dilluns, 7 d’abril del 2014


SALMO 90:3


“Haces volver al hombre al polvo, y dices: convertios hijos de los hombres”

El salmo 90 comienza con un reconocimiento de la grandeza y del poder de Dios para pasar a la pequeñez del hombre. Los seres humanos invertimos los factores cuando nos creemos grandes y hacemos pequeño a Dios. Cuando esto ocurre y, desgraciadamente este error está muy extendido, la existencia es un fracaso. Mirando con un poco de atención lo que sucede a nuestro alrededor pronto percibimos que las personas que contemplan nuestros ojos son un perfecto desastre. La causa de todas estas vidas arruinadas se debe a que han empequeñecido a Dios y ellas se han subido al pedestal.

Analicemos brevemente el salmo 90: “Señor, tus nos  has sido refugio…Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo hasta el siglo, tú eres Dios”. Con el avance de la ciencia y con  los medios que dispone el hombre para adentrarse en las profundidades siderales y poder contemplar de cerca su inmensidad, en vez de reconocer el poder del Dios eterno, le niegan su autoridad, lo hacen desaparecer del mapa y la obra de la creación se convierte en un accidente que ocurrió hace millones de años.

Aunque el hombre niegue la existencia de Dios  éste sigue existiendo y ejerciendo su poder creador sosteniendo la obra de sus manos con la autoridad de su palabra. Aunque las personas lo consideren muerto Dios vive.

Volvamos al hombre y fijémonos el concepto que tiene Dios de nuestra grandeza: “Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira, acabamos nuestros años como un pensamiento. Los días de nuestra edad son setenta años, y en los más robustos son ochenta años, con todo su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan y volamos”

El progreso de la ciencia médica puede hacernos creer que un día seremos inmortales. Pero no, es una ilusión vana. La paga del pecado es la muerte y, como todos hemos pecado todos moriremos. La ciencia médica, una mejor alimentación, mejores condiciones laborales, pueden alargar unos pocos años nuestra presencia sobre la tierra. Inevitablemente, la muerte llega y, después ¿qué?

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”, dice el salmista. Sí, Señor, enséñanos a contar nuestros días para prepararnos para el buen morir. Un buen morir no significa que en caso de sufrimiento te inyecten una sustancia y se cierren los ojos dulcemente. Que el Señor ilumine nuestro entendimiento para que podamos entender que por la fe en el Señor Jesucristo que murió por nuestros pecados y resucitó para darnos vida eterna, la muerte es la puerta de entrada al reino eterno de Dios, en donde la muerte no existe, el sufrimiento lo hemos dejado atrás, las lagrimas se han secado, porque el pecado allí no existe.


JUDAS 24,25


“Y a Aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén”

“Así ha dicho el Señor: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta del Señor. Será como la zarza en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada”  (Jeremías 17:5,6). El ser humano en su necedad cree que puede emanciparse de Dios y prescindir de su Ley. Babel es un ejemplo claro de la insensatez de querer ser fuertes sin Dios. La crisis actual que tanto perjudica se la atribuye exclusivamente a factores económicos. Detrás de ella se esconde  la falta de ética de gobernantes y gobernados. Detrás de la falta de ética se encuentra la ausencia de Dios que es el Autor de la ética que hace prosperar a los pueblos, a las familias, a las personas.

El mundo está en crisis. La iglesia también lo está porque confía en doctrinas de hombres que no resisten la prueba del algodón que certifica su autenticidad. Los falsos profetas de Israel condujeron a la bancarrota al Israel nacional. Hoy ocurre lo mismo. No todos los que hablan en nombre de Dios son hombres de Dios. Utilizan, sí, un lenguaje bíblico que es un barniz que esconde la herejía que se amaga en sus corazones.

Judas, en la doxología con que termina su breve carta a los “santificado en Dios Padre, y guardados en Jesucristo”, insta a sus lectores a apartar la mirada del hombre y ponerla en Dios Padre y el Señor Jesucristo. Hacerlo reviste de poder a la debilidad humana porque ”es poderoso para guardarnos sin caída”. El verdadero creyente en Cristo aunque santificado por la sangre de Jesucristo que lo limpia de todos sus pecados, sigue siendo pecador. Ello puede hacer que nos sintamos indignos de Él, pero Aquel que es poderoso puede “presentarnos sin mancha delante de su gloria con gran alegría”. Nada inmundo puede presentarse ante la gloria del Dios eterno, pero el santificado por la sangre de Cristo puede hacerlo, no con miedo, sino “con alegría” porque quien lo presenta ante el Padre es Jesús, el Camino que nos lleva a Él.

