dilluns, 20 de juny del 2016

ISAÍAS 55:2

“¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con abundancia”
El ser humano por haber abandonado a Dios que es la luz del mundo se ha convertido  en tinieblas porque quien dirige su vida es el diablo, el príncipe de las tinieblas. Si un ciego anda por territorio  desconocido tropieza con los obstáculos que se interponen en su camino si no va guiado por un lazarillo o un perro adiestrado para este menester. “Un ciego”, dice Jesús, “que guía a otro ciego ambos caen el hoyo” (Mateo 15:14).
Por el hecho de que por nacimiento natural somos hijos el diablo estamos envueltos de tinieblas espirituales que nos impiden tomar decisiones correctas. Es la denuncia que el profeta Isaías hace a su pueblo: “¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Cuando el profeta se refiere al pan pienso que no se refiere al pan que sirve  de alimento para el cuerpo y al trabajo al esfuerzo que es necesario para ganarse el sustento con el sudor de la frente. Pienso que se refiere a los esfuerzos que el pueblo hacía para saciar su alma prescindiendo de Jesús que es el Pan de Vida.
Observemos a nuestro alrededor y percibiremos el frenesí de las personas para encontrar paz en sus corazones. Los estadios se llenan de personas que apoyan histéricos a sus equipos. Los espléndidos cruceros por idílicos paraísos atraen a muchos turistas que persiguen la felicidad que la publicidad promete van a encontrar. Las personas gastan el dinero en lo que no es pan y el esfuerzo empleado en conseguirlo no sacia. La frustración es el resultado de tanto dispendio de dinero y  esfuerzo.
A quienes se sienten cargados y fatigados por el fracaso, Dios les dice: “Oídme atentamente, y comed el bien, y se deleitará vuestra alma con abundancia”. A continuación dice: “Inclinad vuestro oído, y venid a mi, oíd y vivirá vuestra alma”. Siendo ciudadanos del reino de Satanás no encontraréis lo que vuestra alma necesita. El diablo es un experto en mentir y utiliza el engaño para seguir manteniendo a los in infelices atrapados en su red.
Proverbios se caracteriza por la confrontación entre la insensatez y la sabiduría. Ambas utilizan los areópagos, las plazas públicas para atraer a las personas hacia la insensatez que conduce a la muerte eterna o a la sabiduría que es el camino de la vida eterna. Los seguidores de la insensatez se encuentran ante un dilema: La insensatez ha controlado sus vidas hasta el presente y saben por experiencia el desazón que han encontrado siguiéndola. Ahora saben que el camino de la sabiduría es vida eterna. Se encuentra ante un dilema: ¿Qué camino seguir? Para seguir el camino de la sabiduría deben abandonar el de la necedad. Pedid y se os dará”, dice el Señor. Pedid al Señor que os abra los ojos para que podáis ver en Él el pan de vida que deleitará vuestra vida con abundancia

 

JEREMIAS 4:3

“Porque así dice el Señor a todo varón de Judá y de Jerusalén: Arad campo para vosotros, y no sembréis entre espinos
“Y una parte de la semilla cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron”. Es el mismo Jesús que interpreta este texto: “El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra y se hace infructuosa” (Mateo 13: 7,22). Son muchas las personas que se dejan seducir por las riquezas y el afán de este siglo con lo que arruinan sus vidas porque la Palabra de Dios no puede entrar en sus corazones para proporcionarles vida abundante.
La parábola del sembrador da la impresión de que la semilla cae accidentalmente entre espinos, pero el texto que comentamos nos avisa de que debemos tomar la iniciativa para que la palabra   no caiga entre espinos: “Arad campo para vosotros, y no sembréis entre espinos”. El hombre debe trabajar denodadamente en limpiar su corazón para que no hayan espinos y se convierta en un terreno fértil  en el que pueda crecer la semilla de la Palabra de Dios y pueda dar fruto abundante.
La salvación indiscutiblemente es obra de Dios. El hombre no puede salvarse a sí mismo porque no puede pagar el alto precio que cuesta la salvación. El Padre al dar a su Hijo recibe el pago que el hombre no puede pagar por su salvación. Pero Dios aporta luz para que el hombre sepa lo que debe hacer para su salvación. “Si te volvieres, oh Israel, dice el Señor, vuélvete a mi” (v.1). Al dejar de dar la espalda a Dios y volverse hacia Él el hombre empieza a arar su corazón para arrancar los espinos que ahogarán la Palabra sembrada: las abominaciones, la injusticia.
“Circuncidaos al señor y quitad el prepucio de vuestro corazón” (v.4), dice el Señor. La circuncisión no es una operación quirúrgica que uno se hace a sí mismo, alguien debe hacérsela. En el caso de la circuncisión del corazón es Dios quien la hace pero no la practica a menos de que el hombre previamente se vuelva al Señor y are el campo de su corazón para limpiarlo de los espinos que impedirían que la Palabra crezca exuberante y dé fruto abundante. Al oír la Palabra la persona que es llamada a ser salva siente la necesidad de desbrozar su corazón, lo ara con esfuerzo y perseverancia para que sea terreno fértil apropiado para recibir en él la semilla de vida que siembra el Sembrador. Para ser ciudadano del reino de los cielos se necesita fortaleza para perseverar hasta el final.  El trabajo de arar el campo no se hace una sola vez y a dormir. No. Además de la maldad que hay en nuestro corazón por el hecho de ser descendencia de Adán, el Enemigo se preocupa de sembrar constantemente cizaña en nuestro corazón para ahogar la Buena Semilla que el Sembrador siembra en nuestros corazones. El trabajo de arar no tiene  vacaciones. Los valiente son quienes se hacen suyo el reino de los cielos.


