dilluns, 6 d’octubre del 2014


GÉNESIS 7:1


“Dijo luego el Señor a Noé: Entra tú y tu casa en el arca porque a ti te he visto justo delante de mí en esta generación”

El capítulo 6 de Génesis describe la condición moral de la humanidad en tiempos de Noé. El versículo la describe: “Y vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. Esta descripción hace un retrato real de la humanidad sin haber sido retocado por Photoshop de nuestra generación. Incluso periodistas del prestigio de Josep Cuní ante la avalancha de malas noticias que diariamente deben manejar llegan a la conclusión que es una falsedad decir que el hombre es bueno por naturaleza. El corazón del hombre es perverso y de continuo busca hacer el mal.

¿Cuál es la causa de la perversidad humana? El capítulo 1 de Romanos nos dice la razón por la cual el hombre comete las perversidades que puede llegar a hacer: Ha abandonado a Dios y por ello “Dios los entregó a una mente depravada, para hacer cosas que no convienen” (v. 28)

En medio de una sociedad corrompida que había alcanzado el máximo de maldad y que no tenía posibilidad de dar marcha atrás porque en corazones tan endurecidos no existía el más mínimo sentimiento de haber cometido el mal, el texto nos presenta un atisbo de esperanza: “Pero Noé halló gracia ante los ojos del Señor” 6:8).

Una anécdota ilustra la gracia de Dios. Cuando a un negro africano  le preguntaron porque amaba tanto a Jesús, lo explicó de manera muy gráfica.Cogió un gusano y lo puso dentro de un circulo de hierba seca a la que prendió fuego. Cuando el gusano empezó a retorcerse de dolor debido al fuerte calor. El negro lo cogió, y dijo:”Yo era este gusano y cuando me estaba consumiendo en el fuego del infierno vino Jesús y me sacó de las llamas. ¿No es ello motivo de amar a Jesús con todas la fuerzas de mi alma?”

La generación de Noé estaba condenada a perecer ahogada. Pero de entre ella un hombre, Noé encontró gracia en los ojos de Dios lo que le evitó perecer junto con sus congéneres. Una persona muerta en sus delitos y pecados no puede levantarse de entre los muertos por si misma. Precisa que la mano del Señor la saque de la condenación eterna en que ha caído debido a su pecado. Precisa de la gracia de Dios manifestada en Jesucristo para obtener la vida eterna, para pasar de la condenación a la salvación.


PROVERBIOS 30: 5,6


“Toda palabra de Dios es limpia, Él es escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te prenda y seas humillado”

Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para limpiar los corazones de las personas para que quienes hayan sido purificados por ella anden en santidad y con ella glorifiquen el Nombre del Señor y sean instrumentos para que quienes viven en el estercolero del pecado puedan sentirse movidos a buscar a Dios, el Autor de la Palabra, para que puedan empezar a vivir en novedad de vida.

La pregunta que nos debemos hacer es: ¿Toda la Escritura es palabra de Dios o lo es sólo en parte? Es decir: ¿Es toda la Biblia palabra de Dios o solamente contiene palabra de Dios y que es responsabilidad nuestra extraer la palabra de Dios de lo que no lo es? Esto plantea una pregunta: ¿Cómo saber que la decisión tomada es la correcta? Si es el hombre quien debe decidir qué es palabra de Dios y que no lo es siempre decidirá erróneamente porque debido a nuestra condición de pecadores tenemos la tendencia a decidir erróneamente y a rechazar todo lo que provenga de Dios. El hecho de afirmar que la Biblia contiene palabra de Dios pero que no toda ella lo es ya es un indicio que el corazón del hombre rechaza la sabiduría de Dios.

Para quienes toda la Escritura es palabra de Dios , el Señor “es escudo a los que en Él esperan”. Creer que toda la Escritura es palabra de Dios significa que  se cree plenamente en el Dios que inspiró a los profetas y apóstoles a escribir, para nuestra instrucción. Cuando creemos que toda la Escritura es palabra de Dios  el Señor se convierte en el escudo que nos protege de los dardos de fuego del Maligno. La Biblia en multitud de ocasiones dice que Dios es la Roca para quienes confían en Él.  Quienes edifican sus vidas sobre la Roca, las tormentas de la vida ni los ataques de los hombres no los hunden. Salen victoriosos de las muchas tentaciones.