No soy digno de ser llamado cristiano, “pero por la gracia de Dios soy lo que soy”, una nueva criatura en Cristo Jesús a quien le está permitido presentarse ante el trono de Dios ensalzando el nombre de Jesús el Redentor, el Cordero de Dios que con su sangre le limpió de todo pecado.

 

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RENOVACIÓN ECLESIAL


<b>Debido a la marginación que se hace del Buen Pastor la iglesia ha perdido el norte y camina desorientada sin saber como salir del atolladero en que se halla metida</b>

No existe  la más mínima duda de que la cristiandad en general se encuentra en crisis. Los templos están vacíos. Los fieles que asisten a los actos litúrgicos son pocos y además mayoritariamente son  ancianos. Pocos jóvenes hacen acto de presencia. Los dirigentes eclesiásticos rumian qué pueden hacer para invertir el decrecimiento y conseguir que los bancos vuelvan a llenarse de fieles, no tradicionalistas, sino de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos que desborden genuina espiritualidad.

Cuando el apóstol Pedro finalizó su primera predicación pública después que la iglesia reunida en Jerusalén recibiese el don del Espíritu Santo, discurso por cierto centrado en la persona de Jesús, los oyentes “se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” La respuesta que recibieron de Pedro fue clara y sencilla: “Arrepentios, y conviértase cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Quienes hicieron caso de la enseñanza apostólica se unieron a la incipiente iglesia de Jerusalén  “y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos2:37,38,42). Una peculiaridad de las palabras de Pedro es que la respuesta que da a las personas que se dirigieron a ellos en busca de consejo fue que vayan a Jesús en busca del perdón de sus pecados. El resultado de seguir dicho consejo fue que la iglesia hacía impacto en la sociedad y crecía en número.

La solución que el papa Francisco I propone para evitar que siga el proceso de vaciado de las parroquias consiste en recuperar la práctica del sacramento de la penitencia, hoy en desuso, diciendo: “El cristiano está unido a Cristo, y Cristo está unido a la Iglesia, y para nosotros cristianos, hay una regla más y un compromiso más: pasar humildemente a través del ministerio eclesial”. El arzobispo de Barcelona Lluís Martínez Sistach en su escrito <i>Somos pecadores</i> dice: “”¿Qué es lo que hace que siempre, y hoy todavía más, nos cueste tanto acercarnos al sacramento de la penitencia para conseguir la gracia de Dios y reconciliarnos con Él?”. Ambos jerarcas de la Iglesia católica siguen fielmente la doctrina proclamada en el Concilio de Trento que enseña que es preciso confesarse a un sacerdote para que sean perdonados los pecados. Quienes no crean en ella <i>sean excomulgados<(i>.

El Concilio de Trento fue el resultado de la reacción que se produjo ante la predicación de Lutero y de los otros reformadores de la doctrina bíblica que enseña que <i>el justo vivirá por la fe</i>. La consecuencia de creer esta doctrina es que el pecador que confiesa que Jesús es el Salvador, Dios “es fiel y justo para perdonarnos los pecados y limpiarnos de toda injusticia” /1 Juan 1:9). Si no basta con esta declaración, he aquí otra del mismo apóstol ”La sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de <b>todo</b> pecado” (1 Juan 1:7).

La doctrina bíblica de la salvación única y exclusivamente por la fe en Jesucristo libera al pecador de la servidumbre de la iglesia como institución humana. El ex sacerdote Herman Hegger, afirma :Mi segunda función importante como sacerdote era administrar el sacramento de la confesión. La confesión ocupa un lugar muy importante en la estructura del poder de Roma. Para Roma es una base estratégica de la mayor importancia. Enfatiza la sujeción del laico al clérigo. En el confesionario, el sacerdote está sentado en el banco del juez. El penitente  confiesa su debilidad. Divulga secretos que no revelaría a nadie. Y depende del sacerdote si el penitente debe ser absuelto de sus pecados. El sacerdote decide por él entre el cielo y el infierno”.

