dimarts, 17 de setembre del 2013


2 CORINTIOS 4:16


“Por tanto no desmayamos, antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día”

El contexto del versículo que comentamos tiene que ver con la tribulación que el cristiano tiene que padecer a causa de su fe: “Que estamos atribulados en todo mas no angustiados, en apuros, mas no desesperados, perseguidos, mas no desamparados, derribados, pero no destruidos, llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos” (vv. 8-10).Por la fe en el Jesús muerto y resucitado estamos vinculados en su muerte y en su gloria. Textos parecidos a este echa por los suelos el “evangelio de la prosperidad” que enseña que los cristianos no tienen porque sufrir penalidades si poseen fe. Que los contratiempos se deben a la falta de fe. Esta enseñanza es fatal para la paz y la esperanza del cristiano porque cuando se presenta la enfermedad, el contratiempo, el sinsabor, crea en el cristiano que sufre un choque traumático porque le hace pensar que no posee fe y que por lo tanto está condenado.

“Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal” (v.11). El sufrimiento de una forma u otra es inevitable. Reconocerlo nos lleva a entender que el cristiano es un vaso de barro, frágil, que contiene la excelencia del poder de Dios lo cual hace posible que en la aflicción levante los ojos hacia el Señor Jesús que está sentado en la diestra del Padre para implorar su ayuda. Para el verdadero cristiano el sufrimiento, sea por causa de Cristo o por el mero hecho de ser un mortal pecador, no le produce desazón. Sabe que es así y en el dolor se fortalece porque se refugia bajo las alas del Todopoderoso.

“Por tanto no desmayamos, antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día”. La pregunta que debemos hacernos es: ¿Me renuevo de día en día? ¿Me fortalezco en el hombre interior?  ¿Se dan signos de lucha espiritual debido al pecado que transportamos o existe somnolencia espiritual que nos ha convertido en pasotas?  Debe ser un motivo de profunda reflexión si junto con el inevitable desgaste del hombre exterior, el corporal, el hombre interior no se renueva de día en día fortaleciéndose en el Señor.


PROVERBIOS 30:8


“No me des pobreza ni riquezas, mantenme del pan necesario”


La filosofía de Agur que resume el texto objeto de nuestra  meditación no es tenida en cuenta por muchos. La gente quiere ser rica a toda costa y al mínimo esfuerzo. De ahí que proliferen la diversidad de loterías que se venden bajo el reclamo de que con lo poco que vale un décimo puedes hacerte millonario. Las loterías gubernamentales se venden disfrazadas de humanismo cuando aseguran que todos los beneficios se destinan a servicios sociales. No es humanismo lo que impulsa a comprar el boleto, sino el afán de ser rico a cambio de unos pocos euros.

Agur no le pide a Dios que si lo hace rico le dará en ofrenda el 10% de lo ganado. No. Sólo le pide que le dé lo suficiente para llegar a final de mes.

Al texto que comentamos le precede “vanidad y palabra mentirosa aparta de mí”. Sin vanidad desaparece de poseer dinero ilegítimamente y sin palabra mentirosa no se engaña a la gente presumiendo de un estatus social que no se posee. La integridad es la clave para vivir sin la ansiedad agobiante que marchita el bienestar del alma. Si uno se conforma con lo que el Señor dadivosamente le ha dado no tiene porque esconder lo que tiene. El engaño esclaviza. La honestidad libera.

“No me des pobreza ni riquezas, mantenme del pan necesario”, le pide Agur a Dios. El contentamiento nace de confiar en Dios como proveedor de todo lo que necesita y aceptando con gratitud lo que la dadivosa mano de Dios provee. El egoísmo destruye  porque nunca da lo que se espera de él. Deja al alma insatisfecha y con el deseo de poseer más con el propósito de apagar el fuego que el egoísmo enciende  en el corazón. Sin contentamiento la vida no es vida y no vale la pena vivirla. Al egoísmo incendiario no lo apaga ni un mar de agua.

