leyes eclesiásticas que se han formado de las costumbres convertidas en ley. Sin apercibirlo la Roca que es Jesús se ha convertido en arena con lo cual las iglesias   que se construyen sobre cimiento tan endeble no resisten los embates de los vientos huracanados y a aguas turbulentas que las embisten. No hemos aprendido la lección y seguimos tropezando en  la “piedra de tropiezo”. La denuncia del apóstol Pablo sigue vigente hoy: “tenemos celo de Dios pero no conforme a ciencia”.
Dios tiene que zarandearnos para que despertemos. Debemos arrepentirnos de nuestro pecado de considerarnos “sin pecado” por nuestra fidelidad a las leyes eclesiásticas. Debemos  aprender del apóstol Pablo que considerándose irreprensible en cuanto a la ley, estando en Cristo se reconoció como el primero de los pecadores. Siendo irreprensible en cuanto a la Ley lo llevó a participar a participar en la terrible muerte de Esteban a pedradas y a perseguir con saña a los cristianos por herejes. Cuando el perseguidor de cristianos se convirtió a Cristo, de perseguidor se transformó en perseguido. De defensor acérrimo de las obras de la Ley en  heraldo incansable de la doctrina de la salvación por fe y no por las obras de la Ley. Del odio hacia el que no pensaba como él a amar a los que le contradecían. Se convirtió en un excelente discípulo de Jesús de quien aprendió a amar a sus enemigos. Practicar un cristianismo “conforme a ciencia” hará de las iglesias lugares de bendición en donde las personas se sentirán reconfortadas y no excluidas por los legalistas sin misericordia.


SALMO 36: 1,2

“No hay temor de Dios delante de sus ojos. Se lisonjean, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será hallada y aborrecida”
Pilar Rahola, controvertida periodista de prestigio, escribió: “Seamos sinceros, los defensores de la razón pura llegamos a creer que el pensamiento racional podría explicarlo todo. Y con la explicación, llegaba la solución. Pero lo cierto es que el mundo continua hecho un desastre, que no tenemos respuestas para las preguntas más desgarradoras y que las soluciones brillan por su ausencia”.
La respuesta a la incertidumbre que expresa la periodista se encuentra en la Biblia. La lástima es que los hombres considerando que la razón es la solución a todos los conflictos existentes les impiden encontrar la solución a los problemas. El salmo 36 de entre los muchos textos bíblicos que afrontan el problema del mal lo, hacen sin ambigüedades. He aquí las palabras con las que el salmista inicia su poema: “La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos” (v.1). Si no hay temor de Dios porque se quiere que no exista o porque se le considere muerto, el mal existente en el corazón humano puede extenderse hasta límites insospechados. Lo cierto es que el mal alcanza cotas muy altas. Si Dios tuviese que dejar escrito cómo ve la tierra hoy, sin duda alguna  lo expresaría con las mismas palabras como lo hizo antes del Diluvio: “Y vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).
Los hombres no cesan de hacer el mal porque “se lisonjean, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será hallada y aborrecida” (v.3). Nadie les va a pedir cuentas de sus acciones, piensan, porque en ellos está el principio y el fin de la autoridad. Pueden decidir a su antojo lo que está bien y lo que está mal. Nadie les va a pedir cuentas de lo que hacen porque erróneamente piensan que Dios ha abandonado el trono desde el que administra justicia.
“Las palabras de su boca son iniquidad y fraude, ha dejado de ser cuerdo, y de hacer el bien. Medita maldad sobre su cama, está en  camino no bueno, el mal no aborrecen” (vv. 3,4). El hombre perverso durante la noche, cuando los pensamientos inicuos lo mantienen desvelado maquina las fechorías que va a realizar cuando amanezca.
Señora Rahola y todos los que piensan como Ud., si Dios no existe su incertidumbre seguirá agobiándola. Únicamente la conversión a Jesús le aportará la luz necesaria para poder entender porque el ser humano se comporta de la manera como lo hace. La comprensión del problema llenará de paz su corazón porque creerá que existe un Dios justo que en su momento ejercerá justicia y dará a cada uno según merezcan sus obras.