El papa Francisco I para promocionar el uso del confesionario dice:”Incluso el papa se confiesa cada quince días, porque el papa también es un pecador. El confesor escucha lo que yo le digo, me aconseja y me perdona, porque todos tenemos necesidad de este perdón”.

En nombre del Señor escribe el profeta Jeremías: “Así dice el Señor: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone por su brazo, y su corazón se aparta del Señor. Será como un desterrado en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales del desierto, en tierra despoblada y deshabitada” (17: 5,6).

Ya en la vejez, el apóstol Pedro escribiendo “a los extranjeros de la diáspora”, les aconseja: “Acercándoos a Él (Jesucristo) piedra viva, desechada ciertamente de los hombres, mas para Dios escogida y preciosa”, después edificando sobre Cristo la piedra viva, les dice:“vosotros también,  como piedras vivas, sed edificadas como casa espiritual…” (1 Pedro 2:4-10). El vitalismo de la iglesia no pasa por la practica más asidua de la confesión auricular a un sacerdote, sino en edificar los fieles sus vidas sobre Cristo, la piedra escogida por Dios que da soporte como piedras vivas que son. Los creyentes que edifican sus vidas sobre la Roca eterna, de la cual beben el agua viva. El resultado es que ríos de  agua viva brotan de sus corazones que pueden hacer que las personas que los observan les pregunten: Hermanos, ¿qué hemos de hacer para ser salvos?

Octavi Pereña i Cortina

 

dilluns, 31 de març del 2014


JEREMÍAS 6:16


“Así dijo el Señor: Paraos en los caminos, y mirad, preguntad por las sendas antiguas, cual será el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos”

La invitación de Jesús a los pecadores: “Venid a mí”. No existe diferencia entre el Nuevo y el Antiguo Testamento. Dios quiere que las personas se vuelvan a Él, que dejen de darle la espalda. El texto que comentamos de Jeremías es muy elocuente. El mensaje va dirigido a aquellos que se han extraviado y se encuentran perdidos en un mundo hostil. Vagan por el desierto y no encuentran el pasto suculento que necesitan su almas exhaustas ni el agua viva que refresque a sus marchitas almas.

Los extraviados, en su reflexión, si es que lo hacen, deben preguntar “por las sendas antiguas” que no son otras que la Palabra de Dios que ha llegado al hombre por medio de los profetas y apóstoles y, no por citarlo el último es el menos importante, todo lo contrario, Jesús es la base del anuncio profético y apostólico. Los extraviados deben encontrar el “buen camino” por el que deben andar. El buen camino no es una nueva filosofía, ni una nueva espiritualidad, ni una “nueva evangelización”, como hoy se repite insistentemente, sino el Mesías a quien anuncian los profetas y que el Nuevo Testamento señala en la persona de Jesús en quien habita la plenitud de Dios. Este Jesús es quien guía al pecador extraviado a encontrar el descanso que su alma necesita porque lo pone en el camino que conduce a Dios.

Dentro del proyecto de la Nueva Evangelización, al que se le da tanta resonancia, se encuentra recuperar la práctica de la confesión auricular que según el sacerdote Jaume Pedrós “es una práctica que se ha perdido en los últimos años”. La Nueva Evangelización, tal como indica el título, es algo nuevo que no forma parte de las “sendas antiguas” que señalan el “buen camino” para que el pecador que transite por él encuentre el descanso que su alma necesita.

¿Cómo reaccionaron los oyentes de las palabras que en Nombre del Señor Jeremías dirige a los jerosolimitanos? : “No andaremos”. El énfasis que se pone en recuperar el perdido hábito de confesarse con un sacerdote no es para llevar a las personas a Jesús  que es Dios que perdonas los pecados , sino recuperarlos para que pasen a engrosar a la institución eclesiástica.

Si el lector está preocupado por su salvación le remito al salmo 34:22 que dice: “El Señor redime el alma de sus siervos, y no serán condenados cuantos en Él confían”. “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”                   (1 Juan 1:7)

 

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GÁLATAS 3:7


“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos, entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”

En su escrito “La conciencia moral”, Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, dice: “La iglesia católica insiste en la importancia que tienen para los hombres de hoy ser fieles a una “conciencia bien formada”. En otro párrafo el cardenal escribe: “La conciencia enraizada íntimamente en nuestro ser nos dicta qué es  bueno y qué es malo, nos anima a hacer el bien y a evitar el mal, y juzga la rectitud o malicia de nuestras acciones u omisiones”.