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dilluns, 6 de juny del 2016

¿CÓMO SE SOSTIENEN LAS ESTRELLAS?

<b>Dios sostiene el universo con el poder de su palabra</b>
Al astrofísico <b>Kike Herrero</b> del Instituto de Estudios Espaciales de Catalunya, <b>Joseph Corbella</b> lo interroga: - ¿Una pregunta para la cual no tenga respuesta? La réplica que recibe: “¿Cómo se sostienen las estrellas en el cielo? Me lo preguntó una niña de cinco años. A ver como le respondes con rigor y sencillez”. Esta pregunta que hace una niña es la misma que nos hacemos los adultos pero que quizás no nos atrevemos a hacerla en público para que no nos tilden de ignorantes. “Sólo con que tengamos ojos para ver y orejas para escuchar descubriremos que toda la naturaleza nos habla de la elocuencias de Dios” (<b>Van Der Puy</b>).
Con el estilo poético propio de la literatura hebrea el salmista expresa su fe en Dios creador en un lenguaje que tanto adultos como niños pueden entender a no ser que los prejuicios cubran los ojos para no ver y taponen los oídos para no oír como toda la creación alaba al Creador. El salmista se expresa así: “Alabad al Señor desde los cielos, alabadle en las alturas. Alabadle vosotros todos sus ejércitos, alabadle sol y luna, alabadle vosotras todas, lucientes estrellas. Alabadle cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos. Alaben el Nombre del Señor, porque Él mandó y fueron creados. Los hizo eternamente y para siempre, les puso ley que no será quebrantada” (Salmo 148: 1-6).
En un momento determinado los discípulos le preguntaron a Jesús: “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:1-3). Con los años la simplicidad infantil se complica. Si a un niño de cinco años se le dice que las estrellas se sostienen por el poder de la palabra de Dios que las creó, lo creerá. Mas adelante hará preguntas más complejas. Si sus oídos no han perdido la capacidad de oír y los ojos no han perdido posibilidad de ver, seguirá encontrando respuestas satisfactorias a sus interrogantes.
El origen del universo con todo lo que contiene es un misterio que no se puede resolver si no es por la fe en Dios creador. Las teorías científicas que quieren desvelarlo no satisfacen y dicha insatisfacción abre las puertas a nuevas teorías que tampoco complacen. Seamos, pues, modestos y admitamos que el origen del universo es un misterio que la filosofía científica no puede desvelar. El hecho de que el Consejo de Europa invite a sus 47 miembros a “oponerse con fuerza a la enseñanza del creacionismo como disciplina científica” no da respuesta a las preguntas  que se hace el ser humano: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cómo se sostienen las estrellas en el firmamento?
Los partidarios del Big Bang que con dogmatismo afirman que un hecho azaroso formó el embrión del universo y que la evolución ha hecho el resto, se les podría hacer la pregunta que   Dios le hizo a Job: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la Tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿Quién extendía sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular?…” (Job 38: 4-12).
Proverbios que es otro de los libros poéticos que contiene la Biblia personifica la sabiduría de Dios en lenguaje poético entendedor: “El Señor me poseía al principio de su camino: Antes de sus obras, desde entonces fui ungida, desde el principio,  antes de que existiese la Tierra, cuando todavía no había abismo, fui alumbrada…cuando todavía Él no había hecho la Tierra ni los campos, ni el principio del polvo del mundo. Yo era allí cuando Él formó los cielos…Entonces yo era a su lado ordenándolo todo, y era cada día sus delicias, deleitándome siempre en su presencia, gozándome en el mundo habitado de su Tierra, y mis delicias estaban con los hijos de Adán”                                         (Proverbios 8: 22-31).
Sin abandonar su carácter poético Proverbios presenta a la Sabiduría que es Cristo que es “digno de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4:11): “En las alturas junto al camino, en las encrucijadas de las veredas se para, en el lugar de las puertas, a la entrada de la ciudad, a la entrada de las puertas  da voces: Oh hombres a vosotros clamo…Oíd, porque hablaré cosas excelentes, y abriré mis labios para cosas rectas. Porque mi boca hablará verdad…Todas ellas son rectas al que entiende, y razonables a los que han hallado sabiduría…”(Proverbios 8: 1-17).
La sabiduría es anunciada a todos los hombres desde plazas y calles de las ciudades, En las encrucijadas de los caminos: “El que tiene oídos para oír, oiga”, dice Jesús.
Octavi Pereña i Cortina