dilluns, 9 d’abril del 2018

1 JUAN 3: 14

“Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte”
La prueba del algodón que muestra si una persona es cristiana o no es el amor a los hermanos. No si uno asiste con regularidad germánica a los cultos dominicales. La jerarquía católica ve como indicios de recuperación religiosa la alta participación de público en las procesiones de Semana Santa. ¿La multitudinaria asistencia en estos actos es síntoma de que las multitudes son cristianas? Si no aman al hermano, no. Según el apóstol Juan permanecen muertas en sus pecados y delitos.
Martin Luther King, pastor evangélico y defensor de los derechos de los negros estadounidenses dijo algo que merece reflexión: “Hemos aprendido a volar como pájaros, a nadar como peces,  pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”. El hecho de que seamos tan malos alumnos en la escuela del amor se debe de que a pesar que podamos ser muy religiosos, “permanecemos en muerte”. A pesar de que nuestros labios pronuncien el Nombre de Dios, nuestros corazones están muy lejos de Él. No conocemos a Dios. No sabemos quién es Él. Dios es amor y los cristianos que no aman al prójimo ponen de manifiesto que desconocen al Dios que es amor.
Por nacimiento natural todos nacemos siendo hijos del diablo y que deseamos hacer las obras de nuestro padre el diablo que son: mentiras y homicidios. Con tal progenitor, ¿cómo podemos amar a los hermanos? Es imposible que aprendamos el sencillo arte de vivir como hermanos. Jesús nos enseña como el hombre puede amar a su hermano cuando dice: “O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo, porque por el fruto se conoce el árbol. ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca buenas cosas, y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas” (Mateo 12: 33-35). El problema de la falta de amor entre los hombres se encuentra en el hecho de que nacemos siendo árboles malos que únicamente pueden producir frutos malos.
“El auténtico amor”, dice David Roper, “es un regalo de Dios para que podamos seguir dándolo”. Recibimos este regalo cuando abandonamos la hipocresía de considerarnos buenas personas. En el momento en que reconozcamos la maldad que anida en nuestros corazones y la confesamos a Jesús que es el Médico divino que puede perdonarnos y hacernos hijos del Dios que es Amor. Solamente entonces el Espíritu Santo pone en nuestros corazones el amor de Dios que hace posible que comenzamos a caminar por la senda de amar a los hermanos.



JOEL 2. 3

“Delante de Él consumirá fuego, tras de Él abrasará llama, como el huerto de Edén será la tierra delante de él, y detrás de él como desierto asolado.ni tampoco habrá quien de Él escape”
El profeta Joel contrasta la  situación catastrófica en que se encontraba el pueblo de Dios con la felicidad existente en el Edén. En un principio, Adán y Eva, nuestros primeros padres, gozaban de la presencia de Dios. El jardín era un lugar de delicias. ¡Ah! Adán y Eva desobedecieron la orden de Dios de no comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal porque el día que de él comáis ciertamente moriréis. Así sucedió. Eva dudó de Dios e hizo caso a satanás. Comió del árbol prohibido y sedujo a Adán a hacer lo mismo. El resultado fue que el jardín de convirtió en un lugar inhóspito. En lugar de dar frutos deliciosos “maldita será la tierra por tu  causa, y con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá… Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra” (Génesis 3: 17-19). Un antes y un después muy acusado. Pero Dios no dejó al hombre abandonado a su suerte. Inmediatamente después de la Desobediencia Dios les propone una manera para recuperar el paraíso perdido al vestirlos con túnicas fabricadas con las pieles que el mismo Dios sacrificó. El primer sacrificio expiatorio lo hizo Dios derramando la sangre que simbolizaba la sangre que Jesús derramaría milenios después para perdón de los pecados.

