diumenge, 1 de febrer del 2026

 

POLIAMOR 

El divorcio puede ser comprensible pero nunca deja de ser una ruptura irreparable

“Si alguien tiene un matrimonio cómodo, ama a la persona con quien convive, creo que es un buen compañero para toda la vida, le ayuda a cuidar a los hijos, pero que solo tiene problemas en el dormitorio, no debería divorciarse. La solución es buscar alguien fuera del hogar para poder satisfacer el aspecto que está fallando. Unos apuestan, otros beben. Y los hay que quieren dormir con otras personas. Esto es todo” (Noel Biderman, creador de Aslay Medison, la aplicación de citas para personas que desean mantener relaciones discretas).

A un actor conocido por su protagonismo en películas románticas se le preguntó: “¿Qué hace que un hombre sea un gran amante?” La respuesta que dio fue: “Un gran amante es alguien que satisface a una mujer durante toda su vida. Un gran amante no es alguien que va de mujer a mujer. Cualquier perro puede hacerlo”.

Rolly Roden Winter es una madre y esposa que apuesta por el poliamor porque “en la mitad de los matrimonios se dan infidelidades y lo tenemos integrado. Me parece más saludable plantearse un matrimonio abierto. Me relaciono con hombres solteros o con matrimonios abiertos. Lo más importante para mí es la honestidad, y es posible. y para mí vivir con honestidad es el camino de la libertad”.

El matrimonio es cosa de dos, no de tres, o un número indeterminado de relaciones sexuales bajo el paraguas de la libertad y de la honradez. El poliamor, por más justificantes que se encuentren, digámoslo claro, es adulterio. Dios que es el Creador del matrimonio estableció las normas para que los esposos sean felices, Con claridad meridiana declara que los adúlteros no entrarán en el reino de los cielos: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, ni los fornicarios ni los adúlteros…heredarán el reino de Dios. Y esto eráis algunos, mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el Nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de  nuestro Dios” (1 Corintios 6: 9-11).

La Palabra de Dios va más allá d los hechos consumados, se adentra en las profundidades del alma y resplandece en la oscuridad existente.¿ Qué ve este visitante tan a menudo no bien recibido? Jesús que es el Portavoz del Padre, respecto a este tema dijo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5: 27, 28). Aquí sí que no tenemos escapatoria. ¿Quién no se ha masturbado? Quien lo ha hecho no lo ha hecho es un vacío estéril. Lo ha hecho pensando en una persona  concreta. ¿Tendrá que pasar la eternidad sufriendo la furia del averno? Según la Ley de Dios, sí. Quien la hace, la paga.

Jesús vino aquí en la Tierra, además de comunicar el mensaje de Dios lo hizo con el propósito de pagar la deuda impagable que los pecadores tenemos con Dios. El apóstol Juan nos transmite un mensaje de esperanza: “Y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado…Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 7, 9).

El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia de Tesalónica, dice: “Porque ya sabéis que instrucciones os dimos por el Señor Jesús, pues la voluntad de Dios es vuestra santificación, que os apartéis de fornicación, que cada uno de vosotros sepa tener su esposa en santidad y honor, no en pasión de concupiscencia, como los incrédulos que no conocen a Dios” (1 Tesalonicenses 4: 2-5).

El mismo apóstol escribiendo a los cristianos de Corintio, les dice: “En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le es al hombre no tocar mujer, pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido, ni tampoco el marido tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. Y no os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo   consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración, y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (1  Corintios 7: 1-5).

Una perla que la Biblia añade al collar de la santidad conyugal: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla, pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13: 4).

Corolario: el tema del poliamor se parece a una mancha de aceite que se extiende: “Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 16: 25).

Octavi Pereña Cortina 

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