“No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas humillado” , nos dice dios por la pluma de Salomón. Apocalipsis finaliza con unas palabras que complementan el texto que comentamos: “Si alguien añade a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguien quita de las palabras  de este libro, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro” (22:18,19).No se puede jugar con la Palabra de Dios al decir que se puede sacar o añadir a conveniencia. Recordemos: “Todas la Escritura es palabra de Dios”, y punto.

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DEPRESIÓN: ENFERMEDAD DEL CORAZÓN


<i>La depresión es la enfermedad invisible que no puede detectarse que tiene consecuencias físicas</i>

Si se nos dice según un autor anónimo: “El estrés se caracteriza por una respuesta exagerada del organismo (físicamente y sicológicamente) ante una serie de estímulos que en un momento determinado sobrepasan la capacidad de la persona…unos asimilan los recuerdos y los modifican de manera importante y beneficiosa respecto a todo lo que pasa realmente, en cambio en quienes sufren estrés  el recuerdo no ha variado y lo tienen continuamente presente con la misma viveza y sensación de realidad”, todo esto que es verdad poca cosa le dice al afligido porque describe el dolor de manera muy erudita. En cambio, si nos fijamos en la descripción que <b>Denis Stevenson</b> hace de la depresión lo entenderemos porque es el relato de alguien que sabe por experiencia propia lo que es el sufrimiento: “Un día me rompí la pierna por diez puntos. Me llevaron al hospital. Alguien atrapó mi pierna con la puerta cuando la cerraba. ¡Te puede imaginar el dolor! Puedo decirte, pero, que el dolor de la depresiones mucho peor: es intensísimo”

<b>Richard Layerd i David M. Clark</b>, autores del libro <i>¿Dónde está el problema</i>, dicen: “El dolor mental es tan real como el físico. Se experimenta en las mismas áreas del cerebro como el físico, pero incapacita más. A estos dos tipos de dolor no se les trata de manera parecida. A casi todos los que sufren físicamente se los trata. Dos de cada tres que son enfermos  mentales, no reciben tratamiento. Si te has roto un hueso se te trata inmediatamente, pero si es tu espíritu el que se ha roto, no lo recibes”.

Los autores del libro dicen que mejorar la calidad de vida: “Ingresos, educación, salud física, vivienda, no ha sido suficiente para hacernos más felices o vidas más ordenadas. Nos han dejado fuera la persona interior”. Lo que se ve con los ojos tiene prioridad sobre lo que no se ve aun cuando sea tan real como lo otro. Los autores del libro mencionan el <i>hombre interior</i> en la lucha contra la depresión y las enfermedades mentales tan extendidas hoy. Como cristiano que soy me referiré al <i>hombre interior</i> desde la perspectiva bíblica.

Alguien ha dicho: “No es lo que comes lo que te produce úlceras…es lo que se te come a ti”. Lo que es difícil hacer, por no decir imposible, es evitar los pensamientos negativos que nos consumen. Es aquí, los pensamientos negativos que no sabemos como eliminarlos para recuperar la salud mental, la Biblia nos enseña a hacerlo. La raíz de los pensamientos negativos es el pecado, cuyo significado es <i>no hacer diana</i>. <i>No hacer diana</i> básico es no tener en cuenta a Dios. Vivir como si no existiere. Cuando <i>no hacemos diana</i> en lo esencial tampoco lo hacemos, con mayor o menor intensidad, en lo secundario. Pienso que el texto básico que nos enseña a eliminar los pensamientos negativos que propician la aparición de depresiones y otras enfermedades mentales relacionadas es el salmo 32. El poema comienza así: “Feliz aquel cuya trasgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado. Feliz el hombre a quien Dios no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño”. El rey David que es el autor del salmo considera feliz , bienaventurada, dichosa, la persona a quien Dios le ha perdonado su pecado. El pecado, es, pues, el causante de la infelicidad que da paso a las depresiones. “Cuando pequen contra ti, porque no existe ningún hombre que no peque…y se arrepientan de todo corazón…entonces oirás des de los cielos, el lugar en donde tu resides, su plegaria y su súplica, y les harás justicia” (1 reyes 8:46-49), es decir sus pecados serán perdonados.