El Salmo 1 hace una descripción de cómo será  el paraíso definitivamente recuperado en el que no habrá “ninguna cosa inmunda o que haga abominación y mentira, sino solamente los que están  inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27), con estas palabras: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino que en la Ley del Señor está su delicia, y en su Ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas que da su fruto a su tiempo, y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará” (vv. 1-3). Dando fe de lo que dice el Salmo 1, Apocalipsis 22: 1-5 nos hace  de una descripción de cómo será el paraíso definitivamente recuperado: “Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono  de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y al otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto, y las hojas el árbol eran para sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición, y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su Nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos”. La muerte y la resurrección de Jesús es la garantía de que este es el lugar que Jesús está preparando para  quienes han creído en Él.

dimarts, 3 d’abril del 2018


EL PEQUEÑO GABRIEL

<b>Sin el temor del Señor no debe extrañarnos de las crueldades que los medios de comunicación se encargan de divulgar</b>
El asesinato de Gabriel el niño de ocho años ha hecho que <b>Cayetano González</b> en su escrito <i>El mal existe</i> se haya hecho estas peguntas que muchas personas se habrán hecho: “¿Qué pasa en la mente de un ser humano para terminar o ayudar a terminar con la vida de una criatura que además es hijo de su actual pareja? ¿Cómo ha podido estar viviendo estos días esta mujer en la esquizofrenia absoluta de aparecer en las diversas concentraciones en  apoyo a Gabriel y a sus padres naturales, sabiendo que el niño estaba muerto? ¿No ha tenido en todo este tiempo transcurrido desde la desaparición del niño ningún momento de desfallecimiento, de debilidad, de duda, de conmiseración con lo que estaban pasando los padres de Gabriel?” Añade el autor de estas preguntas: “Estas preguntas y muchas otras que se pueden plantear no tienen una respuesta fácil. Por descontado, no la tienen desde la lógica y la razón humana. Por esto, en mi intento de aproximación, se debería admitir que la existencia del mal es algo real”. El mal no es un tema metafísico que se intente explicar en reuniones de filósofos. Demostrar la existencia del mal escapa al descernimiento humano. Por fuerza debe descansarse en la fe. No en cualquier fe. Únicamente aporta luz a este problema la fe que es obra del Espíritu Santo que se recibe por la creencia en Jesucristo.
¿Cuándo se origina el mal? El mal no es eterno, ha tenido un principio. En el momento en que Lucifer y los ángeles que se rebelaron contra Dios. ¿Cómo fue posible que en un tiempo que no existía el mal éste se presentase por sorpresa? Su presencia abre grandes debates que a la hora de la verdad no aportan solución porque es un misterio que únicamente se puede descifrar por la palabra de Dios. Esta es la realidad que se debe aceptar. En caso contrario nos daremos cabezazos contra la pared que no nos beneficiarán. Todo lo contrario, nos perjudicarán.
Al inicio de la historia humana nuestros primeros padres vivían felices en el paraíso. El diablo poseyendo a una serpiente engaña a Eva a que coma del fruto prohibido. Ésta, con sus zalamerías convence a Adán a que le acompañe en su desobediencia. Aquí comienza el drama humano que ha durado hasta hoy y que persistirá hasta el día final. El hombre pasa de ser puro a pecador. Con la tendencia a hacer el mal, con el agravante de que el diablo, el padre de mentira y homicida desde el principio, incita a los suyos a hacer el mal.
El diablo es un ser espiritual muy poderoso, pero, por encima de él se encuentra el Todopoderoso que limita la libertad de acción de su vasallo díscolo. Esta relación queda claramente manifestada en Job 1:6-12; 2: 1-6. El diablo puede incitarnos a cometer fechorías pero siempre restringido a la voluntad de Dios. Aquí nace una pregunta: ¿Es el hombre responsable de sus actos si una voluntad ajena a la suya le incita a hacer el mal? A esta pegunta la Biblia le da respuesta clara en la persona de Judas, el apóstol que traicionó a Jesús por 30 monedas de plata para entregarlo al Sanedrín para ser sentenciado a muerte. Judas era el tesorero del grupo y sustraía de la bolsa. Esta actitud demostraba que era pecador e hijo del diablo. En el caso de Jesús la posesión satánica adquiere una dimensión más profunda: “Y entró satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce” (Lucas 22:3). Esta entrada de Satanás en Judas intensificó su maldad: “Y éste fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo lo entregaría” (v.4). Poco después Jesús y sus discípulos, entre los cuales se encontraba Judas, participaran en la última cena. Excepto Jesús ninguno de los asistentes en la comida sospechaba del traidor. No debe olvidarse que Satanás es “el padre de la mentira” y que es muy astuto a la hora de fingir lo que no es. Esta misma astucia la transmite a sus seguidores. ¡Que se lo pregunten a Eva que la engañó con sus zalamerías! ¿Fue culpable Judas por haber puesto a Jesús en las manos de quienes deseaban su muerte? Según Jesús, sí: “A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de Él, mas ¡ay de aquel hombre por el que el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a este hombre no haber nacido” (Mateo 26:24).
Un texto que aporta más luz al tema de la posesión satánica: “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana del primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios” (Marcos 16:9). Para los judíos el número 7 implica plenitud. De la vida privada de María Magdalena, excepto este texto, los evangelios no dicen nada. Siempre la presentan en compañía de otras mujeres. En algún momento de su vida se encontró con Jesús. Creyó en Él y fue liberada de la terrible opresión satánica. El caso de María Magdalena es un motivo de esperanza y especialmente para los grandes pecadores que cometen crímenes escalofriantes. La esperanza del perdón de Dios y de la vida eterna está al alcance de todo el mundo. Quien clama a Jesús por el perdón de sus pecados puede tener la certeza de oír en lo profundo de su alma como el señor le susurra: ”Vete en paz, tu fe te ha salvado”. Su delincuencia ha sido lanzada en las profundidades  del mar del olvido.
Octavi Pereña i Cortina



