diumenge, 28 de desembre del 2025

 

VIOLENCIA DE GÉNERO

El fácil acceso de niños y adolescentes al porno, es causa que contribuye al incremento de la violencia contra la mujer

He aquí unas respuestas que Silvia Semenzin, doctora en sociología y que desde el año 2018 se dedica a investigar a grupos que se dedican a compartir fotos de esposas y otros que aconsejan cómo drogar a las mujeres. Dice: “Me infiltré (en uno de estos grupos) para entenderlos y lo que descubrí fue inquietante: para muchos hombres cosificar a las mujeres es como consumir porno, no se consideran malos, creen que es un juego entre amigos que se sienten muy machos”…”Es necesario un cambio cultural. Enseñar desde pequeños qué es el consentimiento, qué es la libertad sexual, qué significa feminismo. I regular la tecnología que va más rápida que la ley”…”No existe la manera de borrar completamente las imágenes después que se difunden. El mal es continuo, masivo y colectivo. Es una violencia que no se detiene. .…”la misoginia se ha radicalizado. Si antes era una “broma”, ahora es una manera explícita de control: desnudar a las mujeres para humillarlas, silenciarlas, vengarse si se lo permiten o si son mujeres con voz pública”. Para combatir esta epidemia no basta con enseñar a los niños a que respeten a las mujeres, ni en tomar medidas judiciales y policiales más estrictas. Es un problema profundamente enraizado en el corazón: se llama PECADO.

Una de las causas de la expansión de la violencia machista es la pornografía. He aquí algunas declaraciones al respecto: “La pornografía afecta por un igual: a quienes la utilizan y a las víctimas. Alimenta deseos lujuriosos que nunca se pueden satisfacer” (Albert Leel). “No veía a las víctimas como personas, para mí solamente eran objetos sexuales” (Ozhosa Ovienriola). “La pornografía, sea violenta o no, es la causa más grave de la presencia de la violación en la sociedad moderna. A pesar de que se dan muchas teorías sobre las causas del crimen de la violación, investigaciones empíricas y sociales, la evidencia es contundente en afirmar que la pornografía es el factor principal que lo causa” (Hanga Handreas Tzortis). “Como caballos bien alimentados, cada cual relincha tras la mujer de su prójimo. ¿No había de castigar esto?, dijo el Señor” (Jeremías 5: 8, 9).

Hemos visto las nefastas consecuencias de la pandemia de lo deseos sexuales incontrolados. Ahora examinaremos la causa que los producen. Dios creó a Adán, pero para él “no se encontró ayuda idónea” (Génesis 2: 20). Dios extrajo de Adán una costilla y con esta materia primera hizo de ella a Eva para que la especie humana pudiese multiplicarse. Gracias a la aparición en el escenario del jardín de un personaje no invitado: Satanás, “padre de mentira y homicida des del principio” (Juan 8: 44), engatusó a Eva para que comiese el fruto del árbol prohibido. Una vez injerido, Eva, con zalamerías hizo que su marido también comiese. Con ello el pecado entró en el mundo. El sexo que era necesaria para la multiplicación de la especie humana  convirtió a los hombres “en caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su prójimo. ¿No había de castigar esto?, dijo el Señor. De una nación como esta, ¿no se había de vengar mi alma?” (Jeremías 5: 8, 9).

Pasan los siglos y el pueblo de Dios deja de ser exclusivo de los judíos para dar paso a los gentiles. El tema del sexo debido a la importancia que tiene no se le puede excluir del temario de la iglesia. Analicemos lo que dice. El tema del matrimonio es tan profundo que a pesar de que la Biblia lo trata, todavía nos encontramos en pañales por lo que hace su plena comprensión. Con lo poco que lo comprendemos tenemos suficiente para corregir, si es necesario, nuestro comportamiento.

El texto de referencia comienza así: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Efesios 5: 21). Un tema de primerísima importancia si es que se desea llegar a un final feliz es que Cristo es la piedra del ángulo del edificio conyugal. El texto mencionado se refiere a ambos esposos. Los dos tienen la obligación de someterse al temor de Dios. La reverencia a Cristo tiene que ser el principal objetivo.

El apóstol Pablo dirigiéndose a las esposas, escribe: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo y su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas estén sujetas a sus maridos en todo” (vv. 22, 24). Si el lector es mujer no se escandalice. Sea paciente. Todavía no he terminado. El sometimiento de la esposa a su marido tiene como modelo el sometimiento de la iglesia a Cristo. Es voluntario. No impuesto. Si el lector es mujer no se contriste, el “The End” de la historia todavía no ha salido. Continúe leyendo con tranquilidad.

