diumenge, 1 de febrer del 2026

 

SALMO 105: 43-45

“Sacó a su pueblo con gozo, con júbilo a sus escogidos. Les dio las tierras de las naciones, y las labores de los pueblo heredaron, para que guardasen sus estatutos, cumpliesen sus leyes, ¡Aleluya!”

El texto que sirve de base a esta reflexión, si el lector es un verdadero cristiano guiado por el Espíritu Santo y que por la fe en Jesús se ha convertido en un hijo de Dios por adopción, el Señor será tu gozo, con júbilo de las terribles tinieblas espirituales que te envolvían te liberaste para convertirte en un miembro del cuerpo místico de Jesús. El Señor te sacó del reino de las tinieblas para introducirte en el reino de la luz, “para que guardases sus estatutos, cumpliesen sus leyes, ¡Aleluya!” Antes de que te convirtieses en un hijo de Dios por adopción por la por la fe en Jesús, vivías una vida mundana. Los deleites de los placeres de este mundo controlado por Satanás te atraían. Las delicias de la carne te seducían.

Por la gracia de Dios este tipo de vida se acabó. Los placeres terrenales se acabaron. Ahora tienes los ojos puestos en los bienes celestiales. Ahora, a pesar de que eres salvo por la fe en Jesús sigues siendo pecador. En tu interior existe una lucha entre el mal del pasado y el bien del presente. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó” (Romanos 8: 37). La lucha espiritual entre el bien y el mal durará todo el tiempo que vivas aquí en la tierra porque posees un cuerpo corruptible: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la Ley. Mas  gracias son dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15: 53- 57).

Antes no llegue el Día de la Victoria Final aceptemos la instrucción que el salmista  transmite respecto a la Palabra de Dios: “Toda la Palabra de Dios es limpia. Él es escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Salmo 30: 5, 6). La Palabra de Dios es la fuente de la que mana la fuerza que nos permite continuar la carrera que nos lleva a la meta donde recibiremos el premio de la VIDA ETERNA. Las penalidades del tiempo presente habrán dejado de existir eternamente.


 

JEREMIAS 2: 19

“Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te castigarán, sabe pues, y ve cuan malo y amargo es haber dejado  tu al Señor tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor Dios de los ejércitos”

Nos gusta eludir responsabilidades. Nos justificamos ante la maldad de la gente diciendo: “Esto yo no lo haré nunca”. ¿Qué dice la Biblia al respecto? “Os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala, y el que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4: 16, 17). Si supiésemos frenar nuestros labios habríamos avanzado mucho. En nuestra soberbia proclamamos a los cuatro vientos: “Esto yo no lo haré nunca”. Caemos de pie como los gatos. Acabada de proclamar nuestra bondad cometemos una maldad peor que la censurada. Las palabras de Santiago tendrían que despertarnos del sopor en que hemos caído: “Sabemos hace lo bueno pero no lo hacemos. Esto nos es pecado” (Santiago 4: 17).

¿Qué dice la Biblia respecto al pecado? “Como está escrito: No hay justo ni aún uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios, todos se desviaron, a una se hicieron inútiles, no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno, sepulcro abierto es su garganta, con su lengua engañan, veneno de áspides hay debajo de sus labios, su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran a derramar sangre, quebranto y amargura hay en sus caminos, y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Pero sabemos que lo que dice la Ley lo dice a los que están bajo la Ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo queda bajo el juicio de Dios, ya que por las obras de la Ley ningún ser humano será declarado justo delante de Él, porque por medio de la Ley es el conocimiento del pecado”  (Romanos 3: 10-20). Si el lector quiere ser sincero consigo mismo, en un punto u otro de la Ley de Dios hay un aguijón que te pincha acusándote: Eres culpable. Si crees que puedes guardar toda la Ley de Dios, te equivocas. Incluso los pecados veniales que menciona la Iglesia Católica son pecados que te condenan.

Presta atención a lo que escribe Santiago: “Porque cualquiera que guarde toda la Ley, pero ofende en un punto se hace culpable de todos” (2: 10). La Ley de Dios condena al lector a la muerte eterna. La misericordia del Señor como dice el apóstol Pablo te libera de ella: “¡Miserable de mí! ¿Quién me liberará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7: 24, 25).  

 

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