EL TIEMPO VUELA
El tiempo transcurre en un abrir y cerrar los
ojos
Un
autor anónimo ha dejado escrito: “El tiempo es una de las cosas más valiosas y
apreciadas que tenemos en la actualidad. No somos conscientes de ello hasta que
por las circunstancias que sean, nos damos cuente que no tenemos…Las nuevas
tecnologías ejercen una extraordinaria incidencia en nuestras vidas, ha
provocado toda clase de consecuencias. Por descontado que hemos ganado en
bienestar social, solo que aquí
tendríamos que señalar que solo sirve para los países desarrollados
occidentales. La situación también nos ha llevado a una cierta pérdida de
calidad de vida que al final nos provoca una ansiedad insoportable. Todo lo
hacemos corriendo: hablamos, comemos, conducimos, incluso no leemos, sino que
escaneamos con la mirada. Priorizamos la cantidad a la calidad cuando tendría
que ser totalmente al revés. El resultado es que queremos controlarlo todo,
pero justamente perdemos el control de nuestra vida y ello afecta inexorablemente
a la salud y a la vida familiar. Vivimos más bien a costa de sentirnos más
mal”.
Lucy
Swindoll escribe: “Amados, quisiera terminar este libro con un mensaje que
entre por vuestras orejas, una vez más
para animaros para que toméis con entusiasmo la vida. No esperéis a tener
conyugue. No esperéis a tener más tiempo. No esperéis a tener más dinero. No
esperéis a que los dos pies posen sobre el suelo. No esperéis para cualquier
otra cosa. La hora de involucraos con la vida es ahora, no mañana, o la próxima
semana o el próximo año. ES AHORA”. “Os exhortamos también que no recibáis en
vano la gracia de Dios. Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en el
día de salvación te he socorrido. He aquí ahora es el tiempo aceptable, he
aquí, ahora es el día de salvación” (2 Corintios 6: 2). El salmista nos habla
con palabras muy adecuadas: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que
traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 19: 12). “Este día (hoy) no volverá a
pasar…Cualquiera que no coma, beba, deguste, olores, no se te volverá a
presentar en toda la eternidad. El sol no volverá a lucir como lo hace hoy.
Tienes que hacer tu parte y cantar una canción de la mejor manera que puedas
hacerlo” (Herman Hesse).
Para el
día de hoy el apóstol Pablo nos recomienda: “Mirad, pues, con diligencia cómo
andáis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque
los días son malos. Por tanto no seáis insensatos, sino entendidos de cual sea
la voluntad del Señor” (Efesios 5: 15-17).
La
carnalidad humana impulsa a satisfacer los instintos básicos: “Adulterios,
fornicaciones, impureza, lascivia, idolatría, brujería, celos, rivalidades,
divisiones, partidos, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas
semejantes a estas, de la cuales os amonesto, como ya lo he dicho antes, que
los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:
19-21). La persona que únicamente piensa en satisfacer las pasiones
carnales “se parece a las bestias que
mueren” (Salmo 49: 12). No han aprendido a contar los días. ¿Qué se tiene que
hace para empezar a hacerlo? Para comenzar
tiene que dejar de ser persona carnal para convertirse en espiritual.
¿Cómo puede conseguirse esta mutación?
El ser
humano para que pueda empezar a contar los días tiene que hacerlo desde la
perspectiva de eternidad. Le ayudará a hacerlo si tiene en cuenta la Ley de
Dios que se condensa en el Decálogo. Donde el cielo y la tierra se encuentran.
Los siete primeros versículos del Decálogo tienen que ver con la existencia de
Dios. Para el ser humano tendría que ser una prioridad creer en Él. Para dejar
de parecernos a los animales que mueren y nadie se acuerde de ellos, tenemos
que empezar a contar los días acordándonos “del día de reposo para el Señor tu
Dios…Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la Tierra, el mar y todas
las cosas que hay en ellos, y descansó en el séptimo día, por tanto, el Señor
bendijo el día de reposo y lo santificó” Éxodo 20: 8-11).
La
iglesia apostólica cambió el séptimo día de la semana por el primero en
recuerdo de la resurrección de Cristo, pues, de no haber resucitado no habría
posibilidad de salvación. El cambio no altera la finalidad del día de reposo
que es acordarse del Señor nuestro Dios.
¿A qué se dedica el domingo el primer día de la semana? ¿A dedicarlo a Dios
Padre de nuestro Señor Jesucristo?
Evidentemente no. Los bancos de las iglesias están polvorientos. Las personas
que tendrían que ocuparlos llenan a rebosar los lugares de diversión. No han
aprendido a contar los días por lo que
siguen pareciéndose a las bestias que mueren. “Comamos y bebamos que mañana
moriremos” (1 Corintios 15: 32). Mal final para adentrarse en la eternidad.
Octavi Pereña Cortina