LUCAS 2: 6, 7
“Y aconteció que
estando ellos allí (Belén) se
cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz (María) a su hijo primogénito, y lo envolvió en
pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el
mesón”
Joan
Josep Omella, arzobispo de Barcelona en su escrito: “Hagamos un pesebre en
casa” enaltece a los pesebres domésticos que tradicionalmente se instalan en
domicilios particulares, costumbre para recodar el nacimiento de Jesús. Pienso
que el arzobispo barcelonés tendría que recordar el encargo que Jesús dio a sus
seguidores justo en el momento previo de ascender a los cielos que se conoce
como “la gran comisión”. Por ser el último mensaje que Jesús impartió significa
que es de gran importancia recordarlo: “Toda
potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced
discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del
Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he
mandado, he aquí estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.
Amén” (Mateo 28: 18-20). Por ser estas las últimas palabras que Jesús dijo
a sus seguidores es de suma importancia tenerlas en cuenta y recordarlas.
Jesús
no manda a los suyos a que instalen
belenes en sus casas para recordarle pues el simbolismo no es la manera
más eficaz para acordarse de Él. Lo primordial es que enseñen a guardar todas
las cosas que Él ha mandado. Los belenes son testigos mudos que no transmiten
las enseñanzas de Jesús.
No soy
yo. Es Jesús quien advierte al arzobispo de Barcelona que su proclama
pesebrista requiere una advertencia: “Nadie
pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero,
para que los que entran vean la luz. La lámpara del cuerpo es el ojo, cuando tu
ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz, pero cuando tu ojo es
maligno, también tu cuerpo está en tinieblas. Mira, pues, no suceda que la luz
que hay en ti sea tinieblas. Así que si todo tu cuerpo está lleno de luz, no
teniendo parte alguna de tinieblas será todo luminoso, como cuando una lámpara
te alumbra con su resplandor” (Lucas
11. 35, 36).
A todos
los que enseñan como doctrinas mandamientos de los hombres, Jesús les dice: “Me adoran en vano” (Mateo 15: 9)
HEBREOS 11: 27
“Por la fe (Moisés)
dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey, porque se sostuvo como viendo al
Invisible”
Recuerdo
que cuando festejaba con la joven que hoy es mi esposa, su madre y otras
vecinas se intercambiaban una imagen. Me imagino que sería de san Antonio por
su procedencia. De cristos abundan muchos porque son incontables los santuarios
que llevan su nombre. La idolatría es un pecado que provoca la ira de Dios por
ser satánico su origen. Dejemos a un lado
la idolatría y centrémonos en el texto que sirve de base a este comentario.
Moisés
siendo un recién nacido su madre lo colocó en una arquilla impermeabilizada con
asfalto y brea y lo puso en un carrizal a la orilla del rio. La hija del faraón
lo encontró y adoptó al niño como hijo suyo. Un día siendo Moisés adulto mató a
un egipcio que maltrataba a un hebreo. Abandonó Egipto y se refugió en la
tierra de Madian.
Un día
apacentando las ovejas de su suegro Jetro “se
le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego en medio de una zarza…y la
zarza no se consumía” (Éxodo 3: 2). Se acercó para ver cómo era posible que
la zarza ardiese y no se consumiese. Se acercó a la zarza que ardiendo no se
consumía. “Le llamó Dios de en medio de
la zarza y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y
Moisés respondió: Heme aquí” (v. 4). Este encuentro del Señor con Moisés es
al que se refiere el texto que sirve de base a este comentario. Dios encarga a
Moisés el duro trabajo de tener que sacar a los hebreos de la dura esclavitud a
que los egipcios los habían sometido. Durante los cuarenta años que duró la
peregrinación de Egipto hasta la Tierra Prometida, Moisés se mantuvo fiel sin
desfallecer “porque se sostuvo como
viendo al Invisible”
“¿No has sabido, no has oído que el Dios
eterno es el Señor, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni
se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. Él da
esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas a los que no tienen ninguna. Los
muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen, pero los que
esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas,
correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán” (Isaías 40: 28-31).
Hoy se
anuncian muchos productos vigorizantes porque los hombres padecen cansancio
crónico. Lo triste es que por la mañana se levantan de la cama cansados. En
muchos casos no son minerales ni vitaminas lo que necesitan para energizarse.
Es más que suficiente “fortalecerse en el
Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6: 10).
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