JEREMIAS 3: 15

“Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y  con inteligencia”
Jeremías denuncia la fornicación espiritual de Israel y Judá: “Convertíos hijos rebeldes, dice el Señor, porque yo soy vuestro esposo, y yo tomaré uno de cada ciudad, y dos de cada familia, y os introduciré en Sion” (v.14). El llamamiento del Señor  a que un pueble rebele se vuelva a Él es constante. El mismo sentimiento de conceder perdón sigue vigente hoy. Los brazos extendidos dispuestos a abrazar a los hijos pródigos siguen alzados. Como el padre de la parábola, el Padre celestial otea el camino para ver si en la lejanía aparece el hijo que abandonó la familia y malgastó la herencia en libertinaje.
Alejados de Dios los hombres son como ovejas sin pastor. Andan extraviados y expuestos a que el diablo como león rugiente se lance sobre ellos dispuesto a destruirlos. El Padre celestial al igual que el padre de la parábola está dispuesto a perdonarlos y a hacerlos gozar los deleites de Sion. Es imprescindible que desanden el camino que los ha llevado a la miseria espiritual. Volver a Dios tiene sus consecuencias. Mientras vivamos sin tener en cuenta a Dios buscamos pastores a nuestra medida. Anunciamos: SE BUSCA PASTOR. Antes de aceptar a los candidatos  como pastores se les concede un tiempo de prueba para saber si su pastoreado será el adecuado. Pasado satisfactoriamente la prueba se le reconocerá su autoridad pastoral. Pasado algún tiempo las discrepancias aparecen y el pastor se ve obligado a buscarse otro rebaño. Los pastores escogidos según la sabiduría humana no funcionan.
Cuando los pródigos vuelven al Padre y se someten a su autoridad, entonces “os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia  con inteligencia”. Serán hombres temerosos de Dios, conscientes de que el pastoreado no se ejerce a cambio de un salario. Recompensarlo monetariamente es legítimo y debe hacerse con dadivosidad. Pero el jornal no es el motivo por el que se ejerce el pastoreado. El buen pastor es un intermediario entre el Buen Pastor que es Jesús y las ovejas que son el pueblo de Dios.
Los pastores que son según el corazón de Dios que apacientan el rebaño con ciencia y con inteligencia poseen el Espíritu del Pastor del salmo 23 que provee las necesidades espirituales del rebaño, conoce a cada oveja por su nombre y las lleva a delicados pastos en donde encuentran los alimentos que sus almas hambrientas del pan del cielo necesitan. Camina delante de las ovejas y las lleva a descansar junto a aguas de reposo. A diferencia de los pastores asalariados que dan de comer a las ovejas pastos que han sido pisoteados  y aguas turbias, los buenos pastores que han sido escogidos por el Buen Pastor suministran el Pan de Vida y el Aguja viva que es Jesús que satisfacen las necesidades de las ovejas sedientas y hambrientas de Dios.
Vuélvanse las ovejas perdidas y extraviadas al Señor y Éste les dará pastores que tengan el corazón de Dios.