El tiempo que David guardó su pecado en el buche, lo describe así: “mientras callé, envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día” (v.3). En el salmo 51 se dice que como resultado del arrepentimiento a Dios “se recrearán los huesos que has abatido” (v.3). Lo cual es un reconocimiento de que el malestar psíquico que afectaba a la salud física era la consecuencia del pecado no perdonado que le consumía las entrañas. El rey no puede soportar por más tiempo el dolor moral que le ocasionaba el pecado no perdonado. Se decide a pedir perdón al Señor por sus trasgresiones para que le sean perdonadas. Por ello puede escribir para instrucción nuestra: “Feliz aquel cuya trasgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado”. El perdón de Dios cura aquellas dolencias psíquicas que son consecuencia del pecado. Los huesos endurecidos y carentes de flexibilidad  del salmista habían recuperado su elasticidad sin necesidad de Densia ni otros productos similares.

No existe persona que no peque debido a que no hay ni tan solo un justo. Cualquier pecador que cree que Jesús es el camino que conduce a Dios recupera el gozo del Señor, gozo que expulsa los pensamientos negativos causantes de depresiones y enfermedades vinculadas, porque el Señor ocupa toda su alma.. La vida del deprimido languidece debido a la aflicción. Recupera el deseo de vivir cuando el gozo del Señor entra a formar parte de su persona cuando cree que Jesús es la única Persona que puede perdonarle su pecado porque Jesús es Dios.

Octavi Pereña i Cortina

 

 

dilluns, 29 de setembre del 2014


HECHOS 10;28


“Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero, pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo”

La xenofobia, la misoginia, el racismo o el odio a las personas que son distintas es un motivo de preocupación en la sociedad actual. No existe lugar, por apartado que esté, que la aversión  a las personas que posean características peculiares no haga acto de presencia. Incluso la religión que en un principio debería promover el amor al prójimo, es causante de graves enfrentamientos con el resultado que muchas muertes se producen debido a la intransigencia religiosa.

No deben olvidarse tampoco los enfrentamientos por diversidad cultural y política. El pecado es el causante de los conflictos que se dan entre los hombres debido a las característica personales que las diferencian: Sexo, cultura, raza.

El texto de Hechos que hoy es objeto de reflexión trata el tema que nos preocupa y que debería ser motivo muy especial de reflexión de parte de los cristianos ya que siendo el cristianismo la religión del amor se dan casos de discriminación violenta entre cristianos de diversas confesiones. En México, en la región de Chiapas y otras zonas rurales se dan casos de violencia ejercidas por la mayoría católica sobre la minoría evangélica.

En el texto que comentamos aparecen tres palabras que requieren atención: abominables, común, inmundo todas ellas vinculadas con el odio a aquello que es diferente y que el apóstol Pedro utiliza al hablar con Cornelio, el centurión romano a quien Dios ordena al apóstol que visite con el propósito de transmitirle las buenas noticias de salvación que se encuentran en Jesucristo. En una visión Dios le muestra a Pedro que no existen animales inmundos que no deben comerse. Pero lo que a Dios le interesa es que Pedro entienda que no existen personas inmundas con las que se debe evitar mantener relación para evitar la contaminación que impediría poder participar en los cultos.

Considerar abominable a una persona significa detestarla. Verla común implica considerarla inferior. Creer que una persona es inmunda se la ve como sucia. Cuando consideramos al prójimo abominable, común o inmundo sembramos en nuestro corazón la semilla que levanta un muro de separación. Dios no quiere que veamos a nadie de esta manera porque todos procedemos de una misma sangre, de Adán, el padre común de toda la humanidad. Al pecar, Adán traspasó a su descendencia la semilla de la discordia, la barrera que separa a los hombres. El muro que separa a los hombres que ha levantado el pecado Dios lo derriba en Cristo Jesús. El pecado que aún persiste en el alma es el causante  de los odios que separan a las personas. En concreto, los cristianos debemos corregir esta tendencia reconociendo nuestro pecado, confesarlo a Jesús, e implorar su gracia para que podamos dejar de levantar muros de separación.