Vayamos al Padrenuestro la oración modelo que Jesús enseñó a sus oyentes estando sentado en el monte: ”Padre nuestro que estás en los cielos…el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”  (Mateo 6:9,11). Jesús enseña con mucha claridad que lo que el hombre necesita es depender de Dios. Creer en Él es la base del contentamiento liberador. Como hay muy poca fe en el Padre de nuestro Señor Jesucristo no abunda el contentamiento y como no existe hay  muy poca paz en el corazón. La ansiedad insoportable puede vencerse. La fe en Jesús es la medicina. La pregunta es: ¿Quiere el hombre tomarla?

 

 
 

 

SANTIDAD TERRITORIAL

 
 <b>Siqui Sánchez/b>, fotógrafo de váteres me ha aportado una idea que ha desplazado mi pensamiento de un lugar tan poco atractivo, a pesar de los adornos con que puede ser embellecido, hasta llevarlo a un aspecto práctico de la vida social.. "Retratar un váter" dice el fotógrafo de váteres, "es una manera elocuente de captar el espíritu de un lugar. Me habla del grado de civilización del lugar". <b>Sánchez> asegura:"Los que viajamos, cuando volvemos siempre hablamos de donde hemos comido: nadie no habla de los lugares en donde ha defecado. ¿qué? “Pienso que se debe a que no nos gusta la suciedad. Nos desagradan los espacios sucios. A pesar de este rechazo instintivo lo cierto es que la suciedad que daña a la vista prolifera por doquier. Las calles, los parques, la montaña...:llenos de papeles, plásticos, envases y otros restos mas voluminosos: "captan el espíritu del lugar", mejor dicho: el espíritu de las personas que han dejado rastro de su presencia incivilizada extendiendo la porquería.

 El filósofo de váteres dice. "Nadie habla de los lugares en donde ha defecado". El nadie no es absoluto. Hay Alguien que si se interesa por los váteres en donde defecamos. Leamos un texto bíblico que aporta luz al tema de la suciedad que afecta no solamente los váteres de algunos establecimientos públicos: "Tendrás un lugar fuera del campamento adonde salgas, tendrás también entre tus armas una estaca, y cuando estés allí fuera, cavarás con ella, y luego al volverte cubrirás tu excremento, porque el Señor tu Dios anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti, por tanto, tu campamento ha de ser santo, para que Él no vea cosa inmunda , y se retire de ti" (Deuteronomio 23:12-14).

Las ordenanzas municipales regulan el comportamiento de los ciudadanos en los lugares públicos. Nos dicen que no debemos ensuciar con pintadas las fachadas de los edificios. Que no se debe orinar en la calle. Se instalan papeleras en donde tirar peleles, cajetillas de tabaco, botellas de plástico, etc. Se sitúa este tipo de mobiliario urbano en distintos lugares de las ciudades. Así y todo se tiran papeles, cajetillas, botellas ...en el suelo y, con demasiada frecuencia a pocos metros de una papelera. Las heces perrunas ensucian aceras y zonas ajardinadas a pesar de los carteles que anuncian que es un espacio prohibido para los perros. Solares no edificados se convierten en vertederos que además de afear la zona se convierten en viveros de ratas. Das una vuelta por la montaña y en los lugares mas inverosímiles aparecen restos de suciedad que acreditan que el <i>homo sapiens</i> ha pasado por el lugar dejando muestras de su civilidad y sapiencia. Los carteles que indican las cosas que no deben hacerse se mueren de asco porque nadie les presta atención.

Volvamos al texto trascrito de Deuteronomio para descubrir la razón que nos impulsa a ensuciar sin sentido. Antes que nada hemos de saber distinguir entre una sociedad nómada como lo era la israelita del tiempo de Moisés y la actual sedentaria y dotada de muchas comodidades, incluso el váter. Por lo tanto no tenemos que llevar una estaca en la mochila para hacer un agujero al pie de un arbol urbano para defecar. Así y todo el texto contiene un principio que sirve para mantener limpio el entorno en el que nos movemos, válido para todas las épocas: "tu campamento ha de ser santo, para que él no vea en ti cosa inmunda, y se retire de ti". Se puede intentar mantener limpio el entorno por motivo higiénicos. Todos los avances obtenidos canalizando las aguas fecales para conducirlas a las depuradoras han sido promovidos por razones higiénicas a fin de evitar la difusión de enfermedades contagiosas. Por un lado se progresa en limpieza, por el otro, se nota cierta regresión al pasado. Mantener limpia la ciudad en que vivimos cuesta millones de euros anuales. No es suficiente el servicio de limpieza municipal para mantener limpia la ciudad. Según el texto de Deuteronomio el lugar en el que reside el hombre debe ser un espacio santo, es decir, dedicado a Dios. La limpieza es el aspecto externo de la santidad, de la limpieza del alma. La sangre de Cristo que borra el pecado santifica al alma. El brillo interior es la causa de la limpieza externa que aparece de manera espontanea. Dios con su perdón es el secreto para conservar limpios los espacios públicos. Desde un punto de vista económico Dios es la clave para disminuir los gastos de los servicios de limpieza municipales. Con Él se contribuye a reducir los gastos de limpieza públicos y por lo tanto a reducir el déficit público.