“Maridos amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó asimismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tiene mancha ni  arruga ni cosa semejante,  sino que fuese santa y sin mancha. Así mismo los maridos deben amar a sus mujeres como a sí mismos. El que ama a su mujer a sí mismo se ama. Porque nadie  aborreció jamás  a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia. Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” (vv. 25-31). ¿Puede alguien llegar a entender la profundidad de la comparación que el apóstol Pablo hace del marido como cabeza de la esposa y de Cristo como cabeza de la iglesia? Entenderlo, no. Creerlo, sí. La relación conyugal mejorará con ello, si ambos esposos lo creen por fe. ¡Cuánta razón tiene el apóstol Pablo cuando cierra el tema del matrimonio con estas palabras:  “Grande es este misterio: Mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás cada uno de vosotros ame también a su mujer como a él mismo, y la mujer respete a su marido” (vv. 32, 33). El marido que ama a su esposa con un amor parecido al que Cristo siente por la iglesia, jamás hará fotos íntimas de su esposa cosificándola como objeto sexual.

Octavi Pereña Cortina

 

VIOLENCIA DE GÉNERO

El fácil acceso de niños y adolescentes al porno, es causa que contribuye al incremento de la violencia contra la mujer

He aquí unas respuestas que Silvia Semenzin, doctora en sociología y que desde el año 2018 se dedica a investigar a grupos que se dedican a compartir fotos de esposas y otros que aconsejan cómo drogar a las mujeres. Dice: “Me infiltré (en uno de estos grupos) para entenderlos y lo que descubrí fue inquietante: para muchos hombres cosificar a las mujeres es como consumir porno, no se consideran malos, creen que es un juego entre amigos que se sienten muy machos”…”Es necesario un cambio cultural. Enseñar desde pequeños qué es el consentimiento, qué es la libertad sexual, qué significa feminismo. I regular la tecnología que va más rápida que la ley”…”No existe la manera de borrar completamente las imágenes después que se difunden. El mal es continuo, masivo y colectivo. Es una violencia que no se detiene. .…”la misoginia se ha radicalizado. Si antes era una “broma”, ahora es una manera explícita de control: desnudar a las mujeres para humillarlas, silenciarlas, vengarse si se lo permiten o si son mujeres con voz pública”. Para combatir esta epidemia no basta con enseñar a los niños a que respeten a las mujeres, ni en tomar medidas judiciales y policiales más estrictas. Es un problema profundamente enraizado en el corazón: se llama PECADO.

Una de las causas de la expansión de la violencia machista es la pornografía. He aquí algunas declaraciones al respecto: “La pornografía afecta por un igual: a quienes la utilizan y a las víctimas. Alimenta deseos lujuriosos que nunca se pueden satisfacer” (Albert Leel). “No veía a las víctimas como personas, para mí solamente eran objetos sexuales” (Ozhosa Ovienriola). “La pornografía, sea violenta o no, es la causa más grave de la presencia de la violación en la sociedad moderna. A pesar de que se dan muchas teorías sobre las causas del crimen de la violación, investigaciones empíricas y sociales, la evidencia es contundente en afirmar que la pornografía es el factor principal que lo causa” (Hanga Handreas Tzortis). “Como caballos bien alimentados, cada cual relincha tras la mujer de su prójimo. ¿No había de castigar esto?, dijo el Señor” (Jeremías 5: 8, 9).

Hemos visto las nefastas consecuencias de la pandemia de lo deseos sexuales incontrolados. Ahora examinaremos la causa que los producen. Dios creó a Adán, pero para él “no se encontró ayuda idónea” (Génesis 2: 20). Dios extrajo de Adán una costilla y con esta materia primera hizo de ella a Eva para que la especie humana pudiese multiplicarse. Gracias a la aparición en el escenario del jardín de un personaje no invitado: Satanás, “padre de mentira y homicida des del principio” (Juan 8: 44), engatusó a Eva para que comiese el fruto del árbol prohibido. Una vez injerido, Eva, con zalamerías hizo que su marido también comiese. Con ello el pecado entró en el mundo. El sexo que era necesaria para la multiplicación de la especie humana  convirtió a los hombres “en caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su prójimo. ¿No había de castigar esto?, dijo el Señor. De una nación como esta, ¿no se había de vengar mi alma?” (Jeremías 5: 8, 9).

