VIOLENCIA DE GÉNERO
El fácil acceso de niños y adolescentes al
porno, es causa que contribuye al incremento de la violencia contra la mujer
He aquí
unas respuestas que Silvia Semenzin, doctora en sociología y que desde el año
2018 se dedica a investigar a grupos que se dedican a compartir fotos de
esposas y otros que aconsejan cómo drogar a las mujeres. Dice: “Me infiltré (en
uno de estos grupos) para entenderlos y lo que descubrí fue inquietante: para
muchos hombres cosificar a las mujeres es como consumir porno, no se consideran
malos, creen que es un juego entre amigos que se sienten muy machos”…”Es
necesario un cambio cultural. Enseñar desde pequeños qué es el consentimiento,
qué es la libertad sexual, qué significa feminismo. I regular la tecnología que
va más rápida que la ley”…”No existe la manera de borrar completamente las
imágenes después que se difunden. El mal es continuo, masivo y colectivo. Es
una violencia que no se detiene. .…”la misoginia se ha radicalizado. Si antes
era una “broma”, ahora es una manera explícita de control: desnudar a las
mujeres para humillarlas, silenciarlas, vengarse si se lo permiten o si son
mujeres con voz pública”. Para combatir esta epidemia no basta con enseñar a
los niños a que respeten a las mujeres, ni en tomar medidas judiciales y
policiales más estrictas. Es un problema profundamente enraizado en el corazón:
se llama PECADO.
Una de
las causas de la expansión de la violencia machista es la pornografía. He aquí
algunas declaraciones al respecto: “La pornografía afecta por un igual: a
quienes la utilizan y a las víctimas. Alimenta deseos lujuriosos que nunca se
pueden satisfacer” (Albert Leel). “No veía a las víctimas como personas, para
mí solamente eran objetos sexuales” (Ozhosa Ovienriola). “La pornografía, sea
violenta o no, es la causa más grave de la presencia de la violación en la
sociedad moderna. A pesar de que se dan muchas teorías sobre las causas del
crimen de la violación, investigaciones empíricas y sociales, la evidencia es
contundente en afirmar que la pornografía es el factor principal que lo causa”
(Hanga Handreas Tzortis). “Como caballos bien alimentados, cada cual relincha
tras la mujer de su prójimo. ¿No había de castigar esto?, dijo el Señor”
(Jeremías 5: 8, 9).
Hemos
visto las nefastas consecuencias de la pandemia de lo deseos sexuales
incontrolados. Ahora examinaremos la causa que los producen. Dios creó a Adán,
pero para él “no se encontró ayuda idónea” (Génesis 2: 20). Dios extrajo de Adán una
costilla y con esta materia primera hizo de ella a Eva para que la especie
humana pudiese multiplicarse. Gracias a la aparición en el escenario del jardín
de un personaje no invitado: Satanás, “padre de mentira y homicida des del principio”
(Juan 8: 44), engatusó a Eva para que comiese el fruto del árbol prohibido. Una
vez injerido, Eva, con zalamerías hizo que su marido también comiese. Con ello
el pecado entró en el mundo. El sexo que era necesaria para la multiplicación
de la especie humana convirtió a los
hombres “en caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su
prójimo. ¿No había de castigar esto?, dijo el Señor. De una nación como esta,
¿no se había de vengar mi alma?” (Jeremías 5: 8, 9).
Pasan
los siglos y el pueblo de Dios deja de ser exclusivo de los judíos para dar
paso a los gentiles. El tema del sexo debido a la importancia que tiene no se
le puede excluir del temario de la iglesia. Analicemos lo que dice. El tema del
matrimonio es tan profundo que a pesar de que la Biblia lo trata, todavía nos
encontramos en pañales por lo que hace su plena comprensión. Con lo poco que lo
comprendemos tenemos suficiente para corregir, si es necesario, nuestro
comportamiento.
El
texto de referencia comienza así: “Someteos unos a otros en el temor de Dios”
(Efesios 5: 21). Un tema de primerísima importancia si es que se desea llegar a
un final feliz es que Cristo es la piedra del ángulo del edificio conyugal. El
texto mencionado se refiere a ambos esposos. Los dos tienen la obligación de
someterse al temor de Dios. La reverencia a Cristo tiene que ser el principal
objetivo.
El
apóstol Pablo dirigiéndose a las esposas, escribe: “Las casadas estén sujetas a
sus propios maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así
como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo y su Salvador. Así
que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas estén
sujetas a sus maridos en todo” (vv. 22, 24). Si el lector es mujer no se
escandalice. Sea paciente. Todavía no he terminado. El sometimiento de la
esposa a su marido tiene como modelo el sometimiento de la iglesia a Cristo. Es
voluntario. No impuesto. Si el lector es mujer no se contriste, el “The End” de
la historia todavía no ha salido. Continúe leyendo con tranquilidad.
“Maridos
amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó
asimismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento
del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa,
que no tiene mancha ni arruga ni cosa
semejante, sino que fuese santa y sin
mancha. Así mismo los maridos deben amar a sus mujeres como a sí mismos. El que
ama a su mujer a sí mismo se ama. Porque nadie
aborreció jamás a su propia
carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia.
Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto
dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos
serán una sola carne” (vv. 25-31). ¿Puede alguien llegar a entender la
profundidad de la comparación que el apóstol Pablo hace del marido como cabeza
de la esposa y de Cristo como cabeza de la iglesia? Entenderlo, no. Creerlo,
sí. La relación conyugal mejorará con ello, si ambos esposos lo creen por fe.
¡Cuánta razón tiene el apóstol Pablo cuando cierra el tema del matrimonio con
estas palabras: “Grande es este
misterio: Mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás
cada uno de vosotros ame también a su mujer como a él mismo, y la mujer respete
a su marido” (vv. 32, 33). El marido que ama a su esposa con un amor parecido
al que Cristo siente por la iglesia, jamás hará fotos íntimas de su esposa
cosificándola como objeto sexual.
Octavi Pereña Cortina