2 TIMOTEO
3: 15
“Toda
la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para
corregir, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto,
enteramente preparado para toda buena obra”
“Por qué no leemos más la Biblia?
Quizás por pereza, por poco interés o porque nos parece un texto desfasado que
no tiene nada que ver con nuestra realidad. La Biblia es una carta de amor de
Dios a la humanidad. Cuando la leemos descubrimos personajes a través de los
cuales vivimos valores universales e intemporales como la paz, la fraternidad,
la justicia, la solidaridad y la belleza del amor”. Este texto forma parte del
escrito “¿Por qué no leemos más la Biblia?”, redactado por Joan Josep Omella,
cardenal arzobispo de Barcelona.
Las apariencias engañan. Joan Josep
Omella no es lo que aparenta ser en este escrito mencionado. Es un devoto de
María y de la intercesión de los santos. No se esconde ser un incondicional de
la doctrina de la Iglesia católica, lo
cual, por fuerza tiene que relegar a un segundo plano la autoridad de la Biblia
que por ser Palabra de Dios exige obediencia absoluta. La enseñanza de la
Biblia y la doctrina católico romana son antagónicas. Salomón escribe: “Toda la Palabra de Dios es limpia, el
escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te
reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30. 5, 6).
El profeta Isaías escribe: “Dice, pues, el Señor: Porque ese pueblo se
acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos
de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido
enseñado” (29: 13).
El arzobispo de Barcelona en el escrito
mencionado elogia la Biblia como si fuese cristiano evangélico pero se guarda
en el bolsillo: “Lámpara a mis pies es tu
palabra (la de Dios) y lumbrera a mi
camino” (Salmo 119: 105). El purpurado barcelonés hace mutis respecto al
Magisterio de la Iglesia Católica que es el que determina qué es Palabra de
Dios o no lo es. El lector tiene que interpretarla a la luz de lo que el Espíritu Santo le imparte. Pienso que el purpurado catalán tendría que prestar
atención a lo que dice el profeta Isaías: “Dice,
pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios
me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un
mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (29: 13).
Jesús tira de las orejas de los sabios y
entendidos cuando dice: “Gracias te doy,
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los
sabios y entendidos y las has
revelado a los niños” Mateo 11: 25). Los humildes de corazón guiados por el
Espíritu Santo son quienes disciernen el verdadero sentido de la Biblia.
ISAÍAS 58: 13, 14
“Si
evitas que tu pie profane el día de descanso, de hacer tu voluntad en mi día
santo, y lo llamas delicia, santo,
glorioso del Señor, y lo veneras, no andando en tus propios caminos, ni
buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás
en el Señor, y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a
comer la heredad de Jacob tu padre, porque la boca del Señor lo ha dicho”
Este texto es una referencia clara
de Éxodo 20: 8-11 en donde Moisés
escribe el Decálogo en donde establece que el sábado es el día para ser dedicado
a Dios. Para nosotros los cristianos, tal como enseña el libro de Hechos, el séptimo día se traslada al primer día de la semana en memoria de la
resurrección de Cristo. Las exigencias son las mismas. Los cristianos tienen
que separar el domingo como día para ser consagrado a Él. El texto de Isaías
que sirve de base de esta meditación es un toque de atención para nosotros los
cristianos que hemos convertido el día del Señor en un día de jolgorio y de
satisfacciones sensuales. Acordarnos de Él nada de nada. Satisfacer a la carne
es lo más importante. Deleitarnos en el Señor no consta en nuestro programa de
actividades para este día santo.
Las consecuencias de haber abandonado a
Dios quedan reflejadas en los acontecimientos mundiales que los medios informativos
se encargan de mantenlos bien vivos. Por otro lado, en la vida diaria, las
consecuencias de haber abandonado a Dios quedan reflejadas en el día a día con
el incremento de divorcios, conflictos familiares, aumento de trastornos
mentales debido a la ansiedad, el miedo, la incertidumbre.
Jesús nos da la solución a estos
conflictos, si no de manera colectiva sí
individual, cuando al final del conocido
Sermón de la Montaña, dice a sus oyentes: “Cualquiera
que me oye estas palabras y las hace, le comparare a un hombre prudente, que
edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron
vientos, y golpearon contra aquella casa, y no cayó, porque estaba construida
sobre la roca” (Mateo 7: 24, 25). Según la Biblia la Roca es Jesús. Las
inclemencias del tiempo no afectan emocionalmente a quienes creen en Él “porque bebían de la Roca espiritual que los
seguía, y la Roca era Cristo” (1 Corintios 10: 4).
Le preocupan al lector los
acontecimientos familiares, locales, nacionales, internacionales. Preste
atención a lo que le dice Jesús: “Venid a
mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad
mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y
hallaréis descanso para vuestra almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi
carga” (Mateo11: 28-30)
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