ECLESIASTÉS 5:12

“Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco, pero al rico no le deja dormir la abundancia”
“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). El Señor no está diciendo que a los millones de personas que pasan hambre en el mundo afectado por el pecado les pertenece el reino de los cielos. Dice: “pobres en espíritu”, que lo pueden ser aquellos que son pobres de solemnidad, que no saben donde caerse muertos. “Pobres en espíritu” también pueden serlo personas ricas que nadan en la abundancia pero que en sus corazones sienten que son “pobres en espíritu” y buscan con insistencia a Jesús que les es el Pan de Vida y el Agua viva que satisfacen plenamente las necesidades de sus almas.
El texto que comentamos nos expone un contraste entre la clase trabajadora y la opulenta.
“Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco”. Esta frase debe matizarse. Hoy nos encontramos con muchos trabajadores que tienen dificultades para llegar a fin de mes y que no tienen un dulce sueño. Diversos son los anuncios que venden productos  para dormir. Esto quiere decir que existe un mercado en el que hay potencialmente muchos consumidores de dichos productos. Las estadísticas confirman el incremento exponencial de ansiolíticos en la sociedad occidental. “En paz me acosté, y asimismo dormiré, porque sólo tú Señor me haces vivir confiado” (Salmo 4:8).
“Pero al rico no le deja dormir la abundancia”. Los desahucios, el desempleo, el empleo precario, los sueldos de hambre, no dejan dormir al trabajador. La incertidumbre de su futuro le quita el sueño, pero la abundancia del rico tampoco deja dormir a aquellos que lo tienen todo. Los ricos se permiten todo tipo de lujos. Están de banqueteo continuo. Se parecen al hombre rico de la parábola del rico y de Lázaro el mendigo “que se visten de púrpura y de lino fino, y hacen cada día banquete con esplendidez” (Lucas 16:19).  Las revistas del corazón se encargan con todo lujo de detalles de asombrar a los trabajadores, despertándoles el deseo de poseer la abundancia de bienes que describen las imágenes. Las comilonas abundantes y todo lo que pueden conseguir con el dinero no ganado honradamente, no les permite conciliar el sueño. Desconocen lo que es un sueño dulce. ¡Cuántos de los que venden felicidad en las revistas del corazón no se los encuentra muertos en la bañera debido a una sobredosis de barbitúricos, de drogas, hospitalizados  en centros de rehabilitación debido alcohol, las drogas, el sexo! “No hay paz para el impío”. Sólo el Señor permite dormir dulcemente tanto al trabajador en su penuria como al rico en su abundancia, porque solamente Él les da la paz que el mundo no les puede proporcionar.