Como texto base de esta meditación he escogido génesis 3:7 porque Adán y Eva se encontraban gozando de un estado de “conciencia bien formada”, conociendo el bien e ignorando todavía por propia experiencia lo que es el mal, deciden por éste. Si encontrándose en un estado de conciencia moral limpia fueron incapaces de conservarla, ¿cómo se puede pretender que la conciencia de la descendencia de Adán, toda ella contaminada por el pecado, pueda discernir entre el bien y el mal le anime a hacer el bien y evitar el mal? La Biblia refuta dicho argumento y nos muestra como la maldad se extiende rápidamente, siendo el primer juicio colectivo el Diluvio Universal, que de no ser por la gracia de Dios Noé y su familia también habrían perecido ahogados. ¿Dónde estaba la conciencia que discierne el bien y el mal y que anima a hacer el bien en aquel pasado lejano? Antes del Diluvio “vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5). Si el Señor volviese a escribir lo que hoy ocurre en la tierra volvería a redactar el mismo texto. El ser humano dejado a su libre albedrío contaminado por el pecado, siempre, con más o menos intensidad, escoge el mal. Viendo lo que ocurre a nuestro alrededor, leyendo las noticias de prensa o viendo los telenoticias, solamente se puede decir “que todo designio de los pensamientos de ellos es de continuo solamente el mal”.

Solamente existe una manera de invertir la tendencia de hacer el mal por otra que tienda a hacer el bien: Volverse a Dios, dejar de darle la espalda, pedirle perdón y arrepentirse del pecado. Engañoso es el corazón humano y si no es por la conversión a Cristo que hace del pecador una nueva persona , cambiándole su conciencia endurecida por el pecado por otra de carne que tiene hambre y sed de Dios, el mal no puede desaparecer de la faz de la tierra.. Es cierto que no dejará del todo de hacer el mal debido a que su naturaleza pecadora que coexiste con la divina por la presencia del Espíritu Santo en su alma, pero el pecado dejará de ser su dueño y el deseo de hacer el bien se irá incrementando. La coexistencia de ambas naturalezas en el hombre convertido a Cristo despierta una dura batalla en el interior del alma. Gracias a que la Palabra de Dios es la luz que ilumina el camino del creyente, éste encuentra en ella el discernimiento del bien y del mal que no puede encontrar fuera de ella y la fuerza para hacer el bien y evitar el mal que sin la gracia de Dios no puede.

DEMOCRACIA DECADENTE


<b>Aún los déspotas presumen de ser demócratas. Ponen, pero a la Nación en peligro cuando se pasan el día pavoneándose de ser los mejores demócratas que hay en el País</b>

Juan Bautista Alberdi “uno de los más grandes pensadores argentinos”, según Felipe Pigna, retrata muy bien a quienes desprestigian a los políticos que piensan diferente y los acusan de nazis, antisistema o con cualquier otro peyorativo, cuando dice: “El déspota es aquel que cree que ser opositor al gobierno es un traidor a la patria”. El déspota es el verdadero traidor a la patria porque creyendo poseer la verdad absoluta  tiene orejas pero no escucha los puntos de vista de la oposición que pueden ser la expresión de un amor a la patria tanto o más auténticos que los del déspota que quiere impedir que la oposición se exprese. El despotismo es la manifestación de la fragilidad existente debajo de una capa de fortaleza. “Más ven cuatro ojos que dos”, dice el refrán.

Me siento demócrata que considera a esta filosofía política la mejor de las diversas existentes, pero que no es perfecta como tampoco lo es cualquier otra obra de fabricación humana. La imperfección de que adolece la democracia exige su control permanente para intentar evitar los abusos a los cuales tienden todos los seres humanos a cometer debido a la imperfección de su condición gracias al pecado que infecta al alma. Thomas Jefferson pone el dedo en la llaga cuando escribe: “La democracia no es más que el gobierno de las masas, en donde el 51% de las personas puede tirar por la borda los derechos de los otros 49%”. Manera de describir muy clara los peligros que acompañan a las mayorías absolutas. El exceso de poder que las urnas conceden a un partido político abre la puerta para que puedan cometerse toda clase de abusos. En vez de fomentar la justicia promueve las más graves injusticias que empobrecen al pueblo en todos sentidos y, ello en nombre de la fuerza que concede el 51% de los votos.