Pasan los siglos y el pueblo de Dios deja de ser exclusivo de los judíos para dar paso a los gentiles. El tema del sexo debido a la importancia que tiene no se le puede excluir del temario de la iglesia. Analicemos lo que dice. El tema del matrimonio es tan profundo que a pesar de que la Biblia lo trata, todavía nos encontramos en pañales por lo que hace su plena comprensión. Con lo poco que lo comprendemos tenemos suficiente para corregir, si es necesario, nuestro comportamiento.

El texto de referencia comienza así: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Efesios 5: 21). Un tema de primerísima importancia si es que se desea llegar a un final feliz es que Cristo es la piedra del ángulo del edificio conyugal. El texto mencionado se refiere a ambos esposos. Los dos tienen la obligación de someterse al temor de Dios. La reverencia a Cristo tiene que ser el principal objetivo.

El apóstol Pablo dirigiéndose a las esposas, escribe: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo y su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas estén sujetas a sus maridos en todo” (vv. 22, 24). Si el lector es mujer no se escandalice. Sea paciente. Todavía no he terminado. El sometimiento de la esposa a su marido tiene como modelo el sometimiento de la iglesia a Cristo. Es voluntario. No impuesto. Si el lector es mujer no se contriste, el “The End” de la historia todavía no ha salido. Continúe leyendo con tranquilidad.

“Maridos amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó asimismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tiene mancha ni  arruga ni cosa semejante,  sino que fuese santa y sin mancha. Así mismo los maridos deben amar a sus mujeres como a sí mismos. El que ama a su mujer a sí mismo se ama. Porque nadie  aborreció jamás  a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia. Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” (vv. 25-31). ¿Puede alguien llegar a entender la profundidad de la comparación que el apóstol Pablo hace del marido como cabeza de la esposa y de Cristo como cabeza de la iglesia? Entenderlo, no. Creerlo, sí. La relación conyugal mejorará con ello, si ambos esposos lo creen por fe. ¡Cuánta razón tiene el apóstol Pablo cuando cierra el tema del matrimonio con estas palabras:  “Grande es este misterio: Mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás cada uno de vosotros ame también a su mujer como a él mismo, y la mujer respete a su marido” (vv. 32, 33). El marido que ama a su esposa con un amor parecido al que Cristo siente por la iglesia, jamás hará fotos íntimas de su esposa cosificándola como objeto sexual.

Octavi Pereña Cortina

diumenge, 21 de desembre del 2025

 

LUCAS 2: 6, 7

“Y aconteció que estando ellos allí (Belén) se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz (María) a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”

Joan Josep Omella, arzobispo de Barcelona en su escrito: “Hagamos un pesebre en casa” enaltece a los pesebres domésticos que tradicionalmente se instalan en domicilios particulares, costumbre para recodar el nacimiento de Jesús. Pienso que el arzobispo barcelonés tendría que recordar el encargo que Jesús dio a sus seguidores justo en el momento previo de ascender a los cielos que se conoce como “la gran comisión”. Por ser el último mensaje que Jesús impartió significa que es de gran importancia recordarlo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado, he aquí estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28: 18-20). Por ser estas las últimas palabras que Jesús dijo a sus seguidores es de suma importancia tenerlas en cuenta y recordarlas.

Jesús no manda a los suyos a que instalen  belenes en sus casas para recordarle pues el simbolismo no es la manera más eficaz para acordarse de Él. Lo primordial es que enseñen a guardar todas las cosas que Él ha mandado. Los belenes son testigos mudos que no transmiten las enseñanzas de Jesús.

No soy yo. Es Jesús quien advierte al arzobispo de Barcelona que su proclama pesebrista requiere una advertencia: “Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz. La lámpara del cuerpo es el ojo, cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz, pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas. Mira, pues, no suceda que la luz que hay en ti sea tinieblas. Así que si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor”  (Lucas 11. 35, 36).

A todos los que enseñan como doctrinas mandamientos de los hombres, Jesús les dice: “Me adoran en vano” (Mateo 15: 9)


 

HEBREOS 11: 27

“Por la fe (Moisés) dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey, porque se sostuvo como viendo al Invisible”

Recuerdo que cuando festejaba con la joven que hoy es mi esposa, su madre y otras vecinas se intercambiaban una imagen. Me imagino que sería de san Antonio por su procedencia. De cristos abundan muchos porque son incontables los santuarios que llevan su nombre. La idolatría es un pecado que provoca la ira de Dios por ser satánico su origen. Dejemos a un lado  la idolatría y centrémonos en el texto que sirve de base a este  comentario.