SALMO 68:19

“Bendito el señor, cada día nos colma de beneficios, el Dios de nuestra salvación”
Familiares nos resultan las palabras de Jesús “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30). ¿Quiénes son los trabajados y cargados a los que Jesús quiere darles descanso? ¿Estaba tal vez pensando en los adictos al trabajo de nuestros días? ¿En aquellas personas que se levantan cansadas por la mañana y que durante todo el día se lo pasan quejándose de su cansancio? Indirectamente sí porque la adicción al trabajo y el cansancio perpetuo se debe a un problema espiritual no resuelto. Las denuncias que presento son la consecuencia de no estar en paz con Dios. Dicho de otra manera de no tener resuelto el problema de su pecado y de que se sigue estando enemistado con Dios. “No hay paz para los impíos”, dice el Señor.
El profeta Isaías con siglos de antelación anuncia la muerte de Jesús en la cruz del Gólgota, a la vez que desvela el significado de los sufrimientos que el Señor padeció en la cruz. Desde la desobediencia de Adán hasta nuestros días el ser humano ha intentado poner fin a la muerte, sin conseguirlo. La medicina ha hecho progresos espectaculares, pero no vence a la muerte. Las dolencias avisan de que la muerte está agazapada en la esquina, esperando el día establecido por Dios para dar el zarpazo. La paga del pecado es muerte y como todos hemos pecado todos sin excepción moriremos.
Volvamos a Isaías:“Ciertamente llevó Él (Jesús) nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores, y nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, y el castigo den nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53: 4,5). En tanto no se reconozca que la falta de paz en nuestras vidas se debe a que Jesús no ha llevado nuestras enfermedades, de que no hemos descargado sobre Él nuestro pecado. Por ello no puede otorgarnos la paz que tanto necesitamos. No olvidemos que la vida del impío es como un mar tempestuoso, tempestad del alma que solamente Jesús puede calmar porque su sangre vertida en el Gólgota tiene el poder de limpiar todos nuestros pecados. Cuando por la fe en Jesús el Espíritu Santo aplica en nuestro corazón la sangre de Jesús el creyente goza de la paz de Dios que se escapa a la comprensión humana.
“Bendito el señor, cada día nos colma de beneficios, el Dios de nuestra salvación”




dilluns, 30 de maig del 2016

SALMO 119: 103
“¡cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Mas que la miel a mi boca”
Leí sobre lo que alguien considera “gran literatura”. El autor del escrito sugería que la literatura “te cambia. Cundo lees te conviertes en una persona distinta”. La Palabra de Dios siempre se la puede considerar “gran literatura”. El apóstol Pablo escribiendo a los cristianos de Tesalónica les dice. “examinadlo todo, retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). El apóstol aconseja a los cristianos a que sean buenos lectores debido a que la buena literatura edifica. Hoy e publican muchos libros. Muchos son basura. La abundancia de publicaciones hace que sea un tanto difícil seleccionar el libro que conviene leer. Con un poco de atención no nos es imposible seleccionar el libro que nos conviene leer. Alguien ha dicho que un libro por malo que sea siempre contiene algo que vale la pena retener. “examinadlo todo, retened lo bueno”. La lectura de la prensa también debe hacerse con el espíritu de “examinadlo todo, retened lo bueno”. Los títulos de los artículos ya nos permiten hacer una selección previa. Empezado a leer el escrito escogido nos muestra que no contiene lo bueno que se esperaba encontrar. Se puede abandonar seguir leyendo. Se comienza la lectura de otro artículo esperanzador y en él se encuentra una frase, la cita de otra persona, un párrafo que es de lo bueno que debe retenerse. Haciéndolo así uno se ejercita en la lectura y se afila el espíritu crítico y la personalidad se perfecciona. Uno no nace aficionado a la lectura. La afición brota del interés en encontrar la verdad. A medida que se van encontrando perlas en libros y periódicos más se siente uno atraído por la lectura. Muchos no leen porque no han descubierto que en la palabra impresa  se puede encontrar miel que da gusto paladear.
El único libro que puede considerarse “gran literatura” es la Biblia. Como dice el salmista en el texto que encabeza este comentario “¡cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Mas que la miel a mi boca”. Aún cuando la Biblia contiene pasajes tediosos  como lo son las largas genealogías, también se encuentran en ellas pequeñas dosis de miel que son una delicia saborearlas. Sea cual a el pasaje de la Biblia que leamos, si se hace con humildad pidiendo al Señor que por medio del Espíritu Santo abra nuestra mente, la lectura de la porción elegida hará que continuemos nuestra peregrinación por este valle de sombra de muerte con corazón gozoso por haber alimentado el alma con el Pan de Vida que es Jesús  y apagado su sed con el agua de vida que no es otro sino Jesús. La lectura de la Biblia si se hace sediento y hambriento de conocer la Verdad siempre cambia al lector.