Una carta al director finalizaba así: "Pero vivimos en un mundo de sueños teológicos y anacrónicos, mira por dónde". El autor de esta carta es una molécula de la gran masa de personas que consideran que Dios es un invento humano para mantener sumisas a las multitudes. Desgraciadamente se usa su Nombre para este fin. Pero no, el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo es santo y desea el bien de las personas que consideran santo los espacios que pisan sus pies.

Octavi Perefia i Cortina

dilluns, 9 de setembre del 2013


LUCAS 11:27


“Mientras Él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste”

La religiosidad sensiblera es muy fácil de practicar. La religiosidad de peregrinaciones a lugares santos que no exige nada a los devotos que satisfacen su sensualidad con las tradiciones, la practican las multitudes que transitan por el camino ancho que conduce a la perdición.

Nos encontramos “en Jerusalén en la fiesta de la Pascua”. La Pascua atraía multitudes. El texto nos dice: “Muchos creyeron en su Nombre viendo las señales que hacía”. Hoy catalogaríamos este fervor manifestado por los judíos como un avivamiento y las autoridades religiosas se apresurarían a catalogarlo como un despertar de la fe. Pero, ¿cuál era el concepto que Jesús tenía de la explosión de fe que se producía a su alrededor? “Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues Él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2:23,25).

Cambiamos de escenario y encontramos a Jesús que alimenta a una gran multitud con cinco panes de cebada y dos pececillos. Cuando estuvieron todos saciados, dijeron: “Éste es verdaderamente el profeta que había de venir al mundo”. ¿Cómo reacciona Jesús ante tal explosión de fe? “Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderase de Él y hacerlo rey, volvió a retirarse al monte solo” (Juan6:15). Jesús no acepta la religiosidad de pandereta.

La fe efervescente de las multitudes en un santiamén se desvanece y fácilmente es manipulada por las autoridades religiosas. Bien seguro que la mujer que vociferó “bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste” se debía encontrar entre la multitud que ante Pilato gritaba: “Crucifícale, crucifícale, crucifícale”. Pilato sorprendido les pregunta: “¿A vuestro Rey he de crucificar?” Los principales sacerdotes respondieron: “No tenemos más rey que Cesar”

¿Quién es nuestro Señor : el vientre o Jesús?


2 CRÓNICAS 9:7


“Bienaventurados tus hombres, y dichosos estos siervos que están siempre delante de ti, y oyen tu sabiduría”

La reina de Sabá oyó la fama de la sabiduría de Salomón. Le habían llegado a sus oídos hechos que la descubrían y no quería quedarse con sólo querer saber del rey sabio de oídas. Quiso conocerlo personalmente. Emprende el largo, dificultoso y peligroso viaje. Al llegar a Jerusalén se queda sorprendida de la sabiduría de Salomón y de la casa que había edificado.

El Antiguo Testamento fue escrito también para nuestra edificación, para que las personas que vivimos en el siglo XXI podamos sacar enseñanzas de acontecimientos acaecidos hace más de tres mil años.

Los judíos del tiempo de Jesús tuvieron el privilegio de escuchar las palabras que brotaban de los labios del Señor que destilaban más autoridad que la de los fariseos y saduceos.. Aquellas personas también tuvieron el honor de poder contemplar con sus propios ojos los milagros que hacía Jesús, que le acreditaban como Hijo de Dios. A pesar de ello lo rechazaron y lo condenaron a morir en la cruz.