SALMO 81: 11,12


“Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón”

El hombre no es producto de la evolución materialista cuyos seguidores pretenden hacer desaparecer al Creador del escenario. El hombre es creación de Dios mal que pese a muchos, a quien el Creador ha dado una Ley para que viva feliz en la Tierra que el Señor ha puesto bajo su cuidado. Nuestros primeros padres podían disponer de todo lo que el Señor había puesto a su disposición, excepto “de todo árbol del huerto podrás comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás” (Génesis 2:16,17). Adán no tardó en desobedecer la orden recibida de Dios a pesar que en él no había pecado. Si Adán que se encontraba en las condiciones óptimas de resistir la tentación de comer el fruto del árbol prohibido, ¡cuánto más fácil nos es a nosotros que hemos sido engendrados pecadores desobedecer la orden de Dios de guardar su Ley!

Dios por medio del salmista habla a Israel y le dice: “Oye, pueblo mío, y yo te amonestaré, Israel, si me oyeres, no habrá en ti dios ajeno, ni te inclinarás a dios extraño. Yo soy el Señor tu Dios que te hice subir de la tierra de Egipto, abre tu boca, y yo la llenaré” . Este texto contiene una promesa de bendición condicionada a obedecer al Señor que le había hecho subir de la tierra de Egipto. Con brazo fuerte el Señor los arrebató de la mano del faraón y los sacó de Egipto haciendo proezas, pero Israel pronto se olvidó del Dios que los había sacado de Egipto y que durante cuarenta años cuidó de él en el desierto y en la conquista de la Tierra prometida. Ya que Israel no quiso que su Libertador reinara sobre él, Dios “los dejó, por tanto, a la dureza de su corazón”. Los dejó a su libre albedrío, lo cual significaba guiarse peor la “dureza de su corazón”, que implicaba tomar decisiones equivocadas que de manera creciente aumentaba su desastre nacional.

El Antiguo Testamento no es para guardarlo en la estantería para que se cubra de polvo y telarañas, es para ser leído y meditado por nosotros que vivimos en el siglo XXI. El Señor nos está diciendo a los cristianos: “pueblo mío, óyeme”. Desgraciadamente siguiendo el mal ejemplo de los israelitas de antaño, no queremos oír la voz de Dios. El resultado es endurecimiento de corazón que nos hace más insensibles a la voz de Dios con lo que se consigue que vayamos de mal a peor, tanto como personas y como iglesias. Nuestra rebeldía repercute en la sociedad que despojada de la luz de Dios que le podemos transmitir se hunde en la corrupción generalizada que es causante de nuestras miserias colectivas.

La sociedad en la que nos movemos necesita la luz que irradia de la Biblia para poder salir de la ciénaga en que se hunde. Dejemos de  ser cristianos rebeldes a Dios, para así resplandecer en una sociedad que envuelta de tinieblas espirituales ha perdido el rumbo y que carece de meta a la que llegar.

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dilluns, 22 de setembre del 2014


SOFONÍAS 1:12


“Y acontecerá en aquel tiempo que yo escudriñaré Jerusalén con linterna, y castigaré a los hombres que reposan tranquilos como el reino asentado, los cuales dicen su corazón: El señor no hará bien ni hará mal”

Quien tiene oído para oír que escuche lo que el señor tiene que decirle. Sofonías con lenguaje gráfico que es entendedor dice que el Señor lo ve todo.: “Yo escudriñaré Jerusalén con linterna”. Es una manera muy clara de decir: Yo veo todo lo que hacen. No hay nada por escondido que esté que mis ojos no lo vean. Dios que es justo en sus juicios, al contemplar lo que descubre la linterna no le queda otro remedio que “castigar a los hombres que reposan tranquilos como el reino asentado”. Estas personas que “reposan tranquilas” no permanecen ociosas. Durante la noche maquinan las fechorías que harán durante el día. Como no tienen en cuenta a Dios en sus caminos porque no creen en Él porque que consideran que no existe, que su existencia es una fábula inventada por los sacerdotes con el propósito de atemorizar a las personas para tenerlas dominadas, dicen en su corazón: El Señor no hará bien ni hará mal”. No tienen temor de Dios y creen que sus crímenes permanecerán impunes.