A menudo el resultado de las votaciones no puede predecirse. El gobierno ha cometido errores garrafales y las urnas le regalan el 51% de los votos. Incomprensible, pero es la triste realidad.  Aún cuando no exista mayoría absoluta, los intereses egoístas de los políticos les hacen tomar decisiones y pactos contrarios al bien general de todos los ciudadanos y con engaños fomentan la corrupción política porque se tapan mutuamente los trapos sucios. La democracia tiene muchos defectos que impiden generalizar la felicidad de los ciudadanos. Se precisa, pues, estar muy atentos y deben establecerse límites legales para impedir que los excesos queden impunes.

Democracia es sinónimo de justicia. El diccionario define justicia así: “Virtud moral por la cual una persona tiene la verdad como guía, una persona se siente inclinada a dar a cada uno lo que le pertenece, a respetar el derecho”. Esta definición tiene un cierto parecido con las palabras de Jesús: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, porque esto es la ley y los Profetas” (Mateo 7:12). La virtud moral que el diccionario considera es justicia y el comportamiento que Jesús requiere que los hombres se tengan entre ellos no es posible, ni soñando, si previamente las personas no son justas. El Nuevo testamento en concreto enseña como una persona injusta se puede convertir en justa. De cómo pasar de ser una persona egoísta a convertirse en otra altruista que piense en el bien del otro: “El justo vivirá por la fe” (Romanos 1:17) y, entre otros textos: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). A partir de la declaración de Dios que considera justa a una persona injusta por la fe en el Nombre de Jesús empieza una nueva manera de vivir que comporta querer hacer a los otros lo que queremos que ellos nos hagan. En el momento en que Dios declara justa a una persona empieza la regeneración de la democracia porque desde la base social se inicia un proceso de andar en la justicia. Sin la justificación del pecador por la fe en Jesucristo la democracia es una falacia porque es totalmente imposible mantener la justicia, que es su cimiento. “El Señor es la justicia” (Jeremías 33:16). del creyente en Cristo quien se aparta de la injusticia, es decir, se esfuerza en vivir según la Ley de Dios. Después de decir el apóstol Pablo: “Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”, dirigiéndose a su discípulo Timoteo, le dice. “Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia…que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo” (1 Timoteo 6:10-14). El apóstol no exige que siga la justicia a un ateo, agnóstico o creyente no practicante, lo pide a un hombre de Dios porque éste es la única persona que puede desear ser obediente a la Ley de Dios sobre la que se sustenta la verdadera democracia.

Octavi Pereña i Cortina

dilluns, 24 de març del 2014


RENOVACIÓN POLÍTICA


<b>Con la renovación la política vieja ha pasado, debe empezar de nuevo</b>

Es evidente que la política está desprestigiada, no porque en si misma sea mala, sino porque los políticos la convierten en despreciable. Sólo con oír la palabra <i>política</i> las personas se alteran. La política se ha convertido en una especie de peste de la que uno desea apartarse de ella lo más lejos posible para evitar contaminarse. Lo que en buena parte ha prostituido a la política es el hecho de que los ciudadanos por pereza y por no querer complicarse la vida se han desentendido de ella y lo que debería ser una actividad de toda la comunidad se ha convertido en un gueto de unos pocos en los que más que el interés general prevalece el lucro personal. La privatización de la política en parte es la causa de la corrupción generalizada que se da en este ámbito.

Luis Foix  hace diana cuando explica la causa humana de la corrupción a gran escala que preocupa y enoja a los ciudadanos: “La corrupción que debilita o anula la libertad no es la de cuestiones menores como la de robar una gallina o llevarse una botella de alcohol caro de un supermercado. La corrupción es aquel estado personal o social en que nos podemos acostumbrar a vivir pensando que no es malo estafar un poco a Hacienda o evitar el IVA cuando pagamos al electricista del barrio.… Esta corrupción habitual, menor, es un indicio que acepta implícitamente la gran corrupción de quienes roban sin escrúpulos, favorecen amigos y parientes, silencian a la  oposición y utilizan la fuerza para mantener sus corruptelas a gran escala”.