Si aquellas personas fueron unos privilegiados al poder contemplar a Jesús viéndole  con sus propios ojos obrar milagros y con sus oídos oír las palabras de vida que fluían de sus labios, nosotros ciudadanos del siglo XXI somos todavía más privilegiados que ellos porque sabemos que aquel Jesús que murió en la cruz resucitó y está sentado a la diestra del Padre intercediendo por nosotros.

Después de la resurrección Jesús se presentó en el aposento en el que estaban reunidos los discípulos. Faltaba Tomás, que no creyó el testimonio que le dieron sus compañeros de que habían visto al Señor. Ocho días después se les vuelve a presentar Jesús estando en esta ocasión presente Tomás. Dirigiéndose al incrédulo discípulo  le dijo que pusiese su mano en la herida que tenía en su costado. Tomás exclama: “¡Señor mío, y Dios mío!”. Las palabras que le dijo Jesús deberían resonar en nuestros oídos: “Porque me has visto, Tomás, creíste, bienaventurados los que no vieron y creyeron” (Juan 20:24-29).

Volviendo a Jesús y a la reina de Sabá oigamos lo que el Señor dijo a aquella generación de incrédulos: “La reina del Sur se levantará en el juicio con los hombre de esta generación, y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar” (Lucas 11:31).

El hecho de que Jesús hable de condenación a aquellas personas que no creyeron en Él debería hacernos reflexionar respecto a nuestra incredulidad con respecto a Él que es más grande que la reina de Sabá. Nuestra responsabilidad es mayor porque Jesús ha resucitado y el Espíritu Santo nos recuerda sus palabras

 

dimarts, 3 de setembre del 2013


ESPAÑA DEMOCRÁTICA


<b>La corrupción política ha llegado a tales niveles que con urgencia se precisa hacer algo para evitar que el hedor que desprende no nos asfixie a todos</b>

Un mensaje distribuido por correo electrónico anuncia una iniciativa ciudadana para tratar la Ley de Reforma del Congreso de 2012 (enmienda de la Constitución de España), con el fin de enmendar injusticias, abusos y desarreglos parlamentarios y senadores.

Supongamos que se recogen las 500.000 firmas para presentar la Reforma del Congreso y que se pone en marcha su reforma, ¿conseguirá realmente democratizarlo? ¿Son los mismos políticos que han generado el caos actual y que han perdido la confianza de los ciudadanos quienes deben iniciar el proceso de la reforma de la Constitución? Si se consigue reformar la Constitución, algo imprescindible por obsoleta, y se establecen las bases legales para perseguir la corrupción política, ¿será suficiente para mantenerla a niveles satisfactorios para preservar la democracia de desviarse hacia senderos dictatoriales?

Jordi Ponce Solé con mucho acierto escribe: “Perseguir penalmente la corrupción no conseguirá mantenerla en niveles aceptables para un estado democrático de derecho, como el que queremos para España. Siendo mejor prevenir que curar, la prevención de la corrupción se convierte en una asignatura pendiente e imprescindible”.

El periodista Lluis Amiguet entrevista a Dieter Nohlen, que en su día asesoró a los redactores de nuestra Constitución, diciéndole: - Hoy acusamos a nuestro sistema electoral de favorecer <i>elites extractivas</i> que controlan los partidos, elaboran sus listas y exprimen después nuestros presupuestos. La respuesta que Nohlen da está atiborrada de sentido común: “¡Ojalá cambiando simplemente la ley electoral pudiese impedir el abuso de estas <i>elites extractivas</i>. Pero un país no se puede regenerar reformando solamente  el sistema electoral. Pensar que puedes poner fin a la corrupción y a los defectos de un país únicamente con la reforma de la ley electoral es como creerse que se puede enderezar el rumbo equivocado de una transatlántico añadiéndole un pequeño motor fueraborda”. El entrevistador le espeta a Nohlen: - Purgamos tres burbujas en una: inmobiliaria, de infraestructuras y de cajas. En todas contribuyeron los partidos. La respuesta que da es muy esclarecedora. “Estas burbujas son consecuencias de deficiencias en su cultura democrática y no solamente de su sistema electoral. Se dan países honrados y eficientes y otros disfuncionales y corruptos que tienen el mismo sistema electoral. La diferencia recae en la cultura”. Sin perder de vista la conveniencia de modificar las leyes que favorecen la corrupción nos atendremos a la cultura democrática. Antonio Nello pone fin a su escrito  <i>La amenaza a la democracia</i> con estas palabras: “Juntamente con la lucha contra  la corrupción, indispensable, es necesaria la construcción de una cultura de la ciudadanía, cultura de la honestidad personal, del sentimiento de pertenencia responsable a una convivencia, de la grandeza de la calidad de ciudadano que ha de exigir, pero también ganarse, cada persona”. “Siendo mejor prevenir que curar, la prevención de la corrupción se convierte en una asignatura pendiente e imprescindible”, nos recuerda Jordi Ponce Solé. Es por ello que la democracia no se implanta por decreto ley. Ha fracasado estrepitosamente el intento de convertir a las dictaduras islámicas en democracias que respetan los derechos de sus ciudadanos. España en concreto ha fracasado en sus propósitos de democratizarse porque no basta con querer imitar constituciones más o menos modélicas que rigen en las democracias consolidadas.  Es preciso que todos los españoles sean verdaderos demócratas.