SALMO 88:13

“Mas a ti he clamado, oh Señor, y de mañana mi oración se presentará delante de ti”
La Biblia no enseña en ningún lugar que el ser humano deba dirigirse a alguien que se le considere Dios o reina de los cielos. Sólo afirma que las plegarias deben dirigirse  a Dios el Padre de nuestro Señor Jesucristo pues fuera de Él no hay Dios. El mandamiento es clave: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). Conociendo esto los cristianos debemos tener conciencia de que fuera de Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo no hay dios y que cuando se adora a un dios espiritual o a un dios, hombre o mujer, representado en una imagen, a quien se está adorando es a Satanás el padre de la mentira que tiene por objetivo engañar a los hombres para que no adoren a dios creador de todo lo existente y que en su Hijo unigénito encarnado en Jesús salva a los pecadores que creen en Él, devolviéndoles la vida eterna que perdieron   en el Edén por instigación de Satanás, al que hoy se sigue adorando venerando  a dioses que no son Dios.
Yo creo en Jesús como el Hijo de Dios encarnado que murió en la cruz del Gólgota para perdón de mis pecados. Deseo que el lector posea la misma fe. Si es así, ¿qué debemos hacer? El texto que hoy comentamos nos enseña que debemos clamar al Señor porque es el único que tiene oídos para oír nuestros clamores a no ser que nuestros pecados taponen sus oídos y le impidan oír. Si es así, que hay pecado en nosotros que le impida al Señor oír nuestros clamores, lo primero que debemos hacer es confesarlo para que la sangre de Jesús lo borre. Haciéndolo así los tapones de los oídos de Dios caerán y nuestros clamores llegarán a sus oídos y serán escuchados.
Por la fe en Jesús y restablecida la comunión con Dios, ¿qué debemos hacer? El salmista da respuesta a nuestra pegunta. “de mañana mi oración se presentará delante de ti”. El holgazán recibe un aviso del Señor: “Como la puerta gira sobre sus quicios, así el perezoso se vuelve en su cama” (Proverbios 26:14). El perezoso abre sus ojos al amanecer, mira el reloj y se dice todavía es temprano, da media vuelta y vuelve a dormirse. Cuando vuelve a despertarse el  Tiempo ha transcurrido y se hace tarde. Corriendo se levanta porque va a llegar tarde al trabajo. No hay tiempo para una oración. El salmista no procede de esta manera absurda como se comportan muchos: “De mañana mi oración se presentará delante de ti”. Madruga para fortalecerse en el Señor y la presencia activa de Dios en su vida es la fuerza que le acompañará a lo largo de la jornada que empieza. Con el señor a su lado los contratiempos no le afligirán.