El germen de la corrupción del que somos portadores todos los ciudadanos porque todos sin excepción somos pecadores hace posible la corrupción a gran escala que pone en peligro la libertad democrática alcanzada. Incluso un ciego verá que a partir de la microcorrupción se ha llegado a la macrocorrupción que fabrica los llamados <i>cementerios de elefantes</i>, una forma de retiros dorados para políticos de lujo que tienen nombre y apellidos. Esta situación de alta degradación moral y ética se ha llegado en parte por la desidia de los ciudadanos debido a que nos hemos desentendido de nuestras responsabilidades cívicas y nos hemos dejado arrastrar por la <i>corrupción habitual menor que implícitamente favorece amigos y parientes</i>. ¿Qué se sino una materialización de la corrupción que engendra el pecado el hecho de que en el Parlament de Catalunya se rechazó una moción presentada que proponía que los diputados implicados en un caso de corrupción debían ser destituidos de sus cargos de responsabilidad política? ¿No es corrupción a gran escala el hecho de que los cadáveres políticos se aparquen en el Senado, Consejo de Estado, instituciones y empresas públicas? Este malbaratamiento descarado de dinero público vacía las arcas del Estado y que se podría evitar si e tomase la decisión de coger el toro por las astas y reformar la <i>ley de partidos</i> que en su actual redactado favorece la corrupción. La reforma de dicha ley debería dejar bien claro que los políticos no están sujetos a una ley especial que blinda sus responsabilidades sino que están sujetos a la misma ley que el resto de los ciudadanos y que éstos pueden y deben fiscalizar sus actuaciones. La <i>ley de partidos</i> debería regular explícitamente la duración de los mandatos presidenciales y los años que los políticos pueden servir en la Administración. Debería prohibir las listas cerradas y ser sustituidas por abiertas  para que sean los ciudadanos quienes elijan directamente a sus representantes y pedirles responsabilidades. Finalizado el período determinado, la imposibilidad de ser sanguijuelas del Estado dejando de gozar de privilegios que no les corresponden. Finalizado el servicio al País deben convertirse en ciudadanos sin privilegios especiales que se ganan el sustento en las actividades en las que se dedicaban antes de dar unos años al servició del País. De esta manera se impediría que la política se convierta en un negocio que fomenta la corrupción.  

La regeneración política presenta un problema: “¿Quién podrá enderezar lo que él torció?” (Eclesiastés 7:13). La regeneración política tan deseada no será mínimamente alcanzada si previamente no se produce una regeneración moral y espiritual de todos los ciudadanos y de manera especial en aquellas personas que durante un tiempo limitado desean servir al País en bien de todos los ciudadanos. Esta regeneración imprescindible para el bienestar del colectivo no se puede alcanzar con sólo buenos propósitos porque a éstos el viento se los lleva con suma facilidad. Es preciso reconocer la corrupción individual que provoca el pecado y que por la fe en Jesucristo se convierte en una persona nueva en la que el amor al dinero no es una prioridad porque es cosa del pasado. La conversión a Cristo es la preparación previa para que el individuo pueda asumir de manera natural es espíritu de las leyes promulgadas para bien de toda la sociedad y someterse a ellas.

Octavi Pereña i Cortina

 

JUDAS 3,4


“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”

Judas, no el que entregó a Jesús, siente un fuerte impulso de escribir a los hermanos en Cristo a que luchen ardientemente por la fe. ¿Por cual fe deben luchar? No por cualquier fe. En el mundo se encuentran muchas fes. Las hay para todos los gustos. Judas es muy selectivo: los cristianos deben “luchar ardiente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”. Esta fe que se remonta  al paraíso con las pieles de los animales que cubrieron la desnudez de Adán y Eva, que simbolizan el sacrificio de Jesús para perdón de los pecados del pueblo de Dios, que a lo largo del Antiguo Testamento se va desarrollando aportando detalles y que en el cumplimiento del tiempo llega a su pleno desarrollo con la encarnación del unigénito Hijo de Dios en la persona de Jesús.

¿Por qué insta Judas a luchar ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos? “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente”. Aquí Judas nos alerta del peligro que no se encuentra fuera de la iglesia, sino en su seno. Personas cubiertas con pieles de cordero que escondían a lobos rapaces que quieren destruir al pueblo de Dios. Dichas personas se manifiestan abiertamente enemigas de Dios y de su pueblo. Aparentan ser “hermanos”. Se presentan con un lenguaje bíblico carente del Espíritu de la letra bíblica. Estas personas que han entrado encubiertamente en las iglesias son muy activos, cosa que facilita el engaño porque su actividad se confunde fácilmente con consagración. Adquieren cargos de responsabilidad, llegando incluso a hacerse suyo el púlpito desde donde con mucha sutileza “niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo”.