Josep Cuní mira hacia la <i>ética protestante</i> como modelo a seguir para regenerar a la política. Albert Montagut dice: “El proceso del cambio que necesitamos está en la regeneración del sistema mismo y son los políticos quienes deben cambiar su concepto de la función pública y convertir en dogma esta palabra mágica inglesa, que no existe en castellano, catalán o francés, que es <i>accountability</i>: la responsabilidad de la acción pública, el respeto al sistema y el compromiso ante los ciudadanos”. Ambos, Josep Cuní y Albert Montagut se fijan en el modelo político protestante. Alcanzar una España democrática no se consigue intentando copiar un modelo defectuoso sin el soporte que tenían quienes lo crearon. Detrás de la <i>ética protestante</i> luterana y de la <i>accountability</i> británica se escondía la supeditación política a la autoridad absoluta e indiscutible de Dios manifestada en la revelación escrita que se encuentra en la Biblia. La Reforma protestante rompió con el modelo político católico que estaba supeditado a la autoridad  de la Iglesia y del Papa que con indulgencias y otras estratagemas se conseguía eludir la responsabilidad, substituyéndolo por la autoridad suprema de Dios que exige comportamiento ético y responsabilidad ante Dios y los hombres, sin paliativos. No será de más recordar que nuestro déficit democrático remonta al siglo XVI y posteriores en que la Iglesia en connivencia con el Estado persiguieron con saña a los cristianos reformados hasta extirparlos del suelo hispano. El odio a la nueva espiritualidad que se extendía por toda Europa aquí fue seguido por la quema implacable de la Biblia que es la Palabra de Dios. No se podía permitir que los hombres pensasen.  Nuestro déficit democrático tiene su causa.

PROVERBIS 17:15


“El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominables al Señor”

Vivimos en una sociedad manchada por el pecado y por ello con un corazón engañoso que nos hace ver las cosas distorsionadas de tal manera que nos hace decir que lo bueno es malo y lo malo bueno. Ello nos lleva a un estado de plena confusión porque no podemos tomar decisiones acertadas. A nuestra sociedad le falta una brújula que le indique el camino a seguir.

Un ejemplo del desconcierto general es el proyecto de ley que prepara el gobierno de mariano Rajoy de suavizar los requisitos de honorabilidad, experiencia y buen gobierno de la banca que junto con los indultos que concede el gobierno que limpian los expedientes de los delincuentes de cuello blanco, puedan, personas imputadas en delitos seguir controlando a las entidades bancarias a las que han defraudado. Junto a este despropósito se encuentran las penurias por las que pasan aquellas personas a las que se les ha robado legítimamente (¿) sus ahorros por haber suscrito contratos basura.

El gobierno, con sus cambios legislativos que propone hacer “justifica al impío”, que no se caracteriza por ser un borracho empedernido, desaseado en su aspecto. Todo lo contrario: bebe moderadamente en las reuniones sociales, la sonrisa a flor de labios no le falta nunca, viste prendas de marca, educación esmerada, su aspecto despierta confianza, pero si se analiza su vida se descubre que en el fondo es un sinvergüenza. Quien justifica al impío y condena al justo, es una abominación al Señor.