BANQUETE DE BODAS

<b>Creación y evolución: dos fes antagónicas como la luz y la oscuridad</b>
La periodista <b>Gemma Tramullas</b> entrevista a <b>Marta Salguero</b> que estudia cuarto de matemáticas en la Universidad de Barcelona. A la vez coordina el Grupo Bíblico Universitario del campus central de la UB, en donde expuso su fe en las jornadas <interroga a un cristiano</i>.
La periodista le pregunta  a <b>Marta</b>: - Usted es matemática. ¿No cree que la ciencia y la fe en Dios se llevan mal? Respuesta. “Alguien dijo que un poco de ciencia te aleja de Dios, pero que mucha ciencia te acerca. Yo como matemática busco la verdad científica, y ha sido precisamente la verdad científica la que me ha acercado a Dios.
Entrevistadora. - ¿Cuál es esta evidencia? <b>Marta Salguero</b> responde: “No digo que sea demostrable al cien por cien científicamente, porque no hay nada que lo se al  cien por cien. Pero se sabe que la probabilidad de que haya vida compleja en la Tierra es de 10 elevada a la potencia -123. Demasiados ceros le dice <b>Tramullas</b>, para alguien de letras. Aclaración: “Es un 0 seguido de un punto, 122 ceros y un 1, esto y nada es casi lo mismo. Ante esto existen dos opciones: creer que venimos de la nada, o bien  que una mente inteligente ha diseñado este universo a nuestra medida”.
La redactora le dice a la matemática: - Y usted cree en la segunda. La respuesta que le da la estudiante de matemáticas: “El cristianismo es la explicación más coherente del ser humano, de la  sociedad y de nuestros problemas. El ser humano se ha alejado del diseño original de Dios, somos defectuosos, estamos rotos por dentro y necesitamos que Dios nos restaure”.
¿Sus padres son creyentes?, pregunta la periodista a <b>Marta Salguero</b>. Ésta, muy coherente con lo que dice el apóstol Juan: “Todos los que le recibieron (Jesús), los que creen en su Nombre, les dio potestad de ser hijos de Dios, los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12,13). Es decir la fe no es una herencia que se transmite de padres a hijos. Es una decisión personal con la intervención de Dios que quita la venda que tapa los ojos que impide ver la realidad. Por esto, la estudiante de matemáticas da esta respuesta: “la madre es bautista y el padre no. Pero el cristianismo es una relación personal con Dios, pero entendí que debía volver”. <b>Marta Salguero</b> de alguna manera se comporta como el hijo pródigo de la parábola. En vez de seguir en la fe que le transmitía su madre se fue a una “tierra lejana” que tenía muy cerca: “Iba al instituto y eran años de mucha presión: los compañeros no piensan como tú, sales más de casa, ves más opciones. Entonces tenía otros dioses. El tenis era un gran dios, la música, los estudios…Intentaba hacerlo todo bien por mi misma, encontraba la fuerza en mi para solucionar los problemas, pero a primero de carrera estos dioses me cayeron”. Las algarrobas que le daba el mundo no satisfacían el apetito que sentía su alma. El agua salada que le daban a beber sus dioses intensificaba la sed de su alma.  “Buscaba un sentido más profundo en mi vida”, afirma la estudiante. Dice que un profesor católico la impactó por su serenidad. Pensó. “Quiero lo que tiene este hombre”. Igual que el hijo pródigo <b>Marta Salguero</b> “volvió en si y se dijo…Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo, hazme como a uno de tus jornaleros” (Lucas 15:17-19). “Regresé a las raíces de la Biblia” dice <b>Marta Salguero</b>, “a buscar personalmente a Dios. Y lo encontré. Antes quería solucionar las cosas a mi manera y no podía, ahora es Dios quien me dice lo que puedo y lo que he de hacer”.
El pródigo abandonó la “tierra lejana” y emprendió el regreso a casa. “Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello y lo besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle, y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta” (vv.20-23).
El pecado alejó al hijo de la casa de su padre, pero el arrepentimiento lo devolvió al hogar que en su necedad había abandonado. Esto es lo que le sucede a cualquier persona que habiendo abandonado a Dios  creador del cielo y de la Tierra que vuelve en si y confiesa su pecado. Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, viendo en la lejanía que su hijo prodigo regresa a su casa empieza a correr para apresurar el encuentro para poder abrazarlo y con júbilo introducirlo en el banquete de bodas que se celebra en su honor. En los cielos hay una gran alegría por un pecador que se arrepiente.
Octavi Pereña i cortina



dilluns, 23 de maig del 2016

HECHOS 2:39

“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos el señor llame”
El texto que comentamos forma parte del discurso que pronunció el apóstol Pedro en Pentecostés recién venido el Espíritu Santo en la iglesia incipiente. Al oír el mensaje del apóstol los oyentes “se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los apóstoles: varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo, para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo”  (vv. 37,38).
La promesa es “para cuantos el señor llame”, es un aspecto de la salvación. Salvar es potestad exclusiva de Dios y que como cualquier don el Señor lo da a quien quiere y cuando quiere. No está en las manos del hombre salvar. Si así fuese se convertiría en un negocio como lo intentó Simón el mago  dándoles dinero a los apóstoles para que a cualquiera que le impusiera las manos recibiese el Espíritu Santo. Ante el incipiente intento de mercantilizar los dones de Dios a la iglesia, Pedro levanta un muro diciéndole a Simón: “Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero” (Hechos 8:19,20). Dejemos que sea el Señor que haga el trabajo de llamar a los escogidos desde antes de la fundación del mundo. Nosotros limitémonos a anunciar el evangelio a todas las personas.
Según algunos, si la salvación es obra exclusiva de Dios y los escogidos que Dios Padre da a su Hijo y éste no los echa fuera, no es necesario predicar el Evangelio porque de todos modos los escogidos se salvarán. No es esto lo que enseña Jesús cuando momentos antes de ascender a los cielos dijo a sus discípulos: “Por tanto, id, y haced discípulos en todas las naciones…enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado…” (Mateo 28: 19,20). El “porque para vosotros es la promesa y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos,  para cuantos el señor llame”, va precedido por un llamado al arrepentimiento que Pedro hizo a los oyentes: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo”. En la salvación de los escogidos de Dios participa el hombre. El predicador que hace un llamamiento al arrepentimiento a los oyentes y estos se arrepienten de sus pecados y los abandona para no seguir practicándolos, son salvados. La persona a la que Dios salva no es un ser pasivo. Estimulada sí por el Espíritu Santo se toma muy en serio la parte que le corresponde hacer en su salvación.
Lidia, la vendedora de púrpura que residía en Filipos “el Señor le abrió el corazón de ella para que estuviere atenta a lo que Pablo decía” (Hechos 16:14). Una vez creyó “fue bautizada”. Hizo lo que debía hacer para acreditar que su salvación fue efectiva. Después practicó las buenas obras que caracterizan a quienes el Señor salva.