Pero para “contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” se precisa mucha constancia en la oración privada y mucha lectura bíblica acompañada de la súplica de que el Espíritu Santo otorgue sabiduría para entender el misterio que guardan las páginas de las Sagradas Escrituras. Sin esta lucha fervorosa y secreta que se lleva a cabo en la intimidad de la habitación que tiene cerrada la puerta es totalmente imposible “contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”. ¿Deseamos impedir que los ministros de Satanás que se visten como ángeles de luz nos engañen? Sólo existe una manera de poder hacerlo: “Contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” que se encuentra registrada con letras escritas con la sangre de Jesús en las  páginas de la Biblia”


1 TESALONICENSES 1:5


“Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo”

Una cosa es la letra del Evangelio y ora muy distinta es su Espíritu. Es muy fácil predicar la moral del Evangelio. Es totalmente imposible predicar su Espíritu si el predicador previamente no se ha convertido a Jesús. Es muy fácil atraer a las masas a la letra del Evangelio porque es muy sensiblera. No lo es tanto llevarlas a Jesús porque se consideren pecadores que necesitan recibir el perdón y se conviertas en sus discípulos.

El apóstol Pablo nos sacude de nuestro sopor en el que hemos caído por el hecho de conformarnos con la letra del Evangelio y de haber arrinconado al Espíritu Santo que vivifica la letra.

Pablo dice a los tesalonicenses que el Evangelio que les predicó no eran solamente palabras carentes de vida, sino palabras saturadas del poder del Espíritu Santo. ¿Qué tipo de Evangelio es el nuestro?¿Consiste únicamente de palabras carentes de sentido o saturadas del Espíritu Santo?

Dada la condición decrépita en que se encuentran muchas iglesias es urgente hacer un alto en el camino, sentarnos en una piedra, inclinar la cabeza, taparnos el rostro con las manos y conscientes de encontrarnos ante la presencia del Señor y pronunciar una palabras de arrepentimiento nacidas del corazón: “Ten piedad de mí, Señor, que soy un pecador”. Sin el reconocimiento de que se es pecador, de que se posee un corazón inclinado al mal, jamás se irá a Jesús que es la Fuente de donde brota el poder que necesita todo cristiano y por descontado quien se presenta como siervo de Dios. Hoy la palabra pecado está devaluada. Ha perdido el significado de ofensa a Dios y se la edulcora como deficiencia debido a que todavía no se ha evolucionado lo debido hacia la plena humanidad. NO. Pecado es una trasgresión de la Ley de Dios . Sin ser plenamente conscientes de nuestra condición de pecadores jugaremos a iglesias convirtiéndolas en lugares en donde se enseña moral. Desde los púlpitos fluirán palabras que no llegarán a los corazones de los oyentes. Las conferencias serán muy gratas y ayudarán a pasar un tiempo distendido. Los corazones seguirán marchitos y la seguridad de la salvación será una doctrina desconocida. El miedo a la muerte seguirá haciendo estragos en las almas de quienes han recibido solamente palabras pero no el poder del Espíritu Santo.

 

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dilluns, 17 de març del 2014


Salmo 51:17


“Los sacrificios agradables a Dios son el espíritu quebrantado, al corazón contrito y humillado, oh Dios, tú no lo desprecias”

Lo fácil es la práctica religiosa ceremonial. El ritual cuanto más lujoso más agrada a los religiosos del estilo de los fariseos. La hipocresía es lo más fácil de practicar. Ponerse en pié en un lugar público y con palabras rimbombantes exaltar las excelencias de las virtudes de que se carece, es muy fácil. Los fariseos eran expertos en el arte de la hipocresía religiosa. Jesús tuvo que reprenderlos públicamente. Hoy haría lo mismo con los cristianos hipócritas que se golpean el pecho públicamente y a la vez contribuyen a perpetrar grandes injusticias.

Lo difícil es encerrare en la habitación y lejos de ojos escrutadores de otras personas , a solas ante Dios abrirle la puerta del corazón para que Él pueda penetrar en su interior para que la luz divina ilumine los lugares más recónditos del alma poniendo al descubierto la miseria que alberga.