Moisés siendo un recién nacido su madre lo colocó en una arquilla impermeabilizada con asfalto y brea y lo puso en un carrizal a la orilla del rio. La hija del faraón lo encontró y adoptó al niño como hijo suyo. Un día siendo Moisés adulto mató a un egipcio que maltrataba a un hebreo. Abandonó Egipto y se refugió en la tierra de Madian.

Un día apacentando las ovejas de su suegro Jetro “se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego en medio de una zarza…y la zarza no se consumía” (Éxodo 3: 2). Se acercó para ver cómo era posible que la zarza ardiese y no se consumiese. Se acercó a la zarza que ardiendo no se consumía. “Le llamó Dios de en medio de la zarza  y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y Moisés respondió: Heme aquí” (v. 4). Este encuentro del Señor con Moisés es al que se refiere el texto que sirve de base a este comentario. Dios encarga a Moisés el duro trabajo de tener que sacar a los hebreos de la dura esclavitud a que los egipcios los habían sometido. Durante los cuarenta años que duró la peregrinación de Egipto hasta la Tierra Prometida, Moisés se mantuvo fiel sin desfallecer “porque se sostuvo como viendo al Invisible”

“¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es el Señor, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas a los que no tienen ninguna. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen, pero los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán” (Isaías 40: 28-31).

Hoy se anuncian muchos productos vigorizantes porque los hombres padecen cansancio crónico. Lo triste es que por la mañana se levantan de la cama cansados. En muchos casos no son minerales ni vitaminas lo que necesitan para energizarse. Es más que suficiente “fortalecerse en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6: 10).

 

DERRIBO DE MUROS

Machismo, feminismo, racismo… ¿Cómo conseguir la paz?

Con lenguaje muy entendedor  el arzobispo de Tarragona Joan Planelles describe la relación entre la moabita Rut y  su suegra la judía Noemí, en su escrito: “La ternura ante la intransigencia”: “Este relato de la vida de Rut es un ejemplo conmovedor de fidelidad, coraje y compasión, que rompe con las rígidas estructuras de exclusión y dogmatismos que a menudo nos encontramos tantas veces con los inmigrantes o simplemente, con aquellos que no piensan como nosotros o que no son de nuestra etnia. Rut destaca por la ternura, con una actitud abierta y amorosa. Demuestra una fidelidad profunda y un amor que trasciende las barreras étnicas y sociales. Este gesto es revolucionario porque va mucho más allá de la ley establecida, rompe las normas y barreras, tan naturales como aquellas otras interiores del corazón. Es un gesto que desafía la lógica integrista que podría haber rechazado por el hecho de ser extranjera”. Si no fuese porque el clérigo menciona como de pasada Rut 1: 16, el escrito podría considerarse perfectamente como muestra del humanismo cristiano carente del Espíritu de Cristo que da fuerza al creyente para vivir santamente.

Esta relación tan idílica que describe el arzobispo tarraconense, si no fuese por la mención como de pasada de lo que Rut le dijo a su suegra cuando ésta la incita a seguir el ejemplo de su cuñada que decide quedarse en Moab en vez de acompañar a su suegra en su regreso a Belén. Rut le dijo a su suegra: “No me ruegues  que te deje, y me aparte de ti, porque dondequiera que tu vayas, yo iré, y dondequiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tu mueras, moriré yo, y allí seré sepultada, así me haga el Señor, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos” (Rut 1. 16, 17).

¿Cómo puede ser posible que una mujer abandone las costumbres y la religión de su pueblo para adoptar las de otro? El texto no lo menciona. Es muy posible que la fe y el comportamiento de Noemí en la adversidad calasen hondo en el corazón de Rut hasta el punto de desear ardientemente a abandonar los dioses en que creía para para hacerse suyo el Dios de Israel. La declaración de Rut puede resumirse en: “Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios”. Sin hacer ruido. Callada y silenciosamente, hizo posible lo que el apóstol Pablo anuncia. “Por tanto,  acordaos que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, eráis llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne…Porque Él (Cristo) es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz. Y mediante la cruz reconciliar a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca. Porque por medio de Él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2: 11, 14-22).