PROVERBIOS 24: 10

“Si fueres flojo en el día de la angustia, tu fuerza es muy pequeña”
Las reacciones ante el dolor ponen al descubierto la calidad de la fuerza moral de las personas que las manifiestan. Las imágenes patéticas de dolor que nos muestran la televisión y la sintonía de los telespectadores ponen de manifiestos que la fuerza moral de las personas es muy pequeña.
¿De qué sirven las campañas de apoyo a las víctimas del terrorismo, de la violencia de género, de las masacres, si no sirven para reforzar la debilidad de quienes muestran patetismo ante el sufrimiento?
Marck Littleton narra la siguiente historia: “Una misionera en Pakistán lo pasó muy mal cuando perdió a su hijo de seis meses. Una anciana punjabí fue a visitarla y le dijo: “Una tragedia como esta se parece a ser lanzado al agua hirviendo. Si eres un huevo, tu aflicción te hará duro e insensible. Si eres una patata saldrás tierna y maleable, flexible y adaptable”. La misionera comenta que, aun cuando pueda parecer extraño muchas veces le pido a Dios: “Oh Señor, hazme una patata”.
Debido al pecado fuimos expulsados del paraíso y nos introdujimos en una selva en la que hay muchos peligros. A pesar de podamos habernos convertido a Cristo y nuestros pecados perdonados, no dejamos de ser pecadores. En esperanza hemos recuperado el paraíso en el que el dolor habrá desaparecido para siempre. Hoy, seguimos viviendo en la selva con todos  los peligros que en ella se esconden. Debemos ser conscientes de que el dolor más o menos intenso jamás nos abandonará en este mundo. Como la misionera era debemos pedirle a Dios: “Oh señor, hazme una patata”.
“Invócame en el día de la angustia”, nos dice el señor, “te libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50: 15). Como cada día es una jornada portadora de ciertas angustias, invocar al Señor debe ser una acción permanente. No siempre podemos aislarnos en el secreto de nuestra cámara para invocar formalmente al Señor, pero sí que podemos invocar secretamente a Dios en las diversas situaciones de la vida en que podamos sentirnos amenazados. Es así como podemos seguir el consejo. “Orad sin cesar”.
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”                                               (2 Corintios 1: 3,4).
En un mundo en que el dolor se expresa con tanto patetismo, los cristianos ¿lo expresamos con la serenidad con que se debiera porque estamos en contacto directo con el Dios de toda consolación?