Una sociedad para funcionar suavemente, sin chirridos que dificultan su andadura, necesita leyes justa que castiguen al delincuente sea de la clase social que sea y que protejan al débil de la opresión de los poderosos. No basta con leyes buenas que causen la admiración en otros países si van acompañadas de políticos, jueces y ciudadanos impíos para hacer florecer la justicia social. Hecha la ley hecha la trampa.

Las leyes justas deben ir acompañadas de ciudadanos justos que las obedezcan. Porque, ¿de que sirve que las leyes sean buenas sobre el papel pero que se incumplan a la hora de la verdad si quienes tienen que obedecerlas las odian? Los ciudadanos tienen que ser hombres y mujeres temerosos de Dios, que en lo profundo de sus corazones le amen y desean serle obedientes a su Ley. No es suficiente ser cristianos practicantes en lo externo, pero con corazones alejados de Dios y con labios lisonjeros que en lo profundo de sus almas le aborrecen. No. Un país no prospera cuando se justifica a los impíos y se condena a los pobres.


PROVERBIOS 14:28


 

“En la multitud del pueblo está la gloria del rey, y en la falta de pueblo la debilidad del príncipe”

En este texto Salomón nos está diciendo que los gobernantes sin sabiduría son calamidades públicas y que quienes la posean con su autoridad y poder hacen bien a los ciudadanos que dependen de su liderazgo. Salomón en este texto insta a los gobernantes a que gobiernen de tal manera que hagan felices a sus súbditos para que no tengan la tentación de abandonar su país para buscar más libertad y facilidad de empleo en otro. La emigración contribuye a empobrecer a la nación que se queda sin súbditos  creadores de prosperidad.

En la España de hoy se nota la falta de sabiduría de los gobernantes. Es cierto que estamos envueltos en una profunda crisis , pero no es menos cierto que esta crisis, en buena parte, la han fabricado nuestros gobernantes que amando la gloria personal y el deseo de salir en la foto y asegurarse el voto, se han lanzado a la construcción de obras faraónicas que no sirven para nada. Disponemos de aeropuertos sin aviones que aterricen y alcen el vuelo. Autopistas sin coches que circulen por ellas. Trenes de alta velocidad sin pasajeros y carentes de medidas de seguridad. A todo este despilfarro se le debe añadir la corrupción que alcanza límites insospechados que causan que las arcas públicas estén vacías y se tengan que hacer recortes en educación, sanidad, investigación, servicios sociales…La mala administración está pasando factura  con la emigración de jóvenes universitarios obligados por el desempleo. La pérdida del valor añadido que la educación a aportado en estos jóvenes empobrece el país. La necedad de los políticos arruina a la España que dicen amar tanto. La prosperidad debido al esfuerzo y sacrificios de muchos años, en unos pocos se ha esfumado por la avaricia de unos gobernantes ineptos y sin escrúpulos.

Digo ineptos porque la eficiencia no depende solamente de los títulos universitarios que cuelgan en los despachos de quienes tienen las riendas del poder. Son ineptos porque carecen de la sabiduría que produce el temor a Dios y, su ignorancia en lo que es esencial les conduce a tomar decisiones que son perniciosas para todos. Para ellos también. Salomón, autor de muchos de los proverbios que se encuentran registrados en Proverbios pidió sabiduría al Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, y la recibió. Si nuestros gobernantes pidiesen sabiduría al Dios de Salomón, también la recibirían. Enderezarían los caminos torcidos  que han llevado a la pobreza colectiva y los jóvenes ya no tendrían que marcharse para enriquecer a las naciones que los acojan.
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dimarts, 13 d’agost del 2013


PERDÓN SIN RESABIO


 

Anne Perry, novelista que ha vendido 25 millones de ejemplares de novela negra  tenía 13 años cuando con una amiga mató a la madre de su compañera golpeándole la cabeza 45 veces con un ladrillo. El crimen fue motivado porque las dos niñas querían estar siempre juntas y la víctima era un obstáculo. Permanecieron encarceladas durante 5 años.