Si no hubiese sido por la mención fugaz de Rut 1: 16 el escrito del arzobispo podría entenderse perfectamente como humanismo cristiano carente del Espíritu de Cristo que da fuerza al cristiano para vivir santamente. ¿Quién podía pensar que una hambre canina que arrasó la tierra de Israel, que impulsó a Elimelec, su esposa Noemí y a sus dos hijos a emigrar a Moab y que uno de ellos se casaría con Rut la moabita  y que ésta al envidar se casaría con Booz y que de su descendencia nacería Jesús el Hijo de Dios según la carne que moriría crucificado para salvar al pueblo de Dios de sus pecados y, en consecuencia se derribarían los muros de separación  para hacer de dos pueblos un solo pueblo: el de Dios. ¡Verdaderamente los designios de Dios son misteriosos!

Octavi Pereña Cortina

diumenge, 14 de desembre del 2025

 

1 SAMUEL 3: 18

“Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces (Elí) dijo: el Señor es, que haga lo que bien le parezca”

El Señor llama dos veces al joven Samuel. Éste cree que es el sacerdote Elí que le llama. Corriendo se acerca a Elí y le dice: “Heme aquí”. El sacerdote le dice a Samuel: “Yo no te he llamado, vuélvete y acuéstate” La escena se repite tres veces. En la cuarta el sacerdote le dice a Samuel: “Ve y acuéstate, y si te llama le dirás: Habla porque tu siervo escucha”. Así fue. Samuel vuelve a acostarse. El Señor volvió a llamarle como las otras veces. El profeta volvió a decirle: “Habla que tu siervo escucha”. El Señor le dijo a Samuel: “He aquí haré yo una cosa a Israel, que a quien la oiga, le retiñeran ambos oídos. Aquel día yo cumpliré contra Elí  lo que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que juzgaré su casa para siempre por la iniquidad que él sabe, porque sus hijos han blasfemado a Dios, y no los reprendió…” (vv.13, 14).

Al amanecer Elí llamó  Samuel y le dijo: “¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego que no me la encubras, así te haga Dios y aún te añada, si me encubres la palabra de todo lo que habló contigo. Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entones Elí dijo: El Señor es, haga lo que bien le parezca”. El Señor a quien ama reprende. Elí fue un verdadero siervo de Dios que no tuvo valor suficiente para reprender a sus hijos que blasfemaban el Nombre de Dios con sus impiedades.

El relato de Elí por el hecho de encontrarse en “las Sagradas Escrituras las cuales pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3: 15-17). El relato de Elí tiene el propósito de enseñar a los pastores de las iglesias a  conozcan de cabo a rabo las Sagradas Escrituras y que prediquen con picos de oro. Ello tiene que ir acompañado de la corrección para conseguir que los fieles no solo conozcan las Sagradas Escrituras sino a que anden “en santidad “sin la cual, nadie verá al Señor” (Hebreos 12: 14).


 

2 CRÓNICAS 6: 18

“Mas ¿es verdad que Dios habitará con el hombre en la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no le pueden contener, ¿cuánto menos la casa que he edificado?”

Si los cielos de los cielos no pueden contener a Dios. Si el majestuoso templo que construyó Salomón tampoco puede, por deducción se puede llegar a la conclusión que el sagrario que es donde se guardan las hostias consagradas tampoco puede contenerlo. Si no fuese porque la Biblia, que es la Sagrada Escritura inspirada por Dios desvela el misterio: Dios por el Espíritu Santo habita en el cuerpo del creyente lo ignoraríamos: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3: 16). La imaginación corrompida del hombre puede hacer que el hombre piense que construyendo un magnífico templo puede almacenar en él a Dios, se equivoca. Dios habita por el Espíritu en el vaso de barro que es el hombre. Ni la imaginación más preclara podría jamás imaginárselo.

El apóstol Pablo escribiendo sobre la santidad del creyente en Cristo, dice: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo, y los haré miembros de una ramera? De ningún  modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es en él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa está fuera del cuerpo, mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis  sido comprados por precio, glorificad, pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6: 15-20).

Por el hecho de que el cristiano es templo de Dios tiene que mantener santo a su cuerpo. El mismo apóstol Pablo escribiendo a los cristianos en Éfeso les dice: “En quien (Jesús) todo el edificio bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien vosotros también sois juntamente edificados para ser morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2: 21, 22).