Pero Dios que sí existe y que además es justo en sus decisiones anuncia anticipadamente la sentencia que dará para que puedan arrepentirse y abandonar sus pecados: “Por tanto serán saqueados sus bienes, y sus casas asoladas, edificarán casas, mas no las habitarán, y plantarán viñas, mas no beberán el vino de ellas” (v.13). El anuncio que Sofonías hace del castigo que Dios infligirá a Jerusalén por mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, ¿nos lleva a reflexionar sobre lo que nos ocurre hoy? Guerras devastadoras destruyen países sembrando dolor y miseria. Amenazas de guerras que anticipan devastación, sufrimiento y hambrunas. Gobernantes que gobiernan injustamente porque no tienen en cuenta la Ley de Dios que enseña a gobernar con justicia. ¿Podemos seguir reposando tranquilos como el reino asentado?

Para aquellos que creían que el Señor no hará bien ni hará mal, les anticipa la sentencia que ejecutará Nabucodonosor: “Esta ciudad alegre que estaba confiada, la que decía en su corazón: Yo y no más. ¡Cómo fue asolada, hecha guarida de fieras! Cualquiera que pase junto a ella, se burlará y sacudirá su mano” (2:15). Hoy, la sentencia sobre los que dicen “El Señor no hará bien ni hará mal”, en el momento oportuno se ejecutará. Cuando finalice el período de gracia, cuando colme el vaso de maldad, se ejecutará la sentencia divina. Cuando Dios cierre la puerta los lamentos serán innecesarios por tardíos.


JEREMIAS 6:16


“Dijo el Señor: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cual sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestras almas. Mas dijeron: No andaremos”

La semilla de la desobediencia está sembrada en la buena tierra de un corazón perverso y da fruto abundante. El profeta Jeremías denuncia la rebeldía de Judá: “Destruiré a la delicada y bella hija de Sión”   (6:2). El Señor siente compasión por la rebelde Judá y amorosamente la invita a que deje de darle la espalda y se vuelva a Él arrepentida para que pueda bendecirla.

El texto de Jeremías que comentamos es un toque de atención para la rebelde cristiandad que fornica contra su Dios. El profeta nos invita a que hagamos un alto en el camino y reflexionemos sobra la desastrosa situación en que nos encontramos. “Preguntad por las sendas antiguas”. Habiendo abandonado al Señor hemos escogido un nuevo camino que consideramos mejor que el de Él. Si este acto de reflexión es sincero y no una tapadera para cubrir el expediente descubriremos que el nuevo camino por el que transitamos no es el que nos conviene. Debemos retroceder hasta la encrucijada en que nos equivocamos de camino para coger “el buen camino y andar por él”, la senda antigua indicada por el Señor  ya en Adán y seguida por los patriarcas y apóstoles, y andemos en ella. “Toda la Escritura es inspirada por Dios , y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”  (2 Timoteo 3:16,17). Cuando se sigue el camino que señala la Escritura el caminante encuentra descanso para su alma. Toda la Escritura es Palabra de Dios y en ella no hay nada que no lo sea por lo que deben tenerse en cuenta todas las instrucciones que da y rechazar las novedades que se pretende hacer pasar como si fuesen Palabra de Dios. Toda la Escritura es Palabra de Dios  y no hay en ella nada que no lo sea. Toda la Escritura es la lámpara que ilumina el sendero por el que transita  el caminante para que no caiga en las trampas que le tiende el Maligno. ¿Qué haremos de la senda antigua que es la Escritura? ¿Seguiremos los pasos que dieron los judíos al anuncio que les hizo el profeta Jeremías? : No andaremos. Judá fue destruido por Nabucodonosor por su contumaz desobediencia. Los efectos de su desobediencia persisten hasta hoy. Si la iglesia en la que nos reunimos se encuentra en bancarrota sería bueno que preguntemos “por las sendas antiguas, cual sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra  alma” A la invitación del Señor, ¿responderemos: andaremos?