Haciendo referencia a este hecho el periodista Víctor-M. Amela le pregunta a Anne Perry seudónimo de Juliet Hulme para borrar su pasado:            - ¿Cómo superó aquella experiencia? La respuesta que le dio Perry fue: “Reconocí el daño que había cometido. Me arrepentí, pagué el precio que tenía que pagar…¡Si crees en el perdón, acéptalo! Y sobrevivirás. Porque vivir con la culpa es como vivir lisiado, mutilado. Vivir con la culpa no ayuda a nadie, es poco inteligente”.

¿Puede el seudónimo Anne Perry borrar del todo el acto infantil que cometió siendo Juliet Hulme? Leyendo la entrevista, cuando el periodista le dice: - Usted se llamaba Juliet Hulme. La respuesta que le da la novelista: “Esto fue en una vida muy lejana…Hace medio siglo, es pasado, dejémoslo”. Parece ser que el tiempo no lo borra todo, que le queda en un rinconcito de su alma un mal recuerdo que los cinco años de cárcel no le han borrado del todo el sentimiento de culpa y de lo cual no quiere hablar. La reclusión le perdonó la responsabilidad ante la sociedad, pero el pecado que cometió matando a la madre de su amiga le sigue royendo el alma después de medio siglo.

Dejemos que Juliet Hulme quiera borrar su pecado con el seudónimo Anne Perry y adentrémonos en la Biblia para ver lo que nos dice del perdón de Dios. Cuando el rey David cometió adulterio  y quiso esconder su pecado haciendo matar al marido de la mujer ultrajada, no le sirvió de nada. Dios que ve las cosas más escondidas en las profundidades del alma le envió al profeta Natán para denunciarle el mal que había cometido. El rey se arrepintió de su pecado y Dios se lo perdonó. En el salmo 51 describe el perdón divino: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia, conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado” (vv.1,2). No se azota la espalda. No se pone un cilicio que le desgarre la carne. No hace peregrinaciones ni ayunos que le perjudiquen la salud. Se limita a dirigirse a Dios a quien había ofendido con su pecado y con sincero arrepentimiento le pide: “Límpiame completamente mi iniquidad”

El doble pecado David reconoce que en primer lugar lo había cometido contra Dios: “Contra ti, contra ti sólo he pecado, y he hecho lo malo ante tus ojos” (v.4). Dios por medio del profeta Jeremías dice: “Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún, delante de mi, dijo el Señor Dios” (2:22). David admite que no puede borrar su iniquidad con sus esfuerzos y se dirige al Dios a quien ha ofendido, diciendo. “Purifícame con hisopo, y seré más limpio, límpiame y seré más blanco que la nieve…Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades” (vv.7,9)

Al lector no familiarizado con la Biblia le diré que purificar con hisopo significa rociar con esta planta la sangre de los sacrificios con lo cual el pecador quedaba ritualmente  puro.  David no desea una purificación externa, ritual que no borra sus pecados. Quiere ser verdaderamente purificado. Por ello no pide que sea un sacerdote humano que le rocíe con sangre animal procedente del ritual que no borra su pecado. Desea que sea Jesucristo, el Sumo Sacerdote que le rocíe con la sangre derramada en el Gólgota que sí tiene poder de perdonar los pecados. Es por eso que por fe mira hacia la cruz en donde Jesús derramaría la sangre que verdaderamente quita el pecado: “La sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7)

En el salmo 32 David expresa lo que le pasaba cuando intentaba esconder su pecado y no buscaba el perdón de Dios: “Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano, se volvió mi verdor en sequedades de verano” (vv.3,4). Siendo consciente del perdón recibido, exclama: “Bienaventurado aquel cuya trasgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpe de su iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño” (vv.1,2).

En los salmos David expone sus experiencias espirituales y nos muestra que sus pecados son perdonados exclusivamente por la fe en Dios. No le es necesario hacer ninguna obra que le aporte méritos ante el Señor porque sabe que sus esfuerzos son estériles.  Por esto dice con gozo: “Bienaventurado el hombre a quien Dios no culpa de iniquidad”. El perdón de Dios no deja resabio.