2 CRÓNICAS 19:6

“Y dijo a los jueces: Mirad lo que hacéis, porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar del Señor, el cual está con vosotros cuando juzgáis”
Un texto de una gran actualidad no sólo en nuestro país sino en todo el mundo. El tema de la justicia está a flor de labios, yo me atrevería a decir que un cien por cien de la población mundial se cuestiona que la justicia sea justa. No le falta razón porque nuestro sistema judicial ha sido concebido defectuoso y, a lo que es torcido no se le puede pedir que haga algo derecho. Dice así del poder judicial el artículo 117.1 de la Constitución española vigente: “La justicia emana de pueblo y se administra en nombre del Rey por…”. Una justicia que emana de un pueblo injusto y administrada en nombre de un rey injusto y por unos magistrados injustos no puede ser de ninguna de las maneras ser una justicia justa. El emblema de la justicia está representado por una mujer con los ojos vendados que sostiene  una balanza con los platillos nivelados en señal de equidad. Del dicho al hecho hay un gran trecho.
El rey Josafat “puso jueces en todas las ciudades fortificadas de Judá, por todos los lugares” (2 Crónicas 19:5). A estos jueces designados por el soberano, el rey les dice: “Mirad lo que hacéis, porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar del Señor, el cual está con vosotros cuando juzgáis” (v.6). Los hombres escogidos por Josafat para administrar justicia no lo hacían en nombre del monarca sino en el de su Dios. ¿Distingue el lector la diferencia existente entre la justicia amparada por una Constitución con la que Josafat persigue se administre en su reino?
Recordemos lo que el monarca judío dice a los jueces designados para la administración de justicia en su reino: “Mirad lo que hacéis, porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar del Señor, el cual está con vosotros cuando juzgáis, sea pues con vosotros el temor del Señor, mirad lo que hacéis, porque con el señor nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni acepción de cohecho” (vv. 6,7).
Los jueces escogidos por el rey Josafat para administrar justicia en su reino no tenían que tener los ojos puestos en el monarca para complacerle, sino en el Señor a quien debían agradar con el propósito de reproducir en su labor la justicia perfecta de Dios

                                           