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dilluns, 15 de setembre del 2014


JUSTICIA SOCIAL


<b>Gobernantes justos son imprescindibles para que la justicia social se extienda por nuestra Nación aportando bienestar a sus ciudadanos</b>

Màrius Carol, periodista y director de La Vanguardia, en su escrito <i>Sin paspartú</i> cita el libro <i>La pintura como pasatiempo</i>, de sir Winston Churchill, que fue primer ministro británico durante los difíciles años de la II Guerra Mundial, en donde recomienda a los políticos a que se dediquen a otras actividades que neutralicen el exceso de tensión mental y la avalancha de preocupaciones que acompañan el ejercicio de la política, escribiendo: “Así pues, para el hombre público cultivar una afición y nuevos campos de interés debe ser una cuestión de vital importancia. A pesar que no es una cosa que se pueda emprender un día, rápidamente o improvisadamente, obedeciendo a un mandato de la voluntad”. El eminente político británico recomienda a sus compañeros en la labor que para vencer la tensión mental que acompaña a las funciones públicas diversifiquen sus actividades, que de alguna manera pongan momentáneamente sus preocupaciones debajo de la almohada y las dejen reposar, desviando el pensamiento hacia otras actividades que relajen  la tensión mental que los agobia. Winston Churchill aligeraba la tensión mental que le provocaba su cargo, pintando. Según se dice era un buen paisajista. Cada persona debe descubrir la actividad que armonice con su personalidad.

El político no solamente debe poseer una mente relajada para poder encararse con lucidez a los problemas que se le plantean. Asimismo debe ser justo para dar soluciones correctas a los problemas que agobian a los ciudadanos que dependen de sus decisiones. Lucidez mental y justicia son dos características que deben ir unidas en la persona que se dedique a los asuntos públicos. Si falta una de ellas la actividad política es defectuosa. No basta con tener la lucidez mental   que le proporciona el relax que le facilita el hecho de pintar. Una mente no sobrecargada de emociones puede hacer que los pensamientos broten con fluidez. Un hablar elocuente y convincente no basta para gobernar con justicia ni para levantar al pueblo del decaimiento. Son muchos los políticos que hablan con elocuencia y su proceder es nefasto para la Nación.. Cuando exponen su pensamiento las personas que escuchan sus discursos dicen: Habla como un ruiseñor, pero sus hechos son la ruina de la Nación. Una persona puede ser brillante en el hablar  pero un sinsubstancia en la gestión. En política sobran personas simpáticas, de verbosidad impactante, que han cursado talleres de cómo hablar en público, y faltan de justas que hagan prosperar a la Nación con sus decisiones correctas. La justicia no es cuestión de maneras extrovertidas, de discursos grandilocuentes, es una manera de ser.

Es justa la persona que tiene la mente de Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, característica que se obtiene no por el esfuerzo voluntarioso, sino por la conversión que requiere el reconocimiento de no ser justo. La conversión a Cristo otorga una nueva naturaleza que permite buscar aquello que es agradable a los ojos de Dios que es el Justo. Personas que tengan los sentimientos de Dios escasean, abundan, en cambio, las religiosas. No se puede confundir la gimnasia con la magnesia. Religiosidad y justicia no son sinónimos.

Màrius Carol finaliza su escrito con estas palabras: “En Catalunya, si uno de nuestros dirigentes se dedica a pintar los sábados, no lo pondríamos en una galería de arte, sino en un sanatorio mental. Y así van, estresados, inquietos y sin un paspartú que enmarque su futuro”. Ahora se comenta instalar guarderías en las iglesias para favorecer la asistencia en los cultos. Esto indica que la mayoría de las personas, políticos incluidos, Dios y su Ley no les importan. El día de reposo semanal instituido por el Creador para que se lo dedique a Él y se carguen las pilas, se relaje la mente, con lo cual se evita la aparición del estrés y otras enfermedades mentales afines, se olvida. Con este olvido se deja de bucear en la Fuente de la sabiduría. Guardar el domingo en espíritu y verdad recubre al adorador de la justicia divina que permite al político, además de proteger a su salud mental porque recibe la paz de Dios que excede a la comprensión humana, contribuye a que pueda tomar decisiones sensatas que engrandecen a la Nación: “La justicia engrandece a la nación, mas el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:34)

Octavi Pereña i Cortina

 

OSEAS 13. 9


“Te has destruido, Israel, porque te has rebelado contra mi, contra tu ayudador”

La calamidades que le sobrevinieron al antiguo Israel y las que les acaecieron a las naciones vecinas fue debido a que se rebelaron contra el Señor que era su Ayudador.