Todo pecado tiene sus consecuencias. Los efectos del pecado sexual son más graves porque atentan contra la santidad del cuerpo que es morada del Espíritu de Dios.

 

SÍNDROME DEL IMPOSTOR

Algunos políticos y jueces son ejemplos públicos del “síndrome del impostor

“¿Te has considerado alguna vez como si fueses un fracasado? No eres único. A finales de 1970 los investigadores identificaron el “síndrome del impostor”, “como la condición de dudar de la propia persona, talento, habilidades, considerándose a sí mismos como una estafa. Incluso gente exitosa y brillante lucha contra su insignificancia, preocupados de que alguien los espíe escondidos detrás de una cortina vean lo que ellos no ven” (Elisa Morgan).

Para combatir el “síndrome del impostor el apóstol Pablo nos aconseja a que seamos humildes: “Digo, pues, por la gracia que nos es dada, a cada cual que está ente vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3). El apóstol apremia a los cristianos a que sean humildes. Jesús se muestra como modelo de humildad cuando dice: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestra almas” (Mateo 11: 29). La humildad de Jesús no le convirtió en un fracasado. Después de más de 2000 años sigue siendo una figura universal indiscutible. Sin la humildad que es un don divino, nadie puede entender el verdadero sentido de la vida. Ser humilde no significa ser un fracasado como algunos dicen. La humildad lleva a tener “el temor de Dios que es el principio  de la sabiduría” (Salmo 111: 10). Se pueden tener muchos conocimientos siendo un zoquete  y, no tenerlos, y ser sabio. El temor de Dios es imprescindible para combatir “el síndrome del impostor” que impulsa a que uno tenga “el conocimiento que envanece…Y si alguien se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo” (1 Corintios 8: 1, 2).

Adentrándonos en el misterio de la divinidad por la fe en Jesús permite que uno pueda  hacerse suyas las palabras del apóstol Pablo: “Digo. pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12: 3).  Por el hecho de que por la fe en Jesús nos hayamos convertido en hijos de Dios, ¿somos mejores que quienes no lo son?, “en ninguna manera, pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos estamos en pecado” (Romanos 3: 9).

El pecado es la pieza clave para luchar contra “el síndrome del impostor”. Cierto es que Jesús dice: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mateo 5: 48), no es una meta a alcanzar, sino el final de una carrera que dura todo el tiempo de la existencia terrenal. Es preciso que la sangre que Jesús vertió en la cruz para salvación del pueblo de Dios nos limpie de todo pecado (1 Juan 1:7). La perfección a la cual nos invita es futura. No se hará realidad hasta el día de la resurrección cuando Jesús vendrá en su gloria a buscar a su pueblo para pasar con Él la eternidad futura. Hasta que este día no llegue tenemos que comernos la realidad de que el pecado sigue vivo en la carne. El hecho de que seamos santos pecadores hace posible que nuestra alma tenga sed de Dios. Si no se la tiene, se siembra la semilla de la duda. Se desconoce el significado de existir. A dicha ignorancia le acompaña “el síndrome del impostor” que nos lleva a creer que somos lo que no somos. A golpear con los puños al aire  para impresionar que hacemos alguna cosa de provecho. Golpear con los puños al aire no borra “el síndrome del impostor”. Sacamos un palmo de lengua para aparentar ser lo que no somos.

Para terminar con la incertidumbre y esclarecer la duda del futuro indiscutiblemente tenemos que volvernos a Jesús y a su obra redentora: “Así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado con el lavamiento del agua de la palabra, a fin de presentársela a sí mismo una iglesia gloriosa, que no tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que sea santa y sin mancha” (Efesios 5: 25-27). Por la fe en Jesús somos plenamente salvos pero aún no somos lo que llegaremos a ser. Esperamos el día D y la hora H cuando Jesús glorificado  vendrá a buscarnos con nuestro cuerpo resucitado e inmortal y sin restos de pecado para pasar la eternidad gozando de su Persona. Hoy, habiendo abandonado “el síndrome del impostor”, esperamos por fe que Jesús venga a buscarnos.