dilluns, 26 de març del 2018

EL SENTIDO DE LA VIDA

<b>¿Pueden encontrar el sentido de la vida las multitudes desorientadas y perdidas como ovejas sin pastor?</b>
La periodista Ima Sanchís le pregunta a <b>Rob Riemen</b>, teólogo y ensayista: ¿Qué es la vida? La respuesta que recibe: “Complejidad, pero vivimos en una época que no pretendo que la vida sea fácil, diversa, sexi y formidable. Hemos olvidado que la vida es  una búsqueda de sentido”. En tanto no se haya encontrado el auténtico sentido de la  vida, la existencia es un desbarajuste. Vivir se convierte en algo parecido a lo que hacen las abejas que van de flor en flor buscando el vigorizante néctar. Para las abejas es saludable su comportamiento porque han sido creadas para proceder de la manera como lo hacen, pero no para el hombre. El hombre ha sido creado para disfrutar estabilidad emocional. Nuestra manera de ser catacaldos fomenta la inestabilidad. Deseamos conseguir algo que sea duradero y cuando creemos que lo hemos conseguido se nos escapa de las manos como el agua que queremos atrapar con ellas. A empezar una nueva búsqueda que tendrá idéntico final. Y así indefinidamente. Mientras navegamos en esta etapa de  buscar estabilidad en lo inestable lo que se consigue es crear inestabilidad. La instabilidad tiene matices que se refleja en la caducidad de todo lo que hacemos. Las instituciones prestigiosas tambalean. Los matrimonios hacen agua. La fidelidad de por vida de los contrayentes  al más mínimo soplo de  brisa se rompe el juramento porque otro amor se ha interpuesto en  el camino. El respeto que los hijos deben a los padres debido a un concepto equivocado de lo que es libertad, se convierte en odio. El Estado que debería ser la salvaguarda de los ciudadanos se convierte en opresor. La Iglesia que debería ser la primera en manifestar estabilidad porque debería tener a Cristo, que es la Roca, como cimiento, los vientos contrarios que soplan contra ella la derriban. La sociedad actual se sostiene a base de parches. Se tapa un agujero y se abre otro. La situación no durará siempre. Llegará el día que estallara en mil pedazos.
Si creemos que la vida es buscar le sentido significa que no se tiene lo que se busca. Antes que nada se tiene que saber qué es el sentido de la vida. Algunos dice que el cultivo del alma conduce a descubrir el sentido de la vida. ¿Qué es cultivar el alma? Se dice que se la cultiva escuchando buena música. ¿Tenía Goebeels, ministro para la Educación Pública y Propaganda del Tercer Reich el alma cultivada por el hecho de escuchar buena música clásica mientras en la sala adyacente se estaban torturando personas? ¿Habían encontrado el sentido de la vida los filósofos griegos y romanos que se considera que sus enseñanzas pueden  aportar solución a los problemas actuales que se deben a la falta de ética de gobernantes y gobernados? Se recomienda la lectura. No basta con leer. Muchos libros son basura. Muchos distraen y nada más. De buenos libros que puedan enaltecer son pocos y estos pocos tampoco dan sentido a la vida. Pueden despertar bellos sentimientos que estimulan a ser mejores personas, pero no dan sentido a la  vida. A la hora de la  verdad los buenos  sentimientos se rinden ante el pragmatismo de .la vida. Las lecturas buenas y estimulantes nos dicen cómo debemos ser, pero no nos dan las fuerzas para convertir los ideales en acciones concretas.
Pienso que para dejar de buscar el sentido de la vida por haberlo encontrado es preciso previamente caer en el desespero, darse por vencido, porque cuando se llega a un estado de total impotencia, del alma puede brotar un desesperado grito pidiendo ayuda: Sentido de la vida, ¿dónde estás? Te busco en el trabajo eficiente, y no te encuentro. Te busco trabajando como voluntario en una asociación humanitaria, y me rehúyes. Te persigo en los placeres, en darme  buena vida, profundizo en los filósofos clásicos y modernos, devoro información, pero te alejas de mí. ¡Por favor, manifiéstate a mí porque el desasosiego que hay en mí me tortura! Es como si mi alma sedienta se encontrase ante una fuente de agua fresca separada por una reja. Por más que alargo el  brazo para intentar tocar el agua con la mano y con  ella refrescar mi boca ardiente, no lo consigo. Si no se da un sincero deseo de encontrar el sentido de la vida, éste permanecerá escondido. Los valientes lo encuentran porque persisten. Los cobardes  se rinden ante la  más mínima dificultad y abandonan la búsqueda. Prefieren el tedio de una vida sin sentido.
“Pedid, y se os dará;  buscad, y hallaréis; llamad y se os abrirá.  Porque todo aquel que pide recibe; y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá” (Mateo 7:7,8). Jesús para dar fe de lo que dice presenta este ejemplo: “Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (vv. 9-11).
Si el lector ha llegado hasta aquí, que los prejuicios no le hagan hacer marcha atrás. La súplica ardiente se  verá recompensada. El Padre celestial le dará el regalo de la fe que le permitirá creer que Jesús es el agua viva para quien la bebe, “de su interior brotarán ríos de agua  viva” (Juan 7:38). Cuando se ha atrapado el sentido de la vida que es Jesús, la niebla que impide ver en la lejanía desaparece al hacerse presente la “Luz del  mundo” que guía con certeza a la vida eterna.
Octavi Pereña i Cortina