El mundo convulsivo en el que vivimos, de lo cual dan fe los medios de comunicación, se debe a que las personas que vivimos en la Tierra nos hemos rebelado contra nuestro Ayudador. Pretendemos dar solución a los graves problemas que nos afectan, tanto en el aspecto colectivo como en el individual, sin tener en cuenta la Ley que nuestro Ayudador ha dado a conocer para bien nuestro. Pretendemos solventarlos sin la colaboración de nuestro Ayudador y el resultado es el fracaso.

Se nos dice que si conocemos nuestro pasado evitaremos cometer los errores que realizaron nuestros antepasados y mejoraremos el presente. Se dijo que la I Guerra Mundial pondría fin a todas las guerras. Quienes pronosticaron una paz de tal envergadura se equivocaron del todo. Treinta años después una nueva guerra mundial sacudió al mundo y una serie de guerras locales de más o menos envergadura la han seguido hasta el presente y seguirán haciéndolo en el futuro hasta el fin del tiempo.

Todos los daños que nos zarandean se deben a un solo motivo: Hemos abandonado a nuestro Ayudador. Conocer la historia no nos ayuda a mejorar el presente si no se tiene en cuenta a nuestro Ayudador.

Desde la desobediencia de Adán, nuestro primer padre, hasta nuestros días los hombres hemos pretendido arreglar nuestros asuntos sin tener en cuenta a nuestro Ayudador. Así nos van las cosas y seguirán el mismo camino porque en general a los hombres les gusta arreglar sus asuntos confiando en su sabiduría sin tener en cuenta al Sabio que es el Ayudador. El resultado de este comportamiento necio es lo que el profeta Oseas pronostica en el texto que comentamos. La historia se repite. Es de necios deshacerse del Ayudador.

El mismo Jesús anuncia que el mundo en su conjunto no mejorará, todo lo contrario, irá de mal a peor. Es posible que tizones sean retirados de la gran hoguera porque la fe que depositen les abrirá las pertas del Reino de los cielos que en un futuro, de fecha desconocida, se manifestará con todo su esplendor en el día en que Jesús glorificado vendrá a buscar a su pueblo. Entonces, el pecado que es el causante de todos nuestros males habrá sido extirpado de nuestras personas y los tizones arrebatados de la gran hoguera gozarán plenamente la paz que el Señor con su muerte de cruz ganó para nosotros.


JUAN 7:24


No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”


Vemos la cara externa de los hechos, pero ignoramos las motivaciones. Conocemos en parte pero no el todo. El desconocimiento de los motivos que hacen actuar debe movernos a la prudencia a la hora de juzgar a las personas. Jesús no nos aconseja, nos ordena  a no juzgar según las apariencias sino a hacerlo con justo juicio. No nos prohíbe radicalmente a hacerlo sino a realizarlo “con justo juicio” lo cual significa que antes de juzgar a alguien por su comportamiento que nos parece indigno nos lo hemos de pensar dos veces antes de dictar sentencia.

Jesús nos dice: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido” (Mateo 7:1,2). Juzgar sin “justo juicio” es un bumerang que se revuelve en contra nuestra  y nos hiere duramente. Si no queremos salir malparados de nuestros juicios injustos es preferible mordernos los labios antes de pronunciarlos.

Es muy conocido el símil de la paja y de la viga que utiliza Jesús para aleccionarnos a ser prudentes a la hora de emitir juicios porque nos lleva a auto examinarnos  y ver en primer lugar la maldad que se esconde dentro de nuestro propio corazón. La visión de nosotros mismos nos moverá a ser misericordiosos en el momento de juzgar el comportamiento ajeno. Ello no significa que ver  la viga  en el propio ojo nos impida ver la paja en el ojo del prójimo.