Octavi Pereña Cortina

dissabte, 6 de desembre del 2025

 

SOLEDAD DEL ALMA

“Aunque mi padre y mi madre me dejasen, con todo el Señor me recogerá” (Salmo 27: 10)

“Nunca en la historia de la humanidad, la soledad no escogida había sido un problema social grave. Pero está claro, nunca la sociedad había sido tan individualista, egocéntrica, egoísta y digitalizada como lo es ahora. Cada vez el hombre pasa más horas ante una pantalla y menos minutos cultivando relaciones afectivas con la familia o los amigos. Cada vez más la persona está centrada en  alcanzar metas y objetivos y menos en profundizar sus vínculos con los otros. Cada vez el ser humano tiene más llena la agenda y más vacío el corazón. Cada vez está más centrado en lo que tiene que en quien tiene a su alrededor. Y esto pasa factura” (Silvia Caballol, socióloga).

La sicóloga expone una cara del problema de la soledad. Una mujer identificada como Yolanda  descubre la otra: “Estoy muy sana pero a veces me viene una especie de gran desasosiego, sobre todo cuando pregunto por la vida, su sentido, su  misterio. De súbito me viene esta consciencia especial y siento mucha soledad, un aislamiento que nada tiene que ver con la soledad ordinaria, aunque esté con mi marido y mis hijos”. Tal vez Yolanda sin ser consciente de ello nos lleva a la soledad existencial.

Una persona anónima escribe: “No es que me sienta sola, porque tengo amigos. Muchos amigos. Sé que hay personas que se preocupan por mí, que me animan, que me hablan y se preocupan por mí, pero ellas no pueden estar conmigo siempre”.

Ernest Hemingway ha dejado escrito para la posteridad: “Todos tendrían que tener a alguien con quien poder hablar con franqueza. Por más valor que uno tenga, uno se siente cada vez más solo”. La camaradería humana no puede resolver el problema de la soledad del alma. Ello no quiere decir que no se tenga que cultivar la amistad de un buen amigo que pueda estar a nuestro lado en momentos de aflicción. El consuelo humano es muy terapéutico. Puede suavizar la soledad del alma, pero no extirparla. Pero al amigo íntimo no siempre se le tiene al lado. ¿Es que estamos condenados a tener que pasar largas y horrible horas de soledad insoportable? En absoluto. El  apóstol Pablo aporta solución a este problema tan común: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3: 16). Los fieles católicos que deseen orar a Jesús tienen que dirigirse a una iglesia que tenga abierta la puerta, arrodillarse ante el Sagrario donde se guardan las hostias consagradas, que sin perder su substancia, se supone que son el cuerpo de Jesús. Según el apóstol Pablo el auténtico sagrario lo es el cuerpo del verdadero creyente en Cristo donde por la fe en Él, por el Espíritu Santo mora en él. “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones  el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba Padre!” (Gálatas 4: 6).  Para orar no es necesario salir de casa: “Mas tú cuando ores, entra en tu habitación, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6: 6). Más fácil no nos lo puede poner Dios. Sólo falta la voluntad de hacerlo.

Para encontrar a Dios es necesario que se le necesite. Si no se da una necesidad apremiante de encontrarse con el Padre uno no se encerrará en la habitación alejado del mundanal ruido para, en el Nombre de Jesús dirigirse al Padre celestial. Poéticamente, así lo describe el salmista: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, el Dios vivo” (Salmo 42: 1, 2). Si el lector no siente la necesidad imperiosa de buscar a Dios como el ciervo sediento anhela el agua,  lo más probable es que de manera autómata influenciado por la religión imperante lo haga con la mediación de ídolos de fabricación humana que tienen ojos que no ven, oídos que no oyen, boca que no habla, pies que no andan. Como son inertes se les tiene que transportar. Quienes utilizan los ídolos como medios de dirigirse a Dios, andan por el camino ancho que conduce a la perdición. Lector, si estás confuso pídele al Padre que te haga ver que Jesús es el único camino que te lleva a Él. Jesús es el agua viva que sacia plenamente la sed del alma. Ya no tendrás necesidad de imágenes talladas de cristos, vírgenes, santos  que forman parte del camino ancho que conduce a la perdición eterna.

Lector, si invocas a Jesús que es el Enviado del Padre para tu salvación descubrirás que Dios hace vivir en familia a los desamparados (Salmo 68: 6). Es una manera poética de decir que la soledad existencial ha llegado a su fin. Tendrás, sí, que seguir pidiendo la ayuda del Señor para que tu alma no regrese a los inhóspitos secadales de los que te sacó cuando creíste en Él. “Aunque tu padre y tu madre te dejasen, con todo el Señor te recogerá” (Salmo 27: 10).