SALMO 113: 7

”Levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del estercolero”
El salmo 113 es una exaltación del Nombre del Señor “desde ahora y para siempre. Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre del Señor”. El salmista sigue alabando al Señor cuando dice: “¿Quién como del Señor nuestro Dios, que se sienta en las alturas, que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra”. El acto de humillarse Dios para mirar en el cielo y en la tierra forma parte de la misericordia infinita que contribuye a realzar su gloria eterna.
El hecho de que el Dios eterno se humille para mirar lo que sucede en el cielo y en la tierra es muy importante para el hombre porque se fija en el “pobre y menesteroso”. El Dios que se humilla al mirar a unos gusanos como lo somos los hombres no tiene inconveniente en que al humillarse en la persona de su Hijo haciéndose hombre, hecho semejante a nosotros en todo excepto en el pecado. En el Hijo se desprende de su gloria eterna con la única finalidad de sacarnos de la esclavitud del pecado y de Satanás. La humillación de Dios haciéndose hombre nos ayuda a entender el salmo 113. ¿Qué ve el Señor al mirar en el cielo y en la tierra? La situación desesperada en que se encuentra el hombre. No de todos los hombres, porque los hay muchos que tienen sobreabundancia de bienes y nunca tienen bastante con lo conseguido. Desean duplicar su fortuna cada año. Quieren entrar a formar parte de las lista de las personas más ricas del planeta. De estas personas los ojos del Señor pasan de largo. Se detienen en el pobre y el menesteroso. Pero no todos los pobres y menesterosos, porque la mayoría de éstos quieren que sus nombres estén escritos en la lista de las personas más ricas del mundo. Los pobres y menesterosos sobre quienes se detienen los ojos del Señor  son los que tienen hambre y sed de justicia. No de los que están hartos, de los que lo tienen todo.
Los ojos del Señor están puestos sobre los pobres y menesterosos porque en ellos hay hambre y sed de la justicia divina. El mundo y sus placeres no los satisfacen. Quienes son verdaderamente menesterosos y pobres los hace “sentar con los príncipes de su pueblo”, porque son los únicos que responden a su llamado: “A todos los sedientos: Venid a las aguas, y a los que no tienen dinero, venid, comprad sin dinero y sin pecio, vino y leche” (Isaías 55:1). A los pobres y menesterosos los cubre con los vestidos de lino fino que les permiten acceder al salón en el que se celebra el banquete de bodas del Cordero.



JEREMÍAS 2: 8

“Los sacerdotes me dijeron: ¿Dónde está el Señor? Y los que tienen la ley no me conocieron, y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha”
Israel se desmarca de Dios: “Así dijo el Señor: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros pares, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos?”  (v.3). La causa de que Israel se convirtiese  en un pueblo de ovejas sin pastor se debe a que quienes debían pastorear a las ovejas en lugares de delicados pastos  y junto a aguas de reposo, en  vez de cumplir con su responsabilidad pastoral, se dedicaron a pastorearse a sí mismos, olvidándose de las ovejas a su cargo.
El texto de Jeremías que es la base de nuestra meditación denuncia a quienes tenían la responsabilidad de ejercer de pastores de Israel, de guiar al pueblo por las sendas de justicia. En vez de ello, “los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha”.
Jesús en sus viajes a lo largo y  ancho de Judea y Galilea tuvo compasión de las multitudes “porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9: 36). En el contexto de lo que veían sus ojos, Jesús dice a sus discípulos: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.  Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (vv. 37,38), que enseñen al pueblo a hacer distinción entre lo santo y lo profano y a discernir entre lo impuro y lo puro (Ezequiel 44:23). Para que existan iglesias espiritualmente sanas éstas deben ser pastoreadas por verdaderos hombres de Dios. El apóstol Pablo consciente de la importancia que tienen los buenos pastores, al despedirse de los ancianos de la iglesia de Éfeso, les dice: “Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios. Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por supervisores, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años de noche y de día no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia que tiene el poder de sobreedificaros, y daros herencia con todos los santos” (Hechos 20: 27-32).

Pablo en su despedida de los hermanos en Éfeso los encomienda a Dios y a la palabra de su gracia que tienen el poder de sobreedificar. Quiera el Señor que las iglesias de hoy sean pastoreadas  por hombres que confíen en Dios y en la palabra de su gracia. Oren los cristianos para que el Señor de la Iglesia envíe obreros a las iglesias para que pastoreen a las ovejas en su Nombre