Octavi Pereña i Cortina

dilluns, 12 d’agost del 2013


COLOSENSES 2:23


“Todas las cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y duro trato del cuerpo, pero no tienen validez alguna contra los apetitos de la carne”

Escribiendo el apóstol Pablo a los cristianos de Corinto expone el símil del atleta que corre en el estadio para ganar una corona de laurel corruptible se abstiene de todo lo que puede ser un estorbo para ganar un efímero galardón (1 Corintios 9:24-27). Aparentemente existe una contradicción con lo que dice a los colosenses. A los corintios les dice: “A todos me  he hecho de todo, para que de todos modos salve algunos. Y esto hago por causa del Evangelio, para hacerme copartícipe de él” (vv. 22,23). Pablo pone su cuerpo en servidumbre para la gloria de Dios y el bien de los hombres. No puede permitir que las tentaciones de la carne hagan que se frustre su ministerio y sea objeto de blasfemia el Nombre de Jesús.

Por lo que hace a los cristianos de Colosas “el duro trato del cuerpo” tiene otro sentido. Para mí el texto clave para entender lo que Pablo dice a los colosenses es: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo”  (v.8). Los conceptos filosóficos y religiosos del mundo ya no son para nosotros y no deben esclavizarnos. El mundo encuentra muy atractiva la práctica del yoga y de la meditación oriental. A veces pide que nosotros también practiquemos estas técnicas que dicen son tan buenas para la salud emocional y la unión con el absoluto impersonal quienes las practican. Para nosotros estos ejercicios respiratorios  deben considerarse “tradiciones de los hombres y huecas sutilezas”

Quienes hemos resucitado en Cristo debemos ”poner la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (3:1-3).

La libertad que el cristiano tiene en Cristo no justifica la esclavitud del pecado: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (v.5). No para conseguir el favor de Dios que se obtiene por la fe en el Nombre de Jesús, sino porque hemos resucitado en Cristo que debemos hacer morir lo terrenal que hay en nosotros. Haciéndolo así no cubriremos de ignominia el precioso Nombre de Jesús.


PROVERBIOS 5:21


“Porque los caminos del hombre están ante los ojos del Señor, y Él considera todas sus veredas”

El humo por más escondido que esté más pronto o más tarde sale a la superficie, a la vista de todos. El hombre en su necedad piensa que puede mantener en secreto sus impiedades porque Dios no las  trata en el acto. Enorme error porque más pronto o más tarde son descubiertas, recibiendo el trato que se merecen.

Últimamente van saliendo a la luz pública casos de corrupción que se han mantenido en secreto durante años. Casos de infidelidades conyugales se destapan, con los consiguientes problemas de pareja. Lo que parecía tan bien guardado se hace del dominio público. Dios castiga la impiedades humanas. Al permitir aflorar lo escondido la vergüenza hace sonrojar el rostro. Este primer paso de publicidad debería servir para que los pecadores se arrepintiesen de sus pecados y pidiesen  perdón a Dios. En su insensatez creen que el descubrimiento que se ha hecho de sus delitos es fruto del azar  o que no se ha sido lo suficiente inteligente para impedir que el secreto se hiciese público. Más no es el azar ni la falta de inteligencia lo que actúa, es el Señor que“considera todas sus veredas”

El pecador debería agradecer a Dios que su pecado se descubriese porque le brinda la oportunidad de ser tratado adecuadamente. El descubrimiento de la fechoría debería ser el principio de la regeneración espiritual ya que abre la puerta al arrepentimiento ante Dios y del perdón de los pecados por la fe en el Nombre de Jesús.

Un momento de bochorno y a la espera de que el paso del tiempo lo borre todo. Ya no quedan recuerdos de las fechorías. Pero Dios sigue considerando todas las veredas del hombre porque sus caminos están ante los ojos del Señor. Pero llegará un día en que el juicio de Dios será definitivo cuando sean abiertos los libros en que están registrados todas las obras y Dios pase cuenta de los delitos cometidos. Cuando los pecadores sean lanzados en el lago de fuego eterno  y se produzca  el lloro y el crujir de dientes se lamentarán indefinidamente. La causa: no haber aprovechado la oportunidad de arrepentirse y volverse a Dios  cuando su fechoría fue descubierta y puesta a la vista de todos. Cuando se cierra la puerta, que sucede en el momento del fallecimiento, ya no hay posibilidad de perdón y abandonar la condenación eterna.