Octavi Pereña Cortina

    

 

 

SALMO 71: 9

“No me deseches en el tiempo de la vejez, cuando mi fuerza se acabe, no me desampares”

Es el clamor de un anciano que es consciente que se acerca la hora de su traspaso. La fe en su Salvador no se ha debilitado. Es juicioso en que las fuerzas físicas se debilitan, en cambio muestra el vigor de la fe en su Señor. El texto que comentamos lo confirma. Con siglos de antelación el salmista seguía el consejo del apóstol Pablo: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6: 10).

Para Dios no existen los imposibles. Un ejemplo claro lo tenemos en el ladrón crucificado que colgaba al lado de Jesús. Ante el escarnio que su compañero de fechorías, crucificado también, que hacía a Jesús, le dijo: “¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? (Lucas 23: 40). El malhechor que defendió a Jesús, dirigiéndose a Él le dijo: “Acuérdate de mí cuando venga n tu reino” (v. 42). En respuesta, Jesús dirigiéndose al facineroso que le defendió, le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (v. 43). A pesar que Jesús puede salvar a alguien en los últimos minutos de su existencia terrenal,  no es conveniente posponer la declaración de fe en el Salvador porque ¿quién sabe si habrá lugar para ello? El apóstol Pablo aconseja no hacerlo: “He aquí es el tiempo aceptable, he aquí ahora s el día de la salvación” (2 Corintios 6: 2). Lector: Desconozco si eres o no creyente en Cristo. Si no lo eres, reconoce tu condición de pecador y dile a Jesús: Señor, ten piedad de mí que soy pecador.

El salmista escribe: “Oh Dios me enseñaste desde mi juventud” (v. 12). Es decir toda una vida dedicada al Señor con sus glorias y con sus inconvenientes. Llegada la vejez con los achaques propios de la ancianidad, con fervor exclama: “No me deseches en el tiempo de la vejez, cuando mi fuerza se acabe, no me desampares”.

Desconozco si el lector es creyente en Cristo o no. Si lo eres sigue el ejemplo del salmista que desde su juventud cuando iba sobrado de vigor hasta la vejez en que se ha convertido en un anciano decrépito “he manifestado tus maravillas” (v. 17). Si no lo eres todavía estás a tiempo para dar el paso a la vida eterna: Señor, elimina mi incredulidad y dame el don de la fe para que pueda creer en Jesús que es el Único que puede darme vida eterna.


 

SALMO 63: 1

“Dios, Dios mío eres Tú, de madrugada te buscaré, mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas”

Cuando era niño me enseñaron a recitar el Padrenuestro como un loro, sin entender su significado. Cuando me iba a confesar el confesor me imponía la penitencia de recitar tres Padrenuestros y tres Avemarías. No me enseñaron el significado del Padrenuestro, ni del arrepentimiento, ni lo que implicaba creer en Dios. Con haber cumplido con el precepto que enseña la Madre Iglesia, ya podía comulgar porque estaba en paz con Dios. La relación íntima con Dios no existía. Habiendo cumplido con el precepto que enseña la Madre Iglesia podía regresar tranquilamente  a mi casa. En el caso que hubiese quedado algún pecado sin confesar, por la tanto sin perdonarque quedaba el recurso del Purgatorio. Una temporada en él purgando los pecados no confesados y la puerta del cielo se abría de par en par.

Esto no es lo que enseña la Biblia. Las Escrituras dejan bien claro que la relación con Dios es directa y sin necesidad de intermediarios únicamente por la fe en Jesús, el Salvador. “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1: 7). Aun cuando sigamos siendo pecadores la sangre que Jesús derramó en el Calvario lo deja limpio como una patena ante los ojos de Dios. Seguimos siendo pecadores, pero, somos santos pecadores.  Nuestra condición de pecadores santificados es lo que nos identifica con el salmista. La fe en Jesús es el Camino que nos lleva al Padre. Ahora ya no decimos de oídas había oído hablar de ti. Por la fe en Jesús hemos sido convertidos en hijos de Dios: “y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues que hemos de pedir como conviene no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Romanos 8: 26, 27). El binomio Espíritu Santo-creyente en Cristo es l que hace posible que el creyente de exprese como lo hace el salmista en el texto que sirve de base de esta meditación. Las oraciones de los creyentes en Cristo guiados por el Espíritu Santo sean ardientes como la del salmista. Nada tienen que ver con la frialdad con que recitaba el Padrenuestro como  penitencia impuesta por el confesor.