Para muchos “el espíritu quebrantado y un corazón contrito y humillado” es un ataque a la libertad del hombre. Es una imposición de la Religión para esclavizar a los hombres. Quienes así opinan, lo hacen porque de hecho no quieren reconocer su miserable condición. Dicho comportamiento es parecido al de Adán y Eva que pretendieron inútilmente amagar su desnudez cubriéndola con un delantal fabricado con hojas de higuera Pero la mirada escrutadora de Dios atravesó las hojas de higuera y vio el pecado de desobediencia que inútilmente intentaron ocultar. El pecador no regenerado por la sangre de Cristo por naturaleza es rebelde a Dios y no quiere que su pecado sea reconocido

Es cierto que la Religión en demasiadas ocasiones ha sido responsable de persecuciones, genocidios…, todo ello en nombre de Dios. Esta religión no es de origen divino. Es una adulteración de la verdadera Religión que Satanás con sus astutas artimañas engaña a la gente. Las religiones que bien se pueden considerar satánicas tienen la finalidad de engañar a las personas con el propósito de que tengan un concepto equivocado de Dios  y que lo consideren un déspota sin corazón y que lo único que perdigue es hacer sufrir a las personas. Éstas no quieren a un Dios de esta calaña.

Que Dios castiga a los pecadores por su fechorías, sí. Que al final del tiempo en el juicio final condenará eternamente, cierto. Que muchos al morir ya empiezan a gustar los horrores infernales, verdad. No debe olvidarse que en tanto la muerte no lleve al difunto a presentarse ante Dios para dar cuenta de sus obras, está abierto un período de gracia durante el cual existe la posibilidad del reconocimiento de pecado y pedir perdón al Señor. A partir de este instante un espíritu quebrantado  y un corazón contrito y humillado substituye al corazón altanero que tiene a Dios por enemigo. Llegado este momento se experimenta la máxima expresión del amor de Dios que dio a su Hijo a morir en el Gólgota por los pecadores entre los cuales también se encuentra el lector que todavía desconoce lo que es el amor de Dios .


1 SAMUEL 16:7


“Y el Señor respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho, porque el Señor no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón”

El entrenador de baloncesto John Wooden solía decir a sus jugadores: “Vuestra reputación es lo que los otros ven en vosotros, vuestro carácter es lo que realmente sois. Podéis engañar a los otros, pero no os podéis engañar a vosotros mismos”. Cuando Juan escribe  a la iglesia de Sardis por indicación del Señor :“escribe al ángel (pastor)de la iglesia en Sardis: el que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas (pastores) dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre que vives, y estás muerto” /Apocalipsis 3:1).

Un toque de atención a los pastores y dirigentes religiosos: la vitalidad de las iglesias depende en gran medida de la sabia elección de los pastores y otros dirigentes que no debe hacerse en base a la reputación sino del carácter verdaderamente cristiano de los candidatos. A mi entender la filosofía política del mundo se ha introducido en las iglesias convirtiendo el gobierno teocrático que enseña la Biblia por otro de democrático. Tal conversión es el origen de las crisis permanentes que se dan en muchas iglesias porque edifican sobre la arena, convirtiéndose en instituciones con buena reputación pero carentes del carácter verdaderamente cristiano que deben poseer. Tales iglesias deben pedir perdón al Señor por su democratización y volver a sentar en el trono a Jesús al que se le ha despojado de su autoridad suprema.

El apóstol Pablo, brevemente pero con total claridad expone cual es la base de sobre la que se debe asentar el gobierno de las iglesias: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”  (Efesios 2:20-22). Podríamos describir a la iglesia local como un edificio espiritual que se construye sobre la Roca de los siglos que es Jesucristo. Sobre esta base a prueba a terremotos se sobreponen las piedras proféticas y apostólicas que son las enseñanzas que se encuentran en la Biblia. Sobre la Piedra angular y las piedras proféticas y apostólicas se van colocando las piedras vivas que somos los creyentes que se van uniendo a la iglesia del Señor a lo largo de los siglos que alzan el edificio espiritual en el que mora Dios en el Espíritu. La iglesia local a la que pertenezco, ¿posee esta característica). Recordemos: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre que vives, y estás muerto”

 

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