Viene como anillo al dedo la enseñanza de Jesús de no juzgar en la atención mediática que se ha dado al caso de Jordi Pujol  y su fraude a Hacienda. Los partidos políticos se han lanzado contra él como lobos sedientos de sangre para sacar tajada de su delito. ¿Es que los que ven la paja en el ojo de Jordi Pujol no tienen vigas en los suyos? No pretendo minimizar el engaño del político catalán, intento hacer ver que todos sin excepción somos culpables de fraude y que a la hora de lanzar la primera piedra ésta no se convierta en un bumerang que rebote contra nosotros y nos dañe. Es de suma importancia que veamos la maldad que se amaga en nuestros corazones para así poder emitir juicio justo a la hora de juzgar el comportamiento ajeno 

 

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dilluns, 8 de setembre del 2014


¿EXISTE DIOS?


<B>La existencia de Dios es un tema que preocupa a muchos aún cuando quieran evadirlo diciendo que nadie ha regresado del más allá para poder explicar lo que hay</b>

El pintor <b>Antoni Pitxot</b> hace una declaración que muchas personas la suscriben fruto del agnosticismo: “Quizás llegue un día en que la ciencia demuestre la existencia de Dios”.

Una afirmación para pensar en ella. “Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles del, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:19,20).

Referente a las cosas concernientes a Dios Jesús hace esta plegaria. “Yo te alabo,  oh Padre,  Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” (Lucas 10:21). Según Jesús, si no nos volvemos como niños y nos deshacemos de nuestra arrogancia de adultos, las cosas de Dios permanecen siendo un misterio indescifrable. Según la declaración del apóstol Pablo pensar que la existencia de Dios depende de los descubrimientos científicos, no es razonable. Los niños sin conocimientos científicos pueden llegar a creer en Él con sólo observar el firmamento estrellado sin prejuicios. La humildad es el requisito imprescindible para adquirir sabiduría.

En cierta ocasión se le preguntó a Jesús porque utilizaba las parábolas en sus discursos. La respuesta que dio es aplicable al tema que trata este escrito: “Por eso les hablo en parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis, y viendo veréis, pero no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado los ojos, para que no vean con sus ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane” (Mateo 13:13-15). Se dice que el órgano que no se utiliza se atrofia y se hace inservible. Eso puede perfectamente aplicarse en el campo del espíritu: “Porque a cualquiera que tiene”, dice Jesús, “se le dará, y tendrá más, pero al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará” (Mateo 13:12).

El hombre ha sido creado para que tenga relación íntima con el Creador. Esta intimidad con Dios empezó a perderse cuando, vía la mujer, vio que el árbol que le estaba prohibido comer “era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y el árbol codiciable para alcanzar la sabiduría” (Génesis 3:6). El deseo les llevó a hacer caso a la insidiosa oferta de Satanás. Adán y Eva comieron del fruto prohibido y la intimidad con Dios se perdió. Dejaron de vivir por fe y los ojos y los oídos se atrofiaron, impidiéndoles ver la maravilla de la creación y escuchar los sonidos siderales que anuncian la grandeza del Creador.

La fe en el Creador que se perdió en el paraíso por la desobediencia de Adán se recupera por la fe en Jesús. Se normaliza la amistad con Dios. El hombre se había extraviado. Jesús el Buen Pastor lo devuelve al redil en donde está protegido de los ataques de Satanás que cual león rugiente intenta destrozarlo. La oveja perdida y encontrada recobrada la vista y el oído puede hacer declaraciones de este tipo: “Pienso que la fe comienza con la comprensión que una inteligencia suprema hizo el universo y creó al hombre. Para mí no es difícil tener esta fe, no se puede dudar que allí en donde existe un plan hay una inteligencia, un universo desplegado y ordenado da testimonio de la veracidad de la más majestuosa declaración que nunca se haya hecho: <i>En el principio Dios…”</i> (Arthur Helly Compton, premio Nobel de física, 1927).

Octavi Pereña i Cortina