EMPERADORES FAMILIARES

<b>Un concepto educativo equivocado que renuncia a disciplinar a los hijos es el causante de que los hijos lleguen a maltratar a sus padres</b>
Un anuncio publicitario que promociona a una revista infantil, simula un diálogo que una madre mantiene  con un siquiatra: “Mi hijo tiene de todo y se aburre”, le dice al experto. La respuesta que recibe del especialista, es: “Regálele la revista X”. Este anuncio da en el clavo del problema infantil /juvenil que desemboca en la violencia adolescente. El aburrimiento es el causante de las conductas de las que a menudo se hacen eco los medios de comunicación y que se cometen con el propósito de deshacerse del aburrimiento. El aburrimiento es el resultado del vacío que hay en el alma y que debe llenare sea como sea: Asedio a los compañeros de clase, fechorías…y otras pequeñeces que conducen hasta maltratar a los padres sicológicamente o, hasta ponerles la mano encima.
La madre del anuncio, preocupada por el aburrimiento de su hijo dice que el afectado tiene de todo. Con el fin de mantener a los hijos con la boca cerrada se les da todo lo que desean. Sus habitaciones se ven atiborradas de objetos que una vez han satisfecho el gozo inicial, yacen desperdigados por doquier, olvidados y sustituidos por otras novedades que recibirán el mismo premio. Es una escalada sin límites. Ya desde la infancia se educa a los niños al consumo compulsivo tan denostado por los especialistas en salud mental. Esta educación es gratificante para los padres porque con orgullo pueden decir que a sus hijos no les falta nada. Con el fin de que no se aburran se complacen todos sus caprichos. Lo importante es que no se alboroten y les hagan pasar un mal trago. Creyendo que les hacen un bien no se dan cuenta de que siembran en sus hijos la simiente del <i>síndrome de emperador</i>. Los hijos e convierten en pequeños dictadores  que alteran la tranquilidad de sus padres porque se crea un malestar que los lleva al consumo de tranquilizantes, ansiolíticos que empeoran la relación filial- paternal. La educación basada en el tener no es la adecuada ni en la infancia ni en la adolescencia porque se les enseña que el tener cura todos los males cuando es al revés ya que genera daños que se agravan con el transcurso de los años. Entonces, estos padres que han sido tan condescendientes con sus hijos, desesperados se preguntan: “¿Qué hemos hecho mal para encontrarnos en este infierno?” La educación materialista basada en el tener y no en el ser es la raíz de muchos males, entre ellos, en que los hijos se conviertan en agresores de sus padres.
Según la fiscalía de Lleida “un total de 12 adolescentes leridanos fueron imputados en el 2013 por violencia doméstica, es decir por maltratar física y sicológicamente a sus padres y a otros familiares, doblando los casos que se dieron en el 2012”. Refiriéndose a los niños que agreden a los padres <b>Cristina  Sen</b> dice: “Se habla así del síndrome de emperador, del adolescente que reina en casa, intolerante a la frustración y que vincula el no tener con no ser”. El síndrome de emperador se da allí en donde la educación es muy sobre protectora, que consiente a los hijos con tal que no alboroten y que delegan a la escuela su educación ética y moral. Es una educción muy permisiva, que trata a los hijos como amigos y no como padres que deben disciplinarlos cuando la ocasión lo requiera.
Los padres que se precien de serlo deben recordar que son los guardianes del futuro de sus hijos y que cuando se esfuerzan en educarlos moralmente y esculpir sus mentes y corazones para el bien, saben que esta instrucción incluye reglas y preceptos, haz y no hagas con respecto a los otros. Incluye la explícita formación en buenos hábitos y, jamás debe faltar el buen ejemplo de los padres que con su comportamiento diario muestran a los hijos que se toman en serio la moral.
La educación que los padres deben procurar dar a sus hijos no consiste exclusivamente en aportar un bagaje cultural que sin duda alguna tiene su valor, en gran manera deben esforzarse en transmitirles un equipamiento moral que es imprescindible para que sepan comportarse como personas que caminen por la vida sembrando el bien y no el mal.
Para que los padres puedan ser los maestros de moral de sus hijos es necesario que previamente hayan adquirido el título que les acredite para este oficio. A menudo los padres se quejan que su fracaso como padres se debe a que no han recibido la formación adecuada. La pregunta que me hago es: ¿Han manifestado interés en obtenerlo? Las respuestas que dan no son convincentes porque evaden su responsabilidad y pretenden traspasarla, en la escuela principalmente, con lo cual confiesan su irresponsabilidad.
Con el fin de que los padres y las madres puedan convertirse en buenos educadores morales de sus hijos, ante todo deben tener claro qué sentido tienen sus vidas. Si este propósito no lo ven claro porque está envuelto de penumbras, jamás podrán enseñar a sus hijos el auténtico sentido de la vida y por lo tanto se despreocuparan de enseñarles ética y moral. Les enseñarán como triunfar en la vida  al precio que sea, aunque para conseguirlo deban pisotear a las personas que consideren que son un obstáculo para conseguir subir a lo alto del podio. Para que abandonen la enseñanza materialista de la vida para inculcarles que el verdadero sentido de la vida no consiste en tener sino en ser, debe entrar en funcionamiento el aspecto religioso / espiritual que normalmente queda relegado en el olvido, pero que debe recuperarse si es que se desea enseñar correctamente  a los hijos. Si no se reconoce dicho olvido y se persiste en educar a los hijos para que obtengan cuantos más bienes materiales mejor que mejor, no debe extrañarnos que los hijos, de pequeños emperadores, se conviertan, cuando sean adultos en fieros dictadores que siembren dolor allí donde vayan, empezando por los propios padres.
Octavi Pereña i Cortina